SP12911-2014(40190)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

SP12911-2014  

Radicación n° 40190  

(Aprobado Acta No. 318)  

          Bogotá,  D.C.,  veinticuatro  (24) de septiembre de dos mil catorce  (2014).   

V I S T O S  

          Procede  la  Sala a resolver el recurso de casación interpuesto por  el  defensor  de  Rody  Hernando  Parada  Villamizar,  contra  la  sentencia del  Tribunal   Superior   de  Pamplona  (N.  de  S.),  mediante  la  cual  confirmó  integralmente  la proferida por el Juzgado Penal del Circuito de esa ciudad, que  lo  condenó  por  el  delito  de  falsedad  ideológica  en documento público.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                          

          1. Los primeros fueron sintetizados por el  sentenciador de primer grado de la siguiente manera:   

El Notario Único de Cucutilla, al extender la  escritura  número  71  del  17  de marzo de 2001, relacionada con el matrimonio  civil   contraído   entre   Francisco  Enrique  Jáuregui  Balaguera  y  Teresa  Gutiérrez  Mendoza, omitió consignar en el documento notarial que esta última  era  sordomuda  congénita  y,  además,  no  expresó la manera en que se dio a  entender,  comprendió  el  acto solemne celebrado y formuló su asentimiento al  mismo,  contraviniendo  las  normas expedidas para regular la función notarial,  de  estricto  cumplimiento para los encargados de dar fe pública, sobre todo en  casos  especiales  donde  alguno  de  los  intervinientes  padece  de anomalías  físicas.   

          Cabe  anotar,  que  como  al momento de suscribir la correspondiente  escritura  pública  de matrimonio se advirtió que la señora Teresa Gutiérrez  Mendoza  no sabía firmar, un tercero lo hizo en nombre de la mencionada, según  consta en el citado instrumento.   

          2. Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  5  de  marzo  de  2008,  profirió resolución de  acusación  contra  Rody  Hernando  Parada Villamizar por la conducta punible de  falsedad ideológica en documento público.   

          Apelada  esa  decisión,  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  el  16  de diciembre de 2009, la modificó, en  tanto  igualmente  atribuyó  al  procesado  la agravante del uso, reglada en el  artículo 290 del Código Penal.   

          3.  La  etapa  del  juicio  la tramitó el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Pamplona, autoridad que el 1° de diciembre de  2011  profirió  fallo  de  primer grado, en el que condenó al procesado Parada  Villamizar  a la pena principal de 4 años de prisión e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 5 años, como  autor  de  la  conducta  punible  de falsedad ideológica en documento público,  excluyendo  la  circunstancia de agravación punitiva atribuida por el fiscal de  segunda instancia.   

          De  igual forma, le negó la suspensión condicional de la pena y le  reconoció el mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

          4.  Recurrido el fallo por el defensor del  acusado,  el Tribunal Superior de Pamplona, el 21 de junio de 2012, lo confirmó  en su integridad.   

          5. El apoderado  que  representa los intereses del incriminado interpuso recurso de casación. La  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia, mediante auto del 21  de  noviembre  de  2012,  admitió los cargos primero y tercero postulados en el  libelo.   

          6.  La  delegada  del  Ministerio Público  rindió  el  concepto  de  rigor el 1º de septiembre de 2014.      

SÍNTESIS DEL LIBELO  

          Basado  en  las  causales  tercera y primera, según la sistemática  reglada  en  la  Ley  600  de  2000, los dos reproches que postula el demandante  contra  la  sentencia  del  Tribunal  y  que  fueron  admitidos  por la Sala, se  extractan de la siguiente manera:   

          Primer cargo   

          Denuncia  que  el  fallo  se dictó en un juicio viciado de nulidad,  toda  vez  que  en  este  asunto,  antes  de calificarse el mérito del sumario,  había    operado   el   fenómeno   de   la   prescripción   de   la   acción  penal.   

          El   actor,   encaminado   a   demostrar   el   error   in   procedendo   que   le  atribuye  al  sentenciador,  procede  a citar las normas que regulan ese fenómeno, destacando  que  la  resolución  de  acusación  cobró  ejecutoria  el  16 de diciembre de  2009.   

          Advierte   que  la  conducta  punible  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  según  el  artículo 286 de la Ley 599 de 2000, contempla  como  pena  máxima  de  prisión  8  años,  razón  por  la cual colige que el  término prescriptivo se cumplió el 17 de marzo de 2009.   

          A  continuación  pasa  a  enunciar  una  decisión de la Sala, para  posteriormente  sostener  que  para  contabilizar  ese  plazo  debió hacerse el  descuento del artículo 531 de la Ley 906 de 2004.   

          Como  normas  violadas cita los artículos 3°, 6°, 16,  306.2  de  la  Ley  600  de  2000, 83 y 84 de la Ley 599 de 2000 y 531 de la Ley 906 de  2004.   

          Por  lo expuesto, depreca a la Corte casar la sentencia impugnada y,  en  su  lugar,  declarar  la  extinción  de  la  acción penal por razón de la  prescripción.   

          Tercer cargo   

          Acusa  al  Tribunal de haber violado directamente la ley sustancial,  por  exclusión  evidente  del  artículo 219 del Decreto Ley 100 de 1980, en lo  atinente al mínimo de pena consagrado en esa norma.   

          Considera   que  para  su  defendido  resultaba  más  favorable  la  sanción  reglada  en  el  anterior  estatuto,  que la prevista en la Ley 599 de  2000,  máxime  cuando  ésta  es  una  legislación  posterior,  que  contiene,  además,  la inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  como pena principal.   

