SP8057-2015(40382)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

SP8057-2015  

Radicación N° 40.382  

(Aprobado Acta Nº 220)  

Bogotá  D.C., veinticuatro (24) de junio dos  mil quince (2015)   

Ejecutoriada  la  decisión del 13 de mayo de  2015,  por cuyo medio se inadmitió la demanda de casación presentada en nombre  de  PLUTARCO  HINESTROZA  CAVIEDES,  contra la sentencia del 13 de septiembre de  2012,  proferida  por  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de   Popayán,   la  Corte  se  pronuncia  oficiosamente  en  relación  con  la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  conforme  a  lo  anunciado  en  el  referido auto inadmisorio.   

I. HECHOS  

El  10  de  junio  de  2011, a las 10:00 a.m.  aproximadamente,  varios  soldados  del Ejército Nacional estaban realizando un  patrullaje  en  el  corregimiento  de El Plateado, municipio de Argelia (Cauca).  Cuando  transitaban  por  una  esquina  cercana  a la plaza de mercado, PLUTARCO  HINESTROZA  CAVIEDES  les  lanzó  un artefacto explosivo empacado en una bolsa.  Producto  de  la  explosión  falleció  el Cabo Primero Yimi Adrián de la Cruz  Bastidas,  mientras  el  soldado  profesional  Luis  Eduardo  Camargo  Martínez  sufrió  graves heridas, que conllevaron a la amputación de una de sus piernas.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

En audiencia del 8 de agosto de 2011, ante el  Juzgado  2º Penal Especializado del Circuito de Popayán, la Fiscalía acusó a  PLUTARCO  HINESTROZA  CAVIEDES  como  autor  del  concurso de conductas punibles  constituido  por  homicidio con fines terroristas -consumado e intentado- (arts.  103, 104-8, 27 y 31 del CP).   

Concluido el debate y emitido sentido de fallo  condenatorio,  la  juez  dictó la sentencia el 27 de abril de 2012. Por estimar  acreditada  la  responsabilidad  penal  de  aquél  por los delitos de homicidio  simple  -consumado e intentado-, lo condenó a la pena de 240 meses de prisión.   

Habiendo  interpuesto la fiscal el recurso de  apelación  contra el fallo de primer grado, la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Popayán lo modificó, a fin de reconocer la causal agravante del art. 104-8  del  CP.  En  consecuencia,  modificó  la  pena  privativa de la libertad a 720  meses.   

El    defensor   interpuso   el   recurso  extraordinario  de  casación,  cuya demanda fue inadmitida mediante auto del 13  de  mayo  de  2015.  Empero,  advirtiendo  la  Corte la posible conculcación de  garantías  fundamentales,  dispuso  la  necesidad  de  revisar oficiosamente la  legalidad  de  la  pena  impuesta,  a  lo  que a continuación se procede.    

   

III. CONSIDERACIONES  

3.1           De la casación oficiosa   

El recurso extraordinario de casación, según  el  art.  180  de  la Ley 906 de 2004 (CPP), pretende la efectividad del derecho  material,  el  respeto de las garantías fundamentales de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.   

Acorde con el art. 183 ídem, la admisión de  dicho  mecanismo  extraordinario  de impugnación supone, además de la oportuna  interposición  del  recurso,  la  debida presentación de la demanda. El censor  está  obligado a consignar de manera precisa y concisa las causales invocadas y  sus  fundamentos.  Por  ello,  a  voces  del  art.  184 inc. 2° ídem, no será  admitido  el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de interés, prescinda de  señalar  la  causal  o no desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación.  Tampoco,  si  se advierte la irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos  del recurso.   

En ausencia de alguno de dichos elementos, la  Corte,    en    línea   de   principio,  se  abstendrá de seleccionar la demanda. Sin embargo, a tono con  el  art.  184  inc.  3°  ídem, en consonancia con la máxima constitucional de  prevalencia  del derecho sustancial (art. 228 de la Constitución), atendiendo a  criterios  como  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de los mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada,  la  Corte  deberá  superar  los defectos del libelo para decidir de  fondo.   

Esto, en atención a la mayor amplitud que en  el  esquema  procesal  de la Ley 906 de 2004 se le dio al recurso extraordinario  de  casación,  como  medio  protector  de garantías  fundamentales, a través del  control  de  constitucionalidad  y  legalidad  de  las  sentencias   proferidas  en  segunda  instancia  (C.  Const.  SC-590  de  2005).   

En ese contexto, acorde con lo anunciado en el  auto  inadmisorio  de  la demanda de casación, la Sala procederá a enmendar la  vulneración  de garantías fundamentales detectada en la fase de imposición de  la  pena.  Para  tal  efecto,  en  primer  lugar,  se  abordarán  los criterios  constitucionales  y  legales  en  que  se  funda la legitimidad de la punición;  luego  se  pondrán  de  manifiesto  los  yerros  cometidos  por  el Tribunal al  individualizar   la  sanción  penal  y  finalmente se redosificará la pena de prisión.   

3.2             Parámetros  de  legitimidad  para  la  imposición de penas   

A la luz del art. 28 de la Constitución, toda  persona  es  libre.  Por consiguiente, nadie puede ser sometido a prisión, sino  en  virtud  de  mandamiento  escrito  de  autoridad judicial competente, con las  formalidades  legales y por  motivo  previamente  definido  en  la ley.   

La legitimidad de la injerencia en el derecho  fundamental  a  la  libertad  personal  por  la  vía de la imposición de penas  depende,  entonces,  del  respeto  al  debido proceso  sancionatorio.  El  concreto  y  efectivo ejercicio de  este   derecho   presupone   su  desarrollo  legal,  esto  es,  la  configuración    normativa    de   las  formalidades  esenciales  que han de regir los procedimientos. Por ello, el art.  29  inc.  2º  de  la  Constitución preceptúa que nadie puede ser juzgado sino  conforme     a    leyes  preexistentes  al  acto  que  se le imputa y con observancia de las formas      propias      de   cada   juicio.   Este  precepto  se  reproduce       en       el       criterio      rector      de      legalidad,  contenido en el art. 6º inc.  1º del CP.    

