SP4122-2016(45649)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP4122-2016  

Radicación N° 45649.  

Aprobado acta No. 105.  

Bogotá,  D.C.,  seis (6) de abril de dos mil  dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Se   decide   el   recurso  de  casación  interpuesto     por     el     procesado  WILLIAM  DE JESÚS VELASCO ROBERTO en  contra  de  la  sentencia  proferida  por el Tribunal  Superior   de  Bogotá  el  16   de   diciembre     de     2014,    que  confirmó  la decisión de  condenarlo  como autor del  delito    de    Abuso    de   confianza.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En   la  sentencia  impugnada  se  enuncian  como  hechos  penalmente  relevantes los siguientes:   

Para  el  año  2005 Yolanda Acosta Barajas  contrató  los  servicios  profesionales  del  abogado William de Jesús Velasco  Roberto  para  que  representara  sus  intereses  dentro  de  la  Cooperativa de  Trabajadores   del   Comité   de   Cafeteros   de   Cundinamarca   –Cotracafe-,  con  la  que  tenía  un  crédito  de  vehículo, y como aquélla había entrado en quiebra y tenía a su  favor  ahorros  en  aportes cercanos a los doce millones de pesos ($12.000.000),  encargó al aludido profesional del derecho recuperara dicha suma.   

Tras  la suscripción del respectivo poder,  la  señora  Acosta  Barajas  le  entregó  al  abogado  la suma de dos millones  cuatrocientos  mil  pesos  ($2.400.000)  para  que  cancelara  el  saldo  de  la  obligación  en  la  mentada  entidad;  empero,  el  13 de diciembre de 2006, se  presentaron  en  su  residencia servidores del juzgado cuarto civil municipal de  descongestión  de  esta  capital,  con  la  finalidad  de  efectuar  el  secuestro  de  la vivienda de su  progenitor por el no pago del convenio con la cooperativa.   

    

1. Procesales     

En   audiencia  preliminar  celebrada  el 20  de  octubre de 2011 ante el  Juzgado  30 Penal Municipal  de  Bogotá  con  función de control de garantías, a  solicitud  de  la Fiscalía, se declaró la contumacia  de   WILLIAM   DE  JESÚS  VELASCO  ROBERTO  y,  en  presencia  de  una    defensora,   se   le   formuló  imputación    por    el    delito   de   Abuso   de  confianza,  sin  que se le  impusiera   medida   de   aseguramiento   porque   ello   no   fue   objeto   de  petición.   

El  escrito de acusación fue presentado el  25   de   octubre      de      2011  y  correspondió  su  conocimiento al  Juzgado    10    Penal  Municipal  de  Bogotá, el  cual,  el  4 de mayo   de   2012,    realizó   la  audiencia  en  la  que  la Fiscalía formuló el mismo cargo que desde un inicio  imputó.   

El 11 de febrero de 2013 se llevó a cabo la  audiencia  preparatoria  y  ese  mismo  año,  en sesiones del 21 de mayo, 10 de  julio   y   6   de   septiembre,  la  del  juicio  oral.  Al  final  de  ésta,  el juzgado anunció sentido  condenatorio   del   fallo,   al   cual   dio   lectura   el   15   de   octubre  siguiente   imponiendo  al  acusado  las  siguientes  sanciones:  prisión  por  un  término  de  24  meses,  multa  equivalente a 20  s.m.l.m.v.   e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas     por    igual    período    al    de    la    prisión.   

Ante   la  apelación  propuesta  por  el  procesado,  el Tribunal Superior de Bogotá, en sentencia del 16 de diciembre de  2014,  confirmó  la  inicial  aunque  modificando  la  cantidad  de  las  penas  impuestas,   así:   la   prisión   y   la   accesoria   por   un  lapso  de 18 meses y 3 días, y multa de 1,04 s.m.l.m.v.   

En  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  el  procesado  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y lo  sustentó  presentando la respectiva demanda. Esta última fue admitida mediante  auto  del  26  de  marzo  de 2015 celebrándose la audiencia de sustentación el  día   5   de  octubre  siguiente.   

E L  R E C U R S O  

1. Demanda de casación  

En primer lugar, se identificaron los sujetos  procesales,  la sentencia demandada y sus fundamentos, los hechos juzgados, y la  actuación  relevante.  Luego,  se argumentó sobre la legitimidad y el interés  para  recurrir  que  ostenta  el procesado, alegando el agravio a los siguientes  derechos  y  garantías: a no ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al  hecho,  al  debido  proceso  y  al  derecho a la defensa. Además, en esta parte  inicial  de la demanda se relievan como fines del recurso la necesidad de lograr  la  efectividad  del derecho material y el respeto a las garantías del acusado.  Procede,  entonces,  a  formular los cargos no sin antes advertir que, en virtud  del  principio  de  prioridad,  propondrá  los que conducen a la absolución y,  después, los que conllevarían la nulidad.   

