AP8248-2016(48836)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

AP8248-2016  

Radicación: 48836  

Aprobado Acta N° 387  

Bogotá, D. C., noviembre treinta (30) de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

La  Corte estudia si la demanda de casación  presentada  por  el defensor del procesado José Exilio  Daza   Rodríguez   reúne  los  requisitos  para  ser  admitida,   en   orden   a   que  la  Sala,  en  sede  de  casación,  emita  un  pronunciamiento  de  fondo  frente  a la sentencia condenatoria proferida por el  Tribunal  Superior  de Cali el 30 de junio pasado, mediante la cual confirmó la  emitida  por el Juzgado 18 Penal del Circuito de la misma ciudad que lo declaró  responsable  del  delito  de homicidio agravado en la modalidad de tentativa, en  concurso  con  la conducta de porte de armas de fuego de defensa personal.    

HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado como sigue:   

El  22  de junio de 2008, aproximadamente a  las  22  horas  en  las  inmediaciones  de  la  cancha  de  futbol  del  barrio  Los  Naranjos II, ubicada en la carrera 26G5 con calle  77  de  esta  ciudad,  en  momentos en los cuales José David Mosquera Viáfara,  quien  era  menor de edad, departía con unos amigos y  se     disponía    a    jugar    un    partido    de    futbol,    observó  al  señor  José  Exilio Daza  Rodríguez  haciendo  disparos  de  arma  de  fuego en  contra  del grupo de amigos;  lo  conoce  por  ser  vecino  del  sector. Como consecuencia de los disparos él  recibe   un   impacto  de  proyectil   de   arma   de  fuego  en  la  región  toraco  abdominal  posterior  (espalda)  lo  que  le  causa  paraplejia  desde  la  vértebra  T  8 que compromete extremidades inferiores y órganos de excreción.  El  señor  José Exilio se aprovechó de la  situación de indefensión en la que se encontraba José David,  pues  estaba  distraído  desarmado y se disponía a jugar un partido de futbol.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

    

1. Por  los  hechos antes narrados  se dio inició a  la  acción penal, en consecuencia de  la   cual,   se  ordenó  la  captura  de  José  Exilio  Daza  Rodríguez que se  hizo efectiva el 5 de julio de 2012.     

En   esa   fecha   se   surtieron   las  audiencias de legalización  de   captura,   formulación   de   imputación   e   imposición   de  medida  de  aseguramiento,  oportunidad  en la que la Fiscalía  atribuyó    al   indiciado   los   cargos   de   homicidio   agravado  en  la  modalidad  de tentativa, Art.  104    numeral    7   y  porte        de        armas       de   fuego  defensa  personal,  Art.  365  del  Código Penal y le  impuso   medida   de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  centro  de  reclusión.   

    

1. El  escrito  de  acusación  fue  presentado  el  29  de  agosto siguiente y  se  formuló  en  audiencia  de 8 de abril de 2013 ante el  Juez  18  Penal  del  Circuito  de  conocimiento  de  ciudad de  Cali.     

    

1. Dicha   autoridad,   luego  de  adelantadas  las  audiencias  preparatoria   y  de  juicio  oral  emitió  fallo  de  primera instancia el 28 de  julio  de  2015  en  el  que  declaró  responsable  penalmente  a  Daza  Rodríguez como autor de homicidio  agravado   en   la   modalidad   de   tentativa   en  concurso  con porte ilegal de armas, imponiéndole la  pena  de  206 meses de prisión e inhabilitación para  el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término.     

En  cuanto  a  la  libertad  se  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena y la prisión  domiciliaria,  motivo por el que se  libró  orden de captura contra el procesado, a quien  se  le  había  sustituido  la  detención  carcelaria  por  reclusión domiciliaria.   

    

1. El fallo  fue  impugnado por la defensa del acusado, razón por  la  que  el Tribunal Superior de Cali, mediante sentencia de 30 de junio de 2016  le impartió confirmación.     

