25104(05-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25104  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado    acta    N°    320   

Bogotá, D. C., cinco (5) de noviembre de dos  mil    ocho    (2008).                             

V    I    S   T   O  S   

La Corte resuelve el recurso extraordinario de  casación   interpuesto   por   el   defensor   de   la  procesada  CLARA   LUZ   JARAMILLO  HENAO  contra  la  sentencia  de  3  de  octubre  de  2005,  proferida  por el Tribunal Superior de  Armenia,  a  través  de la cual confirmó el fallo condenatorio del 11 de julio  de  2005,  dictado  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma ciudad  que  la  condenó  a  las penas principales de 4 años de prisión y multa de 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  de  5  años,  como  autora  responsable  de  la  conducta  punible de  contrato    sin    cumplimiento    de    requisitos  legales (artículo 410 del Código Penal).   

H    E    C   H   O  S   

El   sentenciador   de  segundo  grado  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Dio  origen a la  presente  investigación,  la  denuncia  que ante la opinión pública, mediante  artículo  de  prensa  en  el  Diario  ‘La  Crónica’ de  esta  ciudad  (Armenia),  hiciera  el  abogado Álvaro Mejía Mejía, quien hizo  referencia  acerca  de  la  presunta  celebración  del  contrato  No. 001-02 de  carácter  irregular,  entre  las  Empresas  Públicas  de  Armenia y la Empresa  Odinec  S.A.,  por  valor de cincuenta y dos millones de pesos ($52.000.000), el  día  30  de  diciembre de 2002, cuyo objeto era la administración y suministro  de  biotecnología,  el  que terminó al día siguiente ante la no existencia de  disponibilidad  presupuestal.   Sin  embargo,  el  Jefe  de  la Sección de  Presupuesto  expidió el certificado de disponibilidad presupuestal No. 0057 del  1º  de enero de 2003 (día festivo) y registro presupuestal No. 0078, por valor  de  quinientos  millones de pesos ($500.000.000), provocándose así la adición  irregular  del contrato hasta el 30 de junio de 2003, burlando la Gerencia de la  Entidad  contratante  el  Manual  de  Contratación,  por  cuanto  adicionó  un  contrato  legalmente  terminado  en cuantía superior al 950% del valor inicial,  motivo  por el cual la Fiscalía Seccional libró misión de trabajo con destino  al  Cuerpo  Técnico  de Investigación , corroborándose por los investigadores  los   hechos  motivo  de  denuncia  pública,  quienes  adjuntaron  como  prueba  fotocopias   inherentes   a  los  contratos  suscritos  procesado  la  procesada  JARAMILLO  HENAO,  y demás  documentos         relacionados        con        los        mismos.”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.    Con  fundamento  en la columna suscrita por Álvaro Mejía Mejía, publicada el 10 de  febrero   de   2003   en   el   periódico   local  La  Crónica  de  Armenia,  así  como  en  el  informe de  policía  judicial  del  6  de  marzo de 2003, la Fiscalía 6ª Seccional de esa  ciudad   inició   investigación  previa,  mediante  resolución  del  7  de marzo de 2002 (fl. 66, cuaderno  original  1).   El 10 de septiembre del mismo año, la fiscalía dispuso la  apertura  de  investigación  (fl.  86,  c.o.  1)  en  contra  de CLARA LUZ JARAMILLO  HENAO  y  JULIO  CÉSAR  VILLOTA ROJAS, quienes fueron  vinculados   a   través   de  indagatoria  el 1º y 22 de octubre siguientes (fl. 98-101, 104-107, c.o.1; fl.  56-62, c.o. 2).   

La Fiscalía 14 Seccional de Armenia continuó  el  adelantamiento  del  trámite procesal a partir del 17 de marzo de 2004, y a  través  de  resolución  del  28  de  junio siguiente resolvió la situación   jurídica   de  JARAMILLO  HENAO  y  VILLOTA  ROJAS, en el  sentido       de      proferir      medida      de  aseguramiento  en contra de la primera por la conducta  punible  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos  legales   (artículo   410   del   Código  Penal)  y  precluir la actuación por el  mismo delito a favor del segundo (fl. 93-104, c.o. 2).    

El    12   de   agosto   de    2004    la    fiscalía   declaró   cerrada   la  investigación (fl.  109,    c.o.    2)    y    el    30   de   septiembre   siguiente   acusó        a        CLARA    LUZ  JARAMILLO  HENAO como autora del delito de contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos  legales   (artículo   410   del   Código  Penal),  decisión  que  cobró  ejecutoria  el  25  de  octubre  de  2004.   

Mediante  auto del 8 de noviembre de 2004, el  Juez     Quinto     Penal     del     Circuito     de    Armenia    avocó  el  conocimiento  de  la  causa  y  corrió  el  traslado  previsto  en  el artículo 400 de la Ley 600 de 2000 (fl.  140,      c.o.      2).       La     audiencia  preparatoria  tuvo  lugar  el 21 de enero de 2005 (fl.  145,   c.o.   2)   y   la  de  juzgamiento  el  10  de  mayo  del  mismo  año (fl. 153-166, c.o. 2).  La  sentencia  condenatoria  de  primer  grado,  en  los  términos  detallados  al  inicio de esta decisión, fue  proferida  el  11  de julio de 2005 (fl. 167-201); apelada por el defensor de la  procesada,  fue confirmada por  el  Tribunal  Superior  de Armenia, en fallo de segundo  grado  del  3  de octubre de 2005 (cuaderno de segunda  instancia).    

Contra   esta  decisión,  el  defensor  de  CLARA  LUZ  JARAMILLO  HENAO  interpuso  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de casación, que la Sala  concedió a través de auto del 7 de septiembre de 2006.   

LA   DEMANDA  DE   CASACIÓN   

El defensor de CLARA  LUZ   JARAMILLO   HENAO   postula   dos   cargos  por  violación  directa de la ley  sustancial     y    uno    más    por    violación  indirecta, por vía del falso  raciocinio.    

Primer  cargo por violación directa  de  la ley sustancial.   

Con  fundamento  en  el  cuerpo  primero  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el libelista acusa al Tribunal de haber  incurrido    en    violación    directa   de   la   ley   sustancial,   por   vía   de   la   aplicación  indebida de los artículos 2,  3,  19, 24, 25, 26 y 31 del acuerdo No. 029 del 12 de septiembre de 2000 (Manual  de   Contratación   de   las  Empresas  Públicas  de  Armenia)  y,  de  manera  correlativa,  la  exclusión  del   artículo   3º   de   la   Ley   689   de   2001,  el  cual  –según  dice  el  demandante-  derogó  tácitamente la norma indebidamente aplicada.   

En apoyo al reproche formulado, el recurrente  señala  que  el sentenciador erró al exigir a la procesada aplicar al contrato  001  de  2002  celebrado con la firma Odinec S.A., los requisitos consagrados en  el  Manual  de  Contratación  de  las  Empresas  Públicas de Armenia, adoptado  mediante  acuerdo  No.  029  de  2000  y proferido por su junta directiva.   Agrega  que JARAMILLO HENAO no  debía  atender  a  dicha  norma,  porque había sido derogada por la Ley 689 de  2001,  la  cual  estableció  que  el  régimen  de  contratación de la aludida  empresa   de   servicios   públicos  se  rige  exclusivamente  por  el  derecho  privado.   

El  casacionista admite que la Gerente de las  Empresas  Públicas  de  Armenia  debió  sujetar  la  celebración  del mentado  contrato  001  de  2002  a  las  exigencias  de la Ley 142 de 1994  (ley de  servicios  públicos),  a  la Ley 689 de 2001, así como al Código de Comercio,  pero  no  al  citado  Manual  de  Contratación, en lo que tiene que ver con los  principios  rectores  de  la  contratación  estatal consagrados en su artículo  3º,  en  particular  los  de  transparencia  y  selección  objetiva.   Lo  anterior,  por  cuanto  el régimen privado que le era aplicable al contrato que  se  rige  por  el  derecho privado debe garantizar la libre competencia y evitar  los  abusos  de  la  posición  dominante  del  Estado, conforme lo establece el  artículo 333 de la Constitución Política.   

