25888(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25888  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 152   

Bogotá D. C., diez (10) de junio de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  con  que se sustenta el recurso de casación interpuesto por el  defensor  del procesado EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES contra el fallo de 6 de marzo  de    20061,  mediante el cual  el Tribunal Superior Militar confirmó la  sentencia  de  primera  instancia,  proferida  el 19 de diciembre de 2005 por el  Juzgado  154  de  Primera  Instancia  de Ibagué, que lo condenó como autor del  delito  de  homicidio, a la  pena  principal  de  dos  (2)  años  y  cuatro  (4)   meses  de  prisión;  inhabilitación   para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por  un  lapso  igual  al de la pena principal; y, la separación absoluta de la  fuerza pública.   

HECHOS  

1.  Fueron relatados de la siguiente manera  por la Sala Decisión Penal del Tribunal Militar:   

“El  09 de junio de 2000 fue requerida en  la  Estación  de  Policía de Garzón-Huila, presencia policial para conocer de  una  riña  en  el Barrio Julio Bahamón, siendo enviada la patrulla CENTELLA al  mando  del  SI  PÉREZ  REYES, en el lugar se encontraban dos individuos quienes  habían  protagonizado el escándalo, siendo requeridos por los uniformados para  ser  conducidos  a  las  instalaciones  policiales,  a  lo  cual  el  particular  IDEBRANDO  PÉREZ  (Q.E.P.D.)  se  negó,  siendo utilizada la fuerza por el SI.  PÉREZ  REYES  y  el  Agente  CADENA  PALECHOR para su conducción, ante lo cual  asumió  el hoy occiso una actitud desafiante y de ataque contra los agentes del  orden,  por  lo  cual  el  G. CADENA hizo uso de su bastón de mando tratando de  reducirlo,  siendo  apoyado ILDEBRANDO por su hermano JOSE MARÍA PIÑACUE quien  le  pegó  con  una  piedra a CADENA, cayendo al suelo sangrando, situación que  aprovechó  ILDEBRANDO  para  encuellar  (sic) al SI. PÉREZ, dada su contextura  física  alta  y corpulenta; ante lo cual el Subintendente repelió la agresión  haciendo  uso  de  su  arma  de  dotación impactándole en dos ocasiones: Entre  tanto  el  Agente  CADENA  se  incorporó  y observando que su compañero PÉREZ  había  sido  atacado  y  salió en ese momento de la humanidad de ILDEBRANDO le  propinó  un  tercer  impacto  con  la  mini  uzzi  que portaba.”.2   

ACTUACION PROCESAL RELEVANTE  

1.  Con base en estos hechos, el Juzgado 66  de  Instrucción  Penal  Militar  en  auto  de  4  de  julio  de  2000  expidió  resolución   de   apertura   de   la  instrucción3   en   la   que  ordenó  la  vinculación    de                     EDGAR   EDUARDO   PÉREZ  REYES  y  el  18  de  septiembre  del  mismo  año, se le vinculó mediante diligencia de indagatoria.   

2.  En  resolución interlocutoria de 24 de  noviembre             de             20004,  el  Juzgado 180 de  de  Instrucción  Penal  Militar  de Neiva definió la situación jurídica de EDGAR  EDUARDO  PÉREZ  REYES con abstención de imposición de medida de aseguramiento  al   considerar  que  había  actuado  en  legítima  defensa,  como  causal  de  justificación del hecho.   

3. Mediante auto de sustanciación de 29 de  diciembre  de  2004 se declaró cerrada la investigación y en interlocutorio de  23  de  febrero  de  2005 se calificó el mérito de la instrucción5,    con  resolución  de  acusación contra  EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES y JHON FREDY  CADENA   PALECHOR   como   autores   responsables  del  delito  de  homicidio.   

4. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  6  de  diciembre  de  2005,  el  Juzgado 154 de Primera  Instancia, celebró la audiencia pública de corte marcial.   

5. Mediante sentencia de 19 de diciembre de  2005  el  Juzgado  154 de Primera Instancia de Ibagué, condenó a EDGAR EDUARDO  PÉREZ    REYES   y   JHON  FREDY  CADENA  como  coautores  del  delito  de  homicidio, en exceso de la  causal  de  justificación  de legítima defensa, a la pena principal de dos (2)  años  y  cuatro  (4)   meses  de  prisión;  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un lapso igual  al de la  pena principal; y, la separación absoluta de la fuerza pública.   

    

1. Impugnada  esa  decisión por los  defensores  de  los  dos  condenados,  el   6  de marzo de 20066, el Tribunal  Superior  Militar  la  confirmó, respecto de la cual, el defensor del procesado  EDGAR   EDUARDO   PÉREZ   REYES,   interpuso   el   recurso  extraordinario  de  casación.     

