AP707-2015(44293)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP707-2015  

Radicación Nº 44293  

Aprobado mediante Acta No. 58  

          Bogotá   D.C.,  diecisiete  (17)  de  febrero  de  dos  mil  quince  (2015).   

La  Sala  resuelve  acerca  de los requisitos  formales  y  debida fundamentación de la demanda de revisión presentada por el  sentenciado   ELMER   VANEGAS   ZABALA   a  través  de  apoderado,  contra  la  sentencia proferida el 15 de  julio  de  2011 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  que confirmó la emitida el 23 de marzo de 2010 por el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad, que lo condenó a 4 años 6 meses de  prisión,   multa   de  200  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  del  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por 5 años,  como  autor  del  concurso de delitos de fraude procesal y falsedad en documento  privado.   

ANTECEDENTES  

1.  El  juzgador de  segunda   instancia   sintetizó   la   situación   fáctica  de  la  siguiente  manera:   

«Los hechos jurídicamente relevantes tienen  origen  en  el  contrato  de  mutuo celebrado entre LUCILA CELIS DE POLANÍA, en  calidad  (sic)  mutuante,  y  ELMER  VANEGAS  ZABALA  y ALIX DEL SOCORRO CAÑÓN  DÍAZ,  en calidad de mutuarios, el 16 de noviembre de 2001, por virtud del cual  fue  girada  por  estos  últimos  a favor de la primera una letra de cambio por  valor      de      diecisiete     millones     de     pesos     ($17’000.000.oo) que debía pagarse el 16 de  diciembre siguiente.   

Ante el incumplimiento de los deudores, el 17  de  septiembre  de  2002,  en  ejercicio  de  su legítimo derecho, la acreedora  promovió  proceso  ejecutivo  en  su contra, el cual fue acumulado a otro de la  misma  naturaleza  adelantado  por  CARLOS  ALBERTO  MUÑOZ  VANEGAS que cursaba  inicialmente  en  el  Juzgado  Octavo  Civil Municipal de esta capital y que por  competencia  fue  remitido  posteriormente  al  Juzgado  Treinta  y  Nueve Civil  Municipal  de Bogotá, D.C., dentro del cual se libró el respectivo mandamiento  de pago.   

Una vez notificada de este último, la parte  demandada,  a  través  de  apoderado, presentó como excepción que la letra de  cambio  corresponde  a  una segunda garantía sobre una misma obligación que ya  había  sido  extinguida  y  para  ello  aportó una fotocopia autenticada de un  comprobante   de   egreso   por   la  suma  de  seiscientos  setenta  mil  pesos  ($670.000.oo)  firmado por ÁNGELA ROCÍO POLANÍA CELIS, hija de la demandante,  el  cual fue adulterado en su contenido al adicionársele indebidamente la frase  ‘X  intereses  letra  de  garantía  de  $17.000.000=  negociación  casa 7 Maz 8 Castilla firmada X Elmer  Vanegas’  y  la  firma que  aparece     en     la     casilla    ‘aprobado’».   

2. En razón de los  precitados  hechos  el 23 de marzo de 2010 el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Ibagué  (Tolima)  condenó  a  ELMER  VANEGAS  ZABALA  a 4 años 6 meses de  prisión,  multa en cuantía de 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por 5  años,  como  autor  del  delito  de fraude procesal en concurso con falsedad en  documento público.   

3.  Decisión  confirmada  por  una Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Ibagué el 15 de julio de 2011  al  resolver los recursos de apelación  interpuestos por la defensa y el representante de la parte civil.   

4.   Contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  el  defensor del citado sentenciado interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  que fue inadmitido por la Sala el 23 de  noviembre de 2011.   

5. Los Magistrados  doctores   JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO,  JOSÉ  LEÓNIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ,  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO, MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ y LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO  manifestaron su impedimento para conocer del presente  trámite  por  haber  suscrito  el  auto anterior, el cual fue aceptado el 18 de  noviembre de 2014.   

LA DEMANDA  

Con fundamento en la causal 3ª    de   revisión   prevista   en   el  artículo  220  de la Ley 600  de  2000,  la  defensa  de  ELMER    VANEGAS    ZABALA   requiere     la    revisión  del  fallo  de  segunda  instancia  emitido  por el Tribunal fundamentando su solicitud en  que        la  jurisdicción      civil     decretó     la  perención      del      proceso     ejecutivo      origen      de     la  actuación     penal,  ordenando la devolución de  la  demanda  y  los anexos, la cancelación   de   las  medidas    cautelares,    lo    que    en  su  sentir  prueba  que el   único  interés de LUCILA CELIS DE  POLANÍA  era       iniciar       un       proceso       penal      para  obtener una condena contra VANEGAS  ZABALA,  engañando  a  la  justicia,   pues   de  lo  contrario   por   qué  abandona  el  proceso  civil,  máxime cuando le   habían  fallado  favorablemente  sus  pretensiones,  esto es,  declararon no probadas las  excepciones   propuestas   por  la  parte  ejecutada,  disponiendo  seguir      adelante      con     la  ejecución    de    los    mandamientos   de   pago  librados    a    su   favor   y   en   contra   del  sentenciado.   

