AP7451-2016(46261)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP7451-2016  

Radicación N° 46.261  

(Aprobado Acta Nº  338)  

Bogotá D.C., octubre veintiséis (26) de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          La  Corte  se  pronuncia  sobre  la  admisibilidad  de la demanda de  casación  presentada por la defensora de JORGE EDEY PAREDES BUENAÑO, contra la  sentencia  del  23  de  abril  de 2015, proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cúcuta.    

I. HECHOS  

              

          El  20  de  abril  de  2012,  en virtud de información suministrada  telefónicamente  por  la ciudadanía, agentes de la Policía Nacional acudieron  a  la  casa  ubicada  en  la  avenida  9ª Nº 16-37 del municipio de Los Patios  (Norte  de  Santander). La central de radio policial informó que, en ese lugar,  estaban   siendo  cargadas  sustancias  estupefacientes  en  un  vehículo.  Los  policías  fueron  atendidos  por  MARTÍN EMILIO DÍAZ UNIBIO, allí residente,  quien  voluntariamente  permitió  el registro de la vivienda y de una camioneta  de placa venezolana (AA389SE) parqueada en el garaje.   

          En  el  techo  del automotor, escondidos dentro de un compartimento,  los   agentes   encontraron   varios   paquetes  contentivos  de  una  sustancia  pulverulenta,  al  parecer  estupefaciente.  En  el  interior  de la casa, donde  también  estaba  JORGE  EDEY  PAREDES BUENAÑO, fue encontrada otra cantidad de  esa  misma  sustancia.  Habiendo sido aplicadas las pruebas periciales de rigor,  se   determinó  que  la  sustancia  hallada  en  la  camioneta  y  en  la  casa  correspondía, en total, a 63.3 kilos de cocaína.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Con  fundamento  en  los  referidos  hechos,  en audiencia del 21 de  abril  de 2012, presidida por el Juez 1º Penal Municipal Ambulante con Función  de  Control  de  Garantías  de  Cúcuta,  la  Fiscalía le imputó a JORGE EDEY  PAREDES   BUENAÑO  y  MARTÍN  EMILIO  DÍAZ  UNIBIO  el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (art. 376 del CP), cargo que en esa  oportunidad  fue  aceptado  por  los  imputados.  Seguidamente,  a éstos se les  impuso la medida de aseguramiento de detención preventiva.   

          Instalada   la   audiencia   de   verificación   de   legalidad  de  allanamiento  e individualización de pena y sentencia ante el Juzgado 1º Penal  Especializado  del  Circuito  de  Cúcuta,  la  Fiscalía, aduciendo que olvidó  imputar  la circunstancia agravante de que trata el art. 384-3 del CP, adicionó  la  imputación  en  ese  sentido.  Modificados  de  esa  manera los cargos, los  procesados,  indagados  por  la  jueza  para  determinar si se ratificaban en la  aceptación   de   la  imputación,  manifestaron  que  la  rechazaban  con  las  modificaciones efectuadas.   

          En  tal  virtud, la Fiscalía convocó a audiencia de adición de la  imputación,  la  cual  se llevó a cabo ante el Juzgado 9º Penal Municipal con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Cúcuta  el  19  de  julio  de  2012.  Habiéndole  sido  atribuido a los imputados el delito de tráfico, fabricación  o  porte  de  estupefacientes  agravado  (arts.  376  y 384-3 del CP), MARTÍN EMILIO DÍAZ UNIBIO aceptó la  imputación,  mientras  que  JORGE  EDEY  PAREDES  BUENAÑO  no se allanó a los  cargos así formulados.   

          Presentado  el  respectivo  escrito,  el conocimiento del proceso en  contra  del  señor  PAREDES  BUENAÑO  le  correspondió  al  Juzgado 2º Penal  Especializado  del  Circuito de Cúcuta. Ante este despacho, en audiencia del 17  de  septiembre  subsiguiente,  donde no se propuso ninguna causal de nulidad por  parte  de  la  defensa,  la  Fiscalía acusó a aquél como probable coautor del  delito arriba mencionado.   

