SP6360-2014(42275)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

SP6360-2014  

Radicación Nº 42275  

(Aprobado acta N°  153)   

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de mayo de dos  mil catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

La Corte resuelve el recurso de apelación   formulado  por    el    Fiscal    67    Delegado   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  contra  el  fallo  por  medio  del  cual  dicha         Corporación        absolvió       a      Olga  Lucía Monroy López a quien, en su  condición    de    Fiscal   4ª   Local   de   esta  ciudad,  se  le siguió proceso penal por los delitos  de  prevaricato  por  acción  y  por  omisión.    

II.   HECHOS  Y  ANTECEDENTES  PROCESALES   

1.  Se  investigó  a  la  dra. Olga  Lucía  Monroy López por los delitos  de  prevaricato  por  acción  y  por omisión, toda vez que en su condición de  Fiscal  4ª  Local  de  Bogotá dispuso el archivo, y más adelante solicitó la  preclusión,  de  unas  diligencias  adelantadas  por  el  delito  de  abuso  de  confianza  o  peculado, sin atender a lo dispuesto en la decisión de desarchivo  ordenada por un juez de control de garantías.   

El proceso penal en cuyo trámite la aludida  fiscal  habría  incurrido  en el delito de prevaricato fue el adelantado contra  el  auxiliar  de  la  justicia  Luis  Enrique  Leal  Peña y la particular Nancy  Escamilla  Bocanegra, por hechos ocurridos entre 2004 y 2007, cuando Leal Peña,  habiendo  sido  designado por el Juzgado 30 Civil Municipal de Bogotá secuestre  de  un  local  comercial,  ubicado en la calle 17 Nº 4-49/57 de esta ciudad, lo  entregó  en  comodato  gratuito  a  la  señora  Escamilla  Bocanegra.  Una vez  concluido  el  proceso  ejecutivo  hipotecario  al  que estaba sujeto el aludido  inmueble,  finalmente  fue  adjudicado  en  remate  a  la señora Francia María  Vásquez Mesa.   

Esta última requirió a la comodataria para  que  le  entregara  el local, pero Escamilla Bocanegra se abstuvo de desocuparlo  y,  en  cambio, le ofreció a la nueva propietaria el pago de un arriendo que no  fue  aceptado.  El  secuestre  Leal Peña dejó de rendir cuentas durante varios  meses,  y  aún cuando le pidió a la comodataria que entregara el local no pudo  lograr  este cometido. Finalmente, el inmueble fue recuperado por Vásquez Mesa,  mediante una diligencia policiva.    

La   propietaria  del  local  formuló  la  correspondiente  denuncia  por  el  delito  de  abuso de confianza en contra del  secuestre  y  la  comodataria.  La  actuación  le correspondió a la Fiscal 4ª  Local    de   Bogotá,   dra   Olga   Lucía   Monroy  López,  quien  la tuvo a su cargo entre el 4 de junio  de 2007 y el 2 de septiembre de 2008.   

La  funcionaria  consideró  que la conducta  denunciada  era  atípica, pues se trataba de un asunto que debía resolverse en  sede  civil,  por  corresponder  a  una  posible  violación  de los deberes del  auxiliar  de  la  justicia.  Por  tal  motivo,  archivó las diligencias el 6 de  agosto  de  2007.  No  obstante  lo  anterior,  a  solicitud  de la víctima las  diligencias  fueron  desarchivadas  por  orden  del  Juez 20 Penal Municipal con  Función  de  Control de Garantías, en decisión confirmada por el 18 Penal del  Circuito de Conocimiento de Bogotá.   

La  Fiscal  4ª Local, con fundamento en los  elementos  de  juicio  hasta  entonces  obrantes  en la actuación, solicitó la  preclusión  de  la actuación ante el Juez 10º Penal Municipal con función de  conocimiento.  Tras  advertir  que  la  conducta  investigada podría configurar  delito  de  peculado,  la  actuación,  una  vez  dirimida la competencia por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  fue  remitida al Juez 12 Penal del Circuito de  conocimiento, para que resolviera lo pertinente.   

Los hechos anteriores fueron denunciados por  la propietaria del inmueble comercial, Francia María Vásquez Mesa   

    

2.  En audiencia celebrada el 26 de enero de  2012,  la  Juez  44 Penal Municipal con Función de Control de Garantías avaló  la  imputación  que formuló el Fiscal 67 Delegado ante el Tribunal Superior de  Bogotá    en    contra   de   Olga   Lucía   Monroy  López,  por  los delitos de prevaricato por acción y  por omisión, cargos que aquella no aceptó.   

El 10 de mayo de 2012, la fiscalía presentó  escrito  de  acusación,  razón  por  la  cual  la  actuación  fue remitida al  Tribunal  Superior  de  Bogotá.  En  audiencia celebrada el 17 de julio de 2012  ante   la   citada   Corporación,   el   Fiscal   67   acusó   a  Olga  Lucía  Monroy  López como autora de  los  delitos  antes  mencionados  (artículos  413  y  414  del  Código  Penal,  modificados  por la Ley 890 de 2004). La audiencia preparatoria tuvo lugar el 22  de  enero de 2013; en ella la fiscalía y la defensa manifestaron su interés en  estipular   varios  hechos.  Luego  de  numerosos  aplazamientos,  la  audiencia  pública  transcurrió  entre el 31 de julio y 1º de agosto de 2013: en ella se  tramitaron  las estipulaciones anunciadas, se practicaron las pruebas decretadas  y las partes presentaron sus alegaciones de conclusión.   

Terminada la diligencia, el Tribunal anunció  el  sentido  absolutorio  del  fallo por “atipicidad  objetiva   de   los   comportamientos”.   El  fallo  absolutorio fue leído el 10 de septiembre de 2013.   

En  su contra, el Fiscal 67 Delegado ante el  Tribunal   formuló  el  recurso de apelación, el cual sustentó oralmente  en la misma diligencia de lectura.   

III.       DECISIÓN  RECURRIDA   

El    Tribunal    señaló  que  debido  a  su precaria situación,  mala  ubicación y gastos generados, el local  comercial  objeto  del  pleito  civil  carecía  de posibilidades de rendimiento  comercial,  como  así  lo  concluyó  la  perito  que  concurrió  al  juicio.  Por tanto, tenía sentido que el secuestre Luis Enrique  Leal    Prada   al   rendir   cuentas   informara  que  lo  había  cedido  a título de comodato gratuito,  para  así  cubrir  los  gastos  de  impuestos,  administración,  reparación y  mantenimiento  que  demandaba  el  inmueble. Finalmente, el local fue recuperado  por  la  propietaria  mediante un trámite de lanzamiento; para ese entonces, el  bien  se  hallaba  en buen  estado  de  conservación,  con los pagos por concepto de servicios públicos al  día.    

Por  lo  anterior,  dice  la  Corporación  a  quo,  la  decisión  de  archivo   dispuesta   por   la   Fiscal  4ª  Local  era  legítima,    pues    al    ceder   el  secuestre  el  inmueble a    la    comodataria    ésta  lo  puso  en  condiciones  de ser  utilizado.  Que  por  tratarse  de  un  local  comercial  el secuestre no podía  cederlo  a  título  gratuito y, por ello,  incurrió en una maniobra corrupta para  beneficiarse  él  mismo  y  a la comodataria, con el perjuicio correlativo a la  propietaria,  es una afirmación que no resulta consistente con lo acreditado en  el  proceso,  pues  en  verdad  el  inmueble carecía de toda vocación para ser  cedido a título oneroso.   

