SP3004-2014(42287)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

SP 3004-2014   

Radicación     n°     42287   

(Aprobado Acta No.  074)   

         Bogotá  D.C.,  doce (12) de marzo de dos  mil catorce (2014).   

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Sala  a resolver el recurso de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  Olger  Gustavo Taimal  Tarapues,  contra  la sentencia del Tribunal Superior de Pasto, confirmatoria de  la  proferida  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Ipiales, que lo  condenó  por  el delito de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego,    accesorios,    partes    o   municiones.        

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                          

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de  segundo  grado  de la siguiente  manera:   

Los hechos materia de juzgamiento ocurrieron  en  horas  de  la  tarde  el  8 de abril de 2012, cuando personal de la Policía  Nacional  fue  alertado respecto de la presencia de dos personas que portaban un  arma   de   fuego   dentro  del  casco  urbano  del  municipio  de  Cumbal  (N),  circunstancia  por  la que los uniformados interceptaron a los ciudadanos Olguer  Gustavo  Taimal  Tarapues e Iván Arley Tipaz Tapie, quienes se transportaban en  una  moto, el primero de ellos en calidad de “parrillero” y a quien luego de  la  requisa  le fue encontrada un arma de fuego [de la cual no tenía permiso de  autoridad  competente  para  su porte], situación que dio lugar a la captura de  los   mentados   y   su  inmediata  puesta  a  disposición  ante  la  autoridad  competente.        

         2.  Por  los  anteriores  hechos el 9 de  abril  de  2012, ante el Juzgado Promiscuo Municipal con Funciones de Control de  Garantías  de  Cumbal  (Nariño),  la  Fiscalía  formuló  imputación a Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues  como  presunto  autor  del  delito  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones  (art.  365 del Código Penal), cargo que el citado aceptó con la «condición»  de  que  fuera considerado  como indígena.   

         Cabe  anotar, que en dicha oportunidad el defensor del acusado puso  de  presente  que  éste  era  miembro  del  Resguardo Indígena del Gran Cumbal  (Nariño),  además  que el hecho investigado ocurrió en su territorio, razones  por  las  cuales  deprecó  que la actuación se remitiera por competencia a las  autoridades  tradicionales  de esa comunidad, conforme lo reclamó el Gobernador  del  mencionado  resguardo  indígena  mediante  escrito  que  fue  leído en la  referida audiencia; petición que negó el Juez de Garantías.   

         Seguidamente,  a  instancia  de  la  Fiscalía,  el imputado Taimal  Tarapues  fue  afectado  con medida de aseguramiento de detención preventiva en  su  lugar  de  residencia,  ubicada  en  la  vereda  Cuetial, sector Montebrazo,  municipio de Cumbal (Nariño).   

         En  relación  con el capturado Iván Arley Tipaz Tapie, legalizada  su   aprehensión,   el   representante  del  ente  acusador  desistió  de  las  solicitudes     de     formulación     de     imputación     y    medida    de  aseguramiento.   

         2.  Habiendo correspondido la actuación  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Ipiales, el 30 de julio de 2012 se  intentó  agotar la audiencia de individualización de pena y sentencia, pero la  misma  se  suspendió  debido  a que el Juez de Conocimiento advirtió que no se  había  enviado  la  actuación a la Sala Jurisdiccional del Consejo Superior de  la  Judicatura  a  fin de que dirimiera el conflicto de jurisdicciones planteado  por  el  defensor  de  Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues,  a  lo que de inmediato  procedió.   

         3.   Mediante  decisión  adiada  5  de  septiembre   de  2012,  la  Sala  Jurisdiccional  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  asignó  el  conocimiento  del  asunto  al Juzgado Segundo Penal del  Circuito       de       Ipiales.           

         4. El 15 de abril de 2013 se reanudó la  audiencia  respectiva,  donde luego de verificar la legalidad del allanamiento a  cargos  y  escuchar  las solicitudes de las partes sobre los aspectos contenidos  en  el  artículo  447 del C.P.P., se dio lectura a la sentencia, por cuyo medio  se  condenó  a Olger Gustavo Taimal Tarapues a la pena principal de 54 meses de  prisión  en  calidad  de autor del delito imputado, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de la pena de prisión. Además, se le negaron los mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.          

         5.  Apelada la sentencia por el defensor  del  inculpado,  el  Tribunal Superior de Pasto, mediante decisión adiada 20 de  junio de 2013, la confirmó integralmente.     

         6.  Contra la anterior determinación el  defensor  del  implicado  Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues  interpuso recurso de  casación.   

         7.  Con  auto  del  30  de septiembre de  2013,  esta  Sala  admitió  la demanda de casación presentada por el apoderado  del  procesado  Taimal  Tarapues  y, el 13 de febrero siguiente, se verificó la  sustentación respectiva.    

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

         Invocando  la  protección  de  las  garantías  del procesado y la  consolidación  de  la  jurisprudencia,  con  fundamento en la causal segunda de  casación  prevista  en  el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el demandante  postula  un solo cargo por nulidad, el cual concreta en la violación directa de  la  ley sustancial por exclusión evidente del artículo 246 de la Constitución  Política,  así  como de los artículos «19 y 30 del  Código   Penal»,   y  la  correlativa  aplicación  indebida del artículo 29 de la Carta.    

         En  sustento  de  la  censura  y  luego  de  trascribir  las normas  citadas,  señala  el  censor  que  en  el  caso concreto, desde la audiencia de  formulación  de imputación, se acreditó con el respectivo carné y la libreta  militar,  la  condición de indígena del acusado Olger Gustavo Taimal Tarapues,  de  quien  dice, pertenece al Resguardo Indígena del Gran Cumbal, ubicado en el  municipio del mismo nombre en el Departamento de Nariño.   

         Agrega  que  ante  el  Juez  de Control de Garantías y las partes,  presentó  escrito  que  fue leído en la correspondiente audiencia, mediante el  cual  el  Gobernador  del mencionado resguardo solicitó remitir el proceso a la  autoridad   indígena,   provocándose  así  el  conflicto  de  jurisdicciones.   

         Estima  el  recurrente,  que lo anotado en precedencia denota en el  caso  concreto  la  existencia de los elementos que determinan la competencia de  la  jurisdicción  especial  indígena, a saber: (i) personal o la condición de  indígena  del  procesado;  (ii)  territorial  o  geográfico,  es  decir, donde  ocurrieron  los  hechos;  (iii)  objetivo,  o  de la naturaleza, bien del sujeto  perjudicado  o  del  bien  jurídico afectado; y, (iv) el institucional, o de la  existencia  de  una comunidad indígena con capacidad para ejercer jurisdicción  de         acuerdo         con        sus        usos        y        costumbres  tradicionales.          

         Expresa  que  al  resolver el conflicto de jurisdicciones propuesto  por  la  defensa,  a pesar de que la Sala Jurisdiccional del Consejo Superior de  la  Judicatura  asignó  el  conocimiento  de  la  actuación a la jurisdicción  ordinaria,  decisión que en su momento acataron los operadores judiciales y las  partes,  ello  no  significa  que la Corte esté impedida en sede extraordinaria  para  referirse  a  dicha  materia,  máxime  que,  anota  el  actor, en el caso  particular      se      trata     de     proteger     derechos     fundamentales  conculcados.      