El  respeto  del debido proceso sancionatorio  comprende  la  consideración  de  aspectos  formales  y  principialísticos. La  concreción    del    ius   puniendi   en  la  efectiva  imposición judicial de la sanción penal no sólo  ha  de  ceñirse  a  criterios  de  legalidad  stricto  sensu, expresados en reglas para la individualización  de  la  pena; también comporta la materialización del principio constitucional  de proporcionalidad (prohibición de exceso).   

En   un  Estado  constitucional1   

no sólo se predica  la  protección  de  bienes  jurídicos, entendida como la principal   finalidad  del  derecho  penal  y  el  propósito  a partir del cual han de comprenderse los fines de la pena. También  se  instituyen barreras de contención a la actividad punitiva estatal, a fin de  mantenerla  dentro  de  los  límites  propios  de la racionalidad y la dignidad  humana,    proscribiendo    los    excesos   en   la   punición.   Ello,  por  cuanto  si  bien  el  moderno  Estado  social de derecho  garantiza  la  libertad  de  sus  miembros  mediante  la  utilización del poder  punitivo  en contra de quien delinque, también es verdad que, en contrapartida,  reconoce  derechos  de  defensa  frente  al propio Estado, el cual, con la pena,  aplica  la  medida  de intervención más fuerte e intensa de que dispone frente  al   ámbito   de   libertad   de   los  ciudadanos2.   

Entre  dichos  límites  ha  de destacarse el  principio           de          proporcionalidad3,   cuya  aplicación  resulta  imprescindible  tanto  en  la fase legislativa como en  el   momento   de  aplicación  judicial  de  la  coerción  estatal4.  De  acuerdo  con     la     jurisprudencia     constitucional5,   sólo   la   utilización  medida,  justa  y  ponderada  del  ius puniendi, destinada  a  proteger los derechos y las libertades, es compatible con los valores y fines  del  ordenamiento jurídico. De ahí que el respeto al principio de proporcionalidad  de  la pena, derivado de  la  máxima  de  prohibición  de  exceso,  asume  junto  al  de la legalidad de  aquélla  la  connotación  de garantía fundamental6.   

En   tal   virtud,   el   procedimiento  de  individualización  de  la  sanción  ha  de  orientarse  por  los principios de  necesidad,  proporcionalidad  y razonabilidad, como lo dicta el art. 3º del CP.  Así  mismo,  ha  de  atender  a  la realización de las finalidades de la pena,  consistentes,  a  voces  del  art.  4º  del  CP,  en  la prevención (general y  especial),    la    retribución   justa,   la   reinserción   social   y  la  protección  del  condenado.   

Éste   ha  de  ser  el  trasfondo  de  los  parámetros  y  fundamentos para la individualización de la pena (arts. 60 y 61  ídem),  los cuales no se auto justifican, sino que constituyen una orientación  para  materializar,  a  través  de la fijación de la sanción, las finalidades  punitivas.  Si  bien  el  procedimiento de dosificación transita por derroteros  reglados, en esencia no es más que un ejercicio de ponderación.   

Bien  se  ve,  entonces,  que  la  punición  arbitraria  está  proscrita  en  un  Estado constitucional. Una pena deviene en  ilegítima   si  es  impuesta  con  inobservancia  de  los  parámetros  legales  establecidos para su fijación o si se muestra desproporcionada.   

Ahora,  a  fin  de legitimar la punición, el  juez  está  en el deber de motivar el proceso de individualización de la pena.  En  la  decisión  respectiva  ha  de  quedar  claro  al  penado, así como a la  generalidad,  que  la  imposición de una sanción específica a un individuo no  es  producto  del capricho o la arbitrariedad del juzgador, sino el resultado de  un  serio  ejercicio de ponderación de finalidades punitivas, respetuoso de los  lineamientos  legales  pertinentes.  Por  ello,  al tenor del art. 59 del CP, la  sentencia      deberá     contener     una     fundamentación     explícita   sobre  los  motivos  de  la  determinación cualitativa y cuantitativa de la sanción.   

Un  tal  deber  de  motivación es expresión  directa  de  las  garantías  fundamentales  al debido proceso, a la defensa, al  recurso  efectivo  y  al  acceso a la administración de justicia. Solo ante una  motivación   explícita   y  suficiente  es  dable  ejercer  control  sobre  la  corrección  de  la  decisión  y,  de  esa  manera,  ejercer la prerrogativa de  impugnación,  al  paso que se legitima la decisión y con ello la autoridad del  Estado.   

Sobre el particular, en la sentencia C-145 de  1998, expuso la Corte Constitucional:   

El   artículo  229  de  la  Constitución  garantiza  el  derecho de todos los ciudadanos para acceder a la administración  de  justicia.  Este derecho implica no sólo que las personas pueden solicitar a  los  organismos  que  administran justicia que conozcan y decidan de fondo sobre  sus  conflictos  -salvo  que la ley contemple causas legítimas de inadmisión-,  sino   también   que   esas   decisiones   sean   fundamentadas.   La  obligación  de  motivar las decisiones judiciales obedece a la  necesidad  de  demostrar  que  el  pronunciamiento  no  es  un  producto  de  la  arbitrariedad  del  juez.  En el Estado de derecho la  sentencia  responde  a  la  visión  del  juez  acerca de cuáles son los hechos  probados  dentro  del  proceso  y cuál es la respuesta que se le brinda al caso  concreto  por  parte del ordenamiento jurídico. Sin embargo, es claro que tanto  los  hechos  como  las  normas  pueden  ser  interpretados  de  manera distinta.  Por  esta  razón,  se exige que, en su sentencia, el  juez  realice  un  esfuerzo argumentativo con miras a justificar su decisión y,  por  lo  tanto,  a  convencer a las partes, a los demás jueces y al público en  general,  de  que  su  resolución  es  la  correcta.  Precisamente  la  motivación  de las sentencias es la que permite establecer un  control   –judicial,   académico  o  social–  sobre  la  corrección  de  las  decisiones judiciales.   