Además,  el  posible incumplimiento por el  secuestre  de  sus obligaciones (estar pendiente de las reparaciones necesarias,  pago     de     servicios    públicos,  administración  y  la  entrega)  no  configura  por  sí  mismo  conducta  punible,  pues  tal  cosa  debe  resolverse  dentro  del proceso civil  ejecutivo  correspondiente. Por tanto, no recae irregularidad alguna en la orden  de  archivo  por  atipicidad  de la conducta, impartida por la fiscal procesada,  toda   vez  que  dicha  determinación  fue  un  criterio  jurídico razonable, que se apoyó en los medios  de  conocimiento disponibles  y   en   lo  establecido  en  el  artículo  79  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Para  la  Fiscal  4ª  Local,  frente  a la  negativa  de  la  comodataria,  la  adjudicataria  del inmueble debía acudir al  procedimiento  descrito  en  el artículo 531 del Código de Procedimiento Civil  y    así   lograr   la  entrega  del  bien; y aún  cuando  es  cierto  que  el  Juez  18  Penal  del Circuito confirmó la orden de  desarchivo,  también  lo  es  que  lo hizo a través alusiones genéricas a los  derechos  de  las víctimas, sin hacer referencia a los hechos propios del caso,  como  la  actuación  del  secuestre y la comodataria, la relevancia penal de su  conducta o las dificultades en la entrega del local.   

Agrega que la agente del Ministerio Público  que  intervino  en  la  actuación  tramitada  por la  Fiscal  4ª  Local  tuvo  claro  que  la decisión de  archivo     era    la  correcta  y,  tras  solicitar  un  nuevo  estudio del  expediente,   dejó   a  discreción  de  la  funcionaria  de  la  fiscalía  la  elaboración  o  no  de  un programa metodológico. Por tanto, no es correcta la  apreciación  del acusador, el Fiscal 67 Delegado ante  el  Tribunal,  cuando señaló que la representante de  la  Personería  presentó  una solicitud de pruebas que fue ignorada por la hoy  procesada.   

Así  mismo, la solicitud de preclusión de  las     diligencias     formulada     por  la  Fiscalía 4ª con sustento en la  irrelevancia   penal   de   la  conducta,  tenía  fundamento  de  cara   al  contexto  que detalló su titular, pues lo relativo al  incumplimiento  de  funciones  del  auxiliar  de  la  justicia  debería  tramitarse  en  el proceso civil  correspondiente    y,  además,   la   orden  de  desarchivo  impartida  por  los  jueces  penales se  fundó  “en criterios generales y en los que no se  valoraron   en   lo   más   mínimo   los   hechos   que   interesaban   a  ese  proceso”.  Por  ello,  insiste      el      Tribunal,      tenía  sentido  la  petición  de la Fiscal 4ª Local para que se  produjera  un  pronunciamiento de fondo, lo cual descarta una postura caprichosa  y   arbitraria   de  su  parte.   

Tampoco  fue  ilegal la nueva solicitud de  preclusión  tramitada  por  la  fiscal Monroy      López     ante   el   Juzgado  12  Penal  del  Circuito,  pues  se   fundó   en   los   medios   de  conocimiento  disponibles  y  era    coherente    con    lo    sustentado    con  anterioridad,   en   especial   con   la    particular    situación   del   inmueble.   “Entonces       -concluye    el   a   quo-  frente  a  un  contexto  como este no se forzaba la razón ni se  asumía  una  postura  manifiestamente  ilegal  si se asumía que se estaba ante  conductas  penalmente irrelevantes y que frente a estas era viable una solicitud  de   preclusión   por  atipicidad”.  Dicha  tesis  puede   no   compartirse   pero   no  por  ello  es  ilegal;       prueba       de      esto  es  que la opinión de la Fiscal  4ª  fue compartida por diversos servidores públicos, incluso el Fiscal 222 que  al  final  terminó  por  archivar  el  expediente,  sin  que  pueda decirse que  también     ellos  incurrieron en una conducta ilegal.   

Agrega  que  si  bien  es  cierto  que  la  funcionaria  tuvo  la  actuación  durante un año y dos meses, lapso dentro del  cual  se  practicaron  las  audiencias  de  desarchivo  y  preclusión  ante los  juzgados  20  de  garantías,  18  y  12  Penal  del  Circuito  con funciones de  conocimiento  y  10º  Penal  Municipal,  incluida la definición de competencia  surtida  ante  el  Tribunal,  también  lo  es  que  ello  descarta una omisión  penalmente  relevante, pues dichas actuaciones fueron  promovidas  por  razón  de  un  criterio  jurídico  razonable.   

Dice     que     la     fiscalía   acusadora   no  presentó  completa  la  carpeta  correspondiente  al  trámite  adelantado  contra  el secuestre y la comodataria, de  modo  que no cabe concluir  que   la   Fiscal   4ª   Local   se  abstuvo  de  allegar  cualquier  medio  de  conocimiento. Tampoco precisó el Fiscal 67 Delegado  ante  la Corporación de primera instancia cuáles en  concreto   fueron  las  diligencias  que  la  citada  fiscal  ha  debido  practicar;  por el contrario, el  Juez  12  Penal  del  Circuito precisó que aquella recaudó la entrevista de la  denunciante,  las  dos rendiciones de cuentas del secuestre y las solicitudes de  entrega que le dirigió a la comodataria.   

Además,  el  funcionario  fiscal  no está obligado a practicar medios de conocimiento si con  los  disponibles  estima  que  puede  inferir  que se  encuentra   frente   a   una   conducta  penalmente  irrelevante.  Tampoco se  le  puede  imputar  razonablemente  a  la fiscal hoy  procesada  que se hubiera tomado 14 días hábiles de  los  15  de  que disponía para enviar las diligencias ante el Juzgado Penal del  Circuito   para  que  resolviera  la  petición  de  preclusión,  cuando  por  otro  lado  se  tiene que  se  requirió  de casi un año para definirse que se  trataba   de   un   delito  de  peculado,  conducta  de  competencia  de  dichos  funcionarios judiciales.   

En conclusión, por no hallar demostrada la  teoría  del  caso propuesta por la fiscalía, el Tribunal Superior de  Bogotá  estimó  que  se mantenía  incólume   la   presunción   de  inocencia  a  favor  de  la  procesada,  dra.  Olga     Lucía     Monroy     López,   y,  en  consecuencia,  emitió  la  decisión absolutoria.    

IV.   EL  RECURSO   

El  Fiscal  67  Delegado ante el Tribunal  de   Bogotá   apeló  el   fallo   absolutorio,   con   los   siguientes  argumentos:   

Alega  que fue  manifiestamente   contraria   a   la   ley  la  orden  de  archivo  proferida  por la Fiscal 4ª Local el 6  de  agosto  de  2007.  En sustento de lo anterior, sostiene que se debe tener en  cuenta  el  contexto  de los hechos para el mes de octubre del año 2006, cuando  la  propietaria  del  local, Francia María Vásquez  Mesa,                  presentó       la       denuncia  penal, y no el que estaba  vigente  en  2004,  cuando  el  citado  local   comercial   fue   secuestrado,  para    la    época  inicialmente  mencionada,  el  inmueble ya  no estaba desocupado ni abandonado,  no  tenía  inconvenientes  en  cuanto  a  servicios  públicos, producía renta  la   cual   debía  ser  entregado  a la denunciante Vásquez Mesa.    Tanto    fue    así    que   la   comodataria   ofreció    pagarle    un     arriendo     a     la    nueva  propietaria:   ello   demuestra  que  el  bien  sí  producía  una renta. El anterior fue el contexto en que actuaron el secuestre y  la  comodataria del local  comercial,    Nancy  Escamilla.   

Por          consiguiente,  la  decisión  adoptada  por  la  entonces  Fiscal 4ª Local fue manifiestamente contraria a la ley, pues  el  secuestre  no  estaba  facultado  para  dar  el  local comercial en comodato  gratuito.  La  conducta  era  típica  para  el  momento  en que se presentó la  denuncia,   en   la   medida  en  que  el  secuestre  permitió  que  la  comodataria  Nancy Escamilla se  apropiara  del  usufructo del local, lo que obligó a  la  propietaria a realizar una diligencia policiva de  restitución   para  así  lograr  su  entrega.  En  ese  momento,  el inmueble ya estaba rematado y no  tenía   problemas.   Así,   el  asunto     ya     no     era     eminentemente    civil,    porque  junto  a  la  exclusión  del  secuestre se podían implementar otras sanciones.   

