9761 (15-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEBIDO  PROCESO/  NORMA  SUSTANCIAL/  NORMA  INSTRUMENTAL   

El  debido  proceso en virtud de su carácter  esencial  y por constituir un derecho fundamental, acorde con el artículo 29 de  la  Carta,  suele  calificarse  como norma sustancial; sin embargo, dentro de la  sistemática  del recurso de casación y en el lenguaje jurídico corriente, por  regla  general,  se  utiliza  el  término  “sustancial”  por  oposición  a  lo  “instrumental”.   Así  entonces,  los preceptos referidos a la regulación  de  los  delitos y sus consecuencias, como presupuestos de la persecución penal  del  Estado,  son  normas  sustanciales; mientras que las disposiciones sobre el  proceso  penal  son  instrumentales  porque  señalan el método y las formas de  comprobación  de  las  condiciones  de  la  pena  (acción  típica, lesividad,  culpabilidad).   

RAD. 9761  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 51  

Santafé de Bogotá, D. C., quince de mayo de  mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

          Se  interpuso  el  recurso extraordinario de casación por parte del  procesado  LUIS  ALBEIRO  CASTRO  BALZÁN,  condenado  a  la  pena  principal de  veinticinco  (25)  años  y  diez  (10)  meses  de prisión, en relación con la  sentencia  de  segundo  grado dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Medellín.   

          Como  el  Tribunal  concedió  debidamente  el recurso, continuó el  trámite  con  la  demanda  de  sustentación  que  presentó  el  defensor  del  impugnante,  siguió el auto de ajuste formal inicial proferido por la Sala y se  obtuvo   después   el  concepto  del  Procurador  Delegado.   Regularmente  sustanciada  la  impugnación,  la Corte dictará la sentencia que corresponde a  la  propuesta  y  al  debate, de acuerdo con los artículos 228 y siguientes del  Código de Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          El  día  4  de  marzo  de 1993, aproximadamente a las 5 horas de la  tarde,  el joven CARLOS ALBERTO CANO PÉREZ ingresó a una salsamentaria situada  en  la calle 45E con carrera 73A, nomenclatura urbana de la ciudad de Medellín,  y  fue  atendido  por  la  señorita  Yazmín Zuluaga  Aristizábal, a quien le solicitó una gaseosa, un pan  y  un cigarrillo.  Después de consumir las especies servidas, el visitante  salió  del  establecimiento  y  apenas  había  caminado escasos metros, cuando  aparecieron  en  el  lugar  dos  individuos  en  una  motocicleta,  mientras  el  conductor  detuvo  la marcha del automotor, sin apagarlo, y quedó en actitud de  espera,  el  parrillero  se apeó del vehículo, extrajo un arma de fuego corta,  cubrió  su  rostro  con  la  camiseta  que  llevaba  puesta,  y le propinó dos  disparos  al desprevenido viandante, los cuales entraron por el lado derecho del  mentón  y  el izquierdo del occipital.  El tirador rápidamente volvió al  puesto  que  ocupaba  en  el  motovehículo  y los dos extraños emprendieron la  huída, dejando en el lugar el cuerpo sin vida del agredido.   

          Afortunadamente,  a  corta  distancia del sitio donde esto ocurría,  sobre  la carrera 73, rodaban también en motocicleta dos servidores policiales,  quienes,  alertados por el primer disparo, alcanzaron a percibir los movimientos  de   los  agresores,  salieron  tras  ellos  y  a  tres  cuadras  de  distancia,  concretamente  en  la carrera 72B con la calle 47, capturaron a los dos sujetos,  quienes  se  desplazaban  en  la  moto marca “kawasaki” 100, “sport”, de  color  rojo  y  de placas DBB 69.  Se procede entonces por la policía a la  identificación   y  requisa  de  los  capturados,  acto  en  el  cual   el  parrillero  se  presenta como LUIS ALBEIRO CASTRO BALZÁN, quien llevaba consigo  un  revólver  marca  “colt”,  calibre 38 largo, número interno 602255, sin  salvoconducto,  provisto  de  dos (2) vainillas y cuatro (4) cartuchos; mientras  que  el  conductor  dijo  que  se  llamaba  RICARDO  LEÓN BAHAMÓN DÁVILA y no  portaba armas.   

