23286(19-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23286  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                    Aprobado                          acta                         No.21            

                                    Magistrado Ponente:   

                                    Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA                                                     

Bogotá  D.  E.,  diecinueve de febrero de dos mil siete.   

Derrotada  la  ponencia  presentada  por el  Magistrado  doctor  Joge  Luis  Quintero  Milanés,  resuelve la Sala el recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por la parte civil contra la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca el 13 de agosto de 2004,  mediante  la  cual  confirmó  la  dictada  por el Juzgado Penal del Circuito de  Chocontá   el   12  de  abril  del  mismo  año,  que  absolvió  al  procesado  Víctor  Manuel Umbarila de  los   cargos  imputados  en  la  acusación  por  el  delito  de  contaminación  ambiental.     

Hechos.  

La  Procuraduría  Tercera Delegada para la  Casación Penal los sintetizó de la siguiente manera:   

“Salamanca  Riaño  denunció  que  en 1997 al momento de recuperar el terreno rural ubicado  en  el  municipio  de  Chocontá  que  le había dado en arrendamiento a Víctor  Manuel  Umbarila,  encontró  envases y recipientes de insumos químicos para el  cultivo  de  papa,  tales  como  abonos  y plaguicidas, esparcidos sobre todo el  terreno,  algunos  cubiertos por la vegetación o la tierra y dentro de pozos de  agua en el mismo terraplén.   

“Afirma   que,  como  consecuencia  que  Umbarila  omitiera  recoger la basura tóxica, por lo menos un semoviente murió  por  causa  de la ingesta de los residuos tóxicos que se encontraban esparcidos  por  el  predio, y que, en todo caso, la falta de disposición final adecuada de  los  envases  y  recipientes de los residuos peligrosos y tóxicos constituye el  delito de contaminación ambiental.”   

Actuación  procesal  relevante.   

1. El 2 de abril de 1998, después de agotar  la  fase  de  investigación preliminar, la Fiscalía abrió instrucción formal  por  estos  hechos y ordenó la vinculación al proceso mediante indagatoria del  implicado   Víctor  Manuel  Umbarila,  quien  aceptó  haber  dejado basura tóxica en el predio (empaques  de  fungicidas  y  de  otros  químicos),  explicando  que  lo  hizo  porque  el  arrendador  no  le  dio  tiempo  para  recogerlos, pero que no es cierto que por  causa  de  los  desechos  hayan  muerto  semovientes1.   

2.  En el curso de la actuación se allegó  un  informe  de  la  Unidad Investigativa del Cuerpo Técnico de Investigaciones  del  Municipio  de   Chocontá, que da cuenta de la existencia en el predio  de  envases  y  empaques de productos químicos como Manzate, Dithane y Ridomil,  entre   otros,   con   ilustraciones  fotográficas.  La  Fiscales  instructores  visitaron  también  el  lugar en dos oportunidades, constatando la presencia en  el    terreno    de    los    referidos   residuos2.   

3.  El  23  de agosto de 2001, la Fiscalía  dictó   resolución  de  acusación  contra  Víctor  Manuel  Umbarila  por  el  delito  de  contaminación  ambiental,  de  conformidad  con lo previsto en el artículo 257 del Decreto 100  de  1980,  decisión  que  la  Unidad  de  Fiscalías ante el Tribunal confirmó  mediante  pronunciamiento  de  1°  de marzo de 2002, al revisarla en virtud del  recurso  de  apelación  interpuesto  oportunamente  por  la defensa3.    

4.  Rituado el juicio, el Juzgado Penal del  Circuito  de  Chocontá, mediante sentencia de 12 de abril de 2004, absolvió al  procesado  de  los  cargos  imputados  en la resolución de acusación. La parte  civil  apeló este fallo en procura de su revocatoria, pero el Tribunal Superior  de  Cundinamarca,  en  decisión  de  13  de agosto del mismo año, lo encontró  ajustado  a  derecho.   Inconforme con esta decisión, interpuso recurso de  casación4.   

La        demanda.   

Tres cargos presenta el recurrente contra la  sentencia.  Uno al amparo de la causal primera, cuerpo primero del artículo 207  de  la ley 600 de 2000, por violación directa de la ley, y dos dentro del marco  del cuerpo segundo, por violación indirecta.    

Cargo primero:  

Sostiene  que  la sentencia viola de manera  directa  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del artículo 247 del  Código  Penal  de 1980, que define el delito de  contaminación ambiental,  debido  a  un  error  de  carácter  jurídico, originado en una interpretación  equivocada de los contenidos normativos del precepto.    

El Tribunal, al afirmar en la sentencia que  la  contaminación  ambiental no se encontraba acreditada porque “el  perito  no  determinó que la muerte de la vaca haya obedecido,  con  absoluta  seguridad,  a la ingestión del mismo, sino únicamente, que pudo  ser  originada  por  este  compuesto”,  le  dio  al  contenido  de  la  norma  unos alcances que no le corresponden, y condicionó la  estructuración   del   delito  a  la  muerte  de  los  seres  que  padecen  las  consecuencias de la contaminación.   

La  determinación de la causa de la muerte  resulta  indiferente  para el proceso de adecuación de la conducta típica, por  no  formar  parte  de  los  elementos  del  tipo  penal,  y  porque una correcta  intelección  del precepto, armonizada con lo previsto en el Código Nacional de  Recursos  Naturales  Renovables,  “permite  concluir  que la contaminación se  presenta  sin  necesidad  de que la interferencia al bienestar y la salud de las  personas,  las  plantas  y  los  animales,  impliquen  su  total  destrucción o  aniquilamiento”.   

De  no  haberse  presentado  este error, la  sentencia  habría  sido  de  carácter condenatorio, porque en ella el Tribunal  admite   sin   condicionamiento   alguno   que  en  el  predio  fueron  hallados  recipientes   de  productos químicos utilizados para la protección de los  cultivos  de  papa  y  que  el  procesado  fue  descuidado  en  su manejo.    

Cargo segundo:  

Afirma  que  la  sentencia  viola de manera  indirecta  la  ley  sustancial,  debido a un error de raciocinio por atentados a  las  reglas  de  la lógica en la apreciación de la prueba allegada al proceso.   

El  Tribunal  se  equivoca  al sustentar la  conclusión  de  atipicidad  de  la  conducta  en  la  afirmación de que “los  productos  químicos  efectivamente  utilizados  para  el  cultivo  de  papa  no  sobrepasan  los  niveles  permitidos”,  porque  este  punto  no  fue objeto de  debate,  y  porque la  contaminación ambiental se produjo por los residuos  que  se  hallaban  en  los  recipientes  desechados,  y no por la acción de los  productos utilizados.    

El  razonamiento realizado por el Tribunal,  presenta  la siguiente estructura: PREMISA MAYOR: Los recipientes que contenían  residuos  de sustancias químicas no fueron destruidos oportuna y adecuadamente.  PREMISA  MENOR: Los niveles de alteración del medio ambiente con ocasión de la  utilización  de  compuestos  químicos para el cultivo de papa, no sobrepasaron  los   límites   legalmente   establecidos.   CONCLUSIÓN:   Luego  no  existió  contaminación ambiental.   

Esta inferencia, así elaborada, resulta un  desacierto,  porque,  aunque las premisas corresponden a la verdad, en cuanto no  existe  duda  que los compuestos químicos utilizados para la protección de los  cultivos  causaron  contaminación de los suelos, este no es el punto sometido a  investigación,  sino el relativo al manejo inadecuado de los recipientes en los  cuales venían empacados los productos.   

El  referido  error,  incidió  de  manera  directa  en  la decisión adoptada, porque impidió al Tribunal percibir la real  existencia  de  la  contaminación,  y  porque  de haber sido advertida, habría  determinado  una  decisión  de  condena,  puesto  que  los  elementos de juicio  obrantes  en  el  proceso  dan cuenta del comportamiento ilícito del procesado,  como puede inferirse del contenido de la sentencia.   

Cargo  tercero.   

La  sentencia  viola de manera indirecta la  ley  sustancial,  debido a un error de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación  del  informe  rendido  por  la  Corporación Autónoma Regional de  Cundinamarca   el   10  de  noviembre  de  1998,  error  que  se  presentó  por  cercenamiento de su contenido material.   

Sostiene  que  el Tribunal, al confirmar la  decisión  absolutoria  del  Juzgado  de  conocimiento,  se  apoyó en el citado  informe,  sin  tener  en  cuenta  lo  expresado  en  sus  conclusiones, donde se  advierte  que  éstas  dicen  relación  “con  lo que se observa y caracteriza  actualmente  en  el predio”, precisión de vital importancia porque el estudio  se  realizó luego de transcurridos varios meses de la ocurrencia de los hechos,  siendo  de esperarse que los recipientes con residuos contaminantes inicialmente  encontrados,   ya   hubieran   sido   destruidos   y   no   se  apreciara  daño  ambiental.    

Esta  irregularidad  en la apreciación del  informe  condujo  a  una  decisión equivocada, porque la prueba, de acuerdo con  sus  conclusiones,  no era apta para fundamentar el fallo, por no tener nada que  ver  con  los  hechos  objeto  del debate, de donde se sigue que si hubiera sido  apreciada     en     su    real    dimensión,    el    fallo    habría    sido  condenatorio.   

Concepto del Ministerio Público.   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación  Penal  solicita  a  la  Corte casar la sentencia con fundamento en el  cargo  primero,  y  desestimar  los restantes por infundados. Las razones en las  cuales apoya su concepto son en síntesis las siguientes.   

Cargo       primero:            Después    de    hacer   algunas  precisiones  sobre  el  tema  ambiental, el bien jurídico  protegido  y  las  normas  legales  que lo regulan, se  refiere  al  caso concreto, para sostener que la norma  aplicable  es  el  artículo  247  del  Decreto  100 de 1980, y que simultáneamente  con este estatuto deben  ser  tenidas en cuenta las  disposiciones  contenidas en los artículos 8° del Código Nacional de Recursos  Naturales  y  144  del Código Sanitario (Decreto 2811 de 1974 y ley 9 de 1979),  vigentes     para     entonces,     porque le dan contenido al tipo penal en comento.   

En    su    criterio,    cuando  el  Tribunal  afirma  que  en  el  predio  arrendado por el  procesado  se  hallaron  desechos (tarros y plásticos contentivos de sustancias  químicas,  tales  como  Clorpiripos),  está  diciendo  que el hecho constituye  alteración  del ambiente. Y cuando conviene en que el  procesado  estaba  obligado a recoger los envases de los plaguicidas, pero niega  que  esto  constituya  contaminación,  incurre en una  ostensible contradicción.   

Considera,  con    el   demandante,  que para afirmar la existencia de la conducta típica  no  era necesario establecer que el semoviente había  fallecido    a    causa    de    la    ingesta    de    Furadán,   porque   la  simple  constatación  de   la   existencia   del   tóxico   y     de    los    envases    en    el  predio  bastaba  para  afirmar  la  existencia  de la  conducta  típica,  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  delito de contaminación  ambiental  “es  de  peligro,  esto  es, que no exige un resultado dañoso como  tal,  sino  que  es  de  mera  conducta”.   

Asegura que en la  tutela  del  medio  ambiente,  como  en  otros  terrenos  que  se han  dado  en  llamar  nuevos  ámbitos de  protección,  el amparo procurado por el derecho penal  ha  avanzado  lejos de la lesión efectiva de los bienes jurídicos en juego, de  manera  que  el  primer plano no lo ocupa propiamente la evitación de lesiones,  sino   la   prevención  de  éstas,  al  tiempo  que  reflexiona    sobre   la  tendencia  contemporánea  hacia  un  control  preferente  de ciertas conductas,  mediante  la criminalización anticipada de     espacios    previos    a    la    afectación    del    bien  jurídico.   

Sostiene  que  en  el  presente  caso,  la  omisión   de   la  obligación  de  recoger  las  basuras  ocasionadas  con  la  aplicación   de   los   plaguicidas   por   parte   del   procesado,   quedó   demostrada   mediante   la  inspección  judicial realizada por la Fiscalía al predio, con las fotografías  del   lugar,  donde  se  aprecian   los envases y basuras esparcidas en el  terreno,  y  la  propia  versión del implicado, quien ante funcionario judicial  dijo  que  no  recogió  los desechos sino hasta después de iniciado el proceso  judicial.   

Se  refiere  a  las  normas  dictadas  con  posterioridad  a  los  hechos  que  regulan las obligaciones de los particulares  frente  a la generación y  destino   final   de   los   residuos   peligrosos,  específicamente   los  originados  en  plaguicidas,  para  concluir  que  el  Tribunal  erró  ciertamente en la interpretación del artículo 247 del Código  Penal   de   1980,   al  desconocer   los  “principios  fundamentales  de  interpretación     de     lo     que     se    ha    denominado    ‘la            constitución  ecológica’,  como  la  obligación  del  Estado  de adoptar medidas encaminadas a evitar o minimizar su  deterioro  y  a  que  el  desarrollo  económico  y  social se realice de manera  armónica  con el ambiente”. Considera, por tanto, que la sentencia debió ser  de carácter condenatorio.   

Cargo  segundo:  Afirma  que  este  cargo  está  mal  formulado,  porque  cuando en casación se  plantea  error  de raciocinio, es imprescindible para el demandante indicar, (i)  cuál  es  el  medio  atacado,  (ii)  qué  dice ese medio de prueba, (iii) qué  dedujo  de  él la sentencia, (iv) qué mérito le otorgó el fallador, (v) qué  regla  de  la experiencia, principio de la ciencia o postulado de la lógica fue  quebrantado,    y    (vi)    qué    trascendencia   tuvo   el   error   en   la  decisión.   

En  el  caso  que  se  estudia, el censor  presenta  un  ataque  generalizado a la sentencia, en  cuanto    hace    un  juicio  a  todo su contenido, sin concretar el medio  de  prueba  a  partir  del cual se cometió el error,  metodología  que no es de  recibo  en  casación,  porque  cuando  se  denuncia  error  de  raciocinio debe  señalarse  en forma precisa la prueba sobre la cual  el  error  recayó  o  a  partir  de  la  cual  se generó el mismo.    

Cargo tercero:  Sostiene   que   la  distorsión  denunciada  no  se  presentó,    porque   el   informe   técnico  de la Corporación Autónoma  Regional     de     Cundinamarca     fue  rendido  en  la  fecha  señalada  en la providencia, la cual  coincide   con   la   relacionada    por  el  demandante.  Y     que     el     contenido     del    informe    corresponde  en  su tenor literal con el  que  fue  reproducido  en la sentencia del Tribunal.   

Agrega    que    si   lo   pretendido  por  el actor era obtener que el informe se valorara  de  manera  diferente,  estaba obligado a demostrar ya no un error en el proceso  de   contemplación   de   la   prueba,   sino   en  el  de  valoración  de  su  mérito.      

SE       CONSIDERA:   

Cargo       primero.   

Violación  directa  de la ley sustancial  por  falta de aplicación del artículo 247 de Código Penal de 1980, que define  y  sanciona  el  delito de contaminación ambiental, aplicable al caso en virtud  de la fecha en la cual sucedieron los hechos.   

1.  Sostiene el demandante que el Tribunal  incurrió  en esta violación al sustentar la absolución en el argumento de que  “el  perito  no determinó que la muerte de la vaca  haya  obedecido,  con  absoluta  seguridad,  a  la  ingestión  de Carbofurán o  Furadán”,   y  que  por  tanto  no  se  encontraba  acreditada  la  contaminación ambiental, porque  al  apoyarse  en este razonamiento, está exigiendo para la  configuración  de  la  conducta  típica  un  elemento  adicional  (que  se produzca la muerte de seres vivos como consecuencia de la  contaminación),      que     la     norma     no  contiene.   

2.  Revisada  la sentencia de segunda  instancia  con  el  fin  de establecer  la fidelidad de la premisa fáctico  procesal  en  la  cual  descansa  la censura (que los  juzgadores  absolvieron  con  fundamento  en  este único argumento),  se constata que su contenido no corresponde a la realidad, y que  el   demandante,   llevado   por   el  interés  de  sacar  adelante  su  tesis,  descontextualiza  el  discurso del ad quem, tomando los argumentos que interesan  a  su  planteamiento,  y  dejando  de  lado  los  que  no le reportan utilidad o  coherencia al mismo.   

3.  Esta  metodología  resulta funesta en  sede  de  casación, porque puede dar origen a un planteamiento errado  del  problema,  o  a una selección equivocada de la vía de ataque, o a una indebida  identificación  del error, como se advierte que aconteció en el presente caso,  donde  una  cuestión  estrictamente  probatoria,  atacable  por  la  vía de la  violación  indirecta,  termina  impugnándose  como  un error jurídico, por la  vía  de la violación directa, dentro del marco de una alegación absolutamente  impertinente.      

4.  Para  empezar dígase que la sentencia  impugnada  reconoce  que  en  el  predio  tomado  en  arriendo  por Víctor  Manuel  Umbarila fueron hallados  envases  y bolsas de productos utilizados en el control de plagas y enfermedades  del  cultivo  de  papa,  como  también,  que  el procesado fue descuidado en su  manejo.  Sin  embargo, confirmó la sentencia absolutoria por considerar, con el  a  quo,  que  el  tipo  penal  exigía  para  su  configuración  que  existiera  contaminación  ambiental,  y  que este elemento no había logrado acreditación  en el proceso.   

Las  razones  que adujo para llegar a esta  última  conclusión  fueron  en  total  cinco:  (i) que los peritos no lograron  establecer  con  certeza  que  la  muerte de la vaca hubiera tenido por causa la  ingestión  de  tóxicos,  (ii) que el Carbofuradán se descompone en el suelo a  los  treinta (30) días de su aplicación, (iii) que el estudio realizado por la  Corporación  Autónoma  Regional de Cundinamarca llegó a la conclusión de que  no  se  advertía   daño ambiental, y (iv) que el estudio realizado por la  Unidad  de  Análisis  de  los  delitos  contra la Administración Pública y el  medio  ambiente  de  Fiscalía  General de la Nación tampoco encontró daño de  una tal índole.       