Tras citar el contenido de los artículos 2º  (garantía   de  los  principios  de  contratación  estatal),  3º  (principios  rectores   de  la  contratación),  19  (competencia  para  la  celebración  de  contratos),  24  (selección  de  contratistas),  25 (contratación directa), 26  (contratación  directa  sin  necesidad de ofertas) y 31 (contratos de urgencia)  del  Manual  de  Contratación  de  las  Empresas Públicas de Armenia, adoptado  mediante  Acuerdo 029 de 2001, el recurrente señala que en virtud del artículo  3º  de  la  Ley  689  de  2001,  el  contrato 001 de 2001 para el suministro de  biotecnología   quedaba   al  margen  del  cumplimiento  de  los  requisitos  y  principios  de  la ley 80 de 1993, comoquiera que el artículo 3º de la Ley 689  de  2001,  norma que estima indebidamente excluida, señala que: “los  contratos  que  celebren  las  entidades  estatales que prestan  servicios  públicos  a  los  que  se refiere esta ley no estarán sujetos a las  disposiciones  del  Estatuto  General de Contratación Pública, salvo en lo que  la  presente  ley  disponga  otra  cosa” (pág. 9-15,  demanda).   

Precisa  que  para  la  celebración  de  un  contrato  como  el  001  de  2002 basta la voluntad de las partes y los precisos  requisitos  que  exige  la  Ley 689, dentro de los cuales no está el proceso de  licitación,  avisos  o  citaciones  a  los  posibles  contratantes  (pág.  16,  demanda),  al  tiempo  que  sostiene  que  la  Ley 689 de 2001 derogó de manera  tácita  el  Acuerdo  029  de  2000 y que, de haber advertido el juzgador que el  contrato  001  de  2002  se  regía por el derecho privado y no por la Ley 80 de  1993,   hubiese    concluido   en  que  JARAMILLO  HENAO  no  podía  ser  responsable  por  la  conducta  punible descrita en el artículo 410 del Código Penal.    

Como  consecuencia  del  yerro  acusado,  el  demandante solicita a la Corte que case la sentencia recurrida.   

Segundo  cargo  por  violación directa de la  ley  sustancial.   

Al  amparo de la causal de casación descrita  por  el  cuerpo  primero  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el censor  señala  que  el sentenciador excluyó el artículo 3º de la Ley 689 de 2001 y,  de  manera  correlativa,   aplicó indebidamente el 209 de la Constitución  Política.    Solicita a la Sala, en consecuencia, que case el fallo y  absuelva   a   la   procesada   CLARA  LUZ  JARAMILLO  HENAO.   

En   desarrollo   del  reparo,  critica  la  afirmación  del  fallador,  según  la  cual,  los  principios  generales de la  función  pública  previstos  en el artículo 209 de la Constitución Política  -en  particular  los  de  igualdad,  moralidad,  eficacia,  economía celeridad,  imparcialidad  y  publicidad-  eran  esenciales  del contrato 001 de 2002.   Funda  el reproche en que el aludido contrato solamente se regía por el derecho  privado,  conforme lo dispuesto en el artículo 3º de la ley 689 de 2001, yerro  que  condujo  al  juzgador  a  predicar  la responsabilidad del procesado por el  delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

   

El  impugnante  admite que los principios que  orientan   la   función   pública,  señalado  en  el  artículo  209  del  la  Constitución  Política,  son  generales  y  deben  aplicarse  a  todo servidor  público,  pero  no  a  un  contrato particular que, como el 001 de 2002 para al  suministro   de   biotecnología,   se   exceptúa   de  los  principios  de  la  contratación  estatal de que trata la Ley 80 de 1993, por mandato del artículo  3º  de  la  ley 689 de 2001 y, en consecuencia, se rige por el régimen civil o  comercial.   

Por     lo     tanto     –agrega  el censor-, a este contrato en  particular  no  le  era  aplicable  el  principio  de  publicidad, que obliga al  trámite  de  una  licitación  o invitación para contratar, como tampoco el de  igualdad,  ya  que  se  puede  celebrar  de  manera directa, ni el de economía,  comoquiera que se tiene en cuenta el precio del mercado.   

Aduce  el  casacionista  que  el  objeto  del  contrato  001  de  2002 –el  suministro  de  tecnología  para  degradar  las  basuras-  solamente  lo podía  prestar  la firma Odinec S.A.,  y  se celebró para enfrentar el grave problema que representaba la acumulación  de   los   desechos   de   la  ciudad,  evento  que,  independientemente  de  la  previsibilidad,  permitía  celebrar  un  contrato  privado,  por  fuera  de los  requisitos de la contratación estatal.   

Admite,  con  el Tribunal, que los principios  que  consagra  el  artículo  209  de  la Constitución Política deben guiar la  actividad  de  todo  servidor  público cuando celebra contratos estatales, pero  aduce  que tales principios no pueden aplicarse a un contrato que se rige por el  régimen  privado,  “porque  lo que es punible es la  inobservancia  de  éstos  y  no de los principios generales de la contratación  estatal.”      

Cargo  único  por violación indirecta de la  ley sustancial.   

Al  amparo de la causal de casación descrita  en  el  cuerpo  2º del artículo 207-1 de la Ley 600 de 2000, el censor acusa a  la  sentencia  de  incurrir  en  error de hecho, en la modalidad de falso  raciocinio,  yerro  que  condujo al  fallador  a  excluir  la  causal  de ausencia de responsabilidad de que trata el  artículo 32-10 del Código Penal.   

El  casacionista  critica que el sentenciador  señalara    que    a    la    procesada    JARAMILLO  HENAO,  como  Gerente General de Empresas Públicas de  Armenia  E.S.P.,  le  era  exigible  aplicar  los  principios y requisitos de la  contratación  estatal  consagrados en la Constitución Política y en el Manual  de   Contratación   de   la  entidad,  pese  a  que  las  declaraciones  de  la  directora   administrativa y financiera de la misma Juliet Duque Moreno, la  del  Director de la Oficina Jurídica  Oscar Garay Salec, el concepto de la  Contraloría  Municipal  de  Armenia emitido por Anaís Saavedra Hernández y la  indagatoria  de  CLARA LUZ JARAMILLO HENAO,  afirmaron  que  el contrato cuestionado es de carácter privado y  cumple con todos los requisitos de validez.   

Frente a lo que demuestran las pruebas citadas  –dice el casacionista- la  procesada  tenía  la  convicción invencible de que el contrato 001 de 2002 era  de  carácter  privado,  tal  como se lo confirmaron sus asesores, motivo por el  cual  el  ad-quem  erró  al  realizar  la  inferencia  lógica  que  lo condujo a predicar que a JARAMILLO  HENAO  le  era exigible cumplir  con  los  requisitos  y  principios  de  la  contratación estatal en el aludido  contrato 001.   

Precisa  que Oscar Garay Saleg expresó en su  declaración  que el contrato se regía exclusivamente por el derecho civil, tal  como  lo  manda  la  Ley  142  de  1994  y  que, en tal virtud, cumplía con los  requisitos  legales,  toda  vez  que  se  respetó  la  voluntad  de las partes,  existían  las  disponibilidades  y  reservas presupuestales y obedeció al giro  ordinario de los negocios de la empresa.   

De  la  declaración  de Yulieth Duque Moreno  resalta  sus  afirmaciones, según las cuales en el trámite del contrato 001 de  2002  se  solicitaron  las autorizaciones para comprometer vigencias futuras, se  contó  con  disponibilidad  presupuestal  y  su  celebración  obedeció  a  la  necesidad  de  afrontar  la contingencia de no contar con un lugar para desechar  las basuras.   

El casacionista recuerda que, por su parte, la  procesada      JARAMILLO     HENAO     manifestó  que  el  contrato  se  hizo  conforme la Ley 142 de 1994  “y  nosotros  no  tenemos  que  cumplir  con  la ley  80.   Esta  ley  es  igual  a la ley privada, de contratación privada, eso  dice el artículo 33”.   

Por  último,  resalta  que el concepto de la  Contraloría  Municipal  de  Armenia  expresó  que el objeto del contrato es de  carácter  industrial  y  comercial, y corresponde a la naturaleza de le empresa  “referente  al  plan  de  contingencia  de manejo de  residuos sólidos”.   

