10637 (14-10-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10637  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                          Magistrado Ponente   

                                          Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                          Aprobado Acta No. 153   

Santafé de Bogotá, D.C., catorce de octubre  de mil novecientos noventa y ocho.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  sobre  el  recurso  extraordinario   de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de  la  señora  Myriam   Patricia   Cabrera  de  Ramírez  en  su  condición  de  tercero  civilmente responsable, contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santafé  de  Bogotá,  confirmatoria  de  la emanada del Juzgado 15 Penal del Circuito de  esta  capital  y   mediante  la  cual le impuso la obligación solidaria de  pagar  la  suma  de  treinta  millones  de  pesos  y  el  equivalente  en moneda  nacional   a  un  mil   gramos  oro, por concepto de indemnización de  perjuicios materiales y morales, respectivamente.   

HECHOS  

Los  sintetizó así el Tribunal en el fallo  impugnado:   

“De  autos  se  sabe que el 14 de julio de  1992,  aproximadamente  a  las  cinco  de la tarde, JAIME ALBERTO PINZON ESCOBAR  conducía  el campero Chevrolet Trooper de placas BAJ-115, que le fue facilitado  por  MYRIAM  PATRICIA CABRERA DE RAMIREZ, y cuando se desplazaba en el sector de  su  residencia,  arrolló  al  joven  OSCAR  JAVIER  RODRIGUEZ  DIAZ,  quien  se  encontraba  sentado  en  una  banca de cemento ubicada en la esquina de la calle  187  con  carrera  46  de  esta  ciudad  ( Santafé de Bogotá ), ocasionándole  múltiples    lesiones    que    determinaron   su   fallecimiento   por   “..  BRONCOASPIRACION   HEMATICA   SECUNDARIA   A   HERIDA  FACIAL  EN  ACCIDENTE  DE  TRANSITO”.   

ACTUACION PROCESAL  

El  16  de  julio  de  1992 la Fiscalía 107  Delegada  de  la Unidad 3 del Grupo de Vida de Santafé de Bogotá  inició  la  correspondiente  investigación  y  escuchado  en  indagatoria Jaime Alberto  Pinzón  Escobar,  le  resolvió  la  situación jurídica profiriendo medida de  aseguramiento,   consistente   en   detención   preventiva,  con  beneficio  de  excarcelación, por el delito de homicidio culposo.   

Los  padres  de  la  víctima presentaron, a  través  de  apoderado,  demanda  de  constitución  de  parte  civil dentro del  proceso  penal  en  contra  del  sindicado  Pinzón  Escobar  , la misma que fue  aceptada   mediante  resolución  interlocutoria  del  20  de  agosto  de  1992.   

El  28 de abril de 1993, el representante de  la  parte  civil  presentó  escrito  de  adición  de  la demanda inicial en el  sentido  de  incluir  como  demandados  en  su  calidad  de  terceros civilmente  responsables  a  los  señores   Gustavo  Adolfo  Caicedo  Salazar,  Miriam  Patricia Cabrera de Ramírez y Luis Humberto Ramírez García.   

La Fiscalía admitió la acción únicamente  en  contra  de  Myriam  Patricia Cabrera de Ramírez y la desestimó respecto de  los   restantes   demandados   por  considerarlos  ajenos  a  la  actividad  del  incriminado  y,  en  consecuencia,  dispuso  la  vinculación  de  aquélla como  tercero  civilmente  responsable,  decisión que le fue notificada personalmente  el  20  de  mayo  de   esa  anualidad. Posteriormente, el 28 del mismo mes,  reconoció  personería  a quien como representante judicial postuló la señora  Cabrera de Ramírez.   

Perfeccionada y clausurada la investigación  se  procedió a su calificación profiriendo resolución acusatoria en contra de  Jaime  Alberto Pinzón Escobar por el delito de homicidio culposo, al tiempo que  se   resolvió   también   “no   acceder   a   la  desvinculación  de  la  señora  Miriam  Patricia  Cabrera  de  Ramírez  en su  condición     de     tercero     civilmente     responsable”,    respondiendo  una  petición  formulada con antelación por su   apoderado.  Como esta   decisión  no  fue recurrida por ninguno de los intervinientes procesales,   halló ejecutoria el 15 de octubre de 1993.   