         Añade  el  libelista  que  el  error de la Sala Jurisdiccional del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  al  definir la controversia sometida a su  consideración,  siendo  el fundamento de tal decisión la ausencia del elemento  territorial  o  geográfico,  radicó  en  desconocer  que  el hecho investigado  ocurrió  dentro del territorio del Resguardo Indígena del Gran Cumbal, pues el  municipio  de  Cumbal  (Nariño)  donde fue capturado su representado, según el  esquema  de  ordenamiento territorial hace parte del mencionado resguardo; amén  de  que  el componente en cuestión cobija por extensión aquellos lugares donde  los  indígenas  desarrollan  sus actividades cotidianas, laborales, culturales,  etc.      

         En  respaldo  de  su  tesis,  el  impugnante  cita  con amplitud la  jurisprudencia        de       esta       Sala1     y    de    la    Corte  Constitucional2   en   relación  con  los  conceptos  de  fuero  y  jurisdicción  indígena,  así  como  los  elementos  que  los  integran, los cuales, asevera,  fueron   desconocidos  por  el  ad  quem  en  tanto  tomó  como  «acertada    e   incontrovertible»   la  decisión   adoptada   por   la   Corporación  que  dirimió  el  conflicto  de  jurisdicciones  a  favor  de  la justicia ordinaria, relegando el estudio de los  componentes de la jurisdicción indígena.      

         Indica  que la naturaleza del hecho y la mayor o menor nocividad de  la  conducta  no  son  elementos propios de la jurisdicción especial indígena,  pues  el  artículo  246  Superior  la  consagró  sin  limitaciones,  luego ese  argumento  esgrimido  por  el  ad  quem  es  desacertado,  muy a pesar de que en  sustento  de dicha tesis acudiera a la Sentencia T-001 de enero 11 de 2012 de la  Corte  Constitucional,  pues  con ello el juez colegido desconoció la decantada  línea   jurisprudencial   de   esta   Corporación3.   

         Finalmente,  afirma que se aplicó indebidamente el artículo 29 de  la  Constitución Política, por cuanto si bien se tuvo en cuenta para adelantar  la  actuación  ante  la jurisdicción ordinaria, no lo fue con el propósito de  que      la      misma      se      tramitara      ante     la     jurisdicción  indígena.        

         En  esa  medida,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia,  declarar  la nulidad de lo actuado y remitir las diligencias a la  autoridad    tradicional    del    Resguardo    Indígena    del   Gran   Cumbal  (Nariño).      

INTERVENCIONES    EN    LA    AUDIENCIA  PÚBLICA   

1.  Defensor  del  procesado  Olger Gustavo  Taimal Tarapues:   

Reafirma  los  argumentos  y  la  solicitud  consignada en la demanda.   

2.    Fiscalía    General    de    la  Nación:   

De  entrada  el  Fiscal Sexto Delegado ante  esta  Corporación  sostiene  que  la  demanda  de  casación  está  llamada  a  prosperar.   

Expresa  que a pesar de que la controversia  sobre  la  jurisdicción  que  debía adelantar el presente proceso fue dirimida  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  asignando  su  conocimiento a la  justicia  ordinaria,  conforme  a  la  jurisprudencia  de  esta Sala4, en sede del  recurso  extraordinario  la  Corte  está legitimada para revisar las decisiones  que  dirimen  conflictos de jurisdicciones, dado que en esa labor le corresponde  velar  por  el  respeto  de  los  derechos fundamentales, entre ellos, el debido  proceso en su expresión de juez natural.   

         Añade   el   representante   del   ente   acusador   que  la  Sala  Jurisdiccional  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  fundó  su decisión  principalmente  en  que la conducta punible atribuida al acusado Taimal Tarapues  se  realizó  en  comprensión territorial sobre la cual ejerce jurisdicción el  Estado  Colombiano,  y  de  manera  complementaria adujo esa Corporación que la  naturaleza  del  delito  de  porte  ilegal  de  armas  implica, a su juicio, una  verdadera  aculturización del autor, y por tanto no puede considerarse producto  de la cosmovisión indígena.   

Manifiesta que teniendo en cuenta la línea  jurisprudencial    desarrollada     por    la   Sala   y   por   la   Corte  Constitucional5  sobre  el tema objeto del recurso de casación, resulta claro que  en  el caso concreto, contrariamente a lo decidido por el Consejo Superior de la  Judicatura,  la  competencia para conocer del hecho investigado corresponde a la  jurisdicción  indígena,  por  cuanto concurren los elementos que la conforman,  esto  es: (i) humano, consistente en la existencia de un grupo diferenciable por  su  origen  étnico  y  su  identidad  cultural;  (ii)  orgánico, vale decir la  presencia  de  autoridades  tradicionales  que  ejercen  control  social  en  su  colectividad;   (iii)  normativo,  conforme  al  cual  la  respectiva  comunidad  indígena  se  rige por un sistema jurídico propio, establecido a partir de las  prácticas  y usos tradicionales; (iv) geográfico, que remite al territorio que  debe  conformarse  con  sujeción  a la ley y delimitarse por el gobierno con la  participación  de  la  respectiva  comunidad  indígena;  y,  (v)  un factor de  congruencia,  en  tanto  el orden jurídico tradicional de dichas colectividades  no puede ser contrario a la ley.   

Seguidamente  el Fiscal Delegado se refiere  al  fallo  de  esta Corporación CSJ SP, 13 Feb. 2013, Rad. 39444, dictado en un  asunto  en  el  cual  el procesado era un miembro del Resguardo del Gran Cumbal,  donde  la  Sala  advirtió  la  presencia  de  los  elementos  que  componen  la  jurisdicción  especial  indígena,  el  cual  estima  plenamente  aplicable  al  presente  caso  por  tener  similar  sustrato  fáctico  al aquí debatido, para  sostener    que   debe   predicarse   el   fuero   indígena   en   cabeza   del  acusado.   

De  igual  forma,  expresa  que  la  Corte  Constitucional6,  al  ocuparse  de  las  exigencias  para  que  un  asunto  sea de  conocimiento  de la jurisdicción indígena, señala que deben tenerse en cuenta  los  siguientes  elementos:  (i)  personal,  en  cuanto  el  individuo,  dada su  condición  de  indígena,  debe  ser  juzgado  de  acuerdo  con  las  normas  y  autoridades  de  su  propia  comunidad;  (ii)  geográfico, que permite que cada  comunidad  pueda  juzgar  las  conductas que tengan ocurrencia en su territorio;  (iii)  objetivo,  que  hace  referencia  a  la  naturaleza del sujeto o del bien  jurídico  afectado con la conducta punible, de manera que pueda determinarse si  el  interés  del  proceso  es  de  la  colectividad  indígena  o de la cultura  mayoritaria;  y, finalmente, (iv) institucional, relativo a la existencia de una  comunidad  indígena dotada de unas autoridades tradicionales capaces de ejercer  jurisdicción conforme a usos y costumbres tradicionales.   

Adicionalmente,   dice,  se  requiere  la  manifestación  de  voluntad  por  parte  de  la  autoridad  indígena de asumir  competencia,  dado que el ejercicio de la jurisdicción especial es de carácter  dispositivo.   

         En  relación  con el caso concreto, señala que se estableció que  el  procesado Olger Gustavo Taimal Tarapues pertenece al Resguardo Indígena del  Gran  Cumbal  (Nariño)  y  reside  en la vereda Cuetial del municipio del mismo  nombre     –elemento  personal–.   

         El  hecho  atribuido  al  mencionado  ocurrió  dentro  del ámbito  espacial  del  mencionado  resguardo, pues según lo revelan los mapas aportados  por  el  defensor  del  acusado  el  caso  urbano  de  la citada localidad está  enclavado  en  su  territorio,  amén que esa población forma parte del espacio  vital  de  la  comunidad  indígena;  y el hecho de que allí, además de ésta,  ejerza   jurisdicción   el   Estado  Colombiano,  no  conduce  a  descartar  la  aplicación   del   fuero   especial  –elemento    geográfico–.   