          Después  de  reiterar  lo  expuesto,  pide  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y, por lo mismo, imponer a su procurado la sanción de tres  (3)  años  de  prisión  y  se le conceda la suspensión condicional de la pena  intramural.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          La  Procuradora  Tercera Delegada para la Casación Penal solicita a  la  Corte casar parcialmente el fallo por razón de las censuras formuladas, con  fundamento en las siguientes razones:   

          1.  En cuanto al primer cargo por nulidad,  propuesto  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación, fundado en que la  sentencia  de  segunda  instancia  se profirió en un juicio viciado de nulidad,  porque  antes  de calificarse el mérito del sumario había operado el fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del delito objeto de la  acusación,  la  agente  del  Ministerio  Público  estima que tal situación no  alcanzó a concretarse en el asunto de la especie.   

          En  sustento  de  tal aserto, señala que para efectos de determinar  la  prescripción  de la acción penal en el caso concreto, la norma que resulta  aplicable  en  razón del principio de favorabilidad no es otra que el artículo  286  de  la  Ley  599 de 2000, que tipifica el delito de falsedad ideológica en  documento  público,  pues  si  bien la conducta juzgada se cometió en vigencia  del  Decreto  Ley  100  de 1980, por lo cual dicha normativa sería la llamada a  emplearse  por  razón  del principio de legalidad, la pena máxima señalada en  esta  última  disposición  es  de  10 años de prisión, mientras que la norma  posterior  la  fija  en 8 años de pena privativa de la libertad, por lo cual es  más  benéfica  para  el  acusado,  máxime  que  el  juez  a  quo no encontró  acreditada  la  circunstancia  específica  de agravación endilgada por el ente  acusador en el pliego de cargos.        

          Añade  que de conformidad con el artículo 83 del Código Penal, al  monto  de  8  años  de  prisión  se debe efectuar un incremento de una tercera  parte,  teniendo  en  cuenta  que  el  acusado  es un servidor público y que en  ejercicio  de  sus  funciones  como  Notario  Único  de  Cucutilla  realizó la  conducta  punible,  por  lo cual el término de prescripción en este caso es de  10  años  y  8  meses  en  la  etapa  de  la  instrucción,  y  para la fase de  juzgamiento,  atendiendo  lo dispuesto en el artículo 86 ibídem, es de 6 años  y 8 meses.          

          Expone  la representante de la sociedad que en el asunto concreto la  prescripción  de  la  acción penal se interrumpió el 16 de diciembre de 2009,  fecha  en  que  se  profirió la resolución de acusación de segunda instancia,  por  lo que contabilizado el mínimo del término prescriptivo que corresponde a  los  servidores  públicos,  esto  es,  6  años y 8 meses, arroja que el delito  juzgado prescribe el 16 de agosto de 2016.     

          Por  último, destaca que en el asunto particular es improcedente la  aplicación  del  artículo  531  de  la  Ley  906  de 2004, como lo pretende el  censor,  dada  la  declaratoria de inexequibilidad de dicha norma, dispuesta por  la  Corte  Constitucional  en  C-1033  de 2006, así como a la jurisprudencia de  esta  Corporación  que  ha  sido  enfática  en  descartar  su  empleo,  habida  consideración  de  que  el citado precepto resulta inaplicable tanto antes como  después  del  pronunciamiento  del Tribunal Constitucional, excepción hecha de  aquellos  eventos  en  los  que  para  la  fecha de la decisión en cuestión ya  existían   situaciones   jurídicas   consolidadas,   que   no   es   el   caso  analizado.             

          En  consecuencia,  la delegada del Ministerio Público encuentra que  el cargo no está llamado a prosperar.   

          2.   Respecto   del   segundo   reproche,  formulado  por  la  senda  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  sustentado  en  la  falta de aplicación o exclusión evidente del artículo 219  del  Decreto  Ley 100 de 1980, en lo que tiene que ver con el mínimo de la pena  que  dicho  precepto  consagraba  para  el  delito  de  falsedad  ideológica en  documento  público,  la  representante  de  la sociedad considera que le asiste  razón al recurrente.   

          Anota  que  en el presente caso los hechos juzgados ocurrieron el 17  de  marzo  de  2001, fecha para la cual se encontraba vigente el Decreto Ley 100  de  1980,  pues  la  Ley 599 de 2000 entró a regir el 24 de julio de 2001, esto  es,  un  año  después  de  su  promulgación,  por  lo  que en aplicación del  principio  de  legalidad,  es  aquella  y no esta última, la normativa que debe  aplicarse  en  su  integridad  para  determinar  la  punibilidad  del  delito de  falsedad  ideológica  en documento público, además que resulta más favorable  que  la prevista en la norma actualmente vigente, puesto que ésta establece una  pena    mínima    de    4   años   –art.  286–, en  tanto  que  en  la  ley  derogada  dicho extremo era de tan solo 3 años y no se  contemplaba  como  pena  principal  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos   y   funciones   públicas  –art.          219–.            

          En  esa  medida,  estima  la  delegada  del  Ministerio Público que  procede  casar  la  sentencia  recurrida,  en orden a redosificar la sanción de  conformidad  con  lo previsto en el precepto vigente para la fecha de los hechos  –art. 219 del Decreto Ley  100  de  1980–, respetando  los  criterios  esbozados por el fallador de instancia y, por ende, reconocer al  procesado  Parada  Villamizar  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

          1. Primer Cargo.   

          Según  el  impugnante,  el  fallo atacado se profirió en un juicio  viciado  de nulidad por cuanto en la fase de la instrucción operó el fenómeno  de  la  prescripción de la acción penal en relación con el delito de falsedad  ideológica en documento público.   