5. Como puede verse,  la decisión del  Tribunal  se sustentó en razones estrictamente probatorias, siendo el argumento  relacionado  con  la indeterminación de las causas de la muerte de la vaca solo  uno  de  los  varios  que  adujo  para  solventar la decisión. Es decir, que la  absolución  derivó  de  la  falta  de  demostración  de  uno de los elementos  estructurales  del   tipo  (el  verbo  rector),  y  no, como lo sostiene el  demandante  y  la  Delegada,  de  la incorporación al tipo penal de un elemento  extraño al mismo.   

6. Esto conduce a concluir que el cargo, en  los  términos  en  que  el  actor  lo presenta, carece de fundamento, porque la  violación   que  se  denuncia  (desbordamiento  del  alcance  del precepto) no existió, y que lo planteado  realmente  por  éste  es  un  ataque  a  la  validez  material  y formal de las  inferencias  probatorias,  concretamente a los argumentos que el Tribunal expuso  para  sustentar  la  conclusión  de  que  la investigación no logró probar la  conducta  típica  (entre  los  que  se  cuentan los  resultados    inciertos    sobre    las     causas   que   pudieron   haber  determinado   la  muerte  del  semoviente),  que  tampoco tiene vocación de prosperidad.   

7.  El  artículo  247  del Decreto 100 de  1980,  norma  aplicable  al  caso  en  virtud  de la fecha en que ocurrieron los  hechos,  define  y  sanciona  el  delito  de  contaminación  ambiental  en  los  siguientes   términos:   “El   que  ilícitamente  contamine  el  ambiente,  incurrirá,  sin  perjuicio de las sanciones administrativas a que hubiere lugar  y  siempre  que el hecho no constituya otro delito, en prisión de 1 a 6 años y  multa    de    cincuenta    mil    a    dos    millones   de   pesos”.            

El  artículo  24  de  la  ley 491 de 1999  (por  medio  de  la  cual  se  estableció el seguro  ecológico  y  se  introdujeron  modificaciones  al  Código  Penal),   redefinió   el  delito  de  contaminación  ambiental  en  los  siguientes   términos:   “El   que  ilícitamente  contamine  la atmósfera, el suelo, el subsuelo, las  aguas  y  demás  recursos  naturales y pueda producir  daño  a los recursos fáunicos, forestales, florísticos o hidrobiológicos o a  los  ecosistemas  naturales, incurrirá en prisión de 2 a 8 años y multa de150  a              500             salarios             mínimos             legales  mensuales”.       

Y  el artículo 332 de la ley 599 de 2000,  lo  define  de  la  siguiente  manera:  “El que, con  incumplimiento      de      la      normatividad     existente,     contamine  el aire, la atmósfera o demás componentes del espacio  aéreo,   el   suelo,  el  subsuelo,  las  aguas  o  demás  recursos  naturales  en  tal  forma que ponga en peligro la salud humana o  los   recursos   fáunicos,   forestales,   florísticos   o   hidrobiológicos,  incurrirá,  sin perjuicio de las sanciones administrativas a que hubiere lugar,  en  prisión  de  3  a 6 años y multa de 100 a 25.000 salarios mínimos legales  mensuales vigentes”.   

Importa   destacar   cómo,   las   tres  definiciones  del  delito  mantienen  inalterable  el  verbo rector contaminar,  con  algunas variaciones en  su  configuración  típica,  algunas  de  carácter puramente técnico, como la  sustitución           de           la          expresión          ilícitamente  por  la  de  con  incumplimiento  de  la  normatividad  existente,  y  otras  de  orden  sustancial,  como  la  introducción  de la exigencia adicional de que la  contaminación  ilícitamente  generada  conlleve peligro para la salud humana o  los  recursos  fáunicos, forestales, florísticos o hidrobiológicos, exigencia  que  no  contemplaba  la  primera  de  las normas.       

Contaminar,  según  el  diccionario  de  la  lengua  española,  significa,  en  su  primera  acepción,  “alterar la pureza de alguna cosa, como  los  alimentos, el agua o el aire”, entendimiento en  el  que ha de entendérsele, no solo por corresponder a su sentido natural, sino  porque  en  el  mismo  alcance  es utilizado por el Código Nacional de Recursos  Naturales  Renovables,  estatuto en el que se define la contaminación ambiental  como  “la alteración del ambiente con sustancias o  formas  de  energía puestas en él, por actividad humana o de la naturaleza, en  cantidades,  concentraciones  o  niveles capaces de interferir el bienestar y la  salud  de  las personas, atentar contra la flora y la fauna, degradar la calidad  del  ambiente de los recursos de la nación o de los particulares”5.   

Esto significa que desde el punto de vista  de  su  contenido, el tipo penal de contaminación ambiental es de resultado, en  cuanto  exige  una  transformación  del  mundo  exterior  (alteración de medio  ambiente),  y no de mera conducta como lo sostiene la Delegada en su concepto. Y  que  en  atención  al  bien  jurídico tutelado, es de lesión, porque exige la  afectación  del  interés  jurídico  protegido (los  recursos  naturales  y el medio ambiente). Esto, desde  la  perspectiva  de los efectos primarios de la conducta, porque secundariamente  se  exige  que  la contaminación ponga en peligro la salud humana, los recursos  fáunicos, forestales, florísticos o hidrobiológicos.   

8. De acuerdo con la estructura de la norma  actual,  puede  decirse,  entonces, que la realización de la conducta delictiva  de   contaminación   ambiental   implica  el  cumplimiento  de  los  siguientes  presupuestos,  (i)  que  se presente alteración del medio ambiente, (ii) que la  contaminación  generada  por  la  conducta  del  sujeto  agente  desconozca los  límites  legalmente  permitidos  o  racionalmente  tolerados,  y  (iii)  que la  contaminación  causada  tenga  aptitud  para causar daño o poner en peligro la  salud   humana,   o   los   recursos   fáunicos,   forestales,  florísticos  o  hidrobiológicos.      

9. En el caso que ocupa la atención de la  Sala,  se  acusa al procesado de haber dejado abandonados en el predio tomado en  arriendo  envases  y empaques de productos químicos utilizados en el control de  plagas  y enfermedades del cultivo de papa, hecho que no se discute, como quiera  que  el procesado lo acepta, y es además confirmado por las constancias dejadas  en  las  inspecciones  practicadas  en  el  lugar  de los hechos y los registros  fotográficos incorporados al expediente.    

Este  hecho,  sin  embargo,  no  prueba la  realización  de  la conducta típica, como pareciera entenderlo el demandante y  la  Delegada, quienes terminan confundiendo el hecho que se aduce como generante  de  la  contaminación  (que  para  el  caso  no  se  discute)   con   la   contaminación  que   ese  hecho   pudo  haber  generado,  o  lo que es igual, la prueba del hecho que  genera  la  contaminación  con  la  prueba  de la contaminación generada, o en  términos  más  directos,  la  causa con el efecto. Y es aquí donde se origina  todo  el   debate, pues mientras el demandante y la Delegada consideran que  la  sola  presencia  de  los  desechos  agroquímicos en el predio estructura el  delito,  los  juzgadores sostienen que la contaminación al medio ambiente no se  probó y que la conducta deviene por tanto atípica.   

10. La razón, desde luego, está de parte  de  los  juzgadores  de  instancia,  porque,  como  ya  se indicó, el delito de  contaminación  ambiental  exige  para su configuración que se determine que el  medio       ambiente       (bien      jurídico  protegido)   sufrió   alteraciones,   y  que  estas  alteraciones  sobrepasen  los  límites  legalmente  permitidos o razonablemente  tolerados,  supuestos  que  no  se  establecieron  en el proceso, por cuanto los  estudios  técnicos  realizados  por la Sección de Información y Análisis del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación de la Fiscalía y la Corporación Autónoma  Regional  de Cundinamarca con ese propósito, coincidieron en concluir que no se  apreciaba  daño  ambiental visible a los recursos naturales. Y la actuación no  ofrece    elementos    de    juicio    distintos   que   permitan   afirmar   lo  contrario.   

La censura no prospera.  

Cargo       segundo.   

Violación indirecta de la ley sustancia,  debido  a  un  error de raciocinio por atentados a la lógica.      

1.  Sostiene el demandante que el Tribunal  incurrió  en este error, “al fundamentar su decisión a partir de una premisa  que  desde  ningún  punto  de  vista podía formar parte del silogismo a que se  contrae  la  materia  objeto  de  investigación,  esto  es,  que  los productos  químicos  efectivamente utilizados para el cultivo de papa, no sobrepasaron los  niveles  permitidos, cuando es a todas luces evidente que dicho punto en ningún  momento fue objeto de debate”.   

2.  Tampoco en este cargo la asiste razón  al  demandante,  porque  la  decisión  del  Tribunal  que  ahora  se  cuestiona  (declaración     de     atipicidad     de     la  conducta), no se fundamentó en la premisa de que las  fumigaciones  o  aplicaciones  propiamente  dichas, realizadas con los productos  químicos  que  contenían  los  envases  y  empaques  hallados en el predio, no  excedían  los niveles de contaminación permitidos, sino en el hecho de que los  residuos  o  desechos  inadecuadamente  manejados por el procesado no produjeron  contaminación  ambiental,  según  se infería de las conclusiones de la prueba  técnica practicada en el curso de la investigación.   

3.  La  sentencia  impugnada,  en la parte  considerativa,  estudia  primero  la estructura de la norma que define el delito  de  contaminación  ambiental  y  el alcance de la conducta rectora, para hacer,  con  fundamento  en  dicho  análisis,  la  siguiente precisión: “Entonces es  requisito  necesario  para  que  tal  reato  se  tipifique,  la demostración, a  plenitud,  que  el  agente activo contaminó ilícitamente, el medio ambiente. Y  luego  agrega:  “Teniendo en cuenta que la actividad agrícola, como cualquier  otra,  altera,  así  sea  en  proporción  mínima,  el  medio  ambiente por la  necesaria  utilización  de  compuestos  químicos  (…)  la  conducta  solo se  materializa    cuando   sobrepasa   los   límites   legalmente   permitidos   o  razonablemente  tolerados,  y  se demuestra que el agente activo de la conducta,  de manera antijurídica y culpable, alteró el medio ambiente”.   

Después  de  este  estudio  normativo, el  Tribunal  se  ocupó  de  analizar el caso concreto. En este ejercicio, analizó  primero  la  prueba  del hecho presentado como determinante de la contaminación  (inadecuado    manejo   de   residuos),  y  luego los resultados de las pruebas practicadas con el fin de  establecer  la  existencia de contaminación (pericia  sobre  las  causas  de  la  muerte  del  semoviente,  informe de la Corporación  Autónoma  Regional  de  Cundinamarca  e informe técnico del Cuerpo Técnico de  Investigaciones  de  la  Fiscalía),  para  concluir,  apoyado  en  este  análisis,  que  no  se  había  demostrado  la existencia de  contaminación   ambiental,   y   que   en  tales  condiciones  se  imponía  la  confirmación de la sentencia absolutoria.       

4.  Dicho estudio, desde el punto de vista  de  la corrección formal o interna del razonamiento, no amerita ningún reparo.  Se  trata  de  un  silogismo  en  su forma estándar, en el que la premisa mayor  viene  dada  por  el  estudio de la norma que define el delito de contaminación  ambiental  y  la  afirmación  de  que su tipificación exige la alteración del  medio  ambiente;  la  premisa  menor por el estudio del caso y la afirmación de  que   la   prueba  allegada  al  proceso  había  descartado  la  existencia  de  contaminación  ambiental;  y  la  conclusión  por  la  afirmación  de  que la  materialidad de la conducta típica no se demostró.   

Esquemáticamente, el silogismo construido  por  el  Tribunal  presenta  la  siguiente  estructura:  REGLA: El tipo penal de  contaminación  ambiental  exige para su estructuración la demostración de que  el  sujeto  agente contaminó con su conducta el medio ambiente. CASO: La prueba  allegada  al  proceso no probó este elemento normativo. CONCLUSION: La conducta  es atípica.   

Como   puede   claramente   verse,  este  razonamiento,     en     su    estructura    puramente    formal    (aspecto  que  el  demandante cuestiona en este cargo),  resulta  inobjetable,  no  solo  por presentar una distribución  correcta  de  sus  términos,  sino  por  guardar  la  conclusión  una adecuada  relación  lógica con las premisas, realidad que impone la desestimación de la  censura.   

Cargo       tercero.   

Violación indirecta de la ley sustancial  debido a un error de hecho por falso juicio de identidad.   

1.  Afirma  el  demandante que el Tribunal  incurrió  en  este desacierto fáctico al apreciar del informe técnico rendido  por  la  Corporación  Autónoma  Regional de Cundinamarca el 10 de noviembre de  1998,  porque  al  hacerlo  omitió  tener en cuenta la advertencia que allí se  hacía,  en  el sentido de que las conclusiones ofrecidas se fundamentaban “en  relación  con  lo  que  se  observa  y  caracteriza actualmente en el predio El  Imperio  en  los  lotes  que  fueron  sembrados  con  papa  y/o  con  los  lotes  aledaños”.    

2.  Para que exista error de identidad por  cercenamiento  de una determinada prueba, se exige demostrar que el juzgador, en  la  apreciación  que  hace  de  su expresión material, omitió tener en cuenta  parte  de  su  contenido,  situación  que  no se presenta en el caso estudiado,  porque  el  Tribunal,  en  la  sentencia  impugnada,  aludió expresamente a los  aspectos  fácticos  que  el  libelista afirma omitidos, descartándose, de esta  manera, la presencia del error denunciado. Dijo el Tribunal:    

“En el informe de la CAR, de noviembre 10  de  1998,  consta  que  en  la  inspección judicial que practicaron en la finca  “no  se  aprecia  daño  ambiental  visible  a  los  recursos  naturales  (suelo,  agua  y aire) en relación con lo que se observa y  caracteriza  actualmente  en  el  predio  El  Imperio  en  los  lotes que fueron  sembrados con papa y/o en los lotes aledaños”.   

3.  Ahora  bien.  Si  lo pretendido por el  demandante  era  poner  de  presente que el estudio de la Corporación Autónoma  Regional  de  Cundinamarca  se  realizó  sobre  realidades distintas de las que  existieron  al  momento  de  los  hechos,  puesto  que  entre el abandono de los  residuos  y la realización de la prueba mediaron cerca de dos años, y a partir  de  esta  premisa controvertir su mérito, debió alegar error de raciocinio por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  critica en la apreciación de su  fuerza  persuasiva,  e  indicar qué pruebas permitían afirmar la existencia de  contaminación.   

Pero  en  este  terreno tampoco la censura  tiene  vocación  de  prosperidad,  porque  de  la  lectura  del  informe  de la  Corporación  Autónoma  Regional se establece que la situación que se denuncia  (que  los  hechos  sucedieron  en  una  época  y el  estudio  se  realizó  en  otra), fue conocida por el  perito  al  momento  de  realizar  la  inspección,  lo cual permite suponer, en  principio,  que  la tuvo en cuenta, pero fundamentalmente, porque la peritación  no  se  detuvo  en  el  análisis de situaciones concretas, sino que comprendió  temas  de  validez intemporal, como las relacionadas con las características de  los  sustancias  químicas utilizadas en el control de plagas y enfermedades del  cultivo  de  papa  y  su  biodegradación,  análisis  que  también contiene el  informe  de  la  Sección  de  Información  y  Análisis del Cuerpo Técnico de  Investigaciones de la Fiscalía.   

El cargo no prospera.  

En  mérito  de  lo expuesto, la    Corte    Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley:   

RESUELVE:   

NO CASAR la sentencia impugnada.  

Contra   esta   decisión   no  proceden  recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

Salvamento de voto  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Salvamento de voto  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

Salvamento    de    voto                                                     Excusa justificada   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO   DE  VOTO   

La  ponencia  original  derrotada en Sala  recibió  mi  apoyo  pleno  a  partir  de  los  presupuestos dogmáticos y de la  abundante  y clara prueba de cargo que le servían de puntal, razón por la cual  respetuosamente  discrepo  de  la  decisión  adoptada  mayoritariamente  por la  Corporación.   

I. Lo resuelto se resume así:  

1°.  La  no  casación  de  la sentencia  absolutoria  derivó  de  la  falta  de  demostración  de  uno de los elementos  estructurales   del  tipo  (el  verbo  rector),  es  decir,  no  se  estableció  probatoriamente    que    hubiese    tenido    ocurrencia    la    acción    de  contaminar.   

2°.  El  tipo  penal  de  contaminación  ambiental  es  de  resultado,  en  cuanto  exige  una  transformación del mundo  exterior (alteración del medio ambiente).   

3°.  En  atención  al  bien  jurídico  tutelado  se  trata  de  un  delito  de lesión, porque exige la afectación del  interés protegido.   

4°.  Son presupuestos para considerar la  realización  de  la  conducta delictiva de contaminación ambiental: (i) que se  presente  alteración  del  medio  ambiente, (ii) que la contaminación generada  por  la conducta del sujeto agente desconozca los límites legalmente permitidos  o  racionalmente  tolerados, y (iii) que la contaminación causada tenga aptitud  para  causar daño o poner en peligro la salud humana, o los recursos fáunicos,  forestales, florísticos o hidrobilógicos.   

5°.  Dejar  abandonados  en  un  predio  envases  y  empaques de productos químicos utilizados en el control de plagas y  enfermedades  no  constituye  infracción  típica  que se pueda considerar como  contaminación ambiental.   

6°   Para  que  exista  contaminación  ambiental  debe  apreciarse un daño ambiental visible a los recursos naturales.  Y,   

7°.  Cuando  un  razonamiento,  en  su  estructura  puramente formal, resulta inobjetable, como lo es un silogismo en su  forma         estándar        –premisa   mayor  (regla  o  norma),  permisa  menor  (el  caso)  y  conclusión     (la     decisión)–, no es posible cuestionar una decisión judicial.   

