25811(10-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25811   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 084.  

Bogotá  D.C.,  agosto  diez (10) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  condenado  JAIME  EMIRO  GONZÁLEZ GALEANO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  24  de  marzo  del  año  que transcurre,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  20 de febrero anterior, por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente responsable del delito de homicidio agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia  las  11  de  la  mañana  del  17 del  corriente  año,  se llevó a cabo en las instalaciones del Instituto Colombiano  de  Bienestar  Familiar,  ubicadas en la carrera 50 A No. 61-25 del barrio Prado  Centro  de  la  capital  antioqueña,  diligencia  de  conciliación  entre  los  cónyuges      divorciados      Olivia     Oliveros  Higuita   y   JAIME  EMIRO  GONZÁLEZ  GALEANO,  cuyo  objeto  era  determinar  la  custodia    de    su    hijo   Richardson   González  Oliveros,  de  diez años de edad para ese entonces, y  el  levantamiento  del  embargo  que pesaba sobre la pensión de jubilación que  recibía   este   último   en  su  condición  de  ex  agente  de  la  Policía  Nacional.   

Al     finalizar     la     diligencia  aludida,     GONZÁLEZ     GALEANO     esperó  a que Oliveros Higuita  saliera de la sede en donde la misma tuvo lugar.  Cuando ello  ocurrió,  amedrentó  a los presentes con un arma de fuego amparada a su nombre  con  el  objeto  de que no intervinieran.  De inmediato, se abalanzó sobre  la    humanidad   de   Oliveros   Higuita,  propinándole  múltiples golpes, luego de lo cual le disparó en  cinco  oportunidades.   Al  hacer  presencia  un  uniformado de la Policía  Nacional, el agresor se disparó con la misma arma en el pecho.   

Los  dos  lesionados  fueron  remitidos  a  diferentes  centros  hospitalarios  de  la  misma  ciudad,  en  uno de lo cuales  falleció Oliveros Higuita y,  en  el  otro,  gracias a una oportuna intervención quirúrgica, logró salvarse  la  vida de GONZÁLEZ GALEANO.   

Al  día  siguiente  de ocurridos los hechos  relatados,  ante  el  Juzgado Primero Penal Municipal con función de Control de  Garantías   de   Medellín,   se  realizaron  las  audiencias  preliminares  de  legalización  de  la  captura,  formulación  de  la  imputación  -la  cual se  concretó  al delito de homicidio agravado, de conformidad con los numerales 4 y  7  del  artículo  104  de la Ley 599 de 2000-, legalización de incautación de  objetos  materiales  y  de  solicitud  de  medida  de  aseguramiento  -a lo cual  accedió   el   Juez   de   Control  de  Garantías  imponiendo  a  GONZÁLEZ  GALEANO detención preventiva-,  en   cuyas   actas  se  dejo  constancia  en  el  sentido  de  que  “el   imputado   no   asistió  a  la  diligencia  por  tener  una  imposibilidad  física,  según  prescripción  del médico que lo atiende en la  Unidad    de    Cuidados    Intensivos    de    la   Policlínica”.   

El  10  de  febrero  siguiente  tuvo  lugar  audiencia  preliminar  de  complementación de la imputación ante el Juzgado 31  Penal  Municipal  con funciones de Control de Garantías de Medellín, a la cual  asistió  GONZÁLEZ  GALEANO,  en  cuyo  desarrollo  se  allanó  a la imputación, motivo por el cual el 13 de  febrero  ulterior  la Fiscalía presentó “escrito de  acusación   con  allanamiento  a  la  imputación”,  anexándose  a  ella  acta de preacuerdo en el sentido de reconocer un descuento  de la tercera parte de la pena a imponer al procesado.   

