AP875-2015 (42904)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP875-2015  

Radicación N° 42904  

(Aprobado acta Nº 77)   

         Bogotá,  D.C.,  veinticinco  (25)  de  febrero  de  dos mil quince  (2015).   

         Procede  la  Sala  a  verificar  los requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de  ANDRÉS    FELIPE    MURILLO   MARTÍNEZ.   

H E C H O S  

         Fueron    expuestos    por    el   Tribunal   en   los   siguientes  términos:   

“Los  hechos  por  los que se formuló la  acusación  se  circunscriben  a  que el día 4 de abril de 2010, hacia las 3:30  a.m.,  en  la  calle  68  con  carrera  19  de esta ciudad, John Jairo Cifuentes  Callejas,    ANDRÉS   FELIPE   MURILLO   MARTÍNEZ  -alias Verónica-, John Andersson Castañeda Lozano y  C.Y.P.R.  (menor  de  edad)  agredieron  con  una navaja o puñaleta a Brodenson  Breiner  Arévalo Carbono y Heinember Januar Sarmiento Carbono, quienes acababan  de  salir de una discoteca localizada en Chapinero, con sus respectivas parejas.   

Según   las  correspondientes  historias  clínicas  e  informes  médico- legales, objeto de estipulación probatoria, el  primero  de  los ofendidos sufrió una herida en el flanco posterior izquierdo y  otra  en  el antebrazo izquierdo, mientras que el segundo fue víctima de varias  heridas  en  el  tórax,  para  cuyo  tratamiento  fue necesario practicarle una  laparotomía,  entre  otros procedimientos, atención sin la cual, acorde con el  mismo   concepto   médico,   habría  podido  producirse  su  muerte  […]”.   

A N T E C E D E N T E S  

         1. Culminada la  fase  del  juicio  y  anunciado el sentido condenatorio del fallo por el Juzgado  Octavo  Penal  del Circuito de Bogotá, estrado judicial al que fueron asignadas  las  diligencias,  se  dictó  sentencia el 13 de junio de 2013, a través de la  cual    se    impuso   a   ANDRÉS   FELIPE   MURILLO  MARTÍNEZ,  John  Jairo  Cifuentes  Callejas  y  John  Andersson     Castañeda     Lozano    la  pena  principal  de prisión por ciento cuatro (104) meses y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo término, al habérseles hallado coautores responsables  del  delito  de homicidio en grado de tentativa (artículos 27 y 103 del Código  Penal).  Se  les  negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  la          prisión          domiciliaria.1   

         2.  Apelada  esta  determinación  por la apoderada de MURILLO  MARTÍNEZ, fue confirmada por el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá -Sala Penal- el 7 de octubre  de 2013.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         La   defensora   de   MURILLO  MARTÍNEZ  presentó  el recurso extraordinario para formular un  cargo  único  en contra del  fallo  de  segunda  instancia,  denunciando  que incurrió en error de hecho por  falso  raciocinio, “toda vez que los testimonios por  los  cuales  fueron  condenados  los procesados (sic) las cuales son las únicas  pruebas  por  las  cuales se condenó, carecen de veracidad y dentro del proceso  en    los    audios   del   juicio   oral   existen   contradicciones   en   los  mismos”.   

         Después  de  hacer  un  recuento  de  los  hechos  y del análisis  probatorio  efectuado  por  los  jueces de instancia, manifiesta su “total  desacuerdo”  en  cuanto a la  credibilidad  conferida  a  los  testigos  Heinember  Januar Sarmiento Carbono y  Dilia  Rosa  de  León  Polo.  Así,  respecto  al  primero, asevera que para el  instante  de  los hechos estaba embriagado, según lo reconoció en su dicción,  lo  ratificó  la epicrisis del centro médico en el que fue atendido y conforme  con  las  respuestas vacilantes que suministró tratándose de algunos aspectos,  lo  que,  asegura,  no  fue  tenido  en  cuenta;  mientras que la segunda, en su  concepto,   tampoco   brindó   detalles   satisfactorios   en   punto   de  las  circunstancias  en  las  que  acaeció  el  ataque  materia  de investigación y  juzgamiento.   