Rituada  la etapa de la causa y realizada la  audiencia  pública,  el  Juzgado  15  Penal del Circuito de Santafé de Bogotá  profirió  sentencia  condenatoria  en  contra  de Jaime Alberto Pinzón Escobar  como  autor responsable del hecho punible imputado en la resolución acusatoria,  imponiéndole  como  pena  principal 2 años de prisión, multa de un mil pesos,  suspensión  del  ejercicio  de conducir vehículos automotores por un año y la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso.  Además le impuso la obligación de pagar, solidariamente con la señora  Myriam  Patricia  Cabrera  de  Ramírez,  en  condición  de  tercero civilmente  responsable,  la  suma  de treinta millones de pesos y el equivalente, en moneda  nacional,  a  un  mil  gramos  oro,  a  título de indemnización por perjuicios  materiales   y   morales,   en   favor  de  la  parte  civil  reconocida  en  el  proceso.    

Apelada  la  sentencia  de primer grado, fue  confirmada  en  su integridad por el Tribunal Superior de Santafé de Bogotá el  24 de enero de 1995.   

LA DEMANDA  

El letrado que representa los intereses de la  señora   Myriam  Patricia  Cabrera  de  Ramírez,  en  su  calidad  de  tercero  civilmente  responsable,  formula  dos  reproches contra la sentencia de segunda  instancia, así:   

El  primero,  al  amparo  de la causal tercera de casación prevista en el artículo 220 del C. de  P.  P.   por  considerar  que “en la actuación  procesal  quedaron  plasmadas  irregularidades  sustanciales  que  afectaron  el  debido proceso y hubo violación del derecho de defensa”.   

Desarrolla  el cargo  planteando que el  auto  de admisión de la demanda, inicialmente presentada por el apoderado de la  parte  civil  y  dirigida  únicamente contra el sindicado Jaime Alberto Pinzón  Escobar,   “no  fue  notificado  debidamente  a  la  señora  Myriam  Patricia  Cabrera  de Ramírez, ni aún después de admitida la  petición “adicional” en que se le vinculaba como tercera”.   

Aduce  además, que el apoderado de la parte  civil  actuó  “sin personería adjetiva”  porque  no tenía poder para adicionar la demanda en el sentido  de   incluir   a   la  señora  Cabrera  de  Ramírez  como  tercero  civilmente  responsable.  De  ahí  que -agrega- “al decretar la  vinculación  el  a-quo  sin  que  hubiera  personería,  es  como si la hubiese  reconocido  en forma oficiosa, lo cual es inadmisible puesto que ella debe tener  su origen en la petición de parte civil”.   

De   otro  lado,  estima  el  censor,  esa  vinculación     posterior    de    su    representada,    no    “alcanza  a  subsanar  la  falta  de  notificación  de  la  demanda  inicial”.   

Hace   consideraciones   en  torno  a  las  exigencias   procesales   sobre  la  notificación  de  la  demanda  al  tercero  civilmente  responsable,  citando al efecto los artículos 44, inciso 2º, y 155  del  C. de P.P. así como algunos apartes de jurisprudencia de esta Corporación  y  de  la  Corte Constitucional, que a su juicio desconocieron los juzgadores de  instancia  todo  lo cual redunda en una violación del derecho al debido proceso  “por  haber  condenado  sin  la  observancia  de la  plenitud  de  la  formas  de  cada juicio, como lo exigen los artículos 1º del  mismo Código y 29 de la Constitución Nacional”.   

