28634(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 28634  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 231   

Bogotá D. C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  LUZ AMPARO JIMÉNEZ  RODRÍGUEZ,  contra  el  fallo  de  13  de  junio  de  2007, mediante el cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  la sentencia de 31 de julio de 2006,  proferida  por  el Juzgado Treinta Penal del Circuito de la misma ciudad, que la  condenó  por  el  delito  de constreñimiento ilegal,  a  la pena principal de doce (12) meses de prisión e  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso;  y le  concedió  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de segunda instancia:   

“JUAN  LUIS  MOLANO  RUEDA  en calidad de  representante  de  la sociedad MOLANO GALEANO Y CIA EN C.S. puso en conocimiento  de  la autoridad judicial que para el 3 de julio de 2002 se tranzó con la firma  DISTRICARS  LTDA  la  compra del vehículo marca PEUGEOT 20, modelo 1995, placas  BGB  299  que  lo  separó con un millón de pesos a cancelar su totalidad en el  transcurso  de un mes. Sin embargo fue vendido, le ofrecieron para la venta otro  automóvil  de  la  misma  marca,  modelo  1997,  placa  BIX  954,  por un valor  superior,  $18.000.000. Entregó la suma de 12.000.000. (un primer cheque por un  millón  de  pesos y un cheque por $11.000.000) y tres cheques posfechados a 30,  60 y 90 días cada uno por dos millones de pesos.   

Se  acordó la entrega del rodante el 30 de  agosto  de  2002,  que  no  sucedió  como tampoco la devolución de los dineros  entregados  bajo  el argumento de que  JUAN LUIS MOLANO RUEDA tenía dinero  pendiente  por  pagar  con la firma VEICOLDA LTDA. La firma del contrato la hizo  RAFAEL  ACEVEDO,  pero la orden de no entrega del mismo o la devolución provino  de LUZ AMPARO JIMÉNEZ RODRÍGUEZ.   

LUZ  AMPARO  JIMÉNEZ  RODRÍGUEZ,  hija de  Humberto  y  Luz  Betty,  nacida  el 27 de abril de 1956 en Bogotá D.C. abogada  para  el  momento  de la indagatoria se desempeñaba como asesora jurídica  de  SERVIAUTOS,  LLANTAS DEL SUR, y como representante legal de DISTRICARS LTDA,  casada  e  identificada  con  la  cédula  de  ciudadanía número 41.661.549 de  Bogotá.   

Vinculada mediante indagatoria. En relación  con  los  hechos manifestó que una vez se recibieran los datos correspondientes  al  señor  JUAN  LUIS MOLANO RUEDA para el crédito, una vez corroborados se le  informaría  sobre  la  aprobación  o no del mismo. El personal encargado de la  zona  estableció que el señor MOLANO había desfalcado la firma VEHICOLDA LTDA  en  cantidad  aproximada  de 15 millones de pesos y siendo esa empresa del mismo  grupo  empresarial,  subsidiaria de la firma AUTO UNIÓN S.A. el crédito le fue  negado  y se le solicitó que se entendiera con la doctora ANGÉLICA JACOBO para  conciliar  cualquier  saldo bien a favor de DISTRICARS LTDA o del señor MOLANO.  Además  de  cualquier  abono  que  se haga, en condiciones como la presente, se  puede  imputar  a  cualquiera de las entidades subsidiarias, lo que sucedió por  tratarse  de  la  misma  firma  empresarial; sobre esto existe circular para tal  proceder  en  las  diferentes sociedades, de lo que están enterados el personal  de  cartera y de ventas. No tuvo conocimiento de la retención de dineros, sólo  hasta  la  citación a la Fiscalía. Agrega que una vez se enteró que el señor  JUAN   LUIS   MOLANO  RUEDA  adeudaba  a  VEHICOLDA  LTDA  se  le  invitó  para  conciliar”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Formulada la denuncia, la Fiscalía 241  de  la  Unidad  de  Delitos  contra la Libertad Individual y otras Garantías de  Bogotá,  en  Resolución  de  16 de octubre de 20021,  ordenó  la  apertura de la  investigación  y  dispuso  la  vinculación de LUZ AMPARO JIMÉNEZ RODRÍGUEZ y  RAFAEL ACEVEDO.   

