28321(15-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 28321  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  190  

Santiago de Tunja, quince (15) de julio de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve  sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación de la demanda de casación interpuesta por el  defensor de JAVIER SANTIAGO SITU CASTILLO.   

H E C H O S  

El juzgador de primer grado los sintetizó de  la siguiente manera:   

“Surgen a la vida  jurídica  cuando  por información brindada por la ciudadanía a miembros de la  Policía  Nacional,  sobre  la  existencia  de  una red delincuencial dedicada a  proveer  y  expender  alucinógenos  con  un  radio de acción en los siguientes  sectores  de  la  ciudad:  Barrio  Siloé,  Libertadores,  Guayaquil, Mortiñal,  Marroquín  Segunda  Etapa  y  Las  Orquídeas,  por  lo  que  deciden adelantar  estudios  de  inteligencia,  tales como interceptación de líneas telefónicas,  allanamientos  a  diferentes  inmuebles, diligencias que culminan con la captura  de  Cristhian Eduardo Guzmán Espinosa, Rosa Elena Rosero Murillo, Hidrau Rosero  Murillo,  Luz  Janeth  Arredondo de Rosero, Jhon Jairo Quiñónez, Carlos Olimpo  Rodríguez,  Efraín  Tovar,  Nersa  María  Rengifo,  Alicia  Pérez de Arcila,  Gladis  Espinosa  Capote, Guillermo Espinosa Flórez, Lida López Tombe y JAVIER  SANTIAGO  SITU  CASTILLO, personas que fueron vinculadas a través de diligencia  de              indagatoria”.      

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores hechos, fueron  vinculados  a  través  de  indagatoria Javier Santiago  Situ  Castillo  y  los demás ciudadanos privados de la  libertad  como  consecuencia  de  las  labores  de investigación.  A todos  ellos  la  Fiscalía 17 Especializada de Cali les resolvió situación jurídica  el  11  de  agosto  de  2003 (fl. 107-127, c.o. 2), por los delitos de concierto  para  delinquir  con  fines de narcotráfico y tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes    (artículos    340,    inciso   2º   y   376   del   Código  Penal).   

La  investigación  fue  cerrada parcialmente  respecto  de Javier Santiago Situ Castillo (fl.  235,  c.o. 6) y el 5 de agosto de 2004,  la Fiscalía 4ª  Especializada        de        Cali        le        formuló       acusación  como  coautor de las conductas  punibles  de  concierto para delinquir con fines de narcotráfico (artículo 340  de  la ley 599 de 2000, modificado por el 8º de la ley 733 de 2002) en concurso  con  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (artículo  376 del  Código  Penal),  decisión que cobró ejecutoria el 17  de  agosto  de  2004  (fl.  98  al  110 y 114 del c.o.  6).   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  3º  Penal  del  Circuito Especializado de Cali que, el 11 de diciembre de 2006,  dictó  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a Situ  Castillo a  las  penas  principales  de  10  años  de  prisión  y  multa de 4.050 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena principal, como coautor del concurso de las conductas  punibles imputadas en la acusación.   

Tras  establecer  los  límites  máximos  y  mínimos,   y   precisar  la  extensión  de  los  cuartos  punitivos,  el  juez  a-quo  motivó  así  la  determinación de la pena:   

“Establecidos los  cuartos  dentro  de  los  cuales  debe  de determinarse la pena, esta juzgadora,  teniendo  en  cuenta que no existen agravantes, y sólo concurren circunstancias  de  atenuación  punitiva  a  favor  del  procesado,  como  es  la  carencia  de  antecedentes  penales, obliga inexorablemente a que la sanción fluctúa entre 6  años  y  7  años  y  6 meses de prisión, es decir, el cuarto mínimo, pero no  olvidemos  que  el imputado obró en coparticipación criminal, sumado a ello la  gravedad  de  la  conducta  y  el daño causado a la sociedad, se le impondrá 7  años   de  prisión  y  multa  de  4000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes”   