De  otro  lado,  dice, en la actuación fue  hallada  una  navaja  cuya  propiedad  no  fue  establecida  y no existe ningún  elemento  de  conocimiento  que  permita  afirmar que alguno de los aprehendidos  portaba  ese  instrumento  cortopunzante, con el cual se propinaron las heridas,  desconociéndose  el  testimonio  de  MURILLO MARTÍNEZ  donde relató cómo la riña se suscitó por el trato  discriminatorio  propiciado  al  grupo del que hacía parte por quienes se dicen  víctimas,  siendo  ese  comportamiento lesivo de su dignidad el que dio lugar a  la reyerta.   

Así  mismo,  luego  de  cuestionar  a  los  abogados   que   en  su  momento  ejercieron  la  defensa,  insiste  en  que  el  alicoramiento  de  Sarmiento  Carbono  conjura la validez de su declaración, ya  que,  “a  juicio  de la suscrita apoderada (sic) en  las  reglas  de  la  experiencia en realidad consumir una botella y media de ron  puede    alterar    la    percepción    de    los    hechos”,    existiendo  incertidumbre  que,  desde  su punto de vista, debe ser  resuelta  a  favor  de  los  procesados.  También  llama la atención en que la  coautoría  deducida  no  se  configura  por  cuanto no se estableció en que en  consistió  la  presunta  división  de  trabajo,  la  posición asumida por los  implicados  y  mucho  menos la contribución de MURILLO  MARTÍNEZ al resultado.   

En   estas  condiciones,  pide  casar  la  sentencia  y  se  dicte  fallo absolutorio de reemplazo en favor de su asistido.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  El  recurso  de  casación  se concibe como un medio de control  constitucional  y  legal  de carácter extraordinario que tiene cabida cuando en  las  decisiones  proferidas  o  el  trámite  penal  surtido  acaecen yerros que  afectan   de  manera  ostensible  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  o  intervinientes.  Así,  los  artículos  183 y 184 de la Ley 906 de 2004, exigen  que  la  demanda correspondiente señale de forma precisa y concisa las causales  invocadas,  desarrolle los cargos de modo adecuado y además tiene que demostrar  que  el  fallo  es necesario para cumplir algunas de las finalidades del recurso  previstas  en  el  artículo  180 ibídem, toda vez que la concurrencia de estas  circunstancias son las que habilitan la intervención de la Corte.   

En ese orden, la jurisprudencia ha dicho que  el  recurso  extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permite al impugnante  prolongar  el debate fáctico y sustancial que culminó con la determinación de  segundo   grado,   por   lo   que   es   improcedente  realizar  en  la  demanda  cuestionamientos  de  libre  confección propios de las instancias, ha de ser un  escrito  claro,  lógico,  coherente  y  sistemático en el que, al tenor de los  motivos  expresa  y  taxativamente  consagrados en la ley y ceñido a la lógica  que  orienta  la  presentación  de  cada  tipo  de  reproche,  se  acredite  la  existencia  de un error de tal magnitud que haga insostenible la declaración de  justicia   efectuada   en   la  sentencia  (Cfr.  CSJ  AP,  18  Ago  2010,  Rad.  33559).   

         2.  Lo  anterior  se  menciona  para  anotar  que  ninguno de estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por  la recurrente, ya que  únicamente  plasmó  en  su  escrito  ideas  genéricas  ausentes  de contenido  argumentativo  si  de  derruir  la presunción de legalidad del fallo atacado se  trataba.    La    Corporación   expresa   enseguida   las   razones   de   esta  apreciación:           

         2.1.  Si bien es cierto el falso raciocinio permite al casacionista  plantear  yerros  tratándose  del  análisis  valorativo  que  hace el juzgador  respecto  de los elementos de juicio obrantes en el proceso, si en ese ejercicio  intelectivo   conculca   la   sana   crítica   como  medio  de  formación  del  conocimiento,  ello  no  quiere  decir  que  la  postulación  está sujeta a su  arbitrio,  toda  vez  que  debe  señalar de modo específico el principio de la  lógica,  la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia desconocida, el  motivo  del  error,  y cuál principio, ley o máxima es la aplicable. (Cfr. CSJ  AP,  24 Abr 2013, Rad. 40431). Esta dinámica, entonces, no se suple con el mero  antagonismo  de  criterios en cuanto al mérito que para el recurrente, a partir  de  una postura subjetiva, debe asignársele a las pruebas, pues de cotejarse su  posición  con  la  del  sentenciador  el resultado por supuesto será disímil,  pero   esto   no   significa   per  se  la  configuración  de un vicio susceptible de enmendarse a través  del  recurso  extraordinario  y  en especial, cuando a la providencia atacada la  ampara,  según  se  anotó  en  precedencia,  la doble presunción de acierto y  legalidad.   