          En  relación  con  este episodio sangriento y la responsabilidad de  los   imputados,   la  administración  de  justicia  desplegó  los  siguientes  esfuerzos:   

          La  Unidad  Primera de Vida de la Dirección Seccional de Fiscalías  de  Medellín,  previa apertura formal de la instrucción, vinculó por medio de  indagatoria  a  los  sindicados  Luis  Albeiro Castro  Balzán  y  Ricardo  León  Bahamón Dávila, a quienes  posteriormente  se  les  impuso  la  medida  de  aseguramiento  de la detención  preventiva,  sin derecho a excarcelación, el primero como autor del concurso de  delitos  de  homicidio y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal, y el  segundo  como  cómplice  en la realización del primer hecho punible, según se  determinó  en  la resolución fechada el 11 de marzo de 1993, obra de la Fiscal  Primera de la Unidad Segunda de Vida (fs. 13, 15, 22v., 24 y 26).   

          Finalizada  formalmente  la  fase instructiva del proceso, la Fiscal  Décima  Delegada  ante  los  Jueces  Penales del Circuito, adscrita a la Unidad  Segunda   Especializada  en  delitos  contra  la  Vida,  dictó  la  resolución  acusatoria  fechada  el  1° de julio de 1993, por medio de la cual se convoca a  juicio  a  los  procesados  Castro Balzán y Bahamón  Dávila,  quienes  debían  responder  por  los mismos  cargos  propuestos en la situación jurídica, de acuerdo con los artículos 323  del  Código  Penal, modificado por la Ley 40 de 1993, y 1° del Decreto 3664 de  1986,  adoptado  como  legislación  permanente por el artículo 1° del Decreto  2266  de  1991,  a título de autor y cómplice, respectivamente (fs. 113, 117 y  121).   

          Se  asume  el  conocimiento  del proceso por el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de  Medellín, despacho que abre la oportunidad para la solicitud  de  pruebas y nulidades y para preparar la audiencia pública, acto éste que se  realiza  el 31 de enero de 1994, y se habilita de tal manera el fallo de primera  instancia  que  está  datado el 28 de febrero siguiente, de acuerdo con el cual  se   condena   al   procesado   Luis  Albeiro  Castro  Balzán  a la pena principal de veinticinco (25) años  y  diez  (10)  meses  de prisión, a título de autor del concurso de delitos ya  expresado  en  la  resolución  de  acusación,  y  a  la  sanción accesoria de  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por igual  período  al de la pena principal.  Adicionalmente, se ordena el comiso del  arma  utilizada  en  el  hecho  violento.   Y  en  relación con el acusado  Ricardo    León    Bahamón    Dávila,  el  juez  decide  absolverlo  de los cargos antes formulados (fs.  142, 177 y 191).   

          Como  la  decisión  final  fue  apelada  tanto  por el defensor del  procesado   Castro  Balzán  como  por  la  fiscal  delegada  que intervino en el juicio, esta última por su  manifiesta  inconformidad con la absolución del segundo acusado, se abrió paso  la  intervención revisora del Tribunal Superior de Medellín, Corporación que,  por  medio

 de sentencia de fecha conocida, confirma  la    sentencia    en    relación    con    Castro  Balzán,   pero   la  revoca  en  lo  atinente  a  la  absolución      del      coprocesado     Bahamón  Dávila,  a  quien  declara  penalmente responsable, a  título  de  cómplice,  y  le impone la pena principal de catorce (14) años de  prisión  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el término de diez (10) años (fs. 236).   

PLANTEAMIENTOS DE LA DEMANDA:  

          El  abogado que sustenta el recurso de casación aduce que ampara la  censura  en  la  causal  primera  del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  por  cuanto la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  “es  violatoria  de  la  ley sustancial del debido proceso a que se refiere el  artículo  29  de  la Constitución Nacional…”, dado que se han pretermitido  por   dicho   fallador  las  formas  legales  a  las  que  debió  sujetarse  el  proceso.   

          Para  referirse al alcance de la impugnación, el censor explica que  pretende  de la Corte la invalidación de la sentencia cuestionada, por medio de  una  declaración  de  nulidad  del  proceso  a partir del testimonio del doctor  Juan    Bernardo    Betancur    Escobar,  fiscal  que  llevó  a  cabo  la  diligencia de levantamiento del  cadáver  de  Carlos  Alberto Cano Pérez.   Concretamente,  dice  el impugnante, acusa la sentencia por  haber  sido  dictada  al  interior  de  un  proceso que no sólo transgredió el  artículo   29   de   la   Carta   Fundamental,   sino   que  también  contiene  irregularidades que afectaron el derecho de defensa del procesado.   