El juzgado de conocimiento, Primero Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  una  vez  aprobó en audiencia el allanamiento  manifestado  por  el  incriminado, profirió sentencia de primer grado, por cuyo  medio  condenó  al  acusado  a  la  pena principal de veintitrés (23) años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  lapso  de veinte (20) años como autor penalmente  responsable  del delito por el cual fue acusado. En la misma decisión, le negó  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, así como la prisión  domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  el condenado, el Tribunal Superior de  Medellín,  mediante fallo del 24 de marzo del año que transcurre, la confirmó  “con las siguientes modificaciones:  a) la pena  de  prisión  que  deberá descontar el procesado tendrá, en vez de la prevista  en  primera  instancia,  una duración de veinte años, tres meses y diez y ocho  días  y  b) El comiso del arma incautada opera a favor de las Fuerzas Militares  y    no    de    la    Fiscalía    General    de    la   Nación”.   

          En        contra        del       fallo       del       ad-quem,  el   defensor   del   procesado   interpuso   recurso  extraordinario de casación.     

LA  DEMANDA   

A  través  del  libelo  presentado  por  el  defensor     de     GONZÁLEZ    GALEANO   se   formulan  tres  cargos.   El  primero,  con carácter de principal, tiene sustento en la causal contemplada en  el  numeral  2°  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, aduciendo que se  incurrió  en violación del derecho de defensa, por falta de defensa técnica y  vulneración del principio de contradicción.   

El  segundo,  se  fundamenta  en  la  causal  prevista   en   el   numeral  1°  ibídem,  por violación directa de la ley sustancial originada en la falta  de  aplicación  del  artículo 351 ejusdem.   

Y,  el  tercero,  tiene soporte en la causal  estipulada  en  el  mismo  numeral  de  la  preceptiva  citada,  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de un error de hecho por falso juicio  de identidad en la apreciación de la prueba.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  metodológicamente  se  optará  en el aparte siguiente por hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar, acto seguido, su correspondiente estudio formal.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

El  recurso  extraordinario de casación, de  conformidad  con el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, expresamente se concibe  como  control  constitucional  y  legal  de las sentencias proferidas en segunda  instancia  en  procesos  adelantados  por  delitos  cuando  quiera  que  afecten  derechos  o  garantías  fundamentales por la concurrencia de alguna de las  causales  expresamente  previstas  en  la  misma  disposición,  siempre  que se  cumplan  los  fines  para los cuales está previsto, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

Desde  esa  perspectiva,  la  lógica  del  recurso  sigue  siendo la de un juicio que se formula contra el fallo de segundo  grado  a  través  del  cual  se  han  agotado  las  instancias ordinarias de la  actuación,   juicio  que  no  sólo  abarca  su  legalidad,  sino  también  su  constitucionalidad,  aspecto  último  que  no  resulta  del todo novedoso si se  tiene  en  cuenta  que  los principios y valores que consagra la Carta Política  necesariamente  irradian  los  desarrollos  legales  y  permean  la labor de los  jueces  como intérpretes y aplicadores de la ley, sirviendo de criterio máximo  orientador en el desarrollo de su misión de administrar justicia.   

Por lo anterior, razonable se impone colegir  que  el  medio  extraordinario  de impugnación no ha sufrido una trasformación  que  permita  asumirlo  como  una instancia más del proceso, a la cual se pueda  acudir  para  cuestionar  libremente el fallo de segundo grado por cuyo medio se  clausuró  el debate probatorio, ni para reprochar exclusivamente la valoración  que  de las pruebas efectuaron los falladores, a partir de simples discrepancias  sobre su mérito suasorio.   

En  punto  de  la  admisión  del  recurso  extraordinario  de casación, es de meridiana claridad que el inciso segundo del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004 prescribe lo siguiente:   

“No   será   seleccionada,   por   auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación, o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

Del  contenido  de dicha normatividad, a la  cual  es  necesario  acudir  en  este  momento  en  que  se  estudian  tanto los  requisitos  técnicos  y  de fundamentación de la demanda, como la necesidad de  intervención  de la Corte en orden a lograr el cumplimiento de alguna o algunas  de  la  finalidades  que  con este extraordinario recurso se persiguen, se tiene  que   la   demanda   de   casación  “requiere  del  cumplimiento  de requisitos formales y materiales, de continente y de contenido,  los  cuales  la  Corte  debe  evaluar  a  la  hora  de decidir sobre su eventual  admisión”1.   