         El  bien  jurídico  afectado  con  la  conducta  es  la  seguridad  pública,  que  concierne tanto a la comunidad a la que pertenece el autor de la  misma  como a la cultura mayoritaria, por tanto en los términos de la sentencia  T-617  de  2010 de la Corte Constitucional, dicho factor no resulta determinante  para definir la competencia.   

         Además,  anota  el  Delegado  de  la  Fiscalía, que a pesar de la  nocividad  social  del  comportamiento,  no  se evidencia la aculturización del  autor  atendidas  las  particularidades  del caso, vale decir, el hecho no pasó  del  porte  arma  de fuego sin salvoconducto, el autor es un indígena de escasa  instrucción  dedicado a labores agrícolas y tiene arraigo en la comunidad a la  cual  pertenece,  luego  la asignación del conocimiento a la justicia ordinaria  no  es medida necesaria para salvaguardar el interés jurídico protegido por la  norma   –elemento      objetivo–.   

         Y,  finalmente,  se  tiene que el Gobernador del Resguardo del Gran  Cumbal  (Nariño)  reclamó  la competencia para conocer del asunto, de donde se  colige  la  existencia  de  una institucionalidad capaz de ejercer jurisdicción  por  el hecho atribuido al procesado Taimal Tarapues, representada en el cabildo  de   la   citada   comunidad   indígena,  conforme  a  sus  usos  y  prácticas  tradicionales,  luego  la  remisión  del caso a dicha autoridad no derivará en  impunidad    –elemento  institucional–.   

Concluye el Delegado de la Fiscalía que en  el  asunto  particular, atendiendo al criterio de maximización de la autonomía  de  las comunidades indígenas delineado por la Corte Constitucional7,   que  se  traduce  en  el  principio  pro comunitas,   la   balanza  debe  inclinarse  a  favor  de  la  jurisdicción  indígena.   

En  esa  medida,  agrega,  al  haber  sido  procesado  Taimal Tarapues por la justicia penal de la jurisdicción ordinaria y  no  por  las  autoridades indígenas del resguardo al cual pertenece, conforme a  sus  normas   y  procedimientos,  se  le  vulneró  el debido proceso en su  expresión  de  juez  natural,  por  lo  que  pide a la Corte casar la sentencia  recurrida,  declarar  la  nulidad  de  lo  actuado  y  remitir la actuación por  competencia al Cabildo del Resguardo del Gran Cumbal (Nariño).   

         3. Ministerio Público:   

         El   Procurador   Segundo   Delegado   para   la  Casación  Penal,  inicialmente  advierte  la  improcedencia de la pretensión del demandante y, en  consecuencia,    pide    a    la    Corte    no   casar   el   fallo   recurrido  extraordinariamente.   

         Señala  que  el tratamiento que la teoría del delito le ha dado a  los  indígenas  y el otorgado al fuero indígena por la jurisprudencia de Corte  Constitucional  no  ha  sido  pacífico,  menciona  las  normas  que regulan tal  aspecto  tanto  en  el  Código Penal de 1980 como en el de 2000, y anota que en  dichas   codificaciones   se   considera  a  los  indígenas  como  inimputables  relativos,  es  decir,  se trata del indígena no civilizado en tanto miembro de  una  minoría  racial  sub  cultural  no  capaz,  en  el  ambiente de la cultura  dominante,  de  comprender la valoración jurídica de comportamientos que en su  comunidad  se  consideran  válidos,  pero  en el grupo mayoritario se califican  como ilícitos.    

Se  refiere  el  Delegado  al  concepto  de  jurisdicción  especial  indígena,  como el reconocimiento que la Constitución  Política     –art.  246–   hace  a  dichas  comunidades,  de  la  facultad  que  tienen  para resolver los conflictos que se  presenten  en su territorio de acuerdo a sus usos y costumbres, siempre y cuando  no  violen  disposiciones  constitucionales,  lo  cual  significa  que  el fuero  indígena  tiene  límites,  entre  ellos,  los  denominados elementos personal,  geográfico  e  institucional, según lo expresó esta Corporación en fallo CSJ  SP, 13 Feb. 2013, Rad. 39444.   

Anota que en cuanto al elemento personal, no  hay  duda de que en el caso particular el acusado Taimal Tarapues pertenece a la  comunidad indígena del Resguardo del Gran Cumbal (Nariño).   

Agrega  que no ocurre lo mismo en cuanto al  elemento  geográfico  o  territorial, pues se acreditó que el porte de un arma  de  fuego sin permiso de autoridad, hecho por el cual el procesado fue capturado  y  se  le  formuló imputación por la Fiscalía, sucedió en el barrio Llorente  del  casco  urbano  del  municipio  de  Cumbal (Nariño), de donde se colige que  dicha  conducta  punible no tuvo ocurrencia al interior del resguardo indígena.   

Además,  resalta  el  representante  del  Ministerio  Público,  debe  tenerse  en  cuenta  que  para  el  momento  de  su  aprehensión,  el  incriminado  estaba  en  estado  de embriaguez, transitaba en  motocicleta  por zona urbana de la citada población y portaba arma de fuego sin  salvoconducto,  cuyo  uso  no  le era ajeno dada su condición de ex soldado del  Ejército  Nacional,  es decir, cometió delito contra la seguridad pública por  fuera   de   la   comprensión  territorial  del  resguardo  indígena  al  cual  pertenece.   

Señala,  de  otra  parte,  que  el  bien  jurídico  afectado es la seguridad pública, cuyo titular es la colectividad en  general, el cual el Estado Colombiano está obligado a proteger.   

Afirma que en este caso no es procedente la  nulidad   alegada,  pues  conforme  a  las  reglas  establecidas  por  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  T-496  de 1996, el procesado es sujeto que por su  especial   relación   con   la   comunidad  mayoritaria  sabía  del  carácter  perjudicial  de  la  conducta  regulada  por el ordenamiento jurídico nacional,  razón  por  la  cual  el  conocimiento  del  presente  asunto  corresponde a la  justicia  ordinaria.                    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Cargo  único:  Desconocimiento  del debido proceso por afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de  la  garantía  debida a cualquiera de las  partes.   

         1. Según el demandante, en el asunto de  la  especie  la  sentencia  confutada  se  profirió  en  un  proceso viciado de  nulidad,  por desconocimiento de la garantía de su defendido al debido proceso,  particularmente  en  lo atinente al juez natural, prevista en el artículo 29 de  la  Carta  Política,  que  derivó  en la exclusión evidente del artículo 246  ibídem,  el  cual  consagra  la  denominada  jurisdicción  indígena, y de los  artículos  19  y  30  de  la  Ley  906  de 2004, referidos al principio de juez  natural  y  a  los  casos exceptuados del conocimiento de la jurisdicción penal  ordinaria,  respectivamente,  entre  los  cuales  se  encuentran aquellos de los  cuales conozca la jurisdicción indígena.   

         2. Se ofrece necesario, en primer lugar,  señalar  que  en  los  albores  de la actuación, concretamente en la audiencia  donde  la  Fiscalía  formuló  imputación  a Olger Gustavo Taimal Tarapues, la  defensa  del  mencionado puso de presente al Juez de Garantías y a las partes e  intervinientes,  que  éste era miembro del Resguardo Indígena del Gran Cumbal,  etnia  «Los  Pastos»,  como  lo  acreditó  con la certificación expedida por  Luís   Humberto  Cuaspún,  Gobernador  del  referido  resguardo;  además,  se  presentó  solicitud  signada  por  la  mencionada  autoridad, donde reclamó la  remisión  de  la  actuación  hasta  ese  momento  adelantada, al cabildo de la  comunidad   aborigen,   por   ser   competente  para  conocer  de  ella,  habida  consideración  de  la  calidad  de  indígena  del  infractor  y que los hechos  ocurrieron  en  el  municipio  de Cumbal (Nariño), ubicado dentro del resguardo  del Gran Cumbal.   