[…]  

Dentro  de las garantías propias del debido  proceso  y  de la tutela judicial efectiva se encuentran también las de ejercer  el  derecho  de defensa y las de recurrir las sentencias judiciales. Ahora bien,  para  poder presentar recursos contra los fallos judiciales es necesario conocer  cuáles  fueron  las razones que condujeron al juez a dictar la sentencia que se  controvierte,  razones  que  deben  referirse a los hechos (las pruebas) y a los  fundamentos  jurídicos en los que se apoya la decisión. Si esas razones no son  públicas  el  recurrente  no  podrá  esgrimir  contra  la  sentencia  más que  argumentos  generales,  que  repetirían  lo  que él ya habría señalado en el  transcurso  del  proceso.  Precisamente entre los fines del deber de motivar las  sentencias  se  encuentra  el  de  facilitarle al afectado la comprensión de la  resolución emitida y la formulación de su impugnación.   

En  la  misma dirección, esta Colegiatura ha  puesto  de  presente  que  la  motivación  de  las  decisiones hace parte de la  garantía  al  debido  proceso, la cual se concreta en el derecho que tienen los  sujetos  procesales  de conocer los supuestos fácticos, las razones probatorias  concretas  y  los  juicios  lógicos  sobre  los  cuales  el  juez  construye su  decisión.  Sólo  así puede permitírseles ejercer un control sobre el proceso  e   identificar   los   puntos   que   son   motivo   de  discordia.7   

En   ese   sentido,  como  también  lo  ha  clarificado           esta           Corte8,  el imperativo de motivar las  determinaciones  judiciales  no  se  cumple,  sin  más,  con  la simple y llana  expresión   de  lo  decidido  por  el  funcionario  judicial.  Es  preciso  que  manifieste   en   forma   clara,   expresa,  indudable  y  no  anfibológica  su  argumentación,  con soporte en las pruebas y en los preceptos aplicados en cada  asunto.  No  de otra manera se garantizan los derechos de los sujetos procesales  ni  se  hace efectivo el principio de sometimiento de los jueces al ordenamiento  jurídico.   

Bien  se  ve,  entonces, que la motivación,  cuya  razón  de  ser es evitar el ejercicio arbitrario del poder, es justamente  la  que  permite  el  control  de  la decisión, no solamente por las partes del  proceso,  sino  también  por  el  público  en  general.  En  consecuencia, una  deficitaria  motivación, por ser violatoria de los derechos de defensa y debido  proceso  en  aspectos  sustanciales,  como  arriba  se  indicó,  conlleva  a la  ilegitimidad de la decisión.   

Los  defectos  de motivación, acorde con la  jurisprudencia       de       esta       Corte9,  se  contraen  a: i) ausencia  absoluta   de   motivación,  ii)  motivación  incompleta  o  deficiente,  iii)  motivación  ambivalente o dilógica y iv) motivación falsa. Si alguno de estos  vicios  recae  en la fase de individualización de la pena, se vulnera el debido  proceso sancionatorio.   

En  síntesis,  la  articulación  de  las  anteriores  consideraciones  lleva  a  la Corte a concluir que el debido proceso  sancionatorio  está  integrado por el respeto del principio de proporcionalidad  en  la  imposición  de la pena, el seguimiento de los lineamientos legales para  la  individualización  de  la  sanción  y  el acatamiento del deber de motivar  suficientemente  el  procedimiento  de  dosificación. Si se desconoce alguno de  estos   componentes,   la   fijación  de  la  consecuencia  punitiva  se  torna  arbitraria.   

Bajo  tales  premisas,  a  continuación  se  examinará  si  el  proceso  de  individualización  aplicado  por  el  Tribunal  vulneró el debido proceso sancionatorio.   

3.3.          Individualización de la pena aplicada en  la segunda instancia   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Popayán  declaró la responsabilidad penal del acusado como autor del delito de  homicidio  agravado.  Consecuentemente,  redosificó  la  sanción  penal en los  siguientes términos:   

1.            Destacando que se trataba de un concurso  de  conductas  punibles, a la luz del art. 104 del CP -modificado por el art. 14  de  la  Ley  890  de  2004-  estableció  los  límites  punitivos  entre  400 y  720   meses  de  prisión.   

2.            El  margen  de  movilidad lo fijó en 80  meses.  Así,  delimitó  el  cuarto  mínimo  entre  400 y 480 meses, el primer  segmento  medio  entre  481  y 560 meses, la segunda fracción media entre 561 y  640   meses,  mientras  el  cuarto  máximo  lo  estableció  entre  641  y  720  meses.   

3.             Teniendo  en  cuenta  la  carencia  de  antecedentes  penales  del  sentenciado,  así  como  “la  concurrencia de una  causal  genérica  de  mayor  punibilidad  (art. 58-4 CP)”, escogió el primer  segmento    de    los    cuartos   medios de movilidad.   

4.            Luego,  aplicó un procedimiento similar  al  delito de tentativa de homicidio agravado (arts. 104-8 y 27 CP). Los cuartos  de  movilidad  los  delimitó  entre 200 y 285 meses en el mínimo, 286 y 455 en  los   medios,   mientras   el   cuarto   máximo   quedó   entre   456   y  540  meses.   