II.   Interpretación   del   tipo   de  contaminación ambiental:   

La  hermenéutica que asumo como correcta  frente  al  tipo  de contaminación ambiental y la realidad fáctica que refulge  del  proceso,  me llevan a señalar que la Sala debió casar la absolución y en  su  lugar  proferir  fallo  de  condena,  postura  que  se  resume  de la manera  siguiente:   

1.              Los delitos contra los recursos  naturales en el Código Penal de 1980:   

1.1. El Código  Penal  de  1980,  Estatuto  aplicable  al  caso examinado, agrupó en el Título  correspondiente   a  los  Delitos  contra  el  orden  económico  y  social y bajo el rubro de los    delitos    contra    los   recursos   naturales,  las  diferentes  clases  de  ataque  al bien jurídico recursos  naturales   y   medio   ambiente,   favoreciendo   la   armonización   de   las  incriminaciones  y  el  equilibrio  adecuado  de  las  sanciones, sirviendo para  cubrir  las  lagunas  de  la  antigua  normativa que regularmente había sido el  resultado de enfoques parciales y sectorizados de la temática.   

El Legislador de 1980, pues, no acudió en  estas  materias  al  denominado  derecho penal paralelo, el derecho penal de los  estatutos,  sino  que  decidió  de  una  vez  incorporar  al  Código los tipos  delictivos correspondientes con estos claros propósitos y efectos:   

a) Otorgar al ambiente la calidad de bien  jurídico  a proteger de manera indepen­diente   de   otros   bienes   jurídicos   como   la   propiedad,  pretendiéndose  el fortalecimiento de la conciencia social sobre la gravedad de  los  comportamientos  dañosos  del  medio  natural, considerados por lo regular  como          de         bagatela.   

b)  Favorecer  el  efecto  de prevención  general  que  a  través  de toda incri­minación   penal   se   pretende   producir,   debido   al  mejor  conocimiento  por  parte de la población de los bienes jurídicos contenidos en  el  Código  Penal,  que se logra de manera necesariamente complementaria con la  aplicación   efectiva  de  la  corres­pondiente  norma  y  el  conocimiento  por  la colectividad de esa  aplicación.   

c) Lograr un fin pedagógico y científico  porque  los  estudiosos  del Derecho Penal necesariamente se verán precisados a  incluir  el  tema  del  ambiente entre los de mayor interés de investigación y  enseñanza,   cuestión  que  también  servirá  para  reformar  la  conciencia  comunitaria  sobre  la  gravedad  de  estos delitos6.   

1.2. Es notorio  que  muy  al  contrario  de  lo  que  ocurría  en  otras  legislaciones como la  española  de  1974,  donde  se le ubica entre los delitos de riesgo en general,  comprensivos  de  manera  genérica  de  las  agresiones contra la seguridad del  tráfico,  contra  la salud pública, contra la seguridad en el trabajo y otros,  que  comprenden  en Colombia a los delitos de peligro  común,  en  nuestro código penal se dispusieron en  el  Capítulo  Segundo  del  Titulo VII referido a los intereses contra el orden  económico      social.      Preva­lido  quizás  el legislador de su carácter pluriofensivo, le dio  mayor  trascendencia a la protección del orden económico que a otros intereses  como  la  salud  pública que, además de ser también de alcance general, tiene  una  mayor  significación  en  punto al resguardo del bien jurídico básico de  los asociados.   

1.3.  El tipo  penal  de la contaminación ambiental consagrado en el artículo 247 del Código  Pena  de 1980, fue criticado por ser demasiado amplio y comprensivo. Si dijo que  si  el  legislador  nacional  hubiera optado por seguir la pauta del francés de  elabo­rar un tipo penal  único  y  general  para  todas las agresiones al ambiente, con éste se habría  satisfecho  ese  criterio.  La conducta comprendía los anteriores reglamentos y  servía  de  especie de barredera para las conductas que logran filtrarse de las  otras normas.   

En apoyo de lo que se acaba de señalar se  tenía  el  carácter  subsidiario del injusto cuando se consagraba que el mismo  tenía  ocurrencia siempre que el hecho no constituya  otro   delito,   convirtiéndose  la  norma  en  un  corrector  de déficit de los demás tipos, que en un momento determinado pueden  quedar       inmersos       en       sus       disposiciones      ge­néricas  (vr.  gr.  quien  tala  un  bosque     sin     permiso     de    autoridad    competente,    con­tamina   el   ambiente),   pero  al  conjugar    este    reenvío    con    el   principio   de   especia­lidad,  se  debe  imputar  el  otro  reglamento penal.   

1.4.  En  la  doctrina                  nacional7 se le atribuía a éste tipo  penal  un alto grado de indeterminación, con cargos de infringir los principios  de    legalidad    y    tipicidad,    ya    resueltos    negativamen­te8   mediante   criterios  que  comparte  la  doctrina  internacional,  erigidos  sobre  el  argumento de ser la  solución   para   realizar   una   completa  protección  jurídico­penal  al medio ambiente9  y por ser  un  reenvío  específico, remiten, para completarse,  a   normas   específicas   extrapenales,   de   tal   suerte  que  entre  ambas  in­tegren  un  precepto  claro,   completo   y   determinado,  que  no  arroja  dudas  sobre  la  materia  prohibida10.   Tal   opinión   estaba  complementada  con  lo  afirmado  por  comentaristas  de  otras  legislaciones  que  incurrieron en la misma amplitud e  indeterminación11.   

1.5.  En  el  Código  Penal  de  1980  se  hablaba  de  contaminar  el ambiente, en términos  generales.  Con  base  en  ello  se podía afirmar que el objeto material estaba  integrado      por      los      recursos      naturales     (renova­bles   y   no   renovables)  y  los  elementos                ambientales12,  los  cuales  pueden  ser  clasificados así:   

a)  Ambiente natural: Con sus componentes  físico  y  biótico  comprende  los  recursos  naturales renovables: la tierra,  incluido  el suelo; el agua, incluido el mar y su fondo; la atmósfera; la flora  y el paisaje (falta la fauna).   

b) Ambiente cultivado: Comprende aquellos  recursos  naturales  que han sido desarrollados en gran escala por el hombre con  objetivos  alimentarios  y  otros  fines económicos, como son la ganadería, la  agricultura, la pesca y la explotación forestal. Y,   

c) Ambiente Social: Creado igualmente por  el  hombre,  está  constituido por los asentamientos humanos, ya sean urbanos y  rurales,  a  cual­quier  fin  a que se dediquen (habitacional, laboral, educacional, recreacional, etc.),  con  sus  consecuencias  propias,  como  son:  el  ruido,  los residuos sólidos  provenientes   de   las   actividades  urbana  y  rural,  el  transporte  y  sus  consecuencias             am­bientales.   

1.6.   La  contaminación   ambiental  consiste  en  no  resolver  adecuadamente,  como  un  pro­ceso de la biosfera,  el   reciclaje   de   la  producción  humana  de  energía  y  mate­ria.   La   contaminación  aparece  cuando   la   capacidad   contaminante   del   hombre  supera  la  capacidad  de  autodepuración del sistema.   

El   tipo   utiliza   el  verbo  rector  contaminar,  que  quiere  decir  alterar  nocivamente  el ambiente por efecto de  residuos       procedentes       de       la       actividad      hu­mana  o de la naturaleza. La acción  de  contaminar implica la alteración del medio ambiente con sustancias o formas  de  energía  puestas  en  él,  por  actividad  humana  o  de la naturaleza, en  cantidades,  concentraciones  o  niveles capaces de interferir el bienestar y la  salud  de  las per­sonas,  atentar  contra  la  flora  y la fauna, degradar la calidad del ambiente, de los  recursos  de  la  Nación  o  de  los  particulares13        —Artículos 4o. de la Ley 23 de 1973  y   8   del   Decreto  2811  de  1974—.   

Por   ser  el  tipo  de  contaminación  ambiental  de aquellos que la doctrina denomina tipos  penales  en  blanco,  se  debe  acudir  a diferentes  estatutos  legales  para  desentrañar los elementos normativos del tipo, razón  por  la  que específicamente y con referencia a los hechos investigados resulta  pertinente  señalar  que el Decreto 775 de 1990, reglamentario del uso y manejo  de plaguicidas, dispone lo siguiente:   

Artículo 3° Definiciones:  

…  

AMBIENTE: El entorno, incluyendo el agua,  aire  y  el  suelo,  y  su  iterrelación,  así como las relaciones entre estos  elementos y cualesquiera organismos vivos.   

…  

CONTAMINACIÓN: Alteración de la pureza o  calidad  del aire, agua, suelo o productos, por efecto de la adición o contacto  accidental o intencional de plaguicidas.   

…  

DESECHOS:  Envases  o  empaques que hayan  contenido   plaguicidas,   remanentes,   sobrantes   o  subproductos  de  estos,  plaguicidas  que por cualquier razón no pueden ser utilizados; o el producto de  lavado  o  limpieza de objetos o elementos que hayan entrado en contacto con los  plaguicidas,  tales  como:  ropa  de trabajo, equipos de aplicación, equipos de  proceso u otros.   

El  mismo  decreto  dispone  de  manera  imperativa   en   su  artículo  180,  en aras de la protección del ambiente y los seres humanos, que  toda persona que tenga injerencia en el manejo y uso  de  plaguicidas,  deberá cumplir y hacer cumplir las normas relacionadas con la  actividad   respectiva,   contenidas  en  la  presente  disposición.   

1.7.   Las  conductas   previstas   como  punibles  reprochan  toda  actividad  colectiva  o  individual  que  tienda,  directa  (dolo  directo  de  primer y segundo grado) o  indirectamente  (dolo  eventual),  a  ocasionar  daño  al  ambiente14.   

Como  lo  señala la doctrina15,   la  definición  de  contaminación envuelve el resultado alteración y degradación  del  ambiente  que las normas no permiten. Contaminar  es   ilícito   de   por   sí,   de  modo  que  el  incumplimiento  de  la  normatividad ambiental que conduce a la degradación del  aire,  el  agua o el suelo por fuera de los límites permisibles establecidos en  los  reglamentos  pertinentes es punible, con lo que todo aquello que se realiza  dentro    de    los   márgenes   del   riesgo   permitido   no   es   imputable  objetivamente.   

1.8.         Normativamente     se    tiene    dispuesto    que    contaminantes   son   los  fenómenos  físicos,  o  sustancias,  o  elementos  en  estado sólido, líquido o gaseoso,  causantes  de  efectos  adversos  en  el  medio ambiente, los recursos naturales  renovables  y  la salud humana que solos, o en combinación, o como productos de  reacción,  se  emiten  al aire como resultado de actividades humanas, de causas  naturales,   o   de  una  combinación  de  éstas16.   

El  tal línea de interpretación la Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia17   ha   entendido  que  el  concepto  contaminación  es  meramente  normativo,  por  lo  que resulta indispensable remitirse al Decreto 2811 de 1974 (Código de  Recursos  Naturales  y Medio Ambiente) que en su artículo 8º, el que relaciona  claramente  cuáles  son  algunos de los factores que deterioran el ambiente. En  efecto la norma dice:   

Art.  8º.  Se  consideran  factores  que  deterioran el ambiente, entre otros:   

a).  La  contaminación  del aire, de las  aguas y de los demás recursos naturales renovables.   

Se   entiende   por  contaminación  la  alteración  del  ambiente  con  sustancias o formas de energía puestas en él,  por  actividad  humana  o  de  la  naturaleza  en  cantidades, concentraciones o  niveles  capaces  de interferir el bienestar y la salud de las personas, atentar  contra  la flora y la fauna, degradar la calidad del ambiente de los recursos de  la Nación o de los particulares.   

Se  entiende  por  contaminante cualquier  elemento,   combinación  de  elementos,  o  forma  de  energía  que  actual  o  potencialmente  pueda  producir  alteración  ambiental  de  las precedentemente  descritas.     La    contaminación    puede    ser    física,    química    o  biológica.   

b)  La  degradación,  la  erosión  y el  revenimiento de suelos y tierras;   

c)   Las  alteraciones  nocivas  de  la  topografía;   

d)  Las  alteraciones  nocivas  del flujo  natural de las aguas;   

e)  La  sedimentación  en  los  cursos y  depósitos de agua;   

f)  Los  cambios nocivos del lecho de las  aguas;   

g)   La   extinción   o   disminución  cuantitativa  o  cualitativa  de  especies  animales  y  vegetales o de recursos  genéticos;   

h)  La  introducción  y  propagación de  enfermedades y de plagas;   

l)  La  introducción,  utilización  y  transporte  de  especies  animales  o  vegetales  dañinas  o  de  productos  de  sustancias peligrosas;   

j)   La   alteración   perjudicial   o  antiestética de paisajes naturales;   

k) La disminución o extinción de fuentes  naturales de energía primaria;   

l)   La   acumulación  o  disposición  inadecuada de residuos, basuras, desechos o desperdicios;   

m) El ruido nocivo;  

n)  El  uso  inadecuado  de  sustancias  peligrosas;   

o)  La  eutrificación,  es  decir,  el  crecimiento excesivo y anormal de la flora en lagos y lagunas, y   

p) La concentración de población humana  urbana  o  rural en condiciones habitacionales que atenten contra el bienestar y  la salud.   

Dada  la  característica contaminante de  los  plaguicidas  se tiene dicho por el legislador, al dictar medidas sanitarias  (Ley   9ª   de  1979,  artículo  142),  que  en  su  aplicación  deberán  adoptarse  todas  las  medidas adecuadas a fin de evitar  riesgos  para  la  salud  de  las  personas  empleadas en esa actividad y de los  ocupantes  de  las  áreas  o  espacios tratados, así como la contaminación de  productos  de  consumo  humano  o  del  ambiente  en  general, de acuerdo con la  reglamentación     que    expida    el    Ministerio    de    Salud.   

2.              El  delito  de  contaminación  ambiental en el derecho  comparado:   

2.1.  En  los  países   anglosajones  (de  Common  Law)  para superar dificultades de técnicas probatorias tendientes a  establecer  etiología,  nivel y gravedad de los efectos contaminantes, latentes  y  acumulativos,  se  inclinan  para  el  juzgamiento  de estas conductas por la  responsabilidad  objetiva,  en la que no se requiere la previa demostración del  elemento  subjetivo  sino  la  simple  prueba  que la lesión del am­biente fue perpetrada por el agente,  correspondiéndole     a     éste     en     procura     de     exo­neración  punitiva  evidenciar  la  acción    de    un    tercero,   fuerza   mayor   o   caso   fortui­to.   En   el  entorno  latino  (de  civil  law) se adopta la  categoría  de  tipos  formales o de peligro y el dolo eventual como criterio de  responsabilidad penal.   

2.2. El Art. 27  de  la Ley Orgánica del Ambiente, de Venezuela, registra el primer régimen, lo  mismo  que  ocurre  en  el  Art.  88 de la CN para el  daño  inferi­do  a los  derechos     e    intereses    colectivos.    Pero  definitivamente  esa  variante de responsabilidad está proscrita en el CP (Art.  5)  donde  se  consagra  de  manera  ex­presa  solo  la  proveniente de culpabilidad como principio rector  (que  no como ca­tegoría  dogmática).   Sin   embargo,   como   la  enunciación  taxativa  de  la  forma  cul­posa requerida en el  Art.   39   CP   (que   descarta  la  llamada  culpa  generalis),  no  aparece  en  el  corto catálogo de  tipos  penales  que  amparan  el  entorno,  se  presenta  un  evidente vacío de  punibilidad  por  cuanto  la  gran  mayoría  de estos atentados se realizan por  negligencia,  imprudencia,  impericia  o  con violación de reglamen­tos,  a  no  ser  que  se acuda a la  incriminación      genérica      por      dolo  eventual  (figura  de  evidentes puntos de tangencia  con  la  culpa conciente)  que  requiere  sola­mente  en  el  autor  la  previsión  del  resultado  perjudicial y su aceptación como  consecuencia   colateral   de  la  acción,  así  haya  procedido  con  diverso  propósito   di­recto,  punto que se deja como elemento de reflexión.   

2.3. El Código  Penal  Alemán  reprime  estas  clases  de  contaminación:  de aguas, de aire y  ruido,  de residuos de energía nuclear, de emisión de venenos y ac­tos  atentatorios de los componentes  esenciales  de  las regiones naturales o de los parques naturales protegidos. En  España   se   protege   el   medio  ambiente  en  general,  el  medio  ambiente  atmosférico,  las  aguas  continentales,  las  aguas  marítimas,  los espacios  naturales,    recogida    y    tratamiento    de    residuos   sóli­dos,  sobre energía nuclear y sobre  residuos           y           vibración18.   

2.4.   En  España,   como   es  sabido,  apunta  Rodríguez            Ramos19,  el  mandato  constitucional  de  proteger  penalmente  el  medio  ambiente  (art.  45.3)  se comenzó a cumplir con la reforma del CP de 1983 (RCL  1983,  1325,  1588),  introduciendo  el  artículo  347  bis,  que  se limitó a  criminalizar   conductas   de  contaminación  (olvidando  las  de  explotación  irracional  de  los  recursos  naturales:  gea, flora y fauna, e incurriendo por  ello  en  inconstitucionalidad  por  omisión),  en  la  modalidad  de delito de  peligro  concreto (había que acreditar el peligro real y, además, en relación  de  causalidad  con  la  conducta  ilegalmente contaminante). El CP de 1995 (RCL  1995,  3170 y RCL 1996, 777) se pasó al extremo contrario, ampliando el ámbito  de  protección  penal  del medio ambiente, al introducir figuras protectoras de  los  recursos  naturales  contra  explotaciones o destrucciones ilegales, alguna  claramente  excesiva,  estableciendo una cláusula genérica de reconversión de  los  delitos  dolosos  en culposos que traiciona la previsión general contraria  prevista  en  el  artículo 12, y convirtiendo el delito de contaminación (art.  325)  en  un  tipo  que  podría considerarse de peligro abstracto-concreto o de  acción  peligrosa.  Agrega  que  los riesgos de tal configuración del peligro,  riesgos  que se irán acumulando a otros derivados en su caso de la abstracción  del  bien  jurídico  protegido,  de  su  inconsciente reconversión en una mera  desobediencia  a  la norma administrativo-penal, de la flexibilidad que el mundo  de  lo  hipotético permite en la búsqueda de «garantes» cuando de delitos de  comisión  por  omisión  se  trata  y,  en  fin,  en  la  también  concurrente  elasticidad  a  la  hora  de  encontrar  «deberes  de  cuidado» en los delitos  imprudentes.   