LA  DEMANDA   

Un  cargo  postula  el  defensor  de  EDGAR  EDUARDO  PÉREZ  REYES  contra  el  fallo  del  Tribunal  Superior  Militar, con  fundamento  en  la  causal  primera de casación contemplada en el artículo 207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  (Ley  600 de  2000), por aplicación indebida de los artículos 103  (homicidio)  del  Código  Penal  (Ley  599 de 2000) y  34    (causales    de   justificación)  del Código Penal Militar; y falta de aplicación del numeral 4°  (legítima  defensa)  del  artículo 34 del Código Penal Militar.   

Dice que el motivo de debate y decisión en  la  sentencia,  es  si EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES, al defenderse de la agresión  de  Ildebrando  Pérez,  incurrió   en exceso de legítima defensa o si su  acción  estuvo  cobijada  por  la  debida  proporcionalidad  entre  agresión y  reacción para eliminar la repulsa.   

Transcribe extensos apartes de la sentencia  del  Tribunal  Superior  Militar en los que se tratan diversos temas tales como:  (i)  el  miedo  como eximente de responsabilidad; (ii) la proporcionalidad de la  defensa  con  la agresión; (iii) la necesidad de la defensa de un derecho; (iv)  el  empleo  de la fuerza y otros medios coercitivos por parte de los miembros de  la  fuerza  pública;  y  (v)  la aplicación del reglamento de servicio de  vigilancia  urbana  y  rural, con relación al uso de las armas; a partir de los  cuales  y  específicamente  del  reglamento  de servicio de vigilancia urbana y  rural,  dice,  en  el texto se reitera la necesidad de la proporcionalidad de la  defensa ante la agresión actual e injusta.   

Destaca  que  de  esa  forma  el  Tribunal  confirmó  la  sentencia  al reconocer exceso en la legítima defensa, basado en  que  no hubo proporcionalidad entre la defensa y la agresión, pues el procesado  había  podido  morigerar  la situación dado el entrenamiento que recibió como  miembro de la Policía.   

Expresa,  que el derecho evoluciona además  de  su  estructura,  en las ciencias auxiliares de la sociología, sicología en  el  estudio  profundo  del  ser  humano  cuando  es  sometido   a un juicio  jurídico con ocasión de una conducta delictual.   

Hace  una  reseña  histórica  sobre  la  sicología,   con  cita  de  varios  doctrinantes  sobre  el  tema,  de  quienes  transcribe apartes de texto.   

En igual sentido trae transcripciones sobre  el  concepto de emoción; y, explica la teoría “cortico talámica de Cannon y  Bard”   sobre   la   interacción   entre   la  corteza  cerebral  y  la  zona  hipotalámica,  en  donde dice nacen las emociones, respecto de la cual destaca,  fue  adicionada  por  la  teoría de la activación de Arnold y Lindsey sobre la  forma como se producen las mismas.   

Luego  enuncia,  que  de  esa  manera  se  constituye  un  circuito  cerrado  que  explica  el  desarrollo  de  éstas  por  refuerzos  sucesivos  de  la  toma  de  posición  emocional,  cita y explica la  Teoría  de  Moruzzi  y  Magon  “De  la  activación”,  en  la  cual hay una  deshinibición  de los centros hipotalámicos.   

Pasa a referirse al exceso intensivo como la  calidad  de  repulsa  con  la  que  el  agente  pretende  rechazar  y  anular la  agresión;  el  miedo,  temas  en  los  que  cita a diversos tratadistas; y trae  jurisprudencia    de    esta    Sala   sobre   el   exceso   en   la   legítima  defensa.   

Manifiesta,  que  en la sentencia recurrida  “no  existe  el  menor  análisis de estos aspectos  científicos  y  prácticamente  el  juzgador,  tanto de primera como de segunda  instancia,  ha  aplicado una responsabilidad objetiva pues ha partido de la base  de  que  SI. PÉREZ REYES debió de mesurar el número de sus disparos. Y cuando  en  la  misma  sentencia indica que este procesado debió haber obrado con mayor  cautela  porque  así se lo imponía su calidad de policial, para la cual debió  tener  el  suficiente  entrenamiento, olvida que  el miedo no tiene ninguna  excepción  respecto  al  sujeto,  porque  absolutamente  todo  ser humano está  sometido a su dominio…” .   

