SP6361-2014(42864)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

SP6361-2014  

Radicación Nº 42864  

(Aprobado acta N°  153)   

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de mayo de dos  mil catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

La Corte resuelve el recurso de apelación  formulado  por  la  defensa  de  la dra. Tatiana Oliveros  Gutiérrez  en  contra  de  la  decisión  del  28 de  noviembre   de  2013,  por  medio  de la cual el Tribunal Superior de Neiva  se  pronunció  sobre la práctica probatoria solicitada por  dicho  sujeto  procesal  y  por  la  fiscalía,  dentro del proceso que cursa en  contra   de   la   mencionada,   en   su   condición   de  Fiscal  53  de Derechos Humanos, por los delitos  de  concierto para delinquir agravado, concusión, prevaricato por acción y por  omisión,  falsedad material  en    documento    público,   falsedad   por   destrucción   y   asesoramiento  ilegal.    

II.   HECHOS  Y  ANTECEDENTES  PROCESALES   

1.  Conforme  se  reseñó  en  pretérita  oportunidad,   diversas   labores   investigativas  permitieron  establecer  que  Tatiana       Oiveros      Gutiérrez,   Fiscal  53  Especializada  adscrita  a la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  con  sede  en Neiva (Huila), tuvo nexos con Jairo Durango Restrepo,  alias  “La  Guagua”,  jefe de la banda criminal “Los Urabeños”, pues al  parecer  acordaron  adelantar  operaciones  mancomunadas  de  narcotráfico,  le  brindó   información   acerca   de   las  gestiones  estatales  encaminadas  a  materializar  las  órdenes  de captura libradas en su contra y lo asesoró para  la  postulación  ante  Justicia y Paz de varias personas que con él actúan en  la clandestinidad.   

Adicionalmente,    las    averiguaciones  dilucidaron  la  manera  en  que la funcionaria agotó contactos con autoridades  públicas  y  personas  particulares  para  anunciarles  que  serían  objeto de  señalamientos  de  apoyo  a grupos paramilitares en procesos penales con el fin  de  presionarlos,  bien  fuera  en  la  toma  de decisiones o para la entrega de  dinero.   Además,  en  múltiples  actuaciones  a  su  cargo supuestamente  profirió  providencias  contrarias  a  derecho  que  favorecieron a miembros de  organizaciones  al  margen  de  la  ley,  se  abstuvo  de emitir determinaciones  respecto   de  personas  privadas  de  la  libertad  en  aras  de  propiciar  el  vencimiento  de  términos,  destruyó diferentes piezas procesales y alteró su  contenido, entre otras irregularidades.   

2.  Radicado  el  escrito  de acusación por  estos  hechos  ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Neiva en  atención  a la calidad foral de la implicada, la audiencia para su formulación  se  instaló el 12 de marzo de 2013. Una vez definida por la Corte, en proveído  de  10  de  abril de 2013, la competencia para tramitar la causa y negada por el  Tribunal  Superior  la  nulidad  reclamada  por  la  defensa,  la  diligencia de  formulación  de  acusación  fue  reanudada en sesión del 23 de septiembre del  año  anterior.  Culminada ésta, se procedió a la realización de la audiencia  preparatoria a partir del 5 de noviembre siguiente.   

En  la  sesión  del  25  de  noviembre,  la  fiscalía y la defensa realizaron sus peticiones probatorias.   

El  fiscal  delegado  solicitó  como prueba  documental  la introducción de varios informes de policía judicial. Y aclaró:  “más que informes de policía judicial, tienen que  ver  los elementos materiales probatorios que con los informes se allegaron para  hacer  parte  de los elementos materiales probatorios que se introducirán en el  juicio.   Por esto, todos los documentos que fueron anexos a estos informes  se  allegarán  con  los  funcionarios  de policía judicial, se introducirán a  juicio  oral  a  través  de  los funcionarios de policía judicial. Igualmente,  unos  informes  que  han sido suscritos por algunas de las personas que han sido  llamadas  a  declarar  como  testigos,  pues serán introducidos por cada uno de  ellos…”.   

Más  adelante,  luego  de  relacionar  los  elementos  materiales  probatorios en su poder que eran favorables a la defensa,  solicitó  autorización para utilizar o emplear en la audiencia del juicio oral  declaraciones  bajo  juramento y entrevistas obtenidas por el ente acusador y ya  descubiertas,  con  el  fin  de  impugnar  los testimonios, en caso de que fuere  necesario.   

Con esta finalidad, enunció las entrevistas  de  las  siguientes  personas:  Jorge Eliécer Valbuena Farfán, Breyner Andrés  Mosquera  Ortiz,  Andrés  Molina  Llanos,  Víctor  Ernesto  Polanía  Vanegas,  Armando  Cuéllar  Arteaga,  Cielo  González  Villa,  Gloria  Constanza Vanegas  Gutiérrez,  Héctor  Javier  Osorio Botello, Miguel Ángel Bojacá Rojas, Fredy  Gregorio  Vivas  Alarcón,  Pompi  Arúbal Pinzón Barón, Gerardo José Andrade  Lozada,  Ernesto  Osorio Manrique, Sergio Bernardo Vesga Dávila, Sergio Andrés  Tovar  Rojas y Olga Beatriz Serrano Calderón (CD, audiencia preparatoria del 25  de noviembre de 2013, 1h, 15m, 30s.).   

A  su  turno,  el  defensor  solicitó  la  práctica  de  algunos  testimonios  comunes, esto es, de los mismos solicitados  por  el  acusador,  y  otros  autónomos. También solicitó la introducción de  abundante prueba documental.   

III.        DECISIÓN   RECURRIDA   

1.    En  determinación  del  28  de  noviembre  de  2013,  el Tribunal Superior de Neiva  decretó    la   práctica   de   todas   las   pruebas   solicitadas   por   la  fiscalía,  incluidas  las  entrevistas  anexas a los  informes  de  policía  judicial,  de  las  cuales  precisó que el delegado        del        ente        acusador        pidió       que       “se   autorice   la  utilización  de  las   entrevistas   que  eventualmente  serían  llevadas  al juicio con fines de impugnar credibilidad o  refrescar      memoria,      más     no     ser     incorporadas…”.    

Adicionalmente, señaló que “tales  informes con sus anexos fueron descubiertos por la fiscalía  desde  la  audiencia  de  formulación  de acusación… por lo que se impone su  decreto   para   ser   allegados   en   la  fase  procesal  oportuna.   En  cuanto  a las entrevistas recibidas a las personas que  irían  a  declarar  en juicio, igualmente se autoriza su eventual aporte en esa  oportunidad,  pues  como bien lo destaca la fiscalía serían utilizadas en caso  de   impugnar  credibilidad  o  refrescar  memoria,  según  lo  prescriben  los  artículos  392D, 403 y 404 del C.P.P.”.   