En   ese   orden,   luego   de   transcribir   algunos  apartes  de  las     versiones     que     rindiera     el  sentenciado  VANEGAS  ZABALA,  de  los testimonios de  LUCILA    CELIS    DE  POLANÍA,     ROCÍO  ÁNGELA  POLANÍA  CELIS,  JULIO   CESAR   OCAMPO,   JOSÉ   ANDRÉS  RAMÍREZ  e  indicar  lo  que  en  su  criterio  determinaron y probaron los mismos,    considera    que    todo    se  trató  de  un  engaño,  pues   la  denunciante  debió    asumir    con    premura    la  carga  de  cumplir debidamente, en la jurisdicción   civil,   aquellos   actos   procesales   que   procuraban   la  satisfacción      de      sus      derechos sustanciales.   

Pero    es    que   además,       dice,       los  juzgadores  de instancia omitieron  valorar    la   conducta   de   LUCILA   CELIS   DE  POLANÍA  cuando  se  sustrajo  de  comparecer  a la  jurisdicción civil, así  como  darle  trámite a un  incidente  de  tacha de falsedad, no obstante haberse  cuestionado  la  autenticidad de la letra de cambio y  existir  en  el  proceso  un  experticio que sembraba  dudas sobre su validez.   

Así   las  cosas,     y     luego     de    hacer      referencia     al    derecho    constitucional   de  presunción de inocencia concluye que no puede haber  una  condena  penal  por una obligación inexistente,  por  tanto,  debe  declararse  fundada  la causal de  revisión y absolverse de todo cargo a ELMER VANEGAS ZABALA.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  numeral  2º del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, la Corte es competente para  conocer  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por ELMER VANEGAS ZABALA, a  través  de  apoderado, como quiera que se promueve contra sentencia dictada por  Tribunal Superior de Distrito Judicial.   

          Desde  ya  se  anuncia  que  la  demanda  adolece  de  los  mínimos  requerimientos legalmente establecidos para su admisión.   

          Como  se  ha  sostenido de forma reiterada por esta Sala, la acción  de  revisión es un mecanismo judicial especial que constituye una excepción al  principio  de la cosa juzgada, en tanto que por su intermedio se busca dejar sin  efectos  la  intangibilidad  de  la  declaración  de  justicia contenida en una  sentencia  ejecutoriada,  cuando  quiera  que  se  acredite la configuración de  cualquiera  de  las  causales  previstas para ello en el artículo 220 de la Ley  600 de 2000.   

De  allí que el legislador haya establecido  no  sólo  causales taxativas para su procedencia, sino requisitos de forma y de  fondo  en  la  demanda que resultan indispensables para poder pronunciarse sobre  su  admisión  y  disponer el trámite correspondiente, pues se constituye en el  primer    examen   a   realizar,   de   conformidad   con   el   artículo   223  ibídem.   

Entre  los  requisitos  exigidos  para  la  admisión  de  la  acción  se  encuentran algunos de carácter general, comunes  para  todos  los  casos,  y  otros  de  carácter específico, solo exigibles en  razón  de  la  naturaleza  de  la  causal  invocada.   En  el grupo de los  primeros,  según  el  artículo  222 de la Ley 600 de 2000, se matriculan el de  presentación  del  escrito de demanda, la acreditación de la titularidad y del  interés  para  actuar,  el  poder para hacerlo, la aportación de copias de las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  proferidas en la actuación cuya  revisión  se  demanda,  y  la  constancia  de  ejecutoria del fallo1.   

En   el   segundo   grupo   se   inscriben  las  pruebas  que  deben ser  aportadas  para acreditar los  hechos    básicos   de   la   causal   formulada,   verbigracia,   las    pruebas    ex   novo  en  el  caso  de  la  causal tercera, las  decisiones  judiciales  en  las  que  se  establezca  que la sentencia objeto de  revisión  fue  determinada  por la conducta delictiva del juez o de un tercero,  en  el supuesto de la causal cuarta; o las decisiones de la Corte Suprema en las  cuales  haya  adoptado  un  criterio  jurídico  distinto  del  que sirvió para  fundamentar el fallo, en la hipótesis de la causal sexta.   