“Ahora  bien,  comoquiera  que  el  señor  JAVIER  SANTIAGO SITU CASTILLO se encuentra incurso  también  en  el  delito  de  Tráfico, Fabricación o porte de Estupefacientes,  contemplado  en  el  artículo  376,  inciso  3º  del  Código Penal, norma que  señala  una  sanción  que  oscila  entre  6  y 8 años, en razón del concurso  heterogéneo  de  tipo,  se  aumentará  3  años  más  y  multa de 50 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, en consecuencia, la pena que se fijará al  señor  JAVIER  SANTIAGO  SITU  CASTILLO  será de diez (10) años de prisión y  multa  de  cuatro  mil  cincuenta  (4050)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes”        

Apelado el fallo por el procesado, el Tribunal  Superior   de  Cali  lo  confirmó  en  sentencia  del  27  de  abril  de  2007.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base  en la causal primera de casación  descrita  en  el  artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el defensor del acusado  formula   contra  la  sentencia  dos  cargos,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  así:   

Primer  cargo:  violación  indirecta de ley  sustancial   

Con  apoyo en el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  el  defensor  de Situ Castillo  denuncia  que  el  Tribunal  incurrió  en un error de  hecho  al  violar  de manera indirecta –por  errónea  interpretación-  el  artículo  340, inciso 2º, del  Código  Penal,  como  consecuencia  de  un “error de  juicio”  en  la  apreciación de la prueba (fl. 169,  c.o.  7).   Solicita  que  se  case  la  sentencia  y se profiera decisión  absolutoria de reemplazo (fl. 181, c.o. 7).   

El censor reprocha que el Tribunal, a partir  de    la    captura    en    flagrancia    de    Situ  Castillo  en  posesión   de  un  kilo de base de  coca,  y  de  su  condición  de  compañero  permanente  de  Lida  López Tombe  –ésta  sí integrante de  una  organización  criminal  dedicada al expendio de alucinógenos- dedujera, a  través  de  un  razonamiento  indiciario, que aquél hacía parte de la aludida  empresa ilícita (fl. 173-181, c.o. 7).   

Sustenta  el  reproche  afirmando  que  las  interceptaciones  telefónicas,  los  informes  de policía y los testimonios de  los  investigadores  no  dan  cuenta  de  la  participación del procesado en la  asociación  ilícita.   Agrega  que:  “si fuese  cierto  que  mi  representado era miembro de la organización, debió habérsele  conocido  en  tal investigación; pues no se explica cómo una persona como Situ  Castillo,  era  supuestamente  miembro  de  la empresa criminal y pese a toda la  compleja   investigación   nada   de   él   da   cuenta  la  misma” (fl. 179, c.o. 7).   

Afirma  que  de  su condición de compañero  permanente  de Lida López Tombe, el Tribunal no podía inferir el acuerdo entre  Situ  Castillo y los miembros  de  la  organización  criminal,  puesto  que  éste  no estaba obligado a   denunciar  a  su  compañera  en  virtud del principio de no autoincriminación.   

Segundo  cargo:  violación  directa  de ley  sustancial   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el censor denuncia que el Tribunal violó de manera directa la  ley  sustancial,  por  vía de la aplicación indebida del artículo 58, numeral  10 del Código Penal.   

Sostiene que en el ejercicio de concretar la  pena  de  prisión,  una  vez  escogido  el  cuarto  mínimo, el sentenciador se  sirvió  de  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  de  la  coparticipación  criminal,  descrita  en  el  numeral 10 del artículo 58 del Código Penal, para  ubicar  la  pena  privativa  de  la  libertad en 12 meses por encima del límite  inferior del cuarto punitivo.    

Afirma que la deducción de esa circunstancia  de  mayor  punibilidad  fue  indebida  porque  el concierto para delinquir es un  delito   de   sujeto   activo   plural.   Por   lo  tanto,  la  coparticipación  criminal   fue  doblemente sancionada al tipificar la conducta y al deducir  la  causal  de  mayor punibilidad.  El yerro anterior condujo al juzgador a  imponer  por  el  delito  de  concierto para delinquir una pena de prisión de 7  años, cuando debió haber sido de 6.    

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Surge indispensable reiterar que el escrito  con  el  cual  se  pretende  la  casación  de  la  sentencia  debe  reunir  los  presupuestos   formales   de   lógica   y   debida   fundamentación   para  su  admisibilidad,   en  tanto  que  se  trata  de  una  impugnación  de  carácter  extraordinario  y  rogado, máxime cuando el principio de limitación impide que  la   Corte,   de   manera   oficiosa,   entre  a  suplantar  o  complementar  al  demandante.   