En  consecuencia  -sostiene  el libelista- el  sentenciador   erró   en   la   inferencia   lógica   porque   “las  reglas  de  la  experiencia  en Colombia indican que un gerente  general  de  una empresa, como lo son las Empresas Públicas de Armenia, para el  desarrollo  de la función empresarial, se apoya en el jefe de área, dirección  o  división  de  la materia relacionada con la labor a ejecutar por parte de la  gerencia”;       de      modo      –agrega-,      que     CLARA  LUZ JARAMILLO HENAO, como gerente de  las   Empresas  Públicas  de  Armenia,  actuó  con  la  convicción  errada  e  invencible  de  que el contrato cuestionado, según le advirtieron sus asesores,  era   de   naturaleza   privada,   razón   por  la  cual   “cree   y   confía   en   lo  que  sus  asesores  especializados  le  informan”, es decir, que aquella actuó de buena fe,  al  tiempo  que  debe  entenderse que la Ley 689 de 2001 derogó tácitamente la  142 de 1994.   

Dice por último que, de no haber incurrido el  fallador  en  el yerro aludido, la sentencia de primer grado se hubiese revocado  en  su  integridad,  “en el sentido de no condenar a  CLARA  LUZ  JARAMILLO  HENAO  como  autora  responsable  del delito de Contrato sin cumplimiento de requisitos  legales”.   

CONCEPTO    DEL   PROCURADOR   PRIMERO   

DELEGADO  PARA  LA  CASACIÓN   PENAL   

El Delegado estima que no la asiste razón al  casacionista  en  los  argumentos  propuestos  en desarrollo de los dos  primeros  cargos, toda vez que si bien  es  cierto  el  artículo  31  de  la  Ley  142 de 1994 desvincula los contratos  suscritos  por  las  entidades  estatales prestadoras de servicios públicos del  cumplimiento  de  las  Ley  80  de  1993,  también  lo  es  que  tales negocios  jurídicos  conservan  características de su naturaleza pública que no escapan  a la regulación general  de la actividad administrativa.   

Sostiene  que la prestación de los servicios  públicos  es  una  actividad  sobre  la  cual  el  Estado  se  ha  reservado su  regulación  y  control,  en virtud de precisos mandatos constitucionales que le  otorgan  la  dirección  general  de  la  economía,  de  manera  que  aunque la  prestación   de  los  servicios  públicos  sea  una  actividad  sujeta  a  los  principios  de  la  libre empresa, y por lo tanto los contratos que celebren las  entidades  estatales  que los prestan estén exceptuados del Estatuto General de  la  Contratación, no deja de ser una expresión de los fines sociales de aquel,  motivo   por  el  cual  les  son  aplicables  los  principios  generales  de  la  contratación  estatal,  los cuales trascienden las normas concretas que regulan  la   materia,   puesto   que   en   ellos   se   expresan  valores  de  justicia  material.   

El  Delegado  precisa  que  el  régimen  del  contrato  001  de  2002  era  mixto, en la medida en que si bien se rige por las  normas  del  derecho  privado,  en todo caso su naturaleza jurídica y el objeto  social  de  la  empresa  contratante  imponen  el  cumplimento de los principios  constitucionales que rigen la función pública.   

Desestima  la  exculpación  de la procesada,  según  la  cual,  el contrato obedeció a una urgencia manifiesta, toda vez que  la  funcionaria  tuvo conocimiento de la crisis sanitaria desde 7 meses antes de  la  celebración del contrato y desde entonces no actuó oportunamente, como era  su  deber  y  le  era  exigible,  lo  que  la condujo a favorecer al contratista  designado,  a través de la omisión de la invitación pública que se requería  por  razón  de la cuantía, así como permitiéndole al contratista ejecutar el  objeto  del  contrato antes de suscribirlo, todo lo cual vulneró los principios  de transparencia y selección objetiva.    

En    lo    relativo    al   tercer   cargo,  el  representante  de  la  Procuraduría  señala  que no existió una violación a las máximas de la sana  crítica  al  desestimar  el  sentenciador  los  elementos del error invencible,  habida  cuenta que el razonamiento del censor ignora que el negocio jurídico en  cuestión  incluía  cláusulas exorbitantes propias de los contratos públicos,  lo cual le confería, al menos, un carácter mixto.   

Por  lo  anterior,  el  Procurador  Delegado  solicita a la Sala no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Debido   a   que   la  orientación  y  los  razonamientos   que   sustentan  los  dos  cargos  por  violación   directa  de  la  ley  sustancial  guardan  similitud  en  sus  fundamentos,  la  Sala  los abordará de manera simultánea.   

A  través  de los aludidos cargos, el censor  reprocha  que  el  Tribunal hubiese afirmado que al contrato 001 de 2002 le eran  aplicables  los  principios generales de la contratación estatal, contenidos en  el  Manual  de Contratación de las Empresas Públicas de Armenia y en la Ley 80  de   1993,   así  como  los  principios  que  orientan  la  función  pública,  consagrados  en  el  artículo  209 de la Constitución Política, toda vez que,  según  el artículo 3º de la Ley 689 de 2001 que modificó el 31 de la Ley 142  de   1994,   dicho   contrato   se   regía   exclusivamente   por   el  derecho  privado.   

Los  dos  cargos por violación directa de la  ley     sustancial     no    están    llamados    a  prosperar,  en  la medida que los argumentos sobre los  cuales  se  fundan  parten de interpretaciones y concepciones equivocadas de las  normas llamadas a orientar el trámite del contrato cuestionado.   

En  apoyo  a  la  anterior  postura,  la Sala  entrará  a  determinar  a) la  naturaleza  de  los contratos de derecho privado que celebra la administración,  b)  el alcance del artículo  3º  de  la  Ley 689 de 2001 y su incidencia en la aplicación del artículo 209  de  la  Constitución  Política y en la vigencia de la Ley 142 de 1994 y Manual  de  Contratación  adoptado  por  las  Empresas  Públicas  de  Armenia mediante  acuerdo  029 de 2000, y c) los  requisitos  esenciales  del contrato estatal que se rige por el derecho privado.   

a)  La naturaleza de los contratos de derecho  privado que celebra la administración.   

La  Corte  encuentra  que  el sentenciador no  erró  al  elevar  juicio  de  responsabilidad  penal  en contra de la procesada  JARAMILLO HENAO por omitir en  la  celebración  y  trámite  del  contrato  cuestionado  la aplicación de los  principios  legales  que  orientan la contratación estatal, así como los de la  función  pública,  toda  vez  que  si  bien  es  cierto que, de acuerdo con el  artículo  3º de la Ley 689 de 2001, los contratos que celebran las empresas de  servicios  públicos se rigen por las normas del derecho privado, también lo es  que  no  por  ello el contrato así celebrado deja de sujetarse a los principios  que orientan la contratación estatal.   

Lo  anterior, habida cuenta que la naturaleza  privada  de los contratos no  modifica  la condición pública de la entidad que los  celebra,  como  tampoco descarta el deber del   funcionario  que  los  suscribe  de  observar     precisos    deberes    especiales    de    sujeción    de    rango  constitucional.   Significa  lo  anterior  que  mientras, por una parte, el  contrato  puede  regirse  por las disposiciones de la ley civil o comercial, por  la  otra,  el  servidor que lo suscribe, así como la entidad pública que se ve  representada   en  ese  particular  negocio  jurídico,  no  escapa  al  mandato  constitucional  contenido  en  el artículo 6º superior, en virtud del cual los  servidores  públicos  son  responsables  ante  las autoridades por infringir la  Constitución  y  las  leyes, así como por la omisión o extralimitación en el  ejercicio de sus funciones.   

La tesis del casacionista, según la cual, la  naturaleza  privada del contrato le permite al servidor público que lo suscribe  permanecer  ajeno  a  los  principios constitucionales y legales que orientan su  misión  funcional, y en particular la contractual, equivale a desnaturalizar la  función  pública,  en  la  medida en que pretende que una particular actividad  administrativa,  como  sería  la  de  celebrar  contratos  que  se rigen por el  derecho   privado,   escape   a   los   principios   que  orientan  la  función  administrativa.         En        otras        palabras        –según se infiere del razonamiento del  libelista-,   el servidor público dejaría de serlo al entrar a adjudicar,  suscribir  y  ejecutar un contrato que se rige por las disposiciones del Código  Civil  o de Comercio, pues en tales eventos aparentemente no estaría obligado a  atender  a  los principios de moralidad, planeación, transparencia o selección  objetiva, entre otros.   

