25830(28-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25830  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 107  

Bogotá  D.C, veintiocho de septiembre de dos  mil seis.   

          En  los  términos del artículo 54 de la ley 906 de 2004, define la  Corte   la   competencia  para  resolver  la  solicitud  de  preclusión  de  la  investigación   que   a   favor   de  Angelo  Patiño  Jaramillo  solicita el Fiscal tercero especializado de  Manizales.   

ANTECEDENTES  

El Fiscal tercero especializado de Manizales,  bajo  las  formas  del  procedimiento  establecido  en  la  ley  906 de 2004, le  presentó  al  juez  segundo  penal  del  circuito  especializado,  solicitud de  preclusión  de  la  investigación  a  favor de Angelo  Patiño Jaramillo.   

          En   la   petición   adujo   que  Patiño  Jaramillo  – quien manifestó  ser  integrante del autodenominado Bloque Centauros de las llamadas Autodefensas  Unidas  de  Colombia,  con  influencia  en  los departamentos de Meta y Casanare  -,  se presentó el día 30 de octubre del año pasado  ante  las  autoridades  de Policía del departamento de Caldas, a las cuales les  brindó  información  valiosa  acerca  de  la  identidad  de  los  dirigentes y  actividades del grupo al cual pertenecía.   

          Sobre  esa base, el Comité operativo para la dejación de las armas  (coda)  le expidió la certificación de que trata el numeral 4 del artículo 12  del    decreto    128   de   2003,   y   como  la  conducta  por  él  reconocida  puede ser tipificada en el  artículo  340  del  código  penal,  la  fiscalía  estima  que  es  imperativo  reconocerle  los  beneficios  estipulados en el artículo 13 del citado decreto,  que dispone lo siguiente:   

          “Beneficios  Jurídicos.  De  conformidad  con  la  ley,  tendrán  derecho  al  indulto,  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, la  cesación  de  procedimiento, la preclusión de la instrucción o la resolución  inhibitoria,  según  el  estado  del  proceso,  los desmovilizados que hubieren  formado  parte  de  las  organizaciones armadas al margen de la ley, respecto de  los  cuales  el  Comité  Operativo  para la dejación de Armas, CODA, expida la  certificación  de  que  trata  el  numeral  4  del  artículo  12  del presente  decreto.”   

          Le  solicitó  al  Juez que proceda de conformidad con ese precepto.   

RAZONES    PARA    LA    DEFINICION    DE  COMPETENCIA   

          Mediante  decisión  del  10  de  julio  del  presente año, el Juez  segundo  penal  especializado de Manizales consideró que no era competente para  decidir el asunto.   

          Estimó  que ni antes de expedirse la ley 906 de 2004, ni ahora, ese  tipo  de decisiones le corresponde resolverlas a la jurisdicción especializada,  pues  con  anterioridad  a  la  ley  975  de  2005,  ese tipo de asuntos debían  dirimirlos   los   Tribunales   Superiores  de  Distrito  Judicial  (leyes  418 de 1997, 548 de 1999 y 782 de 2002, reglamentada por los  decretos  128  de 2003, 3660 de 2003 y 2767 de 2004), y  ahora,  bajo  la  vigencia  de  la ley 975 de 2005, los Tribunales Superiores de  Justicia y Paz.   

          No  obstante,  decidió  el  punto,  absteniéndose  de  decretar la  preclusión de la investigación solicitada.   

          La  Fiscalía  apeló  la decisión y en consecuencia se remitió el  expediente  al  Tribunal  Superior de Manizales, el cual, mediante decisión del  18 de julio de 2006, se inhibió de resolver el recurso.   

          Expresó  que  si  alguien carece de competencia, como el juzgado lo  postuló,   no   puede   pronunciarse   sobre  el  tema  que  se  propone  a  su  consideración.  De  manera  que  si  el juzgado estimó que el competente es el  Tribunal  de  Justicia  y Paz, ha debido enviar el expediente a la Corte Suprema  de  Justicia,  autoridad a la cual le corresponde resolver el impase surgido por  la falta de competencia que se alega.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primero.  Le  corresponde  a  la  Corte,  de  acuerdo  con  el  artículo  54  de  la ley 906 de 2004, definir la competencia cuando se trate de  “aforados  constitucionales  y  legales,  o  de  tribunales,  o de juzgados de  diferente distrito.”   