2.  Respecto  de las pruebas cuya práctica  solicitó  la  defensa, el  Tribunal     adoptó  las siguientes determinaciones:   

a)   Encontró    acreditados    los   presupuestos   de  pertinencia,   conducencia   y  utilidad  planteados  por  la  parte,  en  cuanto  las  declaraciones  comunes  de    Jorge    Eliécer    Valbuena    Farfán,  Andrés  Molina Llanos y Pompi Arubal Pinzón Barón y, en  consecuencia,  accedió a su  práctica.   

b)  Dispuso    el   rechazo   de    la  práctica    de   las   demás   pruebas,  toda  vez  que el sustento de su justificación fue, en esencia,  similar  al  que  presentó  el  acusador, y porque no es de recibo el genérico  motivo   alegado  por  el  defensor,   consistente   en   interrogar   a   los  deponentes  “sobre  todo  aquello  que  sea  de  su  interés”, en lo que no indague la fiscalía, o con  el  objeto  de  precaver  el eventual desistimiento de su práctica por parte de  aquel.  Con  fundamento  en  lo  anterior,  declaró  inconducentes  los  testimonios  de  los  investigadores  del  CTI  Jaumer Chala  Ballén,     Eduard     Quiroga,     Constanza     Aristizábal,    Yanidis   Carvajal,   Claudio  Alejandro  Calderón y Aliana Durán Arango.   

c)  Rechazó  la  declaración  de Gilberto Rojas Luna, por no precisar  el  defensor  sobre  qué punto en concreto habría de  versar su testimonio.    

d) Por  ausencia  de  pertinencia  y  utilidad,  rechazó las  de  Agustín  Sánchez González,  José  Julio Aldana, Humberto Antonio Mendoza Castillo y Daniel Alejandro Serna,  quienes  habrían de deponer sobre el proceder legítimo de la procesada Tatiana  Oliveros  en los asuntos a su cargo y su falta de incidencia en las agrupaciones  armadas  al  margen  de  la ley. También rechazó el  testimonio  de Erminson García, pues el hecho a demostrar con él (la solicitud  de   dinero   a   nombre   de   la   acusada)   correspondería   a   un  asunto  diverso.   

e)   Igual  determinación  adoptó respecto de las declaraciones de Clara Maritza Pastrana,  Carol  Campo,  Sheiber  Cuenca  Galindo,  Norbey Sánchez González, Juan Carlos  Portela  Noriega,  Hernán  Ramírez  Ortigoza,  Juan Carlos Jiménez y Mercedes  Gutiérrez,   tras   encontrar   que   con   relación   a  algunos  la  defensa  no  ejerció  la  carga  argumentativa  de  demostrar  su pertinencia conducencia y utilidad y otros eran  repetitivos,   por  aludir  a  aspectos tratados por otros deponentes.   

f)   Decretó la práctica de  las  declaraciones  de  Evangelista Méndez, Juan Carlos Rodríguez, Juan Miguel  Angarita,  Luis  Edwin  Cuenca,  Mario  Enrique  Afanador Armenta, Pedro Campo y  Melba  Lorena Roncancio, pues algunos se referirían a los desplazamientos de la  fiscal   acusada   y   otros   a   sus  vínculos  con  los  sujetos  procesales  intervinientes   en   los   procesos  penales  a  su  cargo,  lo  cual  resulta  pertinente,  conducente y  útil.   

g) Autorizó   la   utilización  en  el  juicio de algunas pruebas  documentales,  así  como  las  entrevistas  de  Juan Carlos Rodríguez, Andrés  Molina y Julio Aldana, y   

h) Rechazó  por impertinentes las demás  pruebas  documentales,  tras  considerar  que  “en  dichos  elementos  probatorios  no  se  indica  su finalidad o ninguna relación  tienen  con  los hechos materia de investigación”.   

El     apoderado     de    la    procesada    Oliveros   Gutiérrez   interpuso   y  sustentó  el recurso de apelación, en los términos que enseguida se detallan.   

IV.  EL RECURSO  

El          defensor   de   la  acusada  pide  la  revocatoria   del   pronunciamiento   del  Tribunal  sobre  el decreto y práctica de pruebas solicitadas  por   él   y   por  la  fiscalía,  en  lo  que  tiene     que     ver     con    los    siguientes  aspectos:   

i) El  decreto  para  su  práctica en el  juicio  de  unos  informes  de  policía  judicial y  sus    anexos.   Esta  determinación  debe  revocarse  porque en la providencia recurrida se  dice  que los informes    habrán   de   ser   introducidos  en   el   juicio   como  pruebas.  Tras recordar la naturaleza y fines de los informes y entrevistas como  elementos   materiales   probatorios,   y   recavar  en  que  sólo  pueden  ser  empleados para refrescar  memoria  e  impugnar credibilidad, señala que una vez decretado como prueba, el  informe  puede  convertirse  en  documento.  Precisa,  entonces,  que  el fiscal  acusador  expresó  en las diligencias, incluso en el  escrito  de  acusación, que los informes habrían de  ser aportados como documentos.   

Admite   que   los   informes   fueron  descubiertos,  mas  no  completamente,  sin  que la fiscalía ni el a        quo        demostraran            dicho            descubrimiento.  Por  tanto, agrega, “esos  informes,  en lo que tiene que ver con el decreto de pruebas  que   se   hiciera  para  la  fiscalía,    debe    ser    revocado    de    manera   integral”.   

ii) Testigos    comunes.   El   Tribunal  dispuso  la práctica de  los  testimonios  solicitados por la fiscalía pero, debido a una argumentación  genérica   e   insuficiente   por   parte   de  la  defensa,  no  accedió  al interrogatorio directo de  los  mismos  deponentes  cuando  los  reclamó  esta  última,  quien  adujo la necesidad de interrogar sobre aquello que no examinara  la   fiscalía   o   ante  la  posibilidad  de  que  el acusador desistiera de  su  práctica.  Esta motivación para practicar esos  testimonios   comunes   no   la   aceptó   el   Tribunal   y  la  calificó  de  insuficiente.   

Al       no       acceder  al  decreto  de  estas pruebas comunes    y  no  advertir  que  a   la   defensa  le  asiste  para  su  práctica  un  interés distinto que a la fiscalía,  el   Tribunal   incurrió   en  un  “desequilibrio          de          las          partes”.   A  manera   de   ejemplo,   menciona   el   “interés  denodado”  de  la defensa en que se practiquen los  testimonios   de  Breiner  Andrés  Mosquera  Ortiz,  Víctor   Ernesto  Polanía  Jiménez  y  Cielo  González  Villa,  interés     que,    según    dice,  aparece           al           elevar   la  solicitud  y,          además, “emerge  de  la naturaleza misma del escrito de acusación”.  Por  tal motivo, concluye, “pretender que cuando se  hizo   la   petición,   el   haberlas   sustentado  en  ese  argumento  resulta  insuficiente, violenta el  equilibrio   de   las  partes  y  pone  en  riesgo  la  estructura  del  sistema  acusatorio”.   

Agrega que fue un error que el Tribunal se  pronunciara  en el sentido de rechazar las pruebas y,  en    cambio,    no   decretara   su   inadmisión  “desde  el punto de vista estricto de la posición  defensiva”,   con  la  justificación  de  que fue insuficiente el argumento  del juicio de pertinencia.   

