26641(25-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26641  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N°. 009  

Bogotá, D. C., enero veinticinco (25) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  eventual  violación  de  garantías  fundamentales  del  procesado ÁLVARO    CASAS    en   punto   de   la  dosificación   punitiva   realizada  en  la  sentencia  anticipada  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 23 de enero de 2006,  a  través  de  la cual confirmó el fallo dictado el 9 de diciembre de 2004 por  el  Juzgado  32 Penal del Circuito de la misma ciudad que condenó al mencionado  como  autor  penalmente  responsable del concurso de delitos de hurto calificado  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL    

Los  hechos  que  originaron  la  actuación  fueron  compendiados  por la Sala en el auto del pasado 14 de febrero, a través  del  cual  inadmitió  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado   y   corrió   traslado  al  Ministerio  Público,  de  la  siguiente  forma:   

“Aproximadamente a las once de la mañana  del  6 de agosto de 2002, cuando José Luis García Carmona conducía el camión  de  placa  CHN  900  de  la empresa Bromayor, fue interceptado a la altura de la  calle  13 con avenida 68 de esta ciudad por varios individuos que se desplazaban  en  un  automóvil  Mazda  y  una  camioneta Cherokee, quienes bajo amenaza a su  integridad  con arma de fuego, consiguieron despojarlo del vehículo, para luego  subirlo  a  la  camioneta.  Una  hora  más  tarde  lo dejaron en un restaurante  ubicado en la avenida de las Américas con la avenida Boyacá.   

         Enteradas   las   autoridades  del  suceso,  impartieron  orden  de  búsqueda  y  localización  de  los automotores involucrados. En la entrada uno  del  Centro  Comercial  Plaza  de  las Américas, la Policía capturó al señor  Álvaro  Casas,  quien  conducía  el automóvil Mazda utilizado en la comisión  del   delito   y   fue  puesto  a  disposición  del  ente  acusador.   

En  virtud  de  los  hechos  anteriores,  la  Fiscalía  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó,  mediante  indagatoria,  a  ÁLVARO  CASAS,   a   quien   resolvió   situación   jurídica   con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  derecho a libertad provisional,  como  posible  coautor  del  concurso  de delitos de hurto calificado agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Una  vez cerrado el ciclo instructivo, el 31  de  enero  de  2003  se  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de  acusación  en  contra  del  procesado  como  probable  coautor  del concurso de  delitos  que  sustentó  la  medida  de aseguramiento, cuya ejecutoria operó el  día 13 de febrero siguiente.   

         

El trámite de la fase del juicio se asignó  al  Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal  del Circuito de Bogotá, ante cuyo titular,  después  de celebrada la audiencia preparatoria, el acusado expresó, a través  de su defensor, interés en acogerse a sentencia anticipada.   

La audiencia de formulación y aceptación de  cargos  tuvo  lugar  el  19  de  noviembre de 2004, durante la cual el procesado  aceptó los cargos por los cuales lo acusó la Fiscalía.   

En  consideración a lo anterior, el juzgado  de  conocimiento  profirió fallo anticipado el 9 de diciembre siguiente, merced  al    cual    condenó    al    procesado    ALVARO  CASAS a la pena principal de cuarenta y dos (42) meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso, al encontrarlo  coautor penalmente  responsable del concurso de delitos objeto de acusación.   

Contra la anterior determinación, la defensa  del  único  procesado  interpuso  recurso de apelación, por lo que el Tribunal  Superior  de  Bogotá  se  pronunció  el  23  de enero de 2006 en el sentido de  impartirle confirmación.    

Esta última sentencia fue objeto del recurso  extraordinario  de  casación  incoado  por  el  mismo sujeto procesal, quien lo  sustentó  mediante demanda, la cual fue inadmitida por la Sala el 14 de febrero  de  2007,  oportunidad  en  donde también dispuso surtir traslado al Ministerio  Público  a  fin de que se pronunciara sobre la posible vulneración del derecho  fundamental  a la aplicación de la ley penal más favorable en la dosificación  de   la  sanción  impuesta  al  incriminado  ÁLVARO  CASAS.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  comienza  su disertación evocando las pautas consideradas por  el  juez  de  primer grado para dosificar la pena;  luego, rememora algunos  argumentos  expuestos  por  el  defensor para sustentar el recurso de apelación  interpuesto  contra el fallo de primer grado, así como los del Tribunal para no  acceder a sus pretensiones.   