Concluye  que  esa  falta  de  notificación  personal  del auto admisorio de la demanda de constitución de parte civil   privó  a  su  poderdante  de  ejercitar  el  derecho a controvertir las pruebas  aportadas  en su contra, a oponerse a su vinculación y acudir al llamamiento en  garantía      de      la      compañía      aseguradora,      “presentándose  así  la  violación  al  derecho  de defensa, más  cuando   la demandada solo pudo darse cuenta de la obligación de pagar los  perjuicios materiales y morales cuando conoció la sentencia”.   

Solicita    se    decrete   la   nulidad  “a  partir  de  la  sentencia de primera instancia,  para  excluir de ella a doña Miriam Cabrera de Ramírez como tercero civilmente  responsable”.   

El segundo cargo lo  presenta  al  amparo  de  la  causal  primera  de casación, cuerpo primero, del  artículo   220   del   C.   de   P.P.,   por  considerar  que  el  ad-quem  incurrió  en violación directa  de  la  ley  sustancial “por indebida aplicación de  los   artículos   153   del   C.   de   P.P.,   2347   y   2356   del   Código  Civil”.   

En  la fundamentación del reproche comienza  con  la transcripción de un aparte de la sentencia censurada donde se contienen  los  fundamentos  de hecho y de derecho que sustentan la decisión adversa   a   la   señora  Cabrera  Ramírez  en  su  condición  de  tercero  civilmente  responsable,  para  luego hacer consideraciones personales en torno al contenido  de las normas sustantivas cuya aplicación indebida censura.   

Así,    respecto    al    artículo  2347  del C. Civil, aduce que el  convicto  Jaime  Alberto  Pinzón  Escobar  no  tenía,  para  la  época  de la  comisión  del  hecho,  la  calidad  de  dependiente,  subordinado  o subalterno  respecto  a la señora Myriam Patricia y “si ello se  acepta  en  el  mismo  fallo  impugnado,   no  se ve por dónde puede tener  acogida    el    citado    artículo,    siendo,    por    tanto   indebida   su  aplicación”.   

Desestima  la  aplicación  del artículo   2356   del  C.  Civil,  al  no  cumplirse   uno   de   los  supuestos  de  hecho,  cual  es  la  “responsabilidad     por    la    actividad    peligrosa”,  porque  la demandada, “de un lado,  había  cesado  de  ser  responsable de la actividad peligrosa al transferirla a  Pinzón  Escobar;  y  de  otro, tampoco se le puede aplicar el 234l ”.   

No  siendo  aplicables ninguna de las normas  antes  citadas,  aduce  el  censor,  “tampoco  cabe  aplicar  el  artículo  153 del C. de P.P, porque la señora Cabrera de Ramírez  deja de ser civilmente responsable..”   

Para   avalar   sus   argumentos   trae  a  consideración  el  casacionista  algunos  apartes  de  la  doctrina en  la  interpretación   del   contenido   del   artículo   2356   del   C.  C.  sobre  “el     responsable     de     la     actividad  peligrosa”.   

Termina solicitando a la Corte, de prosperar  este  cargo,  “dictar la sentencia que debe hacer de  reemplazo”.   

TRASLADO A LOS NO RECURRENTES  

El  representante  de  la  parte  civil  se  pronuncia  en  forma  adversa  a  las  pretensiones  del actor, fundamentando su  criterio  sobre  algunas  consideraciones jurídicas relacionadas con la calidad  de  tercero  civilmente  responsable  de la señora Myriam Patricia Cabrera  de  Ramírez  y  la  “solidaridad  legal  entre  el  responsable  del  delito  y  la  tercera”, por lo que  solicita   a   la   Corte  “desestimar  los  cargos  formulados contra la sentencia recurrida”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

El  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal  sugiere   no   casar   el   fallo   impugnado,   con   base  en  las  siguientes  argumentaciones:   