Considera  equivocado  que  el  Tribunal  apreciara   que   las   pruebas   solicitadas   por  la  fiscalía  eran   pertinentes,  pero  que  no  lo eran cuando esas mismas pruebas fueron pedidas por  la  defensa.  Por  lo  anterior,  insiste  en  el  desequilibrio de las    partes    por   no   disponer  el  Tribunal la práctica  de  las pruebas comunes, y  dice  que si la pertinencia procede respecto del acusador también debe proceder  respecto  de la defensa, pues la prueba le pertenece no a quien la solicita sino  al juicio.   

iii) Rechazo de  las   pruebas  autónomas  (no  comunes)    solicitadas   por   la   defensa.  Critica    que    el  a   quo   rechazara,  por falta de sustentación  de  su  pertinencia,  los testimonios del  fiscal  Gilberto  Rojas Luna y de  Agustín      Sánchez     González,  cuando  lo  cierto  es  que  de los  hechos  narrados  por  la  fiscalía  se desprende la  intervención    de    ambos    en   el   acontecer  fáctico. Así, pretender  que   no  existió  una  carga  argumentativa  que  justificara  la  pertinencia  de    dichos    testimonios    es   desconocer  la  postura  del  mismo  Tribunal  Superior  de  Neiva  adoptada en un caso idéntico.   

     

V.     ALEGATOS     DE     LOS    NO  RECURRENTES   

1.          El  fiscal  delegado  solicita  que  se  confirme  la  decisión  recurrida.  En  sustento  de  lo  anterior,  alega  que  el  apelante  desconoce  el   acta   del  5  de  noviembre  de  2013, suscrita por el entonces apoderado de la acusada, en la que  consta  que el descubrimiento de los elementos de convicción presentados por la  fiscalía  se  hizo  de manera completa, sin que la defensa dejara constancia de  lo contrario.   

Agrega  que  en las audiencias precedentes  quedó  claro  que  los  informes  de policía judicial y entrevistas no serían  introducidos  por  la  fiscalía,  sino  que  serían  empleados  para refrescar  memoria   y  verificar  credibilidad.   Indica,  además,  que  el apelante pretende, a través del recurso, subsanar su falta de  argumentación  sobre  la  pertinencia  de  la  prueba,  lo cual no puede ser de  recibo.   

Menciona que si  al  acusador  el  Tribunal  le  decretó  las  pruebas  solicitadas y  no  hizo   lo  propio  con las de la defensa, fue  porque  el  primero  justificó         los  presupuestos  de  pertinencia y conducencia, sin que se pueda  tenerse como una correcta  sustentación  de  dichos  requisitos la necesidad de interrogar sobre lo que no  indague  la  fiscalía  o  para  precaver  el  evento  del  desistimiento;  todo  ello,  por  cuanto  la  petición  probatoria  es  rogada, y a las partes les compete cumplir las cargas  argumentativas   que   les  corresponde,  según  su  rol.  De  ser  cierta  la tesis del apoderado de la  acusada,  en todos los juicios deberían decretarse los testimonios para las dos  partes.   

De     otro    lado,    ninguna  relevancia acarrea para el debido proceso que el Tribunal  hubiera  rechazado  y  no  inadmitido  las  pruebas, pues lo que la Corporación  dispuso  fue no practicarlas en el juicio.   

2.    El  representante         del        Ministerio     Público    reclamó  a   la   Corporación    ad   quem  que  se  pronuncie  sobre  la  identificación  de  criterios de  argumentación  en  lo  referente a la sustentación de pertinencia de la prueba  común.   

Dice  que  la  Corte  ha señalado que la  postulación  probatoria  es  rogada,  razón  por la cual es a la parte a quien  compete  acreditar  la  pertinencia, conducencia, utilidad y razonabilidad de la  prueba   que  solicita.  Pero,    en    lo    referente    a   la    prueba   común   -esto  es,  aclara el Procurador, cuando la defensa pide las mismas  pruebas  que  ya  ha pedido el acusador-    ha   dispuesto   que   quien   la  pide    debe    entregar    elementos   nuevos   o  adicionales    a    través    de    los    cuales  explique  por qué requiere ese medio de prueba como  directo.  Pero  estima que en la anterior postura hay un vacío, pues no explica  cuándo  la  parte  que  requiere la prueba común ha satisfecho la exigencia de  sustentación,   en  el  entendido  de  que  no  se  le   debe  exigir  una  justificación extensa y abundante.   

3. El apoderado  de   las   víctimas   solicita   se   confirme  la  determinación recurrida.   

Sostiene que no  cabe  inconformidad  sobre  la  utilización  del informe y entrevistas, pues la  fiscalía  no  solicitó su introducción. Agrega que los anexos del informe sí  fueron  debidamente  descubiertos por la fiscalía. Por otra parte, afirma      que      la  defensa no cumplió con el deber de  demostrar      que     el     no     descubrimiento  de las órdenes de policía judicial debe conducir  a         la  inadmisión   de   los  elementos  de  prueba   obtenidos  con  dichas  órdenes;  de  modo  que  no era posible que el Tribunal  inadmitiera   las   pruebas  que  solicitó  la  fiscalía  si  el  defensor  no  argumentó con fundamento  en   el  artículo  376  de  la  Ley  906  de  2004.   

En  cuanto  al  no  decreto de las demás  pruebas  reclamadas  por la defensa, el apoderado de las víctimas indica que si  bien   es   cierto   se   ha   admitido  lo  que  él  denomina  “presunción  de admisión”, lo cierto  es  que  el  defensor  no cumplió con la carga argumentativa para justificar la  pertinencia  de  las  pruebas  solicitadas, sin que pueda entenderse que la sola  enunciación  de  los  medios  de convicción permita inferir la necesidad de su  práctica.   

VI.   CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE   

La  Corte  es  competente  para resolver el  recurso   de   apelación  impetrado  por  la  defensa  de  la  procesada,  dra.  Tatiana  Oliveros Gutiérrez,  contra  la  providencia  del  28  de  noviembre  de  2013, de conformidad con lo  establecido  en  el  numeral  3º  del  artículo  32 de la Ley 906 de 2004, por  cuanto  la  decisión  impugnada  fue  proferida  en  primera  instancia  por un  tribunal,   en   este  caso  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva.   

El pronunciamiento de la Sala consistirá en  determinar,  conforme  con  los  antecedentes procesales probados y los precisos  argumentos  del  sujeto  procesal recurrente y los de los no recurrentes, si fue  acertada  la decisión adoptada por el Tribunal Superior de Neiva, en el sentido  de   admitir  algunas  pruebas  solicitadas  por  la  fiscalía  y  negar  otras  reclamadas por la defensa.   

En  tal  virtud,  se ocupará de verificar:  i) la debida sustentación  de  los  presupuestos  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad de las pruebas  comunes  solicitadas  por  la defensa, así como de las no comunes o autónomas;  ii)  el  descubrimiento de  los  informes  de policía judicial y sus anexos (entrevistas) reclamados por la  fiscalía,  así  como los fines con los que los mismos serán presentados en el  juicio  oral,  y  iii)  la  incidencia  en el debido proceso de la decisión del Tribunal de rechazar en vez  de   inadmitir   algunas   pruebas   solicitadas   por  la  defensa.     