La controversia que de esta manera propone el  demandante,  ya  fue  abordada  por  la  Corte  Constitucional  a  través de la  sentencia  C-066  del 11 del febrero de 1997, que declaró la constitucionalidad  del  artículo  31  de  la  Ley  142 de 1994.  Dicho pronunciamiento estuvo  encaminado a resolver particularmente sobre lo siguiente:   

“En concreto, el  actor  acusa  los artículos 30, 31, 32 y 35 de la ley 142 de 1994, considerando  que,  al  establecer  un régimen de derecho privado para regular lo relativo al  tema  mencionado, las autoridades encargadas de determinar las responsabilidades  penales  y  disciplinarias  a que haya lugar, no podrán exigir a los servidores  públicos  dependientes  de  las  empresas de servicios públicos domiciliarios,  los  principios  de  transparencia, economía y responsabilidad a que se refiere  la ley 80 de 1993.”   

Al   respecto,   la   Corte  Constitucional  resolvió:   

“De otra parte,  si  las  actuaciones  y  contratos  de  las  empresas  prestadoras  de servicios  públicos  domiciliarios  y  de  sus  empleados deben someterse a los principios  estipulados  en  el  título  preliminar  de la ley objeto de control (artículo  30),  y  no  directamente  a  los  del artículo 23 de la ley 80 de 1993, no hay  sustento  constitucional  suficiente  para  la  preocupación  del actor en este  punto,  pues  no  es  cierto  que,  por lo señalado, tales servidores públicos  puedan  desempeñar  lo  de  sus  cargos  sin  transparencia,  responsabilidad y  economía,  y  ello  no  les pueda ser exigido por las autoridades encargadas de  vigilar  sus  actuaciones, ya que los principios que rigen la prestación de los  servicios  públicos  domiciliarios no son solamente los arriba enunciados, sino  los  de  eficiencia,  eficacia,  calidad, información, no abuso de la posición  dominante,  acceso,  participación  y  fiscalización  de  los servicios, cobro  solidario  y  equitativo,  neutralidad,  legalidad, esencialidad, garantía a la  libre  competencia,  etc.,  todos establecidos a lo largo del título preliminar  de  la  ley  142  acusada  (artículos  1  a  14),  cuya  consecución  incluye,  indudablemente,  el cumplimiento de los principios que tanto preocupan al actor,  desarrollando   así   cabalmente   los  principios  esenciales  de  prestación  eficiente  y  cobertura  total  de  los  servicios  públicos, consagrados en el  artículo 365 de la Carta.”   

“(…)   el  régimen   de  contratos  organizado  en  la  ley  142  de  1994  no  es  de  la  administración  pública,  sino  de  los  servicios públicos domiciliarios que  pueden  ser  prestados bien por ella, bien por sociedades por acciones, personas  naturales   o  jurídicas  privadas,  organizaciones  y  entidades  autorizadas,  entidades  descentralizadas,  etc. (ver artículo 15 de la ley).  Entonces,  la  ley  80  de  1993  no  podía  cubrir a todas las personas en posibilidad de  prestar  los  servicios  públicos  domiciliarios, por ello fue necesario dictar  una  reglamentación especial sobre la materia y ésta nada tiene que ver con el  inciso  final  del  artículo 150 de la Carta, sino con los artículos 365 y 367  de    la    misma,    directos    depositantes    de    tal   facultad   en   el  legislador.”   

“Lo   dicho  anteriormente    sirva    para   destruir   el   argumento   que   pretende   la  inconstitucionalidad  de  las  normas  objeto  de  control  por  violación  del  artículo  333  de  la Constitución, pues si bien éste guarda relación con el  tema  tratado  en  tanto  se  refiere a la iniciativa privada, libre competencia  económica,  no  abuso  de  posiciones  dominantes  y  alcance de la libertad de  empresa  frente  al interés social y el ambiente, se reitera que, por razón de  su  especialidad,  la  constitucionalidad de tales tópicos debe examinarse a la  luz  de  los  artículos  365  y  siguientes  arriba enunciados, relativos a los  servicios  públicos  y  particularmente a los domiciliarios, y no tanto a otros  con   incidencia  tangencial,  no  obstante  el  control  de  constitucionalidad  integral  que  a  esta  Corte  compete.  Más  cuando el artículo 333 citado no  constituye  un  catálogo de cuanto los particulares pueden o no hacer, para que  sea    razonable    la    interpretación   dada   por   el   actor.”   

En  conclusión,  los  contratos  de  derecho  privado   que  celebra  la  administración  son  estatales,  de  allí  que  su  adjudicación,  celebración,  ejecución  y  liquidación  debe sujetarse a los  principios  que  orientan  la  función  pública,  al tiempo que los servidores  públicos  que  los  suscriben  están obligados a observar  los principios  constitucionales que orientan su función misional.   

b)  El  alcance  del  artículo  3º  de  la  Ley  689  de  2001  en  la  aplicación  del artículo 209 de la Constitución Política, y su incidencia en  la  vigencia  de  la  Ley 142 de 1994 y Manual de Contratación adoptado por las  Empresas Públicas de Armenia mediante Acuerdo 029 de 2000.   

La  interpretación  jurisprudencial  que  se  viene  de  destacar  no  se altera por virtud del artículo 3º de la Ley 689 de  2001,  comoquiera  que aunque bien es cierto que éste modificó el artículo 31  de  la  ley  142  de 1994, también lo es que dejó incólume el contenido de su  Título  Preliminar,  en  particular  el Capítulo I que contiene los principios  generales  que  orientan  el  régimen  de los servicios públicos domiciliarios  (artículos 1 al 13).   

En efecto,  véase que el texto original  del artículo 31 de la Ley 142 de 1994, disponía:   

“Los contratos que  celebren  las  entidades estatales que prestan los servicios públicos a los que  se  refiere  esta ley, y que tengan por objeto la prestación de esos servicios,  se  regirán  por el parágrafo 1 del artículo 32 de la Ley 80 de 1993 y por la  presente  ley,  salvo  en lo que la presente ley disponga otra cosa.”   

El  artículo  3º  de  la Ley 689 de 2001 le  introdujo la siguiente modificación:   

“Los contratos que  celebren  las  entidades estatales que prestan los servicios públicos a los que  se  refiere  esta  ley  no  estarán  sujetos  a  las disposiciones del Estatuto  General  de  Contratación  de  la  Administración Pública, salvo en lo que la  presente ley disponga otra cosa.”   

En conclusión, el artículo 3º de la Ley 689  precisa  la  no aplicación de la ley 80 de 1993 a los contratos de las empresas  de  servicios  públicos,  salvo en aquellos asuntos en los que la Ley 142 y sus  modificaciones  dispongan  otra  cosa.   Y  surge nítido que la Ley 689 de  2001      no      modificó,      como      tampoco     derogó     –ni  explícita  ni  tácitamente-, los  principios  generales  que  rigen  la  actividad  de  las  empresas de servicios  públicos.  Solamente  dispuso,  en  su  artículo  3º,  que  los contratos que  celebren  dichas  entidades  se  rigen por el derecho privado, precisión que no  permite  afirmar  que,  por  ese  motivo,  tales contratos privados dejen de ser  estatales.   Y  como  contratos  estatales deben sujetarse a los principios  que orientan la función pública y en particular la contractual.   

Al  respecto,  “la  jurisprudencia  de  la  Corte ha sido enfática en sostener que la categoría de  los  contratos  estatales  comprende  todos  los  celebrados  por  las entidades  públicas  del  Estado,  sea  que  se  regulen  por  el  estatuto  general de la  contratación,  o  que  estén  sujetos  al  derecho  privado (civil, comercial,  laboral).”1  Significa  lo anterior que el  contrato  de  derecho  privado  que  celebra  la  administración no deja de ser  estatal  y,  por  lo  tanto,  no  está  eximido  de  cumplir  con  los mandatos  constitucionales que rigen la función pública.   