5.                   Seguidamente,    procedió    a  “ponderar”:  a) la “innegable gravedad mayor de la conducta del agente que  (sic)  utilizando  artefacto  explosivo  arrebata  (sic) la vida de un soldado y  causa  (sic) la amputación de miembro inferior izquierdo a otro”; b) el daño  real  causado,  “que por las mismas razones expuestas no admite discusión”;  c)  el  dolo  directo  “de  primer  grado”  del agente, quien “conocía la  ilicitud  de  sus  actos  y  quiso  el resultado que ahora se le atribuye”; d)  “la  necesidad  de  imponer una pena que asegure la vigencia del derecho y las  expectativas  legítimas  de  los  asociados  y  e) “los fines de retribución  justa,  prevención  especial,  resocialización y protección del condenado”.  Enseguida,   fijó   la   “pena   base   a   imponer”   en   548   meses  de  prisión.   

6.            En  virtud del concurso con el delito de  homicidio  agravado  en  el  grado de tentativa expuso que, dada la gravedad del  daño  ocasionado  al  soldado  herido,  la pena habría de aumentarse en “357  meses  dentro  del  primer  cuarto  medio”.  Empero, dado que la pena no puede  superar  el  límite  de  720  meses de prisión, impuso este monto máximo como  pena definitiva.   

3.4   Yerros advertidos en el proceso de  individualización    de   la   pena   en   el   sub  exámine   

3.4.1  Inobservancia de los criterios legales  de dosificación   

a)             Indebida  fijación  de  los  límites  punitivos   

Acorde  con  el art. 60 inc. 1º del CP, para  efectuar  el  proceso  de  individualización, el sentenciador deberá fijar, en  primer  término,  los límites mínimos y máximos en que se ha de mover. Si la  pena  aumenta  en  dos  proporciones  (num. 4º ídem), la menor se aplicará al  mínimo  y  la  mayor al máximo de la infracción básica. En todo caso, cuando  se  aplica  la  pena  de  prisión, el juez no puede desconocer que la duración  máxima   para   este   tipo  de  sanción  es  de  50  años  (600 meses), conforme a lo previsto por el art.  37     inc.     1º    del    CP    –modificado por el art. 2º de la Ley 890 de 2004-.   

No  obstante,  a  la  hora  de establecer los  límites  respectivos,  el  Tribunal  aplicó indebidamente el art. 14 de la Ley  890 de 2004.10   

Pues,  haciendo  abstracción  del  límite  superior  de  toda  pena  de  prisión,  determinó  como  máximo  el  monto de  60  años  (720  meses)  de  prisión.   

Equivocadamente  entendieron  los magistrados  del  Tribunal  que  dicho  tope  podía  aplicarse  al  caso  por  concernir  la  acusación  a  un  concurso  de conductas punibles. Si bien el artículo 31 inc.  2º  del  CP  admite  un  máximo  punitivo  de  60 años, este no es el extremo  superior  de  la  pena  en  cada  uno  de  los  tipos  penales,  sino  la  mayor pena que se puede asignar en  situación   de   concurso   de  delitos;  es  decir,  luego  de  aplicarse  el  respectivo  incremento  por  concurrencia de tipos penales infringidos.   

Así  lo  tiene  definido  la  Sala en varios  pronunciamientos,  como  la sentencia del 28 de mayo de 2008 (rad. 29341), donde  se consideró:   

La  frontera de los 50 años de prisión se  deberá  respetar para efectuar el cómputo de la pena para cada delito, así se  trate  de  ilícitos  concurrentes,  esto  es,  al  momento de individualizar la  sanción  para  cada  uno  de  ellos,  en tanto que la limitante de los 60 años  prevista  para  los  casos de concurso de hechos punibles tendrá que ver ya con  la suma jurídica de las sanciones por tales ilícitos concursales.   

Por   lo  mismo,  una  pena  de  prisión  cuantificada  que  exceda  el  máximo  temporal  de  los 50 años desconoce ese  límite  fijado  por el legislador y da al traste con el principio de legalidad,  amén de constituirse en una pena ilegal.   

Tal interpretación fue reiterada mediante la  sentencia   15858-2014   (rad.   39.738),   donde   se  clarificó  que,  aunque  refiriéndose  al  concurso de delitos, el artículo 31 del CP admite un máximo  punitivo  de  60  años,  lo  cierto es que éste no opera frente a los punibles  concursantes  individualmente considerados  -a  los  que,  se insiste, se aplica el máximo de 50 años-, sino  como   límite   de   la   pena,   una  vez  hecha  la  sumatoria  derivada  del  concurso.   

En tal virtud, el marco punitivo aplicable al  delito  de  homicidio  agravado  (art.  104-8  del  CP) es de 400 a 600 meses de  prisión.  Mas  el  Tribunal  de Popayán excedió el tope máximo en 120 meses,  desconociendo  el  debido  proceso sancionatorio por violación del principio de  legalidad de la pena.   

Ello   constituye  razón  suficiente  para  corregir   el   proceso  de  dosificación.  Empero,  como  a  continuación  se  señalará,   también  concurren  otras  irregularidades,  cuya  consideración  resulta  relevante  para  determinar  los  específicos  correctivos  a aplicar.   

b)             Errónea escogencia del ámbito punitivo  de movilidad   

A la hora de escoger el cuarto respectivo, el  Tribunal  quebrantó  el principio de congruencia. Éste dicta que el acusado no  podrá  ser  declarado  culpable  por hechos que no consten en la acusación, ni  por  delitos  por  los  cuales  no  se  ha  solicitado  condena  (art. 448 CPP).   