Cargo No 1 (principal): violación directa  de la ley sustancial por interpretación errónea   

Se denuncia la interpretación equivocada del  artículo  249  del  Código  Penal,  en la medida en que la conducta juzgada se  declaró   como   típica   porque   dejaron   de   aplicarse   normas  civiles,  sustantivas1          y          procesales2,  que  imponían  concluir: 1)  que  siendo  el  dinero una cosa mueble fungible, su entrega a cualquier título  implica  tradición;  2) que el dinero es, además, un género que nunca perece,  por  lo  que  el  mandatario  puede  disponer  de  él  mientras subsistan otras  especies  para el cumplimiento de lo que debe; 3) que la relación subyacente es  un     mandato     civil    y    no    comercial3,  lo  cual  genera efectos que  impiden  predicar el ánimo de apoderamiento: no rige la prohibición de emplear  los  fondos  suministrados  en  fines  distintos a los encomendados, conlleva un  derecho  de  retención  a  favor  del  mandatario  y  la  obligación de rendir  cuentas;  4)  que la única consecuencia del incumplimiento del mandatario civil  es  la  obligación de restituir lo que se debe con intereses corrientes; y, por  último,  5)  que  la gestión encomendada implicaba examinar los requisitos que  debía  cumplir  el  pago  como  medio  para  extinguir una obligación en cobro  judicial.   

Por lo anterior, solicita casar la sentencia  para que se disponga la absolución del procesado.   

Cargo  No  2  (subsidiario):  violación  indirecta por falso juicio de existencia   

Se  alega  que la sentencia supuso la prueba  que  acreditaba la apropiación del objeto material por parte del procesado, con  lo  cual  infringió  el  artículo  29  de  la  Constitución  y  otras  normas  legales4.  Específicamente,  se  habrían  supuesto los siguientes hechos y  los  correspondientes  soportes  probatorios:  1)  Que  existía una obligación  crediticia  entre  Cootracafé  (acreedora)  y Yolanda Acosta Barajas; 2) Que el  valor  de la misma era de $2.400.000; 3) Que entre la denunciante y el procesado  se  celebró  un  contrato  escrito  de  mandato;  4)  Que la suma de $2.400.000  resultaba  suficiente  para  extinguir  la  obligación;  5)  Que el acreedor no  recibió  dinero  alguno;  6) Que la mandante no le debía nada al mandatario; y  7)  Que  el  mandatario  se  apropió  del  dinero.  En  últimas,  «se  identificó  la  apropiación  con  el  incumplimiento de la  obligación  del  mandatario», olvidando que el éxito  de  la  gestión  dependía  de  la  prestación  de  lo  que se debía y de una  decisión judicial que así lo estimara.   

Por lo anterior, solicita casar la sentencia  para que se disponga la absolución del procesado.   

Cargo  No  3  (subsidiario):  violación  indirecta por falso raciocinio   

En  primer  lugar,  afirma  que  se  habría  transgredido,  por  falta  de  aplicación, lo previsto en el artículo 29 de la  Constitución  y otras normas de la Ley 906 de 20045  y  del  Código  Civil, tanto  sustantivo6        como        procedimental7.  Luego,  señala como pruebas  indebidamente  apreciadas  las  testimoniales  de Yolanda Acosta Barajas, María  Natividad  Barajas  y  Edilberto  Buitrago Bohórquez, a partir de las cuales se  habría  inferido  que  «siempre que se presenta el  incumplimiento  de  un  mandatario a su obligación de extinguir una obligación  con  un  dinero  que se le ha entregado para tal efecto, entonces se presenta la  apropiación  del  dinero  por  parte del mandatario».   

Al  respecto,  cuestiona: 1) Es un argumento  retórico   para   condenar   porque   la   relación  entre  el  hecho  probado  (incumplimiento  de  obligación)  y  el  que se declara como tal (apropiación)  implica  tan  solo  un  grado  de  necesidad  lógica de tercer grado que jamás  conduce         a         la         certeza8; 2) Se utilizó una máxima de  la  experiencia:  «siempre  o  casi  siempre que se  incumple   con   una   obligación   es  porque  el  obligado  se  apropió  del  bien»,  que es inexistente porque carece de vocación  de  universalidad;  3)  Se  vulneró  el principio lógico de razón suficiente,  pues  se tuvo como como tal para condenar el incumplimiento del mandatario en su  gestión  de  pagar  una  obligación,  sin  demostrar  la  apropiación;  4) Se  vulneró  el principio de no contradicción porque se tuvo como fundamento de la  apropiación  de un dinero por el procesado, la entrega que del mismo le hiciera  la  denunciante  a  título  no  traslaticio de dominio; y 5) Se incurrió en la  falacia  de  petición  de  principio  cuando  el Tribunal respondió la censura  sobre  la imposibilidad de tipificación del Abuso de  confianza  cuando  el  objeto material es «dinero              no             individualizado».   

Por lo anterior, solicita casar la sentencia  para que se disponga la absolución del procesado.   

Cargo  No  4  (subsidiario):  nulidad  por  prescripción de la acción penal   

Se formulan varios cargos de nulidad bajo un  mismo  capítulo,  proceder  que  justifica  en  que todos ellos producirían un  mismo  efecto:  retrotraer  el  proceso  a  un  punto  en el que se encontraría  prescrita la acción penal.   