2.  El 9 de abril de 2003 fueron escuchados  en  indagatoria2,  diligencia  en  la cual se les interrogó de manera amplia sobre  el   delito  de  constreñimiento  ilegal.  Como  por  ese  punible  no procede la detención preventiva, en  atención  a lo dispuesto en el artículo 354 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600  de  2000), no se  les definió la situación jurídica.   

3. En resolución de sustanciación de 7 de  enero  de  2004  se clausuró la instrucción, luego, el 16 de junio de la misma  anualidad  se  calificó  el mérito del sumario con acusación en contra de LUZ  AMPARO          JIMÉNEZ          RODRÍGUEZ3 por el delito de constreñimiento  ilegal  y se precluyó  la  investigación  en  favor  de  RAFAEL  FRANCISCO  ACEVEDO GÓMEZ.   

Apelada esta decisión por la abogada de la  defensa,  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 3 de  noviembre de 2004 la confirmó.   

4. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  Juzgado Treinta Penal del Circuito de Bogotá y ante la  ausencia  de  peticiones  de  los  sujetos  procesales  para tratar en audiencia  preparatoria,  el  19  de  mayo  de  2005  se llevó a cabo la vista pública de  juzgamiento4.   

5.  Ese  mismo  despacho judicial, mediante  sentencia    de    31    de    julio    de    20055,   condenó   a  LUZ  AMPARO  JIMÉNEZ    RODRÍGUEZ    como    responsable   del   delito   de   constreñimiento   ilegal,   a  la  pena  principal  de  doce  (12)  meses  de  prisión;  inhabilitación  de  derechos y  funciones  públicas  por  igual  lapso;  y  le  concedió  el  subrogado  de la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

6.  Impugnada la sentencia por el apoderado  de  la  parte  civil  y la defensora de la procesada, en fallo de 13 de junio de  2007,  el  Tribunal Superior de Bogotá la confirmó6.   

7.  Inconforme  con esta determinación, el  abogado  de  la  procesada  LUZ AMPARO JIMÉNEZ RODRÍGUEZ, interpuso el recurso  extraordinario  de  casación y allegó la demanda, cuyo aspecto formal califica  la Sala en este proveído.   

LA  DEMANDA   

Anunciando  que  se  trata  de  un  recurso  extraordinario  de casación por la vía excepcional, el abogado de la implicada  LUZ  AMPARO  JIMÉNEZ RODRÍGUEZ dentro del marco del artículo 207, numeral 1°  de    la    Ley    600    de   2000,   postula   un   cargo   por   violación  directa de la ley sustancial,  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por  el Tribunal Superior de  Bogotá.   

Enuncia  el  cargo, bajo la afirmación que  “el   ad  quem  concluye  equivocadamente  que  la  procesada  incurre  en  el  injusto  penal  descrito  en  el  art.  182  del  CP  ‘al   constreñir   al  denunciante  a  pagar  la  deuda  contraída  con  anterioridad con otra empresa  perteneciente        al        mismo        grupo        empresarial.”(negrillas   y  subrayas  fuera  de  texto)   

Precisa   que   el   cargo   consiste  en  “DOBLE      YERRO     OSTENSIBLE”  de selección, pues i) la conducta que se describe y probó en el  juicio  no  corresponde  al  tipo  penal   descrito  en  el  artículo  182  (constreñimiento  ilegal)  de  la Ley 599 de 2000, al no reunir el elemento denominado por la doctrina y la  jurisprudencia   como  “propósito  por  parte  del  agente    de    obtener   provecho   ilícito.”   y   ii)   se   confunde         el         concepto         de         “autojusticia”  que anteriormente se  denominaba  “EJERCICIO  ARBITRARIO  DE  LAS PROPIAS  RAZONES”,  el  cual desde la Ley 23 de 1991 pasó a  ser  contravención,  “hasta  la  Ley  599  de 2000  cuando  se  despenalizó.”, sin que en la actualidad  se  pueda  penalizar  a  una  persona   que “en  lugar  de  recurrir  a  la  autoridad  con  el fin de ejercer un derecho se haga  justicia arbitrariamente por sí mismo.”   