El  Tribunal  Supremo  Español,  en  una  reciente  sentencia (25 de octubre de 2002 – RJ 2002,  10461)  califica  de delito de «peligro abstracto»  (no  de  conducta  peligrosa ni de peligro abstracto-concreto, sino de delito de  peligrosidad)  el tipo básico de contaminación del artículo 325, considerando  que  «dicho  peligro abstracto no puede depender del peligro concreto generado,  sino  de  la  realización  de  la  acción  peligrosa  en  sí misma. Es decir,  bastará  la constatación de la realización de la acción peligrosa de vertido  prohibida  para  que  el  delito  pueda  entenderse  cometido,  sin  que resulte  relevante  por ello la prueba de causalidad respecto del peligro concreto creado  ni  la cantidad de tóxico finalmente presente en los acuíferos contaminados».  Dicha  sentencia  se  remite  a  continuación a otras anteriores, de las cuales  sólo  una  se  refiere  al  medio  ambiente y a la contaminación (STS de 13 de  marzo  de 2000 [RJ 2000, 3315]), pero no es muy coincidente con esta doctrina, y  no  sólo  en  el  plano  meramente nominal, pues considera que el artículo 325  «es  un  delito  de peligro concreto que se consuma por la creación del riesgo  mediante  la  realización de alguna de las actuaciones establecidas en el tipo,  sin  que  sea  necesaria  para  que  tenga  lugar  la  efectiva  consumación la  producción  de  un  perjuicio  determinado  y  específico, puesto que, en este  caso,    estaremos    ante    un   delito   de   lesión   que   se   castigará  separadamente».   

En  los delitos contra el medio ambiente,  dice           Paredes          Castañón20,  a  diferencia  de lo que  ocurre  en  otros supuestos de realización de nuevos  riesgos,  aquello  que  se  lesiona  resulta  ser de  difícil  tangibilidad  y  perceptibilidad:  el  “medio  ambiente”,  es  un bien  jurídico    eminentemente    funcional,  en  el  sentido de que posee sentido tan sólo por referencia a  otros  bienes  e  intereses  (la  vida, la salud, las condiciones higiénicas de  vida,  la  preservación  de  los  bienes,…).  Este  hecho condiciona en buena  medida  la  forma  en  que  puede  tipificarse  una conducta atentatoria al bien  jurídico  “medio  ambiente”.  Así,  dicho bien se configura como un núcleo de  protección  previo  al  de otros bienes jurídicos individuales o colectivos de  valor  intrínseco:  en  definitiva,  como una fórmula de tutela anticipada (la  lesión  del  equilibrio  ambiental  pone ya en peligro la vida, la salud,…) o  como  una fórmula de tutela oblicua (la lesión del equilibrio ambiental afecta  sustancialmente  a  la higiene, a la calidad de los bienes,…). El citado autor  propugna  porque  ciertas conductas contaminantes sean castigadas autónomamente  (y  con independencia de que concurra dolo en ellas) incluso cuando no lleguen a  generar  daño  ambiental  alguno (emisión de sustancias radioactivas, de gases  altamente tóxicos,…).   

3.            Característica  esencial  del  delito de contaminación ambiental: es un delito de peligro:   

3.1. Cuestiones  generales:   

La  doctrina  y  la  jurisprudencia  son  uniformes  en la clasificación que otorga a los tipos penales, así: de acuerdo  con    su    contenido,   en   de   mera   conducta   y   de   resul­tado;  y  con  referencia  al  bien  jurídico  tutelado,  en  tipos de lesión y de peligro, de donde surge evidente  la    inexistencia    de   contraposición   entre   tipos   de   pe­ligro  y  tipos de resultado, y como  escribe  Novoa  Monreal,  es un error pensar que todo  resultado  consista  en  la  lesión  de un bien jurídico protegido21.   

En  los  primeros (de mera actividad), el  tipo  de  injusto  se  agota  en una acción del actor, sin que sea necesaria la  causación  de un resultado como efecto exterior separable temporoespacialmente.  En  cambio,  en  los  de resultado, éste expresa la lesión o puesta en peligro  del   objeto   de  la  acción  separa­da  de  esta  temporoespacialmente.  El  resultado   típico   ha  de  distinguirse  del  menoscabo  del  bien  jurídico  protegido,  siendo  los  bienes  jurídicos  valores  ideales  del  orden  social  y el objeto de la acción o del ataque, el concreto  objeto  en  el  que  se  realiza la acción típica22.   

En  los  delitos  de  lesión  el  tipo  presupone  que  se dañe el objeto de la acción, mientras que en los de peligro  es  suficiente  la  amenaza, el riesgo, el probable daño o perjuicio (Escriva),  la  lesión  potencial  (Rocco,  Bettiol, Berinstain) o, en fin, que se contente  con  la  puesta  en  peligro del bien (Mir Puig), peligro que debe ser frente al  bien  jurídico  y  no  al  objeto  ma­terial,   principio   de  hermenéutica  que  permite  regular  el  concurso  de  delitos  de  peligro  y  de  lesión,  que surge cuando el peligro  desemboca en la causación de una lesión (Escriva).   

En   la   cotidianeidad   se  presentan  múltiples  actividades  que  cabe  considerar como peligrosas. Algunas de ellas  gozan  de  permisibilidad legal y a veces social: en la industria, en los medios  de  circulación,  en  los  deportes.  Y  no se prohíben mientras se practiquen  dentro  de ciertos límites reguladores de las mismas, por ejemplo observando la  lex   artis,  que  las  muestran    como    adecuadas.    Otras    veces    están   proscri­tas  por la ley pero la costumbre y,  más    que    todo,    la    indiferencia    social,   les   facili­ta su vigencia. Esto da pie para que  se    distinga    el   peligro   normal   y  el  peligro  relevante  para  el  derecho penal.   

La  afirmación  de  que  el  autor  ha  producido     un    peligro    signi­fica  una  declaración  acerca  de la posibilidad de la relación  causal  entre una situación dada y otra posterior. Por eso la problemática del  peligro  esté  relacionada  con  la de la casualidad: todo resultado procede de  una   causa   y   toda   causa   produ­ce  un  resultado.  Pero  el  conocimiento que determinadas causas  pueden  producir, bajo determinadas condiciones, determinado resultado, y que el  mismo  puede  re­petirse  cuantas   veces   se   presenten   idénticas   condiciones,   necesita   de  la  experien­cia  que  se  adquiere  a  través  de  la  observación  de  los  fenómenos. Así es como se  establecen  las  leyes  de la naturaleza      cuyo      conocimiento      se     denomina     nomoló­gico, y que en el evento de comprender  todas       las       circunstancias      reales      del      fenó­meno    recibe    el   nombre   de  conocimiento  ontológico,  situación      absoluta      impo­sible   para   el  ser  humano  que  es  titular  de  una   ignorancia   necesaria  y  fatal  (Rocco);  él  solo puede comprender datos parciales de una realidad determinada  y unas pocas leyes de la naturaleza.   

Estas  limitantes,  se  ha  dicho  que el  peligro  es  hijo  de nuestra ignorancia             –Halschner–,  pero  también  de  nuestros  conocimientos  que  nos  permiten  atisbar   la   posibilidad   de  la  producción  de  un  acontecimiento  lesivo  –Petrocelli–,  son  la  base  del argumento que  sólo   puede   hablarse   de  un  jui­cio  (cálculo  valorativo) de probabilidad o de posibilidad en la  producción  de un daño, graduable en un sentido común o conocimiento medio (a  no  ser  que  el  au­tor  tuviera         conocimientos         especiales,         un        plus  de  saber),  y a realizar por el  Juez  (la  valoración  ex  ante  del  autor o un déficit de conocimientos solo  tienen   rele­vancia  a  efectos   del   dolo,   error,   imprudencia),   quien   puede  apoyarse  en  un  peri­to.  En  fin,  el  juicio  del  peligro  tiene  como  presupuestos:  la  relación causal entre dos  actuaciones  temporalmente  separadas,  y  el  grado exigible de probabilidad de  lesión;  y  se compone de una base nomológica (el conocimiento de las leyes de  la  naturaleza)  y  otra  ontológica  (el  conocimiento  de  las circunstancias  concretas            del            caso)23.   

Esta construcción de los tipos de peligro  significa  notorio avance de las barreras penales para la protección de algunos  bienes  jurídicos que de no ser así, quedarían en el limbo. Pero la filigrana  dogmática     ha     avanzado    de­masiado  reclamando harta atención y exquisito cuidado de quienes  ejercen  el  ius puniendi  pues  se  puede  en  un  momento  determinado  colocar  en  serios aprietos a la  seguridad  jurídica:  se  ha  instaurado  la clasificación de tipos de peligro  abstrac­to (Alemania) o  presunto  (Italia)  y  tipos de peligro concreto o efectivo. En los primeros (en  términos   de   Antolisei   y   Reyes)   el   riesgo  se  presume  juris    et    de    ju­re,  o  como  la sentencia el Tribunal  Supremo  Español (Prov. 30-10-1970), es presumido ex  lege,  y no se requiere, por tanto, la comprobación  judicial   de   su   efectiva   existencia,   como  sí  se  solicita  para  los  segundos.   

Sin  embargo,  en Derecho Penal no pueden  existir    presunciones    de    dere­cho  (Fontán  Balestra, Romero Soto, Rodríguez Devesa) que, como  es  bien  conocido,  son  aquellas  que  no admiten prueba en contrario, pues se  estaría    aplicando    el    proscrito    criterio   de   la   res­ponsabilidad  objetiva con lo que se  causaría  un  enorme  agravio  al  principio  de  culpabilidad al no permitirse  desvirtuar   por  el  autor  la  concreta  situación  cuando  era  asistido  de  probabilidades,  todo  lo  cual  lleva  a  Rodríguez Devesa a ser tajante en la  afirmación   que  desde  un  punto  de  vista  técnico  sólo  es  posible  la  configuración  del  peligro  concreto,  el  tipo de  injusto   no   admite   más   que   delitos   de  peligro  concreto.   

En  los  delitos  de peligro colectivo en  general,   señala   con   razón   Ramos   Tapia24,  lo característico de la  conducta  típica  es  que  sancionan  conductas que el legislador considera que  implican  la  creación  de  un  peligro  para  la  vida  o  integridad  de  una  colectividad  indeterminada  de  personas y un peligro indeterminado en cuanto a  los  resultados  lesivos,  pues  no  es  posible saber qué concretos resultados  podían  haberse  derivado  de la conducta peligrosa. Nos recuerda, además, que  si  el  peligro  creado  por  el  sujeto  puede  referirse a un objeto u objetos  determinados,   cuya   efectiva  lesión  se  ha  representado  el  sujeto  como  consecuencia  (sea  principal  o  accesoria)  de  su  acción,  entonces el tipo  aplicable  es  el de la correspondiente tentativa de delito doloso. El delito de  peligro  solo  subsistirá  en  concurso  ideal  de delitos con la tentativa si,  además  del peligro propio de la tentativa, se ha creado un peligro colectivo y  se  ha  producido un resultado de peligro concreto para personas distintas de la  víctima de la tentativa.   

Recientemente  la  Sala estipuló, con el  mejor  criterio  dogmático y en la línea de entendimiento que seguimos, que en  los  delitos  de  peligro  presunto no basta con realizar simple y llanamente el  proceso  de adecuación típica de la conducta para luego dar por presupuesta su  antijuridicidad,  pues  siempre  se  impone verificar si en el caso concreto tal  presunción  legal  es  desvirtuada  por alguna prueba en contrario, dado que de  ser  ello  así, el comportamiento no deviene antijurídico y sin tal categoría  dogmática,  la  conducta  no  configuraría delito25.   

3.2.            La  concreta situación de los  delitos medioambientales:   

El delito ecológico es así expresamente  categorizado  por  los  códigos  penales  de Austria, Suiza, Japón y USA, como  puesta    en    peligro   del   ambien­te, y por  la  doctrina  más  entendida, so pretexto de enriquecer el panorama penal de la  protección          del          ambiente26.   El   código  español  preconstitucional,  como se anotó, lo ubicaba entre los delitos de riesgo en general.   

De ahí la procedencia del pregón que al  contaminarse     el    ambiente    —resultado,    modificación    del    mundo   exterior—,  se  amenaza  o  pone en riesgo y  peligro   el   interés   colectivo   de   gozar  de  un  entorno  apto,  y,  de  conte­ra,  el  derecho  humano  fundamental  de  la  vida  (Artículos  79-82  y  11 de la Constitución  Política).   Por   eso  Gómez  Bení­tez lo distingue como delito de resultado-peligro.   

Al explicar los delitos de peligro, Reyes  apunta  que  se  trata  por  lo regular de intereses  colectivos  de tal importancia que el legislador no espera a que sean destruidos  para  sancionar  al  infractor,  si no que los defiende incluso de conductas que  tengan  poder  suficiente  para  afectarlos;  en estos casos basta, pues, que el  comportamiento  del  actor  sea idóneo para amenazar el bien jurídico, sin que  se  requiera  que  efectivamente lo haya lesionado. Y  coloca  como claro ejemplo  de     esta     especie     de    tipos    penales    el    envenena­miento  o  contaminación de aguas o  sustancias  destinadas  a  la  alimentación  (artículos  205 y 206 del Código  Penal  de  1980),  que  sanciona la conducta de quien  pone  en  peligro la vida del grupo social por el solo hecho de contaminar aguas  o  sustancias  alimenticias,  sin  esperar a que el consumo de éstas o aquellas  pueda        causar        real        daño27.   

Dígase        –además-   que  en  el  evento  de  producirse  lesión  al  bien  jurídico, se agrave la pena  e inclusive se  atribuya  concurso  delictual  cuando  la  conducta naturicida produzca lesiones  personales,  muertes  de  seres  humanos o daño en cosa ajena, etc. Así mismo,  que  se  incremente la pena en el caso que al agente lo impulse ánimo de lucro,  que se trate de dirigente o que se lesiona la salud pública.   

Los legisladores han acordado utilizar en  los  delitos  contra  el  medio  ambiente  la técnica de los delitos de peligro  concreto.  La opción de los tipos de peligro en este ámbito viene privilegiada  no   tanto   por   las   dificultades  probatorias28  de  identificación de la  fuente   del   daño,   que   en   efecto   existen,   como   por  la  decisión  político-criminal  de  adelantar  la  intervención  penal  a  la  fase  de  lo  peligroso,  en la convicción de que cuando se trata del medio ambiente, resulta  normalmente  afectado  por  procesos  largos  en el tiempo, en los que concurren  multitud   de   elementos  que  se  relacionan  recíprocamente  e  interactúan  mutuamente,  provocando  consecuencias  que  no  son  de  simple suma de las que  provocarían  cada  uno  de ellos, de modo que aquellas, con ser vaticinables no  pueden  ser  apriorísticamente  valoradas,  esperar  a  la  constatación de la  lesión,  y  pretender que los contornos del resultado lesivo sean abarcados por  el  dolo  del  sujeto,  es  tanto  como  garantizar  la impunidad y consiguiente  desprotección  del  bien  jurídico.  Por  ello,  frente  a  la  inhibición  o  criminalización  de  la  lesión en términos tan vagos que nada describirían,  resulta  preferible  el  recurso a tipos de peligro29.   

Aquí, con Terradillos Basoco30,  aclaramos  que la mera posibilidad de que se produzca un resultado no autoriza a  hablar  de  peligro,  pues  el  peligro se debe referir a la aminoración de las  condiciones  de  seguridad  en  que  se encuentra determinado bien jurídico. La  conducta  ha  de  manifestarse como peligrosa, es decir, idónea para afectar el  bien  jurídico.  Esto significa que para poder hablar de un peligro concreto es  preciso  demostrar que se produjo efectivamente la situación de peligro para un  objeto  material  o jurídico determinado. Así las cosas, una ausencia absoluta  de  peligro no ha desdeñarse, sino que debería dar lugar a la exclusión de la  tipicidad  pues  el  mismo  nunca  podrá  constituirse  en  presupuesto  de  la  punición.   

Para  la  vigencia  de  este  instituto  jurídico-penal  en un Estado Social y Democrático de Derecho, se debe limitar,  por  lo  general,  al  tipo  de  peligro concreto, previéndose que el juicio de  probabilidad  a  emitirse  por el Juez no resulta operación engorrosa dados los  avances      actuales      de      la     investigación     cientí­fica  y la existencia de expertos en  quienes       apoyarse,       brindándosele       en       compensa­ción  al  imputado valiosa ocasión  de  defensa.  Se debe, eso sí, clasificar el artículo 247 del Código Penal de  1980  como  tipo  de  peligro implícito   por   no   estar  explicitada  su  exigencia  en  la  norma,  y  establecerse   la   posibilidad  de  su  estructuración  como  de  peligro  duradero,  teniendo en cuenta  la   cronicidad   de   la   polución  y  los  fenómenos  de  laten­cia y acumulación, importantes para  efectos  de  concurso  o  agravantes  que  a la postre pueden brindar una salida  polí­tico-criminal  similar (igual dosimetría punitiva).   

4.                El   elemento   normativo  «ilícitamente»:   

La     expresión     «ilícitamente»,  utilizada  en  el  Decreto  100  de 1980 y en la Ley 491 de 1999, mutada en la legislación de 2000  por    el   incumplimiento   de   la   normatividad  existente,  en  principio  significa  que  cualquier  incumplimiento  de  la  normatividad  existente que conduzca a la contaminación  ambiental,  es  decir,  a la afectación del objeto señalado, será penalizada.   