1.  Indebida  citación del procesado a la  audiencia de formulación de imputación.   

Se asegura que la citación a la audiencia de  imputación  en  la  que se advertía al entonces indagado que si no comparecía  se  le  declararía contumaz, fue remitida a una dirección diferente a la de su  residencia  porque  se  omitió advertir que la misma se ubicaba al «extremo  Sur  de la ciudad». Aduce que  a  las  citaciones  previas  siempre  acudió o presentó la respectiva excusa y  que,  además, tal irregularidad fue expuesta en la audiencia de acusación ante  el    juez    de   conocimiento   «pero   no   fue  escuchado».  De  esa manera se impidió que ejerciera  su  defensa  desde  la  imputación,  oportunidad  durante  la  cual  ha podido,  inclusive, allanarse a cargos.   

Luego  de  señalar  que  la  irregularidad  denunciada  conllevó la violación, por falta de aplicación, de los artículos  29  de la Constitución y 171, 172, 173, 286, 287 y 457 de la Ley 906 de 2004, y  de  argumentar  la  procedencia  de  la  nulidad  a  partir  de  cada uno de los  principios  que  rigen su declaratoria, solicita se invalide la actuación desde  la  audiencia  de imputación y, en consecuencia, se decrete la prescripción de  la acción penal.    

2. Falta de defensa técnica.  

Se  aduce  la  violación  del  artículo 29  superior  porque  los  defensores  públicos  que  ejercieron la representación  letrada  durante  la  mayor parte del proceso «nunca  solicitaron  pruebas,  ni  contrainterrogaron  a  los  testigos de la fiscalía,  presentaron  unos  deficientes  alegatos  de  conclusión  e  interpusieron  una  apelación  que  fue  declarada  desierta  por  no  haberse sustentado en debida  forma».   

Señala  que  en la audiencia de imputación  fue  representado  por  un  defensor  público,  que  en  la  de formulación de  acusación  lo  asistió  uno  de  confianza que se dedica al litigio en asuntos  civiles,  que  en la audiencia preparatoria intervino una defensora pública que  no  solicitó pruebas y tampoco se opuso a las impertinentes, y que en el juicio  oral  no  formuló  teoría  del  caso,  no  contrainterrogó  a  los testigos y  presentó  unos  alegatos  incongruentes.  Por  si  fuera  poco, agrega, una vez  proferida  la sentencia condenatoria, la defensa interpuso recurso de apelación  y le fue declarado desierto por falta de una debida sustentación.   

Se duele el recurrente, entonces, el que los  defensores  no  hayan  discutido  sobre  la  naturaleza fungible y genérica del  objeto  material  de  la  conducta,  sobre  la  relación  subyacente  entre  el  procesado  y  la denunciante, ni sobre los requisitos del pago como mecanismo de  extinción  de  una obligación cobrada judicialmente, siendo que tales aspectos  «imposibilitaban   la   ocurrencia  del  abuso  de  confianza».  Tampoco, continúa, la defensa requirió  la  presencia  del  presunto  acreedor  «que era la  única  persona  que  podía  certificar  si  el crédito existía, su monto, el  estado  del  cobro  judicial  y los pagos realizados».  Como  consecuencia  de  lo anterior y una vez analiza los principios que regulan  la  nulidad procesal, solicita se case la sentencia para invalidar la actuación  desde  la  audiencia preparatoria o para decretar la prescripción de la acción  penal.   

3.   Parcialidad  del  juez  de  primera  instancia.   

Durante   el  juicio  oral,  luego  de  un  interrogatorio  defectuoso  de  la  Fiscalía  a  la  denunciante Yolanda Acosta  Barajas,  el juez de conocimiento asumió el rol de la parte acusadora porque no  se  limitó  a  hacer  preguntas complementarias sino que se dedicó a suplir la  deficiencia  inicial.  De  esa  manera, luego de analizar la concurrencia de los  principios  que  regulan  las  nulidades  y de señalar como normas violadas los  artículos  29  constitucional y 5 y 397 de la Ley 906 de 2004, considera que el  proceso  se  afectó  desde  el  juicio  oral y, finalmente, solicita se case la  sentencia  retrotrayendo  la  actuación al momento en que se señala fecha para  la  audiencia  de  imputación  o  decretándose  la prescripción de la acción  penal.   

4.  Utilización  de  las  conversaciones  sostenidas en la audiencia de conciliación.   

En contravía de lo previsto en el literal d)  del  artículo  8  del  C.P.P./2004,  en  la  sentencia  de segunda instancia se  utilizaron  para  condenar algunas manifestación realizadas por el procesado en  la  audiencia  de  conciliación.  De  esa  manera,  solicita casar la sentencia  retrotrayendo  la  actuación  al  momento  en  que  se  señala  fecha  para la  audiencia  de  imputación  o  decretándose  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

5. Falta de motivación de la sentencia de  segunda instancia.   

Alega  que la sentencia omitió pronunciarse  sobre  todos  los  cargos propuestos en sede del recurso de apelación, omisión  ésta  que constituyó una motivación deficiente que vulneró el debido proceso  y  el  derecho a la defensa. Entre tales reproches, exalta lo relacionado con la  indeterminación  de  la  fecha en que se perfeccionó el contrato que resultaba  imprescindible  para  establecer  el momento en que nacía para el mandatario la  obligación  de  devolver  el  dinero  que  se  le había confiado, es decir, su  constitución  en  mora.  Adicionalmente, tampoco se habría tenido en cuenta lo  relativo    al    tiempo    de   consumación   del   delito   de   Abuso  de  confianza  ni  la  naturaleza  fungible    del    dinero,    según    la   jurisprudencia   aportada   en   la  sustentación9.   