Por   lo   mismo,   se  ha  señalado  que  “el    recurso    de    casación    (i)   es   un   medio   de  impugnación  esencialmente   reglado,   cuya  procedencia  está  condicionada  a  exigencias  formales  y  de contenido, en cuyo caso la Corte está en el deber de admitirla;  (ii) de igual manera lo debe  hacer  cuando  encuentra  un  derecho  fundamental  que  defender  o  restaurar,  privilegiando  los  fines  sobre  las  formas,  caso  en el cual no se impone su  discrecionalidad,  sino  que  se  sujeta  a  la  cláusula especial de sujeción  indicada  en  el  aparte  segundo del artículo 184 del código de procedimiento  penal,  que  le permite, cuando se precisa del fallo, superar defectos formales,  para  destacar  los  más elevados fines del recurso2”.   

Es  con  fundamento  en  el  anterior  marco  conceptual  del  recurso  de  casación  que la Sala emprende el análisis de la  demanda  presentada  por el defensor el condenado JAIME  EMIRO     GONZÁLEZ    GALEANO,    en    la    forma  anunciada.   

1.            Primer   cargo   (principal).   “Violación al derecho de defensa, falta de defensa  técnica,    violación    al    principio    de   contradicción”.   

El  demandante comienza su disertación con  un   subcapítulo  que  denomina  “análisis  a  la  violación  del  principio de contradicción”, en el  cual   señala   que   “constitucionalmente   este  principio  está  regulado  en  la  práctica  por diferentes expresiones, entre  ellas  la  que vamos a entrar a demostrar y que se vincula al ejercicio real con  efectos  positivos  en  la estrategia defensiva del disenso del contenido de los  experticios  como  el psiquiátrico realizado parcialmente al ciudadano GONZALEZ  GALEANO”.   

Acto  seguido,  señala  que  a  partir del  comportamiento    desplegado    por    su    defendido,    quien    “en  la  diversidad  situacional  terminó  realizando  conductas  suicidas  sin  dejar  de  olvidar toda la fenomenología afectiva que se produjo  antes   de   la   agresión   de   la  señora  OLIVEROS  HIGUITA”   y  con  miras  a  garantizar  del  principio  de  investigación  integral,   era  necesario  practicar  un  dictamen  psiquiátrico  “el  que  por  iniciativa del Fiscal seccional, expresado ante el  Juez  de control de Garantías (fols. 13 a 20 fte.) fue ordenado mediante oficio  No. 075 de enero 30 de 2006 folios 16 fte.”   

En  las  conclusiones de dicho dictamen, el  perito  advierte  que  el  procesado  presenta un trastorno depresivo severo que  amerita  tratamiento psiquiátrico urgente, pero “en  momento   alguno   asume   la   verdadera   funcionalidad  de  prueba,  esto  es  determinación  de  las  condiciones  en  que  se encontraba el procesado en los  coeficientes   temporales   PREVIOS   Y   CONCOMITANTES   a   la  manifestación  comportamental”.   Por  ello, el demandante no  acepta  la  postura  del  defensor  técnico que lo antecedió, ya que encuentra  omisión  de  su  parte  en  haber  presentado un cuestionario a absolver por el  perito  para conocer aspectos tales como la forma en que se cometió la conducta  que  ahora merece reproche, así como lo ocurrido en los momentos antecedentes a  ella.   