          En   orden  a  resolver  el  problema  jurídico  planteado  por  el  casacionista,  valga  decir,  si  la  acción  penal prescribió antes de quedar  ejecutoriada  la  resolución  acusatoria,  es  menester  abordar los siguientes  aspectos:  (i)  cuál  es  la  norma  sustancial  que regula el caso concreto de  conformidad  con  los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad  que rigen la  actuación  penal;  (ii)  establecer si en el asunto examinado resulta aplicable  el  artículo  531  de  la  Ley 906 de 2004; y, finalmente, (iii) determinar, de  acuerdo  con  las  reglas  establecidas  en  los  artículos 83 a 86 del Código  Penal,    si    la    presente    acción    penal    se    encuentra    o    no  prescrita.         

          1.1  El  canon  29  de  la Carta Política  consagra  una de las garantías más caras al Estado Social de Derecho, que a la  vez    se    establece    como    límite   al   ius  puniendi,  reproducida  igualmente  en  los  Códigos  Adjetivos        Penales        –artículos  6º  de las Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004–,  bajo  el  epígrafe de principio de  legalidad,  como  una  expresión  del  debido  proceso  en materia penal.    

          De   acuerdo   con   la   referida   norma  Superior  «Nadie  podrá  ser  juzgado sino conforme a las leyes preexistentes  al  acto  que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de  la    plenitud    de    las    formas   propias   de   cada   juicio».   

          En  relación  con  el  principio  de  legalidad en sentido lato, la  Corte Constitucional tiene dicho:   

De conformidad con lo dispuesto en el Art. 29  de  la  Constitución,  “nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme  a  leyes  preexistentes al acto que se le imputa”.   

Esta  disposición  consagra  el principio de  legalidad  de  los delitos y de las penas, que desde la época de la Revolución  Francesa  protege la libertad individual contra la eventual arbitrariedad de los  jueces  y  garantiza  la  igualdad  de  las personas, y que en su sentido amplio  comprende:   

i)  la  reserva  legal, como expresión de la  soberanía  popular  y  del principio democrático (Arts. 1º y 3º C. Pol.), en  virtud  de la cual la definición de las conductas punibles y sus sanciones, que  constituyen  una  limitación  extraordinaria  a  la  libertad  individual,  por  razones  de  interés general, está atribuida al Congreso de la República como  órgano   genuino   de  representación  popular,  lo  cual  asegura  que  dicha  definición  sea  el  resultado  de  un  debate  amplio  y democrático y que se  materialice  a  través de disposiciones generales y abstractas, impidiendo así  la  posibilidad  de  prohibiciones  y castigos particulares o circunstanciales y  garantizando un trato igual para todas las personas;   

ii)  la  irretroactividad  de  las leyes que  crean  delitos  o aumentan las penas, para evitar la imposición de sanciones ex  post  facto,  esto  es,  con  posterioridad  a los hechos, respecto de conductas  realizadas  en ejercicio de la libertad legítima,  de tanto significado en  un   Estado   liberal,  cuando  no  existía  ninguna  prohibición.  (Corte  Constitucional  C-238  de 2005).   

          Y  en  cuanto  al  mencionado axioma en sentido estricto, el máximo  Tribunal Constitucional ha señalado:     

8- El principio de legalidad penal constituye  una  de  las  principales conquistas del constitucionalismo, pues constituye una  salvaguarda  de  la  seguridad  jurídica  de los ciudadanos, ya que les permite  conocer  previamente  las  conductas  prohibidas  y las penas aplicables. De esa  manera,  ese principio protege la libertad individual, controla la arbitrariedad  judicial  y  asegura  la  igualdad  de todas las personas ante el poder punitivo  estatal.  Por  eso  es  natural  que  los tratados de derechos humanos y nuestra  Constitución  lo  incorporen expresamente cuando establecen que nadie puede ser  juzgado  sino  conforme  a leyes preexistentes al acto que se le imputa (CP art.  29)1.   

Esta   Corte  ha  precisado  además  (Ver  sentencia  C-559  de  1999,  MP  Alejandro Martínez Caballero, Fundamentos 15 y  ss.)  que  en materia penal, el principio de legalidad en sentido lato o reserva  legal,  esto  es, que la ley debe definir previamente los hechos punibles, no es  suficiente,  y   debe  ser  complementado  por un principio de legalidad en  sentido   estricto,  también  denominado  como  el  principio  de  tipicidad  o  taxatividad,  según  el  cual,  las conductas punibles y las penas deben ser no  sólo  previa  sino taxativa e inequívocamente definidas por la ley, de suerte,  que  la  labor  del  juez  penal  se limite a verificar si una conducta concreta  se  adecua  a la descripción abstracta realizada por  la  ley.  Solo  de esa manera el principio de legalidad cumple verdaderamente su  función  garantista  y  democrática, pues solo así protege la libertad de las  personas  y  asegura  la  igualdad  ante  el  poder punitivo estatal. En efecto,  únicamente  si  las  descripciones  penales  son taxativas, pueden las personas  conocer  con exactitud cuáles son los comportamientos prohibidos, y la labor de  los  jueces,  en  el  proceso de adecuación típica, se limita a determinar si,  conforme  a los hechos probados en el proceso, el acusado cometió o no el hecho  punible que se le imputa.   

9- El principio de taxatavidad penal implica  no  solo  que las conductas punibles deben estar descritas inequívocamente sino  que  las  sanciones  a imponer deben estar también previamente predeterminadas,  esto  es, tiene que ser claro cuál es la pena aplicable, lo cual implica que la  ley  debe  señalar  la  naturaleza  de  las  sanciones,  sus  montos máximos y  mínimos,  así  como los criterios de proporcionalidad que debe tomar en cuenta  el  juzgador  al  imponer  en  concreto  el castigo. En efecto, según la Carta,  nadie  puede  ser juzgado sino “conforme a leyes preexistentes al acto que se le  imputa”  (CP  art. 29), lo cual significa, para lo relativo a la pena, que es el  legislador,  única y exclusivamente, el llamado a contemplar por vía general y  abstracta  la conducta delictiva y la sanción que le corresponde. Por su parte,  el  artículo 15-1 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos y el artículo 9º  de  la  Convención  Interamericana  señalan que a nadie se le “puede imponer  pena  más  grave  que la aplicable en el momento de la comisión del delito”,  lo  cual significa que la pena tiene que estar determinada previamente en la ley  pues  sólo  así  puede  conocerse  con  exactitud  cuál es la pena más grave  aplicable.  (Corte Constitucional, sentencia C-843 de  1999.   En   el   mismo   sentido,   sentencia   C-559   de   1999).    