Luego, reclama que a las pruebas incorporadas  se  les  haya  conferido  un  valor  probatorio equivocado, pues en ningún caso  demostraban  la  existencia de los elementos típicos de la conducta punible, de  manera  tal  que,  de  una  parte,  se  incurrió en un error de hecho porque no  demostraron  el  dolo  del  acusado  y,  de la otra, en uno de derecho porque se  desconoció  el  artículo  663  del  Código Civil. Así mismo, sostiene que la  indeterminación  de  la  fecha de consumación del delito impidió una adecuada  defensa  al  punto  que  ni  siquiera  permitía calcular la prescripción de la  acción  y  la  caducidad  de  la  querella.  Por  último,  censura la falta de  aplicación  favorable  de  la Ley 1153 de 2007, luego declarada inexequible por  la  sentencia  C-879/2008,  que  le  dio a la conducta juzgada el tratamiento de  contravención   sancionable   con   penas   de   arresto,   multa   y   trabajo  social   

Por  último,  examina  cada  uno  de  los  principios   que   rigen   el  instituto  de  las  nulidades  para  deprecar  la  declaratoria  de  esta  medida  desde  la  sentencia  de segunda instancia y, de  manera   consecuente,   el   decreto   de   la   prescripción   de  la  acción  penal.   

2. Audiencia de sustentación  

2.1 Recurrente  

Reitera  los 4 cargos propuestos enfatizando  en  que  pretende  se estudien inicialmente los 3 primeros que conducirían a la  absolución  y al final, sólo si esos no prosperan, se analice el de la nulidad  del proceso.   

En cuanto a la primera censura, insiste en la  naturaleza  fungible  del  dinero y de la relación subyacente que justificó su  entrega  al  procesado,  en  que  el  contrato  de  mandato que lo vinculó a la  denunciante  fue  de carácter civil y ello presuponía la rendición de cuentas  y  un  derecho  de  retención.  Sobre  la  precariedad de la entrega de bienes,  estima  que se desconoce que la entrega de dinero no individualizado es, en todo  caso,   un  acto  dispositivo,  por  lo  que  impide  la  configuración  de  un  Abuso         de        confianza.   

En  lo que respecta al cargo de falso juicio  de  existencia,  formulado  como subsidiario, asevera que se dio por sentado sin  obrar  prueba:  el mandato, el poder, un proceso judicial ejecutivo, el acreedor  y  la  cuantía  de la obligación. Además, reprocha que no se haya clarificado  el momento en que habría ocurrido la apropiación de los dineros.   

En un tercer cargo aduce un falso raciocinio  fundamentado   en  la  violación  de  dos  principios  de  la  lógica:  razón  suficiente  y  no  contradicción. En cuanto al primero, luego de relacionar las  pruebas  testimoniales  incorporadas,  señala  que  se  violan  los  grados  de  necesidad  lógica  porque  se  infirió  la  apropiación  a  partir de la sola  entrega  dinero  al  mandatario  y del secuestro de un inmueble. Y, en cuanto al  segundo  principio,  manifiesta que se partió de dos supuestos contradictorios:  que  la  entrega  del  dinero  al  mandatario  fue precaria y, al tiempo, que el  mandato   implicaba   la   tradición   porque   consistía   en   cancelar  una  obligación.   

Por  último, sostiene que en la actuación  se  presentaron  unas causales de nulidad: no se le notificó de manera adecuada  la  realización  de  la  audiencia  de imputación, el juez de conocimiento fue  parcial  a  la hora de interrogar a la denunciante, careció de defensa técnica  en  el proceso, se utilizaron las manifestaciones realizadas en la conciliación  y  se  dio  una  falta  de  motivación en la sentencia de segunda instancia. Un  punto  adicional  a los descritos en la demanda, es que al dictarse la sentencia  el  16  de  diciembre  de  2004,  la acción se encontraba prescrita, por lo que  afirma   amplía   los  fundamentos  de  la  solicitud  de  nulidad.     

2.2 No recurrentes  

Únicamente  intervino  la  delegada  de la  Fiscalía,  quien  se refirió a las censuras de la demanda en el mismo orden en  que allí fueron planteadas:   

En  cuanto al primer cargo, sostiene que el  casacionista  confunde  los  elementos  del  mandato  como contrato consensual y  pretende  aplicar a éste los presupuestos del contrato de mutuo, prueba de ello  es  que  la  sentencia  del  20  de  octubre  de  2010,  rad.  32929, que trae a  colación,  se  refiere  al  análisis de un Abuso de  confianza   acaecido   en   un   mutuo,   en  el  que  efectivamente  el  dinero  era  el objeto material y se entendía transferida su  propiedad.  Luego,  rememora  las  características del contrato de mandato para  advertir  que  el  dinero  que  en  tal virtud se entregó al procesado lo fue a  título  no  traslaticio  de  dominio y que cuando éste no reintegró aquél ni  cumplió  la  gestión  que se le encomendó (cancelar la obligación que tenía  con  una  cooperativa),  se  entiende  que  lo  desvió  a  su patrimonio y así  incurrió en conducta punible.   

