24676(21-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24676  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta número 25   

Bogotá  D.C.,  veintiuno de marzo de dos mil  seis.   

          Decide  la  Corte  lo pertinente con relación a la admisión de la  demanda  de  casación presentada por el defensor de los procesados Doris   Lised  García  Ruiz,      Saúl      Mauricio      González      Velásquez,     Raúl    Alejandro    Torres  Díaz  y Boris Ernesto Rojas  Quijano   en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el 2 de junio de 2005 por el Tribunal Superior de Ibagué,  mediante  la  cual  condenó a los recurrentes a la pena principal de 26 meses y  siete  días  de  prisión  como  autores  de  los delitos de hurto calificado y  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

          Así fueron narrados en la decisión que se recurre:   

          “En  las  horas  de la noche del 13 de  diciembre  de  2002,  tres hombres y una mujer penetraron clandestinamente a las  instalaciones  de  la  Corporación  Unificada  Nacional  de Educación Superior  ‘CUN’  de esta ciudad, permanecieron allí  escondidos  hasta  cuando  ésta quedó con el vigilante como único ocupante, a  quien  sometieron  con  armas  de fuego, lo ataron, amordazaron, le quitaron las  llaves  de  las  diferentes  dependencias  y  comenzaron  a apoderarse de varios  componentes de las computadoras.”   

         “Durante el transcurso de la comisión  de  la ilicitud, arribó al sitio la señora Elena del  Rocío  del  Pilar  Moya Ramírez, quien reside dentro  del  claustro  educativo,  pero  al notar que la persona que le abría la puerta  era  desconocida  le  increpó  por  el  vigilante  y  antes las respuestas poco  convincentes  decidió  retirarse hacia el frente y dar aviso a las autoridades,  estando  allí,  se  asomó  el  vigilante  y  le indicaba que se acercara, pero  observó  que éste había sido tomado de una de sus extremidades superiores por  un  individuo  que  trataba de esconderse, por ende no se acercó y fue entonces  cuando   el   celador   aprovechó   la   oportunidad   para   escapar  pidiendo  auxilio.”   

          “Al  arribar  las  autoridades  de  policía  al  lugar  donde se  desarrollaban  los acontecimientos, lograron dar captura al (sic)  interior  de    la   Universidad   a   Boris   Ernesto   Rojas  Quijano,   Doris   Lised  García    Ruiz,   Raúl  Alejandro  Torres  Díaz  y  Saúl  Mauricio  González Velásquez, quienes tenían  empacados  en  algunas  maletas  varios  elementos o partes de los computadores,  además  se  les  halló  herramienta,  llaves, elementos cortopunzantes, barras  utilizadas  para  romper  cerraduras y pasamontañas. Las armas de fuego con que  amedrentaron  al  vigilante  fueron  halladas  al interior d eun piano viejo.”   

         

ACTUACION  PROCESAL   

El  15  de diciembre de 2002 la fiscalía 24  seccional  de  Ibagué,  abrió  investigación  penal  en contra de  Boris Ernesto Rojas Quijano,  Doris  Lised  García Ruiz,    Raúl   Alejandro   Torres   Díaz  y  Saúl Mauricio González  Velásquez,  a        quienes       dispuso  escucharlos  en  diligencia de indagatoria, como en efecto  lo  hizo  el  15 de diciembre, e igualmente el 16 de diciembre, pero esta vez ya  por  la  fiscalía  tercera que asumió el conocimiento del proceso (fs., 14 a 51).   

El  20  de diciembre siguiente, la fiscalía  tercera  seccional  les  definió la situación jurídica, imponiéndoles medida  de  aseguramiento  de detención preventiva como probables autores del delito de  hurto  calificado  y  agravado  tentado,  mas  no  por porte ilegal de armas, en  razón  a  que  por esta conducta no se requiere definir la situación jurídica  (fs., 84).   

          El  31  diciembre del mismo año, la misma fiscalía les reconoció  a   los   procesados   el   derecho   a  la  libertad  provisional  (fs., 101)   

El  17  de  enero  del  año siguiente, los  procesados  le manifestaron a la fiscalía su decisión de someterse al trámite  de   sentencia   anticipada   (fs.,  139),   llevándose   a   cabo   individualmente   las  diligencias  de  formulación  de  cargos  el  29 de enero de 2003 (fs.,  159 a 168).   

El  Juzgado  primero  penal del circuito de  Ibagué,  mediante  sentencia  del  18  de  febrero  de  2005,  condenó  a  los  procesados  a  la pena principal de 47 meses y 10 días de prisión como autores  de  los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal  de armas  (fs., 180).   