El      elemento     ilícitamente comprende los siguientes  aspectos:   i)  que  al  estar  la  actividad  contaminante  contemplada  en  un  reglamento,  la  conducta  la  desborde; ii) que la conducta tenga significancia  para  la  vida  social;  y,  iii)  que  así  sea  ab  initio lícita la actividad, se tome en lo contrario  por violar derechos ajenos.   

Así  tenemos que, por ejemplo, cuando se  realizan  “trabajos  y obras de exploración y explotación de minerales en el  fondo  y  subsuelo de las aguas marinas sometidas a la jurisdicción nacional se  ajustará  a  todas  las regulaciones internas sobre preservación, mitigación,  corrección   y   manejo   del   medio   marino”31,  so  pena de incumplimiento    de    la    normatividad   existente que puede hacer la conducta típica.   

Todo lo expuesto impide aceptar criterios  doctrinales  antaño  extendidos,  como el defendido por Jiménez de Asúa, para  quien  si se admite la instalación de una industria,  se  deduce  que los peligros resultantes de ella, y más los ruidos y molestias,  que      son      oriundos     de     su     normal     funcionamien­to,          no          son  antijurídicos32,  porque  en poblaciones y  ciudades  que  no tienen definida zona industrial, en cualquier parte se colocan  talleres  y factorías, que en sí representan actividades lícitas, pero que al  entrar a vulnerar derechos ajenos se tornan ilícitas.   

5.                    El     suelo   como   objeto   material  del  delito:   

El  legislador señaló como objeto sobre  el  que  recae  la  acción  el  ambiente,  con  lo  que  la acción de contaminar debe producir efectos en  objetos  tales  como  el aire, la atmósfera o demás  componentes  del  espacio  aéreo,  el  suelo,  el  subsuelo, las aguas o demás  recursos  naturales  en  tal  forma  que  ponga en peligro la salud humana o los  recursos  fáunicos,  forestales,  florísticos  o  hidrobiológicos,  que  en  términos  generales constituyen el medio ambiente, de  modo que estos elementos constituyen el objeto material del tipo.   

El      término     suelo  deriva  del latín solum   que   significa  base,   tierra   en   que   se   vive.  El  suelo  está  constituido  por  la acumulación  de  partículas  minerales y de materiales orgánicos  que  forman  una capa superficial sobre grandes extensiones de la superficie del  globo terráqueo:   

“El suelo es una estructura dinámica  formada  por  materiales  orgánicos  y  minerales.  Se  encuentra  cubriendo la  corteza  terrestre.  Sirve  de  soporte  a  las  plantas  y  les proporciona los  elementos  nutritivos  necesarios  para  su  desarrollo.  El suelo está formado  básicamente     por     sustancias     en    estado    sólido,    gaseoso    y  coloidal”.   

Geológicamente se define el suelo como el  material  no consolidado o semiconsolidado compuesto de la mezcla de partículas  de   diferentes   tamaños,   minerales   y   compuestos   litológicos,  y  con  heterogéneas  cantidades  y  clases  de  materias  orgánicas que se encuentran  sobre  la  corteza  terrestre  como  ser:  guijarros,  arenas,  limos, arcillas,  materiales  turbosos,  etc.  La  capa  superficial de la tierra rica en material  orgánico,  se  designa con el nombre de capa vegetal. Los suelos derivan de las  rocas  que  por  los  procesos geológicos (tectonismo) originan que la roca sea  fracturada  o  plegada  luego por los procesos de alteración. Esta mutación no  alcanza  un  estado  de  equilibrio  permanente  pues  continuamente intervienen  agentes   o   factores   de  formación  que  van modificando o cambiando las características físicas y  químicas  del  suelo.  La  roca  madre,  que se convierte en suelo puede ser de  origen ígneo, sedimentario o metamórfico.   

Una   de  las  fuentes  principales  de  contaminación    ambiental    del    suelo    está    constituida    por   los  plaguicidas33,  siendo  los  principales  el DDT, HCH y DNOC. La producción de  plaguicidas,  que  siempre  va  en  aumento,  ha tenido efectos benéficos en la  salud  y la agricultura, pero ha reducido algunas especies de insectos útiles y  contribuido,  así,  a  la  aparición  de  nuevas  plagas, y varias especies de  insectos  se  han vuelto resistentes. Pero lo más grave es que estos compuestos  son  arrastra­dos por las  aguas,   causando  la  muerte  de  peces  y  aves,  destruyendo  su  alimento  y  contaminando    la    alimentación    del    hombre.    El   DDT   —el   más   utilizado—, se encuentra en el tejido adiposo  de  muchos  animales; es resistente a la degradación química y bioquímica; el  25%  es  arrastrado  al  mar  con  las  consecuencias anotadas, y hay quienes le  atribuyen  propiedades cancerígenas y mutagénicas34.   

Por  la gravedad del impacto que producen  los  plaguicidas  en  el suelo es que normativamente, Decreto 1449 de 1977, art.  7º,  se  dispone  con relación a la protección y conservación de los suelos,  que  los  propietarios de los predios deben usarlos de acuerdo a sus condiciones  manteniendo  su integridad física y su capacidad productora, utilizar técnicas  adecuadas  de  cultivos  y  manejo de suelos, y en general mantener la cobertura  vegetal de los terrenos, etc.   

Artículo 7°:  En  relación con la protección y conservación de los suelos, los propietarios  de predios están obligados a:   

–Usar  los  suelos  de  acuerdo  con sus  condiciones  y factores constitutivos de tal forma que se mantenga su integridad  física  y su capacidad productora, de acuerdo con la clasificación agrológica  del  IGAC  y  con  las  recomendaciones  señaladas  por  el  ICA,  el IGAC y el  INDERENA.   

–Proteger  los suelos mediante técnicas  adecuadas  de  cultivos  y  manejo  de  suelos,  que  eviten  la  salinización,  compactación,  erosión, contaminación o revenimiento y en general la pérdida  o degradación de los suelos.   

–Mantener  la  cobertura  vegetal de los  terrenos  dedicados  a  ganadería,  para  lo  cual se evitará la formación de  caminos  de  ganado  o  terracetas  que  se  producen  por sobrepastoreo y otras  prácticas  que  traigan  como  consecuencia  la  erosión o degradación de los  suelos.   

–No  construir  o  realizar  obras  no  indispensables  para  la  producción agropecuaria en los suelos que tengan esta  vocación.   

–Proteger  y  mantener  la  vegetación  protectora  de los taludes de las vías de comunicación o de los canales cuando  dichos  taludes estén dentro de su propiedad y establecer barreras vegetales de  protección  en  el  borde  de  los mismos, cuando los terrenos cercanos a estas  vías  o  canales  no  puedan  mantenerse todo el año cubiertos de vegetación.   

–Proteger y mantener la cobertura vegetal  a  lado  y  lado  de las acequias en una franja igual a dos veces el ancho de la  acequia.   

Estudios   publicitados  por  entidades  oficiales35  y realizados en los suelos del Departamento de Boyacá dedicados  a  la producción de papa, han permitido comprobar los efectos detrimentales del  aldicarb      y      carbofuran     sobre  poblaciones  de  microartrópodos,  siendo  patente que las  actividades   tanto  legales  como  ilegales,  conjuntamente  con  los  derrames  accidentales,  pueden  representar  efectos  no  pensados en los consumidores de  alimentos  y  de aguas y en aquellos trabajadores estrechamente relacionados con  los plaguicidas.   

En el documento que acabamos de citar, en  el  aparte  titulado Efectos de los plaguicidas sobre  el  medio  ambiente  y  la  salud, se destaca que es  útil  separar  los  efectos  externos  en  la  salud en el corto plazo (efectos  agudos)  y  los  del  largo  plazo  (efectos crónicos). Los efectos en el corto  plazo   en   la  salud  humana  incluyen  enfermedades  e  incluso  muertes  por  exposición  accidental  o  fortuita,  mientras  que  los  efectos crónicos son  mutagénicos,     oncogénicos     (tumores),     y    neurológicos36.   

6.            La  legislación anterior a la  Constitución  de  2000  y la necesidad de interpretarla de acuerdo a los nuevos  postulados Supremos:   

6.1. Las normas superiores sobre derechos  fundamentales  y  medio  ambiente  han  conducido  a  una  nueva concepción del  individuo,   ubicado   en   un   espacio  determinado  y  determinable  por  sus  características  y  singularidades en materia de recursos naturales, las cuales  contribuyen  a  diferenciarlo  según su relación con el entorno que lo rodea e  implica  una  decidida  protección  del medio ambiente en el que se desarrolla,  protección  que dada su importancia se categoriza como principio fundamental en  el  Estado  Social  de  Derecho  y  se  consagra  de  manera expresa en la Carta  Política   como   principio   superior,  cuya  realización  ha  de  concebirse  armonizada   con   la   de   los   demás  principios  de  la  Carta37.   

6.2.  La  defensa del medio ambiente y su  integridad   constituye  un  objetivo  de  principio  dentro  de  la  actual estructura de nuestro Estado Social de Derecho. En cuanto  hace  parte  del entorno vital del hombre, indispensable para su supervivencia y  la  de  las generaciones futuras, el medio ambiente se encuentra al amparo de lo  que  la jurisprudencia ha llamado “Constitución ecológica”, conformada por  el  conjunto  de disposiciones superiores que fijan los presupuestos a partir de  los  cuales  deben  regularse las relaciones de la comunidad con la naturaleza y  que,  en  gran  medida, propugnan por su conservación y protección38.   

6.3.   La  Carta  Fundamental  de  1991  comprende   casi   cuarenta   artículos  del  texto  permanente  y  cuatro  del  transitorio39,   integrando  en  concepción  renovada  contenidos  políticos,  sociales,  económicos,  ecológicos y culturales, a los que dio piso sólido en  las   tres   ramas   del   Poder   Pú­blico   y   en   los   Organismos   de  Control  (Procuraduría  y  Contraloría)   y   territoriales,   previendo   mecanismos  de  financiamiento,  democratización  y  participación  en los sistemas de dirección y decisión y  de  protección  del derecho, concibiéndose la protección del ambiente como el  eje  principal  de  una nueva forma de desarrollo cultural, social, económico y  ecológi­co    del  País.   

III. Críticas y conclusiones:  

A   modo  de  epílogo  resaltamos  las  siguientes consideraciones críticas sobre la decisión de la Sala:   

Frente  a  los  hechos  y  pruebas  que  corresponden  al asunto sometido a decisión, desde mi particular punto de vista  considero  que  la  decisión  de  la  Sala  no  fue  acertada  de acuerdo a los  siguientes cuestionamientos:   

1°.                   Prueba     de     La  Contaminación:   

En  la  diligencias  sí aparecen pruebas  legal  y  oportunamente  aportadas  que  demuestran  la realización de acciones  específicas    correspondientes    a    la   infracción   típica   denominada  contaminación ambiental.   

El  estudio  del  proceso  nos  permite  constatar  la  existencia  de  las siguientes pruebas que producen certeza o que  nos  alejan de cualquier duda sobre la perpetración de acciones que se enmarcan  dentro     de     lo    que    describe    el    verbo    rector    contaminar:   

a).      Documentos40   que  acreditan   la  muerte  de  un  semoviente.  Se  estableció  como  diagnóstico  presuntivo  su  muerte por intoxicación y como hallazgo importante la presencia  en   el   organismo   del  animal  de  carbofurán41,  compuesto  presente  en  insecticidas carbámicos.   

b).  Peritaje  practicado por funcionario  del  laboratorio  de toxicología del Instituto Nacional de Medicina Legal en el  que  señala  la presencia de organofosforados en empaques hallados en el predio  El Imperio, situado en la  vereda   Chinatá   del   Municipio   de   Chocontá,   Cundinamarca42.   

c).  Informe  de fecha de 23 de noviembre  de1998,  rendido por perito forense vinculado al laboratorio de toxicología del  Instituto   Nacional   de   Medicina   Legal:   identificó   la   presencia  de  clorpirifos43  (organofosforados) en una bolsa plástica de Ridomil44,  encontrada      en     el     predio     citado45.   

d).   Placas  fotográficas46   que  permiten   observar   pozos   de   agua  y  el  suelo  del  predio  El  Imperio  con basura consistente en  empaques    de   agroquímicos   y   plaguicidas   de   diferente   composición  química.   

e).   Acta  de  visita  al predio de  propiedad  del  denunciante,  de  fecha  4  de  marzo  de 1997, realizada por un  funcionario  de  la  Secretaría  de  Salud  de Cundinamarca, en la que se dejó  constancia  de  la  presencia  de  gran  cantidad  de  empaques  que  contenían  sustancias   agroquímicas  y  químicos  tóxicos47.  Similares  conclusiones  fueron  obtenidas  de  la inspección judicial practicada el 20 de junio de 1997  por  la  Fiscalía  (Folios  61-62  c.o. 1) y el informe del CTI, de fecha 19 de  marzo  de 1997, suscrito por el técnico judicial Gustavo Bermúdez García, que  da cuenta de lo mismo (folio 412-414, c.o. 2). Y,   

f). Testimonios y la versión injurada del  procesado  con las que se confirma que en el predio fueron diseminados productos  químicos  de  diferente  naturaleza,  entre  ellos  plaguicidas  con importante  contenido  tóxico,  y  que  los  envases  y  empaques  de  los mismos no fueron  recolectados ni dispuestos finalmente de manera adecuada.   

Las pruebas nos ponen frente a hechos que  demuestran  fehacientemente  que  en  el  manejo  de  plaguicidas  por parte del  procesado,  se  incumplieron  gravemente las normas48  con  las  que  se  busca  evitar  que  se  afecten la salud de la comunidad, la sanidad animal y vegetal o  causen  deterioro  del  ambiente,  lo que ocurrió a pesar de tener conocimiento  sobre  la  peligrosidad  de los productos utilizados en faenas agrícolas por su  toxicidad.   

2°.            Conducta ejecutada a título de  dolo               eventual:   

Las   características  personales  del  procesado,  individuo  que  para  la  época  de  los  hechos  tenía  una  edad  aproximada  a  los  60 años de edad, siempre dedicado a la agricultura, oriundo  de  la  región  en  la  que  ocurrieron los hechos investigados, nos evidencian  estar  ante  una persona curtida en las actividades agropecuarias y por lo tanto  ducha  en  la  utilización  de  productos destinados a los fines propios en las  faenas agrícolas.   

Las  reglas  de  la  experiencia sobre el  conocimiento  ajeno,  nos sirven para determinar, a partir de la concurrencia de  los  datos  externos señalados en precedencia, qué es lo que se representó el  indagado  en  el  momento  de  llevar a cabo la conducta investigada y cómo tal  conocimiento  se  debe  predicar  como  concreto respecto del peligro que estaba  creando49.   

Así tenemos que la acción del procesado  fue  desarrollada  de  manera  consciente      y      voluntaria,       esto      es      dolosamente,      pues      conociendo   que   la   utilización  inadecuada  de  los plaguicidas genera efectos nocivos para el medio ambiente, y  que  los  residuos  y  bolsas  o  envases que los contienen deben ser dispuestos  adecuadamente  so  pena  de  impactar  negativamente  en los recursos naturales,  voluntariamente  no  le  importó  que ello ocurriera y dejó esparcidos en el predio rural los envases y  empaques,  impregnados  de  tóxicos  y  sin  realizar  el  tratamiento  de  los  desechos,   desatendiendo   las   reglas  que  impone  el  manejo  de  productos  peligrosos50.   

El  dolo  desplegado  por el procesado se  concreta  en el conocimiento y representación de los hechos, fundamento lógico  para  la  incriminación de la volición. Por la larga experiencia en las faenas  agropecuarias,  el  acusado  realizó  la acción delictiva pues su conocimiento  precedente  le  permitía  prever  que con su comportamiento causaba daños a la  naturaleza,  siendo lo representado aceptado en su voluntad. No cabe duda que el  acusado    previó   la   posibilidad   de   que   el   resultado   –puesta   en   peligro   del   bien  jurídico–    se  verificara  y  a pesar de ello actuó, aceptando el riesgo de producción de tal  peligro,  de  donde  se  tiene  ejecutado  un  comportamiento bajo la figura del  denominado dolo eventual.   

Resulta  claro que el procesado anduvo en  una  situación  de  absoluta  indiferencia  con  relación  al  manejo  de  los  plaguicidas  y  la  disposición  final de los empaques o envases de los mismos,  aceptando  el  riesgo  de  producción de una situación de peligro para el bien  jurídico  medio  ambiente, con lo que su comportamiento se encuadró en el tipo  de  contaminación  ambiental  a  título  de  dolo  eventual. En fin: el factor  volitivo  propio  del  dolo se concretó en la «decisión» del autor en contra  del bien jurídico y a favor del injusto.   

3°.            La contaminación ambiental es  un  tipo  de  peligro  y  de         mera         actividad:   

El tipo penal de contaminación ambiental  es  de  peligro,  lo  que  equivale  a  decir  que  su  realización no exige la  transformación  del  mundo  exterior  y menos la alteración efectiva del medio  ambiente.  Así  mismo,  en  atención al bien jurídico tutelado se trata de un  delito  de mera conducta, porque la afectación del interés protegido ocurre en  forma paralela a la ejecución de la conducta.   

Recuérdese que en los delitos de peligro  no  se  exige  que  real  o  materialmente  se  destruya  el  bien jurídico; el  legislador  castiga  la  puesta  en  peligro de un bien jurídico. Esta clase de  delitos  se  consideran  consumados  cuando  el  sujeto  crea  una situación de  riesgo,  un  peligro  constatable para el bien penalmente protegido, de modo que  supone  la  existencia  de  un  riesgo  que  se deriva de la acción, el peligro  aparece  incorporado  como  elemento  del  tipo,  de  modo  que hace parte de la  acción.   