         El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  sentencia   se   dictó   el   15  de  marzo  de  2015.  Habiendo  declarado  la  responsabilidad  penal de JORGE EDEY PAREDES BUENAÑO por el delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes agravado, la jueza lo condenó a las  penas  de  prisión  e  inhabilidad  para  el  ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  256  meses, junto a 2.666 salarios mínimos legales mensuales de  multa.  De otro lado, negó tanto la suspensión condicional de la ejecución de  la pena como la prisión domiciliaria.   

          Habiendo  interpuesto  la defensa el recurso de apelación contra el  fallo  de primer grado, la Sala Penal del Tribunal Superior de Cúcuta, mediante  la sentencia ya referida, lo confirmó.   

          Dentro  del  término  legal,  la  defensora  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         

          Al  amparo  del  art. 181-3 de la Ley 906 de 2004 (en adelante CPP),  la     libelista     formula    un    cargo    por    violación    indirecta  de  la ley sustancial, fundado  en  errores  de  hecho derivados de “falso juicio de  existencia,  identidad  y raciocinio”. Ello, subraya,  por   cuanto   el   Tribunal,   al   apreciar   equivocadamente  “la  prueba”  testimonial practicada por  solicitud  de  la  defensa,  vulneró  el in dubio pro  reo.   

         Tras  presentar una extensa disquisición doctrinal en relación con  la  mencionada  garantía  ius fundamental,  que considera indebidamente inaplicada en el presente caso, llama  la  atención en que JORGE EDEY PAREDES fue condenado como coautor del delito de  tráfico,   fabricación   o   porte   de   estupefacientes  por  haber  cargado  estupefacientes  en  una  camioneta  en Los Patios (Norte de Santander). Empero,  alega,    tal    circunstancia    no    corresponde    a    lo   “verdaderamente”    probado    ni    a  “la realidad fáctica”.   

          La  declaratoria  de responsabilidad penal, continúa, se soporta en  “supuestos       y      conjeturas”.  Pues,  destaca,  la  juez  de primera instancia asumió que la  droga,  hallada en 55 paquetes encaletados en la camioneta y otros 4 en el baño  de  la  casa,  estaba  siendo  cargada  en  el  vehículo, pero que tal labor se  interrumpió por el arribo de los policías al lugar.    

          Tal   afirmación,   sostiene,   corresponde   a   una   conclusión  indiciaria,  por  cuanto ninguno de los implicados fue sorprendido introduciendo  droga  en la camioneta. Aquéllos, afirma, sólo fueron encontrados dentro de la  residencia, en actitud pasiva, pues no estaban haciendo nada.   

          Esa  inferencia,  continúa,  también  se contrapone a la evidencia  documental y testimonial aportada legalmente a la investigación:   

          En  primer  lugar,  expone, la fotografía Nº 28 adjunta al informe  del  investigador  Rodrigo  Torres,  en  conjunción  con  la  declaración  del  policía  Édgar Boada, permite afirmar que en el vehículo había un remiendo o  una   caleta   casi   terminada.  Además,  puntualiza,  según  el  informe  de  allanamiento  y  registro,  así  como el formato único de noticia criminal, la  extracción  de  los paquetes del compartimento artesanal, sellado rústicamente  y ubicado en techo del carro, fue dispendiosa.   

          En  segundo  término,  en la entrevista del 21 de abril de 2012, el  agente  Boada  dijo  que  en el garaje estaba JORGE EDEY PAREDES BUENAÑO, quien  acababa  de  llegar  al  inmueble para colaborar en un trabajo de latonería. En  esa  dirección,  añade,  MARTÍN EMILIO DÍAZ testimonió que aquél llegó de  visita  a  la  casa  y  llevaba  de  10  a 20 minutos allí, después de haberle  ayudado  a arreglar los frenos de la camioneta. En todo caso, subraya, el señor  PAREDES  no  fue  encontrado cargando la sustancia estupefaciente, sin que pueda  utilizarse  el  dicho  de  “informantes” para atribuirle responsabilidad penal.   

          Y,  en  tercer orden, resalta, la Fiscalía desistió del testimonio  de  Álvaro  Silva,  arrendador  del  inmueble,  a  quien, sostiene, le constaba  quienes  eran  los  residentes de la casa, pudiendo desvirtuar el almacenamiento  de drogas a ellos atribuido.   