Destaca   que   el  error  se  constituye  “en  que  una  conducta  que está despenalizada en  Colombia,  el  juzgador  la  encuadró en otra que sí es típica incurriendo en  violación  directa por aplicación indebida.”, para  lo  cual  trae  a  colación,  transcripciones  de  un  tratadista  extranjero y  jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia.   

Para  la  demostración  del  cargo, cita y  transcribe una sentencia de esta Sala de Casación y destaca que,   

“Antes de la  expedición  de  la Ley 733 de 2002, que amplió la noción de provecho ilícito  en    materia   de   extorsión,   la   diferenciación   entre   extorsión   y  constreñimiento   se  limitaba  precisamente  a  este  propósito  de  provecho  ilegítimo  pues  el  art.  182  de  la  Ley 599/00 tipifica la mera conducta de  constreñir  sin  enunciar  la finalidad ilícita  como si (sic) lo hace el  art.  244  original  que  describe  la extorsión. Siempre se dijo que cuando el  constreñimiento  perseguía  provechos  ilícitos degeneraba en extorsión pues  se  equiparaba  siempre el provecho ilícito a provecho de orden pecuniario. Con  la  Ley  733  de 2002 se enriqueció el propósito de la extorsión: al provecho  ilícito   se   le   adicionó   la   ‘utilidad      ilícita’         o         ‘beneficio     ilícito’    para    significar    el    carácter    económico    de    la  finalidad.”   

Señala que para este momento la diferencia  no  se  encuentra  en  el  “propósito  de provecho  ilícito  que  se  exige para uno y otro tipo, si no en la naturaleza económica  de   la   finalidad  o  propósito  legítimo  de  la  extorsión  diferente  al  constreñimiento    del    cual    se    predica   cualquier   finalidad   menos  económica”.   

En  el  punto de normas violadas enuncia lo  siguiente:   

“La  conducta  llamada  por los italianos  AUTOJUSTICIA   o   justicia   privada  desapareció  del  mundo  jurídico  como  comportamiento  criminal,  el  ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones,  tipificado  en  el  artículo  182  del  Decreto-Ley  100 de 1980 y convertido a  contravención  especial  por la Ley 123 de 1991, se despenalizó desde el 24 de  julio  de 2001 cuando entró en vigencia la Ley 600 de 2.000, luego es imposible  su  aplicación  para  los  hechos  ocurridos  en julio de 2.002 por ser una ley  inexistente,  lo  cual  implica  acudir  a  las  normas  sustanciales que debió  aplicar  el  fallador  para aplicar una sentencia absolutoria y específicamente  los   siguientes  artículos  del  Código  Penal:  6°  sobre  legalidad,  pues  nadie   puede  ser juzgado sino en virtud de ley preexistente, el 9° sobre  la  Conducta  Punible,  pues si no es típica la conducta no es punible, y el 10  que  define la tipicidad. Igualmente el fallador inaplicó los artículos 39 del  Código  de  Procedimiento  Penal  que  lo  obliga  a cesar procedimiento cuando  apareciera  demostrado que la conducta era atípica, y el 232 que impone al juez  la  necesidad  de  la  certeza  sobre  la conducta punible para dictar sentencia  condenatoria.”   

Solicita se case la sentencia y en su lugar  se  produzca  otra  de  reemplazo  en  la cual se absuelva a LUZ AMPARO JIMÉNEZ  RODRÍGUEZ.   

Respecto  de la procedencia de la casación  excepcional,  la  justifica en el desarrollo de la jurisprudencia y la garantía  de los derechos fundamentales.   

En  orden  al primer argumento, expresa que  esta  Sala  de  la  Corte  ya  se  ha  pronunciado  en  tres oportunidades sobre  “delitos que incorporan el constreñimiento como la  extorsión”,  pero  que  no  ha encontrado otro que  refiera  exclusivamente  al  constreñimiento, con lo cual se presenta un vacío  que  amerita  ”un  desarrollo  jurisprudencial  autónomo  que  despeje  las  dudas  sobre  todo  relacionadas con sus elementos  estructurales,  entre  ellos el provecho ilícito de que trata el fallo de 25 de  mayo de 2.005.”   