    

1. Contra la  anterior  determinación  la  misma  parte  recurrió  en  casación, por lo que  corresponde  ahora  a  la  Corte hacer el estudio de la demanda.     

LA      DEMANDA   DE   CASACIÓN   

    

1. Como primer cargo invoca como causal  la  segunda  por  violación  directa  de  la  norma  sustancial  derivada de la  exclusión   evidente   de   «la  dignidad  humana,  artículos  1  y  2  del  Código Penal y aplicación indebida de los artículos  103, 104-7, 27, 31 y 365 de la misma obra».     

Como  sustento del reparo cita el demandante  apartes  de  la  sentencia  C-713 de 2008 para seguidamente indicar que luego de  cuatro  años de investigación la policía no utilizó medidas coercitivas para  acopiar  los  testimonios  de  los  acompañantes  de la víctima, tal y como se  diseñó  en  el  programa metodológico, con los cuales habría aflorado que el  autor  de  los  disparos  no fue José Exilio Daza Rodríguez, en detrimento del  derecho de «contradicción».   

Crítica  que el reconocimiento fotográfico  se  hubiera  llevado a cabo cuatro años después de ocurrido el hecho, paso del  tiempo  que  en  su  criterio permitió el equívoco señalamiento y la falta de  inmediación  respecto  de  lo  que  manifestó  el  testigo en dicha diligencia  investigativa.    

Resalta  la importancia del conocimiento que  asiste  a  Julian  Angucho  Guatusmal,  cuya declaración fue ordenada en juicio  pero  que  no  pudo  practicarse ante la ausencia del testigo para comparecer al  juicio.  Sin  embargo,  según  el  demandante,  la  entrevista  que recaudó el  investigador  Mora  Tordecillas  permite concluir la existencia de duda sobre la  responsabilidad  del procesado, en tanto que el entrevistado manifestó no haber  reconocido  al hombre que estaba haciendo los disparos y que supo que se trataba  de  José  Exilio  Daza  Rodríguez por los comentarios que hacía la gente y la  víctima, José David Viafara al salir del hospital.   

En  seguida  cita la sentencia C-370 de 2006  con  el  fin de indicar que el procesado se encuentra en desventaja en relación  con  la  actividad  investigativa  desarrollada  por la policía judicial que se  apartó  del  programa  metodológico;  «tanto que no  allegó  la  totalidad de los testimonios de los acompañantes de la víctima al  momento  de los hechos. Elemento vital, de suma importancia para la defensa y la  contradicción».   

Concluye  que  la  investigación adolece de  serias   omisiones   que   impidieron   conocer  la  versión  de  los  testigos  presenciales  de los hechos, situación que condujo a la trasgresión del debido  proceso  y  al  derecho  a la administración de justicia en un plazo razonable.   

Precisa  que  el fallo está soportado en el  testimonio  del  ofendido y de su progenitor, quienes tienen un marcado interés  en responsabilizar a Daza Rodríguez.   

Vuelve  a  plantear el estado de duda, con  base  en  que  el  padre  de  la víctima en su primera entrevista señaló como  autor  del  hecho  a  una  persona  distinta  al  procesado, mientras que en una  segunda versión manifestó que se trataba de Daza Rodríguez.   

Acusa   la   sentencia   de  contener  una  argumentación  sofística  debido  a que los testimonios antes reseñados no se  aproximan a la realidad.   

    

1. La segunda censura contra el fallo  del  Tribunal  se  propone  por  la  senda  de  la  causal tercera de casación,  derivada  del  desconocimiento  de  las  reglas de apreciación de la prueba, lo  cual  condujo  a  la trasgresión del principio de presunción de inocencia que,  agrega,  no  se  quiebra por el simple hecho de que la víctima haya señalado a  uno  de  sus  vecinos,  el  aquí procesado, como el causante de las heridas que  lesionaron su integridad física.     