          Bajo    tales    supuestos,    afirma,    no    es   “lógico   ni   jurídicamente   viable”  deducir  que  los  implicados  estaban  llenando de cocaína la camioneta cuando  arribó  la  Policía.  Pues  no  fue  fácil  retirar  el parche o remiendo que  cerraba  la caleta, mientras el señor PAREDES BUENAÑO había llegado hace poco  tiempo,    del    todo    insuficiente   para   realizar   tal   “faena  artesanal”. En esas condiciones,  dice,  como  el cargue debió haber durado bastante, la inferencia elaborada por  el  a  quo va en contra vía  de  las  pruebas, de la lógica y del sentido común, como quiera que, en dichas  circunstancias,  la introducción de la droga en la camioneta hubo de realizarse  la noche anterior.   

          En  ese  contexto  fáctico,  concluye, los falladores erraron en la  construcción  indiciaria,  por  cuanto, a partir del simple hecho de haber sido  hallado  JORGE  PAREDES  dentro  la  residencia  en actitud pasiva, se dedujo su  responsabilidad  penal.  Máxime  que, subraya, las afirmaciones de los testigos  fueron  “tergiversadas”.  Si  hubieran  tenido en cuenta “los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia y las reglas de la experiencia”  al  apreciar  las  pruebas, puntualiza, los juzgadores debieron  haber  llegado  a  la  conclusión de que JORGE EDEY PAREDES no participó en el  ilícito investigado.   

          En  tal  virtud,  solicita  a  la  Corte que case la sentencia y, en  consecuencia,  dando aplicación al principio in dubio  pro  reo,  absuelva su defendido por los cargos que le  fueron imputados.   

         IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de   sus   fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las garantías de los intervinientes, reparación de los  agravios inferidos a éstos y unificación de la jurisprudencia).   

               Ese propósito no se consigue de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda de señalar la  causal  o  no  desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco, si  se  advierte  la  irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  reiteradamente  viene  diciendo  la  Corte, la  debida                  sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

         

          4.2                       Pues bien, como a continuación se expondrá, la  demanda  bajo estudio no satisface los requisitos legales y jurisprudenciales de  rigor  para ser admitida: además de haber incurrido la demandante en múltiples  incorrecciones  formales  que  impiden  el  estudio  de fondo de la censura, los  reproches,    de    entrada,    se    muestran    carentes   de   toda   aptitud  sustancial.   

4.2.1 Por  la  vía  del  art. 181-3 del CPP, la Corte ha de establecer la  aptitud   del   reclamo  desde  la  óptica  de  la  afectación  de  garantías  fundamentales,   debido   al   manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia  de  segunda  instancia.  Así,  la  norma  consagra  la  modalidad de  infracción   indirecta  o  mediada  de  la  ley  sustancial,  por  yerros en la construcción de la premisa  fáctica   del  silogismo  jurídico.  Este  tipo  de  infracciones  implican  el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica, producto de la incursión -si se  trata   de  error  de  hecho-  en  falsos  juicios  de  existencia o identidad o falso raciocinio.   

         La   primera   de   dichas   hipótesis  -falso     juicio    de    existencia-  se  presenta  cuando,  al  proferir  la  sentencia  impugnada, el  fallador  desconoce por completo el contenido material de una prueba debidamente  incorporada   a  la  actuación;  también,  cuando  le concede valor probatorio a  una   que   jamás   fue  recaudada,  suponiendo  su  existencia.   

         En  segundo  término, el falso juicio de  identidad  tiene ocurrencia  cuando  en  el fallo confutado el juzgador distorsiona o tergiversa el contenido  fáctico   de  determinado  medio  de  conocimiento,  haciéndole  decir  lo  que en realidad no dice, bien  sea    porque    realiza   una   lectura  equivocada  de  su  texto,  le  agrega  circunstancias  que  no  contiene  u  omite  considerar  aspectos relevantes del  mismo.   

         En  tercer  lugar,  el  falso  raciocinio  se  configura  cuando el  Tribunal  observa  la prueba en su integridad, pero al  valorarla   desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir,  una  concreta     ley    científica,    un    principio  lógico o una máxima de la  experiencia.   

         Cualquiera     de     estos    yerros,  además,    debe   ser  trascendente desde el punto  de   vista  jurídico,  esto  es,  que  frente  a  la  valoración  conjunta de la  prueba     realizada     por    el    Tribunal,   su   exclusión   debería  conducir  a  adoptar  una  decisión  sustancialmente  diversa a la recurrida.   