         No  obstante,  la petición fue negada por el Juez de Garantías y,  aceptados  los cargos por el imputado, quien cabe destacar, condicionó ese acto  de  parte  a  que se le considerara indígena, se remitió el proceso al Juzgado  de  Conocimiento  donde,  previo a decidir sobre la legalidad del allanamiento a  la  imputación y sus consecuencias punitivas, remitió la actuación al Consejo  Superior   de  la  Judicatura  para  que  dirimiera  el  conflicto  positivo  de  jurisdicciones   propuesto  por  el  defensor  de  Taimal  Tarapues.     

         Así,  en  decisión  fechada  5  de  septiembre  de  2012, la Sala  Jurisdiccional  de  esa  Corporación asignó su conocimiento a la jurisdicción  ordinaria,  cuyo  argumento  central fue que si bien en el caso del procesado se  había  acreditado  el  elemento  personal  del fuero indígena y la competencia  había  sido  reclamada  por  el Gobernador del Cabildo, éste era apenas uno de  los  varios  factores  que  debía  concurrir para su reconocimiento, echando de  menos  los  elementos  territorial, en consideración a que encontró acreditado  que  la  conducta investigada no se cometió dentro del territorio del Resguardo  Indígena  del  Gran  Cumbal  (Nariño),  y  objetivo,  atendida  «la     naturaleza     de    la    conducta    delictiva»,  que  estimó ese juez colegiado «no  puede  considerarse  producto  de la cosmovisión de dicho individuo».      

         Al respecto señaló:   

Lo anterior teniéndose en cuenta que según  el  informe  de  captura,  lo  aseverado  en  las Audiencias Preliminares por la  Fiscal  22  Seccional  de  Cumbal  y  lo  testimoniado  por  el patrullero de la  Policía   nacional   César   Hernández  Gómez,  quedó  establecido  que  la  aprehensión  de  dicho  indígena  en  poder  del arma de fuego que originó el  inició  (sic)  de  la investigación en su contra, tuvo ocurrencia en el barrio  Llorente,  cerca  al  polideportivo,  es  decir, en ZONA URBANA del municipio de  Cumbal (…).       

Si  en  el  anterior  orden  de  ideas,  la  conducta   atribuida   al  indígena  capturado,  se  realizó  en  comprensión  territorial  sobre  la cual ejercer jurisdicción el Estado colombiano a través  de  la  Fiscalía 22 Seccional y el Juzgado Promiscuo Municipal con Funciones de  Control  de  Garantías,  ambos  despachos  con  sede en el municipio de Cumbal,  tiene  que  concluir esta Superioridad que es la jurisdicción ordinaria y no la  indígena  la  competente  para  continuar conociendo del caso adelantado contra  [OLGER] GUSTAVO TAIMAL TARAPUES.    

         3.  Un primer aspecto que debe abordarse  previo  a estudiar el cargo, es el relativo a si las decisiones adoptadas por el  juez       que       por      disposición      constitucional      –art.    256.6    de    la    Carta  Política–   y   legal  –art.  112.2  de  la Ley  Estatutaria      de      la      Administración     de     Justicia–  debe  resolver  los  conflictos  de  jurisdicciones,   son   pasibles   de   invalidación   en   sede   del  recurso  extraordinario  o, por el contrario, su revisión escapa a dicho control bajo la  consideración  de  ser  «ley del proceso».    

         Sobre  el tema esta Corporación en CSJ SP, 8 Nov. 2011, Rad. 34461  recogió  las  diferentes  posturas  asumidas  por  la  Sala, desde cuando en un  principio   consideró   que   las   decisiones   que  definían  conflictos  de  jurisdicciones  eran  «ley  del  proceso»,  salvo  que  después de adoptadas sobrevinieran hechos nuevos;  pasando  luego  por  el  criterio según el cual, «no  hay  temas  vedados  dentro del juicio de casación»,  ni  de  su  estudio  pueden  excluirse  asuntos  con  el  prurito  de haber sido  resueltos  por otras autoridades, pero a su vez manteniendo su inicial línea de  pensamiento  sobre  la inmutabilidad de aquellas; hasta la tesis que a partir de  la  citada  sentencia y en adelante adoptó la Sala, que ya había sido expuesta  en  los fallos de revisión proferidos a partir del CSJ, SP, 1º Nov. 2007, Rad.  26077,  conforme  la  cual,  bajo  ninguna  consideración determinaciones de la  naturaleza  anotada  son  intocables  en  sede  extraordinaria,  atendiendo a la  función  superior  de  protección de los derechos fundamentales atribuida a la  casación (art. 235-1 Constitución Política).   

         En la referida sentencia la Corte concluyó:   

Si en desarrollo del recurso de casación la  Corte  ejerce  el  control  constitucional  y legal de las sentencias de segunda  instancia,  inclusive de oficio, nada en el trámite procesal puede estar exento  de  examen.  La  resolución  de  un  conflicto  de  jurisdicciones dentro de la  actuación,  en  particular, no es un tema extraño al objeto de la impugnación  extraordinaria.  Esa  determinación,  por  tanto,  debe  decirse claramente, no  cierra  de manera definitiva una fase procesal, no tiene el carácter de ley del  proceso  y  si  bien  es  cierto  soluciona  una  diferencia  en su curso, no es  intocable  para  el  Tribunal de casación, aún si luego de su proferimiento no  surge  una  circunstancia  fáctica  o  jurídica  que  conduzca  a modificar la  competencia.   

        4.  Despejada,  entonces,  esa  primera  cuestión,  debe  establecerse si el supuesto fáctico en que el censor funda el  vicio  de  garantía  que  da  pábulo a la nulidad que denuncia, esto es, haber  sido  adelantada  la  actuación  por  la  justicia  penal  de  la jurisdicción  ordinaria  y  no  por  la  indígena, se verifica en el presente asunto, para lo  cual  es  necesario  asumir  el  estudio  de  los  aspectos  relativos  a (i) la  jurisdicción  indígena  y (ii) el fuero indígena, en orden a determinar si en  el  caso concreto del Resguardo Indígena del Gran Cumbal, etnia «Los Pastos»,  y  en el del procesado Olger Gustavo Taimal Tarapues, respectivamente, concurren  los elementos que le dan contenido a dichas nociones.   

        4.1   En  primer  lugar,  es  necesario  mencionar  que  la  función  pública  de  administrar  justicia tiene sustento  normativo   en   la   Constitución   –art.   228  de  la  Carta–,  que  también  consagra  las  diferentes  jurisdicciones  que la  componen,  entre  ellas  la  ordinaria –art.     234    ibídem–,  cuya  reglamentación  se  ha  implementado  a  través  de  ley  estatutaria  –art. 11 de  la  Ley  270 de 1996– y en  los  ordenamientos procedimentales adoptados para cada una de las especialidades  que  la  conforman, que para el caso de la justicia penal están compendiados en  las Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004.   