La conducta constitutiva de prevaricato se  debe  analizar  de forma  ex ante y no ex       post.       La             Fiscal           Local, dra  Monroy     López,  contaba  con una denuncia  penal  y  su  ampliación,  el  acta  de remate, el acta aprobatoria del remate,  la  copia del contrato de  comodato,  copia  del  acta de secuestro y de las acreencias de las obligaciones  que  pesaban  sobre  el  local. Así mismo, disponía  de   las   dos   conciliaciones   y  la  rendición de cuentas que entregó el  mismo   secuestre.   Hasta  ese  momento,   asegura   el   apelante,   estaba  acreditada    la    conducta    punible    cometida    por    el    auxiliar  de  la  justicia Luis Enrique  Leal Prada.   

En    la    resolución   de    archivo   del   6   de   agosto  de                  2007,   la  fiscal   Olga  Lucía  Monroy  López  expresó   que  se  trataba    de    un   evento   civil   de  incumplimiento   de  obligaciones  por  parte  del  secuestre.             Pero,      en     realidad,  de  lo  que  se  trataba era que la  denunciante  reclamaba  la  apropiación del usufructo o renta, la cual cesaría  si   se  realizaba  la  entrega  del  inmueble.  Fue  esto último,        precisamente, lo que no  tuvo  en  cuenta la determinación de archivo de las diligencias adoptada por la  hoy procesada,   por   cuanto   tal   decisión   restringió  el  problema  a  un tema de incumplimiento de las obligaciones del  secuestre.   

El  juzgado civil del circuito realizó el  trámite   de   exclusión   del  secuestre,  en  el  cual  se  le  enrostró   no   haber   cumplido  la  obligación  de  presentar  las  cuentas  correspondientes  en  36  meses,  como  también     haber    entregado    el    inmueble    comercial    en    comodato  gratuito.   

En contraste, la decisión de archivo del 6  de  agosto  no  se  fundamenta  en que fuera  razonable  entregar  el  local en  comodato  gratuito;  no  se refiere a su ubicación,  estado  de  abandono, tampoco cuestionó si era viable su entrega en comodato ni  advirtió  que  en  junio  de 2007 se restituyó a la  propietaria  mediante una  diligencia  de  lanzamiento.  Dicha determinación se  contrae   a  decir  que  aquel  asunto  debía  resolverse  en  punto  de  las obligaciones del secuestre.   

Por  tanto,   dice   el   fiscal   apelante,        la        conducta        de        la        funcionaria acusada no es razonablemente  atípica, pues  si  los  elementos  mencionados  hubieran  sido apreciados  de  manera  diferente,  la  situación        sería       otra.   

Sobre la orden de desarchivo, alega que la  fiscal   Monroy  López  omitió  adelantar un plan de investigación tal como se le había requerido,  pues era razonable pensar en  la  comisión  de  una conducta punible. Dice que la  afirmación  del  Ministerio  Público,  según  la  cual  como  el  inmueble se  entregó  entonces  no hubo conducta punible, se hizo  dentro   de   un   contexto   equivocado,   pues  la  funcionaria  de  la  Personería no dijo que   frente  a  la  apropiación  del  usufructo  o  renta  por  parte  de  la comodataria  no se configurara delito.   

En lo que tiene que ver con la solicitud de  preclusión,   dice  el  impugnante  que  la  hoy  procesada   no   podía   fundarla  en  un  motivo  de  atipicidad  objetiva ni  podía              soportarla  sobre los mismos argumentos   de   una   orden   de   archivo;   que   por  lo     anterior    la    funcionaria  de    la  fiscalía  estuviera  incursa  en  un  error  de derecho es un  escenario  bien  distinto,  pero  lo cierto es que no  era    razonable    que    aquella    pidiera    la   preclusión,   pues   no   recaudó   los         elementos        de  convicción  requeridos,  como   así   consta  en  el  proceso:  alega    que   la   Fiscal   4ª   no  practicó  entrevista  a  Francia  María Vásquez y  que   las  solicitudes  formuladas  a  la  comodataria  para entregar el bien las hizo el secuestre Leal  Parada.   

Argumenta que la  fiscal   Monroy  López  tenía  claro  que lo que se investigaba en el proceso a su cargo era el posible  abuso   de  confianza  por  la  apropiación  de  la  renta  de  lo  que  debía  producir   el   local   comercial.   De   manera   que   el   problema  no  era  la  entrega     del     bien,     sino   que               éste se   dio   como   consecuencia   de   su   indebida   apropiación,  pues  por no cumplir con  la     restitución  del  local la comodataria  se  seguía  apropiando  de  la  renta  correspondiente.  Entonces, insiste,  la  solicitud de preclusión  formulada  por  la fiscal local carecía     de     fundamento    probatorio  y,  asegura, ni siquiera  se sustentó.    

Por  otra  parte,  respecto del   argumento   del  Tribunal,  según  el  cual  la  fiscalía  acusadora,   al   formular  los  cargos   contra   Monroy  López,      no     precisó     ni     probó     cuáles  en  concreto  fueron  las  actuaciones  que  aquella   ha   debido  adelantar,  el  apelante  asegura  que la actividad probatoria echada  de  menos  sí se precisó  de  manera específica en  el  curso  de  la  actuación: en ella se dijo que la  funcionaria  de  la  fiscalía  ha  debido  acreditar la existencia y estado del  proceso  civil  ejecutivo,  la  ubicación  del  bien,  la calidad del secuestre, la entrega del  inmueble,  así  como  realizar  un  programa  metodológico  e  impartir las órdenes correspondientes.   

Por  no  hacer  lo  anterior, concluye        el        fiscal  impugnante,  la  orden de  archivo  proferida  por  la  Fiscal 4ª Local  se  fundó en el incumplimiento  de    la    ley   y   las   decisiones judiciales.   

Afirma,  por otra parte, que, al contrario de lo que sostiene  el  Tribunal, la carpeta correspondiente a  la actuación cumplida por la Fiscal 4ª Local sí fue  allegada  de  manera completa, aunque desordenada, lo cual se  explica  por  la  extracción  de  documentos que realizan los funcionarios y su  descuido al reincorporarlos.   

Insiste    en    que    la    conducta    del   secuestre   era   ilícita,   por  cuanto  no  rindió  cuentas,  no  procuró     la    entrega    del    local  a  la  nueva propietaria después del remate, al tiempo que  también  afectó  de  manera grave al propietario al que se le remató el bien,  así  como  a  su  nueva  dueña  Francia  María  Vásquez, quien no recibió  ninguna      compensación      por      el      agravio     sufrido.   

Por  todo  lo  anterior,  el recurrente  solicita  que la   decisión   absolutoria   sea   revocada   y,  en  su  lugar,  la  procesada Olga Lucía  Monroy       López       sea      condenada    según    los    cargos  formulados.   

V. ALEGATOS DE  LOS NO RECURRENTES   

1.    La  representante  del  Ministerio  Público   reclamó   la   confirmación   de   la   absolución  apelada.   

Luego de recordar los hechos fijados   en   el  pliego  de  cargos,  señala  que del material probatorio recopilado en el  proceso  se  evidencia que la decisión de          archivo          que          se          cuestiona         se   fundó   en   que   no   se   encontró  apoyo  probatorio para predicar la tipicidad  de  la  conducta;  y  aún  cuando  el  secuestre no  acudió  oportunamente  a  hacer  la  entrega del local, de todos modos ello no puede tenerse como conducta  dolosa,  encaminada  a  obtener  un  provecho  o a afectar el bien jurídico que  tutela la norma.   