Llama  la  atención  en que al inicio de la  investigación  se  hace alusión al nombre del acusado como autor de los hechos  sin   que   los   testigos   y  denunciante  hicieran  la  descripción  de  sus  características  físicas,  como  sí  lo  hicieron al reconocerlo a través de  fotografías   cuatro  años  después  de  acontecido  el  delito.  Tampoco  se  recopilaron   los  testimonios  de  los  acompañantes  del  ofendido  que  eran  aproximadamente veinte jóvenes.   

Para   el   demandante   las   anteriores  circunstancias   son   indicativas   de   que   no   existe   certeza  sobre  la  responsabilidad del acusado.   

A  lo  anterior  suma  que  los  jueces  de  instancia  demeritaron  los  testimonios  ofrecidos  por  la defensa, según los  cuales  el  procesado  se  encontraba distante del lugar en el que se produjeron  los disparos que dejaron como saldo cuatro heridos.     

La petición común a ambos cargos es que se  case  la  sentencia  para  que  se  absuelva  a  José  Exilio  Daza Rodríguez.   

Como  una consideración final y subsidiaria  enuncia  la  posible  prescripción  de  la acción penal respecto del delito de  porte  de armas de defensa personal «tal como lo deja  entrever  el  magistrado  ponente  en  el fallo de segunda instancia».   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el sistema procesal regido por la Ley  906  de  2004, la casación se concibe como un medio de control constitucional y  legal  que  procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los  procesos   adelantados   por   delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   Por  lo  mismo,  debe  concluirse que este recurso, concebido  como  un  control  constitucional,  es  consecuencia  natural de la función que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo  prevé  el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines  primordiales   contemplados   en   el   artículo   180   de   la   Ley  906  de  2004.   

De   acuerdo   con   lo   que    estatuye    la   citada   Ley   906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Valga reiterar que el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento que permita continuar con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala  el  censor  para  sustentar  el  primer  reparo  acude a la causal segunda  alegando  una  violación  directa  de  la Ley, sin tener en cuenta que ésta se  refiere  a  las irregularidades sustanciales que implican el desconocimiento del  debido  proceso,  la  cual  debe  sustentarse  de  acuerdo  con los presupuestos  lógicos y argumentativos de las causales de nulidad.   

Desconoce  el  recurrente  que la violación  directa  de  la ley es un yerro de estricta aplicación del derecho en el que no  caben   discusiones   relativas  a  la  apreciación  de  las  pruebas  o  a  la  declaración  de  los  hechos  delictivos con todas sus circunstancias por parte  del fallador.   

La  situación con la que muestra desacuerdo  se  refiere  a  que  no  se hubiera llamado a declarar a las personas que fueron  objeto  de  los  disparos  con  arma  de  fuego,  supuestamente  por  parte  del  procesado,  queja  que no guarda relación alguna con la trasgresión directa de  la  norma  que  invoca,  ni  con  el ejercicio del derecho de contradicción que  también  refiere,  puesto  que  no puede alegar la falta de controversia de una  prueba,  que  como  él  mismo lo acepta, no fue allegada al juicio, aspecto que  denota la falta de coherencia de su escrito.   

En  un  ejercicio  propio de las instancias  busca    restarle   crédito   a   una   diligencia  investigativa  en  la  que la víctima reconoció la fotografía de José          Exilio          Daza          Rodríguez,   señalándolo   como   su  agresor,  por considerar que el paso  del  tiempo,  cuatro años, impide que el reconocimiento sea fiable.   

Este   reparo   además   de   que   se   postuló  por  la  vía  inadecuada   -violación  directa e invocando la causal de nulidad-   se   funda   en   la       mera      apreciación      del      demandante,   pues   no   pone   en   evidencia  algún  error de hecho en  la    apreciación    del    testimonio    de    la    víctima   quien   en  juicio  se ratificó de ese señalamiento, el que no  solo  hizo  en  esa  diligencia policiva sino desde mucho antes.   