En  el  mismo  sentido  lo  ha reiterado esta  Corporación de tiempo atrás, al precisar que:   

“Se equivoca el  actor  al  considerar  que  el  objeto  de  la conducta descrita en el artículo  1462  del  Código  Penal (de 1980) está referido exclusivamente a los  contratos  de  naturaleza  estrictamente  administrativa,  por  oposición a los  llamados    de    derecho    privado    de   la   administración…”   

“El tipo penal  no   hace   esa   diferenciación,  ni  del  contenido  del  elemento  normativo  configurante  del  objeto  de la conducta (el contrato) es posible inferirla. El  servidor  público, en desempeño de sus funciones, no solo celebra contratos de  índole  administrativa,  entendidos  por  tales  aquellos  que en sus efectos y  disputas  litigiosas  deben  someterse  a las normas del derecho administrativo;  también  suscribe  contratos  de  derecho  privado,  es decir de índole civil,  comercial  o  laboral,  no regulados por el derecho administrativo, sino por las  respectivas  normas  de  la  especialidad  (arts.16  y  17 ibídem).”   

“Como  es  de  elemental  obviedad  entenderlo,  en  la  celebración  de esta última clase de  contratos  el  servidor público debe igualmente lealtad a la administración, y  también  en ellos está obligado a cumplir los requisitos que para cada caso la  ley   establece.   La  transparencia,  moralidad  y  eficacia  de  la  actividad  contractual   estatal   no   puede  estar  referida  a  solo  una  modalidad  de  contratación,   pues   tan   nocivas   pueden  ser  las  consecuencias  de  una  negociación  amañada en el ámbito de lo estrictamente administrativo, como en  el  campo del derecho privado, para utilizar la diferenciación propuesta por el  actor.”    

“Es   de  precisarse  que  el  actual  estatuto  de  contratación  de  la administración  pública  (ley  80  de  1993)  no  hace  esta  distinción,  y que los contratos  celebrados  por  ella,  cualquiera  sea  su naturaleza, conforman una categoría  única   (criterio   de   la   naturaleza   unitaria  de  los  contratos  de  la  administración),  bajo  la denominación de contratos estatales, entendiéndose  como  tales  todos  aquellos  actos  jurídicos  generadores de obligaciones que  celebren  las  entidades  públicas,  previstos  en  el  derecho  privado  o  en  disposiciones  especiales,  o  derivados  del  ejercicio  de la autonomía de la  voluntad (art.32 ejusdem).”   

“En síntesis,  para   la   tipificación  de  la  conducta  prevista  en  el  citado  artículo  1463  del  Código  Penal  no  es necesario que el contrato ilegalmente  tramitado  pertenezca  a  una  categoría  determinada,  o esté regulado por un  régimen  jurídico  específico;  lo  que  realmente  cuenta  es  que haya sido  celebrado  por  el  servidor público en ejercicio de sus funciones (…) sin el  cumplimiento     de     sus     requisitos    legales    esenciales.”4   

Por  lo tanto, si el cuestionado contrato 001  de  2002  es  un  contrato  estatal  que  se rige por las cláusulas del derecho  privado,  y  si  fue  suscrito a nombre de la empresa industrial y comercial del  Estado,   Empresas  Públicas  de  Armenia,  ESP  por  su  Gerente  CLARA   LUZ   JARAMILLO  HENAO,  servidora  pública  designada  por  el Alcalde Municipal de Armenia, entonces es claro que  dicho  contrato,  así  como  la  conducta de la representante legal de la parte  contratante,  debieron  sujetarse  a  los  principios  de  la  función pública  contenidos  en  el  artículo  209  de  la  Constitución  Política5,  así como a  los   preceptos   que   desarrollan   los   principios  generales  que  rigen  la  gestión de las empresas de  servicios                  públicos6  y,  en  particular,  los  que  orientan  el  ejercicio  misional  de  dicha  entidad industrial y comercial del  orden    municipal   en   materia   contractual,   esto   es,   su   Manual   de  Contratación7 adoptado a través del Acuerdo 029 de 2000.   

Los estatutos reseñados no son otra cosa que  el   desarrollo   del   mandato   contenido   en   el  Titulo  XII  ‘del   Régimen  Económico  y  de  la  Hacienda     Publica’,  Capítulo   V,   ‘de  la  finalidad   social   del   Estado   y  de  los  servicios  públicos’  de la Constitución Política, según  el  cual “los servicios públicos son inherentes a la  finalidad   social   del  Estado…  En  todo  caso,  el  Estado  mantendrá  la  regulación,   el  control  y  la  vigilancia  de  dichos  servicios”  (artículo  365)  y  “el  bienestar  general  y  el  mejoramiento  de  la  calidad  de  vida  de  la  población  son  finalidades  sociales  del Estado. Será objetivo fundamental de su actividad la  solución   de  las  necesidades  insatisfechas  de  salud,  de  educación,  de  saneamiento  ambiental  y de agua potable” (artículo  366).    

De las disposiciones superiores que regulan la  materia  surge con claridad que la intención del constituyente no ha sido la de  abandonar  el control y vigilancia de la prestación de los servicios públicos,  en  la  medida  en  que  dicha  actividad  es  uno de sus fines esenciales, como  tampoco  permitir  su  ejercicio  por  fuera  de  los  principios  generales que  orientan  la  función pública, lo que no obsta para, al mismo tiempo, permitir  que   sean  las  leyes  del  mercado  –y  de  allí  el  régimen  civil  o  comercial-  las  que guíen su  celebración.   Y  no  puede  entenderse  de  otra manera, toda vez que los  criterios  de  eficiencia,  eficacia,  calidad,  información,  no  abuso  de la  posición  dominante,  acceso,  participación, fiscalización de los servicios,  cobro  solidario  y equitativo, neutralidad, legalidad, esencialidad y garantía  a  la  libre competencia inherentes a la gestión contractual de las empresas de  servicios  públicos,  no  riñen con los de buena fe, transparencia, selección  objetiva,  eficiencia,  eficacia  y  planeación, en tanto que no de otra manera  debe  desempeñarse  la  función  administrativa  por  parte  de los servidores  públicos.   

c)  Los  requisitos  esenciales  del contrato estatal que se rige por el  derecho privado.   

Ahora  bien,  a  través  del  segundo     cargo    por    violación    directa    de    la    ley  sustancial,  el censor acusa que el Tribunal incurrió  en  un  yerro  trascendente  al  señalar  que  eran  requisitos  esenciales del  contrato  001 de 2002 los principios generales de la función pública previstos  en  el  artículo  209  de  la  Constitución  Política,  en  particular los de  igualdad,    moralidad,   eficacia,   economía   celeridad,   imparcialidad   y  publicidad.   A  este  respecto, la Corte reitera, como de tiempo atrás lo  ha  fijado, que los requisitos legales esenciales de los contratos estatales que  se  rigen  por  el  derecho  privado  no  son  solamente aquellos genéricos que  describe   el  artículo  1502  del  Código  Civil8   

, sino que debe acudirse a la reglamentación  de  la  contratación  administrativa,  de allí que también deban tenerse como  requisitos   legales   esenciales  los  principios  generales  que  orientan  la  contratación administrativa.    

Fue así como en sentencia del 19 de diciembre  de   2001,   la  Corte  precisó  lo  siguiente,  al  definir  los  ‘requisitos           legales  esenciales’ del tipo penal  previsto  en  el  artículo  146  del  Código  Penal  de  1980,  expresión que  igualmente consagra el artículo 410 del Código Penal de 2000:   

“El  análisis  que  hace  la  Sala  del  ‘aspecto   objetivo  del  delito’ entraña, entonces,  comparar  la  conducta  imputada con el tipo penal, a partir de la Constitución  Política  y  de lo pertinente de la Ley 80 de 1993, es decir, con fundamento en  una  concepción  material, axiológica jurídica, conjunta y conglobada de tipo  penal,  de  acuerdo  con  la cual este comporta una definición que se extrae de  los  valores  sustanciales  que prevé la Carta. Dicho de otra forma, su estudio  implica  ubicarlo  dentro  del ordenamiento jurídico entero, que se mira en sus  interrelaciones.”   