No  es  posible  tener  la contaminación  ambiental,  ni  antes  ni ahora, como delito de lesión, pues ello significaría  que  la  intervención  del  derecho  penal  sólo sería posible cuando se haya  producido  el  resultado  lesivo  a  la  naturaleza.  En  tales condiciones, por  ejemplo,  esparcir venenos o elementos altamente contaminantes en el suelo o las  aguas  no  sería  delito hasta tanto el suelo, el recurso hídrico o la fauna y  flora  acuática  estén  afectados.  Tal  planteamiento,  equivocado, es el que  permite  a  la Corte concluir que la contaminación del predio conocido en autos  no  es punible. De tal modo la intervención del derecho penal aparece tardía e  inoportuna,   desvirtuándose   con   ello   sus   propósitos   de  prevención  general.   

Para  que exista contaminación ambiental  no  es  esencial  que  se  aprecie  un  daño ambiental a los recursos naturales  visible  en tanto sea apreciable por cualquiera, pues tal daño ontológicamente  perceptible  puede  resultar  invisible  al  ojo humano toda vez que los efectos  nocivos  para  el  ambiente  se  pueden  empezar  a  generar  a  mediano o largo  plazo.   

4°.              Presupuestos  del  tipo  de  contaminación ambiental:   

Son    presupuestos    –se   repite-  para  considerar  la  realización  de  la  conducta  delictiva  de  contaminación  ambiental, en los  términos  del Código Penal de 1980: (i) que se ponga en peligro de alteración  el  medio  ambiente,  (ii)  que  la  contaminación generada por la conducta del  sujeto  agente  desconozca  los  límites  legalmente permitidos o racionalmente  tolerados,  y  (iii)  que  la  contaminación  causada tenga aptitud para causar  daño  o  simplemente  poner  en  peligro  los  recursos  naturales  o  el medio  ambiente, entendidos ambos conceptos en su acepción más amplia.   

5°.            Supuestos de aumento del riesgo  que encuadran en el tipo de contaminación ambiental:   

Dejar  abandonados en un predio envases y  empaques   de   productos  químicos  utilizados  en  el  control  de  plagas  y  enfermedades  por sí solo constituye infracción típica que se debe considerar  como  contaminación  ambiental, pues ello implica una puesta en peligro al bien  jurídico.   

Tal  comportamiento  resulta  punible  en  atención  a  que  aparece  prohibido  expresamente  por  el  Código  Sanitario  Nacional,  artículo  144 de la Ley  9ª de 1979, de donde se desprende que  la  disposición  inadecuada  de tales envases y empaques se debe calificar como  realizadora de un aumento del riesgo permitido.   

El  manejo  de  plaguicidas  y venenos es  tolerado  dentro  de  ciertos niveles de riesgo y para ello se expiden estatutos  que  regulan  las  condiciones  en  que  se  pueden manipular tales substancias;  igualmente,  las  personas  que los manejan necesariamente son conocedoras de la  peligrosidad  que  representa  el manejo impropio de los mismos. Así las cosas,  quien  desatiende  las  recomendaciones  que  se  publicitan sobre la forma como  deben  ser  manejados tales productos y/o incumple las pautas que regularizan la  forma  como  se  debe  realizar  la  disposición de los recipientes, actúa por  fuera   del   riesgo   socialmente   tolerado,  esto  es,  el  riego  permitido,  convirtiéndose  el  sujeto  que  procede  de  tal manera en infractor de la ley  penal  por  generar  o suscitar una situación de peligro presente y futura para  el  medio  ambiente; es decir, con una tal conducta se engendran las condiciones  propicias  para  degradar  la  naturaleza  y, con ello, favorece las condiciones  incompatibles y perjudiciales para la vida en general.   

6°.              Lógica  formal  y  justicia  material:   

Cuando  un  razonamiento en su estructura  puramente  formal,  resulta  inobjetable,  como  lo  es un silogismo en su forma  estándar   –premisa  mayor   (regla  o  norma),  permisa  menor  (el  caso  o  supuesto  fáctico)  y  conclusión        (la        decisión        o        conclusión)–,   en   todo   caso   puede   ser  cuestionado  en  su  validez  por  razones  de  justicia material y criterios de  verdad  real,  por  lo  que  no resulta aceptable que el funcionario judicial se  conforme  con  las  simples  formas  a  la  hora de enfrentar la solución de un  problema jurídico.   

Además: cuando de lógica formal se trata  hay   que   examinar   si   el  sujeto  y      el     predicado        nos        conducen        a        un        concepto  cierto, acertado o verdadero  pues  la  mente  procesa unas operaciones que permiten su validez o la negación  del  mismo.  En  el  presente caso, el silogismo es falso porque el concepto          contaminación   ambiental  no  es  el  correcto,  es inconsistente y distante de lo que se reclama por la Constitución  Política   y   el   afán  de  protección  que  brinda  el  legislador  penal;  infortunadamente  la  Sala  acogió  uno  que  permite  la  destrucción  de los  recursos  naturales  y sólo cuando ello ha ocurrido se permite la intervención  punitiva.   

Visto    que    los    conceptos  son  fundamentales  para la  calificación  de  la  norma  jurídica,  no  otra  cosa  puede  resultar  de la  utilización  de  conceptos  erráticos  que  la  elaboración  de  proposiciones falsas, de manera que el  razonamiento  utilizado resulta inaceptable a la luz de las expectativas humanas  de propender por la defensa del medio ambiente.   

En   estas  condiciones,  el  silogismo  correcto  a  construir  debía tener como (i) premisa  mayor   la   norma   que   define   el   delito  de  contaminación  ambiental, concepto cuya comprensión se debe hacer de cara a la  Constitución   de  1991  y  según  los  mejores  desarrollos  dogmáticos  que  decididamente   señalan  tal  tipo  como  de  peligro;  (ii)  una  premisa  menor,  el supuesto fáctico,  demostrado  en  los  términos  del  abundante,  claro,  uniforme  e inequívoco  material  probatorio con el que se constata que el medio ambiente fue gravemente  agredido  y en consecuencia alterado, con lo que irremediablemente se tenía que  llegar     a     (iii)    inferir,    deducir    o  concluir  que el procesado realizó materialmente la  conducta  típica,  razón  suficiente  para  imponerle  la pena señalada en la  ley.   

Queda   dicho   que   la  sentencia  es  inaceptable  a  la  luz  de  la  lógica por utilizar conceptos contrarios a los  valores,  principios y derechos fundamentales que consagra la Carta Política de  199151,   razón  de  peso  para  señalar  que,  en  consecuencia,  tal  decisión  choca  contra los más elementales criterios de justicia material que  tienen  realización  en tanto en cuanto los jueces en sus decisiones tienen que  buscar    y   realizar   acciones   –interpretar                y                sentenciar–  en  la búsqueda de justicia y de  un orden justo.   

La   degradación   del  planeta  está  afectando  y  poniendo  en  peligro la vida de todas las especies, incluyendo la  humana.  Hechos  como  los que fueron objeto de juzgamiento están contribuyendo  al  cambio climático, el  cual,  como  se  dice en el Informe Stern,52  afectará  los  elementos  básicos  de  la  vida de personas de todas partes del mundo -el acceso al agua,  la  producción  de alimentos, la sanidad y el medio ambiente-, siendo necesario  que   la  sociedad  tome  consciencia  de  lo  que  está  ocurriendo,  que  los  industriales   y   empresarios  ejecuten  acciones  que  permitan  conciliar  el  desarrollo  y  el  crecimiento  económico  con  la  vigilancia y protección al  ecosistema  y  que  el  Estado intervenga utilizando todos los medios de control  social  a  su  alcance,  entre  los  cuales  aparece  legitimada  y necesaria la  participación    del    ius   puniendi.   

Por todo lo dicho es que el bien jurídico  penal  medio  ambiente  y  recursos  naturales  se  identifica  con  el  derecho  fundamental  a un ambiente sano, el cual desde la perspectiva internacional debe  ser    considerado    como    delito    de    lesa  humanidad,  paralelo  al  genocidio, la tortura, las  desapariciones  forzadas  o  las  ejecuciones  sumarias,  pues corresponde a una  clase  de  embestida  que lesiona y agota el medio en donde el hombre desarrolla  su vida social.   

La protección del medio ambiente, como lo  señala      la      Corte      Constitucional53,   

no  es un “amor platónico hacia la madre  naturaleza”,  sino la respuesta a un problema que de seguirse agravando al ritmo  presente,  acabaría planteando una auténtica  cuestión de vida o muerte:  la  contaminación de los ríos y mares, la progresiva desaparición de la fauna  y  la  flora,  la conversión en irrespirable de la atmósfera de muchas grandes  ciudades  por  la  polución,  la  desaparición  de la capa de ozono, el efecto  invernadero,  el  ruido, la deforestación, el aumento de la erosión, el uso de  productos  químicos,  los  desechos industriales, la lluvia ácida, los melones  nucleares,  el  empobrecimiento  de los bancos genéticos del planeta, etc., son  cuestiones  tan  vitales  que merecen una  decisión firme  y unánime  de  la  población  mundial.   Al fin y al cabo el patrimonio natural de un  país,  al  igual  que  ocurre  con  el histórico – artístico, pertenece a las  personas  que  en  él viven, pero también a las generaciones venideras, puesto  que  estamos  en  la  obligación  y el desafío de entregar el legado que hemos  recibido en condiciones óptimas a nuestros descendientes.   

Teniendo  presente  que  la Constitución  impone  al  Estado el deber de proteger la diversidad  e  integridad  del  ambiente  y  conservar  las  áreas  de especial importancia  ecológica,    —art.  79—,  planificar el manejo y aprovechamiento de los recursos naturales  para  garantizar  su  desarrollo  sostenible,  deberá  prevenir y controlar los  factores   de   deterioro   ambiental,   su   conservación,   restauración   o  sustitución,     e     imponer     las     sanciones    legales    —art.         80—,  que  se  hace en relación y con  fundamento  en  todos  los  seres  de la naturaleza, entre ellos los humanos, se  tiene  que  concluir  que  el  bien jurídico penalmente protegido está atado a  la  protección tanto del equilibrio de los recursos  humanos  como  de  la biodiversidad, a los seres humanos, pues la Carta señaló  como  uno  de  los  derechos  fundamentales  el  de  disfrutar  de  un  ambiente  sano54.   

Dado  que  el  bien  jurídico  que  se  resguarda  con  el  tipo  penal  de contaminación ambiental -digno, merecedor y  necesitado  de  protección-,  busca  mantener  las  propiedades de los recursos  naturales   y   del   medio  ambiente,  procurando  que  los  mismos  no  sufran  alteraciones  o,  lo que es lo mismo, que tales bienes se mantengan dentro de la  estabilidad        normal        que        permita        su       resilencia (capacidad de recuperación  de  un  sistema  natural  o  rapidez  en  que  un  ecosistema vuelve a su estado  anterior  después  de haber sido perturbado y desplazado de su estado original)  y  resistencia (capacidad  del  sistema  natural de impedir la propia perturbación), es evidente que en el  presente  proceso  aparece demostrado que fue objeto de lesión por la puesta en  peligro  a  la  que  fue  sometido,  motivo  adicional  para  la casación de la  decisión  referida,  como así mismo lo solicitó de manera categórica el  Agente del Ministerio Público.   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado.  

Fecha   ut  supra:   

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con el acostumbrado respeto que me merecen  las  decisiones  de  la Sala, presento a continuación las razones de mi disenso  con  la determinación adoptada por la mayoría de no casar el fallo emitido por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cundinamarca, mediante la cual  confirmó  la  decisión del Juzgado Penal del Circuito de Chocontá de absolver  a     VÍCTOR     MANUEL     UMBARILA     del     delito     de     Contaminación ambiental.   

Es necesario anotar que sin reserva alguna  me  adhiero  a  la  muy importante exposición que hace sobre la materia el H.M.  Dr.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS en su salvamento de voto, pues no sólo es amplio  en  los  argumentos,  sino que sus enseñanzas nos muestran la razón mucho más  si  se  tiene en cuenta que el doctor RAMÍREZ BASTIDAS, como el que más, es el  maestro  en  la  materia, como lo deja ver en su exposición y como se deduce de  la  lectura de sus obras jurídicas sobre el delito ecológico, las que van más  allá   de   exposiciones   sobre   el   tema   de   escritores   colombianos  y  foráneos.   

Como bien podemos anotar, la Constitución  Política  de  Colombia  de  1991  ha  sido  llamada  por la jurisprudencia y la  doctrina          la         “Constitución  Ecológica”,   porque   en  cerca  de  49  de  sus  artículos   se   hace   referencia   al   medio   ambiente  y  a  los  recursos  naturales.   Es  así  como  el  artículo  79  consagra  que  “Todas  las  personas  tienen  derecho  a  gozar  de un ambiente  sano”,  para lo cual el Estado deberá “proteger  la  diversidad  e  integridad del ambiente, conservar  las  áreas  de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el  logro  de  estos fines”, al paso que el artículo 80  prevé  que  el  Estado  “planificará el manejo y  aprovechamiento  de  los  recursos  naturales,  para  garantizar  su  desarrollo  sostenible,   su   conservación,  restauración  o  sustitución”,  debiendo para el efecto “prevenir y  controlar  los  factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y  exigir  la  reparación  de  los  daños causados” y  cooperar  con  otros  países para la protección de los ecosistemas situados en  las  zonas  fronterizas, y el artículo 95, numeral 8°, señala como uno de los  deberes  de  la  persona  y del ciudadano “Proteger  los  recursos  culturales  y naturales del país y velar por la conservación de  un ambiente sano…”   

Sin  embargo,  el medio ambiente empezó a  ser  objeto  de  protección  antes de la Carta Magna, pues desde la expedición  del  Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio  Ambiente   (Decreto-Ley   2811   de   1974)   se   le   consideró  “patrimonio  común”, por lo que el  Estado  y  los particulares debían participar en su preservación y manejo, por  ser  de  utilidad  pública  e  interés social (artículo 1°), siendo el medio  ambiente  “necesario  para  la  supervivencia y el  desarrollo  económico  y  social  de  los pueblos”,  motivo por el cual con tal código se buscaba:   

“1.   Lograr   la   preservación   y  restauración  del  ambiente  y  la  conservación,  mejoramiento y utilización  racional  de  los recursos naturales renovables, según criterios de equidad que  aseguren   el   desarrollo  armónico  del  hombre  y  de  dichos  recursos,  la  disponibilidad  permanente  de  éstos  y la máxima participación social, para  beneficio  de  la salud y el bienestar de los presentes y futuros habitantes del  territorio nacional.   

(…)  

3. Regular la conducta humana, individual  o  colectiva  y  la  actividad  de  la  Administración  Pública,  respecto del  ambiente  y de los recursos naturales renovables y las relaciones que surgen del  aprovechamiento  y conservación de tales recursos y de ambiente.”  (artículo 2°)   

Acorde  con  tales  objetivos,  el código  regula  (i)  el manejo de los recursos naturales renovables, (ii) la defensa del  ambiente  y  de  los  recursos  naturales renovables contra la acción nociva de  fenómenos  naturales,  y (iii) los demás elementos y factores que conforman el  ambiente  o influyan en él, denominados “elementos  ambientales”,  como los residuos, basuras, desechos  y desperdicios (artículo 3°).   

Por esto, en el artículo 8° ibídem  se  consideran  factores  que  deterioran  el  ambiente,  entre  otros,  “a).  La  contaminación  del  aire,  de  las  aguas,  del  suelo y de los demás recursos  naturales  renovables”,  debiéndose  entender  por  contaminación  “la  alteración  del ambiente con  sustancias  o  formas  de  energía puestas en él, por actividad humana o de la  naturaleza,    en    cantidades,    concentraciones   o   niveles   capaces  de  interferir el bienestar y  la  salud  de  las  personas,  atentar  contra  la flora y la fauna, degradar la  calidad   del   ambiente   de   los   recursos   de   la   nación   o   de  los  particulares”   (subrayado  no  original),  y  por  contaminante  “cualquier elemento, combinación de  elementos,  o  forma  de  energía  que  actual  o potencialmente pueda producir  alteración    ambiental   de   las   precedentemente   descritas”,   pudiendo   ser   la   contaminación  de  índole  “física,  química  o  biológica”  (incisos    primero    y    segundo    del   literal   “a”   del   artículo  citado).   

De ahí que, acorde con lo consagrado en el  literal  “a” del artículo 34 del aludido Código, en el manejo de residuos,  basuras,  desechos  y  desperdicios  se  deben  observar, entre otras reglas, la  utilización  de  los mejores métodos, “de acuerdo  con  los  avances  de  la  ciencia  y  la  tecnología,  para  la  recolección,  tratamiento,  procesamiento  o disposición final de residuos, basuras, desechos  y   desperdicios”,   teniendo   la  investigación  científica    y    técnica,    según    el   literal   “b”   ídem,   el   deber   de  “1°  Desarrollar  los  métodos  más adecuados para la defensa  del  ambiente,  del hombre y de los demás seres vivientes.  2° Reintegrar  al   proceso  natural  y  económico  los  desperdicios  sólidos,  líquidos  y  gaseosos,  provenientes  de  industrias,  actividades  domésticas o de núcleos  humanos  en  general…  4°  Perfeccionar y desarrollar nuevos métodos para el  tratamiento,  recolección,  depósito  y  disposición  final  de  los residuos  sólidos,     líquidos     o     gaseosos     no    susceptibles    de    nueva  utilización”.   

Del  mismo  modo,  para  la disposición o  procesamiento  final de las basuras se deben utilizar preferiblemente los medios  que  permitan  “Evitar el deterioro del ambiente y  de     la     salud     humana”     (artículo 36).   

Como  se  evidencia  de  las  anteriores  disposiciones,  el  código trató de manera amplia y precisa todos los aspectos  en  busca  de  la  conservación  o  mantenimiento de un ambiente sano, hasta el  punto   de   referir   en   los  artículos  178,  179  y  178  el  “suelo  agrícola”,  normas  éstas  que son del siguiente tenor:   

“ARTICULO  178.  Los  suelos  del  territorio nacional deberán  usarse de acuerdo a sus condiciones y factores constitutivos.   