La   Sala   anticipa   su   decisión  de  confirmar  la determinación  recurrida. Las razones son las siguientes:   

1.  Justificación  de  los  presupuestos  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad de las pruebas  comunes   solicitadas   por   la   defensa,  así  como  de  las  no  comunes  o  autónomas   

1.1.  En lo que se refiere al sustento, por  el  defensor,  de  los  mencionados  requisitos  respecto  de  las  pruebas  comunes,  esto es, las mismas que  la  fiscalía  solicitó  para  sustentar  su  propia teoría del caso, la Corte  tiene  que  decir  que  la justificación fundada en que procede la práctica de  dichas  pruebas  para  que  la  defensa  pueda  preguntar  de manera directa por  aquello  sobre  lo que no interrogue la fiscalía, o bien con el fin de precaver  un  posible  desistimiento  de  su  práctica  por  el  ente  acusador,  no  configura  un  sustento serio, idóneo para satisfacer la exigencia de demostrar  a  cabalidad los requisitos de conducencia, pertinencia y utilidad de la prueba.   

La posibilidad de acceder a la práctica de  pruebas  comunes  debe admitirse según criterios de razonabilidad y eficiencia,  pues  un  ejercicio desbordado de tal atribución llevaría a la realización de  sendos  y  sucesivos  interrogatorios por ambas partes, cuando lo cierto es que,  en  principio,  puede decirse que el interés del interviniente para servirse de  la  prueba  de  su oponente para sus propios intereses se satisface a través de  la  oportunidad  que  le  asiste  de  contrainterrogar. De suerte que admitir la  presentación  -como  directo-  del mismo testigo por cada uno de las partes, de  entrada  sugiere  un  evidente  menoscabo  de  los  principios  de  celeridad  y  razonabilidad que deben regir la práctica probatoria.   

Insiste  la  Sala en que no es que le esté  vedado  al defensor acudir a la práctica del testimonio común, pero si lo hace  debe  tener  en  cuenta  que  le  asiste  el  deber de agotar una argumentación  completa  y  suficiente  que le permita entender al juez de la causa por qué el  contrainterrogatorio   no  será  idóneo  ni  suficiente  para  satisfacer  las  pretensiones   probatorias,   encaminadas  a  sustentar  la  teoría  del  caso.   

Así,   las   finalidades  de  interrogar  directamente  sobre  lo que omita la fiscalía o precaver el desistimiento de la  práctica  de  la  prueba  por  el  oponente  no  son  argumentos por sí mismos  suficientes  para  entender  como debidamente cumplida la exigencia de acreditar  pertinencia,  conducencia  y utilidad de aquella, menos aún en un sistema en el  que  la  petición  probatoria  es estrictamente rogada y, en consecuencia, es a  ambas  partes  a  quienes  compete,  según su rol y el interés que les asista,  cumplir  con  suficiencia  la  carga  argumentativa que convenza al director del  juicio sobre acreditación de tales exigencias.   

Lógicamente,  la  defensa puede prever los  riesgos  de  que  el  acusador  desista  del  testimonio,   situación  que  frustrará  su  posibilidad  de  tomar  parte  en el contrainterrogatorio. Pero,  insiste  la  Sala,  si  para  conjurar  una tal eventualidad la defensa pretende  solicitar   también   el   testimonio   como   directo   deberá  ofrecer  unos  razonamientos  de  pertinencia,  conducencia  y utilidad sobre bases distintas a  las  presentadas  por  la  contraparte,  toda  vez  que  -no sobra repetirlo- su  particular  interés  para practicar la prueba (el cual deviene del distinto rol  que  cumple  en  el  proceso)  no  puede  fundarse  en el acaso o en situaciones  hipotéticas o inciertas.   

Ahora  bien,  que el acusador desista de la  práctica  de  un  particular  testimonio, generando de manera inevitable que su  contraparte  no  pueda  intervenir  en  el  contrainterrogatorio, no vulnera, en  principio,  el  debido  proceso  probatorio  ni el interés de la defensa. Dicha  conclusión  encuentra  su  razón de ser en el respeto al principio de igualdad  de  armas,  pues si la fiscalía renuncia a la oportunidad de emplear al testigo  para  fundar  la tesis condenatoria, entonces naturalmente la defensa no tendrá  interés  en  oponerse  a una prueba de cargos que no se configuró. Téngase en  cuenta  que la actividad de controversia que ejerce la defensa es la reacción a  una  pretensión  acusatoria  previa: no concretándose la prueba incriminatoria  no cabe lógicamente la posibilidad de controvertirla.   

Es  precisamente  por lo anterior que si la  defensa  pretende  servirse  de  la prueba común debe hacerlo con argumentos de  justificación  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  distintos  a los que  propone el acusador.   

Tampoco cabe predicar a favor de la defensa  una   especie   de   “presunción  de  pertinencia,  conducencia  o utilidad” de unas particulares pruebas  que  reclama,  por el solo hecho de que la fiscalía las pidió en primer lugar.  Menos  aún  resulta  permitido  justificar  su  práctica  -como lo pretende el  apelante-    con    fundamento    en    que    su    importancia    “emerge  de  la naturaleza misma del  escrito  de  acusación”, como si ese razonamiento  le      correspondiera     elaborarlo  al  funcionario judicial, pues, insiste  la   Sala,   la   carga   demostrativa   la   deben  cumplir  ambas  partes  sin  excepción.    

Otra  razón  que  permite  desestimar  la  supuesta   presunción   de  pertinencia  del  testimonio  común  es  que  aún  cuando  puede  decirse, en  general,  que  a  la fiscalía, por una parte, y al procesado y su defensor, por  la  otra,  les  asiste  un  interés  diverso  en el resultado del proceso, debe  tenerse  en cuenta que en el tema probatorio los oponentes pueden tener afinidad  de  intereses (prueba de ello es el instituto de las estipulaciones). Por tanto,  no  es válido concluir que como el acusador demuestra el interés que le asiste  para   que   se   decrete   una   determinada  prueba,  entonces  a  la  defensa  necesariamente  le debe asistir también interés en su práctica para sustentar  (en  sentido  inverso)  su teoría del caso, quedando así relevada de acreditar  las exigencias de procedencia.   

De allí que no quepa predicar, como así lo  hace  el  apoderado  de  las víctimas y lo sugiere el apelante, la existencia a  favor  de  la  defensa de la aludida “presunción de  pertinencia” de  las  pruebas  que  ya  pidió  el  acusador,  como si al juez de  conocimiento  le  correspondiera  desarrollar  el  deber  de  justificación que  solamente  les  compete  a  las  partes.  Si así fuera, debería admitirse, sin  necesidad   de   justificación  adicional,  que  como  la  fiscalía  demostró  suficientemente  los  requisitos  para  la  práctica  probatoria,  entonces  la  defensa   queda   relevada   de  hacerlo,  pues  tal  conclusión  evidentemente  generaría  un  desequilibrio  de  las  partes,  idéntico  al que el recurrente  pregona.   

Lo dicho conduce a recavar que en el caso de  pruebas  comunes,  a  la  defensa se le exige una argumentación de pertinencia,  conducencia  y  utilidad adicional a la que propone la fiscalía. Lo anterior es  lógico,  porque  como  distinto  es  el rol que cumplen la parte acusadora y la  parte  acusada,  entonces  la necesidad e interés para acudir a la misma prueba  es  bien  disímil  para ambos. Es así que en un sistema en el que la práctica  probatoria  es  rogada,  a  las partes, en especial a quien pretende oponerse al  pliego  de  cargos,  no  le  está dado reclamar la práctica de una determinada  prueba  “a ver qué pasa”  o  “por  si acaso”, pues  debe  tener claro y hacérselo saber de manera explícita al juez o corporación  de  conocimiento  -deber  que también le corresponde a la fiscalía- qué es en  particular  lo  que  busca  obtener de la prueba, cómo esta es idónea y eficaz  para  acreditar  lo que se quiere y por qué es relevante para su postura o para  el  caso,  según  el  interés  que  se  defienda  y,  en especial, por qué el  ejercicio  del contrainterrogatorio es insuficiente para obtener la información  que se pretende.   