          En  el  capítulo  que le dedica al “concepto de violación”, el  demandante  dice  que el fiscal Juan Bernardo Betancur  Escobar,  antes de ponerle de presente los derechos al  capturado,  se  entrevistó  con  él  y  por  tal  razón  resulta irregular el  interrogatorio  que le formuló al momento de la diligencia de levantamiento del  cadáver;  además, porque esa doble condición de investigador y testigo que le  figura  al funcionario dentro del mismo proceso, es contraria a la Constitución  y  la  ley  y  conculca  los derechos del investigado, aunque reconoce que no de  manera fundamental.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO:   

          El  señor  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal, de una vez,  señala  la  falta  de  técnica  y  de  argumentación  en  el fundamento de la  censura.   Esta desvalorización del libelo la desarrolla el funcionario de  la siguiente manera:   

          No  es suficiente invocar someramente la causal primera de casación  para  ingresar  correctamente  en la dinámica del ataque por vía de casación,  pues  resulta  indispensable  indicar  con  precisión el motivo y sentido de la  infracción.   Es  decir,  se  requiere  evidenciar  el carácter directo o  indirecto   del  quebrantamiento  de  la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea,  exclusión  palpable o aplicación indebida, en el primer caso, y por  error  de  hecho  o  de derecho con sus respectivas modalidades, que son los que  propician    la    aplicación    o   inaplicación   de   la   norma,   en   el  segundo.   

          Pero    en    el   subjudice,  agrega  el  Procurador,  el  casacionista no sólo desatiende esa  mínima  fundamentación,  sino  que  pretende  demostrar la causal invocada con  planteamientos  propios  de  la  causal tercera, actitud que desborda principios  básicos  de  la  casación,  lo  cual  indica  que el escrito obedece más a la  factura  de  un  alegato  de  instancia,  que  si tolera el discurso de la libre  sustentación,     pero     que     es     improcedente    para    el    recurso  extraordinario.   

          La  violación  al  principio  del  debido proceso, en los términos  ahora  propuestos  por  el censor, corresponde exactamente a la inquietud que el  mismo  planteó  en  el  devenir  de la apelación, los que obviamente ya fueron  superados  con  el  pronunciamiento  pertinente del ad  quem,   argumentos   que   no   ameritan   una  nueva  controversia  si no se quiere revelar el deseo de convertir la casación en sede  de  “tercera  instancia”.  Las consecuencias esperadas en relación con  las  mencionadas  irregularidades ya fueron satisfechas por el Tribunal, órgano  que  invalidó esa parte de la actuación procesal y le restó cualquier mérito  probatorio.   

          De  este modo, concluye el Delegado, no pueden recibirse como serios  los  planteamientos del impugnante, pues, ignorada la exigencia de comprobación  del  vicio,  también  se  carece  de  motivación sobre el peso del mismo en la  vulneración  del principio del debido proceso.  El cargo, en consecuencia,  está signado por el fracaso.   

          Con  todo,  agrega  la  Procuraduría,  se  requiere  el  uso  de la  facultad  oficiosa  para  casar parcialmente el fallo de segunda instancia (art.  228  C.  P.  P.),  pues,  en  punto  a  la  imposición  de la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas, se ha excedido el límite de  diez  (10)  años  que  legalmente  se  dispone para la misma, de acuerdo con el  artículo  44  del  Código Penal, dado que en el fallo de primer grado se fijó  en  el  mismo  cuantum de la  pena   principal   (25   años   y   10   meses),  error  que  no  advirtió  el  tribunal.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

          Ciertamente,  como lo sostiene el Procurador Delegado, la demanda de  casación  no  es  un  escrito  de  libre  y  caprichosa  composición;  por  el  contrario,  está  vinculado a un mínimo de exigencias formales plasmadas en el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal, formas finalísticamente  dispuestas   para   afirmar   la  connotación  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  ambientar  la  taxatividad de las causales de procedencia y mantener  sensatamente   la  independencia  y  autonomía  de  los  fallos  judiciales  de  instancia,  que  de  esta  manera  se  ponen  a salvo de inútiles y repetitivas  objeciones.   