        Asimismo,  la  función jurisdiccional, además de ser ejercida por  determinadas  corporaciones  y  personas  dotadas  de  la investidura legal para  ello,  de  conformidad  con  la  Carta  Política  y  la  Ley  Estatutaria de la  Administración  de Justicia, también lo es por «las  jurisdicciones   especiales   tales   como:   la   penal  militar,  la   indígena   y   la   justicia   de  paz»,  como  lo  determina  el  artículo  12  de la  última normativa en mención. (Subraya fuera de texto)   

        4.2   Ahora   bien,  el  objeto  de  la  jurisdicción  penal  ordinaria  establecido en el artículo 29 de la Ley 906 de  2004,  valga decir, «la persecución y el juzgamiento  de  los delitos cometidos en el territorio nacional»,  amén  de  aquellos  realizados  en  el extranjero cuando así lo determinen los  tratados   y   la   ley,   tiene   excepciones,   entre   ellas,  «los    asuntos    de    los   cuales   conozca   la   jurisdicción  indígena»,  según  lo  normado  en  el  canon  30  ibídem.          

        Dicha   consagración  legal  encuentra  explicación  en   la  previsión  del  ordenamiento Superior –art.  246–,  conforme  a  la  cual  las  comunidades  indígenas  que  cuenten  dentro  de su  organización  social  con  autoridades,  así  como con normas y procedimientos  establecidos,     «podrán    ejercer    funciones  jurisdiccionales  dentro  de su ámbito territorial»,  condicionando  tal  ejercicio  a que éstos no contraríen la Constitución y la  ley.       

        No  obstante  disponer  el  citado precepto el deber de reglamentar  legalmente  el  ejercicio  de  dicha  jurisdicción  especial,  ante su falta de  regulación   positiva  la  Corte  Constitucional  ha  desarrollado  una  línea  jurisprudencial  en relación con los elementos que conforman la jurisdicción y  el  fuero  indígena,  a  fin  de poder establecer cuándo una persona ha de ser  juzgada por una comunidad aborigen.    

        En   relación  con  los  elementos  que  le  dan  contenido  a  la  jurisdicción  indígena,  cuya  presencia permite determinar si una determinada  colectividad  nativa  está  facultada  para  ejercer funciones jurisdiccionales  dentro  de  su  ámbito  territorial,  la  Corte Constitucional ha señalado los  siguientes:       

…la     jurisdicción    indígena  comporta:   

Un  elemento  humano,  que  consiste en la  existencia   de   un  grupo  diferenciable  por  su  origen  étnico  y  por  la  persistencia diferenciada de su identidad cultural.   

Un   elemento   orgánico,  esto  es  la  existencia  de  autoridades  tradicionales  que  ejerzan una función de control  social en sus comunidades.   

Un elemento normativo, conforme al cual la  respectiva  comunidad  se  rija  por  un  sistema  jurídico propio conformado a  partir  de las prácticas y usos tradicionales, tanto en materia sustantiva como  procedimental.   

Un ámbito geográfico, en cuanto la norma  que  establece  la  jurisdicción indígena remite al territorio, el cual según  la  propia Constitución, en su artículo 329, deberá conformarse con sujeción  a   la   ley   y   delimitarse   por  el  gobierno  con  participación  de  las  comunidades.   

Un  factor de congruencia, en la medida en  que  el  orden  jurídico  tradicional  de  estas  comunidades no puede resultar  contrario   a  la  Constitución  ni  a  la  ley”8.   

         

        4.3  Corresponde  ahora constatar si los  elementos  que  refiere  la jurisprudencia constitucional están presentes en el  caso  particular  del  Resguardo  Indígena  del  Gran Cumbal (Nariño), al cual  pertenece  el  acusado  Taimal  Tarapues,  previo a determinar si el fuero de la  misma índole cobija o no al mencionado.    

        Pues  bien, en un asunto con análogo sustrato fáctico al presente  y  donde  se discutía un problema jurídico semejante al que aquí se resuelve,  valga  decir,  si  se  configuraba  un  vicio  de garantía por trasgresión del  debido  proceso  en  su  componente  de  juez  natural a consecuencia de haberse  asignado  el  conocimiento de un proceso penal a la jurisdicción ordinaria y no  a   la   indígena,   siendo   el   incriminado  un  nativo  del  grupo  étnico  «Los  Pastos»,  del cual  hacen  parte  los  miembros  del  Resguardo  Indígena  del Gran Cumbal, dijo la  Corte:   

En  cuanto  hace referencia al “elemento  humano”,  se  observa  que  éste se estructura a través de la existencia del  grupo   étnico   “Los   Pastos”,   cuyo   asentamiento   data   de  tiempos  prehistóricos9,  del  cual  hacen parte los habitantes del Reguardo Indígena del  Gran Cumbal.   

El   elemento  “orgánico”  también  concurre  en  este  caso, en tanto la comunidad indígena reunida en el reguardo  anotado,  cuenta  con  autoridades ancestrales, las cuales, dentro del ejercicio  de  su  organización autonómica, están en capacidad de asumir la solución de  los  conflictos  originados  entre  sus  miembros,  pero además, cuenta con las  herramientas     para     asegurar    el    cumplimiento    de    sus    propias  decisiones.   

Por  igual  se demuestra la configuración  del  “elemento  normativo”,  dado  que  el Cabildo Indígena del Gran Cumbal  tiene  previstos  un  conjunto  de  usos  y costumbres idóneos para llegar a la  solución  de  los  conflictos  que  se  suscitan  entre  los  integrantes de la  comunidad.   

El  “elemento  geográfico” así mismo  confluye  en  este  caso,  toda  vez  que  el  territorio del Resguardo del Gran  Cumbal,  fue  formalizado  a  través  del  Título  228  de 1908, el cual está  situado  al  occidente  de  la cabecera del Municipio de Cumbal y comprende ocho  veredas:  Boyera,  Cuaical,  Cuetial,  Cuaspud,  Guan,  Miralflores-San Martín,  Quilismal             y            Tasmag10  (de la cual hacen parte los  sectores Chilco, Guaires, Kamur y Tolas).   

El “factor de congruencia” por igual se  hace  presente,  pues  al  efecto  se  observa que el Cabildo Indígena del Gran  Cumbal  dio  a conocer que los usos, costumbres y procedimientos aplicados en la  solución  de  los conflictos que se suscitan entre los miembros de la comunidad  no  van  en  contra de la Constitución, ya que respetan y preservan la dignidad  del ser humano.   

        Conforme  al  anterior  análisis,  surge  patente que la comunidad  indígena  del  Gran  Cumbal,  cuyo Gobernador reclamó para sí el conocimiento  del  presente  asunto,  está facultada en los términos del artículo 246 de la  Constitución  Política  y  de  la  jurisprudencia  constitucional para ejercer  funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial.   

        4.4  Empero,  como  se  anunció,  para  alegar  la  competencia  de  la  jurisdicción  indígena no basta con encontrar  demostrado  que  determinado  grupo  tribal  reúne las exigencias que al efecto  demandan  el  ordenamiento  Superior  y  la  jurisprudencia  constitucional, por  cuanto  la facultad de ejercer la función jurisdiccional se predica de aquel en  tanto  colectividad  diferenciable  de  la  cultura  mayoritaria  por  su origen  étnico,  identidad  cultural,  usos y costumbres, etc., por lo que es necesario  que,  adicionalmente,  en  el  sujeto individualmente considerado se reúnan los  elementos que sustentan el fuero indígena.   

        De  ahí  que  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional al  desarrollar  los  presupuestos  necesarios  para  predicar  la  existencia de la  jurisdicción  indígena en un específico pueblo aborigen, y dada su naturaleza  de   derecho   autonómico   como  lo  definió  en  CC  T-617/2010,  de  manera  concomitante  se  ocupó  de  concretar  los  elementos que estructuran el fuero  indígena,  valga  decir,  aquellos  que  de  confluir  en un individuo lo hacen  sujeto   susceptible   de   ser   juzgado   por   la   antedicha   jurisdicción  especial.                