         

         En  este  asunto  la  libelista, en lugar de definir con precisión  porqué  las  conclusiones del juzgador son incompatibles con los parámetros en  cuestión,  se  dedicó  a  pregonar  la  hipotética  imposibilidad  de que los  testimonios  de Heinember Januar Sarmiento Carbono, por su estado de embriaguez,  y  Dilia  Rosa  de  León  Polo,  ante  supuestas  contradicciones,  tuviesen la  capacidad  para develar lo ocurrido pese a que dicha tesis ya fue descartada por  la   judicatura,   haciendo   abstracción   deliberada  de  las  circunstancias  particulares  que  permitieron  al  Tribunal advertir más allá de toda duda la  coyuntura  en  que se dieron los sucesos materia de diligencias. Sobre el punto,  vale   la   pena   reseñar   lo   que   dijo  el  ad  quem:   

“[…]  Dilia  Rosa  de  León Polo […]  refirió  que  […] acababan de salir de una discoteca situada en Chapinero, en  compañía  de Heinember Januar Sarmiento Carbono, con quien ella había salido,  Brodenson  Breiner  Arévalo  Carbono  y  Leidy  Doria,  como  pareja  del antes  nombrado.  […] Manifestó que todos ellos son de la costa, donde a los hombres  que  son sinvergüenzas les dicen perros y que con ocasión de tal denominación  Brodenson  Breiner  Arévalo  Carbono  y Heinember Januar Sarmiento Carbono iban  aullando,  tratando  de  imitar  a los perros, motivo por el que, sus agresores,  tal  vez  creyendo  que se estaban burlando de ellos, se les fueron encima y los  atacaron […].   

En  el  mismo  sentido,  rindió testimonio  Heinember  Januar  Sarmiento  Carbono,  quien  expuso  que,  luego  de  salir de  discoteca,  iban  recochando,  concretamente,  que él aullaba porque le decían  que  era  un  perro,  y  que  por  ese  hecho  de  pronto el grupo de travestis,  integrado  por  unos  siete  (7) u ocho (8), pensando que se estaban burlando de  ellos,  se les fueron encima a pegarles. Claro está, precisó, algunos de ellos  se  fueron,  pero otros, “los señores que están ahí y la chica que ya no se  encuentra  ahoritica”,  se  quedaron  y  los  agredieron. Mientras que uno los  atacaba  con  una  puñaleta,  dijo, los otros les pegaron con piedras y con los  tacones.   

Como  se  ve,  no  es  verdad  que  existan  contradicciones  entre  dichos  testimonios  […] fueron absolutamente claros y  enfáticos  en  señalar  a  una mujer menor de edad y a los acusados, a quienes  identificaron en el juicio oral, como sus agresores.   

Cierto  es  que  Heinember Januar Sarmiento  Carbono  reconoció  que  en  la discoteca se habían tomado aproximadamente una  botella  y  media  de  ron y que en su historia clínica aparece que el paciente  ingresó  en estado de embriaguez, hecho a partir del cual, aunque la impugnante  no  lo  dice,  podría  pensarse  en  que  no  pudo  haber  tenido  una correcta  percepción de lo acontecido.   

Sin  embargo,  puesto  que  un  estado  de  embriaguez  tiene  varios grados e intensidades, no cabe demeritar el testimonio  de  Heinember Januar Sarnmiento Carbono por el hecho de que haya ingerido licor.  Adicionalmente,  es preciso anotar que él reconoció que había tomado, pero al  mismo  tiempo  manifestó  que  “estaba  bien”,  sin que en su relato exista  ninguna  señal  indicativa  de  que,  por  su  embriaguez,  no  haya  percibido  adecuadamente         los         hechos”.3   

         Frente  a  este  razonamiento no se indica o identifica la regla de  la  ciencia,  principio  lógico  o  máxima  de  la experiencia específica que  presuntamente  vulnera  y  solo  se  expone la existencia del presunto yerro, se  repite,  a  partir de la llana divergencia abstracta de pareceres en cuanto a la  valoración   probatoria   acometida,   controversia     ajena     a     la    naturaleza    del    recurso  extraordinario.   