Como otra razón, manifiesta que está en la  necesidad  de “aclarar la variación jurisprudencial  contenida  en  el  fallo  de  25 de mayo de 2005 en la radicación No. 17666 que  establece  que  uno  de  los  requisitos  del  constreñimiento  es  el provecho  ilícito   el   cual   se   predicaba   sólo  de  la  extorsión”  y  en  el  fallo  de  23  de agosto de 1995 se estableció que la  finalidad   de   la  extorsión  es  “eminentemente  económica”   y   en   el   constreñimiento   es  “cualquier  finalidad  sin mencionar la ilicitud de  la misma”.   

En el tema de las garantías fundamentales,  cita  el  principio  de  legalidad  consagrado en los artículos 6° del Código  Penal  y  29  de  la Constitución Nacional, respecto de los cuales considera se  contrarían  si el fallo mantiene su vigencia con ocasión a una conducta que es  atípica.   

Destaca  que la Corte puede hacer uso de la  facultad  oficiosa,  al  encontrar que se está respecto de una conducta que fue  despenalizada  desde  el  24  de julio de 2001, en que entró en vigencia la Ley  599     de     2000,    que    derogó    ese    comportamiento,    aún    como  contravención.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.   El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  establece  que  la  casación  procede  por  delitos  que tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años,  aún   cuando   la   sanción  impuesta  haya  sido  una  medida  de  seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

El   artículo  182  del  Código  Penal  (Ley  599 de 2000), vigente  para  el  mes de julio de 2002, época de ocurrencia de los hechos, reprimía el  constreñimiento ilegal con  prisión  de  1  a  2 años. De modo que en el caso que se examina, la casación  común  es  improcedente,  pues  la  pena máxima para el delito de constreñimiento  ilegal  no excede de 8  años de prisión.   

2.  Por lo tanto, sí era necesario que el  impugnante  acudiera a la casación excepcional, en los términos del inciso 3°  del   artículo   205   del   Código   de   Procedimiento   Penal  (Ley  600  de  2000),  no  como  un mero  enunciado,  sino  expresando  la necesidad de su admisión para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales que hubieren  sido  transgredidos  en  el  trámite ordinario del proceso, únicos motivos por  los  cuales puede ser admitida, correspondiendo decidir a la Corte, en ejercicio  de   la   discrecionalidad   que   la   ley   le   otorga,   si   la   admite  o  rechaza.   

No  basta,  sin  embargo, que el libelista  afirme  sin respaldo argumentativo, que es necesario unificar la jurisprudencia,  sin indicar algún tema específico.   

Se  trata  de  dar a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando  previamente la Corte  haya  arribado  a  la  conclusión que es necesario tramitar, por excepción, el  recurso  extraordinario  en  pro  de  las garantías fundamentales o con miras a  desarrollar la jurisprudencia.   

3.  Cuando  se aboga por la efectividad de  los   derechos  fundamentales,  al  recurrente  le  corresponde  identificar  la  garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la  protege,  y  vincular su afectación con las actuaciones del respectivo proceso;  esto  es,  señalar  en  forma  específica  en  qué consistió la vulneración  alegada.   

En    lo    relativo   al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto que hasta  ahora,   jurisprudencialmente  no ha sido desarrollado, o la actualización  de  la  doctrina,  al  tenor de las nuevas realidades fácticas y jurídicas; y,  además,   es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la  pretensión  doctrinaria  frente  al  caso y la ayuda que prestaría a la actividad judicial,  por    trazar    derroteros    de    interpretación    auxiliares    de   dicha  actividad.   