La   inadmisibilidad   de   los   reclamos  presentados  se  justifica,  entonces,  en  que la censora no desarrolla ninguna  modalidad  de  error de hecho  atendible  en  casación.  En  estrictos  términos  de  técnica casacional, no  formuló  ningún cargo, como  quiera  que,  tras  la vacua  afirmación    de    que   los   juzgadores   incurrieron   en   “un  (sic) falso  juicio  de existencia, de identidad y de raciocinio”,  lo  que  presenta es una lectura subjetiva de las pruebas, diversa al escrutinio  probatorio  aplicado  en las instancias, con la que pretende remover la realidad  fáctica  que  se  declaró  probada  en   las sentencias, para a partir de  allí solicitar la absolución del acusado.   

         

Efectivamente,  sin  consideración  de la  estructura  probatoria  de los fallos confutados ni de la presunción de acierto  y  legalidad  que  los cobija, la demanda, lejos de postular con cumplimiento de  las  exigencias  pertinentes  alguna  de  las  modalidades de error referidas en  precedencia,  simplemente  se limita a cuestionar, sin  ninguna  precisión,  que  al apreciar equivocadamente  las  pruebas  testimoniales de descargo practicadas en el juicio, los falladores  vulneraron   el   in  dubio  pro  reo,  por  cuanto  la  declaratoria de responsabilidad penal se soporta en  “supuestos      y     conjeturas”,  apartados de  lo  “realmente  probado”  en el juicio.   

Desde   luego,   de  la  sustentación  se  extracta   que,   en   lo  fundamental,  la  libelista  se  queja  de  la  solidez  de la prueba indiciaria  construida  por  los  falladores.  Empero,  lo hace con la amplitud propia de un  alegato  de  instancia,  del todo apartado de los lineamientos jurisprudenciales  exigibles para el ataque del indicio en casación.   

          La  técnica  casacional para cuestionar la prueba de indicios exige  identificar  con  precisión  en  cuál  fase  de la construcción indiciaria se  presenta  el  supuesto  yerro, pues de ello no sólo depende la escogencia de la  causal,  sino  también  la  adecuación  de  la  sustentación. Al respecto, ha  señalado   la   Corte   (CSJ  SP  08.08.2000,  rad.  15.836):   

Como          prueba que es,  cuando  se alegan en casación defectos en su apreciación como fundamento de la  violación  de  la  ley sustancial, la vía de ataque debe ser la indirecta y en  tal  medida  es  obligación del recurrente señalar el tipo de error en el cual  se  incurrió,  su modalidad y si el mismo se predica del hecho indicador, de la  inferencia  lógica  o de la manera como los indicios se articulan entre sí, es  decir  su  convergencia,  concordancia  y fuerza de convicción por su análisis  conjunto.   

Si   la   equivocación  se  predica  del  hecho  indicador y se toma  en  consideración  que  debe  estar  demostrado  con  otro medio de prueba, los  errores    susceptibles   de   plantearse   son   tanto   de   hecho   como   de  derecho.   

De   hecho,   porque   la  prueba  de  la  circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto; o porque pudo haberse dejado de  apreciar  otro  medio  demostrativo que la neutralizaba o disolvía; o porque se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía; o  porque  el  proceso  de valoración que condujo a la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la sana crítica.   

[…]  

Ahora bien, cuando el error se predica de la  inferencia  lógica,  ello  supone  como  condición  lógica del cargo, aceptar la validez de la prueba del  hecho  indicador,  ya  que si esta es discutida sería un contrasentido plantear  al  tiempo  algún  defecto  del juicio valorativo en el marco del mismo ataque.  Existe  la posibilidad no obstante, de refutar el indicio tanto en la prueba del  hecho  indicador  como en la inferencia lógica, sólo que en cargos distintos y  de manera subsidiaria.   