Lógicamente,  por  razón de las distintas  pretensiones  e  intereses  encontrados  que  les  asiste  a la fiscalía y a la  defensa  en  el  resultado del juicio oral, no cabe razonablemente justificar la  procedencia  de  la  práctica  de pruebas comunes con los mismos argumentos que  presenta  la  contraparte,  pues sería tanto como concederle al contradictor la  idoneidad  de  la  prueba  para  demostrar  su  teoría del caso y no la propia.  Además,  no  son  extraños los casos en que al acusador y al acusado les puede  asistir  un  interés  común  en  la  práctica probatoria, razón por la cual,  insiste  la  Corte,  no  es  posible presumir que para dicha práctica exista en  todos los casos un interés opuesto.   

1.2.  Que la prueba es del juicio y no de  quien  la  pide   -como  lo  asegura  el  impugnante- es un aserto de cabal  aplicación  en  el sistema procesal penal de tendencia mixta, regido por la Ley  600  de 2000, pero no es del todo exacto en el proceso de estructura acusatoria,  pues  este último es de carácter adversarial, de suerte que a cada parte -y no  al  juzgador-  le  compete  acreditar  su  interés y necesidad para postular la  petición  probatoria,  toda  vez  que,  como  lo  ha dicho y repetido la Corte,  “la  solicitud de los medios de convicción obedece  a  un  típico  querer  e  interés  de parte, conforme la pretensión que ésta  tabula  en  el  proceso,  y  su  aducción  viene mediada necesariamente por una  amplia  regulación que demanda de esa parte, a título de carga específica, no  solo   verificar   su   objeto   específico,   sino  defender  su  legalidad  y  utilidad”   (CSJ  SP,  providencia  del  26  de  octubre  de 2007, Rad. No. 27608, reiterada en auto del 23 de mayo de 2012, rad.  38382).    

Naturalmente,  una  vez decretada la prueba  esta  puede  ser  conocida  y  controvertida  por  las  partes enfrentadas en el  momento  de su práctica durante el juicio, pero con ciertas limitaciones, pues,  en  el  caso  específico  del  testimonio,  quien  lo  pidió  para  sí  puede  interrogar  ampliamente  y  sin  limitaciones (interrogatorio directo), mientras  que   quien   no   lo   hizo   podrá   indagar  al  declarante  a  través  del  contrainterrogatorio,   el  cual  solamente  puede  versar  sobre  los  temas  y  respuestas  que  hubieran  sido expresados con ocasión del cuestionario directo  formulado  por  su  oponente. Esta situación no viola el derecho de igualdad de  las  partes  o  el  equilibrio  debido,  sino que es una de las características  básicas  del principio acusatorio, tal como lo acogió el legislador, según la  libertad de configuración que le asiste.   

Lo  anterior  apunta  a  que  aún  cuando  acusador  y acusado pueden intervenir en la controversia de la prueba solicitada  por  el  otro,  de todos modos cabe una relativa prevalencia a favor de quien la  pidió  para demostrar su propia teoría del caso. Y tal cosa no opera solamente  a  favor  del  acusador sino también del acusado, pues si este último solicita  una  determinada  prueba testimonial para demostrar su caso y la fiscalía no lo  hace,  esta  no  podrá  tampoco interrogar de manera directa, sino sujeta a las  restricciones del contrainterrogatorio.    

Respecto  de  lo  dicho  en precedencia, la  jurisprudencia  de  la  Corte  (CSJ SP, auto del 23 de mayo de 2012, rad. 38382,  reiterado  el  5  de  junio  de  2013, rad. 41127) tiene dicho que mal puede una  parte  reclamar  como  su testigo    -para efectos de someterlo a  un  interrogatorio  directo- a aquel presentado por la contraparte, con sustento  solamente  en  que  eventualmente  pueden  quedar  temas  sin  abordar cuando lo  interroga  aquella,  o  pueda  surgir un específico interés de conformidad con  las  respuestas que vaya entregando el declarante. Menos aún, agrega ahora esta  Colegiatura,  con  la  sola  finalidad  de precaver el eventual desistimiento la  práctica probatoria por el oponente.   

Admitir   lo   contrario   conduciría  a  desconocer  el  carácter de adversarios del proceso, pues ya no se trataría de  una  prueba  que represente la particular teoría del caso de quien la solicita,  sino  apenas  de  una especie de albur que corresponde más a la típica postura  procesal  de quien no cuenta con sólidos fundamentos argumentales o probatorios  y,  en  consecuencia,  decide  esperar  que  el  trámite  de la audiencia o las  falencias  de  su  contradictor le ofrezcan las herramientas que no se preocupó  por   allegar  oportunamente.  Por  tanto,  no  puede  la  parte  justificar  la  procedencia  del  testimonio  común,  en  los términos en que la ley lo exige,  afirmando  que  su  conducencia,  pertinencia  y utilidad asomará solo de forma  eventual,  y  respecto  de  temas  que  le  puedan  interesar,  una vez se halle  rindiendo  su  declaración  el  testigo, o para precaver el desistimiento de la  parte contraria.   

En   conclusión,  ha  dicho  esta  Sala,  “si  la  parte  no demuestra un objeto específico,  consustancial  a su pretensión, que permita al juez evaluar los presupuestos de  pertinencia,  conducencia,  licitud y necesidad, ha incumplido la carga procesal  que  se  le  impone  y,  en  consecuencia,  al  funcionario  no  le queda camino  diferente  al  de  negar  la solicitud” (CSJ SP, auto  del 23 de mayo de 2012, rad. 38382.).   

1.3.  En  respuesta a lo peticionado por el  agente     del    Ministerio    Público,  dígase  que,  aparte  de  lo reseñado en precedencia, no es del  caso  particularizar  los  criterios  sobre  una adecuada fundamentación de los  presupuestos  de  pertinencia,  conducencia  y utilidad cuando se trata de pedir  pruebas   comunes,  pues  la  satisfacción  de  esa  exigencia  le  corresponde  decidirla  al  funcionario  de conocimiento, frente a la situación de cada caso  particular.   

Lo  cierto  es  que  el  interesado  debe  justificar  los  presupuestos  de  pertinencia  (que  el  tema  de  la prueba se  relacione  con  el  tema  del proceso), conducencia (que la prueba sea apta para  acreditar  lo  que  se  quiere  demostrar a través suyo) y utilidad o necesidad  (que  la prueba haga falta, de modo que sin ella lo que se pretende acreditar no  entraría   al  proceso),  cuidándose  de  incurrir  en  alusiones  genéricas.   