El  libelista  hace  la  introducción del  alegato,  anticipando que busca el acceso al extraordinario recurso a través de  la  proposición  de  la excepcional forma de la casación discrecional y en ese  sentido,  expresa  que  la  finalidad  para  la  procedencia  lo  constituye  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  con  el  argumento  que  la  Sala  no se ha  pronunciado     de     manera    exclusiva    al    delito    de    constreñimiento,    con    lo    cual  considera “comporta un vacío al respecto y amerita  un  desarrollo  jurisprudencial  autónomo  que  despeje  las  dudas  sobre todo  relacionadas   con   sus   elementos  estructurales,  entre  ellos  el  provecho  ilícito”,  pero inadvierte, que en el mismo libelo  hace  cita  de  tres decisiones de la Corte que, no obstante fue con ocasión al  delito  de  extorsión, esta  Corporación   hizo   un   estudio   dogmático   del  punible  de  constreñimiento   ilegal   en  el  cual  se   incluye  la  temática  sobre  la  que se solicita el pronunciamiento,  razón suficiente para no acceder a lo pretendido.   

Encuentra  también la Sala, que se carece  de  la necesidad de un nuevo pronunciamiento, sin  que baste para optar por  lo   contrario,  que  el  tema  del  constreñimiento  ilegal  haya  sido abordado por la jurisprudencia con  ocasión   a   otros   delitos,  pues  esa  circunstancia,  no  ha  impedido  la  realización  de  su  estudio  dogmático,  aspecto  sobre  el  cual  se basa el  pedimento para acceder de manera excepcional a la casación.   

Tampoco  se  requiere la procedencia de la  casación  en  procura  de la defensa de los derechos fundamentales, pues con la  escueta  cita de estar afectados los artículos 6° del Código Penal y 29 de la  Constitución  Nacional, con la simple expresión “si se mantiene el fallo con  ocasión  a  una  conducta  que  es atípica”, no alcanza como argumento, para  desentrañar,  una  evidente  y efectiva agresión de garantías, además que de  la  revisión del expediente no se advierte la entidad, que incluso ameritara la  intervención oficiosa de la Corte para su restauración.   

En   el   estudio   de   los   derechos  fundamentales,  le  era  obligatorio  al libelista entrar a confrontar de manera  puntual  la  vulneración que alude  con las normas de rango constitucional  que  regulan  el caso, su incidencia jurídica con los hechos que fueron materia  de   juzgamiento   y  el  derecho  que  fue  aplicado  al  caso,  labor  que  no  cumplió.   

Así  no  se  demuestran  los  derechos  fundamentales  violados, tampoco la necesidad de la unificación y desarrollo de  la   jurisprudencia   nacional,   omisiones   que   bastan   para  inadmitir  la  demanda.   

No obstante, también advierte la Sala, que  el  libelo  presentado  por  el  defensor  de  LUZ AMPARO JIMÉNEZ RODRÍGUEZ no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos en el artículo 212 de la Ley  600  de 2000, como se precisa a continuación, aspecto que lleva a su inexorable  inadmisión.   

1.  Dado  que el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  no  consiste en someter a un nuevo juicio a los procesados,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  El  libelista  formula  un cargo en el  marco   de   la   violación   directa   de  la  ley  sustancial,   por   falta   de  aplicación  de  los  artículos  6°,  9°,  10°  del  Código  Penal,  39  y  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  con  la ostensible omisión, de expresar de manera clara,  precisa  y  profunda,  cuál  es el concepto de esa violación y enseñarle a la  Corte cómo se verifica.   

Si bien es cierto, que el censor plantea de  manera  adecuada  el reproche por violación directa a  la   ley  sustancial,  no  sucede  lo  mismo  con  el  desarrollo   del  cargo,  pues  omite  emprender  la  tarea  de  desvirtuar  los  fundamentos  del  fallo  del  Tribunal,  al  dejar de contrastar   los  razonamientos   jurídicos   que   llevaron   al   ad  quem  a  considerar,  que  el  comportamiento  de LUZ  AMPARO   JIMÉNEZ   RODRÍGUEZ   se   adecuaba   al   delito   de   constreñimiento    ilegal,   por   el  contrario,  dedicó  la  labor,  a  sólo  exponer su personal criterio sobre el  asunto,  con  lo  cual,  la  formulación  de  la  censura  quedó  en  un  mero  postulado.   