Como  el  Juzgado tercero penal del circuito  especializado,  consideró que el competente para conocer de la solicitud era la  Sala  de  decisión  penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial, la Corte,  como  Superior  funcional  que  es  de  éste  último,  definirá  el conflicto  propuesto  (numeral  4 del artículo 32 de la ley 906  de     2004).     1   

Así lo ha señalado la Sala, al considerar  que,   

“no   es   precisamente   el   superior  jerárquico  de  quien  discute  la  competencia  quien  debe  pronunciarse para  dilucidarla  –  como  lo  señala  el  Tribunal  Superior  de  Manizales -, toda vez que si como sucede en  éste  caso,  un  juez  del  circuito rechaza ser competente por entender que lo  sería  un  Tribunal,  es a la Corte, como superior funcional y no jerárquico a  quien,    acorde    con    lo    indicado,    le    corresponde    resolver   la  objeción.”   

Segundo.  Los  procesos  de  paz, sea de  diálogo  o  de  desmovilización, incluyen formas de reincorporación a la vida  civil,  para lo cual las leyes 782 de 2002 y/o 975 de 2005, prevén instrumentos  judiciales   específicos   tendientes   a   reconocer   beneficios   jurídicos  relacionados  con  esas  situaciones.  Se  trata  de  mecanismos  excepcionales,  propios  de  modelos  de  justicia  de  transición  que  reconocen “una  tensión  entre  el  objetivo social de lograr un tránsito  efectivo  hacia  la  paz  o la democracia, y los derechos de las víctimas a que  las  violaciones  de derechos sean investigadas, enjuiciadas y castigadas por el  Estado,   y   a   que   se   logre  una  efectiva  reparación.”  2   

Por  esas  razones,  tales disposiciones no  pueden  analizarse  mediante una hermenéutica convencional, sino con principios  políticos    normativizados   en   la   Constitución   y   en   los   tratados  internacionales, que ponen de manifiesto   

“una  nueva  noción  de  justicia  en el  contexto  de  la comunidad internacional, que atiende a la necesidad de alcanzar  la  efectividad  del  derecho  a  la paz en aquellas sociedades en situación de  conflicto,  pero  que a la vez pretende responder, aún en estas circunstancias,  al  imperativo  de  enjuiciar  y  reparar  las graves violaciones a los derechos  humanos  y  del derecho internacional humanitario y lograr el esclarecimiento de  la  verdad  al  respecto,  nuevo  concepto  de  justicia  que  opera  dentro del  tránsito  de  un  periodo  de violencia a otro de consolidación de la paz y de  vigencia  del  Estado  de  Derecho,  o  de  autoritarismo  a  otro de respeto al  pluralismo         democrático.”         3   

O  cómo  en  reiteradas  oportunidades  ha  tenido  ocasión  de  decirlo  la Sala, con ocasión de la interpretación de la  ley 975 de 2005,   

“el  valor  justicia  y  los principios de  igualdad  y  proporcionalidad,  en  orden  a juzgar la constitucionalidad de una  norma  (y  otros principios y otras normas se dirá ahora), no pueden estudiarse  tal  como  si  se  tratara  de  una  ley  ordinaria,  sino tomando en cuenta las  singularidades  de  la  que  ahora  se  analiza,  expedida  con  la finalidad de  resolver  la  tensión  que  en  este  caso  surge  entre los conceptos de paz y  justicia,  que  son  también  fundamentos  del  Estado,  y  de  los compromisos  internacionales adquiridos por Colombia.   