2.  En cuanto se refiere al primer   cargo,  de  entrada  éste  surge  deficiente  en  la  medida  que, si bien el actor lo apoya en el error de hecho,  particularmente   en   la   modalidad   de  violación  indirecta  por  errónea  apreciación  de  la  prueba,  así  formulado  no  resulta  lo  suficientemente  preciso,  puesto  que  no identifica el censor cuál de las tres vías del error  de  hecho  determinó  la violación indirecta, esto es, si fue por falso juicio  de existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio.   

Ahora  bien,  comoquiera  que  el  libelista  acusa   que  el sentenciador incurrió en “error  de   juicio…   en   el   momento   de   analizar   y  valorar  los  medios  de  convicción”  (fl. 169, c.o. 7) y pregona una errada  deducción  inferencial  a  partir  de  los  medios  de prueba, ello permitiría  colegir  que  la  acusación la funda en el falso raciocinio.  Con todo, el  cargo así planteado resulta incompleto.   

Se  hace  imperioso  recordar  que, cuando el  cargo  se  formula  bajo  los  lineamientos de la violación indirecta de la ley  sustancial  por error de hecho por falso raciocinio, al libelista le corresponde  precisar  la  prueba  sobre la cual recayó el yerro, identificar la regla de la  lógica,  el principio de la ciencia y/o la máxima de la experiencia vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue,  y  la  incidencia del vicio en la determinación del  sentido  del  fallo,  para  lo  cual  también  debe  tener en cuenta las demás  pruebas  en  que  se  sustentó el juzgador para concluir en la existencia de la  conducta punible y en la responsabilidad del acusado.   

De  otro  lado,  con el ánimo de integrar la  proposición  jurídica  completa,   también  el casacionista debe indicar  cómo  el  yerro  en la actividad probatoria condujo al sentenciador a violar la  ley  sustancial,  es  decir,  a  aplicar  una  norma  que  no  era  la llamada a  solucionar  el conflicto, o bien a  excluir otra que encajaba en los hechos  declarados  como probados en el fallo impugnado.  Y, de manera correlativa,  debe  precisar  cómo  al  corregir  el  yerro  se  torna necesario modificar el  sentido del fallo.   

De  acuerdo  con  lo  anteriormente expuesto,  surge  claro y nítido que el libelista no cumplió los anteriores derroteros al  formular  y  desarrollar  el  primer  cargo  formulado.   Veamos  por qué:   

Al    argumentar   el   cargo,  el  demandante  afirma   que   el   sentenciador   incurrió   en  un  “error  de  juicio…  en  el  momento de analizar y  valorar  los medios de convicción”, pero el reproche  no  alcanza  el  grado de desarrollo necesario para demostrar un yerro evidente,  capaz  de  mutar  el  sentido  de  la  sentencia,  pues  se  limita a mostrar su  desacuerdo   con  que  el  fallador  hubiese  deducido  la  responsabilidad  por  concierto  para  delinquir  a  partir  de su vínculo de afinidad con la señora  López  Tombe y del hallazgo en su poder de un kilo de base de coca, y, por otro  lado,  que hubiera desconocido que las interceptaciones telefónicas, informes y  declaraciones  de los investigadores no mencionan el nombre del procesado.    

El censor pretende que se admita que, como en  dichas  interceptaciones, informes y declaraciones, no se mencionó el nombre de  Javier     Santiago    Situ    Castillo,  entonces  no era posible predicar su responsabilidad en el delito  de  concierto  para  delinquir.   Así mismo, pide que se confiera un mejor  poder  suasorio a las aludidas interceptaciones, informes y declaraciones que no  incriminan al procesado.   

Así formulado el reproche, el censor no logra  más   que   apartarse   de   los  razonamientos  probatorios  del  sentenciador  oponiéndoles  su  propia apreciación, pero sin demostrar cuál fue la regla de  la  sana  crítica  que  invocó  la sentencia en la apreciación probatoria, de  qué  manera el razonamiento judicial hizo mal uso de ella, cómo la corrección  del  yerro  conduciría necesariamente a la modificación del sentido del fallo,  menos  aún  en  qué  sentido  se interpretó erróneamente la norma sustancial  violada  ni  cómo  el  vicio  de raciocinio condujo al fallador a la equivocada  interpretación de la norma.   