En  relación con el cargo primero, luego de  hacer  algunas  anotaciones  en  torno  a  las  confusiones que puede generar la  interpretación  del  inciso 2º del artículo 44 del C. de P. P., afirma que en  el  caso  a  estudio  ninguna  irregularidad  que afecte el debido proceso puede  alegarse  sobre la omisión de notificar a la señora Myriam Patricia Cabrera de  Ramírez  el  auto  admisorio  de  la  demanda  de constitución de parte civil,  “pues  lo cierto es que en tal oportunidad la parte  civil  dirigió  su  acción  solo  contra el procesado a tiempo que aquella que  dirigió  contra  Miriam  Patricia  Cabrera como tercera civilmente responsable,  del  auto admisorio se buscó su notificación personal – véase folio 187 – tal  y como lo dispone la ley…”   

En este orden de ideas, precisa la Delegada,  “el  acto  cuyo  conocimiento era necesario para la  tercera  operó y de ello dan cuenta las diligencias en las que también se nota  cómo  un  mismo  apoderado  se  apersonó  de  la gestión en favor  de la  ciudadana  y  de  aquél  que  no  obstante ser desalojado en el admisorio de la  calidad  de  responsable  civil,  perseguía la entrega definitiva del automotor  ”.   

De  otro  lado, respecto a la violación del  derecho  de  defensa,  invoca  el  Ministerio  Público,  para  desestimar  esta  aseveración,  la  forma  celosa  e  incansable  como  el representante judicial  asumió     la     función     en    la    pretensión    de    “desvincular  a  su  asistida  de  las  diligencias,  sólo  que sus  clamores hallaron eco responsivo negativo”.   

Anotó  además, cómo la demandada gozó de  la  plenitud  de  posibilidades  de  acceder  al rito procesal por su temprana y  legal vinculación al proceso penal.   

En lo pertinente al segundo cargo afirma que  el  libelista,  en  su  formulación,  desconoció  la  técnica que gobierna el  recurso  extraordinario de casación, pues no sólo se apartó de los hechos tal  y  como   los  observó  el  Tribunal,  sino  que  olvidó  “poner  de  presente  cómo   de  acuerdo con lo probado por el  juzgador    se    deducía    un    elemento    exonerativo    de   la   aludida  responsabilidad”,    si    lo    pretendido    era  descartar    el   control   legal   de   la   norma   sobre  la  situación  fáctica.   

La  labor  juzgadora  desarrollada  por  la  instancia  -dice-  se  muestra acertada en cuanto a la aplicación del artículo  2356  del  C.  Civil   y  de  esta  manera  “la  participación  del censor se muestra huérfana respecto a lo solicitado pues no  solo  se  separa -por razones lógicas- de las deducciones del Tribunal sino que  deja   intactas  las  premisas  con  que  este  probatoriamente  estableció  la  responsabilidad solidaria de la tercera civil”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Por  disposición  expresa del artículo 221  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la Sala mantiene la tesis de que si los  motivos   de   agravio   son   referidos  únicamente  a  los  aspectos  civiles  considerados  en  la  sentencia,  lógicamente  debe  acudirse a las causales de  casación  previstas  en  el  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil,  pues  se  trata  de  no  introducir  en el proceso penal matices que sus propias  finalidades  no  exigen,  máxime  que  el  estatuto  de la materia ya los tiene  suficientemente reglados.   

Sin  embargo, tampoco puede desconocerse que  mutatis  mutandi es posible  advertir  una  línea de identidad regulativa de la casación en ambos estatutos  procesales,  de  tal  manera que en los dos se contempla la violación directa e  indirecta  de  la  ley  sustancial, tanto por error de hecho como de derecho, la  nulidad  y aún la congruencia.  Claro que este último evento exige puntos  de  comparación  diferentes,  atendida obviamente la distinta naturaleza de los  dos  procedimientos,  pues  mientras en el penal dicha consonancia se dice entre  la  sentencia  y  la  resolución  acusatoria,  en  el  civil  se exige entre la  sentencia   y   las   pretensiones  de  la  demanda  o  las  excepciones  de  la  contestación.   