          Apelada  la  decisión  por  la  defensa,  el  Tribunal Superior al  resolver  el  recurso de apelación la modificó en el sentido de condenar a los  procesados  a la pena principal de 26 meses y 7 días de prisión, sin derecho a  la suspensión condicional de la pena ni a prisión domiciliaria.   

         

Contra  esta  decisión  el defensor de los  procesados interpuso el recurso extraordinario de casación   

DEMANDA     DE  CASACION   

El  demandante, después de transcribir los  hechos   materia  de  juzgamiento,  identificar  los  sujetos  y  la  actuación  procesal,  formula dos cargos  contra la sentencia de segundo grado.   

En   el  primer  cargo,  con  apoyo en la causal primera, aduce que el  tribunal  interpretó  erróneamente  el artículo 63 del código penal. Con tal  propósito  indica  que la norma es aplicable al caso, pero no en el sentido que  se le otorgó en la decisión.   

A  su  juicio, el Tribunal no podía decir,  con  base en el numeral 2 del artículo 63 del código penal, que se requiere un  examen  favorable  acerca de la gravedad de la conducta y de los antecedentes de  todo  orden  de  los procesados, ya que en su criterio basta con el cumplimiento  de  cualquiera  de  ellos  para  otorgarles  la  suspensión  condicional  de la  pena.   

De  otra parte, señala que la personalidad  de  los  procesados  no  se  puede  inferir  de  consideraciones  acerca  de  la  naturaleza  y  gravedad  del  hecho  punible,  sino  de la pruebas aportadas con  respecto  a  este  tema  en  el proceso, a las cuales afirma que no se remitirá  para  ser  consecuente  con  la  causal  aducida  que  no permite cuestionar los  aspectos fácticos y probatorios.   

Concluye   que   de   haber  interpretado  correctamente  el  sentido  de  la  disposición, el Tribunal habría tenido que  admitir  que  la  suspensión condicional de la pena era procedente, como estima  el censor que lo es.   

En  el  segundo  cargo  acusa  a  la  sentencia  de  ser  ilegal  por  infringir  directamente  el  artículo  38 del código penal. Tal disposición a  juicio  del  censor  es  aplicable al caso, pero en su criterio fue interpretada  erróneamente.  En  efecto,  de una parte, en términos objetivos, para conceder  la  gracia  se  debe  tener  en cuenta que la pena mínima para el delito por el  cual  se  procede  es  de  cinco  años  y  no  de tres, como equivocadamente lo  expresó   el   Tribunal;  y  de  otra,  la  norma  exige  únicamente  que  los  antecedentes  personales,  familiares  y  sociales le deben permitir al juez que  los  procesados  no  colocarán  en  peligro  a  la  comunidad.  Sin embargo, la  decisión  tuvo  en  cuenta  esencialmente  la  gravedad de la conducta, creando  exigencias que la norma no contiene.   

De   haber   aplicado   correctamente  la  disposición,  dice, el tribunal habría tenido que conceder a los procesados la  prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

La  sistemática  del  recurso de casación  explica  que,  entre otras finalidades, su razón de ser es la de servir de sede  al  juicio  extraordinario de constitucionalidad y de legalidad que se formula a  la  adjudicación  normativa que dentro del respeto a los derechos fundamentales  realiza  el  juez  en  la  sentencia  de  segundo  grado  que  pone  fin  a  las  instancias.   

Por esa razón, a partir de ese supuesto, se  afirma  que  la argumentación del recurso no puede asumir la forma de un ensayo  en  donde  se  manifiesten  libremente  opiniones  o  criterios  en  torno a las  conclusiones  tomadas en la sentencia, para imponer los propios, como quiera que  desde  el  artículo  212 del código de procedimiento penal surge la carga para  el  demandante,  al  denunciar  la  ilegalidad  de  la decisión, de señalar la  causal  seleccionada,  con  expresión precisa, clara y coherente de los cargos.   

En  ese orden de ideas, se tiene que cuando  lo  que se pretende es denunciar la infracción directa de la ley sustancial, el  demandante  tiene por deber respetar los supuestos fácticos y probatorios de la  decisión  y  decidir  con  base  en  ese punto de partida si lo que pretende es  destacar  la  inaplicación  de la ley, la aplicación indebida de la misma o la  interpretación errónea del precepto.   