“La  Constitución  Política  sienta  los  principios  que  regulan  toda  actividad.  La  conducta  de la administración,  entonces,  está  genéricamente  plasmada  en  ella  y la normatividad legal la  desarrolla.  El  marco  que la norma superior establece en pos de la protección  del  bien  jurídico  administración pública y, de manera más específica, de  lo   relacionado   con  la  sana  contratación  estatal,  surge  de  su  propio  contexto.”   

“Para ejemplificar lo anterior, basta tener  en  cuenta  que  ya  desde  su  Preámbulo encumbra el derecho a la igualdad, la  democracia  participativa  y  la  garantía  de un orden económico justo. Estas  tareas  también  las  indica  en  los  artículos  2o.,  que  entre  los  fines  esenciales   del  Estado  fija  los  de  servir  a  la  comunidad,  promover  la  prosperidad  general  y  garantizar  los  principios  que la componen, así como  facilitar  a todos la participación en las decisiones administrativas; 6o., que  responsabiliza  a los servidores del Estado por violación de la Constitución y  de  las  leyes y por omisión y extralimitación de sus funciones; 13, en cuanto  protege  la  igualdad real; 95-2, que impone a todas las personas la obligación  de  cumplir  la Constitución y las leyes; 122-2, que compele a los funcionarios  hacia  ese  deber  bajo  la  presión  del  juramento; y 333-2, que expresamente  garantiza el derecho a la libre competencia.”   

“Pero  la norma mayor más nítida, la que  irradia  directa  y  exhaustivamente la contratación, es el artículo 209 de la  Constitución, que, en lo pertinente, dispone:”   

“La función administrativa está al servicio  de  los  intereses generales y se desarrolla con fundamento en los principios de  igualdad,   moralidad,   eficacia,   economía,   celeridad,   imparcialidad   y  publicidad…”.   

“Es   claro,   así,   que   las  reglas  constitucionales  señaladas  en los ejemplos anteriores tienen que ser acatadas  y  cumplidas  cuando  se labora con la administración y, en concreto, cuando se  tramitan, celebran y liquidan contratos.   

“De  los  principios  en  las  actuaciones  contractuales   de   las   entidades   estatales.  Las  actuaciones  de  quienes  intervengan  en  la  contratación  estatal  se desarrollarán con arreglo a los  principios  de  transparencia,  economía y responsabilidad y de conformidad con  los  postulados  que rigen la función administrativa. Igualmente, se aplicarán  en  las  mismas  las normas que regulan la conducta de los servidores públicos,  las  reglas de interpretación de la contratación, los principios generales del  derecho y los particulares del derecho administrativo”.   

“Leer  en  la norma algo diverso a que los  principios   constitucionales   subyacen  a  las  actividades  de  tramitación,  celebración    y    liquidación    de    los   contratos,   resulta   vano   y  necio.”9   

En  otra oportunidad, señaló sobre el mismo  tema:   

“No  obstante  estar  frente  a  un  contrato  cuyo  contenido  se  regula  en  el  ámbito del  derecho  privado,  no debe  perderse   de   vista   que   es   un   convenio  que  realiza  la  administración  pública  y  sus  objetivos  y alcances tienen que  estar  sometidos  al  interés  general,  en procura del bien común.”   

“Por ello, no se  puede  tener en cuenta sólo lo previsto en el artículo 1501 del Código Civil,  que   hace   referencia   al   contenido  esencial  del  contrato,  porque   el  convenio  estatal  tiene  otras  exigencias  básicas,  adicionales  a  lo  que  se  conoce  como  elementos  sustanciales  del  negocio  jurídico  y  el  artículo  146  del  Código  Penal  incluye   tres   estadios   cardinales   de   la  contratación  administrativa,  involucrando  de tal manera requisitos legales esenciales en la tramitación, en  la   celebración   y   en  la  liquidación  del  contrato  estatal.”   

“Se  observa  además  que  en  el  trámite  del  contrato se deben aplicar los principios de  planeación,  transparencia  y  escogencia objetiva. Su  celebración  ha  de  estar ceñida a la estricta legalidad, con cumplimiento de  los  requisitos de existencia y validez. La liquidación también debe seguir el  principio  de  legalidad  y  la  conmutatividad,  pues se procura dejar resuelta  cualquier diferencia económica entre las partes.”   

“Así  mismo, el principio de planeación  impide  que  el  trámite,  la  escogencia  del contratista, la celebración, la  ejecución  y  la  liquidación  del contrato se improvisen, debiendo respetarse  las  directrices  técnicas,  presupuestales,  de  oportunidad  y  de  mercadeo,  emanadas  de  la  ley” (subraya y resalta la Sala en  esta                   oportunidad)10.   

Por  lo  anterior, resulta evidente que no le  asiste  razón  al casacionista cuando señala que por la naturaleza privada del  contrato  001  de 2002 sus requisitos esenciales eran la voluntad de las partes,  la  existencia  de  disponibilidad  y  de  reserva  presupuestal y que su objeto  respondiera al giro ordinario de los negocios de la empresa.    

Por otra parte, al contrario de lo que critica  el  libelista,  tampoco  es cierto que el Tribunal hubiese errado al afirmar que  los  principios  que orientan la función pública resultan ser esenciales de un  contrato  que  se rige por el derecho privado, toda vez que, como se ha dicho, y  así  lo concluye la Sala, también los principios que consagra el artículo 209  de  la  Constitución  Política,  son  requisitos  esenciales  de los contratos  estatales  regulados  por  el  régimen  privado  que  suscriben  los servidores  públicos.   

En  este  sentido,  como de manera atinada lo  expresó    el    Procurador    Delegado   en   su   concepto,   “situaciones  como  la  ahora  analizada son las que permiten afirmar  que  la intención del legislador al expedir la Ley 689 de 2001, por medio de la  cual  dispuso  que  los  contratos  de  las  empresas  estatales  prestadoras de  servicios  públicos  domiciliarios  se  rigieran  por  las  normas  de  derecho  privado,  no era que en desarrollo de los mismos se desconocieran los principios  generales  que  orientan  la  contratación estatal, toda vez que la sujeción a  los   valores  fundantes  del  sistema,  impide  que  se  incurra  en  actos  de  corrupción  en  el  manejo  de  los  dineros públicos, y se ponga en riesgo la  satisfacción   de  las  necesidades  esenciales  de  la  comunidad.”   

Sirva  lo anterior como soporte para concluir  que    la    violación    directa    de    la   ley  sustancial   que   propone  el  casacionista  en  los  dos  primeros cargos no tiene  fundamento,  toda  vez  que,  conforme  los razonamientos anteriores, las normas  llamadas  a  regular  el  trámite  del  contrato  cuestionado eran, tal como lo  advirtió  el  sentenciador  y  por  vía similar lo concluyó aquí la Sala, el  artículo  209  de  la Constitución Política y, en consecuencia, la Ley 142 de  1994,  así  como los principios contractuales consagrados en el Manual de   Contratación  adoptado  por  las  Empresas  Públicas de Armenia, a través del  Acuerdo  029  de 2000, sin que el artículo 3º de la Ley 689 de 2001, impidiera  la aplicación de las anteriores normas.   

Así  lo  concluyó  el juzgador ad-quem al señalar que:   

“En este orden de  ideas,  entiéndase  que aún cuando el artículo 3º de la Ley 689 de 2001, que  modificó  el  canon 31 de la Ley 142 de 1994, estableció que las entidades que  prestan  servicios  públicos  no  están  sometidas  al  Estatuto General de la  Contratación     Administrativa     –Ley  80 de 1993-y que según el artículo 4º ibidem se rigen por el  derecho  privado (…), en dichos contratos resulta imperioso dar cumplimiento a  los  principios  constitucionales  de  la  función  pública  que  consagra  el  artículo  209  de  la  Carta  Política,  a  saber:  de la igualdad, moralidad,  eficacia,   economía,   celeridad,  imparcialidad  y  publicidad,  pues,  hacen  referencia  a  la  entidad contratante donde el interés general debe justificar  su  celebración  y  ejecución,  sin  que  para  ello  los servidores públicos  encargados  puedan actuar con desviación o abuso de poder, sino en ejercicio de  su  competencia  y  dentro de los fines previstos en la ley, sin que por ello se  desnaturalicen  aquellas  características  propias  de los contratos de derecho  privado,  donde  prima la autonomía de la voluntad, la igualdad de las partes y  la    libre    discusión    de    sus   derechos   y   obligaciones”.   

