23676(01-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23676  

CORTE SUPREMA DE JUTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                               Aprobado acta  No. 43   

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 Dr.  MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Bogotá  D.  C.,  primero de junio de dos mil  cinco.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Juan  Andrés  Poveda, en el proceso que se  le  adelanta  por  los  delitos de homicidio y porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

Antecedentes.   

El  14 de septiembre de 2002, en las horas de  la  noche,  en  una  tienda  ubicada  en  la carrera 9ª No.3-78 de la ciudad de  Bogotá,  Jairo  Antonio  Hernández,  quien compartía con algunos familiares y  amigos  en el lugar, fue víctima de un atentado con arma de fuego que le costó  la  vida.  Una de las acompañantes siguió al agresor hasta una casa ubicada en  el  barrio  San Fernando, y luego hasta la carrera 10ª con calle 3ª, donde fue  capturado    e   identificado   como   Juan   Andrés  Poveda.   

La  fiscalía  escuchó  en  indagatoria  al  imputado   (fls.24-27/1),  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva (fls.62-68/1), y mediante resolución de  26   diciembre   de  2002  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de  acusación por los delitos de homicidio y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal (fls.109-122/1).    

Rituado el juicio, el juzgado de conocimiento,  en   decisión   de   5   de   septiembre   de  2003,  condenó  a  Juan   Andrés   Poveda   a  la  pena  principal  de  176  meses  de  prisión,  como  autor responsable de los delitos  imputados  en  el  pliego  de  cargos (fls.189-202/1). Apelado este fallo por la  defensa,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá, mediante el  suyo  de  19  de  diciembre  de  2003, lo confirmó en los aspectos objeto de la  impugnación   (fls.3-13   del  cuaderno  del  Tribunal).  Inconforme  con  esta  decisión,     el     defensor    del    procesado    interpuso    recurso    de  casación.   

La         demanda.   

Tres  cargos,  todos  al  amparo de la causal  primera, cuerpo segundo, presenta el actor contra la sentencia.   

Cargo primero:   Sostiene que los juzgadores incurrieron en un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  por  desconocimiento de la prueba de  absorción  atómica,  que  arrojó resultado negativo para el procesado. Pide a  la  Corte, por tanto, dejar sin efecto el fallo impugnado. Como norma infringida  relaciona el artículo 207.1 del estatuto procesal penal.   

Cargo segundo: Afirma  que  los  juzgadores incurrieron en un error de existencia por suposición, pues  tuvieron  por  demostrado  que  el  inculpado  se deshizo del arma de fuego y se  lavó  las  manos,  hechos  que el proceso no acreditó y que son producto de la  suposición.   Como   norma   violada   menciona  también  el  artículo  207.1  ejusdem.   

Cargo   tercero:  Argumenta   que   los   juzgadores   incurrieron  en  error  de  raciocinio  por  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica, al valorar los testimonios  de  Fanny  Rocío  Alonso  Peña  (hermana  del occiso), María Consuelo Suárez  Salazar  (cuñada  del occiso), Patricia Londoño Echeverri y Juan Carlos Bernal  Zerbiny,  pues  les  otorgó  total credibilidad cuando dichas declaraciones son  parcializadas, incoherentes y contradictorias.   

Sostiene   que   estos   testigos   no  son  coincidentes  en  sus  versiones,  principalmente  cuando  aluden  al número de  disparos  realizados  por  el agresor, puesto que unos afirman que fueron dos, y  otros que fueron dos o tres. Y agrega:    

“Según  el  acervo  probatorio  obrante se  puede  determinar  con  certeza  que  el occiso fue ultimado mediante disparo de  arma  de  fuego  (fls.193). tal y como acertadamente lo esboza el juzgador en la  parte  motiva  al  proferir  el  respectivo fallo, mas no de dos o tres disparos  como   lo   enuncian   los   declarantes  mencionadas.  Solo  coinciden  en  las  características  físicas  del  sentenciado  y  en  las  prendas  de vestir que  portaba,  pero  debido  a  que  los  declarante  fueron  al  CAI de Las Cruces a  detallar  al  supuesto  agresor  Juan Andrés Poveda, a excepción de la señora  María  Consuelo  Suárez  Salazar,  quien  no fue testigo presencial. En cambio  desestimó  las  declaraciones  de Jenny Andrea y Mery Taborda (fls.49 y 178) al  argumentar  que  caen  en  contradicciones  que  le  restan  credibilidad y solo  pretenden  ayudarlo, dichos que según el fallador no soportan las exculpaciones  del  sentenciado,  no  obstante las declaraciones de los familiares y amigos del  occiso incurrir en contradicciones”.   