Fue  por  lo  anterior        que       la       Fiscal      4ª      Local,     hoy     procesada,  se  reafirmó  en  su  posición de  preclusión,    argumentando    que   aún    cuando    el    inmueble    no    se   hubiera   entregado  oportunamente y el mismo no era apto para suplir los  gastos         que        generaba,   tales  circunstancias   debían   resolverse  en  sede  civil.  Lo  anterior,  dice  la  procuradora,  no  deja  ver  un  ánimo  de  la  acusada  orientado a omitir sus  obligaciones  e incurrir en el delito de prevaricato,  pues   si  la  denunciante  sufrió  un  agravio  este  ha  debido  discutirse       en       un       proceso       civil.   

2. El defensor  de  la  procesada  alega  que  la  conclusión de la  fiscalía  acusadora, en  el   sentido   de   que   el  inmueble  produjo  una  renta  que no recibió la propietaria, es apenas una  especulación.   La  única  renta  que  generó  el  local fue      la     necesaria  para  cubrir  los  gastos  propios del mantenimiento, los cuales  fueron  asumidos  por  la  comodataria gratuita, sin que la fiscalía acreditara  una   ganancia   adicional   constitutiva   de   un  enriquecimiento      indebido,      ganancia     que     no     podía    configurarse    por las precarias condiciones del local.   

Tampoco      demostró  el  fiscal  recurrente  que no era  legalmente   posible  entregar  el  inmueble  en  comodato  gratuito;  al  secuestre  le corresponde velar  por     la     conservación     del    predio    que    recibe    y,   de   serle   posible,  buscar  que produzca renta, que fue  lo  que  aquí  se  hizo, pues a través del comodato se evitó que subieran     los     gastos     por  administración y servicios.   

Reprocharle   a   la   fiscal   acusada  que no hubiera actuado de  una  forma  determinada  desconoce  que el     material    allegado    junto  a   la   denuncia,  así  como  la  autonomía  que  a aquella le asistía, le  permitía   orientar   la   investigación   hacia   uno   u  otro  rumbo,  como  legítimamente  lo  hizo.  Por otra parte, afirmar que claramente la funcionaria  actuó   de   forma   contraria   a  la  ley  es  una  especulación.     Así    mismo,   pregonar  que los elementos con los  que   contaba   la  hoy  acusada  la  obligaban a adoptar otra determinación  es       una       apreciación      personal      del      acusador, que no deslegitima los razonamientos  expresados  por  la  funcionaria en la providencia de  archivo  y en la    solicitud    de   preclusión      que     hoy     se  cuestionan.    

Agrega que debe distinguirse entre   la   conducta   del   secuestre   y   la   de   la  fiscal  acusada.  Critica que el  fiscal    impugnante  fundara  su argumento en una decisión que a la hora  de  “cortar”    la   investigación   no   se  había     producido;     tal    cosa,  dice, desestima su tesis         acusatoria,  porque  no conoce los resultados de  la        citada        decisión.   Agrega   que  si,  como  lo  dice  el  apelante, la servidora de la fiscalía  se  apoyó  en  los  elementos  allegados junto a la denuncia y en los aportados  más    adelante   por   el   secuestre,   entonces  no   era   necesario  que  aquella  los  solicitara  nuevamente.   

Reprocha  que  el  recurrente  reclame  que  el sentenciador debía  tener  en  cuenta la situación prevalente al momento de iniciarse la actuación  y  no  advierta  que  en  últimas  la Fiscalía 222  Seccional  archivó  la  actuación  penal a favor  del secuestre y la comodataria.    

Califica   de  grave  que  el   ante   acusador   afirme  que  la  dra      Monroy  López  ocultó una renta  existente,  adicional  a  la  necesaria  para  cubrir  los  gastos  propios  del  local.   La  ganancia  que  pregona la  fiscalía  recurrente no      existió      ni  la pudo demostrar. Así, se pone en  tela  de juicio la legalidad de un fallo por insistir  el  apelante  en  que  se  ocultó  un hecho que sí  constituía  delito.  Que  el  secuestre  no hubiera rendido cuentas     durante    31    meses,  es  un asunto que le competía al  funcionario  judicial  que  lo  nominó,    mas   no   a   la   Fiscal       4ª      Local,      quien      se    ocupó    de    tramitar   la   denuncia,   y   fue  con  fundamento  en  esta última  que  orientó el rumbo de  su     actuación,    tal    como    lo  hizo  el  Juzgado 30 Civil Municipal. No existió, entonces, la  falta de movimiento que se le atribuye a la fiscal acusada.   

Tampoco  tiene relevancia para el proceso  penal  que  el  local comercial no hubiera sido entregado voluntariamente por el  secuestre  sino a través de una inspección de policía, pues ello se trató en  sede  civil  y  se  resolvió  a favor del auxiliar de la justicia, comoquiera  que  no  se determinó que  aquel hubiera percibido la ganancia que alegó la denunciante.   

De  manera  concordante  con lo anterior,  agrega  que  fue  el  propio  testigo  de cargo de la  fiscalía  el  que  afirmó  que no existía ninguna  posibilidad   de   obtener   una   renta,  debido  a  la mala ubicación del inmueble; por tanto, insiste,  no  existió  ni  se  probó  un  enriquecimiento del  secuestre o de la comodataria.   

Respecto  de  la  omisión frente al plan  metodológico,  señala  que  la  fiscal  hizo lo que  tenía  que  hacer, pues valoró lo que se le acercó  y  concluyó  que  era  la  jurisdicción  civil  la  competente para resolver la cuestión.   

Concluye que el argumento de apelación de  la  fiscalía  apelante  configura una especulación. Por tanto, solicita que se  confirme         la        sentencia        absolutoria.       

VI.   CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE   

El pronunciamiento de la Sala consistirá en  determinar,  conforme  con  los  hechos  probados  y  los  argumentos del sujeto  procesal   recurrente   y   los   no   recurrentes,   si  la  dra.  Olga   Lucía   Monroy   López,   en  su  condición  de  Fiscal  4ª  Local  de  Bogotá,  al  emitir  una resolución de  archivo,  solicitar una audiencia de preclusión y dejar de atender la decisión  de  desarchivo  dispuesta  por  el  juez de control garantías, incurrió en las  conductas punibles de prevaricato por acción y por omisión.   

1.  Así  las  cosas, para la solución del  caso  es preciso dilucidar, en primer lugar, lo referente a la configuración de  las  conductas punibles atribuidas a la procesada (prevaricato por acción y por  omisión),  y  enseguida  determinar  cómo  debe  cumplirse la actuación de la  fiscalía  en  la  precisa  etapa  procesal  en  que  ocurrieron  las acciones y  omisiones que se le imputan a la entonces Fiscal 4ª Local.   

1.1.   La   conducta   de   prevaricato  por acción que se le atribuye  a   la   funcionaria   judicial   Olga  Lucía  Monroy  López    exige   que  la  resolución,  dictamen  o  concepto proferidos sea  manifiestamente  contrario  a  la  ley, esto es, no basta que la providencia sea  ilegal  sino  que  la contradicción con la norma debe ser de tal entidad que se  advierta de modo ostensible.   

En  otras  palabras,  este  tipo  penal  se  encuentra  constituido por tres elementos, a saber: un sujeto activo calificado,  es  decir,  que  se  trate  de  servidor  público; que ese funcionario profiera  resolución,  dictamen  o  concepto; y que éste sea manifiestamente contrario a  la ley.   