En  cuanto  al  segundo  cargo, asegura que  basta  confrontar  la  actuación  con  la  sentencia  de segunda instancia para  concluir  que  en  ningún  momento  se  supone  la existencia de hechos. Por el  contrario,  se  parte  de supuestos fácticos ciertos e incontrastables narrados  por  la  denunciante  y por su madre: que se le entregó un dinero al procesado,  que  éste  actuó  como  mandatario  de  la  denunciante para que cancelara una  obligación,  que  ese  mandato fue incumplido y que ello dio lugar al secuestro  del  inmueble  de propiedad del progenitor de la denunciante. Por ende, es falso  que   en   la   sentencia   se   consideren  como  sinónimos  incumplimiento  y  apropiación.  Por  último,  considera  que una muestra de la equivocación del  demandante  en  la  formulación  del  reparo  es que retomó los argumentos del  anterior  consistente  en una violación directa para sustentar una de carácter  indirecto.   

En cuanto al tercer cargo, manifiesta que es  evidente  que  no  se desconocieron las reglas de la sana crítica. Simplemente,  se  observa  que  el  demandante  discrepa  de  la  credibilidad conferida a los  testimonios  de  cargo,  pues  nunca  se  mencionó la existencia de una máxima  según  la  cual  siempre  que  se  incumple  con  una obligación se incurre en  apropiación,  o  que  cuando  se embarga un inmueble es porque se ha incumplido  con el mandato. Estas, remata, fueron creadas por el demandante.   

En  cuanto  a  los  cargos  de  nulidad, se  pronuncia así:   

a)  La indebida citación a la audiencia de  imputación  no se produjo porque fue la clara rebeldía y actitud dilatoria del  indagado   la   que   impidió  que  aquélla  se  celebrara  con  su  presencia  habilitándose así la contumacia.   

b)  En  punto  a  la supuesta violación al  derecho  a  la  defensa  técnica, recuerda que el procesado es abogado, señala  cada  uno  de  los defensores que lo asistieron y rememora una constancia que se  dejó  en  una  de  las  sesiones  del  juicio  oral según la cual el procesado  manifestó  a  su  defensora  un  total  desinterés  por  el proceso. Concluye,  entonces,  que  hubo  continuidad en la defensa técnica y que por la condición  profesional  y  la  actitud del procesado, ninguna violación a la defensa ahora  puede alegarse.   

c)  En  lo  que toca a la imparcialidad del  juez,  el  cargo  es infundado porque aquél tenía plena facultad para realizar  preguntas   complementarias,   sin   que   se   evidencie  un  exceso  de  dicha  facultad.   

d) Tampoco es cierto que en la sentencia de  segunda  instancia  se  utilizaran  conversaciones realizadas en la audiencia de  conciliación   o   que  adolezca  de  falta  de  motivación  porque  ésta  se  circunscribió a las pretensiones del apelante.   

De  conformidad  con  las razones anotadas,  solicita no casar la sentencia.     

C O N S I D E R A C I O N E S  

       Una  de  las  situaciones  denunciadas como irregular en  la  demanda  tiene la capacidad de  generar    la    nulidad    total   del   proceso,   por   cuanto   evidencia  que  en el presente evento la acción penal ni siquiera  podía  iniciarse.  En efecto, la presentación extemporánea de la querella por  la  víctima  Yolanda  Acosta  Barajas  con  motivo de un delito de Abuso   de   confianza,  impedía  la  persecución  penal  debido  a  la  ausencia  de un requisito de procedibilidad.  Siendo  así, ningún debate sobre la existencia del  delito  y  la responsabilidad del procesado resultaba  legítimo,   en   virtud   de  lo  cual,   a   pesar   de  la  petición  del  demandante  consistente  en  el examen prioritario de  los   cargos   que   controvierten   la   decisión  condenatoria,     habrá     de     abordarse  inmediatamente  la causal de  anulación         total         antedicha.   

       Según  el  artículo  70  del  C.P.P./2004  la  querella  es  una  condición  de  procesabilidad  de  la  acción  penal,  es decir, constituye un  requisito  indispensable  para  la  existencia de un proceso de tal índole. En  el  canon  74  subsiguiente  se  definen        los        «Delitos         que         requieren         querella»,  uno  de  los  cuales  es  el  de  Abuso   de   confianza,  razón  por  la  que  en el presente evento habrá de determinarse no solo si se  formuló  querella  por el sujeto pasivo del delito (art. 71 C.P.P./2004), sino,  además,  si  ello  se  hizo  dentro  del término legal so pena de haberse       producido  la  caducidad  de  aquélla  y  la  consecuente  ausencia  del  requisito  necesario para la persecución estatal. A  ese respecto, el artículo 73 del estatuto procesal prevé:   

La querella debe presentarse dentro de los  seis  (6)  meses  siguientes  a  la comisión del delito. No obstante, cuando el  querellante  legítimo  por  razones de fuerza mayor o caso fortuito acreditados  no  hubiere  tenido  conocimiento  de  su  ocurrencia, el término se contará a  partir  del  momento  en  que  aquellos  desaparezcan,  sin que en este caso sea  superior a seis (6) meses.    