De  allí que, al mismo tiempo, pueda afirmar  la  Corte en esta sede, como también lo hiciera el Tribunal,  que la norma  del  Código Penal que recoge el comportamiento de la procesada sea el artículo  410     que     consagra     la     conducta     punible     de     ‘contrato    sin    cumplimiento   de  requisitos  legales’, toda  vez   que  aquella  desconoció  los  principios  de  transparencia,  selección  objetiva  y  planeación del contrato 001 de 2002.  En tal sentido, la Sala  advierte lo acertado del criterio del Tribunal al razonar que:   

“La  referida  descripción  inserta  en  el  mencionado  canon  410 del Estatuto de las Penas,  sanciona  la  violación al principio de legalidad en estricto sentido, esto es,  a  la  establecida  en  normas de carácter legal, para el caso las leyes 142 de  1994,  689  de  2001,  Decreto  1713  de  2002 que la reglamenta, Código Civil,  Código   de   Comercio  y  particularmente  aquellas  exigencias  contractuales  detalladas  en  el  referido  Manual  de  Contratación  de la empresa.  Se  incurre  entonces  en  la  conducta  punible  en  cita  cuando  se  demuestra el  desconocimiento   o   violación  de  las  exigencias  contractuales  claramente  definidas   y   determinadas   en   la   normatividad   a  la  que  acá  se  ha  aludido”.   

Por   los   razonamientos  anteriores,  los  cargos    primero    y    segundo   por   violación   directa   de   la   ley  sustancial no prosperan.   

2.  Cargo único por violación indirecta  de la ley sustancial   

A través de un cargo  único  por  violación indirecta de la ley sustancial,  el  libelista  alega  que como consecuencia de un falso  raciocinio   que   recayó   en  los  testimonios  de  funcionarios  de  la  Empresa de Servicios Públicos de Armenia que asesoraron a  su  gerente  JARAMILLO HENAO,  así  como  sobre  el  concepto  de la Contraloría Municipal de Armenia y en la  indagatoria  de  la  misma procesada, el Tribunal no vio que ésta actuó con la  convicción    errada    e    invencible  de  que  el  contrato  se  regía por el derecho privado y, por lo  tanto,  no  le  eran  aplicables  los  principios de la función administrativa,  circunstancia  que  enmarca  su  conducta  dentro del presupuesto de ausencia de  responsabilidad  de  que  trata el artículo 32-10 del Código Penal11.   

La  tesis  del  libelista  está encaminada a  reclamar   a   favor   del   comportamiento  de  la  procesada  el  principio       de       confianza12,  con  fundamento en que sus  asesores  le  confirmaron  que  el  contrato  001  de 2002, por ser del régimen  privado,   no  debía  atender  a  los  principios  de  economía  y  selección  objetiva.   No  obstante,  el  argumento así ofrecido resulta inocuo, toda  vez  que  el  principio  de confianza no opera en aquellos eventos en los cuales  sobre  el agente recae la obligación de advertir los errores de otros, tal como  lo ha precisado la Corte al señalar que:   

“La  aplicación  del  principio  de  confianza  que  deriva de la realización de actividades que  involucran  un  número   plural  de  personas  y  que  presupone  que cada  responsable  de  una  parte  de  la  tarea  puede  confiar  en que los restantes  responsables  del  proceso  han llevado a cabo su labor correctamente, encuentra  como  uno de sus límites, precisamente, aquellos eventos en que se deba objetar  y,  en  su caso, corregir los errores manifiestos de otros, así como, cede ante  las  hipótesis  en  que  el  interviniente  en  la  labor que se surte mediante  división  de  tareas  tiene  asignado  como rol el de vigilancia de la correcta  realización   de   los  demás  roles.”13   

En consecuencia, habiendo actuado la procesada  en  su  condición  de  gerente  de  la empresa industrial y comercial del orden  municipal  Empresas Públicas de Armenia, a cargo de la gestión contractual, no  le  está dado invocar a su favor el principio de confianza si, como en su caso,  le    correspondía,   tal   como   lo   precisó   el   Tribunal   ad-quem,          “ordenar  y  dirigir  la realización de los procesos de selección y  realizar   los   actos   inherentes   a   la  actividad  contractual”  (pág.  14,  21  del  fallo  de  segundo  grado),  esto  es, la  vigilancia  del desempeño de todos los que intervienen en la actividad compleja  del   proceso   administrativo   que  incluye  la  adjudicación,  suscripción,  ejecución y liquidación de un contrato.   

De conformidad con los anteriores derroteros,  la   Sala   encuentra   que   no   existe   el   falso  raciocinio  que alega el casacionista, toda vez que la  regla  de  experiencia  que aquél menciona como desconocida por el razonamiento  judicial,  esto  es,  “que un gerente general de una  empresa,  como  lo  son las Empresas Públicas de Armenia, para el desarrollo de  la  función  empresarial,  se apoya en el jefe de área, dirección o división  de   la   materia   relacionada  con  la  labor  a  ejecutar  por  parte  de  la  gerencia”,   no  es  válida  porque  su  enunciado  desconoce  un  deber  especial  de sujeción a cargo de la gerente de la empresa  industrial  y  comercial,  cual  es  el  de  vigilar la intervención de quienes  participan en el trámite contractual.    

En este sentido, el sentenciador advirtió que  la  pretendida  confianza  que le asistía a la procesada al momento de celebrar  el  contrato, no podía prevalecer sobre el deber de cumplir con lo dispuesto en  el  Manual  de  Contratación  de  las  Empresas  Públicas  de  Armenia y en la  normatividad   que  lo  regía,  tal  como  la  misma  gerente  lo  admitió  al  suscribirlo        (pág.       15,       sentencia       del       ad-quem).   

Ahora  bien,  el  fallador  de  segundo grado  advirtió   la   exculpación   de   la  procesada  en  el  sentido  de  que  su  comportamiento  estaría  amparado  por el principio de confianza (pág. 15, 20,  21,  de  la  sentencia  del Tribunal), no obstante con suficiente razón y apoyo  probatorio  desestimó  dicha postura defensiva, pues encontró que el análisis  de  la  documentación  permitía  inferir a las claras que, aunque en verdad el  contrato  001  de  2002  se  regía  por  el  derecho privado, el acto jurídico  cuestionado  contenía  cláusulas  de  las denominadas exorbitantes14  (pág.  7,  sentencia  de  segundo  grado),  las  cuales  son  inherentes a la contratación  administrativa,   como   es   bien   conocido   aún  para  quienes  carecen  de  conocimientos   especializados   en   materia  de  contratación  estatal.    

Tales  disposiciones, como bien lo precisa el  Procurador   Delegado,  desvirtúan  el  principio  de  igualdad  y  constituyen  expresión  de una posición de dominio por parte de la administración, lo cual  no  permite calificar el contrato, como equivocadamente lo hacen los declarantes  señalados  por  el  libelista  y la misma procesada, como de carácter privado,  pues  era  evidente  que, a lo sumo, su naturaleza era de carácter mixto.    

Razón  tuvo entonces el Tribunal al concluir  sobre este punto que:   

“Por manera que de  los  elementos  de  convicción  aportados  al  plenario, aducir que el contrato  celebrado  por  la  Gerente investigada no se sometía a las normas a las que se  contrae  la Ley 80 de 1993, de manera alguna quiere significar que podía agotar  aquella  labor  funcional  con desmedro de los principios de contratación y por  fuera   del   marco   que   regulaba   dicha   actividad,   en   los   términos  advertidos.   Denótase  entonces  que  medió  una  actitud  encaminada  a  entregar  el  contrato  a  una  determinada  y  única  empresa: ODINEC S.A. con  desconocimiento  de  lo  previsto,  se  reitera,  en  el  canon  209 de la Carta  Política  que,  a  su vez, halla eco en el Manual de Contratación tantas veces  señalado” (pág. 20).   

“Sin  duda  que  frente  a eventos de esta naturaleza lo importante no es la profesión que tenga  le  servidor  público,  sino las obligaciones y deberes que asume al aceptar la  designación  y  tomar  posesión del referido cargo”  (pág. 15).    