En  torno a la estructura del prevaricato y  cómo  se  establece  la contrariedad manifiesta de una decisión con la ley, la  Corte   ha   dicho   lo   siguiente  (CSJ  SP,  23  de  febrero  de  2006,  Rad.  23901):   

“…la  resolución,   dictamen  o  concepto  que  es  contrario  a  la  ley  de  manera  manifiesta,  es  aquella que de su contenido se infiere sin dificultad alguna la  falta  de sindéresis y de todo fundamento para juzgar los supuestos fácticos y  jurídicos  de  un  asunto sometido a su conocimiento, no por la incapacidad del  servidor  público  y  si por la evidente, ostensible y notoria actitud suya por  apartarse de la norma jurídica que lo regula.”   

“La  conceptualización  de  la  contrariedad manifiesta de la resolución con la ley  hace  relación entonces a las decisiones que sin ninguna reflexión o con ellas  ofrecen  conclusiones  opuestas  a lo que muestran las pruebas o al derecho bajo  el  cual  debe  resolverse el asunto, de tal suerte que el reconocimiento que se  haga  resulta  arbitrario  y  caprichoso  al  provenir  de  una deliberada y mal  intencionada  voluntad  del  servidor  público  por contravenir el ordenamiento  jurídico.”   

“En  consecuencia,  no caben en ella las simples diferencias de criterios respecto de  un  determinado  punto  de  derecho,  especialmente frente a materias que por su  enorme  complejidad o por su misma ambigüedad admiten diversas interpretaciones  u  opiniones,  pues  no  puede ignorarse que en el universo jurídico suelen ser  comunes  las  discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no ofrecerían  dificultad alguna en su resolución.”   

“Como tampoco  la  disparidad  o  controversia  en la apreciación de los medios de convicción  puede  ser  erigida  en  motivo  de  contrariedad,  mientras  su  valoración no  desconozca  de manera grave y manifiesta las reglas que nutren la sana crítica,  pues  no  debe  olvidarse  que la persuasión racional elemento esencial de ella  permite  al juzgador una libertad relativa en esa labor, contraria e inexistente  en un sistema de tarifa legal.”   

“Sin embargo,  riñen  con  la  libertad relativa la apreciación torcida y parcializada de los  medios  probatorios,  su  falta  de  valoración o la omisión de los oportuna y  legalmente  incorporados  a  una  actuación,  en  consideración  a  que por su  importancia  probatoria  justificarían  o  acreditarían  la decisión en uno u  otro  sentido  a  partir  del  mérito  suasorio  que se les diera o que hubiera  podido otorgárseles”.   

Cuando     se     configura    este  comportamiento,        es        evidente,   entonces,  un  distanciamiento entre el derecho aplicable y el usado en el caso  concreto,   lesionando   el  bien  jurídico  de  la  administración  pública,  traducido  en  el sometimiento del Estado al imperio de la ley en sus relaciones  con  los  particulares,  en  virtud del cual, los asuntos de conocimiento de sus  servidores,  en esta caso de la Fiscalía General de  la  Nación, deben ser resueltos con fundamento en la  normatividad   que  los  rige,  garantizando  de  esta  forma  la  vigencia  del  ordenamiento y la pacífica convivencia del colectivo social.   

En otras palabras, en el dolo  -entendido  como  el  conocimiento (saber) y voluntad (querer) que  componen    el    tipo    objetivo-   debe  coexistir  el conocimiento de la manifiesta ilegalidad de la  decisión    y    la    conciencia   de  que  con  ella  se  vulnera injustamente el bien jurídico de la  recta  definición  del  conflicto puesto en conocimiento del servidor público,  en   el   entendido   de   que   este  podía     y     debía     pronunciarse     con    sujeción  a  la  ley  y  a  la  justicia,  sin que sea relevante la  motivación para actuar de esa manera.   

Así,  la  evidente  contradicción de lo  resuelto  con  la  norma debe observarse en el contexto de la providencia, en el  sentido  de  identificar  qué  tan cerca o qué tan lejos se estuvo de aquella,  sin     perjuicio,     desde     luego,     de    respetar    la    autonomía     de     interpretación    de    que    goza    el    funcionario   judicial  para tomar su  decisión, según así lo dispone el  artículo  228  de  la  Constitución Política. Sin  embargo,  esa  autonomía no puede rayar en la independencia absoluta de la ley,  esto   es,  en  el  alejamiento  total  de  su  sentido,  porque,  entonces,  se  incurriría  en  la  arbitrariedad  y  en el capricho  (CSJ  SP, 15 de julio de 2009, Rad. 31780).   

1.2.  A  su  turno, esta Colegiatura, en la  providencia     últimamente    reseñada,    caracterizó    el    prevaricato  por  omisión de la siguiente  manera:   

“El tipo de  injusto  del  prevaricato  por  omisión  en su fase subjetiva es esencialmente  doloso  y  reclama  en  su  descripción  que  el servidor público omita,   retarde,  rehúse  o  deniegue  un  acto  propio  de  sus  funciones,  lo  cual  implica  que el autor tenga la  representación  efectiva  y  actual  de la contrariedad de su actuación con la  ley”.   

“Se  estructura  por  el  incumplimiento  de  un  deber legal propio del funcionario,  mediante  cualquiera  de las conductas alternativas previstas en su descripción  típica,  lo cual constituye el aspecto objetivo de la infracción; sin embargo,  es  indispensable  que  la  omisión,  retardo,  rehusamiento  o denegación sea  voluntaria,  es decir, que tenga conocimiento de que con su “no hacer” falta  a  sus  deberes  oficiales (por mandato del artículo  122  de  la  Carta  Política,  no  habrá cargo público que no tenga funciones  detalladas     en     la     ley     o     en     el     reglamento)”.   

“La omisión  es  dejar  de realizar el acto funcional dentro del término señalado en la ley  o  dentro  del cual es fértil para producir efectos jurídicos normales. Por su  parte,  el  retardo  es  la realización del acto por fuera del plazo legalmente  determinado,  es  decir,  dentro  del  cual  resultaba  útil.  En  tanto que el  rehusamiento  reside  en  la  negativa  a  realizar  el  acto ante una solicitud  válidamente presentada”.   

“En  consecuencia,  se trata de una actuación dolosa que demanda el conocimiento del  carácter  del  acto  omitido  como  propio  de  las funciones constitucionales,  legales  o  reglamentarias  discernidas  en  el  agente.  Es una omisión ilegal  acompañada  de  la  voluntad  libre  de  realizar  cualquiera de las hipótesis  alternativas  que  conjuga  el  artículo  414 de la Ley 599 de 2000”.   

1.3.    Ahora    bien,    la  finalidad del procedimiento penal es reconocer y establecer una  verdad  jurídica a la cual se llega a través de las pruebas que legal, regular  y  oportunamente  se  aportan  al  proceso y se valoran según las disposiciones  vigentes.  Así,  el  cometido  de  los medios de convicción es hacer conocer a  otros  la verdad deducida en el proceso y     establecer    sus    consecuencias    jurídicas.   

De allí que el funcionario judicial ha de  adoptar  las  decisiones  con  fundamento  en  las pruebas allegadas.  En  tal sentido, la Ley 906 de 2004  establece  en  el  artículo  372 que: “las pruebas  tienen  por fin llevar al convencimiento del juez, más allá de duda razonable,  los  hechos  y  circunstancias materia del juicio y los de responsabilidad penal  del  acusado,  como autor o partícipe”, y el canon  siguiente  reza:  “los  hechos y circunstancias de  interés  para  la solución correcta del caso, se podrán probar por cualquiera  de  los  medios establecidos en este código o por cualquier otro medio técnico  o    científico,    que    no   viole   los   derechos   humanos”.   

En      consecuencia,  las  decisiones que se profieran al  interior  de  los  procesos  deben  estar  soportadas en los elementos de prueba  legal  y oportunamente incorporados; asimismo, su análisis crítico, individual  y  en conjunto debe estar acompañado de una adecuada  motivación   en   cuanto   a   la  calificación  y  asignación del mérito probatorio.   