Se  determinará  el uso potencial de los  suelos  según  los  factores  físicos,  ecológicos  y  socioeconómicos de la  región.   

Según   dichos  factores  también  se  clasificarán los suelos.   

ARTICULO 179. El aprovechamiento  de  los  suelos  deberá efectuarse en forma de mantener su integridad física y  su capacidad productora.   

En  la  utilización  de  los  suelos  se  aplicarán  normas  técnicas  de manejo para evitar su pérdida o degradación,  lograr su recuperación y asegurar su conservación.   

ARTICULO  180. Es deber de todos  los   habitantes   de   la  República  colaborar  con  las  autoridades  en  la  conservación y en el manejo adecuado de los suelos.   

Las  personas  que  realicen  actividades  agrícolas,  pecuarias,  forestales  o  de infraestructura, que afecten o puedan  afectar  los  suelos,  están  obligadas  a  llevar  a  cabo  las  prácticas de  conservación   y   recuperación   que   se   determinen  de  acuerdo  con  las  características regionales.”   

En   concordancia   con  estas  últimas  disposiciones,  el Código Sanitario Nacional (Ley 9 de 1979), de los artículos  136  a  144,  regula lo concerniente al uso, disposición, comercio, transporte,  almacenamiento    y    fabricación    de    plaguicidas,    de   la   siguiente  manera:   

“ARTICULO  136. El Ministerio  de  Salud establecerá las normas para la protección de la salud y la seguridad  de  las  personas  contra  los  riesgos  que  se  deriven  de  la  fabricación,  almacenamiento,     transporte,     comercio,     uso    o    disposición    de  plaguicidas.   

ARTICULO    137.   Para   la  importación,  fabricación  o  comercio  de cualquier plaguicida, se requerirá  registro   expedido  conforme  a  los  establecido  en  la  presente  Ley  y  su  reglamentación.  Este  registro  sólo  podrá  ser  expedido  por la autoridad  competente  cuando  a  juicio del Ministerio de Salud el plaguicida en cuestión  no  represente  un  grave  riesgo  para  la  salud humana o el ambiente y no sea  posible su sustitución adecuada por productos menos peligrosos.   

PARAGRAFO. Los plaguicidas que en la fecha  de  vigencia  de  la  presente  Ley  cuenten  con  la  licencia  del  ICA  y con  certificado  de  uso  de Salud Pública se consideran registrados pero quedarán  sujetos  a  la  renovación  de  dicho  registro  en  el lapso que establezca el  Ministerio de salud.   

ARTICULO  138.  El registro que  aprobare  el  Ministerio de salud para plaguicidas destinados a uso agropecuario  no  exime a los interesados del cumplimiento de las disposiciones que para tales  productos tengan establecidas las autoridades de agricultura.   

ARTICULO  139. El Ministerio de  Salud   podrá   autorizar   la  importación  o  fabricación  de  muestras  de  plaguicidas  para  fines  de investigación, experimentación o registro. Cuando  la  experimentación  con  estos  productos pueda causar daño a la salud de los  trabajadores,  de la población o del ambiente tal actividad debe someterse a la  vigilancia  de  las  autoridades  de salud, las cuales exigirán la adopción de  medidas necesarias para prevenir o remediar tales daños.   

ARTICULO   140.  En  cualquier  actividad  que  implique  manejo  de plaguicidas queda prohibida toda situación  que  permita contacto o proximidad dentro de un mismo local o vehículo de estos  productos  con  alimentos, drogas, medicamentos, o con cualquier otras sustancia  u  objeto  cuyo  empleo, una vez contaminado, represente un riesgo para la salud  humana.   

ARTICULO  141. La publicidad de  plaguicidas  deberá  estar  conforme  con las características señaladas en la  solicitud  que  sirvió  de  base  para  obtener  el  registro  del producto. La  terminología  referente  a  toxicidad  para  seres  humanos  debe ceñirse a la  utilizada en la clasificación toxicológica.   

ARTICULO  142. En la aplicación  de  plaguicidas  deberán  adoptarse todas las medidas adecuadas a fin de evitar  riesgos  para  la  salud  de  las  personas  empleadas en esa actividad y de los  ocupantes  de  las  áreas  o  espacios tratados, así como la contaminación de  productos  de  consumo  humano  o  del  ambiente  en  general, de acuerdo con la  reglamentación que expida el Ministerio de salud.   

ARTICULO  143. Las personas que  con  fines  comerciales  se  dediquen  a  la aplicación de plaguicidas deberán  contar    con    licencia   de   operación   expedida   por   las   autoridades  sanitarias.   

ARTICULO   144.  Los  residuos  procedentes   de  establecimientos  donde  se  fabriquen,  formulen,  envasen  o  manipulen  plaguicidas  así  como los procedentes de operaciones de aplicación  no  deberán  ser vertidos directamente a cursos o reservorios de agua, al suelo  o  al aire. Deberán ser sometidos a tratamiento y disposición de manera que no  se produzcan riesgos para la salud.”   

Estas    normas   fueron   objeto   de  reglamentación  a  través  del  Decreto  1843  de  1991,  y es así como en su  artículo  3°  se  determinó  que  los  desechos o residuos especiales estaban  constituidos  por  “Envases  o  empaques que hayan  contenido   plaguicidas,   remanentes,   sobrantes   o   subproductos  de  estos  plaguicidas  que por cualquier razón no pueden ser utilizados; o el producto de  lavado  o  limpieza  de objetos o elementos que hayan estado en contacto con los  plaguicidas  tales  como:  ropa  de  trabajo, equipos de aplicación, equipos de  proceso  u  otros”,  denominándose  a  su vez como  plaguicida  a  “Todo agente de naturaleza química,  física  o  biológica  que solo, en mezcla o en combinación se utilice para la  prevención,  represión,  atracción  o  control  de insectos, ácaros, agentes  patógenos,  nemátodos,  malezas,  roedores  u  otros  organismos nocivos a los  animales  o  a  las  plantas,  a  sus productos derivados, a la salud o la fauna  benéfica.  La  definición  también  incluye  los  productos  utilizados  como  defoliantes,  reguladores fisiológicos, feromonas y cualquier otro producto que  a  juicio  de  los  Ministerios  de  Salud  o  de Agricultura se consideren como  tales”.   

Asimismo,  se señaló que los empaques de  los  plaguicidas  debían  ser  destruidos,  ciñéndose  a las indicaciones del  Capítulo   XII   del   mismo   decreto,  demás  disposiciones  específicas  y  complementarias    vigentes    sobre    “residuos  especiales” (artículo 39).   

El  Capítulo  en cita está integrado por  los artículos 152 a 160, los que prevén:   

“Articulo  152. Del tratamiento previo. Bajo la responsabilidad  de  la persona natural o jurídica que maneja plaguicidas, los desechos de estos  productos  deben  recibir  tratamiento  previo  a  la  evacuación final, de tal  manera,   que   los   afluentes   no   sobrepasen   los   límites   permisibles  oficialmente.   

Articulo  153.  De  los  envases  y  empaques. Los empaques o envases vacíos de plaguicidas, no  podrán  reutilizarse.  Cualquier  tratamiento diferente que se quiera dar a los  envases  o  empaques  debe ser autorizado por la respectiva dirección seccional  de salud de acuerdo con las indicaciones del Ministerio de Salud.   

Articulo  154.  De  la disposición de otros desechos. Los remanentes o sobrantes de plaguicidas  y  el  producto de lavado o limpieza de equipos, utensilios y accesorios y ropas  contaminadas,  deberán  recibir tratamiento previo a su evacuación teniendo en  cuenta  las  características  de  los desechos a tratar. Para el efecto podrán  utilizarse  los  diferentes  métodos  tales  como:  reutilización, tratamiento  químico,  enterramiento,  incineración  o  cualquier otro sistema aprobado por  las direcciones seccionales de salud.   

Articulo  155.  Del  personal.  El  personal  encargado  del tratamiento de los desechos deberá  cumplir  las  normas y requisitos establecidos en el Capitulo XIV de la presente  disposición.   

Articulo  156.  Del  permiso  para  el tratamiento de desechos. Las instalaciones de tratamiento  de   desechos   deben   tener  permiso  de  la  dirección  seccional  de  salud  correspondiente,     antes     de     iniciar     cualquier     actividad    con  plaguicidas.   

Articulo  157.  De  valores  máximos. Mientras el Ministerio de Salud, con la colaboración del  consejo  asesor  nacional,  establece  los  valores  máximos  permisibles en el  ambiente  para  cada plaguicida se utilizarán los indicados por la OMS, comité  mixto FAO/OMS u otros organismos.   

Parágrafo:  Frente  a  evidencia local o  regional,   los   comités  seccionales  de  plaguicidas,  podrán  proponer  al  Ministerio  de Salud modificaciones de tales límites, el cual podrá adoptarlas  mediante resolución.   

Artículo 158.  De  los residuos. Los residuos de plaguicidas en productos para consumo humano o  animal   no   deberán   sobrepasar   los  valores  de  tolerancia  establecidos  oficialmente.   

Articulo  159.  De  la publicación de tolerancia El Ministerio de Salud del ICA, para el efecto  del  Artículo  anterior,  publicarán periódicamente las tolerancias oficiales  en productos para consumo humano o animal.   

Artículo 160.  De  los  valores  del  Codex  alimentario.  Mientras  se establecen oficialmente  límites  máximos para residuos de plaguicidas, se utilizarán los indicados en  el Codex alimentario.”   

Y   el   Codex   Alimentarius   -código  alimentario-    “es   un   conjunto   de   normas  alimentarias   internacionales   de   carácter  voluntario,  adoptadas  por  la  Comisión  del  Codex  Alimentarius.   Las  normas  del  Codex  abarcan los  principales  alimentos,  sean  éstos elaborados, semielaborados o crudos.   Se   incluyen   además   las  sustancias  que  se  emplean  para  una  ulterior  elaboración  de  los  alimentos, en la medida en que éstas son necesarias para  alcanzar  los principales objetivos mencionados en el código: proteger la salud  de   los   consumidores   y  facilitar  prácticas  justas  en  el  comercio  de  alimentos.”55   

Del  mismo  modo, la protección del medio  ambiente  y  los  recursos  naturales  ha sido objeto de pronunciamiento a nivel  internacional.   

Así, la Conferencia de las Naciones Unidas  reunida  en  Río  de  Janeiro  del  3  al  14  de junio de 1992, Reafirmando la  Declaración  de  la  Conferencia  de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano,  aprobada  en  Estocolmo  el  16  de  junio  de  1972,  proclamó la “Declaración   de   Río   sobre   el   Medio   Ambiente  y  el  Desarrollo”,  el que tiene dentro de sus principios  el de precaución, en los siguientes términos:   

“PRINCIPIO 15  

Con el fin de proteger el medio ambiente,  los  Estados  deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a  sus  capacidades.  Cuando haya peligro de daño grave  o  irreversible,  la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse  como  razón  para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los  costos   para   impedir   la   degradación   del   medio   ambiente.”        (subrayado        no  original)   

Y  en días pasados (febrero 9 de 2007) la  Comisión  Europea  le  presentó  una  directiva al Consejo Europeo en busca de  criminalizar     ciertas     actividades    consideradas    como    “crímenes   verdes”,   cuando  se  realizan     con    intención    o    por    negligencia.     “Los  nueve  tipos  de  infracciones  previstos  en la propuesta  fueron   creados   con   base   en  tragedias  ambientales  ocurridas  en  años  atrás.   Es  el  caso de la embarcación Probo Koala, ocurrida en año del  2006,  en  Costa  de  Marfil.   El  barco  contenía  una  gran cantidad de  desechos  tóxicos  que  fueron  arrojados  en  distintas partes de la ciudad de  Abidjan,  lo  que causó la muerte por intoxicación de miles de personas.   Esos  hechos  serían  sancionados  bajo  la  directiva,  como embarco ilegal de  sustancias tóxicas.   

En  la  norma se proponen penas de 5 a 10  años  de  cárcel  para  los  autores  de  los  delitos  y  multas de 750.000 a  1.500.000  euros para las compañías responsables.  También se incluye el  deber  de  recuperar  la  zona afectada o la prohibición de funcionamiento para  las        empresas        contaminantes.”56   

Es  así  como  resulta  evidente  que  la  normatividad  nacional  e  internacional  se  ha preocupado desde antaño por la  protección  del  medio  ambiente y los recursos naturales, con el propósito de  lograr  la  supervivencia  y el desarrollo económico y social de los habitantes  no  sólo  del  territorio  colombiano sino del mundo entero, por lo que, con mi  acostumbrado  respecto,  no  puedo  estar de acuerdo con la decisión de la Sala  mayoritaria,  pues  se  afirma  en  el  fallo  de  casación  que  aun cuando el  procesado  había dejado abandonados en el predio que tenía arrendado envases y  empaques  de los productos que utilizó para controlar las plagas y enfermedades  del  cultivo de papa, ello no era demostrativo de la realización de la conducta  típica,  ya  que  una cosa es el hecho generante de la contaminación y otra la  contaminación  que ese hecho puede generar, y comoquiera que en este caso no se  determinó  que  el medio ambiente sufrió alteraciones y que tales alteraciones  sobrepasaron  los  límites legalmente permitidos o razonablemente tolerados, la  conducta  resultaba  atípica,  en  razón  a que la realización de la conducta  delictiva,  de acuerdo con el contenido del artículo 332 de la Ley 599 de 2000,  exige el cumplimiento de los siguientes presupuestos:   

“(i)  que  se  presente alteración del  medio  ambiente,   (ii)  que la contaminación generada por la conducta del  sujeto  agente  desconozca  los  límites  legalmente permitidos o racionalmente  tolerados,  y  (iii)  que  la  contaminación  causada tenga aptitud para causar  daño  o poner en peligro la salud humana, o los recursos fáunicos, forestales,  florísticos o hidrobiológicos.”   

No  discuto,  en  principio,  que  para la  estructuración  del tipo penal en cuestión se deban presentar los presupuestos  aludidos,  los  que,  en  sentir  de  la  Sala  mayoritaria,  no se dieron en el  presente  evento,  afirmación  de la cual me aparto por completo, pues si medio  ambiente  es  el  “conjunto de elementos abióticos  (energía  solar,  suelo,  agua  y  aire)  y  bióticos  (organismos  vivos) que  integran   la   delgada   capa  de  la  tierra  llamada  biosfera”57,    o  “el  entorno o suma total de aquello que nos rodea  y  que  afecta  y  condiciona  especialmente  las  circunstancias de vida de las  personas   o   la   sociedad   en   su  conjunto”58,     o     “aquellos  aspectos  del  ambiente  sobre  los que actúa un ser  vivo   y   de  los  cuales  obtiene  experiencia”59,  resulta  obvio  que  todo  aquello  que de una u otra manera, por acción u omisión de una persona, altera  esa armonía, debe ser objeto de sanción.   

En  el  caso que ocupa la atención en el  momento,  podemos  afirmar  que  se  dio  la  alteración del medio ambiente por  cuanto  al  suelo  fueron  depositados  ingredientes manufacturados, es decir no  producidos  por  la naturaleza sino por el ser humano, alterándose de este modo  su  composición;  los  residuos  de  plaguicidas  o  abonos  y  otros productos  tóxicos  contenidos  en  los envases y empaques, tal como lo muestra el estudio  del  proceso,  sí  superan  los  límites  necesarios para la conservación del  medio  ambiente,  tanto  más  si  se tiene en cuenta que la conducta del señor  VÍCTOR  MANUEL  queda  en  entredicho  al  no  disponer  lo  necesario  para el  reciclaje  y  destrucción  de  aquellos objetos contaminantes del medio, con lo  cual  se  puso  en peligro la salud humana, en la medida que fueron contaminados  hasta  pozos de agua, mientras que vacunos que pastaban en el lugar alcanzaron a  ingerir,  al  aparecer,  de esos contaminantes; también se ponen en peligro los  recursos  fáunicos,  forestales,  florísticos o hidrobiológicos, más aún si  se  tiene  en  cuenta que aquellos residuos quedaban expuestos y además podían  ser  conducidos  por  las  lluvias  a  las  corrientes de agua del lugar o a los  almacenamientos  de  este líquido que existían en el sitio, pues se trataba de  plaguicidas  y  otros  productos  químicos altamente tóxicos, lo cual entra en  contravía  con  los  mandatos legales en cuanto a normas sanitarias y del medio  ambiente  se  trata, configurándose, como ya se ha dicho, el delito por el cual  se  ha  venido procesando al señor UMBARILA, debiéndose haber concluido con un  fallo  de  condena,  como  lo  cree  el  suscrito,  sin  que ello signifique que  desconozca o me oponga a la decisión de la mayoría.   

De los señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1  Folios 105 y 136-139 del cuaderno original 1.   

2  Folios 61-62, 92-98, 186-191, 206-213 y 241-252 ibídem.   

3  Folios  223-231  del  cuaderno 2 y 1-10 del cuaderno de la Unidad  Delegada  ante el Tribunal.   

4  Folios   53-58   del   cuaderno   original   3   y   28-44   del   cuaderno  del  Tribunal.   

5  Artículo 8° del Decreto Ley 2811 de 1974.   

6  Cfr.  José  Luis  de  la Cuesta Arzamendi, «La ley alemana de reforma del C.P.  para  la  lucha  frente  a la criminalidad contra el ambiente», en Cuadernos  de  Política  Criminal, N°  18, Madrid, Edersa, 1982, p. 653 ss.   

7  Antonio  Vicente Arenas, Comentarios al nuevo código  penal,  T.  II,  Parte  Especial,  Vol. 1, Editorial  Temis,  Bogotá,  1981,  p.  309;  Antonio  José  Cancino  Moreno, Los  delitos contra el orden económico-social en el nuevo código  penal, Ediciones Librería del Profesional, 1982, p.  279.   