Así  mismo,  quien  reclama la prueba debe  olvidarse  de  que  a su favor opera alguna presunción que lo releve de cumplir  la  carga  argumentativa  encaminada  a  justificar  la  procedencia probatoria,  razón  por la cual debe evitar reclamar la prueba como un remedio a un eventual  desistimiento  de la contraparte o para cubrir sus hipotéticas omisiones. En el  mismo  sentido,  dígase  que  como  la  sistemática  del  juicio oral de corte  acusatorio  de todos modos le ofrece a la contraparte la oportunidad de realizar  un  contrainterrogatorio  y  eventualmente  un  contra  redirecto,  entonces  la  petición  de  la  práctica  de  pruebas  comunes  debe  venir  acompañada  de  razonamientos  a  partir de los cuales pueda evidenciarse que esos mecanismos de  controversia no son suficientes para los propósitos de la parte.   

1.4.  En  el caso  presente, se tiene que la defensa en verdad justificó  la  procedencia  de las pruebas comunes con el fin de prever el desistimiento de  su  práctica  por  la  fiscalía  y  para  preguntar  sobre  lo no indagado por  aquella,  sustento  que,  como  ya se dijo, no es conducente para los efectos de  una  cabal  justificación  de  procedencia.  No obstante lo anterior, solamente  respecto  de  los testimonios de Jorge Eliécer Valbuena Farfán, Andrés Molina  Llanos  y  Pompi  Arubal Pinzón Barón, el defensor desarrolló un argumento de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  adecuado  para  disponer  su práctica y  evidentemente  distinto  al  que  propuso  la  fiscalía.  Así  lo advirtió la  Corporación  a quo y por ese  motivo accedió a su práctica.       

No  ocurrió  lo  propio  respecto  de  los  testimonios  de  los  investigadores  del  CTI, pues de ellos solamente dice que  depondrán  sobre  los  temas que sean de interés para la defensa y no hubieren  sido  abordados por la fiscalía, sin presentar una justificación distinta a la  del  acusador.  Igual  de  genérico  y  vacío,  por no decir casi inexistente,  resulta  el  sustento  encaminado  a  acreditar  la  pertinencia,  conducencia y  utilidad  de  la práctica de los testimonio de Gilberto Rojas Luna, Juan Carlos  Jiménez,  Juan  Carlos  Portela  Noriega y Mercedes Gutiérrez, pues no precisa  dichos  requisitos  con  el debido rigor, además de no aportar nada distinto de  lo  anotado  por  la  fiscalía,  y  sin  que  pueda  tenerse el recurso como la  oportunidad   para   subsanar   la   escasa  argumentación  de  justificación.   

En   lo   que   tiene  que  ver  con  las  declaraciones  de  Sheiber  Cuenca  Galindo, Norbey Sánchez González y Hernán  Ramírez  Ortigoza, el defensor, si bien enunció sobre qué asuntos habrían de  testificar,  lo  hizo  de  manera  excesivamente genérica y sin mención alguna  sobre  la  necesidad  o  utilidad  de  los  mismos frente a los hechos objeto de  acusación.   

Por otra parte, en lo que tiene que ver con  la  petición  para  la  práctica  de  los  testimonios  de  Agustín  Sánchez  González,  José  Julio  Aldana,  Humberto  Antonio  Mendoza  Castillo,  Daniel  Alejandro  Serna  y  Erminson García, resulta evidente que los hechos sobre los  que  aquellos  habrían  de  testificar  no  guardan relación con los que aquí  fueron  objeto de acusación, sino que pretenden descartar irregularidades en el  trámite  de  otros  procesos;  en  particular,  respecto  del  segundo  de  los  mencionados,  el  defensor no explicó qué idoneidad tendría el deponente para  introducir  el  organigrama  de un bloque de las autodefensas y qué utilidad le  reporta  tal  cosa al proceso, por lo que la practica de los citados testimonios  deviene claramente impertinente e inútil.   

La  petición  de  la  defensa encaminada a  obtener  las  declaraciones de Breiner Mosquera Ortiz, Armando Cuéllar Arteaga,  Cielo  González  Villa  y  Gerardo  Andrade Lozada se fundan en la necesidad de  cubrir  los  temas  que no aborde la fiscalía en el interrogatorio directo y de  precaver  un  posible  desistimiento de su práctica, sustentación que, como ya  se advirtió, resulta manifiestamente insuficiente.   

Además de todo lo dicho, la justificación  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  elaborada  por  el  defensor  es, en  esencia,  similar  a  la  expuesta  por  la  fiscalía,  razón  por  la cual su  controversia  bien  podría  realizarse  a través del contrainterrogatorio, sin  que  el  defensor hubiera precisado las razones por las cuales este mecanismo no  le será suficiente para lo que pretende demostrar.   

Esta  última falencia se observa por igual  en  la  exposición  de  los  presupuestos  de procedencia de los testimonios de  Víctor  Polanía  Vanegas,  Gloria Constanza Vanegas Gutiérrez, Héctor Osorio  Botello,  Miguel  Ángel  Bojacá  Rojas, Fredy Gregorio Díaz Alarcón y Sergio  Tovar  Rojas, pues poco dice el defensor distinto a las razones de la fiscalía,  lo  que  permite  concluir que no hay razón para inferir que su controversia no  pueda  llevarse  a cabo a través del contrainterrogatorio, o bien de un posible  contra redirecto.    

Respecto del anterior razonamiento, la Corte  reitera  lo  dicho  en  líneas anteriores en cuanto que el solo hecho de que la  fiscalía  hubiera  pedido  estas pruebas para sí, o bien que las personas cuya  declaración  se  reclama figuren en el escrito de acusación, no genera a favor  de  su  contraparte  una  especie de “presunción de  pertinencia”,  a  partir de la cual la defensa quede  relevada  de sustentar con suficiencia las exigencias argumentativas encaminadas  a soportar la práctica probatoria.    

Lo  dicho en los acápites anteriores queda  resumido  en  la  siguiente tabla, en la que se relacionan -según aparece en el  soporte  fílmico  correspondiente-  los  argumentos  presentados por la defensa  para  justificar  la  práctica  de  los  testimonios (comunes y no comunes) que  finalmente  le  fueron  denegados, con el correlativo ejercicio de sustentación  elaborado  por  el  acusador, en los casos en que la identidad de justificación  con la del acusador fue el motivo para la inadmisión:   

Testigo solicitado            

Argumentos   de  perti-nencia, conducencia y utilidad presentados por la fiscalía             

Argumentos   de  perti-nencia, conducencia y utilidad presentados por la defensa  

Breiner  Mosquera  Ortiz   

(común)            

Fue amigo y laboró  con  la  dra.  Oliveros,  viajó  al  Urabá antioqueño y tiene información de  primera  manos  sobre lo  que  sucedió  allí  y  en  Neiva.  Relacionado con  el     delito    de  concierto,  tiene información sobre la orden de dar  muerte  a   Valbuena  Farfán;  depondrá  además  sobre  su  relación  con  Andrés  Molina Llanos.             

Estrechamente  relacionado  con el delito de concierto para delinquir. Participó en los hechos  y,  según  la acusación, podrá deponer sobre el viaje a Urabá y el encuentro  de  la  procesada con alias la Guagua y los temas tratados. Será interrogado en  caso  de  que  la  fiscalía  desista  de  su  testimonio  y  en lo que ésta no  cuestione.  

Andrés  Molina  Llanos   

(común)            

Privado y condenado  por  tráfico de estupefacientes, capturado en el Urabá antioqueño, acompañó  como  conductor  a  la  fiscal  Oliveros  a  dicho lugar, y declarará sobre los  hechos relacionados con el viaje.              