         

          Bajo  tales premisas, como la censora no le atribuye al raciocinio  aplicado  por  los  jueces de  instancia   el  quebrantamiento  de  ninguna  regla  de  la  experiencia  ni  la  inobservancia  de  algún  principio lógico o científico en concreto, es claro  que      los      cuestionamientos      a     las  inferencias  devienen  inadmisibles  en  casación. En  este  aspecto,  las  afirmaciones  consistentes  en  que la prueba indiciaria se  valoró  en  contravía  de  las reglas de la sana crítica, de la lógica y del  sentido  común,  de  ninguna  manera  constituyen reclamos suficientes para ser  estudiados  por  la  vía  del  falso  raciocinio.  Para ello, como mínimo, las  inferencias  deben  acusarse  de contrariar una máxima con estructura general y  abstracta,  basada  en el ordinario devenir de los acontecimientos de la vida en  sociedad  (CSJ SP 07.12.2011, rad. 37.667)  o  de  incurrir  en  una falacia o error  típico  en las relaciones lógicas entre las premisas  y             la             conclusión1. Pero como las censuras omiten  tal  deber,  no  es  dable examinar en casación si el razonamiento del juzgador  deviene falso.   

          Ahora,  si  lo  atacado  era  la  fase  de  fijación  de los hechos  indicadores,  también  se  echa  de menos la demostración, con cumplimiento de  las  exigencias  ya mencionadas, de la configuración de algún error censurable  en  casación,  lo que deja  desprovisto  al  reclamo  de  aptitud  para  ser  admitido.  En este sentido, la  valoración    probatoria    alternativa  presentada  en la demanda, con la amplitud propia de un alegato de  instancia  y con  total desatención de las bases fácticas que fundamentan  la  condena, es absolutamente inidónea para remover la realidad fáctica que se  declaró  probada  en  los  fallos.  Además, pese a que la censora insinúa  que  hubo  tergiversación  de  pruebas  testimoniales,  ello  lejos  está de acreditar la configuración de un  falso  juicio  de  identidad  por  ese  motivo,  en  tanto  no  presenta ningún  ejercicio  de  contraste  entre  lo  que  textualmente  dijo  la prueba y lo que  supuestamente se le hizo decir.   

          Bien  se  ve,  entonces,  que  los planteamientos presentados por la  libelista  son  absolutamente  insuficientes  para  ser  estudiados  de fondo en  casación,  a  la  luz  de  alguna  de las modalidades de error constitutivas de  violación  indirecta.  Como  viene  de  verse,  los reproches formulados por la  libelista  constituyen  apenas  argumentos  propios  de un alegato de instancia,  carentes  de  aptitud para ser atendidos en casación. Pues, como lo tiene dicho  la  Sala,  no  hay lugar a predicar la configuración de la violación indirecta  de  la ley sustancial cuando simplemente se presenta una apreciación probatoria  que  no  se comparte. La mera disparidad de criterios en ese aspecto no habilita  para  acudir al recurso de casación (CSJ AP 03.12.09, rad. 27.264). En la misma  dirección,   ha   puntualizado   que  la  simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas  contra  los  razonamientos  probatorios  efectuados por el juez o la  postulación  de críticas a la actividad valorativa, formuladas con la amplitud  propia  del  ejercicio  de  contradicción  de  las  instancias,  sin  el debido  planteamiento  técnico,  conduce a la inadmisión del recurso de casación (CSJ  AP 16.06.2010, rad. 33.697).   

          Por  otra  parte,  como  enseguida  se  pondrá  de  manifiesto, los  reproches   también   se  ofrecen  infundados  y  desprovistos de la aptitud necesaria para constituir una  refutación  suficiente  a la estructura probatoria que sustenta la declaratoria  de responsabilidad penal.   

                               

          4.2.2                           De acuerdo con la  jurisprudencia  de  la Sala (cfr., entre otras, CSJ AP  24.02.2016,  rad.  43.017;  AP  25.05.2016,  rad.  45.660  y AP 29.06.2016, rad.  44.42),   desde   el   punto  de  vista  sustancial,  tratándose  de censuras por  violación  indirecta,  al  demandante  le  asiste  el  deber  de desarrollar un  ejercicio     de    deconstrucción    de  los  fundamentos probatorios de las sentencias de instancia, que  conforman     una     unidad     decisoria.    Esto    presupone    comprender  debidamente  la  estructura probatoria y la motivación  expuesta    en    los   fallos   cuestionados,   así   como   reseñarlos   con  fidelidad;  de  lo contrario, si el censor denuncia un  yerro      derivado     de     un     escrutinio     probatorio     diverso  al  aplicado por los juzgadores,  la  refutación  se  tornaría  totalmente  ineficaz por inatinencia. Pues no se  puede  derrumbar  una  estructura  argumentativa si se atacan bases diferentes  a  las que la sustentan, como  tampoco si éstas no se refutan con suficiencia.   