Siguiendo con las inconformidades  propuestas  por  el  censor, en su  mayoría   relacionadas   con   la   estimación   de   las   pruebas, esta vez  presenta     una     concerniente    a  una  posible trasgresión  al  debido  proceso,  porque   así  la  Corte  lo  deduce,  más  no  porque  el  libelista  haga alusión a ella, la  cual  tiene  que  ver  con  la  necesidad  de que se  escuchara  en  declaración  a Julián Angucho  Guatusmal,  pues, sostiene, su  versión  es  contrapuesta  con los señalamientos de  la víctima.   

Frente  a tal reparo se deja de indicar su  trascendencia,  la  que  además la Sala no advierte,  pues  según  el  propio demandante lo que el testigo  tenía  que  decir  es  que  no reconoció   al   agresor,  circunstancia  que  no  descarta,  ni  deja  sin  respaldo,   el  señalamiento  de     la     víctima     en    este  proceso,   quien  suministró  datos  precisos  del  agresor, ya que lo  había    visto    con    anterioridad  por  ser  residente  del sector donde  sucedió el ataque.   

La       misma      crítica  debe  hacerse  en  torno  al  señalamiento  acerca  de  que  no se recaudaron los testimonios de las personas  que   aquel   22   de   junio  de  2008,  conformaban  el  grupo  de  jóvenes  al  que  se dirigieron los  disparos,  puesto que desconoce la Sala de   qué  forma  tales  declaraciones  ponen    en    entredicho    lo    manifestado   por   el   ofendido;    y    al    sostener  el  recurrente  que  tal sindicación  está   soportada   en   el   ánimo   vindicativo   de   éste  y  de     su    progenitor,    hace    palpable   su   intento  por  imponer  su  personal  valoración  probatoria  frente a la expuesta por el Tribunal.   

Faltando  al  principio de autonomía de las  causales  dentro  del  cargo  que  postula  como la violación directa de la ley  sustancial  que  como  ya  se  dijo,  en  nada se corresponde con las quejas que  plantea  por  consistir las mismas en cuestiones de estimación de los medios de  convicción,  ahora  indica  que  la  sentencia  adolece  de  una argumentación  sofística,  vicio  que  debe  proponerse por la senda de la nulidad demostrando  que  el  fallo  se contradice en forma grotesca con la verdad probada, ejercicio  que  la Corte no puede abordar por razón del principio de limitación, y que de  todas formas la Corporación no observa.   

Adicionalmente,  liga   la   presunta  falla  de  motivación  de  la  sentencia  a un problema eminentemente probatorio que  como  se indicó en páginas precedentes, correspondía sustentarse por la senda  de  la  causal  tercera  como una trasgresión indirecta de la norma sustancial.   

Pese a que al citar el segundo reproche de  la   demanda,   sí   acude   a   esta   causal,   no  precisa  en  qué   tipo  de  error  incurrió  el  Tribunal,   si   fue   de   hecho   –existencia,  identidad,  raciocinio-, o  de  derecho  -legalidad,  convicción-,   simplemente   se   conforma   con  señalar  que  emerge  duda sobre la responsabilidad  del  acusado,  dado  el  poco  mérito  que  al  demandante  le merece        el       testimonio       del       ofendido,   José  David  Mosquera  Viáfara.   

No  acredita  el  libelista los errores de  estimación  en  que, a su  juicio,  incurrió  el  Tribunal  para   haber  concluido  que  la  versión  ofrecida  por  la  víctima  resulta  creíble, ni tampoco logra desacreditar el argumento  de  los  falladores  de  instancia  acerca de que el  testimonio      de     Mosquera     Viáfara   es   contundente  dado  que  desde  los  albores  de  la  investigación  y  así lo reiteró en desarrollo del juicio, el hombre que hizo  los  disparos  contra  el  grupo  de  jóvenes  que  departían aquella  noche,  fue su vecino José Exilio Daza Rodríguez.   