Acto  seguido, aduce que existen tres puntos  sobre  los  cuales  la  Corte  pudo  encontrar  la vulneración del principio de  favorabilidad  que  motivó el traslado. En primer lugar, en cuanto al artículo  1°  de la Ley 813 de 2003 frente al numeral 6° del artículo 241 de la Ley 599  de  2000;   segundo,  en  lo  que respecta al artículo 70 de la Ley 975 de  2005  y, tercero, en lo que atañe al artículo 352 de la Ley 906 de 2004 frente  al 40 de la Ley 600 de 2000.   

Sobre  el  primer  punto,  indica  que en la  resolución  de  acusación se imputó a ÁLVARO CASAS  el  delito  de  hurto calificado, el cual, además, se  agravó  por  las  circunstancias contenidas en los numerales 10° del artículo  241  del Código Penal -en tanto en la comisión del delito participaron más de  dos  personas-  y  por  la  consagrada  en el numeral 6° del mismo ordenamiento  -debido    al    uso    del   vehículo   motorizado   en   la   comisión   del  delito-.   

En  cuanto  a  esta  última  circunstancia,  agrega  que  para ese momento procesal ya se encontraba derogada, situación que  si   bien   comporta  vulneración  al  principio  de  favorabilidad,  se  torna  intrascendente porque no fue considerada en el fallo.   

En relación con el segundo aspecto, señala  el  Procurador  Delegado  que  el  artículo  70  de  la  Ley  975 fue declarado  inexequible   mediante  la  sentencia  C-370  de  2006,  esto  es,  “antes  de la fecha de presentación de la demanda”.   

Añade  que  aun  cuando  la  misma  Corte  Constitucional,     a  través  de  la  sentencia C-200 del 19 de  marzo  de  2002,  no descarta la posibilidad de aplicar por favorabilidad normas  declaradas  inexequibles y esta Corporación también ha procedido de esa manera  en  relación con ese mismo artículo de la Ley de Justicia y Paz si se trata de  delitos  comunes,  para  ello  se  exige como condición la ejecutoria del fallo  definitivo  que  imponía  la  respectiva  sanción  o pena al momento en que se  encontró tal disposición contraria a la Constitución Nacional.   

Este último presupuesto, añade el Delegado,  en  el  caso  del procesado ÁLVARO CASAS no  se  cumple,  porque  para  ese  momento  la sentencia de segunda  instancia  se  encontraba  en trámite de notificación, por lo tanto, no había  alcanzado firmeza o ejecutoria.   

En  cuanto  al tercer aspecto, aclara que si  bien  esta Corporación no descarta que normas del sistema penal acusatorio sean  susceptibles  de  aplicarse  por  favorabilidad frente a casos gobernados por la  Ley  600  de  2000, a condición de que no se refieran a instituciones propias y  exclusivas  del  nuevo  modelo  y  a  que  los referentes de hecho en uno y otro  estatuto  procesal  sean  idénticos,  no lo es menos que por esto último se ha  descartado  su  aplicación  en  torno  al  allanamiento  a  cargos “porque   pese   a  poseer  los  mecanismos  de  terminación  de  anticipada  del  proceso  previstos  en una y otra legislación características  comunes, no eran iguales”.   

En  sustento  de  esa  posición, transcribe  fragmentos  de algunas decisiones de esta Sala en virtud de las cuales se sentó  dicho   criterio,   pronunciamientos  originados  en  solicitudes  elevadas  por  procesados  que se encontraban en el supuesto de hecho del artículo 351, inciso  1°  de  la  Ley  906 de 2004, el cual, añade, no es absolutamente idéntico al  del  352  ibídem  “porque si bien es cierto que el  fiscal  y  el  acusado  pueden realizar preacuerdos sobre los hechos imputados y  sus  consecuencias, no resulta exacto que sea menester una negociación sobre el  monto  de  la rebaja de pena”, ello en consideración  a  que  esta  última  norma  dispone  un  descuento  automático de una tercera  parte.        

En  ese  orden  de  cosas, la diferencia que  permite  a  la  jurisprudencia  de la Sala considerar desiguales la sentencia de  conformidad  en  los  dos  sistemas se encuentra fundamentalmente en el hecho de  que  dentro  del  actual  sistema  acusatorio  el  fiscal y el acusado están en  libertad  de  llegar  a acuerdos, a diferencia de lo que existía en el anterior  sistema procesal.   