Es  esta  la  razón  por la cual la Sala ha  dicho  que, a pesar del error que se comete al invocar las causales de casación  dispuestas  en  el  régimen  procesal penal, siendo que se reclama o debate una  pretensión  estrictamente  civil, “… no debe extremarse un sentido de rigor  formal  en  la  demanda,  en  cuanto  a  que  si  no se acude forzosamente a las  causales  de  casación contempladas en el ordenamiento procesal civil, por este  solo  motivo  la  misma  deba  desestimarse,  pues  en  virtud  del principio de  prevalencia  del derecho sustancial sobre el formal (art. 9 del C. P. P.), si se  aduce  la  primera  causal  del  art.  220 del Código de Procedimiento Penal en  lugar  de  la pertinente del art. 368 del Código de Procedimiento Civil, al ser  básicamente    iguales,   no   puede   considerarse   suficiente   ‘esta    falencia   para   desestimar  prematuramente      la      censura’,  en  la  medida en que la aludida causal en las dos codificaciones  se  refiere a que sea la sentencia violatoria de una norma de derecho sustancial  y  en ambos ordenamientos procede tanto por violación directa como indirecta de  la  ley (cas. 5 de octubre de 1994 y auto del 5 de septiembre de 1996)” (M. P.  Carlos   Gálvez   Argote,  septiembre 25/97).   

Se  procede  entonces  al  estudio  de ambos  cargos en el mismo orden de presentación, así:   

PRIMER CARGO:  

El   casacionista   aduce  que  ha  habido  violación  al  debido  proceso y el derecho de defensa en la vinculación de la  señora     Myriam     Patricia     Cabrera     de  Ramírez,  en  su  condición  de  tercero  civilmente  responsable,  pues  no  se  le  notificó  debidamente  el  auto admisorio de la  demanda  de  constitución  de  parte  civil  y  apenas  sí con la sentencia se  enteró de su obligación.  Se verá lo siguiente:   

La  previsión  del artículo 44, inciso 2°  del  Código  de  Procedimiento  Penal  apunta  a que la vinculación formal del  tercero  civilmente  responsable  se haga a través de la notificación del auto  admisorio  de  la  demanda,  pero  bajo  el supuesto lógico de que el libelo lo  mencione  como  demandado en esa condición.  De modo que, si la demanda de  parte  civil  inicial  se  hizo  sólo  en  contra  del  procesado  Jaime   Alberto   Pinzón   Escobar  (fs.  60-63),  mal  podría  el  funcionario judicial en ese momento notificar el auto  admisorio  de  la misma a persona distinta al señalado (fs. 75-76), pues es una  indicación  que  no  corresponde  de  oficio  a  la  judicatura sino a la parte  civil.   

En  este orden de ideas, si el representante  de  los  perjudicados  omitió  en  principio  la demanda del tercero civilmente  responsable,  lo  lógico  era  que,  si allí estaba su aspiración, presentara  separadamente  otro  escrito  en contra del mismo, lo cual se cumplió por medio  de   la   adición   que   aparece  a  folios  175  y  176.   Esta  última  presentación,  entre  otras cosas, siempre se cuidó de la completud y por ello  remitió  a  los  “presupuestos  de  hecho”  y  los  “medios  de prueba”  consignados y rogados en la “demanda inicial”.   

De modo que si el apoderado de la parte civil  apenas   accionó  contra  el  tercero  civilmente  responsable  en  la  demanda  adicional,  que  no  por  ello  deja  de  ser completa, es obvio que es en dicho  momento  cuando  hace  uso del poder de accionar agregadamente entregado por los  perjudicados.   En  este  sentido,  resulta  artificiosa la distinción que  pretende  el  censor,  porque el poder de acción se ejerce tanto en una demanda  inicial  como en la adicional, desde luego referido a demandados diferentes y en  cada  uno  de esos instantes el abogado tenía mandato para dirigirse contra uno  y otro.   

Lo  importante es que la parte civil aún se  hallaba  dentro de la oportunidad procesal para reclamar los perjuicios, bien en  contra  del  procesado  ora  en  relación con el tercero civilmente responsable  (art.  45 C. P. P.), siempre que en este último caso la acción no llegue a ser  tan  tardía que dificulte enormemente la defensa y la contradicción de pruebas  por  el  demandado,  esto es, hasta el traslado del artículo 446 C.P.P. como lo  definió  la  Sala  en  fallo  de  junio  12 de 1997 con ponencia del Dr. Nilson  Pinilla Pinilla.    

