26387(23-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26387  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 133  

Bogotá D.C., veintitrés de noviembre de dos  mil seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisión  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor de  Carlos    Enrique    Jiménez    Riviere,  contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  20  de abril de 2006, mediante la cual confirmó parcialmente la del Juzgado  treinta  y  seis  penal del circuito de Bogotá, que condenó al recurrente como  autor  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado  por  la  confianza  y la  cuantía.   

HECHOS  

          Así  fueron resumidos en el curso de las instancias al calificar el  mérito del sumario:   

          “Dan  origen  a  la presente investigación los hechos ocurrido en  la  empresa del señor Gabriel Mejía González, Huevos “kloklo”, en los que  su  empleado  de confianza señor Carlos Enrique Mejía  Riviere,  después  de  haber  laborado  desde el año  1985,  hasta agosto de 1998, utilizó el cargo y la seguridad que tenía para de  manera  permanente  apropiarse en forma irregular de aproximadamente trescientos  millones de pesos de esa compañía.   

          “En   el   ejercicio   de  su  labores  como  Gerente  de  Ventas,  Carlos     Enrique    Mejía    Riviere,  mantenía  relaciones con todos los clientes de la Empresa Huevos  Kloklo  y  era  él  quien  realizaba  todas y cada una de las negociaciones por  medio  de las cuales fijaba los precios y la forma de pago. De la misma manera y  dada  la  confianza que el dueño de la Empresa había depositado en él, estaba  plenamente  autorizado  para  recibir  los valores que diariamente y en el curso  normal  de  las ventas tenía la compañía, tanto el dinero en efectivo como en  cheques,  dineros  estos que debía abonar a las cuentas y cobros conforme a las  negociaciones  establecidas,  las  que  manejaba  indebidamente,  toda vez que a  medida  que  se  apropiaba de los dineros y o cheques para mantener su engaño y  evitar  ser  descubierto  afectaba  cuentas  a  las que no se les debía aplicar  deuda  alguna  o  simplemente  las  tramitaba  con  personas  inexistentes o con  cédulas de ciudadanía diferente.”   

ACTUACION  PROCESAL   

          Con  base en la denuncia formulada por Gabriel Mejía Ramírez el 22  de  septiembre de 1998, la Fiscalía 102 seccional con sede en Bogotá, mediante  providencia  del 6 de octubre del mismo año, abrió investigación penal contra  Carlos    Enrique    Jiménez    Riviere       (fs,282       cuaderno      1  fiscalía).   

          El   6 de septiembre de 2000, la fiscalía 102 seccional acusó  a   Carlos   Enrique   Jiménez   Riviere  por  la  comisión de los delitos de falsedad y hurto agravado por  la  confianza  y  la  cuantía  (fs.,  46  cuaderno  4  fiscalía).   

          Mediante  providencia  del  8  de  febrero  de  2001,  la  Unidad de  Fiscalías  delegadas  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, al resolver el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa,  confirmó  la decisión  (fs., 260).   

         

          La  Juez  treinta  y  seis  penal  del  circuito,  de acuerdo con la  legislación  vigente  de  la  época,  resolvió  la  solicitud de pruebas y de  nulidades  propuestas  por  la  defensa  y  realizó  la diligencia de audiencia  pública,  a  la  que  dio  inicio  el  24  de  septiembre  de 2001 (fs.,    91,    cuaderno   2   juzgado).   

          El  16  de  diciembre  de  2004,  el  Juzgado  36 penal del circuito  condenó    a   Carlos   Enrique   Jiménez   Riviere  a  la  pena  principal  de 40 meses de prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de funciones públicas por el  mismo  tiempo  de  la  principal,  como  coautor  de  los delitos de falsedad en  documento  privado  y hurto agravado por la confianza y la cuantía (fs.,        267        cuaderno       4       juzgado).   

   

          El  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá, mediante la  suya  del  20  de  abril  de 2006, confirmó la decisión respecto del delito de  hurto,  y  decretó la prescripción de la acción penal con relación al delito  de  falsedad  (fs., 20 cuaderno tribunal),  modificando en consecuencia la pena que  fijó en 30 meses de prisión.   

DEMANDA DE CASACION  

          Después   de   indicar   la  sentencia  que  impugna,  los  sujetos  procesales  y  de  hacer  una  reconstrucción histórica y exhaustiva en la que  prácticamente  reproduce  toda la actuación procesal, el demandante formula un  cargo  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia con fundamento en la causal  tercera  de  casación (artículo 207 de la ley 600 de  2000).   

          Sostiene  que  el  procesado  fue  condenado en un juicio viciado de  nulidad,  pues  la acción penal, para la fecha en que se dictó la sentencia de  segunda  instancia no podía proseguirse al haber operado la prescripción de la  acción  penal  que  es  una  causal  objetiva de improseguibilidad (artículo 39 idem).   