        Esa  línea  de  pensamiento ha sido acogida por esta Corporación,  pues  en  CSJ  SP,  8  Nov.  2011,  Rad.  34461,  se  refirió con amplitud a la  evolución  de  la  jurisprudencia  constitucional sobre el tema, respecto de lo  cual indicó:   

      

Del  fuero  indígena,  de  sus alcances y  límites,    la    Corte    Constitucional   ha   desarrollado   en   múltiples  pronunciamientos  una  línea  jurisprudencial  que  comenzó  con  la sentencia  T-496/96.  En  ésta,  tras  la  advertencia  de que no siempre la jurisdicción  indígena  es  competente  para  conocer  de una conducta reprochable en la cual  esté involucrado un aborigen, expresó la Corporación:   

“El  fuero indígena tiene límites, que  se  concretarán  dependiendo  de  las  circunstancias  de cada caso. Por ahora,  debemos  señalar,  que  en  la  noción  de  fuero  indígena  se  conjugan dos  elementos: uno de carácter  personal,  con  el  que se  pretende  señalar que el individuo debe ser juzgado de acuerdo con las normas y  las  autoridades  de  su  propia  comunidad,  y  uno  de  carácter geográfico,   que   permite  que  cada  comunidad  pueda  juzgar  las  conductas  que  tengan  ocurrencia  dentro  de su  territorio, de acuerdo con sus propias normas”.   

Sin  dejar  de  contemplar  situaciones de  mayor                   complejidad11,  como  cuando el delito es  cometido  por  un  indígena por fuera del ámbito territorial del resguardo, la  conclusión  clara  del  Tribunal  Constitucional, frente a eventos de conductas  ejecutadas  por  miembros de la comunidad dentro de su territorio, fue que “en  virtud   de   consideraciones   territoriales   y  personales,  las  autoridades  indígenas  son  las  llamadas  a ejercer la función jurisdiccional” en tales  casos.   

Ese criterio se reiteró en las sentencias  T-344/98,  T-266/99,  T-606/01 y T-728/02, precisándose en la última, luego de  relacionar    los    elementos    personal   y   territorial   del   fuero,   lo  siguiente:   

“Siendo así, las autoridades indígenas  son  el  juez  natural  para conocer de los delitos cometidos por miembros de su  comunidad,  siempre y cuando se atiendan los dos requisitos establecidos para el  reconocimiento  del  fuero  indígena.  Esta  condición  es inherente al debido  proceso,  uno de cuyos componentes es precisamente el del juez natural, tal como  lo     señala,    de    manera    expresa,    el    artículo    29    de    la  Constitución”.   

En la sentencia T-552/03, estimó la Corte  Constitucional  que  además  de  los  factores personal y territorial, “en la  definición    del   fuero   indígena   concurre   también   el   elemento  objetivo, referido a la calidad  del  sujeto  o  el  objeto  sobre  los  que recae la conducta delictiva”. Y se  insistió  en  ese  tercer  factor,  en  los  términos  dichos y sin desarrollo  adicional  de  ningún  tipo,  en  las sentencias T-811/04 y T-1238/04. En otros  pronunciamientos   posteriores,   como   los  fallos  T-009/07  y  T-945/07,  se  relacionaron  como  elementos  del  fuero  indígena  solamente el personal y el  territorial.   

En  la  sentencia  T-617/10, en la cual la  Corte  Constitucional  examinó  como en ninguna otra el derecho a la autonomía  jurisdiccional  de  las comunidades indígenas, aludiendo en detalle a todas las  decisiones   a   través   de   las   cuales   fue   construyéndose  la  línea  jurisprudencial  relacionada  con  el  tema,  consideró que definir el elemento  objetivo  de  la manera como se hizo en el precedente jurisprudencial, resultaba  demasiado   vago  al  no  especificarse  “qué  tipo  de  objetos,  o  sujetos  afectados,  determinan la competencia de la jurisdicción especial indígena”.  Decidió  la  Corporación,  por  tanto, profundizar en el alcance del concepto.   

“El  elemento  objetivo                –dijo—  hace  referencia  a  la  naturaleza  del  sujeto o del bien jurídico afectado por una  conducta  punible, de manera que pueda determinarse si  el  interés  del  proceso  es  de  la  comunidad  indígena  o  de  la  cultura  mayoritaria.  Más  allá  de  las  dificultades que puedan surgir  en cada  caso  para  evaluar  el elemento objetivo, es evidente que existen tres opciones  básicas  al  respecto: (i) el bien jurídico afectado, o su titular, pertenecen  a  una  comunidad  indígena;  (ii)  el  bien jurídico lesionado, o su titular,  pertenecen   exclusivamente   a   la  cultura  mayoritaria;  (iii)  independientemente  de  la  identidad cultural del titular, el bien  jurídico  afectado concierne tanto a la comunidad a la que pertenece el actor o  sujeto  activo  de  la  conducta,  como  a  la  cultura  mayoritaria.   

“El  elemento objetivo indica soluciones  claras  en  los  supuestos  (i)  y (ii): en el primero, el caso corresponde a la  jurisdicción  especial  indígena;  y  en  el segundo, a la justicia ordinaria.  Sin embargo, en el evento (iii), el elemento objetivo  no  resulta  determinante para definir la competencia.  La  decisión del juez deberá pasar por la verificación de todos los elementos  del  caso  concreto  y por los demás factores que definen la competencia de las  autoridades de los pueblos aborígenes.    

“Una variante  importante  del  último  supuesto  es  aquella  en que el caso reviste especial  gravedad  para el derecho mayoritario, posibilidad que  ha  llevado  al  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  a  excluir, de plano, la  procedencia    de    la    jurisdicción    especial   indígena.   Para  la  Sala,  ese  tipo  de decisión no puede establecerse como  regla  definitiva  de competencia, pues acarrea la imposición de los valores de  la  cultura  mayoritaria,  dejando  de  lado  la  protección  a  la  diversidad  étnica.   

“Lo  verdaderamente  relevante,  en casos como los mencionados, es que la aplicación  del  fuero  no  derive  en impunidad, de manera que el  examen  del  juez  debe dirigirse a evaluar con mayor intensidad la vigencia del  elemento  institucional,  pues  de  este  depende,  según  se  ha  expuesto, la  efectividad de  los derechos de la víctima”.    

El   elemento  institucional, llamado así en la sentencia T-617/10,  surgió  en  la  sentencia  T-552/03,  donde  se  le  incluyó  como  factor  de  procedencia  de  la  jurisdicción indígena. Se mencionaban hasta entonces como  condiciones  formales  de  aplicación  de  esa justicia especial, derivadas del  artículo  246  de  la  Constitución  Nacional,  la existencia de una comunidad  indígena  con autoridades  tradicionales y un ámbito territorial definido  donde las mismas ejerzan autoridad.   

“Lo  anterior  sin  embargo –agregó la Corte Constitucional en la  sentencia  T-552/03—, no  sería  suficiente,  por cuanto se requiere, además, establecer la capacidad de  esas  autoridades  de los pueblos indígenas para ejercer jurisdicción conforme  a  usos  tradicionales.  Esto  es,  puede  existir  un  reconocimiento formal de  resguardo   y   cabildo,  pero  no  darse  materialmente  los  supuestos  de  la  jurisdicción,  por  carencia  de  normas  y  prácticas específicas de control  social,  por ausencia de procedimientos de juzgamiento, o porque las autoridades  tradicionales han dejado de ejercer ese tipo de funciones.   