Pues bien, basta señalar que en este caso, a  pesar  de  que  el tercero fue llamado por medio de una demanda adicional, ésta  se  intentó  desde  la fase de la investigación y fue admitida formalmente por  el  fiscal  instructor  en  el  interlocutorio  del  11  de  mayo  de  1993 (fs.  185-186).   Además,  la  demandada inicialmente se dio por enterada de las  pretensiones  en  su  contra y de la resolución que las admitía, pues por ello  proveyó  a  otorgar  poder  a  un  abogado en su “condición de tercero en el  proceso”  (fs.  190)  y  después  fue  integrada  en  el  conocimiento  de la  respectiva decisión (fs. 191vto.).   

De  otra  parte,  el  apoderado  del tercero  civilmente  responsable  realizó  una amplia intervención en el proceso.   Así,  hizo  sendas  solicitudes de copias como sujeto procesal (fs. 191 y 195);  presentó   la   alegación   precalificatoria   no  satisfecha  para  pedir  la  desvinculación  de  su  acudida (fs. 218-220 y 239-240); tuvo la oportunidad de  interrogar  al  procesado  en  la  audiencia  pública  (fs. 332); hizo su libre  intervención  como  parte en el mismo acto (fs. 346-348) y finalmente interpuso  el   recurso   de   apelación   contra   la  sentencia  de  primer  grado  (fs.  375-379).   

De  modo que es cuando menos necio, frente a  tan  garantizada  intervención,  aducir  violaciones  al  debido  proceso  y el  derecho    de    defensa    en    relación    con    el    tercero   civilmente  responsable.   

No es viable esa primera censura.  

SEGUNDO CARGO:  

Esta  censura  se  refiere  a  una  supuesta  violación  directa  de  la  ley sustancial, tal vez por indebida aplicación de  los  artículos 2347 y 2356 del Código Civil.  El reproche básicamente se  refiere  que  esa  dos  normas  indebidamente activadas suponen una relación de  subordinación  entre  el  autor  material  del  hecho  y  el tercero civilmente  responsable,  vínculo  cuya  inexistencia  el Tribunal reconoce en este caso, a  pesar  de  lo  cual  hizo uso de los mencionados preceptos.  De otra parte,  según  el  actor,  la  solución  tal  la tributaba el artículo 2341 del mismo  estatuto,   pero   tal   disposición   no   fue   objeto   de  debate  en  este  proceso.   

En   este   punto   la  Sala  comparte  la  apreciación  de  la Procuraduría Delegada, en el sentido de que los argumentos  de  ataque han dejado intactos los razonamientos del Tribunal sobre el origen de  la  responsabilidad  de  la persona condenada como civilmente responsable.   En   efecto,   basta   citar   las   siguientes   reflexiones  del  adquem:   

“Ahora, si bien  es  cierto  quien  causó  el accidente fue un tercero, este hecho no cumple con  los  requisitos  para  exonerar  de  responsabilidad  civil a quien detentaba la  calidad           de          ‘guardián’  de  la actividad peligrosa, esto es la señora CABRERA DE RAMÍREZ, pues además  de  conservar  el poder efectivo de dirección y control del automotor fue quien  propició  que  se  pusiera  en marcha la actividad peligrosa al suministrar las  llaves  de su rodante al acusado JAIME ALBERTO PINZÓN ESCOBAR, quien no contaba  con  licencia  de  conducción y además, atendiendo la forma en que ocurrió el  hecho, demostró total impericia en la conducción de automotores.   