          Con  la  precaución  de  mantener  la vigencia real de los derechos  fundamentales,  bien  por  ruego de las partes ora por deber funcional, la Corte  habrá  de  declarar  que  el  memorial  de  pretensiones carece de la elemental  técnica    que    echa    de    menos   del   Ministerio   Público.    En  efecto:   

          1.   Se  exalta  la causal primera de casación, de acuerdo con  las  previsiones  del  artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, pero no  se  precisa  el modo de violación atribuido a la sentencia de segundo grado, es  decir,  si  se  trata  de  una  vulneración  directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial.   Tampoco  se  explica  si  los  defectos del fallo cuestionado  tienen  que  ver con falsas interpretaciones, aplicaciones indebidas u omisiones  en  la adaptación de la norma básica que trata de capitalizar el demandante; o  si,  por  otra  vía,  el precepto esencial ha sido lastimado indirectamente por  errores  de  hecho  o de derecho en el aprontamiento y estimación de la prueba.   

          2.   Pero  si  en  gracia  de  discusión  se  asumiera  que al  impugnante   le   interesa   es   la   violación  indirecta,  supuesto  que  ha  exteriorizado   su   desagrado   con   el  testimonio  del  fiscal  Juan  Bernardo Betancur Escobar, la verdad  es  que  la  demanda  resulta  esquiva  a  las  precisiones,  pues,  en lugar de  argumentar  consecuentemente  el  cargo en dicho sentido, que sigue siendo el de  la  causal  primera,  se  traslada  inopinadamente  a  expresiones propias de la  causal  tercera,  tales  como  que  la  sentencia se profirió al interior de un  proceso  afectado de anomalías que atentan no sólo contra la debida ritualidad  sino  también  contra  la  garantía  de defensa (motivos 2° y 3° de nulidad,  art.  304  C.  P.  P.).   Algo más, las irregularidades en el curso de las  pruebas,  aunque  inicialmente pueden afectar el debido proceso probatorio y con  tal  visión  incompleta  pueden estimarse como constitutivas de nulidad (causal  3ª   ),   finalmente   avanzan  hacia  un  error  in  iudicando,  pues,  si  estos  medios  de  información  procesal,  después  de  ser  correctamente recolectados, sólo producen efectos  cuando  sean  valorados  racionalmente por el juez en la respectiva providencia,  la  equivocación  trascendental  culmina  con  la  apreciación  por  parte del  fallador  de  una  prueba  que  debió  desestimar por haber sido irregularmente  aportada  al  proceso.  Esto último solamente puede ventilarse por la vía  de  la  violación  indirecta,  en  virtud  del error de derecho transunto en un  falso juicio de legalidad.   

          De  esta  manera,  por  ese  ir y venir de una causal de casación a  otra  bien  distinta,  ni  siquiera  puede  la Sala intentar una interpretación  benigna  del  libelo,  pues  fácilmente  se  corre  el  riesgo  de suplantar la  voluntad del censor.   

          3.   De otro lado, como reiteradamente lo ha dicho la Corte, el  principio  lógico  de  la razón suficiente enseña que el escrito de casación  debe  bastarse  a  sí  mismo, en el sentido de que le obligan al demandante las  referencias  exactas  de  la  sentencia  que  causan  agravio  por acción, o el  señalamiento  de  los espacios o vacíos en la argumentación del proveído que  comportan  daño  por  omisión,  pues, el mero repudio genérico del fallo, sin  remisiones  concretas  a  sus  fallas  de  estimación  y  valoración, no puede  constituir  un  verdadero  ataque  en  sede  de casación.  Es necesaria la  exigencia  de  acometer  analíticamente  la  sentencia, no sólo porque de esta  manera  se  comprende  de entrada la dialéctica razonable del recurso, sino con  el  fin  de evaluar ab initio  el  cumplimiento  de  los  requisitos  formales,  pues,  la  anhelada claridad y  precisión  de  los  fundamentos de la demanda no sólo ponen al descubierto las  posiciones  e  intereses del recurrente, sino que también dejan en evidencia la  mínima  razonabilidad  de  la  impugnación  de  cara  a  las  motivaciones del  fallo.   