Aún  en  el  supuesto  en  que el impugnante  hubiera  acertado  en la demostración de un falso raciocinio en la apreciación  de  los  dos  particulares  hechos que menciona, ello sería intrascendente para  modificar  el  sentido  de  la  sentencia,  puesto que ésta se fundó en muchos  otros  razonamientos  inferenciales  que  por  sí  mismos,  aún extrayendo las  apreciaciones   hipotéticamente  viciadas,  tal  como  lo  pregona  el  censor,  sostendrían  la  decisión  de  condena.    De  ellas no se ocupó el  demandante,  por  lo  que  su  censura  carece  de  idoneidad para el fin que se  propone.   

El argumento del censor no va más allá de su  personal  apreciación cuando afirma que el sentenciador debió otorgar un mejor  mérito  a  las  interceptaciones,  informes y declaraciones que no mencionan el  nombre  del  procesado.   Con  ese  reproche,  el demandante olvidó que el  fallador  advirtió  esa  circunstancia, pero la apreció de manera diversa, mas  no  por ello con violación a las reglas de la sana crítica (pág. 8, sentencia  de 2ª instancia).   

En           conclusión,  la  formulación  del  cargo  desconoce   el   principio  de  la  proposición  jurídica  completa  y  el  de  argumentación  debida,  puesto  que  no  acoge  los  presupuestos de la vía de  ataque seleccionada.   

3.   El  cargo  segundo, pregona la indebida aplicación del artículo  58-10  del Código Penal en el ejercicio de dosificación punitiva, en la medida  que,  según  el  actor,  así se dedujo doblemente la coparticipación criminal  (pág. 23-24, demanda).    

Al ponderar el contenido de la argumentación  de  la  demanda  y los fundamentos de la sentencia en materia de punibilidad, la  Sala  advierte  que  el censor parte de un supuesto equivocado, toda vez que, de  la  lectura  del  fallo,  no  se  evidencia  que el juez de primer grado hubiera  deducido  en  contra  del procesado la causal de mayor punibilidad del artículo  58-10 del Código Penal.   

Si  tal  hubiera  sido  la  intención  del  sentenciador,  éste  habría  escogido  los cuartos medios y no el mínimo para  determinar  la  pena, en atención a lo dispuesto en el inciso 2º del artículo  61    del    Código    Penal.     La    circunstancia    de   coparticipación        criminal  no fue imputada por el juez como  causal  de  mayor punibilidad  –al  contrario  de lo que  sostiene  el demandante-, sino que fue considerada como uno de los aspectos para  determinar la pena dentro del cuarto mínimo de punibilidad.   

De  manera  que  la  indebida aplicación del  artículo   58-10   del   Código   Penal   que   pregona   el  casacionista  no  existió,   situación  que  por lógica conduce a colegir la imposibilidad  de acusar una aplicación indebida de dicha norma.   

En           conclusión,  la formulación del cargo no  demuestra   el   yerro  acusado,  razón  por  la  cual  la  Corte  inadmitirá el cargo   

CASACIÓN   OFICIOSA  

1.  Ha venido considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  Sala  que  cuando  se  inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la Corte, previamente a pronunciarse al respecto, disponía correr  traslado   al   Ministerio   Público   para   que   emitiera   su  concepto  al  respecto.   

Sin embargo, encuentra la Sala que en aras de  los   postulados   de   pronta  y  eficaz   administración   de   justicia,   lo   lógico   es   que  advertida  la  irregularidad  que  atente  contra las garantías de los derechos fundamentales,  sin   correr  traslado  al  Ministerio  Público,  se  subsane  de  manera  inmediata,  con el fin de reparar  el  agravio inferido, máxime cuando la Constitución y la ley impone a la Corte  Suprema de Justicia  efectivizar el derecho material.   

Por    consiguiente,    recogiendo    la  jurisprudencia  sentada  al  respecto, la Sala procederá a pronunciarse en este  caso sobre la afectación de un derecho fundamental.   