“Por  lo  mismo,  la  vinculación  entre  política  y  derecho  alcanza un nivel mayor al que de ordinario se presenta en  la  legislación  común,  en  la  cual,  por ejemplo, la proporcionalidad de la  respuesta  estatal y la simetría con la agresión a bienes jurídicos, responde  a  la gravedad del injusto y grado de culpabilidad, mientras que, tratándose de  una  ley  especial,  como  aquí  sucede,  se sujetan a otros valores, según se  indicó.” 4   

Desde ese margen se puede establecer que los  procesos   de   negociación   o  de  desmovilización  dirigidos  a  lograr  la  reincorporación  de grupos al margen de la ley, y a los cuáles se refieren las  leyes  782  de  2002 y 975 de 2005, regulan distintas posibilidades relacionadas  con  esas temáticas, dependiendo de los objetivos que con ellas se buscan. Así  por ejemplo, la ley 975 de 2005,   

“no  contiene  la  ley  975  de  2005 una  disposición  que  exonere al delincuente del cumplimiento de la sanción penal.  Si  bien es verdad que se le hace objeto de un tratamiento jurídico penal menos  riguroso    que    el    existente    en    el    Código   Penal   –si  se  cumplen por el infractor unos  requisitos  determinados  en  relación con las víctimas y por la colaboración  con  la administración de justicia-, lo cierto es que, aún así, no desaparece  la    pena.   Esta   se   impone,   pero   el   procesado   puede   –con   estricta   sujeción   a   los  requisitos  y  condiciones  que  el  legislador  señaló- hacerse acreedor a un  beneficio  que  podría reducirle la privación de la libertad por un tiempo sin  que   éste  desparezca,  beneficio  que  será  objeto  de  análisis  detenido  posteriormente   en   esta  providencia.”   5   

Por  fuerza de esa argumentación se impone  una  primera  conclusión:  la  ley 975 de 2005, de justicia y de paz, define un  proceso  sui  generis  en  donde  los derechos a la verdad, justicia y reparación, encuentran efectividad,  siempre,   en   la   asignación  de  una  pena  que  simbólicamente  busca  la  realización  de  esos principios y la transición hacia una paz consensuada. No  por   otra  razón  al  definirse  el  ámbito  de  la  ley,  interpretación  y  aplicación  normativa,  en  el  aparte  inicial  del  artículo  2  se  dijo lo  siguiente:   

“La presente ley  regula   lo   concerniente   a  la  investigación,  procesamiento,  sanción  y  beneficios  judiciales  de  las personas vinculadas a grupos armados organizados  al  margen  de  la  ley, como autores o partícipes de  hechos  delictivos  cometidos  durante  y  con ocasión de la pertenencia a esos  grupos,  que  hubieren  decidido  desmovilizarse y contribuir decisivamente a la  reconciliación nacional.” (resaltado fuera de texto)   

Una segunda conclusión que se deriva de la  filosofía  de la ley 975 de 2005, es la de que la amnistía, el indulto y otros  beneficios  establecidos  en  la  ley  782 de 2002, se rigen por lo dispuesto en  esta  última  legislación, como lo reafirma el aparte final del artículo 2 de  la ley primeramente mencionada en los siguientes términos:   

“La  reinserción  a la vida civil de las  personas  que  puedan  ser  favorecidas  con amnistía, indulto o cualquier otro  beneficio  establecido  en  la  ley  782 de 2002, se regirá por lo dispuesto en  dicha ley.”   

Lo  anterior,  porque  la  ley  975 de 2005  regula  un  proceso  específico  dentro  del  modelo  propio de una justicia de  transición  que  debe concluir ordinariamente con una sanción, a diferencia de  lo  que  ocurre  con  la  782  de  2002  define  procedimientos  destinados a la  realización    del    indulto    (por   parte   del  Gobierno),   la  amnistía,  la  inhibición  de  la  investigación  o  la  preclusión  de  la  investigación  o  la  cesación  de  procedimiento,  según  sea  el  caso,  con  intervención  de  las  autoridades  judiciales    (fiscales    o    jueces).   