Sostiene que lo anterior reviste gravedad en  tanto  la  representación  profesional  guardó  silencio  frente a un medio de  convicción  “que  pudiera haber permitido un mejor  futuro  procesal”,  así  como también la tiene el  hecho  de  que  los  acontecimientos  no  pudieron  ser  conocidos por el perito  siquiatra,  debido  a  que  el  juez  de control de garantías remitió un disco  compacto  con esa información que aquél no pudo abrir, como así se manifestó  en  el  dictamen,  en  forma tal que en el fallo “la  Imputabilidad  SE  PRESUME,  ante  el menor cuestionamiento acerca de la posible  existencia   de   algún   fenómeno  contrario  de  carácter  TRANSITORIO  SIN  SECUELAS”.   

También generó afectación del derecho de  contradicción,    prosigue    el    censor,   “el  paradójico,   irregular   e  ilegítimo  actuar  del  titular  del  juzgado  de  conocimiento,  quien  sin  el menor respeto por la legalidad, procede a realizar  la  siguiente  actuación  el  mismo  día  en  que se da lectura a la sentencia  condenatoria   anticipada”   refiriéndose  a  que  corrió traslado del dictamen aludido.   

Prueba   que,  agrega,  era  de  especial  importancia  con  el  fin  de  “establecer a ciencia  cierta  que otros fenómenos comportamentales influyeron en la ejecución de una  conducta   de   esa   naturaleza   y   en   las   condiciones  existenciales  de  comisión”.   

Por  lo  anterior,  considera  “que  al  momento  de  adoptar  el  fallo  con  cede (sic)  en  casación  se  proceda  a  su  revocatoria   a   la   instancia  procesal  que  permite  no  solo  (sic)  la reproducción del dictamen con  la  corrección de los errores que indica el psiquiatra que se presentaron, sino  también   presentar   de   una   controversia  (sic)  de         su         contenido”.   

A  continuación,  en  el  mismo  acápite,  desarrolla  un segundo aparte que intitula “Falta de  defensa  técnica”, en el cual comienza por advertir  que  por ser una característica propia del sistema de juzgamiento la asistencia  profesional  permanente  “ya no es posible entrar a  considerar      la      presencia      de      un      presunto     ‘silencio   estratégico’, mediante el cual el profesional del  derecho  podía  guardar  silencia  (sic) en  todo  el  desarrollo del proceso hasta la audiencia pública”   

En esa medida, cuestiona la labor defensiva  de  su  antecesor  en  cuanto  se mostró de acuerdo con una reducción punitiva  para  su  defendido  de  una  tercera  parte  de  la  pena, no obstante preverse  legalmente  una  disminución  de hasta el 50 % de la pena, a lo que se suma que  “en  la  audiencia  de  control  de legalidad de la  medida   de   aseguramiento   de  (sic)  escenario   connatural  para  solicitar  pruebas,  no  se  registra  actividad  alguna  relacionada  con  inclusive  (sic)  allegar  copia  de  la historia clínica siquiátrica  del  procesado,  u  otras  que  la adecuadación (sic)  adaptación de la realidad lo permitan”.   

Así  mismo,  porque  en  la  diligencia de  lectura  del  fallo  de  primera  instancia,  el  defensor  que  en  ese momento  representaba    los    intereses    de    GONZÁLEZ  GALEANO   no  interpuso  en  su  contra  recurso  de  apelación  ni  tampoco  el  extraordinario  de  casación  contra la de segundo  grado,  al tiempo que se abstuvo de hacer uso de las facultades que le asistían  para   “pedir   pruebas,   solicitar  dictámenes,  interrogar  a los peritos, velar por las garantías fundamentales, luchar por la  reivindicación  de  espacios de libertad y acceder eficaz y estratégicamente a  los  potenciales  efectos favorables de la segunda instancia”.   

Lo  expuesto, en su criterio, condujo a que  se  vulneraran  los artículos 29, 250 y 228 de la Constitución Política, así  como  los   artículos  4, 5, 6 inciso 2°, 8, 10, 15 y 26 de la Ley 906 de  2004,  motivo  por  el  cual  solicita  se  decrete  la nulidad de la actuación  procesal   “desde   la  audiencia  de  control  de  legalidad     de     la     captura”.          

