23827(29-08-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23827   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.90  

Bogotá,  D.C., veintinueve (29) de agosto de  dos mil seis (2006).   

VISTOS:  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  que en la modalidad de discrecional ha presentado el  apoderado  de CARLOS EMILIO BARROS ANGULO contra la sentencia proferida el 31 de  enero  de 2005 por el Juzgado 22 Penal del Circuito de Bogotá, que confirmó la  dictada  en  primera  instancia  por  el  Juzgado 33 Penal Municipal de la misma  ciudad,  mediante  la  cual se condenó a dicho procesado a la pena principal de  57  meses  de prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso, más el pago de los perjuicios ocasionados, como  autor del delito de abuso de confianza.   

HECHOS:  

El  Juez de primera instancia los resumió de  la siguiente manera:   

“Después de la construcción y entrega del  edificio  denominado  ‘CEDRO  DE  NARVÁEZ,  ubicado  en  la  carrera  25  No.  142-15-17  de  esta ciudad, se  presentaron  en  el mismo una serie de anomalías en su estructura e interiores,  que  obligaron  a  los  propietarios  a  realizar diligencias tendientes a hacer  efectiva  la  póliza  de cumplimiento No. 11451 y como quiera que la Compañía  central  de  Seguros  requirió  para  su  pago, que la petición fuera hecha en  forma  conjunta  y  en  individual en lo relacionado con las zonas privadas, fue  designado  para  realizar  dicha reclamación, el procesado CARLOS EMILIO BARROS  ANGULO,  en  Asamblea  General de Propietarios, llevada a cabo el 15 de marzo de  1997,  siendo  comisionado  para  recibir el dinero que la compañía Central de  Seguros  girara  por  tal  concepto  e  iniciar  contrato de obra civil para las  respectivas  reparaciones;  acuerdo  de  voluntades  que suscribió en ingeniero  PEDRO EMILIO SUÁREZ MARTÍNEZ.   

“El procesado fue delegado para realizar la  anterior  labor  en  razón  a  que  para  la fecha de ocurrencia de los hechos,  ostentaba  la  condición  de  Presidente  de  Consejo  de  Administración  del  Conjunto     residencial     y     por     su     calidad     de    ‘abogado’   y   en  tal  concepto,  propuso  la  autorización  a  la  firma  INTEGRADOS CONSTRUCTORES Y ABOGADOS ASOCIADOS, para  que  se  hiciera  cargo  de  las reclamaciones a seguir de la firma constructora  gerenciada  por  GUILLERMO  OSPINA el constructor del edificio, eventualidad que  fue  aprobada  por  unanimidad  de  los  asistentes  a la asamblea, fijando como  honorarios  a  favor  del  enjuiciado CARLOS EMILIO BARROS ANGUILO, el monto del  10%   del  valor  de  las  reclamaciones  que  se  lograran  conseguir  ante  la  Aseguradora  de  Occidente,  suma que pagaría el edificio una vez obtenidos los  trabajos por reparaciones que ordenara la aseguradora.   

“Tanto  el  conjunto residencial, como los  propietarios  de  los apartamentos con averías autorizaron al enjuiciado CARLOS  EMILIO  BARROS  ANGULO,  para  adelantar  el  cobro,  por  lo  que el enjuiciado  celebró  contrato  de obra civil con el ingeniero Pedro Emilio Suárez, para la  reparación     del     conjunto,     por     valor    de    $    88’094.635,69.   