La   alusión  a  fiscales  y  jueces  es  explicable  en  atención  a que la ley 782 de 2002 se expidió antes de haberse  promulgado    el    nuevo    código   de   procedimiento   penal   (ley  906  de  2004),  que como se sabe,  entrega  a  los  jueces,  en  el  marco  del  principio  de reserva judicial, la  posibilidad  de  decidir  acerca de las causas relacionadas con la imposibilidad  de  iniciar  o  continuar la acción penal (artículos  331 y 332 ley 906 de 2004).   

Pero  si se tiene en cuenta que hoy en día  coexisten en todo el país  diferentes  sistemas  procesales, no se ve ninguna razón para que los Fiscales,  a   quienes   les   fue   atribuida   la   competencia  para  decidir  sobre  la  improseguibilidad  de la acción penal (preclusión de  la  investigación)  o para no iniciarla (inhibición), no puedan pronunciarse al  respecto. 6   

    Además,   la   declaratoria  de  inexequibilidad   del   artículo   78  de  la  ley  906  de  2004  7, mediante la  cual  se  priva  a  los  fiscales  de la posibilidad de archivar las diligencias  penales,  debe  entenderse  en el entorno de la interpretación de la ley 906 de  2004,  que  consagra un sistema especial de reserva judicial y no en el contexto  de  la  justicia  de  transición  que  busca reincorporar a la vida civil a los  miembros de los grupos organizados al margen de la ley.   

En síntesis, en materia de competencia con  relación a esta temática se puede concluir lo siguiente:   

1.   Aquellos  asuntos relacionados con la  aplicación  de  los  beneficios contemplados en la ley 782 de 2002 para delitos  políticos,     y     concierto     para     delinquir    simple    (artículo  340-1  de a ley 599 de 2000),  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias (346  idem),  instigación  a delinquir simple (348-1  ibidem), fabricación, tráfico y  porte  de  armas  y  municiones (365 idem)  le  corresponde,  según el estado del proceso, resolverlos a los  fiscales   competentes  una  vez  reciban  la  petición  de  la  Dirección  de  fiscalías  correspondiente, o a los Tribunales Superiores de Distrito Judicial,  mediante  un  trámite  de  simple constatación que amerita que la decisión se  tome   de   plano   (artículo   24   ley   782   de  2002).       8   

2.    Los  procesos  que se adelanten  por  aquellas  conductas  que  no  puedan  ser  beneficiadas  con  alguno de los  mecanismos  establecidos  en la ley 782 de 2002 y que implican la asignación de  una   pena   (artículo   10   de   la  ley  975  de  2005), les corresponde a los Tribunales de Justicia y  Paz, dada su cobertura eminentemente residual.   

Tercero. De manera  que  a  partir  de  esos  elementos de juicio, ya se puede explicar por qué los  asuntos  que  definen esos temas se encargan a una jurisdicción o a un tribunal  especial  y  por  qué no se puede admitir que instituciones propias del sistema  de   justicia   ordinario   cubran   el  ejercicio  de  actividades  que  están  relacionadas  con  puntuales  programas  de  reinserción  a la vida civil, como  equivocadamente  lo  piensa  el señor Fiscal tercero especializado de Manizales  al  hacer  una  lectura  descontextualizada  de las normas cuya aplicación pide  reconocer analógicamente.   

Por  lo tanto, no resulta difícil concluir  que  ese  tipo  de solicitudes no las puede proponer el fiscal especializado por  su  propia iniciativa, ni resolverlas el juzgado, pues nótese que con relación  a  la posibilidad de reincorporación de los miembros de los grupos armados a la  vida  civil,  existe  una  competencia  privativa  especialmente definida en las  leyes  975  de  2005  y  782  de  2002, tal y como se explicó con anterioridad.   