Por  otra parte, dígase que el archivo y  preclusión  de la actuación encuentran sustento en el  artículo  66  de  la  Ley  906  de  2004, el cual, en lo pertinente, dispone lo  siguiente:   

“El  Estado,  por  intermedio  de  la  Fiscalía  General  de la Nación, está obligado a ejercer la acción penal y a  realizar  la  investigación  de los hechos que revistan las características de  un  delito,…  salvo las excepciones contempladas en la Constitución Política  y este código.   

“No  podrá en consecuencia, suspender,  interrumpir  ni  renunciar  a  la  persecución  penal,  salvo  en los casos que  establezca la ley para aplicar el principio de oportunidad…”   

De lo anterior se infiere, entonces, que la  Fiscalía  no  siempre  estará dispuesta a acusar contra toda prueba o ausencia  de  la  misma,  sino  que al no llegar al grado de conocimiento o convencimiento  requerido  en  cada  etapa  procesal  (imputar,  acusar,  pedir  condena),  debe  archivar  la actuación o solicitar al juez de conocimiento la preclusión de la  investigación,  en  los  términos  fijados  en  los  artículos  79  y  331  y  siguientes de la Ley 906 de 2004.   

Así    las    cosas,    tratándose  del  archivo  o  preclusión  de la investigación es  imprescindible  que  tales  determinaciones vengan acompañadas de los elementos  materiales   de   prueba  o  evidencia  física  necesarios  para  demostrar  la  configuración  de  la  causal  alegada,  en  el  entendido  de  que el servidor  judicial,  dentro  de los límites que le impone la ley y teniendo en cuenta que  en  nuestro  país  no  opera,  en  principio,  la  tarifa  probatoria,  goza de  autonomía  para  decidir  si  los elementos de que dispone le permiten llegar a  una cierta determinación.   

Por  otra  parte,  es  del  caso precisar  que  la indagación preliminar tiene como propósito  establecer   la  ocurrencia  de  los  hechos  llegados  al  conocimiento  de  la  fiscalía,   determinar  si  constituyen  o  no  infracción  a  la  ley  penal,  identificar  o cuando menos individualizar a los presuntos autores o partícipes  de  la  conducta  punible  y  asegurar  los  medios  de convicción que permitan  ejercer  debidamente la acción punitiva del Estado; si el fiscal al sopesar los  resultados  obtenidos  constata  “que  no  existen  motivos  o  circunstancias  fácticas  que  permitan  su  caracterización  como  delito,    o    indiquen    su    posible    existencia   como   tal”,  tendrá  que  disponer  el  archivo  de la investigación de  acuerdo con el artículo 79 del Código de Procedimiento Penal.   

Pero,  si  ocurre  alguna de las causales  previstas   en   el   artículo   332   de   la   Ley  906  de  20041,   o  de  extinción   de   la   acción   contemplada   en  el  artículo  77  del  mismo  estatuto2,  deberá  solicitar  la preclusión de la investigación al juez  de      conocimiento.      Tal      decisión  puede  ser adoptada en la indagación, esto es, sin que  medie  imputación,  después  de  haberse  formulado  esta  última, o bien por  causales objetivas en la fase de juzgamiento.   

2.  Frente  a los lineamientos precedentes,  esta   Colegiatura  anticipa  su  determinación  de  confirmar  la  providencia  apelada. Las razones son las siguientes:   

2.1.  El  fiscal  apelante  reprocha que el  Tribunal  no tuviera en cuenta el contexto fáctico vigente al mes de octubre de  2006,  época  para  la  cual  el  inmueble  no tenía inconvenientes, no estaba  abandonado  y  debía producir una renta, de la cual la comodataria se apropió.  Alega   que   la   Corporación   a  quo  no  ha  debido  tener en cuenta el contexto existente para el año  2004,  cuando  el  local  comercial  estaba  abandonado, sólo generaba gastos y  estaba en mal estado.   

Pues  bien,  al  respeto  la Sala tiene que  decir  que  la distinción y diferenciación que hace el fiscal impugnante entre  dos  contextos históricos -el vigente en 2004 y el existente en 2006, cuando se  formuló  la denuncia- resulta improcedente y artificial, pues en realidad hacen  parte  de  los  hechos  objeto  de  investigación considerados por el Tribunal.   

En efecto, fue debido al estado de abandono,  deterioro  y  escasa  vocación  comercial  que tenía el inmueble por lo que el  secuestre  lo  entregó  en comodato gratuito a Nancy Escamilla Bocanegra, quien  asumió  los gastos necesarios para ponerlo en condiciones productivas; es sobre  esta   última  situación  que  la  fiscalía  acusadora  predica  la  supuesta  apropiación,  por  parte  de  la  comodataria  y  del  secuestre, de una renta,  apropiación  que  -según  la  tesis  de  cargo-  la  Fiscal  4ª  Local,  dra.  Monroy    López,    no  investigó.   

En  estas condiciones, surge nítido que el  fundamento  acusatorio  tiene  su  génesis  en  el  hecho de haber el secuestre  entregado  el  inmueble  a  título  de  comodato gratuito, circunstancia que se  produjo  en  una  época  en  que  el  bien se encontraba en un estado de franca  improductividad.  Dicho  acuerdo  -la gratuidad de la entrega de un bien que era  comercial-  es  lo  que  da  pie  a  deducir  que  el secuestre y la comodataria  estuvieran  apropiándose  de  una supuesta renta que habría debido percibir la  propietaria  Francy  María  Vásquez,  hecho  que  -según el ente acusador- no  investigó  a  profundidad la funcionaria aquí procesada.  Así las cosas,  lo  cierto  es  que  la  entrega  a  título  gratuito  del  local y la supuesta  apropiación  de  una  renta  no son escenarios distintos sino aristas del mismo  problema,  que  -contrario  a  lo  que  sugiere el fiscal impugnante- han venido  siendo  considerados  simultánea  y conjuntamente y no de manera aislada.    

Ahora  bien, que el auxiliar de la justicia  acaso  no  tuviera  la facultad para entregar un local de naturaleza comercial a  título  gratuito y, de manera correlativa, que por ese mismo motivo haya debido  pactar  con  la  señora  Francia  María  Vásquez  un  canon  o  renta  que le  correspondería  percibir a la nueva propietaria, es un asunto que, como bien lo  percibió  la  fiscal  hoy acusada desde un principio, ha debido ser resuelto en  sede  civil,  pues  toca  directamente  con  el  posible  incumplimiento  de las  funciones   del   secuestre.  De  suerte  que  -aún  cuando  pudieran  caber  y  desarrollarse  otras  hipótesis  e interpretaciones de los mismos hechos-   no  dejaba  de  ser  razonable la que asumió la funcionaria investigadora, esto  es,   el   tratamiento   de  los  acontecimientos  denunciados  como  penalmente  irrelevantes.   

No  es,  entonces,  como  lo  pregona  el  recurrente,  que  la  conducta  del secuestre y la comodataria fuera atípica en  2004,  pero  no lo fuera al momento en que se presentó la denuncia; que en 2004  el  secuestre  Leal  Prada  entregó  indebidamente  el  inmueble  comercial  en  comodato  y,  por  ello,  dejó  de  obtener  una  renta  que debió percibir la  propietaria  son  los  hechos  que  fueron puestos a consideración de la fiscal  local  Monroy  López, quien  los apreció de la forma ya mencionada.   