2.  La Sala advierte que del estudio del  proceso  se  vislumbra  una  violación  al  derecho fundamental al debido  proceso, por vía de la violación  al   principio   del   non  bis  in  idem,  así  como  a  la  garantía  constitucional  de  la legalidad   de   los  delitos  y  de  las  penas.   

Respecto del principio del non bis in idem, la  Sala tiene dicho que comprende varias hipótesis:   

“Una. Nadie puede  ser  investigado  o perseguido dos o más veces por el mismo hecho, por un mismo  o  por  diferentes  funcionarios. Se le suele decir principio de prohibición de  doble o múltiple incriminación.”   

“Dos. De una misma  circunstancia  no  se  pueden  extractar  dos o más consecuencias en contra del  procesado  o  condenado.  Se le conoce como prohibición de la doble o múltiple  valoración.”    (subraya    la   Sala   en   esta  oportunidad   

“Tres. Ejecutoriada  una  sentencia  dictada  respecto  de una persona, ésta no puede ser juzgada de  nuevo  por  el  mismo hecho que dio lugar al primer fallo.  Es, en estricto  sentido, el principio de cosa juzgada.”   

“Cuatro. Impuesta a  una  persona  la  sanción  que  le corresponda por la comisión de una conducta  delictiva,   después   no   se   le   puede   someter  a  pena  por  ese  mismo  comportamiento.   Es  el  principio  de  prohibición  de doble o múltiple  punición”.   

“Cinco. Nadie puede  ser  perseguido investigado o juzgado ni sancionado pluralmente por un hecho que  en   estricto   sentido   es   único.   Se   le   denomina   non  bis  in  idem  material.”1   

Sobre   la   violación   a   la  garantía  constitucional  de  la  legalidad  de  las  penas, por vía de la violación del  principio  rector  del  non  bis  in  idem,  la  Corte  precisó  en  el  mismo precedente que “el  principio  del  non  bis  in  idem  (no dos veces por lo mismo),  propio  del derecho penal de acto que nos rige, está consagrado en el artículo  29  de  la  Carta  Política  como integrante del derecho fundamental del debido  proceso,  e  inmerso  en  la  garantía  constitucional  de  la legalidad de los  delitos  y  de  las  penas, ya que su efectividad depende de la preexistencia de  tipos  penales  que  determinen  con certeza las conductas punibles, prohibiendo  que  el  comportamiento  que  actualice  totalmente  el  supuesto  de  hecho  de  determinado  tipo  penal,  sea imputado, investigado,  juzgado y sancionado  doble vez”.   

En el caso que ahora estudia la Sala, si bien  es  cierto  como  se  expresó  en acápite anterior, el sentenciador no aplicó  indebidamente      la      causal     de     mayor  punibilidad prevista en el artículo 58-10 del Código  Penal,  sí  lo  es  que  la  circunstancia  fáctica de la coparticipación fue  deducida  en  primer lugar al efectuar la adecuación típica (artículo 340 del  Código  Penal), en tanto que el delito de concierto para delinquir es de sujeto  activo  plural,  y  una  vez  más  como  uno  de  los  aspectos a ponderar para  determinar  la  pena  dentro  del correspondiente cuarto punitivo (artículo 61,  inciso  3  del  mismo  estatuto).  Con el anterior proceder, el juzgador de  primer  grado  desconoció  el principio del non bis in  idem,   por   vía   de   la  prohibición  de  doble  valoración.   

Tendiendo  en  cuenta  el  contenido  de  la  sentencia,  es  evidente  que  la  violación  de garantías constitucionales es  doble,  toda  vez que no solamente se dedujo dos veces la circunstancia fáctica  de  la coparticipación, sino que el juzgador adicionó el contenido de la norma  (artículo  61,  inciso  3º  del  Código Penal) al inventar y aplicar un nuevo  aspecto  para  determinar  la  pena  que  no  está  descrito  en  la ley.    