De  acuerdo  con  tal  premisa,  si  en  la  acusación  no  se  imputó  ninguna  circunstancia de mayor punibilidad, de las  contenidas  en  el  art. 58 del CP, al juez le está vedado tenerlas en cuenta a  la  hora de individualizar la sanción. Así lo ha clarificado la jurisprudencia  de esta Sala (CSJ AP 23.05.2012, rad. 38.810):   

De  esa  manera,  según reiterado criterio  jurisprudencial,  la  incongruencia  se presenta cuando se condena: a)  por hechos o por delitos distintos a  los  contemplados  en  las  audiencias  de  formulación  de  imputación  o  de  acusación;   b)  por  un  delito   que   no  se  mencionó  fáctica  ni  jurídicamente  en  el  acto  de  formulación    de    imputación   o   de   la   acusación,   y   c)   por  el  delito  atribuido  en  la  audiencia   de   formulación  de  imputación  o  en  la  de  acusación,  pero  incluyendo   alguna   circunstancia,   genérica   o  específica   que   intensifica   la   sanción,   o  suprimiendo  una  de  menor  punibilidad expresamente reconocida”.11   

Sin embargo, pese a que en la acusación no se  imputó   ninguna   circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad12,    los  juzgadores  aludieron al art. 58-4 del CP, para dosificar la pena en los cuartos  medios.  Así,  pues,  no  sólo desquició la estructura del debido proceso por  desconocimiento  de  la  exigencia  de  congruencia, sino que nuevamente atentó  contra la legalidad de la sanción penal.   

3.4.2   Determinación   inmotivada  de  la  pena   

Sin ser suficiente la incorrecta fijación de  los  límites  punitivos y la injustificada escogencia de los cuartos medios, la  Sala  advierte  otros  defectos que concurren a afirmar la violación del debido  proceso  sancionatorio,  a saber, la ausencia de motivación para incrementar la  pena     y     el     consecuente     desconocimiento     del    principio    de  proporcionalidad.   

El  procedimiento  empleado  por el Tribunal,  más  allá  de ser erróneo, muestra una total incomprensión de lo que, dentro  de  un  Estado  social  de  derecho, significa individualizar la sanción penal.  Denota  una  absoluta  falta  de mesura y ponderación, violatoria del principio  constitucional de prohibición de exceso.   

Como   atrás   se  precisó,  la  adecuada  motivación  del  proceso  de  dosificación  punitiva es un elemento toral para  predicar  la  legitimidad  de la imposición de una determinada pena. El sistema  punitivo  adoptado  por  el  Código  Penal  colombiano  concibe  un  proceso de  tasación  que  parte  de montos mínimos de   sanción   prefijados   legislativamente,  como  expresión  de  compensación  (general  y abstracta) del injusto culpable. Así mismo establece  límites  máximos  que  el  juez  no  puede  sobrepasar,  so  pena de violar la  legalidad y desconocer la prohibición de exceso.   

Dentro   de   tal  margen  de  apreciación  reglado, al sentenciador no  le  es  dable  escoger  arbitrariamente  un  monto  que  bien  le  parezca  para  sancionar.  No.  Partiendo  del  respectivo  tope  mínimo  a aplicar dentro del  cuarto  pertinente, aquél está en el deber de argumentar por qué se aparta de  la   mínima  sanción  prevista  legislativamente  e  incrementa,  en  el  caso  concreto,  el  monto  de  pena.  Si  existe  un  deber de motivación en caso de  aplicación  de rebajas punitivas (CSJ AP 24.07.2013, rad. 41.041), a  fortiori,  el  juez  está  obligado a  motivar   los  aumentos.  En  tanto  mayor  sea  la  injerencia  en  el  derecho  fundamental  a  la  libertad,  más altas son las exigencias argumentativas para  justificar   una   intromisión   más   intensa   en   la  esfera  ius  fundamental  del condenado. Así como  un   aumento  de  penas  inmotivado  o  carente  de  fundamento  en  el  ámbito  legislativo  deviene  en inconstitucional (CSJ SP 27.02.2013, rad. 33.254), esta  misma  consecuencia  es  predicable  de la imposición concreta de una pena, que  inmotivadamente se aparta de los límites mínimos.   

La    motivación    del    proceso    de  individualización  de  la  pena  -en lo cuantitativo y lo cualitativo- no puede  desarrollarse  de  cualquier  manera. La fundamentación explícita de que trata  el  art.  59  del  CP ha de abordar los criterios a ponderar, establecidos en el  art.  61  incisos  3º y 4º ídem. La simple alusión a éstos, sin un concreto  razonamiento   probatorio   que   los   articule   con  el  asunto  sub  júdice  es  del  todo insuficiente.  Como  también se ofrece incompleta una motivación carente de conexión con las  funciones que la pena ha de cumplir en el asunto particular.   

En   el   presente   caso,  a  la  hora  de  “ponderar”  los factores de individualización, el Tribunal incurrió en una  motivación  absolutamente  deficitaria  para  fijar la pena tanto por el delito  base  (homicidio  agravado  consumado)  como  por  el concurso con el punible de  homicidio imperfecto.   

En  cuanto  al  primer aspecto, sencillamente  transcribió  los criterios  legales  para  individualizar  la  sanción  y,  sin ninguna disertación seria,  efectuó  un  considerable  incremento  del límite mínimo del cuarto medio (67  meses).   

Al  aludir  a la gravedad de la conducta y al  daño  causado, tan sólo resaltó que se segó la vida de un soldado y -sin que  pudiera   considerarse  en  la  individualización  del  homicidio  consumado-  que  se  le  causaron  graves  lesiones  a  otro. Semejante “argumentación” es inadmisible por incurrir en  falacias  de inatinencia y petición de principio. De un lado, la valoración de  la  gravedad  del comportamiento atribuido al autor y de la intensidad del daño  causado  no  puede medirse, frente al homicidio de una persona, con las lesiones  sufridas  por  otro  ser humano; de otro, implicaría admitir que la conducta es  grave  porque  el  acusado  mató  y  se  causó  daño  por  esta misma razón.   

Esto último, incluso, contraría el principio  non bis in ídem, por cuanto  el  daño  (muerte)  integra el verbo rector del tipo penal de homicidio (el que  matare  a otro). Bajo una tal lógica, nunca sería aplicable la pena mínima en  un  caso  de  homicidio  agravado, en tanto el daño se produce y la conducta es  grave   (porque   se   mata   en  circunstancias  de  agravación  específica).   