          De  igual forma, conviene recordar el sentido que la Sala ha fijado  al   principio   de  legalidad  en  materia  penal,  expresado  en  CSJ  SP,  16  Oct.  2013,  rad.  39257,  así:   

Importa,  en  primer  lugar,  destacar  la  relevancia  que para esa discusión reviste el principio de legalidad en materia  penal,  el cual, de acuerdo con la doctrina, comporta varios elementos, a saber:  solo puede considerase como  delito  el  comportamiento  humano  declarado en forma  expresa  y  previa  por  la  ley  como  tal  (nullum  crimen sine praevia lege);  únicamente  puede  aplicarse  una  sanción  si la misma está advertida en ley  anterior  (nulla  poena  sine  praevia  lege);  la  ley penal debe aplicarse por  jueces  creados  con  antelación  para  tal  efecto  (nemo  iudex sine lege); y  ninguna  persona  será sancionada penalmente sino en virtud de un procedimiento  previo   debidamente   reglado   en  la  ley  (nemo  damnetur  nisi  per  legale  iuditum).   

No  está demás también recordar que esos  aforismos  universales se encuentran implícitos en instrumentos internacionales  de  inexcusable observancia como el Pacto Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos, artículo 15-12, y la Convención Americana de  Derechos       Humanos,       artículo       93,   preceptos   que  en  forma  particular  y  explícita  hacen  referencia a la preexistencia de los delitos y  sus respectivas sanciones.   

Por  su parte la Constitución Política de  Colombiana  en su artículo 29 prevé: ‘Nadie  podrá  ser  juzgado  sino conforme a leyes preexistentes al  acto  que  se le imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de la  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio”,  norma que le impone al  legislador  las  obligaciones  de  (i)  definir  de  manera  clara,  concreta  e  inequívoca  las  conductas  designadas  como  delitos; (ii) estipular de manera  anticipada   las   respectivas   sanciones;  (iii)  establecer  las  autoridades  competentes  para aplicar la ley penal, y (iv) determinar las reglas sustantivas  y  procesales  bajo  cuya observancia son imponibles las penas, todo ello con el  fin de garantizar el debido proceso.   

Dicho  de  otra forma, para que el Estado a  través  de  sus  funcionarios pueda legítimamente imponer un castigo, y con el  fin  de  salvaguardar la seguridad jurídica de los ciudadanos, deben respetarse  las  citadas  garantías, dispuestas en aras de proteger la libertad individual,  controlar  la  arbitrariedad  judicial  y  asegurar  la  igualdad  de  todas las  personas ante el poder punitivo estatal.   

         

          En  conclusión,  el  contenido  del  postulado  a  que  se ha hecho  referencia  se  concreta  en (i) la legalidad de los delitos, pues a nadie se le  puede  juzgar  por  una conducta que previamente no se haya establecido como tal  en  el  ordenamiento jurídico; (ii) el agotamiento del trámite respectivo debe  estar  previamente  definido,  así  como  el  o  los funcionarios encargados de  adelantarlo;   y,   (iii)  la  pena  correspondiente  a  la  infracción  ha  de  determinarse  antes  de  la  comisión  del comportamiento, a efectos de que sea  posible   imponerla   a   quien  resulte  declarado  responsable  en  el  juicio  respectivo.   

          Cuando     se     cometió    el    hecho    juzgado    –17   de  marzo  de  2001–  regía  el  Decreto Ley 100 de 1980,  que  en  su  artículo  219  consagraba  el  delito  de  falsedad ideológica en  documento  público,  por el que al incriminado Parada Villamizar se lo acusó y  condenó,  el  cual  estaba  sancionado  con pena de prisión de tres (3) a diez  (10)  años;  mientras que respecto de la misma conducta, el artículo 286 de la  Ley  599 de 2000, vigente a partir del 24 de julio de 2001, sin la modificación  introducida  por  el  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004, prevé una sanción  privativa  de  la libertad de cuatro (4) a ocho (8) años e inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de  cinco  (5) a diez (10)  años.      

          En  esa  medida,  no  surge  dificultad  alguna para concluir que de  conformidad  con  el  principio de legalidad, la norma llamada a regular el caso  concreto  no  es  otra  que  la  prevista  en  el estatuto derogado –art.  219  del  Decreto  Ley  100  de  1980–,  habida cuenta que  se encontraba vigente al realizarse la conducta punible.   

          No   obstante,   para   efectos   de   establecer   el  término  de  prescripción  de  la  acción  penal,  es más benéfico para el acusado que se  tenga  en cuenta el artículo 286 del Código Penal actual, pues la pena máxima  allí  prevista  –ocho (8)  años   de  prisión–  es  inferior    a    la    señalada   en   la   normativa   derogada   –diez      (10)      años      de  prisión–, lo que resulta  procedente  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad,  según  el cual  «en materia penal, la ley permisiva o favorable, aun  cuando   sea   posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable»4,  y  de  conformidad  con  la  jurisprudencia  de esta Corporación, según la cual en los eventos en que se ha  presentado   sucesión   de   leyes  en  el  tiempo,  como  aquí  ocurre,  debe  determinarse  cuál  es la norma sustancial más favorable a efectos de fijar el  plazo       prescriptivo      en      cuestión5.     