Desde  ese punto de vista, pregona que si se  parte   de   lo   dicho  por  esta  Sala  en  el  sentido  de  que  “si  la  aceptación  por parte del acusado no está precedida de  un  acuerdo,  sino  que simplemente se trata de una manifestación unilateral de  responsabilidad,  tal situación conduce a que sea el juez de conocimiento quien  proceda  a  la  determinación  de la pena, dentro de la cual deberá rebajar la  proporción  fija  de  una  tercera  parte”, lo cual  daría  paso  a la aplicación del principio de favorabilidad de ese mayor monto  frente a la octava parte prevista en la legislación precedente.   

Ello,      insiste,     “por   tratarse   de  una  proporción  automática,  que  no  es  susceptible  de ningún acuerdo o negociación entre el imputado y la Fiscalía,  igual  a  lo que se dispone en inferior proporción en el artículo 40 de la Ley  600 de 2000”.   

Concluye  advirtiendo  que  si  fue éste el  punto  sobre el cual la Sala encontró la eventual vulneración del principio de  favorabilidad,   sería   entonces  necesaria  la  intervención  oficiosa  para  reconocer  en  lugar de una octava parte una tercera de la pena imponible por el  allanamiento  a  los  cargos  y  que,  en  caso  contrario, la sentencia se debe  mantener incólume.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Como  en  el  auto  del  pasado  14  de febrero la Sala advirtió la  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales del procesado ALVARO  CASAS en punto de la dosificación  de  la  pena impuesta, específicamente “por haberse  quebrantado  su  derecho  fundamental  a  la  aplicación  de  la ley penal más  favorable”,  lo  cual  condujo  a surtir traslado al  Ministerio  Público con el objeto de escuchar su criterio y habiendo encontrado  este  funcionario  tres  posibilidades  al  respecto, descartando dos y tan solo  previendo  como  hipotéticamente  viable  la  aplicación  favorable  del mayor  descuento  punitivo  previsto  para los casos de allanamiento a los cargos en el  artículo  352  de la Ley 906 de 2004 sobre el establecido en el artículo 40 de  la  Ley  600  de  2000  y  en  tanto  esa gama de posibilidades propuestas en el  concepto  rendido  colman  las  opciones que tal temática ofrece frente al caso  particular,  se  procederá  a  efectuar  su  análisis  pertinente  con miras a  determinar  si  es  del  caso  acudir  al  instrumento  de la casación oficiosa  contenido en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.     

El  primer  tópico  que  podría configurar  vulneración  de  la  garantía,  como  bien lo consigna el Procurador Delegado,  tiene  que  ver  con  la  circunstancia específica de agravación del delito de  hurto,  referida en el numeral 6° del artículo 241 de la Ley 599 de 2000, para  los    casos    en    que    la    conducta   patrimonial   recae   “sobre  medio  motorizado,  o  sus  partes  importantes,  o sobre  mercancía  o  combustible  que  se  lleve en ellos”.   

Pues bien, a diferencia de lo aducido por el  señor  Procurador  en  el  sentido  de  que  en la resolución de acusación se  dedujo  esta  circunstancia  a pesar de haber sido derogada por el artículo 1°  de  la Ley 813 de 2003, la Sala encuentra que esa aseveración no se ajusta a la  realidad.   

En efecto, la resolución de acusación es de  fecha  31  de  enero  de  2003  mientras  que la referida ley, a través de cuyo  artículo  1°  derogó  expresamente el numeral 6° del artículo 241 de la Ley  599  de  2000,  sólo entró en vigencia hasta el 3 de julio siguiente, fecha en  la  cual  se  promulgó  en el diario oficial 45237, atendiendo a que, según su  artículo  5°, “la presente ley rige a partir de su  promulgación”.       

En esa medida, se concluye que para la fecha  de  la  resolución  de  acusación  no  se  incurrió  en  incorrección alguna  derivada  de  incluir  la  circunstancia específica de agravación punitiva del  delito  de  hurto  prevista en el numeral 6° del artículo 241 de la Ley 599 de  2000.    

Sin embargo, el hecho precisamente de que se  haya  deducido  tal  circunstancia  en  la  resolución  de acusación y que con  posterioridad  se  hubiera derogado, podría entrañar vulneración al principio  de  favorabilidad  de  la  ley  penal  de  llegar  a establecerse su aplicación  efectiva en el fallo.   

Revisada  la ponderación punitiva contenida  en  el    fallo anticipado de primera instancia emitido por el Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal  del Circuito de Bogotá, confirmada integralmente por el  Tribunal,  se  observa  que  la aludida circunstancia de agravación punitiva no  fue  considerada,  lo  cual  descarta desconocimiento del referido postulado por  razón de este motivo.         