SE        CONSIDERA:   

La  exigencia  prevista en el artículo 212.3  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  de indicar en forma clara y precisa los  fundamentos   de  la  causal  de  casación  que  se  aduce  para  solicitar  la  infirmación  de fallo, impone el cumplimiento de ciertos requisitos mínimos de  contenido,  propios  de  la  técnica  casacional,  sino  los  cuales no resulta  posible declarar la demanda en forma (arts.213 ejusdem).   

Cuando  se  plantean  errores de apreciación  probatoria,  como  acontece  en el caso sometido a estudio, no basta identificar  la  clase  de  error cometido. Es necesario desarrollar el cargo, de acuerdo con  la   naturaleza   del  error   planteado,  y  demostrar  su  trascendencia,  ejercicio   que   impone  realizar  una  nueva  valoración  de  la  prueba  con  prescindencia  del  error  cometido, para mostrar al juez de casación que de no  haberse  éste  presentado,  el  sentido  de  la  decisión, o las consecuencias  jurídicas aplicadas, serían distintas.   

Estas  exigencias  no  son  atendidas  por el  demandante.  En los dos primeros reparos, donde invoca errores de existencia por  omisión  y  suposición,  respectivamente,  el  planteamiento  que  queda en el  simple  enunciado,  pues  identifica  el error, y menciona las pruebas sobre las  cuales  se  habría  proyectado,  pero  no demuestra la existencia del yerro, ni  incursiona  en  la  acreditación de sus implicaciones frente a la prueba tenida  en   cuenta   por   los   juzgadores   de   instancia  para  proferir  fallo  de  condena.     

En  el  tercer  cargo, identifica también el  error  y  las  pruebas sobre las cuales habría recaído, y procura entrar en el  desarrollo  y  acreditación  del  cargo,  pero su propósito se queda truncado,  porque  sus  argumentaciones   se circunscriben a una simple confrontación  de  criterios,  con  pretensión  de  prevalencia  del  suyo,  a  partir  de  la  consideración  de  que  los  testimonios de cargo son contradictorios, y los de  favor  no,  sin  demostrar  de  qué manera en uno y otro caso los juzgadores de  instancia  desconocieron  las  reglas  de  la sana crítica, ni precisar cuáles  postulados   en  concreto  fueron  quebrantados,  y cuál la incidencia que  tuvo el error cometido en las conclusiones del fallo.   

La  única  argumentación  que  trae  para  fundamentar  este  reparo  se  relaciona  con  las  divergencias de los testigos  presenciales  en  torno al número de disparos realizados (dos para unos y   dos  o  tres para otro), y los impactos recibidos por la víctima (uno según el  protocolo  de  necropsia),  pero  esto, además de no representar contradicción  sustancial  alguna,  no  se erige de suyo en violación de las reglas de la sana  crítica,  porque  el  hecho  de  que  la  víctima  presente un solo disparo no  necesariamente  significa,  como  lo  da  a  entender  el  actor, que el agresor  hubiera disparado una sola vez.    

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  presupuestos  mínimos requeridos para declarar en trámite el recurso, y que no  se  advierten  violaciones  de  garantías fundamentales que la Sala esté en el  deber  de  proteger,  y  que  le  abrirían  espacio  a  la  actuación oficiosa  (artículo  216  de  la  ley  600  de  2000),  se  inadmitirá  la demanda, y se  devolverá el expediente a la oficina de origen.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la   demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Juan Andrés Poveda.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE  

   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ            HERMAN  GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO           EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                  JORGE L. QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria    

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