          Así,  tal  como  ha  sido dicho por la Jurisprudencia de la Corte,  debe  entenderse que “la interpretación errónea de  la  ley  sustancial  consiste en el desacierto en que incurre el fallador cuando  habiendo  seleccionado  adecuadamente  la norma que regula el caso sometido a su  consideración,  se  equivoca  al  establecer  el  alcance  de  la disposición,  haciéndole  producir  unos  efectos  que  no  se coligen de ella, o que incluso  contrarían   el   mandato   allí  contenido.”  1   

          En  cambio,  a  la  falta  de  aplicación  de  la norma, que es en  últimas  la  modalidad  de  infracción  que  el  demandante propone en los dos  cargos,  puede  llegarse  por varios motivos, “entre  ellos  porque  el  juzgador  ignora  su existencia, porque cree que fue derogada  estando  vigente,  porque  se  equivoca en la declaración de los hechos que las  pruebas  acreditan, o porque hace una interpretación  equivocada  de  la  disposición  (resaltado fuera de  texto)”   2,  hipótesis  esta  última  que  es la  planteada  por el casacionista como motivo de inaplicación de los artículos 38  y 63 del código penal.   

          Aún  cuando ese error de nomenclatura y de forma sería superable,  sustancialmente  no  lo es, pues para los fines de la casación no es suficiente  con  manifestar  el  desacuerdo  con la lectura que de la norma hizo el Tribunal  para  destacar  la  inaplicación de la misma a partir de la interpretación que  el   demandante   opina  que  es  la  correcta,  sino  que  se  requiere,  y  es  imprescindible,  que  se  indique  en  forma  clara  y  precisa  los fundamentos  fácticos   y   jurídicos   en  lo  que  la  decisión  se  apoya  (a  los  cuales  el  demandante  expresamente  dijo  que  no  hará  mención),  tal  como  los  asumió  el  Tribunal,  y  destacar  con  base en ese presupuesto por qué se ha debido aplicar la norma en  lugar de excluirla.   

          En  su  lugar,  véase  que  el  censor  se  limitó  a  exponer en  términos  generales  su particular punto de vista sobre los requisitos exigidos  para   suspender   condicionalmente   la   pena  y  para  conceder  la  prisión  domiciliaria  (artículos 38 y 63 del de la ley 599 de  2000),  pero  sin  vincularlos  con  la  realidad del  proceso,  siendo  que  la  aplicación  de la ley como proceso de imputación no  tiene sentido por fuera de la realidad que se juzga.   

          En   efecto,  si  lo  que  se  requiere,  según  lo  hace  ver  el  demandante,  es  el  cumplimiento  de  tan  solo  uno de los diversos requisitos  señalados  en  el  artículo  63  de  la  ley  599 de 2000 como condición para  suspender  la  ejecución de la pena, y el sólo examen de la posibilidad de que  la  sociedad  esté  en  peligro  en  el  evento de la prisión domiciliaria, ha  debido  indicar  porqué  el  proceso  avalaba  la procedencia de esas figuras y  porqué  el  juez  erró al no otorgarlo, sobre la base de considerar exigencias  no contempladas en las citadas disposiciones.   

          Esas  deficiencias se hacen mucho mas notorias en el segundo cargo,  pues  es allí en donde con mayor énfasis se señala que el Tribunal no aplicó  una  norma  de  derecho  sustancial  debido  a  la  interpretación errónea del  precepto  que  consagra  la  prisión  domiciliaria,  al exigir supuestamente el  juzgador  unos  presupuestos  distintos a los consagrados en el artículo 38 del  código  penal,  pero  sin  explicar,  como  en el primer cargo, los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  la  decisión  y lo que dijo de la disposición el  Tribunal   en   su   providencia,   en   perjuicio   incluso  del  principio  de  autosuficiencia de los cargos.   

Lo  anterior,  entonces, es suficiente para  admitir  la  demanda por vicios de forma (artículo 212  de  la  ley  600  de  2000).  Pero  además también porque desde el punto de vista  material  no se observan garantías fundamentales que hubiesen sido desconocidas  y  que  la  Corte  esté  en  el  deber  de  restaurar.   

En consecuencia, La  Corte    Suprema    de    Justicia,    sala   de   casación   penal,   

Resuelve  

         

Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de Doris  Lised  García  Ruiz, Saúl  Mauricio   González   Velásquez,    Raúl   Alejandro   Torres   Díaz  y  Boris  Ernesto Rojas Quijano   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

  Notifíquese, cúmplase y  devuélvase al tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

MARINA         PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  radicado 13725, providencia del 22 de noviembre de 1999.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  casación  del  26  de  octubre de 2005, radicado 21872.     

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