       De  acuerdo  al precepto trascrito, por  regla  general,  la  oportunidad  para  formular  una  querella  son los 6 meses  siguientes  a  la comisión del delito, pero en el evento de que, por razones de  fuerza  mayor  o  caso fortuito, el querellante legítimo no se hubiese enterado  de  su ocurrencia, «el término se contará a partir  del  momento  en  que aquellos desaparezcan, sin que en este caso sea superior a  seis   (6)  meses».  El  sentido   de   esta   última  parte  del    inciso    ya    había    sido  fijado  por  la  Corte (CSJ SP, feb. 3 de 2010, rad.  31238),  previo  cotejo con la disposición normativa anterior, es decir, con su  equivalente   en   la   Ley   600   de   2000  (art.  34), así:   

Se   observa,   en  efecto,  que  dicha  codificación   procesal   regula   en  su  artículo  73  la  referida  figura,  conteniendo  un texto exactamente igual al previsto en el artículo 34 de la Ley  600  de  2000,  con  la  única diferencia que en vez de fijar en un (1) año el  término  máximo  para  presentar la querella en caso de conocerse la comisión  del   delito   después   de   su   ocurrencia,   lo   establece   en  seis  (6)  meses.           

Es   evidente,   sin   duda,   que   la  modificación  efectuada por la Ley 906 comporta la introducción de un absurdo,  pues  si de acuerdo con el artículo 73 el lapso transcurrido entre la comisión  del  delito  y  la  presentación de la querella, para los casos de conocimiento  posterior  de  su  ocurrencia, no puede exceder de seis (6) meses, resulta claro  que  ninguna  razón  de  ser tiene la segunda parte de la norma, porque bastaba  solamente  con  su  primer  apartado para expresar lo mismo, en cuanto en él se  fijó  el  término  de  caducidad  precisamente  en  seis (6) meses, contados a  partir de la comisión del delito.   

No  obstante,  encuentra  la  Sala que la  voluntad  del legislador no fue cambiar la regulación establecida en la Ley 600  de  2000,  sino continuar con la distinción que en esta última se estableció.  En  esas  condiciones, para dar coherencia al artículo 73, acatar la intención  que  animó  su  redacción  y  hacer   viable   su  aplicación,  ha       de       entenderse       –criterio  que  entonces  prohija la  Corte-  que dicha norma realmente fijó en un (1) año el término máximo en el  cual  resulta  oportuno  presentar  la  querella, contado desde la comisión del  delito,     cuando     la    víctima    conoce    de    su    ocurrencia    con  posterioridad.  (Negrillas fuera del texto original)   

       En  el  caso  bajo examen, ninguna duda  suscita  ni  la  legitimidad  de  Yolanda  Acosta  Barajas dada su condición de  titular   del   patrimonio  económico  que  habría  resultado    esquilmado    con    un    Abuso   de  confianza,  ni  tampoco  que  la  misma formuló  una  querella  por  ese  menoscabo  el  24  de  enero de  2007.   En  cambio,  la  cuestión  de  si  la  misma  fue  oportuna  o  si, por el contrario, se produjo  su caducidad,   debe   definirse  en  esta       sede      procesal    extraordinaria porque, lo cierto es que, tal y como  lo    denunció    el    acusado,    la   sentencia   de   segunda  instancia  no   lo  hizo  de  manera  adecuada. En  efecto,  al  momento de desatar el  recurso    de    apelación    contra   la   inicial   sentencia,   uno    de    cuyos    argumentos    era   la   caducidad   de   la  querella   y   la   prescripción   de  la  acción  penal,   el   Tribunal  omitió  determinar la fecha de comisión del delito  así como la eventual      presencia  de  una  circunstancia  fortuita o  de  fuerza  mayor  que  haya  impedido el enteramiento coetáneo de la víctima,  falencias   éstas  que  configuran,        efectivamente,    un    manifiesto    defecto de motivación de la providencia.   

       Ahora  bien, por encima del vicio de la  motivación  de  la  sentencia objeto de impugnación  que  fue  alegado  por  el  demandante  y      de      su      innegable     repercusión     perjudicial     en     el  derecho  a  la  defensa  porque se  impidió     el     conocimiento     de  las  razones  que  fundaron la decisión de negar la  petición  del  entonces  apelante  y, por ende, la adecuada controversia sobre  causales  que impedían el inicio o la continuación del ejercicio de la acción  penal   como   la   caducidad   de   la   querella  y  la  prescripción  de  la  acción   penal;   como  quiera  que  la Corte encuentra que se configuró el primero de tales fenómenos  y  que  éste produce una invalidación no solo de la  sentencia  sino  de  la  totalidad de la actuación,  se limitará el     discurso     en    los    argumentos    que    imponen    la    declaratoria   de   la  medida  sancionatoria  extrema de mayor cobertura.   