          1.2  El  demandante  sostiene  que,  para  contabilizar  el  pluricitado  plazo, debió hacerse el descuento previsto en el  artículo  531 de la Ley 906 de 2004, esto es, que a los términos fijados en la  ley  –artículos 83 y 86  del  C.P.–  se  le debía  reducir una cuarta parte.       

          Sin  embargo,  tal aserto soslaya la declaratoria de inexequibilidad  que  de  la citada norma realizó la Corte Constitucional en la sentencia C-1033  de  2006,  como  oportunamente  lo  advirtió la agente del Ministerio Público,  fallo  en el que fijó efectos retroactivos a la referida decisión, por lo cual  el  precepto  invocado  por  el  censor  resulta  inaplicable  incluso  desde la  promulgación  de  la  Ley 906 de 2004 –Diario  Oficial  No.  45658  de  septiembre 1º de 2004–,  los  cuales,  según  aclaró dicha  Corporación,  «se aplicarán es en aquellos procesos  en  los  que  no  se  haya concretado la prescripción o caducidad especial cuya  inexequibilidad se decreta».   

          En  cuanto  al  alcance de la expresión trascrita, la Sala en forma  reiterada  y  pacífica  ha  sostenido  que la salvedad consignada en el aludido  fallo  de  inexequibilidad,  se  refiere  a  actuaciones  donde  ya  había sido  decretada   la   extinción   de  la  acción  penal  por  prescripción,  dando  aplicación  al  precepto excluido del ordenamiento jurídico, y dicha decisión  había   adquirido   firmeza  material,  frente  a  la  cual,  por  tratarse  de  «situaciones   jurídicas  consolidadas»,  no  tenía incidencia alguna el efecto retroactivo fijado en la  susodicha sentencia por la Corte Constitucional.   

          Así  se señaló, por ejemplo, en CSJ AP, 22 Ago. 2011, rad. 35845;  CSJ  AP,  24 Abr. 2013, rad. 41082; CSJ AP, 3 Jul. 2013, rad. 41526 y CSJ AP, 28  Ago.  2013,  rad.  40648.  En  la primera de las decisiones dijo la Corte:    

Se  advierte  que  el  libelista  radica  el  menoscabo  al  debido  proceso  en  la  aplicación que por favorabilidad debía  hacerse  del  artículo  531  de  la  Ley  906  de 2004, con independencia de la  inexequibilidad   declarada   sobre   ese   precepto   por  parte  de  la  Corte  Constitucional en sentencia C 1033 de 2006.   

Lo  que se colige en la queja de la defensa,  es  su  intención  de  que  se  aplique  un  precepto frente al cual ya hubo un  pronunciamiento  de  inexequibilidad,  en  orden  a  que se declare prescrita la  acción  penal,  a  partir  de  una  norma  que  fue  expulsada del ordenamiento  jurídico,    en   donde   el   propio   Juez   Constitucional,   declaró   sin  condicionamientos,    que    nunca   había   estado  vigente.   

Resulta  inadmisible este planteamiento como  justificador  de  una  presunta  irregularidad sustancial atentatoria del debido  proceso,  pues  se  trata  de exigir de la Corte de Casación el desconocimiento  del  precedente  que  fijó la Corte Constitucional y que resulta vinculante, en  ejercicio  de  la  función  asignada  por  la  Carta,  atinente  al  control de  constitucionalidad  sobre  normas del ordenamiento jurídico que han sido objeto  de  demanda  por  parte  de  los  ciudadanos  (Artículo  241  numeral 4º de la  Constitución Política).   

De lo contrario, habría que entrar a debatir  cuál  es  el  alcance  de la sentencia C-1033, y en claro desconocimiento de la  fuerza  del  precedente,  la  cual  es  absoluta en tratándose de sentencias de  constitucionalidad,  ejercer  una  labor que mal podría calificarse como propia  de  un  tribunal  de  casación,  mucho  más cuando la Corte Constitucional fue  clara  en señalar cómo la prescripción especial fijada en el artículo 531 de  la  Ley  906,  es  contraria  a  la Constitución Política y no produjo ninguna  consecuencia  jurídica  concreta, dados los efectos retroactivos de que dotó a  su sentencia.   

El  referido fallo no da lugar a equívocos,  pues  se  sabe que el citado artículo 531, resulta inaplicable tanto antes como  después  del  pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional,  incluso desde la  promulgación  de  la  Ley  906  de 2004 que contiene este precepto, y cuando el  Tribunal  Constitucional  señaló:   “Empero   es claro que los efectos  retroactivos  de la sentencia se aplicarán es en aquellos procesos  en los que  no   se   haya   ya  concretado  la  prescripción  o  caducidad  especial  cuya  inexequibilidad   se  decreta”,  claramente  hacía  alusión  a  situaciones  jurídicas  consolidadas, en donde la extinción de la  acción  penal  por  prescripción  ya  había  sido  decretada judicialmente en  aplicación  del  citado  precepto  y  tal  decisión  había cobrado ejecutoria  formal y material.   

La situación descrita en la sentencia C 1033  no   corresponde   a   este   caso,   pues  ni  siquiera  hubo  algún  tipo  de  pronunciamiento,  ya  fuera de la fiscalía o del juez de la causa en torno a la  posible  prescripción  de  la  acción penal bajo los parámetros fijados en el  artículo  531  de  la  Ley  906,  mucho  menos  que  el  mismo  haya quedado en  firme.   