Informará sobre su  condición  de  falso  testigo,  según consta en documentos descubiertos por la  defensa,  lo  cual  desestimará las versiones que hasta ahora se conocen. Será  interrogado  en  caso  de  que la fiscalía desista de su testimonio y en lo que  ésta no cuestione.  

Víctor  Polanía  Vanegas   

(común)            

Ex  alcalde  de  Palermo  (Huila), conoció de un proceso que manejó la fiscal Oliveros, sabe de  situaciones  irregulares  en  ese proceso y de un montaje en su contra que se le  hizo en el mismo.              

Dirá   si   la  procesada  le  pidió dinero por no adelantar un proceso en su contra (delito de  concusión)  y  que lo dicho sobre él en el escrito de acusación configura una  errónea interpretación de su entrevista.  

Armando  Cuéllar  Arteaga   

(común)            

Gerente de la firma  Coomotor  en Neiva, dijo  haber   sido   víctima  de  solicitudes  de  dinero  por  parte  de  la  fiscal  Oliveros   y   la   abogada  Melba  Roncancio,  por  intermedio  de  terceros.  Referirá la actuación procesal surtida en su contra  en    el    despacho    de    la    hoy    acusada   por   vínculos   con   las  autodefensas.              

Con él la fiscalía  acusa  por  el  delito  de  concusión. Será interrogado sobre los temas que no  aborde  la  fiscalía,  en especial en lo referente al proceso adelantado por la  Fiscalía  58 de DDHH, si  el  mismo  existió  y  el  trámite  que  se le dio después de la declaración  jurada.  Acreditará la ajenidad de la procesada con  los   hechos  y  que  aquella  no  pidió  dinero  o  dádivas.  

Cielo  González  Villa (común)             

Como ex gobernadora  del  Huila,  le  consta  la  actividad  de  la  fiscal  Oliveros quien la buscó  insistentemente  y  le  puso  citas  en  repetidas  ocasiones  a  través  de su  secretaria  Gloria  Constanza  Vanegas. Refiere lo relativo a las exigencias que  se  le  hacían para realizar contratos y nombramientos en el Huila, entre otros  el  de Polanía Castillo. Dirá cómo la hoy acusada le ofreció información de  un  expediente  en  su  contra  a  cambio  de  prebendas  en la gobernación del  Huila.             

Su  testimonio,  como       ex  alcaldesa    y    ex  gobernadora        del       Huila,  es pertinente porque según su  entrevista   la  procesada  no  cometió  delito  de  concusión,     afirmación     que    fue    mal  interpretada    por  la  fiscalía.  Será  interrogado  en  caso  de  que la fiscalía desista de su  testimonio y en lo que ésta no cuestione.  

Gloria  Constanza  Vanegas Gutiérrez   

(común)            

Fue secretaria de la  anterior.    Confirmará   la  insistencia  de  Oliveros   para  contactar  a  aquella  y  los  motivos  para  ello  (delito  de  concusión).             

Como  secretaria     de     Cielo  González  corroborará  lo  dicho  por  esta  y  sobre  la  exculpación de la procesada.  

Héctor  Osorio  Botello   

(común)            

Fue alcalde de Neiva  y  pondrá  en  conocimiento  que  la  fiscal  Olivera  lo citó en Bogotá y le  brindó    información   sobre   el   expediente   en   su   contra, a cambio de contratos de prestación  de    servicios   y   de   obras   públicas   en   una   entidad   oficial de Neiva.             

Demostrará que no  tiene  ninguna  relación  con  la  acusada,  ni ella  le  ha  pedido  nada,  ni ha realizado actuación en  nombre de ella relacionada con el delito de concusión.  

Miguel Ángel Bojacá Rojas   

(común)            

Comandante  de  la  Policía  del  Huila,  fue  visitado en Bogotá por la fiscal Oliveros, quien le  recibió  una  declaración bajo juramento, en la que la funcionaria le expresó  que  le  colaboraría,  al tiempo que le formuló cargos por supuestos vínculos  con  los  paramilitares.  Según  dice, la  fiscal  dijo  que  le  archivaría  el caso a cambio de que le  colaborara   con  unos  traslados  irregulares de  internos. Por elevar esas solicitudes de traslado la  funcionaria  judicial  estaría  pidiendo  dinero  a terceros.              

Este  funcionario  dirá  que  nunca habló de traslados ilegales con la  acusada;  conoce  el manejo de las peticiones formales en el ejercicio del cargo  de   la   funcionaria   Tatiana   Oliveros,   los   cuales   son  objeto  de  la  acusación.  

Fredy Gregorio Díaz  Alarcón   

(común)            

Mayor de la Policía  Nacional,  le  consta las visitas y peticiones irregulares que le hizo la fiscal  Oliveros  al  general Bojacá Rojas, el motivo y las solicitudes de traslados de  internos.             

La defensa probará  que  lo  dicho por este mayor de la Policía Nacional fue sacado de contexto por  la  fiscalía  en  la  acusación.  Relacionado  con los delitos de concusión y  asesoramiento ilegal.  

Sergio   Tovar  Rojas   

(común)            

Investigador del CTI  ante  el  despacho  de  la fiscal Tatiana Oliveros, la transportó a Ibagué con  motivo  de  las  audiencias  en  un  proceso  contra  alias El indio; así mismo  transportó  a  la abogada Melba Roncancio, lo que demostrará el asesora-miento  y  el  acuerdo  para  adelantar una defensa acorde con los intereses de alias El  indio.              

Dirá si percibió  actos  ilegales  en  el  despacho  de la fiscal Oliveros (delitos de concusión,  falsedad, asesoramiento ilegal)  

Gerardo José Andrade Lozada   

(común)            

Narrará   un  encuentro  con  la  fiscal  Oliveros,  en  la que le hicieron afirmaciones sobre  procesos    adelantados    por    aquella    contra   Polanía   Vanegas,  de  los  cuales  se  deduce  la  posibilidad  de  que los investigados fueran a la cárcel si no le colaboraban a  la funcionaria.             

Aclarará cómo la  procesada  pidió  dinero  o  dádivas  a  terceros,   dirá  quién  lo ha  amenazado  y  si es por este proceso. Declarará  con el fin de precaver un  posible desistimiento de la fiscalía.  

Investigadores del  CTI:   

-Jaumer Chala  Ballén,  -Eduard     Quiroga,    Constanza Aristizábal,   

-Yanidis  Carvajal,   

-Claudio  Calderón,   –   

-Eliana Durán  Arango.             

             

Declararán  sobre  los  temas  que  omita la fiscalía, sobre lo que sea  de  interés  para la defensa. Relacionados con todos  los delitos.  

Gilberto  Rojas  Luna             

             

Fue el fiscal que le  dio  la  libertad a alias La Guagua; depondrá sobre los hechos relacionados con  los delitos de concusión y asesoramiento ilegal.  

Clara   Maritza  Pastrana             

             

Conoce los hechos de  la  acusación,  pues  percibió cuando Armando Cuéllar solicitó los servicios  de Melba Roncancio  

Karol  Campo             

             

Ahijada  de Armando Cuéllar, depondrá sobre las circunstancias en  que  le  recomendó a la abogada Melba Roncancio y sobre otros temas  no  mencionados  por  la  fiscalía.  