Dice   que   con   estos   argumentos  el  error  de  interpretación  de  la  norma  ha quedado perfilado  al establecer que la sentencia atacada  no  realizó  ningún  estudio  sobre  las  condiciones  sicológicas  en que se  encontraba  PÉREZ  REYES en el momento en que produjo los disparos que causaron  la  muerte  a  Ildebrando,  aspecto  que  motivó  que el juez de instancia  aplicara  una  responsabilidad  objetiva  al no penetrar en el aspecto subjetivo  que  corresponde  analizar  cuando  se  trata el exceso de la legítima defensa.  “Se  ha  llegado  así  a  un  error de su succión  (sic)    de    los   hechos   en   la   norma   del  exceso”     que  requiere  del  examen  del  aspecto  subjetivo  que  no contempló la sentencia.  (negrillas fuera de texto).   

Afirma, que al haberse incurrido en errónea  interpretación  del  parágrafo  del artículo 34 del Código Penal Militar, se  dio  por  establecido  que  si hubo exceso y de esa manera resulta indebidamente  aplicada  esa  norma  y  en  consecuencia se dejó de aplicar el numeral 4° del  artículo 34 del Código Penal Militar.   

Solicita  se case la sentencia impugnada, y  en  su  lugar  se reconozca que PÉREZ REYES actuó en ejercicio de la legítima  defensa y en  consecuencia se le absuelva.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  EDGAR  EDUARDO  PÉREZ  REYES  no  satisface  los  requisitos  del artículo 212  del   Código  de Procedimiento penal (Ley 600 de  2000). En razón a ello será inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia;  no  consiste en someter a un nuevo juicio a los procesados,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  comprende  como  un instituto procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2. El libelista anuncia que formula un cargo  por  violación  directa,  pero  en  forma  inmediata  y  dentro  del  mismo, se  contradice  y  pasa  a  plantear dos, el primero por aplicación indebida de los  artículos  103  (homicidio)  del   Código  Penal  (Ley  599  de  200)      y      34      (causales     de  justificación) del Código Penal Militar; el segundo  por  falta  de  aplicación del numeral 4° (legítima  defensa)  del artículo 34 del Código Penal Militar.   

3. La argumentación lógica que comporta el  recurso  extraordinario  de  casación  implica,  que  si el censor postula como  yerro   in  iudicando  la  violación  directa  de la ley sustancial,  acepta  los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias; caso en el cual no le es factible discutir cuestiones  de  facto,  toda  vez que la impugnación es de estricto orden jurídico y recae  sobre la ley sustancial por una de estas razones:   

-.   Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente:  el  juez yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la  reclama.  Ignora o desconoce la ley que regula la materia y no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

-.  Aplicación  indebida:  el  juez  desatina en la adecuación de la  norma.  El  error se manifiesta en la falsa adecuación de los hechos probados a  los  supuestos  que  contempla  la  norma,  ya  que  los  sucesos  procesalmente  reconocidos    no    coinciden    con    las   hipótesis   condicionantes   del  precepto.   

-. Interpretación  errónea:  el juez selecciona bien y acertadamente la  norma  que  corresponde  al  caso en cuestión, pero yerra al interpretarla y le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, o le asigna efectos distintos o  contrarios a su real contenido.   

4.  En  un  caso como el presente, donde el  Tribunal  sopesó  el  conjunto  probatorio  de  testimonios,   peritajes y  documentos;  y  además,  por inferencias racionales concluyó que EDGAR EDUARDO  PÉREZ   REYES   actuó  como  autor  del  delito  de  homicidio,  dentro  de la eximente de responsabilidad  de  la  legítima defensa, pero con exceso,  no es correcta la postulación  del   cargo   por   violación  directa  de  la  ley  sustancial;  pues  fue la valoración del conjunto de  medios lo que sirvió de fundamento a las motivaciones del fallo.   

Es  por  ello  que,  en  la  senda  de  la  violación  directa  de la ley sustancial  resulta un contrasentido partir de la aceptación de los hechos y  las     pruebas     como     fueron     valoradas     por     el    Ad-quem,  para  en seguida protestar por  las    inferencias    que    hizo    tomando    como   base   esos   medios   de  convicción.   

En  el  cuerpo  de  la demanda el censor no  acepta  los hechos y la forma como las pruebas fueron valoradas por el Tribunal,  pues  al  desarrollar  el cargo que plantea como único, parte de controvertir y  señalar   de   erradas   la   valoraciones   que   realizó   el   ad  quem  sobre  la determinación de la  legítima  defensa con exceso en la proporcionalidad de la defensa con relación  al  ataque,  las  cuales  calificó  como  declaratoria  de  una responsabilidad  objetiva,  presentando  sus  propias apreciaciones, que como antagónicas, hacen  que  la  demanda  discurra  en  el  disenso  propio  de un alegato de instancia.   