   

Como  se  advierte,  el  señalamiento de la  demanda  sobre  la  prescripción  de  la  acción  penal,  no  está  llamado a  prosperar,  dado que el presunto error “por inaplicación del artículo 531 de  la  Ley  906  de  2004”,  carece  de fundamento al ser una norma que no estaba  llamada  a regular este caso. De tal manera, no se evidencia la trasgresión del  debido  proceso  por  haberse  continuado  con  un  trámite  ya prescrito, como  equivocadamente  lo  expone  el  censor, tanto en la demanda presentada a nombre  del  acusado,  como  aquella  elevada  en representación del tercero civilmente  responsable.   

En  este orden de ideas, el cargo de nulidad  por  violación  al  debido  proceso  por la posible prescripción de la acción  penal,   será   desestimado.   (Resaltado  fuera  de  texto)   

          Siguiendo  las  reglas  interpretativas  consignadas  en  la  citada  decisión,  surge  patente que en el caso analizado no es aplicable el artículo  531  de  la  Ley  906  de  2004,  puesto  que,  de una parte, dicho precepto fue  retirado  del  ordenamiento jurídico por inconstitucional, con la precisión de  que  no  produjo  efectos ni siquiera desde su promulgación y, de otro lado, en  la   presente  actuación  no  existió  decisión  judicial  que  declarara  la  prescripción  de la acción penal bajo los parámetros de la supracitada norma,  mucho     menos     la     misma     pudo     haber     adquirido     ejecutoria  material.               

          1.3  Según  se determinó en precedencia,  la  norma  sustancial  llamada a regular este asunto en materia de prescripción  de  la  acción  penal  es  el  artículo  286 de la Ley 599 de 2000, que sin el  incremento  señalado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, establecía una  pena de prisión de cuatro (4) a ocho (8) años.   

          El  artículo  83  de  la  Ley  599 de 2000 determina que la acción  penal  prescribe  en un tiempo igual al máximo de la pena establecida en la ley  si  fuere  privativa  de  la  libertad,  sin que pueda ser inferior a 5 años ni  superior  a  20,  salvo  si  se trata de los delitos de genocidio, desaparición  forzada,  tortura  y desplazamiento forzado, en cuyo caso el máximo será de 30  años.  Previsión  que  igualmente aparecía en el artículo 80 del Decreto Ley  100   de  19806.   

          Ahora  bien,  de  conformidad  con  el  inciso  sexto de la referida  norma,   como   también  lo  consagraba  la  legislación  derogada7   

,   el   término   de  prescripción  debe  incrementarse  en  una tercera parte cuando la conducta punible es realizada por  un  servidor  público  en ejercicio de las funciones de su cargo o con ocasión  de  ellas,  como  acontece  en  el asunto de la especie, puesto que el delito de  falsedad  ideológica  en  documento público fue cometido por el acusado cuando  en  su  calidad  de Notario Único de Cucutilla, extendió la escritura pública  No.  71  del  17  de  marzo  de  2001,  luego en esas condiciones el término de  prescripción  para  la  fase  de instrucción es de 10  años  y  8  meses,  que  se habría cumplido el 17 de  noviembre  de  2011,  de no ser porque antes de esa fecha, valga decir, el 16 de  diciembre  de  2009,  se  interrumpió  con  la  ejecutoria de la resolución de  acusación.   

          En  efecto,  según  las  previsiones  del artículo 86 del Estatuto  Punitivo,   en  firme  la  resolución  acusatoria  se  interrumpe  el  término  prescriptivo,  el  cual  empezará  a correr nuevamente por un tiempo igual a la  mitad  del  señalado en el artículo 83 ibídem, sin que pueda ser inferior a 5  ni superior a 10 años.   

          Cabe  anotar  que  en  el  caso de los servidores públicos, una vez  producida  la  interrupción  antes  mencionada,  el  plazo  para  que  opere la  prescripción  de la acción penal será de 6 años y 8 meses como mínimo, y de  13  años  y  4  meses como máximo, según lo determinó esta Corporación para  uno  y  otro  evento  en  CSJ  SP, 25 Ago. 2004, rad. 20673 y en CSJ AP, 21 Oct.  2013,  rad.  39611,  respectivamente,  en tratándose de actuaciones adelantadas  bajo   la   égida   de   la   Ley  600  de  2000.        

          Para  lo que interesa al caso concreto, conviene citar la primera de  las  referidas  decisiones en relación con el extremo mínimo a tener en cuenta  para   determinar   el  término  prescriptivo  en  los  delitos  cometidos  por  servidores  públicos en ejercicio de sus funciones o con ocasión de ellas, que  la   Corte   invariablemente   estableció   en   6   años   y   8   meses,  al  señalar:         

En  ningún  caso  la  acción  penal por el  delito  donde  sea  autor,  partícipe  o  interviniente un servidor público en  ejercicio  de sus funciones, de su cargo o con ocasión de ellos prescribe en un  término  inferior  a  seis (6) años y ocho (8) meses, sea que la prescripción  se   presente   antes   de   ejecutoriarse  la  resolución  acusatoria  (en  la  instrucción),  o  sea  que  la  prescripción se produzca después de quedar en  firme la acusación (en la etapa de juzgamiento).   

Lo  anterior  se  aplica en todos los casos,  aunque  el  delito sea sancionado con pena no privativa de la libertad, y aunque  la    pena    máxima    de    prisión   del   delito   concreto   –si      la      tiene–    sea   inferior   a   cinco   (5)  años.   

          En  el  caso  concreto,  se reitera, la convocatoria a juicio quedó  ejecutoriada  el  16  de  diciembre  de 2009, fecha en la cual fue confirmada en  segunda  instancia la resolución acusatoria, por tanto a partir de esta data se  impone  contar  el  término  prescriptivo conforme lo establece el artículo 86  del  Código Penal, es decir la mitad del máximo de la pena, de manera que como  la  conducta  punible  de falsedad ideológica en documento público tiene en su  extremo  superior  una sanción de 8 años de prisión, el término prescriptivo  en  la  etapa  de  la  causa  para  dicho  delito sería de 4 años, el cual, de  acuerdo  con  las  reglas  interpretativas  consignadas  en  la decisión citada  ut  supra, ha de entenderse  que  corresponde  a  6  años  y  8  meses, los que se cumplirán el 16 de agosto de 2016.   