         Ahora  bien,  aun  cuando  la  censora  menciona  que  el  Tribunal  conculca  las  máximas de la experiencia, al asumir que el consumo de botella y  media  de  ron  no  altera  las  facultades  de  percepción de una persona, tal  cuestionamiento,  para  que  fuera  procedente, debió proponerlo por vía de la  violación  a  los  principios  de las reglas de la ciencia, concretamente de la  toxicología,  y determinar con parámetros susceptibles de verificación que la  dosis  ingerida,  la  concentración  de  alcohol  de la bebida, el sexo, edad y  tolerancia   del  individuo,  entre  otras  variables,  hacían  inadmisible  la  conclusión  del  sentenciador. Empero, ello no se avizora en el presente asunto  al  circunscribirse  el  reparo  a  plasmar,  se  insiste, el mero parecer de la  recurrente  acerca  del  tema  y  que  solo  encuentra  soporte en su particular  postura, toda vez que esa es la fuente a la que se remite.   

         De  este  modo,  el  reproche  no  cuenta con un soporte conceptual  correcto  que  valide sus asertos e incluso es confuso, al hacer referencia a la  presencia  de  otros yerros cuya senda de denuncia se ajusta a otras modalidades  de    infracción,    verbi   gratia,   al   polemizar   sobre  la  labor  de  los  defensores  que  en  su  oportunidad  ejercieron  el  cargo y afirmar que se desconoció el testimonio de  MURILLO   MARTÍNEZ,  pues  tales  planteamientos  corresponderían  a  una  eventual  violación del debido  proceso  o a un falso juicio de existencia por omisión, respectivamente, siendo  estas  alusiones  genéricas  refractarias a los principios de claridad y debida  fundamentación que rigen la casación.   

         2.2.  Este  equivocado  entendimiento del recurso extraordinario se  replica  en lo concerniente al debate que se pretende suscitar tratándose de la  coautoría  impropia  deducida  por  el  Tribunal,  ya  que con críticas que se  enmarcarían  en  la propuesta metodológica que orientaría la acreditación de  la  violación  directa de la ley sustancial, se desconoce que la jurisprudencia  ha  contemplado  que,  para la materialización de este dispositivo amplificador  del  tipo,  es  suficiente  verificar  el  escenario fenoménico y las variables  objetivas  concurrentes  en  la  acción si plasman un convenio no expreso, sino  tácito,  como  aquí  se  hizo. En consecuencia, de ninguna manera es necesario  demostrar,  por  ejemplo,  algún  tipo de conversación explicita o un sopesado  intercambio  de pareceres entre quienes co-dominan el hecho, para concluir en la  vigencia  de esta figura (Cfr. CSJ AP, 27 Feb 2013, Rad. 40719). Así, en virtud  de  la  misma,  el  resultado,  en  este  caso  tentado,  le es endilgable a sus  protagonistas  aun cuando cada uno de los comportamientos visto en forma aislada  no  permita  la  subsunción  en  un  tipo  penal  concreto,  al  conjugarse sus  voluntades hacía un único designio.   

         3.  En síntesis, el reproche formulado por la recurrente en pos de  evidenciar  la  presunta  trasgresión  a  la sana crítica, constituye una mera  opinión  indeterminada  que  replica  la  tesis que planteó en la apelación a  pesar  de  haber  sido  despachada  desfavorablemente  por la judicatura, que no  acredita  ningún error trascendente en esa determinación. Entonces,  al  asumirse  equivocadamente  que  la  casación  es  una  fase  adicional  propicia  para  zanjar  la  discrepancia  de  pareceres respecto a la  decisión  contenida en la sentencia de segunda instancia, se devela la ausencia  de    desarrollo    del   cargo   único,      por      lo      que     será  inadmitido  (artículo  184  de  la Ley 906 de 2004),  además  porque  tampoco  se avizora violación a las  garantías  fundamentales que haga necesario superar los defectos del libelo, ni  se  percibe de su contexto que se precise de un fallo para cumplir con alguna de  las finalidades del recurso.   

         4.  Por  último,  debe  recordarse  que  frente  a  esta  determinación  tiene  cabida  el  mecanismo  de  insistencia de acuerdo con los  lineamientos  señalados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    la  defensora     de    ANDRÉS    FELIPE    MURILLO  MARTÍNEZ.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Comuníquese,  devuélvase  al Tribunal de  origen y cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folio    229    cuaderno    actuación   

2  Fl. 13 cuaderno Tribunal   

3  Cfr. Fl. 12 y s.s fallo de segunda instancia / Fl. 24  y s.s. cuaderno Tribunal     

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