Para  la  Sala es evidente que  la  decisión  que  corresponde  adoptar  en  relación con este  primer  cargo  es la de su inadmisión, a lo cual se procederá, con sustento en  las razones que a continuación se exponen:   

El  reparo  que concita la atención de la  Sala  no  satisface  las  pautas  lógicas  y  conceptuales  vinculadas  con  la  exigencia  prevista  expresamente  para  la  admisión  del  libelo en el inciso  segundo  del artículo 184 de la mima normatividad, en cuanto impone un adecuado  desarrollo  de  los  cargos  de  sustentación  que se propongan contra el fallo  impugnado,  de  suerte  que contengan una presentación clara y precisa que haga  inteligible su estudio de fondo.   

Características  que  no  se evidencian del  cargo  objeto  de  estudio que el casacionista formula con sustento en la causal  segunda  prevista  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004 por la presunta  vulneración  de  garantías  fundamentales  a  su defendido, pues si bien se ha  señalado  de  manera  recurrente  por la Corte que la causal de nulidad goza de  cierta  laxitud  en  su formulación, no por ello se puede prescindir de algunos  requisitos  indispensables  para  que  se  entienda debidamente satisfecha y, en  especial,  de  aquella  exigencia  que  apunta  a  que por lo menos la propuesta  casacional se ofrezca clara y precisa.   

           

El  actor toma distancia de estos derroteros  al  involucrar  en  la  censura  la  afectación  de varias garantías de manera  simultánea,   cuya   naturaleza   es   diversa,   a   saber,  el  principio  de  investigación  integral,  el  debido  proceso,  el  derecho  de defensa y el de  contradicción   probatoria,   los  cuales,  si  bien  es  factible  que  puedan  quebrantarse  en forma coetánea, así debe indicarse en la censura, a riesgo de  desconocer   principios  que  regentan  el  recurso  extraordinario  -y  que  se  mantienen  con  el  nuevo sistema penal acusatorio-, como son los de autonomía,  independencia,   no  contradicción  y  prioridad  en  la  formulación  de  los  cargos;   esto,  con  el  fin  de  precaver  que  se  incurra en eventuales  ambivalencias  indebidas  que dificulten el entendimiento de la censura, como en  efecto aquí ocurre.   

Con  mayor fuerza irrumpe lo anterior cuando  para  la  demostración  de  la  afectación  de  cada  una  de  las  garantías  enunciadas  el actor expone los mismos argumentos, lo que no resulta consecuente  con su naturaleza disímil.   

Tal  incorrección  impide  que  se  logre  desentrañar,  a  cabalidad, el objetivo de su pretensión para así someterla a  su   correspondiente análisis de fondo.   

No  obstante lo anterior, especial atención  merece  el  argumento  del  censor  que  se  extrae  de  la confusa disertación  contenida  en  este  cargo,  referido  a que el juez de conocimiento   “sin   el  menor  respeto  por  la  legalidad”,  puso  a  disposición  de  los  intervinientes  el dictamen pericial  psiquiátrico      practicado      a      GONZÁLEZ  GALEANO  el  mismo  día  en  que  se dio lectura a la  sentencia  anticipada  de  primer grado en la audiencia prevista legalmente para  tal  efecto,  con  lo  cual  se  obstruyó  el  derecho  de  contradicción y se  presumió la imputabilidad penal de su defendido.   

Sin  que se pretenda adoptar una decisión  de  fondo  sobre  el  punto planteado por el censor, conviene dejar en claro que  dicho  dictamen  practicado  por el Instituto de Medicina Legal, a instancia del  Juzgado  Primero  Municipal  con función de Control de Garantías, no evidencia  que  el  procesado  al  momento  de  los  hechos  hubiera estado aquejado por un  trastorno  mental  que le hubiera impedido la comprensión de su actuar, como de  manera  errada  lo  sostiene el casacionista al señalar que la imputabilidad de  su   defendido   se   presumió   por   no   permitirse  la  contradicción  del  peritaje.   