En  las anteriores condiciones, para que en  el  presente  caso  pudiere  hablarse  de  violación  directa   de   la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida         de         los        artículos        103        (homicidio)    del    Código    Penal  (Ley  599  de  200)  y  34  (Causales      de     justificación)  del  Código  Penal Militar, sería necesario, por una parte, que  el  Tribunal hubiese admitido que EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES no causó la muerte  a  Ildebrando;  no  obstante  esa  declaración  previa,  la  decisión fuera de  haberlo condenado como autor del delito de homicidio.   

Por    otra,    que   el   ad  quem hubiera declarado probado que el  encartado  causó  la  muerte  de  Ildebrando, lo hizo en legítima defensa, con  aceptación  indubitable  que  la  defensa  que  ejerció, fue proporcional a la  agresión  de  que  era  objeto;  y,  sin  embargo  de  esa declaración previa,  hubieren  terminado  siendo condenado a título de autor del delito de homicidio  con  reconocimiento del exceso en la eximente de responsabilidad de la legítima  defensa.   

Pero   ninguno   de   estos   ejercicios  argumentativos  asumió  el  demandante,  por  el  contrario, se evidencia en su  libelo,  una  permanente  controversia del facto de la motivación y los juicios  de  valor que el Tribunal elabora para llegar a la conclusión que arribó   sobre  el exceso en la legítima defensa, sin aceptar los hechos que se declaran  probados  en  la sentencia, con lo que se ubica en la vía indirecta, camino que  el censor no emprendió.   

4.  No  obstante, el libelista parece haber  entendido    que    para    confeccionar    una    censura    por   violación   directa   de   la   ley  es  suficiente   mencionar   las   normas  de  derecho  sustancial  que  se  estiman  vulneradas,  y  exponer  luego  en  modo  libre el punto de vista de la defensa,  acerca de hechos que el Tribunal Superior encontró demostrados.   

Esa comprensión es equivocada, puesto que,  por   exigencia  del  discernimiento  lógico  en  materia  de  esta  causal  de  casación,  no  sólo es necesario admitir los hechos, sino también las pruebas  y  la  valoración que de ellas se hizo en las instancias; porque esa especie de  vulneración  de  la  ley  sustancial  –la  violación  directa-  consiste en la  proposición  de  una  controversia  de  orden jurídico exclusivamente; y no da  lugar,  cuando se trata de poner en tela de juicio la legalidad o validez de las  pruebas,   o   la  razonabilidad  de  las  inferencias  obtenidas  a  partir  de  ellas.   

El  censor  en  toda  la  extensión  de su  libelo,   plantea   un   alegato   en   términos   fácticos   y   probatorios,  específicamente   cuando  controvierte  los  análisis  del Tribunal   sobre  el  tema del exceso en la defensa, tanto, que reprocha, que haya olvidado  tener en cuenta la circunstancia del miedo.   

De  la  misma manera critica que el juez de  segunda   instancia   omitió   realizar   un   estudio  sobre  las  condiciones  sicológicas  en  que se encontraba el procesado al momento de cometer el hecho,  con  lo  que  incurre  en  entremezclar  censuras  que  son  susceptibles de ser  atacadas  por  vías  diferentes  y de manera separada, con lo que transgrede el  principio   de   autonomía   de  los  cargos  que  regula  este  extraordinario  recurso.   

Sin  duda,  con  tal  modo de argumentar se  cuestiona  el  alcance  dado por el Tribunal a los medios de convicción, de los  cuales  dedujo  los  elementos estructurales del delito de homicidio y el exceso  en  la proporcionalidad que de la defensa se hizo respecto del ataque de que fue  objeto EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES.   

Visto  así,  la  censura  se  traslada  al  terreno  de la valoración probatoria y, entonces, abandona la lógica propia de  la  violación directa para  ubicarse    en    la    vía   indirecta  de  vulneración  de  la  ley  sustancial,  temática  que no fue  desarrollada siquiera en mínima parte.   

Aquella  ambivalencia  atenta  contra  la  lógica  de  la postulación, al punto de tornarla inadmisible, pues si se parte  del  supuesto que se aceptarán los hechos y la valoración de las pruebas sobre  ellos,  es  evidente la contradicción cuando al mismo tiempo se protesta por el  alcance  conferido  a  las  pruebas sopesadas por el Tribunal Superior, aspectos  que  hacen  del  escrito un libelo confuso, que no le permite a la Corte, entrar  en su estudio.   