Ahora,  la  mera  alusión  a  la gravedad mayor de la conducta, cifrada  en  la  utilización  de  artefactos  explosivos,  como  medio  terrorista, y la  magnitud  del daño causado (muerte) son criterios que el legislador, al valorar  el  grado  de injusto desde la óptica de la compensación, ya tuvo en cuenta al  determinar  las  penas  aplicables (arts. 103 y 104 CP). Si por tales referentes  se  quería  incrementar  la sanción separándose de los límites mínimos, los  sentenciadores   estaban   obligados  a  justificar  por  qué  la  específica   conducta   reprochada   al  acusado  requería  un  mayor  grado  de  reproche  en  términos  retributivos.   

De    otro    lado,    la    intensidad  del dolo de ninguna manera se  graduó en consideración a  las  circunstancias  de  comisión  de  la conducta. Pese a que se trataba de un  delito  de  comisión  dolosa,  el Tribunal sencillamente afirmó que el acusado  “conocía  la  ilicitud  de  sus  actos  y  quiso el resultado que ahora se le  atribuye”.   

A  su  vez,  desconociendo que la función de  conservación  y  fortalecimiento de la confianza de la comunidad en la vigencia  y  aplicación  del  ordenamiento  jurídico, inherente a la prevención general  positiva13,  se  ve  reflejada  en  la censura que entraña la declaratoria de  culpabilidad         del         sentenciado14,  el  argumento  cifrado  en  “la  necesidad  de  imponer una pena que asegure la vigencia del derecho y las  expectativas  legítimas  de  los asociados” -invocado por el Tribunal- es del  todo  falaz  (por  inatinente)  para  incrementar el monto de la sanción.   Desde   la   perspectiva  de  prevención  general  “no  puede  deducirse  una  indicación   concreta   para  una  determinada  medida  de  la  pena,  pues  el  quantum   de  lo  que  sea  necesario  (y  también suficiente) para la “estabilización de la norma” no  puede   ser   comprobado  en  el  caso  concreto”15.   

Por último, mediante una afirmación del todo  vacía  de  contenido  y  articulación  con los hechos probados y la situación  personal  del  sentenciado, también se invocaron, sin  ningún   raciocinio,  “los  fines  de  retribución  justa,  prevención  especial,  resocialización  y protección del condenado”  como  factores  para  incrementar  la pena. Así, además de que no se explicita  cómo  ni  por  qué  una  mayor  severidad  de  la  concreta  sanción sirve al  principio   de   compensación  del  injusto  culpable  ni  de  qué  manera  la  incapacitación  del  condenado  mediante su encarcelamiento ha de ser mayor, se  incurre  en  el absurdo de sostener que la pena debe incrementarse para promover  la  resocialización  y  la protección del sentenciado. Estos últimos aspectos  –operantes  en la fase de  ejecución  de  la  pena (art. 4º inc. 2º CP)-, por el contrario, apuntan es a  la    disminución   de   la   sanción,   con   miras   a   la   reintegración  social.16   

Por  otra  parte,  sin  ningún  referente de  ponderación,  necesidad ni razonabilidad, al momento de aumentar la pena por el  concurso,  los  magistrados  del  Tribunal de Popayán simplemente impusieron la  máxima    pena,    porque    legalmente   les   era   imposible   incrementarla  más.   

Bien  se ve, entonces, que la motivación del  proceso  de  individualización  de la pena fue indebida. No sólo por ofrecerse  incompleta  o  deficiente  en  relación  con  los  criterios  de gravedad de la  conducta,  magnitud  del  daño  causado  e intensidad del dolo y prácticamente  inexistente  en  relación con el aumento por el concurso de conductas punibles;  también,  por tornarse falsa en la concreta materialización de las finalidades  punitivas.   

Ello  concurre  a  la vulneración del debido  proceso  sancionatorio  y  devela  que  el  Tribunal se entendió facultado para  individualizar  la  pena  a  su  arbitrio,  bajo  el  pretexto  de  mencionar de  cualquier  manera  los  criterios  previstos  en  el  art.  61  inc. 3º del CP.   

3.4.3 Conclusión preliminar  

La   concurrencia   de   tantos   yerros:  determinación  ilegal  de  los  extremos  punitivos, indebida escogencia de los  cuartos  de movilidad y defectuosa motivación del proceso de individualización  de  la  sanción  conlleva  a  afirmar que ésta fue fijada arbitrariamente. Por  esta  vía  no  sólo  se  desconocieron  criterios de legalidad que implican la  violación  del  debido  proceso  sancionatorio.  En  el  fondo,  se vulneró la  garantía  fundamental  de  proporcionalidad  de  la  pena,  en  tanto  su final  determinación irrespeta la máxima de prohibición de exceso.   

En  consecuencia,  la  Corte  procederá  a  redosificar  la  sanción  con  respeto  de  los  parámetros constitucionales y  legales  correspondientes,  a  fin  de  garantizar  la  efectividad  del derecho  material   y   preservar   las   prerrogativas   fundamentales   en  cabeza  del  acusado.   

     

1. Redosificación de la pena de prisión     

a) Fijación de los límites  

De conformidad con lo previsto en el art. 104  del  CP,  modificado  por  el  art. 14 de la Ley 890 de 2004 y concordado con el  art.  37-1  ídem,  los  límites punitivos para el homicidio agravado consumado  son  de  400  a  600  meses.  Dichos  extremos,  de  cara al delito de homicidio  agravado  en  el  grado de tentativa, han de disminuirse en la mitad y la cuarta  parte,  respectivamente  (art.  27 inc. 1º CP), para unos límites de 200 a 450  meses.   

b)  División  en  cuartos  y  selección del  segmento punitivo   

De acuerdo con los extremos arriba indicados,  el  ámbito  punitivo  de  movilidad para el homicidio agravado es de 200 meses,  que al ser dividido en cuartos, da como resultado 50 meses:   

Mínimo                                                                                   Medios                                                                 Máximo   

400  m.               450       m.       y       1  día        500  m.              550      m.      y     1  día       600 m.   