Por  tanto,  si  la decisión de archivo se  fundó,  en esencia, en que “Luis Enrique Leal Prada  celebró  un  contrato  de  comodato  a  título  gratuito  con  Nancy Escamilla  Bocanegra,  cuando  la  ley  no  lo  facultaba para ello. Que dicho local le fue  adjudicado,   sin   embargo   Nancy   Escamilla   se   habría   negado   a   su  entrega”  y,  en  consecuencia, no  exploró en  detalle,  como  ahora  lo  pide el recurrente, la omisión de rendir cuentas del  auxiliar  de  la  justicia,  si  era o no legal o razonable la entrega del local  comercial  a  título  gratuito,  su estado de abandono, la posible renta que el  inmueble  podría  generar,  tal  omisión  argumentativa  -la  cual  el  fiscal  delegado   ante  el  Tribunal  pretende  calificar  de  prevaricadora-  resultó  evidentemente   consecuente   con   la  visión  del  problema  que  acogió  la  funcionaria,  esto  es,  que  dichos  asuntos  debían discutirse en sede civil.   

Afirmar  que de haber considerado la fiscal  local   las   circunstancias   anotadas   en   precedencia   habría   concluido  necesariamente    que    la   conducta   “no   era  razonablemente  atípica”, constituye un tratamiento  del   problema   y   una   hipótesis   distinta  a  la  adoptada  por  aquella,  interpretación  que  no  por  plausible  -según  el razonamiento del apelante-  resulta  por sí misma idónea para mutar en frontal y manifiestamente ilegal el  entendimiento que al panorama probatorio le impartió aquella.   

2.2.  En  cuanto  a que la Fiscal 4ª Local  omitió  la práctica de pruebas después de que se dispusiera el desarchivo del  diligenciamiento,  es  preciso  recordar los argumentos judiciales sobre los que  se fundó dicha determinación:   

a)  En audiencia  del  7 de septiembre de 2007, el Juez 20 Penal Municipal con Función de Control  de  Garantías,  tras  advertir  que el secuestre, luego de 8 meses de no rendir  cuentas,  no  entregó  el  inmueble  y,  por  tal  motivo, ya fuera que hubiese  generado  ganancias  o no, produjo un perjuicio para la propietaria, estimó que  la  decisión  de  archivo  fue  apresurada,  pues pudo configurarse un abuso de  confianza  o  fraude a resolución judicial, y “toca  investigar  eso”.  Con  este razonamiento ordenó el  desarchivo de las diligencias.   

b)  Apelada  la  anterior   determinación  por  la  Fiscal  4ª  Local  y  el  defensor  de  los  indiciados,  el  Juez  18  Penal  del  Circuito  con Función de Conocimiento de  Bogotá,  en  audiencia  celebrada  el  27  de  septiembre  de  2007,  resolvió  confirmar la determinación de desarchivo recurrida.    

Argumentó, en síntesis, que según la Ley  906  de  2004  las  víctimas  no  pueden  solicitar  la audiencia de control de  garantías,  pero  que  por  razón  del  principio  de  igualdad de armas y los  lineamientos  fijados  en  la  sentencia  C-1154  de  2005,  aquellas sí pueden  hacerlo  en  procura  de  la  protección  de  sus  derechos, entre otros, el de  oponerse al archivo dispuesto por la fiscalía.   

Y  si las diligencias estuvieren archivadas  -agregó   el   funcionario   judicial-,   las  víctimas  podrán  reclamar  el  desarchivo,  exigir  la  continuación  de  la investigación y pedir que se les  comunique   el   resultado,   sin  que  al  fiscal  que  archivó  le  sea  dado  “mandar  a  las  víctimas para su casa”.  Éstas podrán o no tener la razón para pedir la solicitud de  desarchivo,  o  en  cuanto  a  si  configura  uno u otro delito, pero ello no es  asunto  que  le  competa  decidir  al juez de control de garantías, sino que es  problema de un juicio.   

Por   tanto,  concluyó,  “no  tienen razón los recurrentes, la decisión del juez de primera  instancia está ajustada a la ley”.   

En  esta oportunidad, en sede de apelación  de  la  sentencia,  el  fiscal impugnante alega que la funcionaria a cargo de la  Fiscalía  4ª  Local  incurrió  en  prevaricato  por  omisión,  toda  vez que  desatendió  la  orden impartida por los jueces 20 de Control de Garantías y 18  de Conocimiento.    

Pues  bien,  al  respecto la Sala tiene que  decir  que  en  verdad,  aparte de disponer el desarchivo de las diligencias con  fundamento  en que su archivo fue apresurado y “toca  investigar  eso”, no se configuró una orden judicial  precisa  que  le  indicara  a la entonces Fiscal 4ª cuál o cuáles diligencias  habría  de  practicar,  además  de  que  no  le corresponde al juez indicar la  actividad probatoria de la fiscalía.     

Así  las  cosas,  si  la  hoy  procesada  mantenía  su convicción de que, frente a los elementos de juicio recavados con  anterioridad,  el  argumento  de  la atipicidad de la conducta igualmente podía  sustentar   una   decisión   de  preclusión,  entonces  su  aparente  omisión  probatoria  carece del dolo requerido para concluir que deliberadamente y con el  fin   de  afectar  la  correcta  e  imparcial  administración  de  justicia  se  desentendió   del   asunto   para  favorecer  o  perjudicar  a  alguno  de  los  intervinientes.   

Recuérdese  que,  como bien lo expresó el  Fiscal  67  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá en el recurso de  apelación,  la  función investigativa del ente acusador tiene límites; éstos  -agrega  la  Corte- están fijados por criterios de razonabilidad. De manera que  ante  la  particular  visión,  entendimiento y orientación estratégica que de  manera  autónoma  el  funcionario  instructor  haya  establecido  frente  a una  determinada  actuación,  resulta  improcedente  -por violatorio a la autonomía  investigativa  que  le  asiste-  exigirle  que se embarque en una incierta tarea  investigativa  y  de acopio probatorio si razonablemente estima y se avizora que  escasa utilidad -por no decir nula- le va a reportar.   

Lo  anterior  no  justifica que el inferior  pueda,  sin  más,  desatender  el  requerimiento  impartido por el superior, en  ejercicio  de  la doble instancia. Pero, en el caso concreto, véase cómo ni el  Juez  20  con  Función de Control de Garantías como tampoco el 18 del Circuito  de   Conocimiento   supieron   a  ciencia  cierta  cómo  debía  orientarse  la  investigación   para  alcanzar  una  conclusión  distinta  al  archivo  de  la  actuación,  pues  mientras  el  primero  dijo  apenas  que la determinación de  archivo   había   sido   apresurada  y  que  “toca  investigar  eso”,  su  superior  solamente  atinó a  recordar   los   derechos  de  las  víctimas  a  pedir  el  desarchivo  de  las  diligencias.   

Tampoco en este proceso la fiscalía llegó  a  precisar  en  el  escrito  de acusación y en la audiencia de su formulación  cuáles  eran en concreto las actuaciones que ha debido surtir la hoy procesada,  frente a la orden de desarchivo.   

Tal silencio puede constatarse en el pliego  de  cargos, en donde aparece que el ente acusador menciona genéricamente que se  omitió  realizar  actos  de  investigación frente al hecho de que existía una  renta  que  habría  sido  apropiada  por  el  secuestre y la comodataria, y que  “no  se  tenía acreditada la existencia del hecho,  sus  circunstancias,  la  identidad de sus autores, antecedentes, naturaleza del  bien,   etc.”.    Nótese   que,   aparte   de  genéricas,  estas  actuaciones  apenas enunciadas en nada desvirtuaban la tesis  de  la  Fiscal  4ª Local, en el sentido de que el asunto debía ser resuelto en  sede civil.   

Fue, entonces, por razón de los imprecisos  pronunciamientos  de  los  jueces  antes  mencionados  por  lo que la Fiscal 4ª  Local,  con  el fin de obtener un pronunciamiento definitivo sobre la atipicidad  de  la  conducta  -mas  no  por  omitir  deliberadamente  el cumplimiento de sus  funciones  y violar el bien jurídico que tutela la norma-, acudió ante el juez  de  conocimiento en busca de una preclusión, pretensión que resultaba del todo  acorde  y  consecuente  con  su  tesis,  según  la  cual  el caso sometido a su  consideración  carecía  de relevancia penal, por tratarse de un tema netamente  civil,  apreciación  que  podrá  compartirse  o  no, pero que por sí misma no  resulta infundada.   