“Conforme  a  la  Constitución,  a  los  elementos  ya  reseñados  de  la  Jurisdicción especial indígena, habría que  agregar,  entonces,  la  existencia de usos y prácticas tradicionales, tanto en  lo  sustantivo  como  en  lo  procedimental  y la condición de que tales usos y  prácticas  no  resulten  contrarias  a  la  Constitución o a la Ley. Estas dos  últimas  condiciones  plantean  un  específico  problema de interpretación en  orden  a  determinar  la  aplicación  de  la  jurisdicción  indígena  en  una  situación  determinada,  por  cuanto  la  consideración  de  las  mismas puede  hacerse  ex  ante,  como  un  requisito  de  procedibilidad  de la jurisdicción  especial,  o  ex  post,  como  condiciones  que  gobiernen  el  ejercicio  de la  misma”.   

Más  adelante,  tras  la  fundamentación  constitucional pertinente, concluyó la Corporación judicial:   

“En  ese  contexto, resulta contrario al  principio  de  diversidad  étnica y cultural y a la garantía constitucional de  la  jurisdicción  indígena,  la  pretensión  de  que  la procedencia de ésta  dependa  del reconocimiento externo en torno a la existencia y validez del orden  jurídico  tradicional.  Establecida  la  existencia de una comunidad indígena,  que  cuente  con  autoridades  propias  que  ejerzan  su  poder  en  un  ámbito  territorial  determinado,  surge directamente de la Constitución, el derecho al  ejercicio  de  la jurisdicción. Las prácticas y usos tradicionales constituyen  el   marco   de   referencia   para  el  ejercicio  de  esa  facultad,  pero  su  determinación  corresponde de manera autónoma a la propia comunidad indígena,  con  la  sola  limitación  según  la cual ese sistema normativo tradicional no  puede  contrariar  la Constitución ni las leyes. Esta última condición, de la  manera  como  ha  sido  perfilada  por  la  Corte,  solo  sería  objeto  de una  verificación  ex  post,  para la garantía de los derechos fundamentales de las  personas  que  pudiesen  verse  afectadas  por  la  acción o la omisión de las  autoridades indígenas”.   

En  la  sentencia  T-617/10, en la cual se  profundizó  en torno al elemento institucional (llamado también orgánico), se  le   asoció   “a   la   existencia  de  autoridades,  usos  y  costumbres,  y  procedimientos  tradicionales  en  la  comunidad,  a  partir  de  los cuales sea  posible  inferir:  (i)  cierto  poder  de  coerción  social  por  parte  de las  autoridades  tradicionales; y (ii) un concepto genérico de nocividad social”.  Y  se  establecieron  los  siguientes  criterios  para  su evaluación, frente a  discusiones  de  competencia  entre  las  autoridades  indígenas  y la justicia  ordinaria:   

“El   juez  encargado  de  dirimir  el  conflicto  de  competencias  entre  la  jurisdicción  especial  indígena  y el  sistema   jurídico  nacional  debe  tomar  en  consideración  la  existencia   de  una  institucionalidad  social  y  política,  que  permita asegurar los derechos de las víctimas en el  proceso.   El   primer  factor  para  determinar  la  existencia  de  esa  institucionalidad  es  la  manifestación  positiva  de  la  comunidad,    en    el   sentido   de   tener   voluntad   para   adelantar   el  proceso.   

“Sin  embargo,  la  verificación  de la  compatibilidad    entre   el   contenido  del  derecho  propio de una comunidad indígena y los derechos de  las  víctimas,   por  regla  general,  solo  puede  ser  objeto  de un control  judicial  posterior. Excepcionalmente, en casos de extrema gravedad o en los que  la  víctima  se  encuentra  en situación vulnerable, debido a su condición de  especial  protección  constitucional,  o  en  estado  de  indefensión, el juez  encargado  de  dirimir  el  conflicto  podría  realizar  una verificación más  amplia   de  la  vigencia  del  elemento  territorial,  valiéndose  de  pruebas  técnicas,  o  de la propia experiencia del resguardo. Sin embargo, el contenido  material       del       derecho       propio      es      ajeno      a      esa  verificación.                                    

“El derecho al  ejercicio  de  la  jurisdicción especial indígena es de carácter dispositivo,  voluntario u optativo para la comunidad.   

“Sin embargo, cuando una comunidad asume  el  conocimiento  de  un  caso  determinado, no puede renunciar a tramitar casos  similares  sin ofrecer una razón legítima para ello, pues esa decisión sería  contraria al principio de igualdad.   

“El debido proceso tiene, en el marco de  la    jurisdicción    especial    indígena,   el   alcance   de   predecibilidad     o     previsibilidad  sobre las actuaciones de  las  autoridades  tradicionales, y la nocividad social de ciertas conductas. Sin  embargo,  no  puede exigirse a la comunidad indígena que acredite la existencia  de  normas  escritas,  o de compendios de precedentes para ejercer la autonomía  jurisdiccional,  debido  a  que  el  derecho  propio  se encuentra en proceso de  formación  o  re  construcción.  Lo  que  se exige es un concepto genérico de  nocividad social.   

“Resulta  contrario  a  la  diversidad  étnica  y  cultural,  y  a  la  autonomía  jurisdiccional  de  las comunidades  indígenas,  la exigencia de acreditar un reconocimiento jurídico externo de su  existencia”. (Subraya la Sala)   

        4.5  En  ese  orden,  en el asunto de la  especie  se  impone verificar si los referidos elementos constitutivos del fuero  indígena,   concurren   en   el   caso   del  procesado  Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues.         

        4.5.1           «Elemento  personal». Mediante constancia  expedida  por el Gobernador del Cabildo Indígena del Resguardo del Gran Cumbal,  presentada  por  el  defensor  del  acusado  al Juez de Garantías, las partes e  intervinientes  en  la  audiencia  de formulación de imputación, se certificó  que  el  supranombrado  es  natural  del mismo, reside en la vereda Cuetial y se  encuentra   inscrito   en  el  censo  indígena  de  la  parcialidad12.           

        4.5.2           «Elemento  geográfico». Según lo indica  el   informe   de   la   policía   de   vigilancia   en  casos  de  captura  en  flagrancia13,   aportado   por   la   Fiscalía   en  la  audiencia  preliminar  concentrada,  el  hecho  por  el  cual  el acusado Taimal Tarapues fue capturado  ocurrió en el barrio Llorente del municipio de Cumbal (Nariño).   

        Ahora  bien,  en  orden  a establecer la ubicación del pluricitado  resguardo  indígena,  dentro del cual afirma el casacionista está enclavado el  casco  urbano  del  municipio  de  Cumbal  (Nariño),  basta revisar el mapa del  Resguardo  del  Gran Cumbal que aparece en el sitio Web de la alcaldía de dicha  localidad,   para   sin  dificultad  constatar  que  efectivamente  la  referida  población  se  sitúa  dentro  de su territorio, tal como lo explica la mentada  página de internet, donde se indica:   

         

El  Resguardo  de  Cumbal está situado al  occidente  de  la  Cabecera  Municipal,  es  el  de  mayor dimensión respecto a  población  y  el  que  mayores  recursos percibe por transferencias del estado.  En   este   (sic)  se  encuentra  ubicado  el  casco  urbano  y  posee  ochos  (8)  veredas:  Guan, Tasmag,  Cuaical,   Quilismal,   Cuetial,   Boyera,   Cuaspud   y  Miraflores–San        Martin.14   

(Subraya fuera  de texto)       

En  ese sentido, surge patente que ni a la  Sala  Jurisdiccional  del Consejo Superior de la Judicatura, ni al representante  de  la  Procuraduría, les asiste razón cuando afirman que el hecho que motivó  la  captura  del  procesado  Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues ocurrió fuera del  territorio  del  tantas  veces  citado  resguardo  indígena y que, por ende, no  concurre  el  elemento  geográfico que demanda la jurisprudencia constitucional  para  el  reconocimiento  del  fuero  indígena, pues la tozuda realidad muestra  cosa distinta.   