          En  consecuencia, siendo evidente que ni en la instrucción ni en el  juzgamiento    se   perfeccionó   el   citado   fenómeno,   no   prospera   el  cargo.   

          2. Tercer cargo.   

          Afirma  el recurrente que los juzgadores de instancia incurrieron en  la  violación  directa  de  la  norma  sustancial  por  exclusión evidente del  artículo  219 del Decreto Ley 100 de 1980, precepto que estima era el llamado a  regular  el  caso  concreto  habida  consideración  de que, en punto de la pena  mínima,  resulta  más favorable que la prevista en el artículo 286 la Ley 599  de  2000 para el delito de falsedad ideológica en documento público, amén que  este  último  contempla  la  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones   públicas   como  sanción  principal.        

          De  entrada la Corte advierte, haciendo eco de lo manifestado por la  representante  de  la sociedad, que le asiste razón al libelista en el reproche  formulado  contra  la  sentencia de segundo grado que confirmó en dicho aspecto  la  proferida  por  el juez a quo, quien sin ninguna explicación tuvo en cuenta  la  sanción  prevista  en  el  artículo  286 del Código Penal de 2000, sin el  incremento  de  la  Ley  890  de 2004, para individualizar la pena a que se hizo  acreedor  el  procesado  Parada Villamizar como autor del delito juzgado, cuando  tal  precepto  no  se  encontraba  vigente  al momento de realizarse la conducta  imputada  y  sin  que  de  la  norma  posterior pudiera predicarse favorabilidad  alguna                                  para                                  el  sentenciado.            

          Según  quedó reseñado al estudiar el anterior cargo, el principio  de  legalidad  comporta, entre otros aspectos, que la sanción correspondiente a  la  infracción  se  establezca  antes  de la comisión del comportamiento, pues  solo  de  esa manera se tiene seguridad jurídica sobre la consecuencia punitiva  que   aquella  implica  para  quien  trasgreda  la  prohibición  o  el  mandato  contenidos en el tipo penal.   

          No  obstante,  esta  regla  encuentra  su  excepción  en razón del  principio  de favorabilidad, el cual admite dos posibilidades: la retroactividad  y la ultractividad.   

          En  el  primer  evento,  la disposición se utiliza en relación con  hechos  sucedidos  antes  de  entrar  a  regir y, en la segunda contingencia, la  aplicación  del precepto tiene lugar cuando ha dejado de estar vigente respecto  de  situaciones  verificadas  cuando  imperaba;  alternativas  que  es  del caso  precisar, se utilizan si reportan un beneficio al procesado.   

         

          De  lo  anterior  se  sigue  que  la  aplicación  del  principio de  favorabilidad  de  la  ley  penal  envuelve una sucesión de leyes en el tiempo,  donde  una norma es sustituida por otra, o también puede darse una coexistencia  de  disposiciones  pertenecientes  a distintos ordenamientos con identidad en la  materia que regulan (CSJ AP, 20 Nov. 2013, rad. 42111).   

          Finalmente,  si  bien estas son unas reglas generales, el proceso de  determinación  de  la  ley  penal  más favorable debe realizarse frente a cada  caso concreto.   

          Como  en  el  asunto  que se revisa se advierte que se presentó una  sucesión  de  leyes  en  el  tiempo,  pues  entre  la  fecha de los hechos y la  actualidad  rigieron  el Decreto Ley 100 de 1980 y la Ley 599 de 2000, se impone  determinar  si  esta  última  resulta  más  benéfica para el condenado Parada  Villamizar  y,  por tanto, fue correctamente aplicada o si, por el contrario, al  no  ser  más  favorable  que  la  normativa vigente cuando se cometió el hecho  juzgado,  era  esta última la llamada a regular el caso concreto por razón del  principio  de  legalidad y, por tal motivo, se debe entrar a modificar las penas  impuestas al procesado.   

          Con  ese  propósito se impone recordar que el Código Penal de 1980  establecía  para el delito de falsedad ideológica en documento público, en su  artículo  219,  una  pena de «prisión de tres (3) a  diez (10) años».   

          Ahora,  el  actual  Estatuto Punitivo, en su artículo 286, sanciona  el  delito  en cuestión con una pena de «prisión de  cuatro  (4)  a  ocho (8) años e inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones    públicas    de   cinco   (5)   a   diez   (10)   años».   

          Cotejadas  las  penas  de  prisión  que  las citadas codificaciones  aparejan  para  el  delito  de  falsedad  ideológica  en documento público, se  advierte  que  aun  cuando  en  la Ley 599 de 2000 se redujo el extremo punitivo  máximo,  igualmente  se  aumentó  en  el  mínimo,  circunstancia que obliga a  determinar,  en el asunto particular, a cuál de dichos límites se acercó más  la  sanción  impuesta,  en  orden  a  desentrañar  qué  estatuto resulta más  favorable      al     condenado.           

          Como  el  juez  a  quo  al individualizar la pena impuso el límite  mínimo  del  cuarto  ídem,  frente  a lo cual el Tribunal guardó silencio, es  claro  que  la norma más favorable en este caso es el artículo 219 del Decreto  Ley  100  de 1980 y no el artículo 286 de la Ley 599 de 2000, de donde se tiene  que este último precepto se aplicó indebidamente.   