Dichos criterios, que sirven al juzgador para  individualizar  finalmente  la  pena  una  vez  ha  escogido el cuarto o cuartos  punitivos        correspondientes,       son       taxativos:       a)  la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta,  b) el daño real o  potencial   creado,   c)  la  naturaleza  de  las  causales que agraven o atenúen la punibildad, d)   la   intensidad   del  dolo,  de  la  preterintención     o     de     la     culpa     concurrentes,    e)  la  necesidad de pena y su función en  el  caso  concreto,  f) en los  eventos  de tentativa, el mayor o menor grado de aproximación a la consumación  del   delito,   g)  en  las  hipótesis  de  complicidad,  la  mayor  o  menor eficacia de la contribución o  ayuda (artículo 61 del Código Penal, inciso 4º).   

En  el  caso  que  estudia  la  Sala, resulta  evidente  que  el  fallador agregó un criterio adicional, no contemplado en las  hipótesis    que    desarrolla    la    norma,   cual   fue   la   coparticipación  criminal,  tal  como  se  evidencia  en  la  transcripción  efectuada de la parte pertinente del fallo de  1er  grado  en  los  antecedentes  procesales del caso.  De esta manera, el  juez  a-quo,  al  tiempo que  transgredió  la  prohibición  relativa  al non bis in  idem,  desconoció  también el principio de legalidad  de  las  penas  toda vez que introdujo un nuevo criterio de determinación de la  pena,  con  lo  que  sorprendió al procesado con una nueva circunstancia que le  significó  un  incremento  punitivo  a  partir  del límite inferior del cuarto  mínimo de punibilidad.   

3.  Por las violaciones advertidas a los  principios  constitucionales  del debido proceso y la legalidad de las penas, la  Corte,  en  aras  de  preservar  el  debido proceso y las debidas garantías del  sentenciado  y  haciendo  uso  de las facultades conferidas por el artículo 216  del  Código de Procedimiento Penal, casará oficiosa y parcialmente el fallo de  segundo  grado  y,  en  consecuencia,  ajustará  la pena dentro del marco de la  legalidad.   

Redosificación de la pena  

La  Sala  habrá de respetar los criterios de  dosificación    de    la    pena    deducidos    por   el   juez   a-quo  en  todo aquello que esté conforme  con  la  legalidad  del  procedimiento  fijado en los artículos 60, 61 y 31 del  Código Penal.    

En   consecuencia,   comoquiera   que   el  sentenciador,   además   del   improcedente   criterio   de   la   coparticipación  criminal,  se sirvió de  “la gravedad de la conducta y el daño causado a la  sociedad” para efectos de incrementar la pena en 12  meses  a  partir  del  límite  mínimo del primer cuarto punitivo, la Corte, al  dejar  sin  efectos  el  exótico criterio creado y aplicado por el a-quo, mantendrá la ponderación de los  restantes  aspectos  y  reducirá la pena privativa de la libertad en cuatro (4)  meses,  y  la  de multa en un porcentaje similar.    Significa lo  anterior  que  los  criterios  del  artículo  61,  inciso 3º del Código Penal  invocados  por  el  sentenciador  con respaldo en la ley para determinar la pena  privativa  de  la libertad, permiten un razonable incremento de 8 meses a partir  del límite inferior del primer cuarto de punibilidad.   

Por  lo  tanto,  se condenará a JAVIER   SANTIAGO   SITU   CASTILLO,  como  coautor  de  las  conductas  punibles  por  las  que  fue  acusado,  a las penas  principales  de  nueve (9) años y ocho (8) meses de prisión, multa de tres mil  ochocientos  (3800)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas    por    el   mismo   término   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

1.          INADMITIR la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor   de   JAVIER    SANTIAGO    SITU    CASTILLO,  por   lo   anotado   en   la   motivación  de  este  proveído.   

2.            CASAR OFICIOSA Y PARCIALMENTE   la   sentencia   y,  en  consecuencia,  condenar  a  JAVIER  SANTIAGO SITU CASTILLO a las penas  principales  de  nueve (9) años y ocho (8) meses de prisión, multa de tres mil  ochocientos  (3800)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad, como  coautor  de  las  conductas  punibles  de  concierto para delinquir con fines de  narcotráfico  (artículo 340 de la ley 599 de 2000, modificado por el 8º de la  ley   733   de   2002)  en  concurso  con  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes (artículo 376 del Código Penal).   

3.  PRECISAR  que  las  restantes  decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  de  casación  de  26  de  marzo  de 2007,  radicado: 25629     

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