“Aun cuando en el presente evento el joven  PINZÓN  ESCOBAR  no  era subalterno ni dependiente de MYRIMAN PATRICIA CABRERA,  igual  le  incumbe responsabilidad, en la medida que en ejercicio de sus poderes  de  guardián asumió comportamiento imprudente al permitir el uso del automotor  a  un joven de 19 años que, como ya lo expresamos y lo consigna en la sentencia  el  A-quo  con argumentos que compratimos, era inexperta en la técnica de guiar  automotores,  al  extremo  que  perdió  el  dominio de la máquina mostrándose  totalmente  imperito  parra  evitar  el fatal resultado.  Tal planteamiento  encuentra  sustento en el dessarrollo jurisprudencial plasmado en la multicitada  sentencia,    en    la    que    la    H.   Corte   aclara:    ‘…   la   obligación  resarcitoria  emanada   de   un   hecho   ilícito   ajeno  no  desaparece  si  la  actuación  correspondiente  debe  reputarse  como  propia en virtud de una relación previa  existente  entre  el  autor material del daño y quien se presume responsable, e  igualmente  tampoco  cesa  dicha oblilgación si de alguna manera la conducta de  éste  último, cotejada frente a normas de comportamiento prudente previstas en  la  ley  o  impuestas por las circunstancias particulares que conforman el caso,  ha  de  tenerse  como  antecedente  inmediato  de la ejecución del hecho por el  tercero,  todo  ello  en  consonancia  con  los lineamientos conceptuales atrás  rememorados  y por fuerza de los cuales se sostiene con razón que, respecto del  presunto   responsable,  el  proceder  del  tercero  deberá  ser  imprevisto  e  irresistible,  puesto  que  si  era  evitable y por negligencia o descuido no se  adoptaron  medidas  convenientes  para  impedirlo  o  para suprimir sus secuelas  perniciosas,  la  imputación  a aquél se le haga sería indiscutible, criterio  por  cierto  acogido  muchas  veces  por  la  Corte  al  señalar,  invocando la  reconocida  autoridad  de expositores franceces, que si bien la prueba del hecho  de  un  tercero  puede  destruir  la  presunción  de culpa de quien se dedica a  actividad  peligrosa,  … ese hecho no puede ser imputable al demandado, cuando  la  culpa de éste haya provocado el hecho del tercero del que haya resultado un  daño,  esa  culpa  es  la  causa  verdadera  del  perjuicio.  El hecho del  tercero,     entonces,     no     es     ajeno    al    demandado…”   

          Así  entonces, la demanda en este aspecto no sólo carece de razón  suficiente,  en  el  sentido  de  que  omite  la  controversia  de bien fundadas  expresiones  de  responsabilidad  en  la sentencia de grado, sino que además se  aparta  de la técnica del recurso, pues, en el fondo, lo que el actor quiere es  ignorar  la  interpretación que el Tribunal hizo del artículo 2356 del Código  Civil,  con  fundamento  en  autorizada  doctrina  de esta Corte.  En otras  palabras,  el  demandante  no toca esa bien ponderada hermenéutica del precepto  en  cuestión, según la cual son acumulables las responsabilidades por el hecho  ajeno  y  la  guarda  de  cosas  peligrosas,  sino  que  pretende  una  indebida  aplicación  de  la  misma  norma sin haber incidido aún sobre el entendimiento  que  la  doctrina le dispensa, cuando en el fondo su discrepancia es con el modo  de ver la disposición.   

          Lógicamente,  no es posible hablar de aplicación debida o indebida  de  una  disposición,  sin haber desplegado previamente la operación previa de  su  interpretación.   Aquí la disputa era por el sentido y el alcance del  artículo  2356  del  Código  Civil,  no  por  su  indebida  aplicación  y  la  consecuente  falta  de  aplicación de otra nroma, mas a ello no se concretó el  argumento de el censor.    

Tampoco   puede   prosperar  este  segundo  cargo.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

NO CASAR  la  sentencia impugnada.   

Cópiese,  cúmplase           y           devuélvase  al Tribunal de origen.    

JORGE ENRIQUE CORDOBA POVEDA  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       RICARDO CALVETE RANGEL   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              CARLOS                                  E.                                 MEJIA  ESCOBAR               

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                      NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria.    

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