Para  la  tentativa de homicidio agravado, el  margen  de  movilidad  es  de  250 meses, cuyo fraccionamiento en cuartos arroja  62.5 meses:   

Mínimo                                                                                    Medios                                                                 Máximo   

200   m.     262.5   m.   y   1  día      325   m.   y   1   día     387.5   m.   y  1  día     450 m.   

Ahora  bien,  a  la  luz  del art. 61 del CP,  puesto  que  no  se imputaron circunstancias genéricas de agravación y sin ese  requisito   la   Corte   no  las  puede  considerar17,    las   penas   han   de  dosificarse en los cuartos mínimos.   

c) Individualización de la pena  

Según  se desprende del art. 31 inc. 1º del  CP,  en eventos de concurso de delitos, el sentenciador debe individualizar cada  una  de  las  penas  concernientes  a todas las conductas punibles que entran en  concurso.  De  esta  manera,  en  el  caso  concreto  determina  cuál es la que  considera,  según  lo  presupone  la  norma,  “la  pena más grave” (CSJ SP  12.03.2014, rad. 42.623).   

Pues  bien,  en  lo  que  atañe al homicidio  cometido  en  la  persona  del Cabo Primero Yimi Adrián de la Cruz Bastidas, la  Sala  no  encuentra  razones  para  incrementar  el  mínimo  de  la pena. En la  imposición  de  450  meses  de  prisión  (33.3  años)  se  estima  una severa  respuesta  en  términos  de  retribución. No hay elementos para sostener en el  presente  caso  que  la  pena  por  el  homicidio  en cuestión, ya agravada por su finalidad y los medios de  comisión,  debe  agravarse  aún  más.  En  este  sentido,  las  pruebas  no  indican  que el daño causado  (fallecimiento  del  señor  de la Cruz), perteneciente al verbo rector del tipo  de  homicidio,  es  más  censurable  que  la  muerte producida a cualquier otra  persona,  como tampoco se advierte la producción de perjuicios adicionales a la  víctima,  como  a título de ejemplo, que en el íter  mortis   hubiera  existido  una  prolongada  agonía.   

Por los demás factores, no considera la Sala  que  haya  lugar a hacer aumentos punitivos. En cuanto a la intensidad del dolo,  mencionada   por   el   Tribunal   a  quo,  la  actividad probatoria efectuada en el juicio no aporta ningún  dato  sobre  la  preparación  del  atentado  ni  sus móviles. Por supuesto, la  modalidad  misma  del  hecho  denota que debió existir alguna preparación; sin  embargo,  con claridad y evidencia, no se aprecia un agregado de dolo más allá  del que es propio al papel de autor.   

Ahora,  no  existiendo  información sobre un  especial  riesgo  de  reiteración  delictiva en el acusado, estima la Sala que,  bajo  la  óptica  de  la  prevención  especial  negativa,  no  hay motivo para  prolongar  su incapacitación, a través de la privación de su libertad, por un  término mayor al mínimo de la pena previsto legalmente.   

Por lo tanto, en definitiva, la pena principal  por  el  delito  de  homicidio  agravado  -consumado-  se  fija  en 400 meses de  prisión.   

De   otro   lado,   en   relación  con  la  individualización  del  homicidio  agravado  intentado,  en línea de principio  tienen  aplicación las mismas consideraciones anteriormente expuestas, a fin de  no  incrementar  el  mínimo  de  la pena. Sin embargo, la Sala considera que en  este  aspecto  sí  tiene  cabida la intensidad del daño causado, como criterio  para  elevar  el monto de la sanción penal. Aquí es claro que la reducción de  los  extremos  punitivos derivada del art. 27 inc. 1º del CP tiene lugar por la  no  producción  del  resultado  muerte.  La  mayor  o  menor magnitud del daño  producido,  entonces,  puede  valorarse  a  partir de las lesiones causadas a la  víctima.   

En el presente caso, las lesiones producidas a  Luis  Eduardo  Camargo  Martínez fueron superlativas. Con ocasión del atentado  le  fue  amputada una de sus piernas, lo que a futuro afectará la funcionalidad  de  la locomoción y su vida de relación.   Ello justifica un aumento  que  la  Sala estima adecuado en 31.25 meses, para una pena definitiva de 231.25  meses de prisión, por el homicidio en el grado de tentativa.   

d)             Aumento  por  razón  del  concurso  de  conductas punibles   

Para  determinar  el  incremento derivado del  concurso  ha  de  tomarse  como punto de partida la pena más grave, debidamente  individualizada.  El aumento no podrá ser superior a la suma aritmética de las  originadas  en cada una de las penas por los delitos concurrentes. El incremento  punitivo,   entonces,   no  puede  corresponder  a  la  simple  acumulación  de  sanciones,  sino que tiene que representarle una ventaja sustancial al procesado  (CSJ SP 12.03.2014, rad. 42.623).   

En  el  presente  caso,  la  pena más grave,  fijada  por  el  homicidio agravado consumado, es de 400 meses de prisión. Para  concretar  el  aumento  en la severidad de la pena, derivada del mayor contenido  de  injusto  que  entraña  la  repetida  infracción  del  tipo  penal, la Sala  ponderará  la  retribución  con  el  fin  de  prevención  especial  positiva,  expresado  en  la  función de resocialización. Ello no sólo es concreción de  los  principios  de  necesidad,  proporcionalidad y razonabilidad (art. 3º inc.  1º  CP). Tal enfoque se ajusta a los estándares internacionales de protección  de  los  derechos  humanos,  mediante el derecho penal internacional18.   

En  este  caso,  la  pena establecida para el  delito   base   es   de   33.33   años   de   prisión  (400  meses),  sanción  considerablemente  alta,  del  todo  ajustada  a los criterios de retribución y  prevención  especial.  Por  sólo  mencionar  un  referente, para los crímenes  internacionales  de  competencia  de  la CPI -por cuya  mayor  gravedad son de trascendencia para la comunidad  internacional  en  su  conjunto-,  la  reclusión  por un número determinado de  años  no  puede  exceder  de  30  (art.  77-1  lit.  a)  del Estatuto de Roma).   