   

Lo anterior se debe fundamentalmente a que  en  el  cuestionario  elaborado por el funcionario judicial en momento alguno se  indagó  por  un posible estado de inimputabilidad del procesado para el momento  de  comisión  de  la  conducta.  El interrogatorio a absolver por el psiquiatra  forense, se circunscribió a los siguientes puntos:   

“1.-     Estado     general    del  interno.   

2.- Se determinará si esta persona padece  en   este   momento   de   algún   síntoma   de   depresión  o  de  anomalía  síquica.   

3. Si sufre en la actualidad algún tipo de  enfermedad mental.   

4. Si está en capacidad (física, mental o  síquica) de permanecer recluido en un cárcel común.   

5.  Las  demás  aclaraciones  que  estime  pertinentes,  las  que  no  son  necesarias para determinar si se le remite a un  anexo  siquiátrico  o  puede  continuar  en  un  establecimiento  de reclusión  común”.   

De ahí que sobre la base de este dictamen  no  se  logre  inferir  un  eventual  estado  de inimputabilidad de JAIME  EMIRO   GONZÁLEZ  GALEANO,  en  tanto que el perito se limitó a darle respuesta a los específicos aspectos  requeridos  por el funcionario.  Situación distinta configuraría si en el  mismo  se  hubiere  advertido  tal  posibilidad,  lo  que  habría entrañado la  necesidad  de ponderar una presunta vulneración de las garantías fundamentales  del  mencionado ante la omisión de desplegar los esfuerzos necesarios con miras  a establecer su inimputabilidad.   

Ahora,  en  lo  que respecta a la segunda  parte  del  mismo  reparo,  cabe  indicar  que  si  bien  se  presenta con mayor  claridad,  al  aludir  allí  a  la  presunta  falta  de  defensa técnica de su  defendido,  con exposición de los argumentos que dan apoyo a esa pretensión de  manera  independiente,  lo  cierto  es  que  ninguna  de  las  situaciones allí  planteadas  abre paso a la necesidad de proferir el fallo para cumplir alguna de  las  finalidades  del recurso a las que se refiere el inciso segundo del aludido  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, como requisito indispensable para admitir  la censura.   

Lo  dicho  en precedencia, en tanto que las  diferentes  situaciones que el actor plantea como lesivas del derecho de defensa  de  su  patrocinado, no son cosa distinta a la divergencia   que tiene  con  la  actuación cumplida por el profesional del derecho que lo antecedió en  la  causa  encomendada,  la  cual  no tiene entidad para socavar la garantía en  cuestión.   

En ese orden de ideas, como el motivo de su  inconformidad  radica  en  que  su  antecesor no controvirtió, no impugnó y en  resumidas  cuentas  no desarrolló lo estrategia que bajo su particular punto de  vista  resultaba más efectiva en beneficio de los intereses de su defendido, no  compagina  con  ninguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario  que  haga  necesario  el  proferimiento  de  fallo  de fondo para pronunciarse sobre una de  tales temáticas.   

Menos aún, cuando sin dificultad alguna se  observa  que  el  procesado siempre contó con asesoría profesional, tanto para  el  momento  en que se allanó a los cargos que se le formularon en la audiencia  complementaria  de  formulación  de  la imputación, como durante las restantes  actuaciones que conformaron el proceso.   

En   consecuencia,   la   decisión   que  corresponde  adoptar  en  relación  con esta censura es la de su inadmisión, a  tenor  de  lo  dispuesto en el inciso segundo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004  y  porque  no  se evidencia la necesidad de superar las  deficiencias  que  acusa  para  cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario.   