          En  esa medida, siguiendo el criterio del juzgador de primer grado y  de  conformidad  con  la  legislación  vigente  cuando  se cometió la conducta  punible  juzgada,  que  también  es  la más favorable, en el presente caso, el  Código  Penal  de  1980, corresponde imponer al procesado Parada Villamizar una  pena principal de tres (3) años de prisión.   

          De  otra  parte,  en  cuanto  a  la  pena de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, si bien no estaba contemplada como  principal  en el estatuto derogado, según lo previsto en el artículo 52 de esa  codificación  la  pena  de  prisión  implica  la  accesoria  de «interdicción  de  derechos  y  funciones públicas, por un periodo  igual  al  de  la  pena  principal», por lo que dicha  sanción  se  impondrá  al  condenado  en  la  referida  modalidad por el mismo  término  de  la  privativa de la libertad, esto es, tres (3) años.     

          Así las cosas, el cargo prospera.   

          2.1    Suspensión    condicional    de    la   ejecución   de   la  pena.   

          El  artículo  63  del  Código  Penal  de  2000, al cual acudió el  fallador  de  primera  instancia  para  negar el subrogado materia de análisis,  establece  que  la  ejecución  de  la  pena  privativa  de la libertad se puede  suspender  siempre que (i) la sanción impuesta sea de prisión que no exceda de  3  años  y  (ii)  que  los  antecedentes  personales, sociales y familiares del  condenado,  de  una  parte,  así  como  la  modalidad y gravedad de la conducta  punible, de otro lado, así lo aconsejen.   

          En  el  asunto  de  la especie, una vez redosificada por la Corte la  pena  impuesta  al condenado, ésta quedó fijada en tres (3) años de prisión,  con   lo   cual   se   cumple  el  requisito  objetivo  que  demanda  la  citada  norma.       

          Respecto  de  la exigencia de orden subjetivo, la Sala encuentra que  dicho  presupuesto  se  reúne  en  el  caso  del sentenciado Parada Villamizar,  puesto  que  no  obra  en  la  actuación  prueba  de  que  el  mencionado tenga  antecedentes  penales,  valga  decir,  es un infractor primario de la ley penal,  además  cuando  cometió la conducta juzgada desempeñaba una actividad lícita  como     servidor     público     –notario– y las  circunstancias     del    delito    –omitir   indicar  en  una  escritura  pública  de  matrimonio  las  limitaciones  físicas  de  la  contrayente  y  la  manera como asintió el acto  solemne   celebrado–  no  revelan   una  modalidad  delictiva  particularmente  reprochable  o  una  mayor  intensidad  en  la  afectación del bien jurídico de la fe pública, por manera  que  conjugados dichos aspectos frente a los fines de la pena, concretamente los  de  prevención  especial y retribución justa, emerge claro que no es necesario  el  cumplimiento de la sanción.           

Así  las  cosas,  la  ejecución de la pena  privativa  de  la  libertad  fijada  a  Parada  Villamizar se suspenderá por el  término   de   tres  (3)  años,  previa  suscripción  de  acta  compromisoria  contentiva  de  las  obligaciones  relacionadas  en  el artículo 65 del Código  Penal,  y  el  otorgamiento  de  caución por tres (3) salarios mínimos legales  mensuales vigentes a favor del juzgado de conocimiento.   

Las  demás  determinaciones  del  fallo  se  mantendrán incólumes.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

          1.   NO   CASAR  el  fallo  impugnado  con  fundamento en el cargo primero de la demanda.    

         

          2.               CASAR     parcialmente     la  sentencia  recurrida  con  fundamento  en  el cargo tercero del  libelo  y,  en  consecuencia,  imponer a Rody Hernando Parada Villamizar la pena  principal  de  tres (3) años de prisión, así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la privativa de la libertad.   

3.  OTORGAR  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  al sentenciado Rody Hernando  Parada   Villamizar,  en  los  términos  y  bajo  las  condiciones  consignadas  en el presente proveído, para lo cual se comisiona al  juez de primer grado.   

4. DECLARAR que las  restantes   decisiones   adoptadas   en   el   fallo   impugnado   se  mantienen  incólumes.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Ver,  entre  otras,  las  sentencias   C-127  de  1993,  C-344 de 1996 y C-559 de  1999.   

2  «Artículo  15-1  Nadie  será condenado por actos u  omisiones  que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho  nacional  o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable  en  el  momento  de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión  del  delito  la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente  se beneficiará de ello».   

3  «Principio  de  legalidad y de retroactividad. Nadie  puede  ser  condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no  fueran  delictivas,  según  el  derecho aplicable. Tampoco puede imponerse pena  más  grave  que  la  aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con  posterioridad  a  la  comisión  del delito la ley dispone la imposición de una  pena   más   leve,   el   delincuente   se   beneficiará  de  ello».   

4  Artículo 29 Constitución Política.   

5 CSJ  AP, 27 nov. 2013, rad. 41064.   

6  «Artículo  80.  Término  de  prescripción  de  la  acción. La acción penal  prescribirá  en un tiempo igual al máximo de la pena fijada en la ley si fuere  privativa  de  libertad,  pero en ningún caso, será inferior a cinco años ni  excederá  de  veinte. Para este efecto se tendrán en cuenta las circunstancias  de  atenuación  y agravación concurrentes. En los delitos que tengan señalada  otra clase de pena, la acción prescribirá en cinco años.»   

7  «Artículo  82. Prescripción de delito cometido por  empleado    oficial.    El   término   de   prescripción   señalado   en   el  Artículo 80 se  aumentará en una tercera parte, sin exceder el máximo allí  fijado,  si  el  delito  fuere  cometido  en  el  país  por empleado oficial en  ejercicio    de    sus   funciones o   de   su   cargo o   con   ocasión   de  ellos.»     

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