          4.   Pero también se requiere en la realización del principio  rector  de  la  lealtad,  de  acuerdo  con los artículos 83 de la Constitución  Política  y  18  del  C.  de  P.  P.,  que el censor se ocupe de las soluciones  ofrecidas  al problema planteado en el fallo atacado, así sea para decir que no  lo   persuade  o  que  es  insatisfactoria  la  respuesta,  pues,  las  reservas  descuidadas  o  especiosas  en  este  orden, pueden conducir al error y provocar  inútiles,  antieconómicos  y  repetitivos debates en el trámite de un recurso  de  casación  que  desde  sus  albores está tocado por el fracaso.  Sobre  este  particular, nótese como el Tribunal había advertido y declarado sobre la  inexistencia  de  las diligencias en las cuales la policía judicial y el fiscal  intercambiaron   con los capturados asuntos referentes a la responsabilidad  penal  de  éstos,  sin  la  presencia  del  defensor,  a  pesar  de  lo cual el  demandante  soslayó  la  elocuente  y  decidida reflexión judicial, que es del  siguiente tenor:   

“Las  manifestaciones  de  los  acusados,  tanto  las  provocadas por los miembros de la Policía Nacional al momento de la  captura   como   por   el   Fiscal  Delegado  que  practicó  la  diligencia  de  levantamiento  poco  después, se recibieron con violación del debido proceso y  son  inexistentes o nulas de pleno derecho, de conformidad con el texto del art.  29 inciso final de la Constitución Política.   

“Tales  manifestaciones,  eso  es cierto,  constituyen  una forma irregular de versión libre y ésta tiene que recibirse o  realizarse  siempre  en presencia del defensor, aún en los casos de flagrancia,  como  lo precisó la Corte Constitucional en sentencia del 22 de abril de 1.993,  con   ponencia   del   H.   magistrado   Fabio  Morón  Díaz,  al  declarar  la  inexequibilidad   parcial   del   art.   322   del   Código   de  Procedimiento  Penal…”   

“…  

“De  conformidad  con  el  art.  145  del  Código  de  Procedimiento Penal, además, el fiscal no puede comunicarse con el  sindicado  sin  la  presencia  de  su defensor, en ningún caso, menos aún para  producir   declaraciones  de  responsabilidad  o  para  obtener  la  versión  o  explicación  de los hechos y cualquier diligencia que se realice con violación  o   desconocimiento   de   esta   prohibición   es   inexistente   ‘para     todos     los     efectos  procesales’,  como  lo  sanciona el art. 161 de la misma obra.   

“Sin  embargo,  a pesar de la intrínseca  nulidad  o inexistencia de esas manifestaciones, que conducen a tenerlas como no  producidas,  ninguna  incidencia tienen en la sentencia de la Sala que, para los  efectos  de  la  declaratoria de responsabilidad penal, parte del supuesto de su  nulidad  y  se  apoya  en  medios  de  convicción muy diferentes” (fs. 244 y 245).   

          5.   Y  es  que  también  hace  parte  de  la consistencia del  argumento  fundante,  como  requisito formal de procedibilidad de la demanda, el  señalamiento  de  la  trascendencia de la irregularidad destacada.  Si por  otros  medios de convicción distintos a los que están afectados de invalidez o  inexistencia,  como  lo  hizo  el  ad quem,  se  llega a la certeza del hecho punible y la responsabilidad del  acusado,   que   son   los   presupuestos  sustanciales  para  dictar  sentencia  condenatoria,  vano resulta el esfuerzo por capitalizar aisladamente las pruebas  irregularmente  aportadas,  pues  tal  despliegue  se  opone al método legal de  evaluación  conjunta  y  racional  del  material  probatorio  (C.  P.  P., art.  254).   