El  segundo  aspecto  que podría configurar  vulneración  del  mismo  apotegma  es  el  concerniente al descuento general de  penas  establecido  en  el  artículo  70  de  la  Ley  975  de  2005,  en tanto  ulteriormente  fue  declarado  inexequible  por la Corte Constitucional mediante  sentencia  C-370  del  18  de  mayo  de  2006,  habida  cuenta  que “no   impedirá  su  aplicación  para  aquellos  condenados  que  teniendo  derecho  a  la  rebaja  de  pena,  siempre  que cumplan las exigencias  requeridas  por la ley, aún no lo hayan solicitado, como quiera que los efectos  del  fallo de inexequibilidad fueron determinados hacia el futuro”1.   

Pues  bien, sobre ese particular la Corte ha  sido  persistente  en  señalar  que  en  tanto “Las  expresiones   ‘cumplan  pena’,   ‘pena       impuesta’,             ‘sentencias  ejecutoriadas’         y        ‘condenado’  utilizadas  en  la redacción de la  norma  y  conforme  al  lenguaje  jurídico  propio,  no  dejan  duda alguna que  la  rebaja  de  la  pena  prevista en el artículo 70  procede    únicamente   para   las   personas   que   al   25   de   julio   de  2005         -fecha de la vigencia de la ley-  se  hallaban  descontando  pena  en  virtud  de  una  sentencia que había hecho  transito   a   cosa  juzgada  material”2 (subraya fuera de texto).   

En  ese orden de cosas, deviene indiscutible  que  en  el  caso sometido a consideración no resulta procedente la aplicación  de  dicho  descuento  punitivo  en  virtud del principio de favorabilidad, al no  haberse   ni   siquiera  en  este  momento  consolidado  el  presupuesto  de  su  concesión,  esto  es,  la  ejecutoria de la sentencia condenatoria, mucho menos  para  el  25  de  julio  de  2005,  cuando  entró  a  regir  la Ley 975 de 2005  contentiva de la gracia punitiva.   

El  tercer  tópico  sobre  el  cual podría  predicarse  la  vulneración  del principio de favorabilidad gira en torno de la  aplicación  del mayor descuento punitivo previsto en el artículo 352 de la Ley  906  sobre  el referido en el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, para los casos  en  que el acogimiento a la figura de sentencia anticipada ocurre después de la  acusación,  como  sucedió  en  este  evento en donde el procesado ÁLVARO   CASAS  manifestó,  durante  la  audiencia  preparatoria  de  la  Ley  600  de 2000, su intención de aceptar los  cargos  proferidos  en  su  contra,  motivo  por el cual se dispuso audiencia de  formulación  y  aceptación el 19 de noviembre de 2004, en la que, sin ambages,  aceptó  su responsabilidad por los delitos de hurto calificado agravado y porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  por los cuales fue acusado.   

El  Procurador Delegado estima que, palabras  más  palabras  menos,  eventualmente  es viable la aplicación del principio de  favorabilidad  en cuanto la rebaja punitiva consagrada en el artículo 352 de la  Ley  906  de  2004  para  los  casos  de  allanamiento  unilateral difiere de su  homóloga  del  artículo  351, pues al igual que la terminación anticipada del  artículo  40  de  la  Ley 600 de 2000 reconoce una reducción automática de la  pena  (una  tercera  parte)  y  no  un  monto  oscilante o variable (hasta de la  mitad),  como  ocurre  cuando  se  verifica  antes  de  la  presentación  de la  acusación.   

La  propuesta  del Ministerio Público no se  ajusta  a  la  realidad  normativa  y,  por  esa  razón,  no  persuade hacia la  variación de la jurisprudencia mayoritaria de esta Sala.   

En efecto, el Procurador carece de razón al  señalar  que  el  descuento punitivo correspondiente al allanamiento unilateral  de  cargos  luego  de presentado el escrito de acusación y antes del inicio del  juicio  oral  es  de  una  proporción automática correspondiente a una tercera  parte,  cuando  quiera  que ello refiere a los casos de preacuerdo, como así lo  prevé  textualmente  el  segundo inciso del artículo 352 de la Ley 906, según  el     cual     “cuando     los     preacuerdos   se   realizaren  en  este  ámbito  procesal,  la pena imponible se reducirá en una tercera”   (subraya   fuera   de   texto).    