“Efectuada   la   labor  ante  la  firma  aseguradora,  se consiguió que se autorizara el pago de OCHENTA Y OCHO MILLONES  NOVENTA  Y  CUATRO  MIL  SEISCIENTOS  TREINTA  Y CINCO PESOS CON SESENTA Y NUEVE  CENTAVOS  ($ 88’094.635,99),  de  los  que  inicialmente  se  haría  un  desembolso de del 60%, equivalente a  CONCUENTA  Y DOS MILLONES OCHOCIENTOS CINCUENTA Y SEIS MIL SETECIENTOS OCHENTA Y  DOS  ($  52’856.782,oo), que  serían  destinados  a  la  reparación  de las obras en áreas comunes y en tal  virtud,  el  día 4 de noviembre de 1998, la compañía aseguradora por conducto  de  Fernando  Urrutia  Giovanni Colorado giró el cheque No. 006187 del Banco de  Occidente,  por  el  monto  mencionado, el que fue entregado al procesado CARLOS  BARROS,  quien actuaba en representación del edificio Cedros de Narváez, quien  lo  recibió  y  a  su  vez entregó al ingeniero Pedro Emilio Suárez Martínez  otro  título  valor (cheque No. A 2710062) por el mismo concepto, como anticipo  de  lo  pactado  entre  contratante y contratista y con miras a dar inicio a las  obras  de  reparación  de  áreas  privadas  y  comunes.  Eventualidades que se  consignaron  en  el  acta de inicio de Obra verificada el 4 de noviembre de 1998  visible a folio 9 del cuaderno original.   

“El  día  5  de  noviembre  de  1998,  el  procesado  CARLOS  BARROS  le  solicitó  al  ingeniero Pedro Emilio Suárez, el  favor  de  no  consignar  el cheque que le fue entregado, manifestándole que le  sería  cambiado  el  12  de  noviembre por uno de CONAVI; compromiso que no fue  cumplido  a  cabalidad,  como  quiera  que  el  ingeniero  solamente recibió la  cantidad  de $ 28’500.000,oo  en  un  cheque  de  CONAVI,  quedando  por  cubrir  un saldo de $ 24’536.000,oo,   sin   que  el  procesado  responda   por   el   dinero   faltante,   pese  a  ser  requerido  en  diversas  oportunidades,   para  que  devolviera  el  excedente,  monto  que  utilizó  en  operaciones  ajenas  a  la  reparación  del conjunto, como quiera que fue usada  para  pagar  obligaciones  personales; circunstancia que originó la suspensión  de obras proyectadas en el conjunto residencial.   

Luego  de  varios  requerimientos  que se le  hicieran  al señor BARROS ANGULO, por parte de Ajustadores de Occidente Ltda..,  y  de  los  propietarios  del  inmueble,  en diversas audiencias, el prenombrado  entregó    un   cheque   de   su   cuenta   personal   por   $   10’000.000,oo,  el  que  al  ser  cobrado  resultó    impagado   por   causal   ‘cuenta     sin     fondos’;  eventualidad  que  ameritó que la Asamblea General verificada el  23  de  marzo  de  1999,  le confiriera poder al Dr. SAMUEL ARMANDO GÓMEZ, para  impetrar  la  querella  que  dio  iniciación al proceso penal que hoy nos ocupa  ”.   

LA DEMANDA:  

    

1. Justificación     

Afirma  el  impugnante  que  en  este  evento  procede  la  casación por la vía discrecional, en razón a la pena establecida  para  el  delito objeto de la condena a la fecha en que se cometió, y porque lo  pretendido  es “establecer la verdad, garantizar el debido proceso, el derecho  a  la defensa , el derecho al buen nombre, el derecho a la honra, al trabajo, al  principio   de   integración   de   la  prueba,  y  a  la  unificación  de  la  jurisprudencia,   además   de  ser  otra  garantía  para  el  procesado  y  la  sociedad…”.   

Por  lo  anterior, dice, estima conculcado el  debido  proceso, y al mismo tiempo resulta procedente unificar la jurisprudencia  en  cuanto tiene que ver con la legitimidad de la querella cuando es interpuesta  por personas jurídicas.   