2.              Segundo  cargo.  Violación  directa  de  la  Ley  sustancial  (numeral  1°,  art.  181  de  la  Ley  906 de  2004):   

Indica   el   censor   que   se   aplicó  indebidamente  el  artículo  352  de  la Ley 906 de 2004, en cuanto señala que  cuando  se  concretan  preacuerdos posteriores a la presentación del escrito de  acusación  la pena imponible se reducirá en una tercera parte, no obstante que  en  este  caso  tuvo lugar en la audiencia de formulación de la imputación, en  cuyo  caso se prevé un descuento punitivo de hasta la mitad de la pena, como lo  estipula   el   artículo   351   ibídem.   

En  dicho yerro, señala, incurrió el juez  de  primer  grado  al descontar sólo una tercera parte de la pena impuesta a su  defendido.   

Por     lo     tanto,    “solicito  con  todo respeto se case la sentencia y se profiera el  fallo  correspondiente  aplicando  en  la  tasación  de  la pena las normas que  regulan    un    mayor    beneficio    cuantitativo    de    pena”.      

En  relación  con  esta censura, baste con  señalar  que  pronto  se advierte la falta de interés jurídico para acudir al  recurso  de  casación  en  cuanto  al aspecto específicamente planteado por el  defensor   del   procesado   JAIME   EMIRO  GONZÁLEZ  GALEANO,  por  lo que se procederá de conformidad con  la  consecuencia  procesal prevista para dicha circunstancia en el artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004,  según la cual “No será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado… la demanda que se encuentre en  cualquiera  de  los siguientes supuestos:  Si el  demandante  carece  de interés, o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá el expediente al despacho de  origen” (subrayas fuera de texto).   

Ciertamente,  a  efecto  de  establecer  si  asiste  o  no  interés  jurídico  para recurrir, como en forma reiterada lo ha  sostenido   la  Sala,  es  preciso  que  concurra  la  denominada  legitimación  sustancial,  entendida  como  el  perjuicio  efectivo  que  una   decisión  produce   para   el   inconforme   y   que  justifica  el  acceso  al  medio  de  impugnación.   

En  el  caso  sub  examine,    señala  el  actor que su disenso frente al fallo surge de que no se  concedió  a  su  defendido  una  rebaja punitiva acorde con las previsiones del  artículo  351  de  la  Ley  906,  por  razón  de  su allanamiento a los cargos  endilgados en la audiencia de formulación de la imputación.   

Sin  embargo,  no  reparó el actor que esa  situación  fue  modificada  en el fallo de segundo grado en donde se reconoció  un  descuento  punitivo  a  favor  de GONZÁLEZ GALEANO  consecuente  con las previsiones de la norma aludida y  acorde  con  el  momento  procesal  en  que  se  produjo  el  allanamiento a los  cargos.   

Así las cosas, el censor hizo abstracción  total  del  contenido del fallo de segunda instancia, lo que resulta inexcusable  si  se  tiene en cuenta que es contra esta decisión contra la cual se dirige el  recurso  extraordinario  y  no  contra el fallo de primera instancia. No haberse  percatado  de  los  argumentos  expuestos en el fallo del Tribunal le impidieron  advertir  que  allí  se  modificó  la situación en los términos en que ahora  pretende    y    que,   por   consiguiente,   dejan   ayuno   de   sustento   el  reparo.   

En  efecto,  concluyó el Tribunal sobre el  punto a que se contrae su inconformidad lo siguiente:   

“Por lo acabado de anotar, esta sala dará  prevalencia  al  allanamiento  unilateral  e  incondicional  del procesado en la  diligencia  de  complementación de la formulación de imputación y procederá,  siguiendo  los  criterios  de  oportunidad  de  tal  actitud procesal de cara al  ahorro  en  la  actividad  estatal  y  los  demás  que  tuvimos  en cuenta para  concretar  la  pena,  a  fijar como monto de reducción, si bien no el total del  50%  que  permite  el  artículo  351  pluricitado en tanto se predicó un mayor  disvalor  de  acción,  si  el  40  %  por ciento de la misma, lo que le deja en  definitiva,  en  veinte  años,  tres  meses  y diez y ocho días”.   