            Menciona  que  el  término  de  prescripción de la acción penal  comenzó  a partir del 8 de febrero de 2001, fecha en la cual quedó en firme la  resolución  de  acusación, de modo que hasta el 3 de octubre de 2006, fecha de  presentación  de  la  demanda, habían transcurrido 5 años 7 meses y 25 días,  tiempo  suficiente  para  que  opere  la prescripción de la acción penal si se  tiene  en  cuenta  que  el procesado fue condenado por el delito de hurto simple  que  se  sanciona  con  una  pena máxima de seis años de prisión (artículo  349  del decreto 100 de 1980)   

         

Ni  aún, dice, de aceptar que el tribunal al  confirmar  la  condena  lo hizo sobre la base de considerar agravada la conducta  por  la  confianza,  la  pena  máxima excedería de 9 años de prisión. Por lo  tanto,  en  ambos  casos,  como  la  pena  para contabilizar la prescripción se  reduce  a la mitad de la máxima considerada para la infracción por presentarse  el  fenómeno  con  posterioridad  a la ejecutoria de la acusación (artículo  86 idem), queda claro que este  no puede ser de más de los 5 años ya cumplidos.   

Pide,  en  consecuencia, casar la sentencia y  decretar la cesación de procedimiento.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

          Desde  un  punto  de  vista  meramente  formal, la demanda se ofrece  clara  y  coherente  de  cara  a  su  admisión,  mas no así desde su contenido  material.   

          Véase:   

          A  partir  de  la  comprensión  del  recurso de casación desde sus  fines  (artículo  206  ley  600  de 2000),  la  Corte ha admitido que el lenguaje formal debe ceder espacio a  los  contenidos  materiales de la impugnación, de tal suerte que por eso, desde  el  estudio  de  la  demanda, la claridad, coherencia y precisión de los cargos  deben examinarse de cara a la realidad procesal.   

          En este sentido, la Sala recientemente expresó:   

          “debido  al  necesario estudio que debe hacer de los cuadernos que  conforman  el  expediente  y  de  la lectura de las sentencias para ver si en el  trámite  del  proceso  se respetaron las garantías de los acusados, pues de lo  contrario  debe casar de oficio en salvaguarda de esos derechos como lo ordena y  autoriza  el  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, la  verificación  del  cumplimiento de las exigencias legales no se  realiza  ya  indefectiblemente  revisando sólo el texto de la demanda, sino que  en  ocasiones se confronta con el fallo, lo que permite  desechar  de  una  vez,  por  ejemplo,  la  postulación  de  un falso juicio de  existencia  por  omisión  cuando  se  advierte  que  el juzgador sí valoró la  prueba que se decía omitida.   

“Este  método,  adoptado por la Corte, no  implica  que  desde la calificación del libelo se haga un pronunciamiento sobre  los  problemas  de  fondo que en ella se plantean, pero sí permite que demandas  formalmente  estructuradas  puedan  ser  inadmitidas  de  una vez cuando resulte  palmario  que  el  yerro  denunciado  no  existió,  lo  que sin duda redunda en  beneficio  de  la  administración  de  justicia,  tantas veces desgastada en el  trámite  de  casaciones  que  resultan  finalmente  carentes  de fundamento por  defectos   que   bien   se  hubieran  podido  detectar  de  manera  temprana.”  1  (resaltado fuera de texto)   

En  ese orden, sin mayor  esfuerzo  se  advierte que la postulación del cargo corresponde a la estructura  del  lenguaje  formal, pero en procura de solventar riesgos, el demandante no es  fiel  al  contenido  de la sentencia y por eso desconoce el sentido y la esencia  de    la    imputación    y    de    las    agravantes   específicas   de   la  conducta.   

          Si  se  mira  con detenimiento la sentencia se puede observar que el  recurrente   fue   condenado   como  autor  del  delito  de  hurto  (artículo  349  del decreto 100 de 1980),  agravado  por  la  confianza (numeral 2 artículo 351)  y por la cuantía (artículo  372),  de manera que la pena máxima para esa conducta  corresponde  a  13  años  y  6  meses  de  prisión.  En  consecuencia,  si  la  resolución   acusatoria   interrumpe   los   términos  de  prescripción  para  reiniciarlos,  pero sin que se pueda ir mas allá de la mitad de la pena máxima  (artículo   84   idem),  entonces  la  prescripción  de  la acción penal operaría, para el caso, en un  término máximo de 6 años y 9 meses.   

          Si  se  tiene  en  cuenta  que la acusación quedó en firme el 8 de  febrero   de   2001,   resulta   evidente   que   la   acción   penal   no   ha  prescrito.   

          Sin  embargo,  con  el  fin  de destacar la claridad y solidez de su  argumentación,  el demandante esconde circunstancias de la imputación concreta  con  el  fin  de indicarle a la Corte que su cliente fue condenado por el delito  de  hurto  simple,  lo  cual no solo es incompatible con el principio de lealtad  sino  con la de una verdad procesal que debe respetarse y a partir de la cual se  deben   analizar   la   claridad   y   coherencia  de  los  cargos  (artículo  212  de  la  ley 600 de 2000),  que  en  este  caso desde su contenido indican que la demanda es sustancialmente  inidónea.  Por  lo  que  debe   inadmitirse,  como  también  porque no se  observa vulneración de garantías fundamentales.   

          Por  lo  expuesto,  La  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,   

Resuelve  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  Carlos   Enrique   Jiménez   Riviere   contra la sentencia de fecha y origen indicados.   

Notifíquese,  Cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

MAURO  SOLARTE            PORTILLA   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

Comisión de servicio  

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  del  16  de junio de 2006, radicado 25215, y en el  mismo   sentido,   cfr.,   sentencia  del  9  de  noviembre  de  2006,  radicado  23124.     

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