         Bajo  esa  óptica,  la  Sala  advierte que la censura se ofrece del  todo  inidónea  para  provocar  una  decisión  sustancialmente  diversa  a  la  consignada  en  las  sentencias  impugnadas.  Ello,  por  cuanto  la  premisa de  refutación  es  inconsulta  con  la  estructura  probatoria  y  la  motivación  expuesta  en  los  fallos  de  instancia.  La  demandante presenta a la Corte un  aserto  infundado  que  tergiversa  las razones aducidas por los falladores para  condenar,  como  quiera  que  la declaratoria de responsabilidad penal en contra  del  señor  PAREDES  BUENAÑO  no  se fundamenta en que aquél y MARTÍN EMILIO  DÍAZ    UNIBIO    fueron    sorprendidos   cargando  la  camioneta, como se afirma en el libelo, sino en un  enunciado  fáctico  diverso,  a  saber: que JORGE EDEY PAREDES BUENAÑO ayudó a su amigo MARTÍN DÍAZ UNIBIO  a  acondicionar el vehículo  que  contenía la cocaína en una caleta. Proposición fáctica que se acreditó  a   partir   de  la  valoración  en  conjunto  de  varios  hechos  indicadores.   

          Así  se  advierte  en la sentencia de segunda instancia2,  donde  la  afirmación  de  la  responsabilidad  penal  del  señor  PAREDES BUENAÑO no se  infirió,  sin  más, de su presencia en el inmueble, como injustificadamente lo  sostiene   su   defensora.   Ciertamente   hay   más  hechos  indicadores  que,  articuladamente,  llevaron al Juzgado y al Tribunal a afirmar su responsabilidad  penal    por    el    delito    de    tráfico,    fabricación   o   porte   de  estupefacientes3:  i)  aquél  fue  encontrado  sobre  unas  llantas  sin manifestar  ajenidad  a  los  hechos;  ii)  junto a él había herramientas que habían sido  utilizadas  para  modificar  la  camioneta,  como  una máquina pulidora y otros  implementos;   iii)   a  simple  vista,  según  informaron  los  policías  que  participaron  en  el  registro, el techo de la camioneta se veía levantado; iv)  MARTÍN  DÍAZ UNIBIO afirmó que EDEY PAREDES llegó al lugar para arreglar los  frenos  del  automotor,  pero  además  de  que  el  patrullero  Leonardo  Boada  constató  que  el  vehículo  estaba  en  buen  estado  mecánico  y funcionaba  correctamente,  aquél  no tenía por oficio el de mecánico automotriz, sino el  de  panadero;  v)  MARTÍN DÍAZ UNIBIO -quien aceptó  cargos  por  los  hechos aquí investigados- mintió en  el  juicio con el propósito de favorecer a su amigo JORGE EDEY PAREDES, sin que  fuera  creíble  que  éste  estuviera  en  el inmueble hace 10 o 20 minutos, de  visita  y vi) por la alta cantidad de cocaína guardada en la camioneta, su olor  era fácilmente perceptible, como lo manifestaron los policías.   

          Es  claro,  entonces,  que  la  censura se ofrece del todo inidónea  para  provocar  una  decisión  sustancialmente  diversa  a la consignada en las  sentencias  impugnadas.  Las  premisas  de refutación, además de incumplir las  exigencias   de   técnica   casacional  pertinentes,  son  inconsultas  con  la  estructura   probatoria   y   la   motivación   expuesta   en   los  fallos  de  instancia.   

          4.3                       En  consecuencia,  habiéndose  presentado  los  reclamos  en  casación sin el cumplimiento de los requisitos necesarios para su  estudio de fondo, la demanda debe inadmitirse.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

            En  mérito  de lo expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre de JORGE EDEY PAREDES BUENAÑO.                        

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

                     

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1 Al respecto, cfr.,  entre    otros,    ídem,    pp.    125-126   y   KLUG,   Ulrich.   Lógica   Jurídica,   Bogotá:  Temis,  1990.   

            2   Cfr.   fl.  7.   

            3 Cfr. fls. 5-7 sent.  2ª inst. y 3-5 sent. 1ª inst.     

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