          6.   Esta  necesidad  y  suficiencia  en materia de prueba para  condenar  es  la  que  pone  de relieve el fallo cuestionado, sin que de ello se  haya  ocupado  el recurrente para darle un matíz de razonabilidad a la censura,  pues  juiciosamente  el tribunal hizo un recorrido crítico por la situación de  flagrancia  en  la  cual  fueron  capturados los responsables; el testimonio del  dragoneante   Roger   Campo   Domínguez,  uno  de los captores, que señala sin dubitación alguna el papel  que  cumplieron cada uno de los aprehendidos en la agresión y el arma incautada  a  uno  de  ellos;  la declaración de la dama Jazmín  Zuluaga  Aristizábal, que se refiere a la actividad de  la  víctima  antes  del  ataque  y  a  los preámbulos de éste; y la evidencia  física  de  la  congruencia entre los hallazgos del protocolo de necropsia (dos  orificios  de  entrada  de  proyectil calibre 38 largo) y las características y  circunstancias    del   arma   decomisada   a   Luis  Albeiro  al  momento  de  la  retención (revólver de  igual  calibre  y  dos  cartuchos  disparados  de  los  seis  que  albergaba  el  arma).   

          7.   Finalmente,  la Sala quiere destacar una confusión que se  propicia  por  el  contexto  en  el  cual  se actúa, pues ciertamente el debido  proceso  en  virtud  de  su  carácter  esencial  y  por  constituir  un derecho  fundamental,  acorde  con  el  artículo  29 de la Carta, suele calificarse como  norma  sustancial;  sin  embargo,  dentro  de  la  sistemática  del  recurso de  casación  y  en  el lenguaje jurídico corriente, por regla general, se utiliza  el  término “sustancial” por oposición a lo “instrumental”.  Así  entonces,  los  preceptos  referidos  a  la  regulación  de  los  delitos y sus  consecuencias,  como  presupuestos  de  la  persecución  penal  del Estado, son  normas  sustanciales;  mientras que las disposiciones sobre el proceso penal son  instrumentales  porque  señalan el método y las formas de comprobación de las  condiciones de la pena (acción típica, lesividad, culpabilidad).   

          Esto   supuesto,   como   lo  propone  acertadamente  el  Procurador  Delegado,  se  desestimarán los cargos de la demanda por manifiestos errores de  técnica en su formulación.   

          Con  todo,  y  en  ello  también se concede la razón al Ministerio  Público,  la Sala dispondrá de la potestad de oficio para casar el fallo en lo  atinente  al  término de duración de la sanción accesoria de interdicción en  el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  impuesta  al  procesado  Castro   Balzán,   pues,  desbordado  por  el tribunal el límite máximo de diez (10) años que tolera el  artículo  44  del  Código Penal, no hay duda de que se ha lastimado el derecho  fundamental  a la legalidad de la pena, de conformidad con el artículo 29 de la  Constitución    Política,   y   la   Corte   está   habilitada   ex  officio para reparar el agravio (C. P.  P.,  art.  228).   La  pena  se  fijará  entonces  en  el  monto  superior  legalmente    permitido,    y   en   tal   sentido   se   revocará   el   fallo  cuestionado.   

          Finalmente,   la   Sala   advierte  que  el  coprocesado  Ricardo  León  Bahamón  Dávila actuó  material  y  jurídicamente  como  coautor  de  los delitos de homicidio y porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal, no como mero cómplice en el  primer  hecho  punible; mas como tal no es objeto del recurso extraordinario, ni  la  anomalia  se  traduce en un desquiciamiento arbitrario de las formas propias  del   juicio,  la  disfuncionalidad  relacionada  con  el  homicidio  no  podrá  remediarse  en  esta  sede.  Como en relación con el otro hecho punible no  hubo  imputación en las instancias, se compulsarán las copias pertinentes para  tal fin (fs. 1, 2, 4 y 6).   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

RESUELVE:  

        Desestimar  por  improcedentes los cargos  formulados   en   la   demanda   en   contra  del  ameritado  fallo  de  segunda  instancia.   

         

        Casar   de   oficio   y  parcialmente  la  sentencia  de  segundo  grado  fechada  el 11 de mayo de 1994, obra del Tribunal  Superior  de Medellín, sólo en lo referente a la cantidad de pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  impuesta al procesado LUIS  ALBEIRO  CASTRO  BALZÁN.   En  lugar  de los veinticinco (25) años y diez  (10)  meses  deducidos  en  las instancias, el sentenciado quedará inhabilitado  por el término de diez (10) años.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE    CÓRDOBA    POVEDA                          JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PÁEZ  VELANDIA   

                                                                                                  NO  FIRMO   

NILSON    PINILLA    PINILLA                             JUAN MANUEL  TORRES FRESNEDA   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                   PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

                 Conjuez                                                     Secretaria.   

     

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