Inadvierte el demandante que las sentencias  se  encuentran revestidas por la doble presunción  de acierto y legalidad,  motivo  por  el  cual es imperioso y como principio en casación, que la demanda  se  desarrolle  de  manera  clara,  precisa y profunda en camino a derribar esta  doble  condición,  requisito  sin  el  cual,  la formulación del cargo resulta  incompleta, tarea que el casacionista no emprendió.   

En el proceso de la adecuación típica de  la  conducta,  aspecto  que  se  ataca  en  la  demanda,  esto dijo el Tribunal:   

“En este orden de ideas, tratándose del  delito  de  CONSTREÑIMIENTO  ILEGAL  que  consagra el artículo 182 del Código  Penal  la  conducta típica se encuentra básicamente constituida por la acción  de  constreñir  a  otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, es decir, que en  sentido  meramente  gramatical,  es  el acto de obligar o compeler a otro, sea a  través  de  la  fuerza  física  o  moral,  para  que  haga,  tolere  o  admita  algo.   

Así  entonces,  como lo tiene definido la  doctrina  y  la jurisprudencia patrias, el constreñimiento no es un mero estado  sicológico  o de ánimo de la víctima, si no que este debe ser producto de las  acciones  de  constreñimiento  ejecutadas que determinan a la víctima a actuar  contra  su voluntad, de lo contrario se estaría confundiendo la acción típica  que  necesariamente  debería desplegar el agente, con su defecto, que ha de ser  el  miedo o temor, aspecto efectual no perteneciente al hecho, pero que debe ser  necesaria  consecuencia  de  la actividad conductual de constreñir ejercida por  el  autor  sobre  la  víctima,  que en orden a la estructura del tipo, conlleva  como  consecuencia  la anulación de la autonomía, de cara a lo que persigue el  sujeto agente de la acción delictiva.   

(…)  

Es así como el testimonio de la víctima,  narra  la  forma  en  que  con  la  intención  de realizar la compraventa de un  vehículo,  con  la  empresa  DISTRICARS  LTDA es forzado a sanear una deuda que  existía  con anterioridad con otra empresa de nombre VEHICOLDA LTDA, empresa de  la  cual  nunca  tuvo conocimiento, sobre si existía alguna clase de vínculo o  nexo  entre  ellas, pero que a contrario sensu se convirtió en la razón por la  cual  estaba siendo obligado a pagar dicha acreencia, pues de no hacerlo de esta  manera,  ni  se  le devolvería el dinero que había entregado que corresponde a  la  suma  de  ($12.000.000.°°mtc.), ni tampoco se haría entrega del vehículo  sobre  el  cual  hizo  la  negociación,  situación  que  no deja duda sobre la  materialidad  de la conducta punible de constreñimiento ilegal en los términos  del artículo 182 del Código Penal.”   

        En  el libelo nada se dice sobre el error en las razones jurídicas  que   llevaron   al   Tribunal  en  el  fallo  de  condena  a  declarar  que  el  comportamiento  investigado  estructuraba  el delito de constreñimiento ilegal,  que  pudieran  llegar a desvirtuar su estado de acierto y legalidad, con lo cual  el cargo planteado emerge incompleto.   

        3.  En  suma, las impropiedades advertidas conllevan a inadmitir la  demanda,  máxime  que  tampoco  en  la  revisión  del expediente se observa la  vulneración  de  alguna  garantía fundamental, que amerite el ejercicio de las  facultades  oficiosas  de  la  Sala  de  Casación  Penal  en  los términos del  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

         

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor  de  la  procesada  LUZ AMPARO  JIMÉNEZ  RODRÍGUEZ,  conforme  a lo expuesto en la parte considerativa de esta  decisión.   

2.  Contra  la  presente providencia no procede recurso alguno.   

3.  Cópiese,  notifíquese,     cúmplase     y     devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                  ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno No. 1, folio 34.   

2  Cuaderno No. 1, folios 61 y 69.   

3  Cuaderno No. 1, folio 105.   

4  Cuaderno Original de la Causa, folio 13.   

5  Cuaderno Original de la Causa, folio  30.   

6  Cuaderno de Segunda Instancia de la Causa, folio 3.     

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