4.5.3  «Elemento  objetivo». En  el  asunto  de  la  especie  no  se  discute  que el tipo penal de fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones  (art.  365  del  Código Penal) imputado al acusado Taimal Tarapues, apunta a la  protección  del  bien  jurídico  de la Seguridad Pública, cuya titularidad no  recae  en  una  persona determinada, sino en la sociedad en general, de ahí que  se le considere por la doctrina como de naturaleza colectiva.   

        Siendo   ello   así,  es  evidente  que  en  el  caso  particular,  parafraseando  a  la  Corte  Constitucional, el bien jurídico afectado o puesto  efectivamente  en peligro, como aquí acontece, concierne tanto a la comunidad a  la  que  pertenece  el  autor  de  la  conducta,  como a la cultura mayoritaria.   

Y  si  tal  es  el  supuesto que ofrece la  realidad  del  proceso,  no puede sostenerse categóricamente que no concurre el  factor  objetivo  materia  de  análisis  y, por contera, tomándolo como único  criterio,  negar la existencia del fuero indígena, pues la regla interpretativa  sentada  en  la  sentencia  CC T-617/10, señala que en tales eventos el anotado  elemento  no  resulta concluyente para definir la competencia de las autoridades  indígenas  y,  por tanto, la decisión en el caso concreto deberá pasar por la  constatación  de  los  demás  factores que la determinan, luego «Lo  verdaderamente relevante, en casos como los mencionados, es que  la  aplicación  del  fuero  no derive en impunidad»,  situación  esta  última  que  no  se  avizora en el asunto particular, como se  expondrá enseguida.     

        4.5.4           «Elemento    institucional».   En   la  audiencia  preliminar  concentrada  el  defensor del incriminado Taimal Tarapues  presentó  al Juez y a las partes solicitud suscrita por Luis Humberto Cuaspún,  Gobernador  del  Cabildo  del  Gran  Cumbal,  quien reclamó la competencia para  conocer   conforme   a   sus  usos  y  costumbres  del  hecho  cometido  por  el  supranombrado,  habida consideración de la calidad de indígena del infractor y  que  los  hechos  ocurrieron en el municipio de Cumbal (Nariño), ubicado dentro  del      resguardo      del     mismo     nombre15.   

        Esa  manifestación  de  voluntad  de  la  autoridad  aborigen para  adelantar  el  proceso,  según sentencia T-617/10 resulta suficiente para tener  acreditado  el elemento institucional, y solo en eventos de conductas de extrema  gravedad  o  donde  la  situación  de especial protección constitucional de la  víctima  es  patente,  procede  hacer  una verificación más amplia del citado  factor.   

        Luego  si  en  este  caso  la  comunidad indígena estima nocivo el  comportamiento  del  procesado,  y  además  cuenta con autoridades dentro de su  organización  social, así como  usos y costumbres propios de su identidad  cultural,  mal  puede colegirse que en el asunto concreto se generará impunidad  con       la       remisión       de      la      actuación      al      grupo  aborigen.        

        4.5.5  De  otra  parte, con la petición  formulada  por  el  Gobernador  del Cabildo Indígena del Gran Cumbal al Juzgado  Promiscuo  Municipal  con Funciones de Control de Garantías de esa localidad, a  fin  de  que  remitiera la actuación a esa autoridad, se satisface la exigencia  relativa  a  que  la  jurisdicción  especial  se  active  por  decisión  de la  comunidad  tribal,  en tanto el derecho a ejercerla es de carácter dispositivo,  voluntario u optativo para ésta.   

        5.  En conclusión, en el caso examinado  la  Corte advierte que concurren los elementos que sirven para predicar tanto la  jurisdicción   indígena   en  relación  con  el  Resguardo  del  Gran  Cumbal  (Nariño),  como  aquellos  que  dan  sustento  al  fuero de la misma índole en  cuanto  hace  al  procesado Olger Gustavo Taimal Tarapues, por ende la decisión  de  la  Sala  Jurisdiccional del Consejo Superior de la Judicatura de asignar el  conocimiento  del proceso a la jurisdicción penal ordinaria y no a la indígena  como  correspondía,  quebrantó  el artículo 246 de la Constitución Política  y,  por  contera,  la  garantía del debido proceso en su manifestación de juez  natural.            

Así  las cosas, el único cargo formulado  en el libelo prospera.   

En  consecuencia,  la  Sala  casará  la  sentencia   confutada,   decretará   la  nulidad  de  todo  lo  actuado  en  la  jurisdicción  penal  ordinaria  y  remitirá por competencia las diligencias al  Cabildo  del  Resguardo  Indígena  del  Gran  Cumbal (Nariño). Corolario de lo  anterior,   se   dispondrá  la  libertad  inmediata  de  Olger  Gustavo  Taimal  Tarapues.    

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  CASAR  la  sentencia  proferida  el  20 de junio de 2013 por el Tribunal Superior de Pasto,  con  fundamento  en  el  único  cargo formulado en la demanda presentada por el  defensor del procesado Olger Gustavo Taimal Tarapues.   

2. DECLARAR   la  nulidad  de  todo lo actuado en la jurisdicción penal ordinaria.   

3. REMITIR  las  diligencias, por razón de  competencia,   al Cabildo del Resguardo Indígena  del Gran Cumbal (Nariño).   

         

4.  ORDENAR  la  libertad inmediata de Olger Gustavo Taimal Tarapues.   

5. INFORMAR al Tribunal Superior de Pasto y  a  la  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura,  lo aquí decidido.     

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  SP, 8 Nov. 2011, Rad. 34461.   

2 Corte  Constitucional.  Sentencias  C-139  de 1996, T-496 de 1996,  T-009 de 2007.   

3 CSJ  SP, 13 Feb. 2013, Rad. 39444.   

4 CSJ  SP, 8 Nov. 2011, Rad. 34461.   

5 Corte  Constitucional.  Sentencias  T-349 de 1996, T-030 de 2000, T-1278 de 2002, T-811  de 2004  y T-364 de 2011.   

6 Corte  Constitucional. Sentencia T-617 de 2010.   

7 Corte  Constitucional. Sentencias SU-510 de 1998 y T-617 de 2010.   

8  Sentencia  T-364  de  2011. En el mismo sentido, sentencias T-349 de 1996, T-030  de 2000, T-728 de 2002 y T-811 de 2004.   

9  «Santacruz      Moncayo,     Harold. Origen de los pueblos Pastos. 2009».   

10 Plan  de desarrollo 2008-2011 del Municipio de Cumbal (Nariño).   

11 A  las  cuales  no  aludirá la Sala porque no interesan para la solución del caso  sometido a examen.   

12  Registro  No.  522274089001_2,  minuto  19:52,  disco  compacto  de la audiencia  preliminar concentrada de 9 de abril de 2012.     

13  Folio 54 del diligenciamiento.   

14  http://www.cumbal-narino.gov.co/mapas_municipio.shtml?apc=bcxx-1-&x=2982317.  (Consulta  realizada  el  27  de  febrero  de  2014  a  las 5:00  pm).   

15  Registro  No.  522274089001_2,  minuto  19:52,  disco  compacto  de la audiencia  preliminar concentrada de 9 de abril de 2012.     

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