Se  dirá  que  la  Agente  del  Ministerio  Público,  a  través  de su comunicación del 1º de octubre de 2007, procuró,  de  alguna  manera,  concretar  los  imprecisos  pronunciamientos judiciales que  determinaron el desarchivo del expediente.   

Pero  la  funcionaria  de  la  Personería  terminó  por  incurrir  en  idénticas imprecisiones, pues afirmó en el citado  escrito  que,  en  su  concepto,  el  archivo  del  expediente estaba ajustado a  derecho,  en  la  medida  en que los hechos protagonizados por el secuestre y la  comodataria     no     configuraban     “conducta  penal”.   

Pero,  de  manera  contradictoria enseguida  solicitó   un   nuevo   análisis   del   diligenciamiento   y  “si  es  del  caso” la elaboración de un  programa        metodológico,        encaminado        al       “esclarecimiento    de    los   hechos”  -petición  igualmente  imprecisa  y  genérica-,  identidad  y  arraigo  de los  indiciados,  el estado del proceso adelantado en el Juzgado 30 Civil Municipal y  las  diligencias  atinentes a la entrega del inmueble. Así las cosas, lo que se  desprende  del  pedido  del  Ministerio  Público  es  un nuevo análisis de los  elementos  existentes  en el expediente y la opción para que se alleguen nuevos  elementos  de  juicio,  según la discrecionalidad que a la fiscalía le asiste.   

2.3.  Ha dicho insistentemente el Fiscal 67  Delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá que no cabe duda de la existencia  de  una  renta  de  la  cual  se  apropiaron  los  indiciados -el secuestre y la  comodataria-,  prueba  de  lo  cual  fue que esta última le ofreció a la nueva  propietaria  del  inmueble  el  pago  de  un  arriendo  de $300.000, suma que no  aceptó la denunciante.    

Ante  dicha  afirmación, surge acertada la  conclusión  de  la  Corporación  a  quo,  cuando  afirmó que el ente acusador no probó en este proceso su  teoría  del  caso.  Ello  es así, porque evidentemente no se acreditó que los  entonces  indiciados  se  hubieran  apropiado  de  una  renta,  aserto que no se  compadece  del  contenido  de  la  denuncia,  pues  en  ella la quejosa llama la  atención  en  cuanto  a  la entrega del local por parte del secuestre a título  gratuito,  lo  que  de  entrada  descarta  que  hubiera mediado un canon del que  aquellos  se  hubieran  apoderado.  Cosa  distinta es que el secuestre estuviera  facultado  para  entregar  el local de manera gratuita, pero -una vez más- ello  bien  podría  resolverse  ante  el  juez  civil  correspondiente,  pues  tocaba  directamente  con el posible incumplimiento de sus atribuciones como auxiliar de  la justicia.   

3.        En       conclusión,  la conducta de la procesada,  dra.    Olga    Lucía   Monroy   López,  entonces  Fiscal  4ª  Local  de  Bogotá, no fue manifiestamente  contraria  a  la  ley, toda vez que dentro de la autonomía que le asistía para  tramitar  la  denuncia  formulada  por la quejosa Francia María Vásquez Mesa y  según  los elementos de juicio de que disponía, entendió que el asunto puesto  a  su  conocimiento  era  de  competencia  de  la  jurisdicción  civil.  De tal  conclusión  podrá  discreparse,  posiblemente  otro fiscal habría resuelto de  manera  distinta,  pero  -se  insiste- ello no convierte en ilegal su estrategia  para abordar el asunto.    

Así  mismo,  cabe concluir que no existió  una  frontal  y  dolosa oposición a las decisiones judiciales que le impusieron  desarchivar  el  expediente,  pues  en  concreto  no se observa por parte alguna  cuáles,  exactamente,  fueron  las  actuaciones  que el juez de garantías y su  superior  la  conminaron  a  practicar, ni el fiscal acusador las identificó en  este  proceso.  Lo  anterior,  en el entendido de que, en todo caso, al juez que  ordenó  el  desarchivo  no  le  correspondía  entrar a preciar cuál o cuáles  diligencias   en   particular   debía  acometer  la  fiscal  investigadora  del  caso.   

Por  el contrario, la tesis adoptada por la  servidora  de  la Fiscalía -la atipicidad de la conducta-  fue consecuente  con  la solicitud de preclusión formulada al funcionario de conocimiento, tesis  que,  por  demás, fue acogida finalmente por la Fiscalía Seccional 222 de esta  ciudad,  la  cual  terminó  por  archivar  las diligencias el 6 de diciembre de  2011,  lo  que permite inferir que no dejaba de ser razonable la interpretación  que  de  los  hechos  asumió  la  Fiscal 4ª Local.  Lo anterior no quiere  decir  que la decisión de archivo que finalmente puso fin a la actuación penal  contra  el  secuestre  Leal Parada y la comodataria Escamilla Bocanegra tenga la  virtud  de  convertir  en  legal  lo ilegal -si acaso esta última hipótesis se  hubiera  acreditado-. Pero, sin duda, es un elemento de juicio más que refuerza  la  convicción  de  esta Colegiatura sobre lo razonable del manejo procesal que  se   le   impartió   a   la   actuación   por   parte   de   la   fiscal   hoy  procesada.   

De  regreso a los lineamientos plasmados al  inicio  de  esta  providencia,  dígase,  entonces,  que  frente  al  delito  de  prevaricato,  activo  y  omisivo,  no  se cumple la exigencia de la manifiesta y  ostensible  ilicitud  en  las decisiones proferidas por la servidora pública o,  lo  que  es  lo mismo, la contradicción evidente entre lo resuelto y la ley; lo  que  se  configuró  fue  un conjunto de actuaciones encaminadas a concretar una  cierta  interpretación  -concebida  en ejercicio de la autonomía que le asiste  al funcionario investigador- de los hechos denunciados.   

Tampoco  se  advierte  un dolo específico,  encaminado  a  inferir un daño a la administración o a terceros, en particular  a  perjudicar  o  favorecer  a  quienes  intervinieron  en  la  actuación penal  sometida a estudio o desentenderse de los deberes funcionales.   

Así  mismo,  la omisión probatoria que la  fiscalía   acusadora   reputa  ilegal  encontró  explicación  en  la  postura  jurídica  que  guió el tratamiento jurídico del caso, postura que, como ya se  dijo, terminó por imponerse.   

Por  tanto, como así lo anticipó la Sala,  la sentencia absolutoria impugnada habrá de confirmarse.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

VII.  R E S U E L V E   

CONFIRMAR  la  sentencia  absolutoria  del 2 de septiembre de 2013,  proferida   por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  a   favor  de  la  dra.  Olga Lucía Monroy López.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  “El  fiscal  solicitará  la  preclusión  en  los  siguientes  casos:  1.  Imposibilidad  de iniciar o continuar el ejercicio de la  acción  penal.  2.  Existencia de una causal que excluya la responsabilidad, de  acuerdo  con  el  Código  Penal.  3.  Inexistencia  del  hecho  investigado. 4.  Atipicidad  del  hecho investigado. 5. Ausencia de intervención del imputado en  el   hecho  investigado.  6.  Imposibilidad  de  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia.  7.  Vencimiento  del  término máximo previsto en el inciso segundo  del       artículo       294       de      este      código.      Parágrafo. Durante el juzgamiento, de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión”.   

2  “La  acción       penal       se       extingue       por       muerte   del   imputado   o  acusado,  prescripción,         aplicación    del    principio    de    oportunidad,   amnistía,   oblación,   caducidad   de   la  querella,  desistimiento,  y  en  los  demás  casos  contemplados por la ley”.     

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