       Como  antes  se  indicó,  el  24 de enero de 2007, Yolanda Acosta  Barajas  presentó  querella  en contra de WILLIAM DE JESÚS VELASCO ROBERTO por  el   delito   de   Abuso  de  confianza,  con  base  en  los  hechos jurídicamente relevantes que fueron  expuestos   en  el  escrito  de  acusación  y  que  fueron  refrendados  en  la  formulación                 oral,                 así:                                 

Narra  la  querellante  Yolanda  Acosta  Barajas,  que  confirió  un  poder  para  ellos (sic) suscribió un contrato de  civil  (sic)  de  mandato  con  el  profesional del derecho y hoy inputado (sic)  William  de Jesús Velasco Roberto para que actuara como su apoderado dentro del  proceso  civil  ejecutivo  singular  que  adelataba  (sic)  en  su  contra en el  Juzgado  38 Civil Municipal de Bogotá DC, para ello  entrego  (sic)  la  suma  de  Dos  Millones Cuatrocientos Mil pesos ($2.400.000)  Mcte,  para  que  efectuase  abonos  al  capital  dentro  del  precitado proceso  en   el  mes  de  septiembre  del  2005,   transcurrido   un  tiempo  prudencial  procedió  la  presunta  víctima  y  en  particular  para el mes de noviembre del 2006, procedio (sic) a  verificar,  si  efectivamente  el  profesional del derecho, había efectuado los  abonos,  como estaba convenido encontrado (sic) con sorpresa, que no habia (sic)  efectuado  la  labor  encomedada  (sic). (Negrillas  fuera  del texto original)   

Como   puede   observarse,   según   la  acusación,  Yolanda            Acosta           Barajas           contrató         el   abogado   WILLIAM  DE  JESÚS  VELASCO  ROBERTO  para  que  la representara en un proceso civil ejecutivo en el que  fungía  como  demandada,  entregándole Dos     Millones    Cuatrocientos    Mil    pesos    ($2.400.000)        para   que   pagara   la  obligación  que,  por  vía judicial,  se   le   cobraba.  También  se  cuenta  que  esos  acontecimientos   tuvieron  lugar  en  el  mes  de  septiembre  de  2005  y  que  el  mandatario  se  apropió  del  dinero que le fue  entregado    para   el   pago   a   un   tercero   (Cootracafé),   situación  última  de  la cual se habría enterado la poderdante  en noviembre de 2006.   

Siendo,     entonces,    el   Abuso  de  confianza  un  delito de consumación instantánea por cuanto la  apropiación  de  los bienes ajenos  puede   ocurrir   en   un   solo   acto; el recibo  de  la suma de dinero por  el   abogado   WILLIAM  DE  JESÚS  VELASCO  ROBERTO  con el propósito de incorporarla a su patrimonio en  vez   de   cumplir   con   el   mandato   para   el   cual   se   le  contrató,  configuró  la  conducta  de  apropiación,  tan es  así  que  ni en ese momento ni posteriormente le dio  el  destino  ordenado  por  la  poderdante,  el  cual  no  era  otro que el pago  inmediato    de   la  obligación    cuya    ejecución    coactiva    se    perseguía   y,    por    esa   vía,  obtener la cancelación de la medida  cautelar  de embargo que gravaba los ingresos laborales de una codeudora hermana  de  Yolanda  Acosta  Barajas,  tal  y como ésta lo manifestó en el juicio oral  ratificando   así   la  narración  realizada por  la  Fiscalía  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación.     Es     decir,     si    la  entrega  de  las  especies  monetarias  perseguía  una finalidad inmediata que  no   fue   cumplida  por  el  tenedor,  el  recibo  de  aquéllas implicó      su      ingreso,           obviamente  ilícito,    al    patrimonio   del   agente.   

Así, la fecha de  comisión  del  delito  denunciado  se  ubica  en septiembre de 2005,  sin  que  se haya establecido el día exacto ni en los actos de  imputación   ni   con   la   prueba   incorporada   al   juicio.   Ahora,    a    pesar    de   esa   indeterminación   temporal      parcial,   lo   cierto   es   que,   aun  cuando  la  conducta  punible  se  haya  realizado el último día del precitado  mes, la víctima contaba,  en  principio, con 6 meses para formular la respectiva querella, es decir, hasta  marzo   de   2006,   o,  en  el  evento  excepcional  de que su enteramiento sobre el menoscabo económico  haya  sido posterior por razón de un caso fortuito o  de   una  fuerza  mayor,  dicho    plazo    se    extendía    máximo    hasta   el   30  de  septiembre de 2006,    conforme    a   la   interpretación   jurisprudencial   ante  citada.   

Conforme a lo anterior, la presentación de  la  querella  por  parte  de  Yolanda  Acosta Barajas el 24 de enero de 2007 fue  extemporánea  aun  cuando hubiese concurrido una de  las   circunstancias   que   habilitaba   la  prórroga  del  término  inicial.  Por  ende, acaeció el fenómeno de la caducidad con  la  consecuente imposibilidad de impulsar  el  ejercicio  de la acción penal en  contra      de     WILLIAM     DE     JESÚS     VELASCO     ROBERTO. Entonces,  tal  y  como  desde el inicio se anunció, habrá de decretarse la nulidad total  del  proceso  dado  que  el  mismo  no podía iniciarse debido a una causa legal  impediente.   