El  Cargo   

Con sustento en la causal primera de casación  prevista  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, acusa el demandante el  fallo  de  segundo  grado  de violar directamente y por interpretación errónea  los  artículos  32 de la aludida  normatividad y el 30 del Decreto 2700 de  1991,  pues  el  fallo  de  segundo  grado  sostuvo que la actuación del doctor  Samuel  Armando Gómez Gutiérrez estaba legitimada por la decisión adoptada en  Asamblea  General de Copropietarios llevada a cabo el 23 de marzo de 1999, en la  que  se  aprobó  designar  un  profesional  del  derecho  para que iniciara las  acciones  legales en contra de CARLOS BARROS, “lo cual incluye la formulación  de  la  denuncia  penal,  amén  de  que  también  se  aprobaron los costos que  acarrean las diligencias preliminares de la acción penal”.   

Explica,  entonces,  que este tema se propuso  como  nulidad en primera instancia, siéndole resuelta mediante proveído del 10  de  junio  de 2003, el cual fue confirmado por el Juez Penal del Circuito con el  argumento  de  que  se  trataba  de  un  asunto debatido en el proceso, de forma  definitiva.   

Cita   jurisprudencia   de  la   Corte  Constitucional  sobre  la  querella  como requisito de procedibilidad de algunas  infracciones  penales,  y transcribe el contenido de los artículos 32 de la Ley  600  de 2000 y 30 del Decreto 2700 de 1991, en cuanto prescriben que la querella  debe  formularse  por  el representante legal, cuando la víctima del delito sea  un  incapaz  o  una  persona  jurídica, haciendo énfasis en que en el presente  evento  eso  no sucedió porque el abogado fue designado por la Asamblea General  del  Copropietarios,  organismo  que no ostentaba la representación legal de la  copropiedad horizontal.   

Lo  anterior,  dice,  por  cuanto  si bien es  cierto  que de conformidad con el reglamento de propiedad horizontal la Asamblea  General  de  Copropietarios es el máximo organismo, la representación legal de  la  copropiedad  horizontal  estaba delegada en el administrador, de conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 26, razón por la cual debe concluirse que en  este  caso  la  querella  no  fue presentada de acuerdo a lo previsto en la ley,  situación  que no puede modificarse por vía de una interpretación errónea de  los jueces de instancia.   

Solicita,  por  tanto,  se  case  el  fallo  recurrido  y  en  su  lugar se dicte uno de reemplazo de carácter absolutorio a  favor de CARLOS EMILIO BARROS ANGULO.   

CONSIDERACIONES:  

1.   Las   deficiencias  e  inconsistencias  argumentativas  del  libelo  puesto  a  consideración  de  la  Sala, imponen su  inadmisión.   

2.  En  efecto, no obstante que el recurrente  acertadamente  concluye  que en razón a la pena prevista para el delito materia  de  condena  en  este asunto, el recurso extraordinario de casación se rige por  las  prescripciones  del  inciso  tercero  del artículo 205 de la Ley, y en ese  orden  sustenta  la  procedencia  de  la  impugnación  afirmando  que  pretende  establecer  la  verdad  y  el  debido proceso, y los derechos a la defensa, a la  honra,  el  buen  nombre,  al  trabajo  y  el “principio de integración de la  prueba”,  así  como  unificar  la  jurisprudencia,  no desarrolló ninguno de  tales enunciados.   

3.  Lo  anterior,  por  cuanto, como lo tiene  dicho  de  manera  reiterada  la jurisprudencia de la Sala, siendo puntuales los  motivos  de  procedencia de la casación por vía excepcional, el desarrollo del  libelo  debe  guardar coherencia con las razones expuestas para justificar en el  caso  concreto la necesidad de que la Corte admita la demanda y estudie de fondo  los  temas  planteados, los cargos que se formulen contra la sentencia recurrida  deben desarrollar tales postulados.   

4. A la postre, ni la pretendida explicación  que  hace  el  demanante  para  demostrar  la  procedencia  en este evento de la  impugnación  excepcional,  y  mucho  menos  el  único  cargo que dice postular  contra  el fallo de segundo grado logran siquiera aproximarse a los presupuestos  exigidos  en  el  inciso tercero del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, puesto  que  aparte  de  referirse  indistintamente  a  los  dos motivos de procedencia:  garantía  de  derechos  fundamentales  y  desarrollo  de  la jurisprudencia, no  expone  los  argumentos  que  le  sirven  de  sustento y no propone censuras que  correspondan a sus fundamentos.   