Empero,  en  tratándose  de  allanamiento o  aceptación  unilateral  a  los cargos –que  no  preacordada-  la reducción punitiva prevista legalmente no  es  automática,  como  en forma errada lo sostiene el Procurador, sino movible,  según  se  deduce del numeral 5° del artículo 356 de la Ley 906, referente al  trámite de la audiencia preparatoria, al advertir lo siguiente:   

“5.   que  el  acusado manifieste si  acepte  o  no  los  cargos.   En  el  primer  caso  se  procederá a dictar  sentencia  reduciendo  hasta  en  la tercera parte la  pena  a  imponer,  conforme lo previo en el artículo  351.     En    el   segundo   caso   se   continuará   con   el   trámite  ordinario”  (subraya  fuera  de  texto).      

Así también lo ha entendido la Sala, entre  otras,  en  la  siguiente  decisión,  por  lo  que  oportuno  resulta traerla a  colación en lo pertinente:   

         

“…las diferencias también se advierten  a  lo largo de ambos procesos frente a los institutos que ocupan la atención de  la  Sala,  pues  consecuente  con  el  principio  de  consensualidad,   la   ley   dispuso  en  el numeral 5° del artículo 356 que  sea  el  juez  de  conocimiento quien, en la audiencia  preparatoria,   requiera    al    acusado    para    que   ‘manifieste    si   acepta   o    no    los   cargos’,    evento    en    el   cual,   en   caso   de   que   no   haya  habido   preacuerdos   con    el    Fiscal,    procederá    a    dictar   sentencia     si     el    acusado     los    aceptó,   debiendo     reconocer     ‘hasta       una       tercera      parte’,    pues   de  haber  existido  acuerdo  con  la  Fiscalía,  necesariamente  el  juez  debe acatar lo acordado,  siempre  que  no  se  desconozcan  derechos  fundamentales,  sin  olvidar que el  artículo    352    precisa    que   ‘cuando  los  preacuerdos  se  realizaren  en  este ámbito procesal  (preacuerdos    posteriores    a    la    presentación   de   la   acusación),   la   pena  imponible  se  reducirá   en   una   tercera   parte’…”3   

.  

A  consecuencia  de  lo anterior, la Sala no  encuentra  razón  plausible para modificar su criterio, recientemente reiterado  a  través  de la sentencia de casación del 6 de septiembre de 2007, rad. 24786  y  del  fallo  de tutela rad. 32842 de la misma fecha, en el entendido de que no  es  viable  la  aplicación  del  principio  de favorabilidad entre la figura de  sentencia  anticipada  del  sistema  procesal  de  la  Ley  600  de  2000  y los  mecanismos  de  conformidad  de  la  Ley  906  de  2004  porque,  como  lo viene  sosteniendo   desde  cuando  se  planteó  por  primera  vez  la  problemática:   

“surge  evidente  que  la  comparación  institucional  de  las dos figuras en estudio, es decir, la sentencia anticipada  del  sistema  procesal  anterior  y  la  aceptación  de cargos o de imputación  actualmente  reglada  en  la  Ley  906  de  2004  no  son  iguales, toda vez que  pertenecen  a  sistemas  procesales de enjuiciamiento contrapuestos, conclusión  lógica  y  jurídica  que  necesariamente  conlleva  a  excluir  la  pretendida  aplicación   del  principio  de  favorabilidad  que  reclama  la  Procuraduría  Delegada,  pues  si  bien  es  cierto que la Sala ha admitido la operancia de la  favorabilidad    frente    a    la   ‘coexistencia’  de  legislaciones,  también lo es que ella se verifica siempre y  cuando  los  institutos  partan  de los mismos supuestos de hecho, evento que en  este         caso         no        ocurre”4.   

        Desde  esa  perspectiva,  no se remite a duda que en este caso no se  presenta  vulneración  del  principio de favorabilidad remediable a través del  instrumento  de  la  casación oficiosa del fallo.        

Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR  la  sentencia  impugnada,  de  conformidad  con los argumentos expuestos en la parte  motiva de esta decisión.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS   

   Salvamento de voto  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                         JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

         Salvamento de voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA       

                                                                                       Salvamento de voto   

LUIS  GONZALO VELÁSQUEZ POSADA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

              Conjuez                                            Salvamento de voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia   del   10   de   agosto   de  2006,  rad.  25705.   

2  Ibídem.   

3Sentencia del 3 de mayo de 2007, rad. 23486:   

4Providencia del 23 de agosto de 2005, rad. 21954     

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