Sheiber  Cuenca  Galindo             

             

Como  apoderado de  Armando  Cuéllar;  dirá  qué  gestiones  adelantó  a  favor  de  aquel  y si  denunció el delito de concusión.  

Norbey  Sánchez  González             

             

Como  hermano  de  alias  El  indio,  dirá  que  este no contrato a la  abogada  Melba  por  sugerencia  de  Tatiana  Oliveros  y  depondrá  sobre  los  traslados de aquel (delito de asesoramiento ilegal).  

Juan Carlos Portela  Noriega             

             

Como   guía  turístico  en  el  Urabá  antioqueña,  relacionado con el delito de concierto  para delinquir.  

Hernán  Ramírez  Ortigoza             

             

Investigador de la  oficina    de    la    fiscal    Oliveros,    declarará    sobre   los  hechos materia de investigación,  específicamente  procesos  y  manejo  de  vencimiento  de términos (delitos de  asesoramiento y prevaricato)  

Juan Carlos Jiménez             

             

Asesor del Congreso  de  la  República, es pertinente porque acompañó el proceso seguido contra la  acusada  

Mercedes  Gutiérrez             

             

Madre   de   la  procesada, es pertinente porque dirá que los hechos no existieron.  

Agustín  Sánchez  González             

             

Demostrará que no  recibió  beneficios de la fiscal Oliveros (delitos de concierto y asesoramiento  ilegal).  

José   Julio  Aldana             

             

Declarará sobre la  legalidad  de  las actuaciones de la procesada en lo referente a su postulación  en  Justicia  y  Paz;  introducirá el organigrama del bloque Conquistadores del  Yarí  de  las  AUC  y  dirá que los hechos por los que fue investigado Armando  Cuéllar   (sus   vínculos   con   las   autodefensas  y  un  homicidio  en  la  vereda  San  Ambrosio)  fueron  denunciados  por  él.  Dirá  que  su  postulación  a Justicia y Paz fue  previa al conocimiento de la fiscal Oliveros.  

Humberto  Antonio  Mendoza Castillo             

             

Corroborará  la  legalidad  de  las  actuaciones  de  la  procesada  en la investigación seguida  contra  Armando  Cuéllar,  señalado  de  vínculos  financieros  con  las  AUC  (relacionado     con     concierto     para     delinquir,     concusión    y  asesoramiento)  

Daniel  Alejandro  Serna             

             

Demostrará que no  tenía  injerencia  en  el bloque Conquistadores   del   Yarí  de  las  autodefensas  y  que  no  recibió  beneficios  de  la  procesada  (delitos de concusión, concierto y asesoramiento  ilegal).  

Erminson  García             

             

Depondrá sobre las  circunstancias  en  que  fue  víctima  de  solicitudes de dinero a nombre de la  fiscal Oliveros (delito de concusión)  

1.5. Ningún razonamiento de pertinencia,  conducencia  o  utilidad elaboró el defensor para justificar la práctica de la  prueba  documental, pues basta advertir que en la mayoría de casos se limitó a  enunciar  el  elemento material probatorio y el declarante que lo introduciría.  Por  tanto,  razón  le asistió al Tribunal al disponer su inadmisión. Tampoco  al  sustentar  el  recurso de apelación el sujeto procesal discurrió sobre una  indebida  negativa  por  parte  del a quo.   

1.6. Son los anteriores los motivos por los  que  esta  Magistratura  comparte  las  razones  del  Tribunal para inadmitir la  práctica de algunas de las pruebas reclamadas por la defensa.   

En  lo  que tiene que ver con las restantes  inconformidades  planteadas  por  el  recurrente,  la  Sala  tiene  que decir lo  siguiente:   

2.  Descubrimiento  de   las   informes   de  policía  judicial  y  sus  anexos,  finalidad  de  su  empleo.   Ninguna  irregularidad  existe  en  que  la  corporación  de conocimiento hubiera dispuesto la utilización en el juicio por  la  fiscalía de los informes de policía judicial y sus anexos, pues los mismos  fueron  debidamente descubiertos de manera oportuna: así lo concluyó el agente  del  Ministerio Público y así consta en el acta del 5 de noviembre de 2013 que  en  la  misma diligencia preparatoria fue exhibida por el representante del ente  acusador.   

Adicionalmente,  téngase  en  cuenta  que  -contrario  a  lo  que sugiere el impugnante- dichos informes, especialmente las  entrevistas  anexas,  no  serán  en ningún momento  introducidas  como  prueba  documental,  sino  para los específicos efectos que  consagra  la  norma, esto es, el refrescamiento de la memoria del deponente y la  impugnación  de  su  credibilidad, razón por la cual  serán   utilizados,   mas   no   incorporados  físicamente  a  la  actuación.   

Así  lo  pidió  el  fiscal acusador, como  quedó  plasmado  en el acápite de antecedentes procesales, y así lo entendió  el  Tribunal al decretar su práctica. Será, entonces, al Tribunal de instancia  a  quien  corresponda  vigilar  que el uso de las entrevistas en el juicio esté  acorde   con   lo   solicitado  por  la  parte  y  autorizado  en  la  audiencia  preparatoria.   

3.   Sobre  la  incidencia   del   rechazo  y  no  la  inadmisión  de  las  pruebas.   Por   último,   no   existe  irritualidad  trascendente  en  el  pronunciamiento  del  Tribunal  Superior  de Neiva, cuando dispuso el rechazo en  lugar  de  la  inadmision  de  la  petición  de  la práctica de algunas de las  pruebas  reclamadas  por el defensor, pues ninguna duda cabe de que la razón de  la   negativa  que  la  parte  recurrente  hoy  cuestiona  no  es  otra  que  el  incumplimiento de la carga argumentativa exigible.   

Recuérdese  que  la inadmisión probatoria  opera  cuando, superados los problemas de licitud y legalidad (en ese orden), no  se  cumplen los requisitos de pertinencia (que el tema de la prueba se relacione  con  el  tema  del  proceso), conducencia (que la prueba sea apta para probar lo  que  se  quiere  demostrar  a  través  suyo)  y  necesidad  (que  la prueba sea  jurídicamente  relevante,  es  decir, que haga falta, de modo que de no traerse  al  proceso,  lo  probado  a  través  suyo quedaría sin acreditarse).  En  contraste,  los  conceptos  de  rechazo  y  exclusión  probatoria  están  más  vinculados   con   la   violación   de  derechos  y  garantías  fundamentales.   

Por  lo  tanto,  ciertamente  no es lo más  riguroso  hablar,  como  lo  hizo el a quo,        del        ‘rechazo’ de  algunas   pruebas   sino   de   su   ‘inadmisión’,  si  lo  que  quiso  expresar fue que la solicitud de práctica no  sustentó  las  exigencias  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad.  No  obstante  lo  anterior,  en  tanto  quedaron  claras las razones de la decisión  apelada, la confusión carece de relevancia.   

4.        En       conclusión,  por las razones anteriores y  como   así   lo   anticipó   la  Sala,  la  providencia  impugnada  habrá  de  confirmarse.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

VII.  R E S U E L V E  

CONFIRMAR  la  determinación  apelada.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

   

    

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