Lo  expuesto es suficiente para colegir que  el  recurrente  carece  de  interés  frente  a  la prédica que formula en este  cargo,    por    lo    que    se    procederá   de   la   manera   indicada   a  inadmitirlo.   

    

1. Tercer   cargo.   Violación  indirecta  de  la  Ley sustancial derivada de error de hecho por falso juicio de  identidad (numeral 3°, art. 181 de la Ley 906 de 2004):     

Indica  el  censor  que  el  motivo de su  inconformidad  en este reproche se circunscribe “al  reconocimiento  del  estado  de ira e intenso dolor que padeció el implicado en  forma   previa   y   concomitante   al   momento   en   que   se  produjeron  lo  disparos”,   por   exclusión   en  la  sentencia  impugnada   de   la   circunstancia   de   atenuación   punitiva  que  de  ella  emana.   

El  sustento  de  su  reclamo  se  puede  sintetizar   en   el   siguiente   aparte   de  la  censura:   “queda  claro  que el error se  produce por el falso juicio  de  identidad  sobre el contenido fáctico por doble vía, en primer lugar desde  la  alteración  emocional  de  lo ocurrido en la diligencia, y el contenido del  diálogo  con  la  víctima  se  puede  comprender  que  el  acto que produce el  enceguecimiento   como  él  lo  afirma  es  real  con  origen  de  la  víctima  (sic)  desencadenando la  reacción  propia  de  ira e intenso dolor;  en segundo lugar con origen en  la  alteración  emocional  previa  generada  en el resultado del proceso por la  custodia,  y  con  relación  a  la  actitud  de  la  víctima en el dialogo que  establece   la   prueba  se  produjo  instantes  posteriores  a  la  salida  del  establecimiento”.               

Como  ocurrió  con  el  cargo  anterior,  también  en  éste  se  advierte  que  el  recurrente  no ostenta interés para  impugnar,  pues  en  forma similar a lo que sucede con la figura de la sentencia  anticipada  prevista  en el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, mediante la cual  el  sindicado  acepta  los  cargos  atribuidos  en su contra, en el allanamiento  contemplado  en  el  351 de la Ley 906 de 2004 también opera el principio de no  retractación,  surgiendo  la  imposibilidad  procesal  para  quien efectúa tal  asentimiento  de  discutir  en  relación con la responsabilidad penal admitida,  bien  sea  para  pregonar posteriormente su inocencia (retractación total) o en  procura  de  buscar  una  forma  de  degradación (retractación parcial), salvo  demostrarse  que  en  dicho  acto  se incurrió en vicios de consentimiento o en  vulneración  de  garantías  fundamentales,  tal como ahora lo prevé el inciso  cuarto del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.   

Este  principio  de  no  retractación,  además,  encuentra consagración expresa en el inciso segundo del artículo 293  de     la     última     normatividad,    al    señalar    que    “Examinado   por   el  juez  de  conocimiento  el  acuerdo  para  determinar  que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo,  procederá a aceptarlo  sin  que  a  partir  de  entonces  sea  posible  la  retractación  de  alguno  de  los  intervinientes, y  convocará  a  audiencia  para  la  individualización de la pena y sentencia”  (subrayas     fuera     de     texto).   

Lo  anterior constituye razón suficiente  para  concluir  respecto  de  este  reproche  que  como  al  actor no cuenta con  interés  para pretender el reconocimiento de la aminorante punitiva de la ira e  intenso   dolor,   en   tanto   ello   implicaría   una   retractación  de  la  responsabilidad  admitida  por  su defendido en el allanamiento a los cargos, ha  de   procederse  de  conformidad  con  el  aludido  artículo  184  ibídem     a     inadmitir     la  censura.   

         Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor   del   procesado   JAIME   EMIRO  GONZÁLEZ  GALEANO,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                           MARINA  PULIDO  DE BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANES                                      YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS            

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Auto  de fecha diciembre 11 de 2005. Rad. 24193.    

2  Ibídem..   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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