Ahora  bien,  la  determinación  de  la  fecha  de  comisión  del  delito se hizo a partir de la  imputación  fáctica  contenida  en  la  acusación,  pues  es este acto el que  define    y    delimita   el   objeto   inmutable   del   juicio.   Sin  embargo,  es  innegable que sobre  tal   circunstancia   temporal  durante  el  proceso  se  expusieron  otras hipótesis: en la audiencia de  formulación  de  imputación la Fiscalía dejó entrever que la contratación y  entrega  de  dinero  al  abogado  enjuiciado ocurrió en marzo de 2005, versión  ésta  que  fue  acogida  en  la  sentencia  de segunda instancia; por su parte,  la  víctima  en  el  juicio,  de  manera  escueta,  refirió  que  los  hechos  acaecieron  en  la  prenombrada  anualidad y así lo  anunció  el  fallo  de  primer  grado.  En  cualquiera de tales situaciones,        la  caducidad  de  la  querella igualmente habría ocurrido: en la  primera  en  marzo  de 2006, mientras que en la segunda, a lo sumo, el    último    día    de    este    último    año    (31   de  diciembre).   

No   sobra   advertir   que  ninguna  circunstancia  de fuerza mayor ni de caso fortuito alegó  Yolanda      Acosta     Barajas     como  motivo  impediente  para  tener conocimiento inmediato de la  afectación  a su patrimonio económico. Por  el  contrario, luego de la entrega  del   dinero   al  abogado  WILLIAM  DE  JESÚS  VELASCO  ROBERTO,  la  querellante  supo  que el embargo del salario de la codeudora,  que  era  su  hermana  como  antes se indicó, se mantuvo vigente, tal y como lo  reconoció  en  su  declaración en el juicio.  A partir de esa situación,  con  relativa  facilidad  podía  inferirse  que  el  pago  que  constituía  el  presupuesto   de  la  terminación  del  proceso  ejecutivo  y  de  las  medidas  cautelares    accesorias    al   mismo,   no   había   ocurrido.   A  más de ello, la probable ignorancia  de  la  comisión  de  la  conducta  punible  no  puede  atribuirse a una causal  insuperable,  muestra  de  ello  es  que     bastó     que    la  interesada  se  acercara al despacho judicial que tramitaba la  ejecución   coactiva   de   la  obligación,  para  informarse  sobre  la  inexistencia  del  pago  que la extinguiría.    

En   las   circunstancias   anotadas,  se  casará   la   sentencia  condenatoria  proferida  en  contra  de WILLIAM DE JESÚS VELASCO ROBERTO por el  delito    de    Abuso   de   confianza   con   el  objeto  de  decretar  la  nulidad  del  proceso  por ausencia del requisito de  procesabilidad  de  la  querella y, en consecuencia, se ordenará la preclusión  de   la   actuación   con   base   en  el  numeral  1  del  artículo  332  del  C.P.P./2004.  Como quiera  que  en  el  transcurso  del  proceso  no se decretó  medida     de     aseguramiento     alguna  en  contra  del acusado WILLIAM  DE  JESÚS  VELASCO  ROBERTO  y  que,  inclusive,  en  la  sentencia  de primera  instancia,  se  le  concedió  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena; nada se dispondrá en relación con la libertad de aquél.   

En  todo  caso,  se  ordenará la   cancelación   de   las  medidas  restrictivas  personales  y  reales  que  se  hayan  llegado a imponer     al     acusado.                 

D   E   C  I S I Ó N   

En  mérito  de lo expuesto, la   Corte   Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

Primero:  Casar  la  sentencia  condenatoria  proferida  en  contra  de  WILLIAM   DE   JESÚS   VELASCO   ROBERTO   por   el   delito   de  Abuso    de    confianza.   En   consecuencia,  se  decreta    la    nulidad    total    del  proceso.   

Segundo:  Decretar  la   preclusión   de   la   referida  actuación     por    la    imposibilidad    de    iniciar    el    ejercicio de la acción penal.   

Tercero:  Ordenar   la  cancelación  de  las  medidas  restrictivas  personales  y  reales  que  se  hayan  impuesto     a    WILLIAM    DE    JESÚS    VELASCO  ROBERTO, por razón de este proceso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Artículos  654,  655,  663,  740, 745, 754, 1530, 1551, 1565, 1567, 1625, 1626,  1627,  1629,  1630, 1634, 1645, 2143, 2150, 2157, 2158, 2184, 2181, 2182, 2188 y  2189 del Código Civil.   

2  Artículos   65,   418,   419,   498   y   537   del  Código  de  Procedimiento  Civil.   

3 Al  respecto,  destaca  las  siguientes  razones:  por el objeto del encargo, por la  calidad  del  acreedor  (Cotracafec  en  liquidación)  y de la deudora (Yolanda  Acosta  Barajas),  por  la condición no comerciante del procesado y porque así  fue señalado por la Fiscalía.   

4  Artículos  7,  372,  373,  380 y 381 de la Ley 906 de 2004; artículo 249 de la  Ley  599  de  2000;  artículos  2181 y 2188 del Código Civil; y artículos 65,  418, 419, 498 y 537 del Código de Procedimiento Civil.   

5  Artículos 7, 372, 373, 380 y 381.   

6  Artículos  654,  655,  663,  740, 745, 754, 1530, 1551, 1565, 1567, 1625, 1626,  1627,  1629,  1630,  1634, 1636, 1645, 2143, 2150, 2157, 2158, 2184, 2181, 2182,  2188 y 2189.   

7  Artículos 65, 418, 419, 498 y 537.   

8  “Algunas  veces  que se da «A» entonces también  «B»”.   

9  Sentencias  del  3  de febrero de 2010, rad. 31238, y del 20 de octubre de 2010,  rad. 32920.     

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