Cuarto. De acuerdo  con  ello  y  como  se  trata  de  una entrega voluntaria por quien afirma haber  pertenecido  a  grupos de autodefensa que operan en los departamentos del Meta y  del  Casanare,  y  como  no  se  tiene evidencia de que contra el citado existan  procesos  penales  ni  porque  delitos,  le  corresponde  resolver si se dan los  presupuestos  requeridos  por  la  ley  782  de  2002  para  inhibirse  de abrir  investigación  penal,  al Fiscal delegado ante el tribunal Superior que designe  la  Dirección de Fiscalías de Villavicencio, tal como lo dispone del artículo  24  de  la  ley 782 de 2002, y en ningún caso el tribunal de justicia y paz que  como se ha dicho, tiene una competencia eminentemente residual.   

          De  esta  manera, la Sala reconsidera su posición inicial, plasmada  en  la  decisión del 22 de agosto del presente año, radicado 25831, en la cual  estimó  que el competente para conocer de esta clase de asuntos era el Tribunal  de Justicia y Paz.   

          Por  lo  expuesto,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  Penal,   

Dispone:  

Remitir    la  actuación   por   competencia  ante  la  Dirección  de  Fiscalías  de Villavicencio,  con  miras  a que el Fiscal que designe determine si  es  viable que se inhiba de abrir investigación penal respecto del peticionario  Angelo       Patiño       Jaramillo.   

          Infórmese  de  esta  determinación  al  Fiscal  especializado,  al  Juzgado  segundo  penal  del  circuito  especializado,  al  tribunal Superior de  Manizales  y  a  Angelo  Patiño Jaramillo.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE          QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO            SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Cfr.,  al  respecto, por todos, Corte Suprema de Justicia, auto del 30 de mayo de 2006,  radicado 24964   

2 Corte  Constitucional, Sentencia C 370 de 2006.   

3  Idem.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  colisión  de competencias,  radicado 24549 del 7 de diciembre de 2005, entre otras.   

5 Corte  Constitucional, sentencia citada.   

6  El  artículo 24 de la ley 782 de 2002, dispone:   

Se   podrán  conceder  también,  según  proceda,  de acuerdo con el estado del respectivo proceso penal, la cesación de  procedimiento,   la   resolución   de  preclusión  de  la  instrucción  o  la  resolución  inhibitoria,  a quienes confiesen y hayan sido o fueren denunciados  o  procesados  por  hechos  constitutivos  de  los delitos a que se refiere este  título    y    no    hayan    sido    aún    condenados   mediante   sentencia  ejecutoriada.   

Para  estos  efectos,  se  tramitará  la  solicitud  de  acuerdo  con los artículos anteriores y, una vez verificados los  requisitos,  el  Ministerio de Justicia y del Derecho  remitirá     la     solicitud     al    Tribunal    correspondiente, o a la Dirección de Fiscalía ante la  cual  se adelante el trámite, quienes deberán emitir  de  plano,  la  providencia que decida la respectiva solicitud, en los términos  legales y observando el principio de celeridad.   

Si  la  persona  se encuentra privada de la  libertad,  las  citadas  autoridades  deberán  dar  trámite preferencial a las  solicitudes  de beneficios jurídicos, y en la providencia en la cual se conceda  la  petición de preclusión de la instrucción o la cesación de procedimiento,  deberá  revocarse  el  auto  de  detención  del  beneficiario,  cancelarse las  órdenes   de   captura  en  su  contra  y  ordenar  oficiar  a  los  organismos  competentes.   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  respectivo  deberá  resolver dentro de los tres (3) meses siguientes, contados a partir del  día    siguiente    al    recibo    del    expediente.    Este    término   es  improrrogable.   

7  Sentencia C 591 del 8 de junio de 2005   

8  Los  delitos  de  y  concierto  para delinquir simple  (artículo  340-1  de  a  ley  599  de 2000), utilización ilegal de uniformes e  insignias   (346   idem),   instigación  a  delinquir  simple  (348-1  ibidem),  fabricación,  tráfico y porte de armas y municiones (365 idem), de acuerdo con  el  artículo  69  de  la  ley  975  de  2005,  pueden  admitir beneficios tales  como   la resolución inhibitoria, la preclusión de la investigación o la  cesación  de procedimiento, para aquellos actores que se hubiesen desmovilizado  en las condiciones señaladas en la ley 782 de 2002.     

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