Es claro que el debate se está proponiendo  en  el  campo de lo valorativo  y de la fuerza de convicción o poder   de    persuasión    que    el   Ad-quem  encontró  en  el  acopio probatorio. De ese modo, se abandona la  causal    primera   de   casación   –violación     directa    de    la    ley    sustancial-,    y    el    alegato    se    ubica    en    la    –violación    indirecta-  de  la  misma  causal,  que  ha  debido demostrarse a través de  alguna de las modalidades de error de derecho o error de hecho.   

5.  La  jurisprudencia  de  esta Sala de la  Corte  ha  reiterado que la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  errores  de hecho, puede ocurrir  por:  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio,  especies    de    yerros   que   responden   básicamente   a   los   siguientes  conceptos:   

-.  Falso juicio  de  existencia:  el  juez  omite  apreciar una prueba  legalmente   producida   o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un medio de convicción que no forma parte del mismo  por no haber sido producido o incorporado.   

-.  Falso juicio  de  identidad:  el  juez  tiene  en  cuenta  el medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido  o  incorporado;  sin embargo, al  valorarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal,  hasta llegar a conclusiones distintas a las que habría obtenido si lo  hubiese considerado en su integridad.   

-.   Falso  raciocinio: cuando a una prueba que existe legalmente  y  es  valorada  en  su integridad, el juzgador le asigna un mérito o fuerza de  convicción  que  transgrede  los  postulados de la sana crítica; es decir, las  reglas    de    la    lógica,    la   experiencia   común   y   los   dictados  científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cual  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la  trascendencia  de  ese  yerro,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo hubiera sido  diferente;   y   concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia  que debió aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

En  todo  caso,  es  preciso  referir  la  trascendencia  del yerro aducido, lo cual se consigue analizando cuál sería el  sentido  del  fallo  si hubiese sopesado correctamente la prueba sobre la que se  hace  recaer  el  defecto,  en  conjunto y armonía con los restantes medios que  conforman el conjunto probatorio en su integridad.   

Como  ninguna de esas modalidades de error  fue   desarrollada   por   el   libelista,   pese   a  que  de  la  violación  directa de la ley sustancial  que    enunció,    trascendió    hacia   las   lindes   de   la   violación  indirecta, cuando asumió en  el  desarrollo  de  los  dos  cargos,  controvertir  los juicios de valor que el  Tribunal  realizó  sobre los medios de prueba, sin que sea posible concluir que  ese  era  su  querer, dado el carácter rogado y el principio de limitación que  rige este extraordinario recurso.   

6.  De  otro lado, el libelista anuncia un  cargo   único,  por  tanto  la  demanda  sólo  contiene  un  capítulo,  pero,  inmediatamente  inicia  el  planteamiento  del  cargo,  elabora dos censuras, la  primera   por   aplicación   indebida   de   los  artículos  103  (homicidio)    del    Código    Penal  (Ley  599  de  2000) y del  artículo  34 (causales de justificación)  del  Código  Penal Militar; la segunda, por falta de aplicación  del   numeral   4°  (legítima  defensa)   del   artículo   34   (causales  de  justificación)  del  Código  Penal Militar; y en el  colorario  de la demanda concluye que se incurrió en errónea interpretación y  aplicación   indebida  del  numeral  4°  (legítima  defensa)    del    artículo    34    (causales  de justificación) del Código  Penal Militar.   

Tal  pluralidad de opugnaciones, hacen que  el  escrito  carezca  de  claridad,  se torne confuso e impidan a la Sala lograr  entrar  a  su  estudio,  además de violar los principios de no contradicción y  autonomía  que  gobiernan la formulación del cargo, que rompe toda lógica del  recurso extraordinario de casación.   

Si  el querer del impugnante era presentar  varios  cargos,  lo debió hacer en capítulos separados, donde los excluyentes,  es  permitido  formularlos  de  manera  subsidiaria, como lo estatuye el numeral  4°   del  artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

7.  En  síntesis,  tales  impropiedades  conllevan  a  inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco en la revisión del  expediente  se  observa  la  vulneración  de  alguna garantía fundamental, que  amerite  el  ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de Casación Penal  en  los  términos  del  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  (Ley       600       de       2000).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado EDGAR EDUARDO PÉREZ REYES, conforme a  lo expuesto en la parte motiva.   

2.  Contra  la  presente  providencia  no  procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                  ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno original 5, folio 1351.   

2  Cuaderno original 5, folio 1352.   

3  Cuaderno original 1, folio 57.   

4  Cuaderno original 1 folio 171.   

5  Cuaderno original 4, folio 1099.   

6  Cuaderno original 5, folio 1351.     

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