Más aún: el principio de confianza que a su  favor   alegó   la   procesada  CLARA  LUZ  JARAMILLO  HENAO  durante  el  proceso, y en esta sede reitera el  demandante,   no   puede  admitirse,  además,  porque  encuentra   su  origen  en  un  hecho que supuestamente constituía una urgencia  manifiesta,   la  cual  en  realidad  –según  lo  apreció  el  sentenciador  y aparece corroborado por la  prueba   que   obra   en  la  actuación-  fue  inexistente,  toda  vez  que  la  insuficiencia  del  relleno  sanitario para contener las basuras de la ciudad le  fue   advertida  a  la  gerente  CLARA  LUZ  JARAMILLO  HENAO  por  la  autoridad ambiental de la región, con  una  anterioridad  de 7 meses antes de la celebración del contrato, advertencia  que  vino  acompañada  del  otorgamiento  de  un  plazo de 10 meses para que la  funcionaria  adoptara  los  correctivos  del  caso,  y  frente a la cual ninguna  actuación  desplegó  la  gerente  de Empresas Públicas de Armenia, hasta que,  con  el fin de corregir su propia omisión, acudió al mecanismo de una ficticia  urgencia manifiesta.    

Al respecto el juzgador expresó:  

“La procesada…  trató  de  justificar  la conducta que desplegó en torno a la celebración del  contrato  que  suscribió  el  30  de diciembre 2002 con la empresa ODINEC S.A.,  reclamando  la  existencia  de  una presunta urgencia manifiesta a la que estaba  abocada  la  ciudad  ante  el  cierre del sitio donde se venían depositando las  basuras,  ordenado  de  manera precedente por la Corporación Autónoma Regional  del  Quindío,  lo  cual  no  es  cierto,  pues  la  reseñada  Corporación con  suficiente  anticipación,  mediante  Resolución  388  del  15 de mayo de 2002,  modificó  el  numeral  1º  de la Resolución 1154 del 28 de noviembre de 2001,  por  medio  de la cual se había renovado a las Empresas Públicas de Armenia el  plan  de  manejo ambiental por el término de un año, contado a partir del 3 de  diciembre  de  2001,  fijando  como  último plazo hasta el 30 de marzo de 2002,  para  la  implementación  de  un  nuevo  sitio  para  la  disposición final de  basuras,  quedando  demostrado  así  que  con suficiente antelación la Gerente  General  de  las Empresas Públicas a quien se le notificaron los aludidos actos  administrativos  tenía  pleno  conocimiento  del  problema  al  que  se  vería  afrontada la ciudad” (pág. 17).   

Una  vez más, entonces, se torna inadmisible  el  amparo  de  la  conducta  de  la  gerente JARAMILLO  HENAO  bajo  los supuestos del principio de confianza,  comoquiera  que,  según  lo anterior, fue la omisión funcional por parte de la  servidora   pública   la   que   condujo   a   la   celebración  del  contrato  cuestionado.   

En    consecuencia,    el    cargo  único  por  violación indirecta de  la    ley    sustancial    no   prospera.   

Cuestión adicional: la naturaleza de la pena  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas.   

La  Sala  encuentra  imperioso aclarar que la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  impuesta  a  la  procesada  JARAMILLO HENAO     en    la    sentencia    es    de    naturaleza    principal  y  no  accesoria,  como  allí  quedó plasmado.   

Lo anterior, por cuanto, dicha sanción opera  de  manera  coetánea con la de prisión, tal como lo dispone el artículo 52 de  la  Ley 600 de 2000, en los siguientes términos: “la  pena  de  prisión conllevará la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, por un tiempo igual al de la pena a la que  accede”.   

En consecuencia, al tiempo que la Corte habrá  de  confirmar  la  sentencia  impugnada,  aclarará que la naturaleza de la pena  aludida es principal y no accesoria.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.     NO    CASAR   la  sentencia  impugnada, conforme el cargo único  propuesto  por  el  defensor  de  CLARA  LUZ JARAMILLO  HENAO.   

2.   ACLARAR    que   la    pena   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones    públicas    impuesta    a    la   procesada   es   de   naturaleza  principal.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                            Comisión de servicio   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sala  de Casación Penal, sentencia del 15 de mayo de  2008, radicado No. 24334.   

2  Corresponde  al  artículo  410 de la ley 599 de 2000  que  describe  la  misma  conducta,  salvo  en  lo  relativo  al  tipo subjetivo  específico.   

3 Hoy,  artículo 410 de la Ley 599 de 2000   

4  Sentencia  de  casación  del  20  de agosto de 1998,  radicación  No.  10295,  reiterada  en  el  fallo  del  15  de  mayo  de  2008,  radicación No. 24334.   

5  ARTICULO      209.  “La  función  administrativa  está al servicio de  los  intereses  generales  y  se  desarrolla con fundamento en los principios de  igualdad,   moralidad,   eficacia,   economía,   celeridad,   imparcialidad   y  publicidad,    mediante    la    descentralización,   la   delegación   y   la  desconcentración de funciones.”   

“Las autoridades  administrativas  deben  coordinar  sus actuaciones para el adecuado cumplimiento  de  los  fines  del  Estado. La administración pública, en todos sus órdenes,  tendrá  un  control  interno  que  se ejercerá en los términos que señale la  ley.”   

6  Artículos  1  al  13 de la Ley 142 de 1994.  En  particular  su artículo 2º dispone: “Intervención  del  Estado  en  los  servicios  públicos.   El Estado intervendrá en los  servicios  públicos,  conforme  a  las  reglas de competencia de que trata esta  Ley,  en  el  marco de lo dispuesto en los artículos 334, 336 y 365 a 370 de la  Constitución    Política,    para    los    siguientes    fines…”   

7  Éste  reconoce  que  los  contratos de la Empresa de  Servicios  Públicos  de Armenia se rige por el derecho privado, se sujetan a la  Ley   142   de   1994  y,  en  su  artículo  3º,  reitera  los  principios  de  transparencia,  selección  objetiva,  economía,  responsabilidad, planeación,  eficiencia,  eficacia  e  igualdad -entre otros-, que orientan la contratación,  así  como  los  que  regulan  la  conducta  de  los servidores públicos y a la  función administrativa.   

8     ARTICULO  1502.  REQUISITOS  PARA  OBLIGARSE.  Para  que una  persona  se obligue a otra por un acto o declaración de voluntad, es necesario:   

1o.) que sea legalmente capaz.  

2o.)  que  consienta  en  dicho  acto  o  declaración y su consentimiento no adolezca de vicio.   

3o.)  que recaiga sobre un objeto lícito.   

4o.)   que  tenga  una  causa  lícita.   

La capacidad legal de una persona consiste  en  poderse obligar por sí misma, sin el ministerio o la autorización de otra.   

9  Sentencia   de   Casación   del   19   de   diciembre   de   2000,  radicación  17088.   

10  Sentencia de Casación del 10 de julio de 2001, radicación 13681   

11  “No  habrá  lugar  a responsabilidad penal cuando:  10.  Se  obre  con  error  invencible de que no concurre en su conducta un hecho  constitutivo  de  la  descripción  típica  o de que concurren los presupuestos  objetivos  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad. Si el error fuere  vencible,  la  conducta  será  punible  cuando  la ley la hubiere previsto como  culposa.   Cuando   el   agente  obre  en  un  error  sobre  los  elementos  que  posibilitarían  un tipo penal más benigno, responderá por la realización del  supuesto de hecho privilegiado.”   

12 En  virtud  del  cual  “quien participa de una actividad  riesgosa,  compleja  o  delicada,  en  la  medida  en  que  actúa  diligente  y  cuidadosamente  tiene  el derecho a confiar en que los demás partícipes harán  lo   propio”,  sentencia  de  casación  de  24  de  noviembre de 2004, radicación 21241.   

13  Sentencia de Casación del 9 de febrero de 2005, radicación 21547   

14 En  particular,   las   relativas   a   la   multa   por  incumplimiento  (cláusula  sexta),   aplicación  de  las  leyes  80  de  1993  y 142 de 1994 en lo no  previsto  en  el  contrato  (cláusula  séptima),  la  caducidad por razón del  incumplimiento   de   contratista   (cláusula   decimotercera)  y  liquidación  unilateral (fl. 6-10, c.o. 1).     

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