5. El demandante apoya en afirmaciones que no  son  ciertas,  como  sostener  que  el  Juez  de  segunda instancia se limitó a  sostener   que  ese  asunto  ya  había  sido  debatido,  como  si  a  esa  mera  apreciación  se  hubiera  reducido la respuesta del Ad  Quem,  cuando  lo  cierto es que de manera detallada y  puntual  el  fallo  de  segundo grado se ocupó de dar las razones de hecho y de  derecho  por  las  cuales  en  este caso no podía sostenerse ilegitimidad en el  copropietario  que  autorizado  por la Asamblea General de propietarios formuló  la denuncia penal que dio lugar a este proceso.   

Y  si  eso fue así, frente a esos argumentos  del  Juez  el  demandante  debía  enfilar  sus  argumentos  con  el  ánimo  de  desvirtuarlos jurídicamente, y no lo hizo.   

6. Por el contrario, se limita a sostener que  si  bien  la  Asamblea  General  de  Copropietarios  es el máximo organismo, la  representación   legal  de  la  copropiedad  horizontal  está  en  cabeza  del  administrador,  de conformidad a lo dispuesto en el artículo 26 del reglamento,  pero  no  tuvo  en  cuenta  que  por  disposición  del  artículo vigésimo del  reglamento  de  propiedad  horizontal “la Asamblea es el órgano supremo de la  administración   y  a  través  de  ella  se  manifiesta  la  voluntad  de  los  copropietarios  y  en ella radica la facultad rectora de este régimen jurídico  (f.  144),  y  que  las  decisiones  adoptadas válidamente en ella “obligan a  todos  los  propietarios  de  las  unidades  de  dominio  privado, incluso a los  ausentes  o disidentes al administrador y a los demás organismos asesores de la  administración   y   dirección   si  los  hubiere…”  (artículo  vigésimo  segundo).   

7. De la misma manera, la escueta referencia  que  hace el censor del contenido del artículo 30 del Estatuto Procesal vigente  le  imponía  también  confrontar  y  armonizar lo ocurrido en este caso con la  Asamblea  de  copropietarios  frente  al  texto  del  artículo  29  de la misma  normatividad,  según  el  cual  “cuando  la  ley  exija  querella o petición  especial   para   iniciar  el  proceso,  bastará  que  quien  tenga  derecho  a  presentarlas  formule  la respectiva denuncia ante autoridad competente, con las  mismas  formalidades  y facultades establecidas en el artículo 27; así como el  inciso  final  del  citado  artículo  30, que prescribe que “La querella debe  entenderse  como  una manifestación de voluntad del sujeto pasivo y a la vez un  acto  de  disposición  de capacidad jurídica que da lugar a la iniciación del  proceso  penal.  La querella  legítima hace pues relación a dos aspectos:  voluntad y capacidad civil”.   

En  este  caso  no  demostró  el  actor  la  ilegalidad  o  la  incapacidad  de  la  Asamblea  General de Copropietarios para  hacerse  representar  judicialmente mediante el poder conferido a un abogado, en  una  sesión  llevada a cabo conforme al reglamento de la copropiedad horizontal  afectada.   

En  tales  condiciones,  la demanda no logra  avizorar  la  vulneración  de  garantías  fundamentales  del  sentenciado, y a  juicio  de  la  Corte  no  se  advierte situación que, por configurar causal de  nulidad  o desconocimiento de derechos de los sujetos procesales, imponga acudir  a  las  facultades  oficiosas a que se refiere el artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

La    demanda,    entonces,    deberá  inadmitirse.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada    por    el    defensor   del   procesado   CARLOS   EMILIO   BARROS  ANGULO.   

2.  Contra esta decisión no procede el  recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                         MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                                 

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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