En los mismos términos debe referirse la  Sala  respecto  de  la queja acerca de que la prueba  ofrecida    por   la   defensa   fue   desestimada,   primero   porque  no  se  establece en el libelo si a  lo  que  se  alude  es  a  que  se  dejaron     de    apreciar  algunos  testimonios  y cuáles, o si  al haberlos apreciado se les restó poder demostrativo.   

En  el  primer  caso,  el  reparo  debió  proponerse  como  un error de hecho por falso juicio  de     existencia     por     omisión  y  al  amparo  de  la causal tercera,  mientras   que   en  el  segundo,    obligaba  a     la        acreditación        de  cualquiera de los yerros  de   estimación   atacables   en   casación   con  especificación  de la prueba sobre la que recayeron,  poniendo  de  presente  su  contenido  y  lo  que  de  éste  señaló     el     Tribunal,   en   orden   a  evidenciar  que  restar  mérito  a  alguna  de  esas   probanzas  fue  un  razonamiento equivocado.   

Ninguna      de      tales  exigencias  argumentativas fue satisfecha por el recurrente  al  conformarse  con  hacer una serie de afirmaciones carentes de demostración,  encaminadas  todas  ellas,  sin  éxito,  a  restarle credibilidad al dicho de  la víctima.   

En  este  orden  de  ideas, la demanda de  casación  será  inadmitida,  ante los protuberantes errores de los que adolece  como  no  enunciar  ni seleccionar correctamente la causal, omitir presentar los  reparos   en   forma   autónoma  y  faltar  a  los  principios  de  coherencia,  sustentación suficiente y crítica vinculante.   

3.   Por  último,    frente    a    la    «petición  subsidiaria»  para  que se decrete la prescripción  de  la  acción  penal por el delito de porte de armas de defensa personal, como  quiera  que  esta  es  una situación que    de   acuerdo   con   el   censor,  se  habría configurado  con  posterioridad  al  fallo  de  segunda  instancia, no es posible de atacarse a través del recurso de  casación  el  cual  se  reserva  para la sentencia de segundo grado.  Por  tal    motivo,   aun  habiéndose    configurado    tal    eventualidad,  su  ocurrencia no implica  la    admisión    de  la   demanda   con   el   consecuente   fallo   de  casación, pues no es una  situación que afecte la validez de la sentencia.   

En caso de que  la   Corte   advirtiera   la  ocurrencia  de  la  prescripción  de  la  acción  penal,   durante  el  trámite  del  recurso extraordinario, estaría en el  deber        de        decretarla       cesando  procedimiento, con el fin  de   preservar   el  debido  proceso  del  acusado.   

Sin     embargo,     tal     situación     no        es        la  que  acontece  en  este   caso,  por  cuanto  una  vez  proferido  el  fallo  de  segunda  instancia,  el  citado  término  se  interrumpió   nuevamente,   momento  a   partir   del  cual  se   contabiliza   por   cinco   años,  según lo previsto en el  artículo  189  de  la  Ley  906  de  2004.   

Como  quiera    que   el   fallo   data   de   30   junio   de  2016,  fecha  previa  a  que  ocurriera  la  prescripción   de   la  acción  penal   respecto   del   delito   contra   la  seguridad  pública,  la  potestad sancionadora del  Estado  no ha cesado y por tanto la condena por tal comportamiento es legítima.   

4. Resta señalar que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación, se hayan violado  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga superar los defectos de la demanda y decidir de fondo.   

4.  En caso de que se acuda al mecanismo de  insistencia,  deberán  seguirse los parámetros fijados en CSJ AP, 12 dic. 2005  rad. 24.322.   

   En mérito de lo expuesto, la  CORTE     SUPREMA     DE     JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la demanda de casación presentada por el  defensor  de José Exilio  Daza Rodríguez.   

De conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los  términos precisados atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

  GUSTAVO  E. MALO FERNÁNDEZ   

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSE LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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