Desde  esa  perspectiva,  en el sub   exámine,  un  elevado  incremento  punitivo   por  el  concurso  podría  dejar  en  el  vacío  el  propósito  de  resocialización  del  condenado.  Mientras que si, en aras de la razonabilidad,  se  aplica un aumento mermado, se posibilitan las expectativas de reintegración  social,  manteniéndose  en  todo caso la retribución y la prevención especial  negativa.   

Con  base  en dichas orientaciones, la Corte  considera  proporcionado  aumentar sólo una cuarta parte de la pena establecida  para  el  delito  de  homicidio  agravado  en  tentativa (231.5 meses). Así, el  incremento  por  el  concurso  será  de  57.87  meses (4.82 años) de prisión.   

De  esta  manera,  la  condena  definitiva a  imponer al sentenciado será de 457.87 meses de prisión.   

Por último, es claro que, a la luz del art.  63  del CP –modificado por  el  art.  29 de la Ley 1709 de 2014- dado que la pena impuesta supera los cuatro  años  de  prisión,  no  es  posible concederle al procesado el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena. Tampoco es viable la  prisión  domiciliaria,  puesto  que  el  límite  mínimo  legal  de la pena es  superior a ocho años de prisión (art. 38 B ídem).   

En   mérito  de  lo  expuesto,   la  SALA  DE  CASACIÓN    PENAL    DE    LA   CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

CASAR  parcial  y  oficiosamente  la  sentencia  impugnada,  para  condenar  a  PLUTARCO HINESTROZA  CAVIEDES a la pena principal de 457 meses y 26 días de prisión.   

No  suspender  la  ejecución  de  la  pena  privativa  de  la libertad ni sustituir la prisión carcelaria por domiciliaria.   

Las   demás   determinaciones   del  fallo  permanecen inmodificables.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 En la  sentencia   C-820/06,   la  Corte  Constitucional  advirtió  que  la  cláusula  Estado  constitucional  se  explica  en virtud de la transición del imperio de la ley, principio propio del  Estado de derecho, a la máxima de primacía de la Constitución.   

2  BUNZEL,    Michael.    La   fuerza   del   principio  constitucional  de  proporcionalidad  como  límite  de la protección de bienes  jurídicos     en    la    sociedad    de    la    información.    En:   HEFENDEHL,  Roland,  VON  KIRSCH,  Andrew  y  WOHLERS,  Wolfgang  (eds.).  La teoría del  bien   jurídico.  Madrid:  Marcial  Pons,  2003,  p.  151.    

3  C.  Const., sent. C-565/93.   

4  C.  Const.,   sent.   C-647/01.   Así   mismo,  MIR  PUIG,  Santiago.  Introducción   a   las   bases   del   derecho   penal. Buenos Aires B de f, 2ª ed., 2003, pp. 125-148.   

5  C.  Const.,   sent.   C-070/96.   En   el   mismo   sentido,   sents.   C-118/96   y  C-148/98.   

6 Sobre  la  connotación de garantía fundamental del principio de legalidad de la pena,  cfr.  C.S.J.  –  Sala de  Casación  Penal, sents. 27/06/12, rad. 38.607; 06/06/12, rad. 36.846; 10/10/12,  rad.  36.860  y  06/06/12,  rad.  25.76;  27/02/13,  rad.  33254,  entre  otras.   

7 CSJ  SP 12/12/05, rad. 24.011.   

8 CSJ  SP 05/12/07, rad. 28.432.   

9 Cfr.  CSJ SP 12/12/05, rad. 24.011.   

10     ARTÍCULO  14. Las penas previstas  en  los  tipos  penales  contenidos  en  la  Parte Especial del Código Penal se  aumentarán  en  la  tercera parte en el mínimo y en la mitad en el máximo. En  todo  caso,  la aplicación de esta regla general de incremento deberá respetar  el  tope  máximo  de la pena privativa de la libertad para los tipos penales de  acuerdo   con   lo   establecido   en   el   artículo   2º de la presente ley.   

11  Cfr.  Sentencias  de 6 de abril de 2006, 30 de octubre de 2008, y 10 de marzo de  2009, radicaciones 24668, 29872 y 32422, respectivamente.   

12  Cfr.  registro  de  video  de  la  audiencia de formulación de acusación, min:  18:00 a 21:15.   

13  ROXIN,  Claus.  Derecho  Penal,  parte general, tomo I: estructura de la teoría  del delito Múnich: Beck, 4ª ed., § 3 A, num. 26, p. 80.   

14  MAURACH,   Reinhart/ZIPF,   Heinz.   Derecho   penal,  parte  general,  tomo  I:  fundamentos  del  derecho  penal  y  estructura del tipo penal. Heidelberg: C.F.  Müller, 6ª ed., § 6I, num. 6, p. 67.   

15  JESCHECK,   Hans-Heinrich/WEIGEND,  Thomas.  Tratado  de  Derecho  Penal,  parte  general  (trad.  Miguel  Olmedo  Cardenete).  Granada:  Colmares,  2002, p. 949.   

16  Roxin,          Claus:          Transformaciones  de  la  teoría  de  los  fines  de  la pena; en:  Britz,   Guido  y  otros.  (Eds.):  preguntas  fundamentales  sobre  la punición estatal. Homenaje a Heinz  Müller-Dietz. Múnich 2001, p. 713.   

17 CSJ  SP 29.06.2006, rad. 24.529.   

18 De  acuerdo  con  la  jurisprudencia de la CPI, la resocialización es un componente  integrante  de  la proporcionalidad: ICC-01/04-07, 23 de mayo de 2014, Fiscalía  contra Germain Katanga, decisión relativa a la pena § 38.     

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