8  Corte Suprema de Justicia, prov. 12-III-87.   

9  Luis   Rodríguez   Ramos,   «Protección   penal   del  medio  ambiente»,  en  Comentarios  a  la  Legislación  Penal,  Revista  de  Derecho Público, T. V., Vol. 2, p. 834; y, Manuel  Trenzado    Ruiz,    Técnicas    o   Instrumentos  Jurí­dicos,  tradicionales  y nuevos, en Derecho y Medio Ambiente,  Ministerio  de  Obras  Públicas  y  Urbanismo, Madrid, 1981, p. 61-81. Desde un  punto  de  vista general, Enrique Cury Urzúa, La Ley  Penal   en  Blanco,  Bogotá,  Edit.  Te­mis, 1988, p. 57.   

10  Juan   Fernández   Carrasquilla,   Derecho   Penal  Fundamental,  2a.  Edición,  Vol.  I,  Edit. Temis,  Bogotá,  1986,  p.71;  similar  opinión,  Juan  Bustos  Ramírez, Manual     de     Derecho     Penal,  Barcelo­na, Edit. Ariel,  1986, p. 353.   

11  Fran­cisco Muñoz Conde,  «La    ideología    de    los   delitos   contra   el   orden   so­cio-económico en el Proyecto de Ley  Orgánica  del Código Penal», en Cuader­nos        de        Política  Criminal,  Nro. 16, Madrid, Edersa, 1982, p. 107 ss.  y  Re­vista Nuevo   Foro   Penal,   N°   15,  p.  728.   

12  El  artículo  3°  del  Código  de  Recursos  Naturales  señala  los recursos  renovables  y  los  elementos  ambientales, pero no se refiere a los recursos no  renovables.   

13  En   el   mismo  sentido  Procuraduría  General  de  la  Nación,  ¡Ambiéntate!   Sistema   de   gestión  Ambiental  Procuraduría  General   de   la   Nación,   Bogotá,   2005,  p.  10.   

14  Francisco  José  Ferreira  Delgado,  Derecho  penal  especial.  Tomo  II. Bogotá, Editorial Temis, 2006,  p. 103.   

15  Por      todos,      Julio      César      Rodas     Monsalve.     Responsabilidad   penal  y  administrativa  en  derecho  ambiental  colombiano.   Bogotá,   Universidad  Externado  de  Colombia, 2005, p. 165.   

16  Decreto 948 de 1995, artículo 2°.   

17  Sentencia de 20 de septiembre de 2000, proceso 15659.   

18  José  Luis de la Cuesta Arzamendi, «La ley alemana de reforma del C.P. para la  lucha   frente   a   la   criminalidad   contra   el   ambiente»,  Cuadernos  de  Política Criminal, Nro.  18,     Edersa,    Madrid,    1982,    p.    656-657;    Juan    Bus­tos     Ramírez,    Manual   de   Derecho   Penal,  Parte  Especial,   Barcelona,   Edit.   Ariel,  p.  353;  y,  Francisco  Muñoz  Conde,  Derecho   Penal,  Parte  Especial,  6a.  edición,  Sevilla,  Publicaciones de la Universidad de Sevilla,  1985, p. 435.   

19  Luis   Rodríguez   Ramos.   «Los  riesgos  de  lo  «abstracto»  en  el Derecho penal (el delito de  contaminación    ambiental    como    ejemplo)»,  Diario      Jurídico      Aranzadi,  Madrid,  30-05-2003.  Sobre  el derecho penal español también  pueden  consultarse:  Francisco Muñoz Conde, Derecho  Penal,  Parte  Especial,  12a.  Edición,  Valencia,  Tirant  lo  Blanch,  1999,  p.  531  y  s.s.;  Mirentxu  Corcoy Bidasolo (Dir.),  Manual   práctico   de   derecho   penal.   Parte  especial, Valencia, Tirant lo Blanch, 2004, p. 983 y  s.s.;  Alfonso  Serrano  Gómez, Derecho penal. Parte  especial, Madrid, Editorial Dykinson, 2004, p. 611 y  s.s.;  Rosario  de  Vicente  Martínez, «Derecho penal del medio ambiente», en  Luis  Ortega  Álvarez  (Dir.),  Lecciones de derecho  del  medio  ambiente, Valladolid, Editorial Lex Nova,  2002,  p.  505  y s.s… De la misma autora sus ponencias «La protección penal  del  medio ambiente tras la reforma del código penal por Ley Orgánica 15/2003,  de  25  de  noviembre»;  y,  «Funcionarios públicos y delitos contra el medio  ambiente»,  en  el curso de especialización “Protección jurídica del medio  ambiente,  flora y fauna, ordenación del territorio y patrimonio histórico”,  Toledo, enero de 2005.   

20  José   Manuel   Paredes   Castañón,   «Responsabilidad   penal  y  “nuevos  riesgos”:  el  caso  de  los  delitos  contra  el medio ambiente»,    REDP    Nº    16,   marzo   de  2001.   

21  Eduardo  Novoa Monreal, Fundamentos de los delitos de  omisión,  Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1984, p.  125.   

22  Por  ejemplo,  Hans-Heinrich  Jescheck,  Tratado  de  Derecho  Penal, Barcelona, Bosh Casa Editorial, 1981,  p. 353, 354 y 357.   

23  José      María     Escriva     Gregori,     La  puesta…, ob. cit., p. 63 ss.   

24  María  Inmaculada Ramos Tapia. «Sobre la imputación subjetiva en el delito de  conducción  temeraria  con consciente desprecio por la vida de los demás», en  La  Ley,  número  5069,  Madrid,  Martes, 6 de junio de 2000. Para sus tesis se apoya en Feijoo Sánchez,  «Delitos   contra   la   seguridad   colectiva:   ¿tentativas  imprudentes?»,  La  Ley, Madrid, 1997-1,  p.  2005; María Luisa Maqueda Abreu, «La idea de peligro en el moderno Derecho  Penal.  Algunas  reflexiones  a  propósito  del  Proyecto  de  Código Penal de  1992»,  Actualidad Penal,  Madrid,  Aranzadi,  1994-1,  p.  497;  Mirentxu  Corcoy  Bidasolo,  Delitos  de  peligro  y  protección  de  bienes jurídico-penales  supraindividuales,     Valencia,     1999,     p.  356.   

25  Sentencia, 12 de octubre de 2006, radicación 25.465.   

26  De     manera     genérica,     Alfonso     Reyes    Echandía,    Derecho  Penal, Parte General, Uniext.,  Bogotá,  1984,  p.  156; y, La Tipicidad,  Santafé  de  Bogotá,  editorial  Temis,  1997,  p. 168; José  Ortego,     Bien     jurídico:     Lesión     y  peligro,   Ediciones   Universidad   de  Salamanca,  Salamanca,  1982,  p. 431; Francisco Muñoz Conde, La  ideología   de   los   delitos  contra  el  orden  socio-económico  en  el  Proyecto  de  Ley  Orgánica  del Código Penal, Revista  Nuevo  Foro  Penal, Nro.  16,  Editorial  Temis, p. 107; y, Klaus Tiedemann, El  concepto…,   ob.   cit.,   p.   67.   De   manera  especí­fica, José Luis  de  la  Cuesta  Arzamendi,  «La  ley  alemana de reforma del C.P. para la lucha  frente    a    la    criminalidad    contra    el    ambiente»,    Cuadernos  de  Política Criminal, Nro.  18,  Edersa, Madrid, 1982, p. 654: “La exigencia de  un     daño     real,    de    una    lesión    concreta,    hubie­ra   tenido   como   corolario   la  imposible  aplicación práctica de las nuevas disposiciones y, en consecuencia,  la  no  protección  del  ambiente  desde  una  perspectiva penal”.  María  Victoria  Sánchez-Migallón Parra, «El bien jurídico  protegido  en  el  delito  ecológico», Cuadernos de  Política  Criminal,  Madrid, Nro. 29, Edersa, 1986,  p.   343:   “En  la  deseable  configu­ración  de  los delitos ecológicos  como  delitos  de  peligro  abstracto,  está una de las claves del problema, no  sólo  a  efectos  de evitar las dificultades de prueba, sino también de lograr  una      efectiva     protección     penal     del     medio     am­biente”.  Entre  las  recomendaciones  de  orden jurídico votadas en las  prime­ras   jornadas  argentinas  de  derecho  y  administración  ambientales (17 abril-1974), está:  “e)   acciones   procesales   para   obtener   la  preservación       del      entor­no  o  la  corrección de su deterioro, con particular énfasis en  la  legitimación  de  la  calidad  de  obrar  aún sin la prueba de una lesión  directa  o inmediata del actor”. Guillermo J. Cano,  Introducción      al      derecho     ambiental  argentino,  Revista  La  Ley,  1972;  Derecho,  Política  y  Administración  Ambientales,     Ediciones     Depal­ma,  Buenos  Aires,  1978,  p. 77. Por todos, José María Escriva  Gregori,   La   puesta   en   peligro   de   bienes  jurí­dicos   en   la  teoría  del  delito, Tesis para aspirar al grado de  Doctor   en   De­recho,  Universidad  de  Barcelona,  1974;  y,  La puesta en  peligro  de  bienes  jurídicos  en  derecho  penal,  Barcelona, Bosch Casa Editorial, S.A., 1976, p. 69 ss.   

27  Alfonso  Reyes  Echandía,  Derecho Penal,  Parte  General,  Uniext.,  Bogotá,  1984,  p.  156. Así mismo  piensan,    Carlos    Fontán   Balestra,   Derecho  Penal,   Parte   Especial,   Buenos   Aires,  Edit.  Abeledo-Perrot,    1987,    p.    656;    y,    Carlos    Creus,    Derecho  Penal, Parte Especial, T. II.  Buenos  Aires,  Edit. Astrea, 1983, p. 81. Y, específicamente sobre el tema que  nos  ocupa:  Fran­cisco  Muñoz     Conde,     Derecho    Penal,  Parte  Especial,  6a.  edición,  Sevilla,  Publicaciones de la  Universidad  de  Sevilla,  1985,  p.  435; y, Juan Bustos Ramírez, Manual   de   Derecho   Penal,  Parte  Especial,  Barcelona, Edit. Ariel, S.A., 1986, p. 353: la polución “está  referida a emisiones (que consiste en arrojar, exhalar o  echar  hacia afuera una cosa, o bien, en lanzar ondas de cualquier naturaleza) y  vertidos    (consistente    en    derramar    o   vaciar   líquidos   y   cosas  menudas)”;      p.      354:      “Es    necesario    que    estas   situaciones   pon­gan en peligro grave la salud de las  personas  o  puedan  perjudicar  gravemente  las  condiciones  de  vida  animal,  bosques,    espacios    naturales    o    plantaciones    útiles”.   

28  Sobre  la  teoría  de la prueba en el proceso penal cfr. Jesús Ignacio García  Valencia,    Las    pruebas    en    el    proceso  pena,   Bogotá,   Ediciones   Jurídicas   Gustavo  Ibáñez, 2002.   

29  Juan   Terradillos  Basoco,  «Peligro  abstracto  y  garantías  penales»,  en  Nuevo Foro Penal, número  62, Bogotá, Editorial Temis, 1999, p. 88.   

30  «Peligro  abstracto y garantías penales», en Nuevo  Foro  Penal,  número  62, Bogotá, Editorial Temis,  1999, p. 70 a 83.   

31  Ley 685 de 2001, art. 214.   

32  Luis   Jiménez   de   Asúa,   Tratado  de  Derecho  Penal, T. IV, Edit. Losada S.A., Buenos Aires, 1976,  p. 684.   

33  Para  el  presente  y  demás  puntos  referidos  a  elementos  y  fuentes de la  contaminación     nos     apoyamos     en:     La  contaminación,  Biblioteca Salvat de Grandes Temas,  1974,  p.  31 ss; Giordano Repossi, Cuestión de vida  o  muerte, Barcelona, Círculo de Lectores, 1979, p.  13  ss;  Emil  T. Chan Lett, La Protección del Medio  Ambiente,  Instituto  de Estudios de Administración  Local,  Madrid,  1976,  p.  15  ss;  Stahrl  Edmunds  y John Letey, Ordenación    y    gestión    del   medio   ambiente,  Madrid,  Instituto  de Estudios de Administración Local, 1975,  p.   201   ss;   y,   Antonio   Villalón   y   Antonio   Monclus,  Contaminación  ambiental, Edit. Jims,  Barcelona, 1974, p. 1 ss).   

34  Ello  a  pesar de las normas que regulan el uso y manejo de los plaguicidas, que  se  debe  efectuar con el objeto de evitar que afecten la salud de la comunidad,  la  sanidad  animal  y vegetal o causen deterioro del ambiente. Cfr. Decreto 775  de 1990.   

35  El      documento      puede      ser      consultado      en     la     página  http://www.ideam.gov.co/apc-aa/img_upload/467567db4678d7b443628f8bc215f32d/Lineamientos_Plaguicidas.pdf   

36 Se  toma  como  fuente  para  tal  afirmación  el  trabajo  de  Carlson  G.  and M.  Wetzstein.  «Pesticides  and  Pest  Management»  En:  Carlson,  Zilberman  and  Miranowski,  Agricultural and Environmental Resource  Economics. Oxford University (1993).   

37  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent. C-534-96.   

38  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent.       T-254-93;       reiterada       mediante      Sent. C-359-96.   

39  Los  artículos  de la Constitución Nacional de Colombia de 1991 con referencia  expresa  o  indirecta  al  Medio Ambiente, son: 1, 7, 8, 11, 13, 44, 49, 50, 58,  64,  65,  66,  67,  69, 71, 75, 76, 79, 80, 81, 82, 86, 89, 95-8, 101, 102, 103,  113,  115,  116, 117, 118, 119, 150-3, 200-3, 213, 215, 226, 267, 268-7, 277-4 y  7,  278-4, 282-2, 289, 300-2, 302, 305-6, 306, 310, 31 3-2, 313-9, 315-2, 3 y 5,  317,  318,  319,  328, 330, 334, 340, 356, 357, 360, 361 y 366. Los transitorios  son: 38, 39, 42, 44, 55 y 56.   

40  Folios 34-36 c.o. 1 y 410-411 c.o. 2.   

41  En  la presentación FURADAN. Plaguicida que actúa por ingestión, por contacto  y  por  acción  sistémica  a  través de las raíces. Sobre su toxicología se  sabe    que   tiene   toxicidad   aguda   en  ratas,  baja  en  conejos  y  en  términos  prácticos  es  importante   destacar   que   la  toxicidad  de  los  organofosforados  no  se  delata  hasta  que  la  absorción  llega  a  un nivel  peligroso,   dando   poco   aviso   previo  de  una  sobre-exposición (ver folio 32 c.o. 2).   

42  Folios 143-145 c.o. 1.   

43  Se  trata de un insecticida utilizado en el control de plagas de muchos cultivos  (ver folio 22 c.o. 2).   

44  Insecticida  oganofosforado  utilizado  en  muchos  cultivos  para el control de  plagas (ver folio 23 c.o. 2)..   

45  Folio 12-13c.o. 2.   

46  Folios  38-39,  93-98,  127,  187-190, 251-252 c.o. 1; Folio 88, 93-96, 217-220,  334-343 c.o. 2; folio 13 c.o. anexos N° 2;   

47  Folio  407-409  c.o.  2.  El  informe  del  CTI,  de  fecha 19 de marzo de 1997,  suscrito  por  el  técnico  judicial  Gustavo Bermúdez García (folio 412-414,  c.o. 2).   

48  Decreto   775  de  1990,  por  el  cual  se  reglamentan  el  uso  y  manejo  de  plaguicidas.   

49  Cfr.  Ramon  Ragues  I  Valles,  «Consideraciones  sobre  la prueba del dolo»,  La  Ley,  número 5.633,  martes 15 de octubre de 2002.   

50  Decreto 775 de 1990, artículos 152 y siguientes.   

51  La  argumentación  incorrecta,  porque  viola  las leyes del pensamiento, tiene  incidencia  en  la  aplicación  del  derecho.  Cfr.  Ulrich  Klug, Lógica  jurídica, Bogotá, Editorial  Temis, 1990, p. 201.   

52  Cfr.    Yesid    Ramírez   Bastidas,   El   delito  ecológico, Bogotá, Ediciones Doctrina y Ley, 2006,  p. 683 y siguientes.   

53  CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent.  T-411-92. Tal pensamiento aparece reiterado en las Sent. C-150-05.   

54  Por  vía de sentencias de tutela se ha establecido que el derecho a un ambiente  sano,  debido  a  su inescindible relación con la vida, la integridad física y  la  salud  de los asociados, es un derecho fundamental que puede ser protegido a  través  del  mecanismo  consagrado  en  el  artículo  86  de  la  Carta.  Cfr.  sentencias   T-092/93,   T-411/92,   T-415/92,   T-428/92,  T-528/92,  T-536/92,  T-028/93,  T-067/93, T-163/93, T-251/93, T-254/93, T-380/93, T-471/93, T-469/93,  T-014/94, T-028/94, entre otras.   

55         www.mincomercio.gov.co.       Información  actualizada el 11 de agosto de 2006.   

    En  mayo  de  1963, la 16º  Asamblea  Mundial  de  la Salud aprobó el establecimiento del programa Conjunto  FAO/OMS  sobre  normas  alimentarias y adoptó los estatutos de la Comisión del  Codex  Alimentarius. Es entonces la Comisión el órgano visible a nivel mundial  del Codex Alimentsarius.   

56    Dato obtenido en Ámbito Jurídico, año X, N° 219,  Colombia, 19 de febrero al 4 de marzo de 2007, página 11.   

57  www.monografías.com/trabajos  15/medio-ambiente-venezuela/medio-ambiente.   Trabajo realizado por Héctor  Tablero.  Barcelona, Venezuela.   

58   www.wikipedia.org/wiki/medio_ambiente.   

59   Tratado  de la educación personalizada.  Enseñanzas  Sociales  de  la  Educación  Intermedia.  Manuel Rico Vercher.  1996,  Editorial Rialp.     

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