          Ahora,  en relación con el entendimiento que se debe tener frente a  la  causal  tercera  del  artículo 220 de la Ley 600 de 2000, el libelista debe  presentar  un  discurso  jurídico  coherente  junto con los anexos pertinentes,  donde  evidencie que posterior a la sentencia de condena surgieron hechos nuevos  o   pruebas   no   conocidas   al   tiempo  de  los  debates,  las cuales tienen la capacidad de generar un  grado  significativo  de persuasión permitiendo advertir que el condenado puede  ser   inocente   o   actuó   en   condiciones  de  inimputabilidad.2   

          La  Sala, en pacífica jurisprudencia, ha insistido en los elementos  que   deben   concurrir   para   la   correcta   comprensión   de   la   causal  tercera:   

«El  hecho  nuevo,  como  lo  ha  sostenido  la  Sala  de manera  reiterada,     “…es     aquel    acaecimiento     fáctico    vinculado    al    delito  que  fue  objeto  de  la investigación procesal, pero que no se  conoció  en  ninguna  de  las etapas de la actuación judicial de manera que no  pudo  ser  controvertido;  no se trata, pues, de  algo  que  haya  ocurrido  después  de  la  sentencia,  pero  ni  siquiera  con  posterioridad  al  delito  que  se  le  imputó al procesado y por el cual se le  condenó,  sino  de  suceso ligado al hecho punible materia de la investigación  del  que,  sin  embargo,  no  tuvo conocimiento el juzgador en el desarrollo del  itinerario    procesal    porque    no   penetró   al   expediente.»   

«Prueba  nueva    es,    en    cambio,   aquel   mecanismo  probatorio  (documental, pericial, testimonial) que por  cualquier  causa no se incorporó al proceso, pero cuyo  aporte  ex  novo tiene tal valor que podría modificar sustancialmente el juicio  positivo   de   responsabilidad  penal  que  se  concretó  en  la  condena  del  procesado.    Dicha   prueba  puede  versar  sobre  evento  hasta  entonces  desconocido  (se  demuestra  que  fue  otro  el  autor del delito) o sobre hecho  conocido  ya  en  el  proceso  (muerte  de la víctima, cuando la prueba ex novo  demuestra  que  el  agente  actuó  en  legítima defensa), por manera que puede  haber  prueba nueva sobre hecho nuevo o respecto de variantes sustanciales de un  hecho  procesalmente  conocido  que  conduzca a la inocencia o irresponsabilidad  del procesado.».   

«No  se  dará, desde luego, esta causal de  revisión,  cuando  el  demandante  se limita a enfocar de otra manera hechos ya  debatidos  en  el  juicio  o pruebas ya aportadas y examinadas en su oportunidad  por   el   juzgador,   pues   en  tales  casos  lo  nuevo  no  es  ni  el  hecho  naturalísticamente  considerado,  ni la prueba en su estructura jurídica, sino  tal  vez el criterio con que ahora los examina el demandante, y no es eso lo que  la    ley    ha   elevado   a   la   categoría   excepcional   de   causal   de  revisión»3   

.  

          En         síntesis,         el        término        «nuevo»  de  la causal en cita, sea en  el  entendido de «hecho» o  «prueba»,  no  significa  que  su  acaecimiento  sea  posterior  a  la  conducta  juzgada, la «novedad»  se  refiere al conocimiento  actual  que  de  ellas  se  tiene  dentro  de  la acción de revisión, pero que  estuvieron  presentes  en  el momento, lugar y circunstancias en que ocurrió el  delito,  sin  que  se  hayan  podido  debatir  en  el proceso tramitado en aquel  entonces, por diversas razones.   

Así entonces, no basta el aporte de prueba o  hecho  nuevo no conocido al tiempo del proceso, sino que debe ser de tal entidad  que  tengan  suficiente  aptitud  para  derruir las conclusiones del fallo, bien  porque  conducen  fundadamente  a demostrar que el sentenciado es inocente en la  diversa  acepción  de  no autor, realizador inculpable del hecho o al amparo de  causal  de  justificación,  o porque con igual contundencia, esos mismos medios  probatorios, permiten afirmar su inimputabilidad.   

        De  otra  parte,  la  Sala ha advertido  que    esta    causal    de    revisión   no   se   estableció    para    revivir    el    debate    de    las   hipótesis          fácticas     o     jurídicas  que  se  plantearon  en  las  instancias,  ni  tiene  por  finalidad  continuar debates ya clausurados por los  efectos      de      la      cosa      juzgada4,  sino  la  de  permitir  un cuestionamiento serio y respaldado probatoriamente, a  la   declaración   de  justicia    con    que    se   culminó definitivamente la controversia procesal.   

          Por      esta     razón,   como   presupuesto   de   admisibilidad   de  la  demanda  de  revisión fundamentada en  la  causal  tercera,  resulta  indispensable que los  medios  de  conocimiento  allegados tengan la capacidad de demoler los supuestos  fácticos  vencedores en  el  juicio y, por ende, el carácter del fallo objeto  de           la           acción.   

En el caso que nos ocupa, el recurrente hace  caso  omiso  de  tan  elementales reglas, pues en lugar de acreditar como estaba  obligado  la  presencia  de alguna injusticia, su escrito se queda en una simple  declaración  de  propósitos  de  demostrarlo, con lo cual no se acredita error  alguno  en  la  decisión, sino únicamente la inconformidad por la forma en que  analizaron     la     prueba    las    instancias,    reviviendo    debates       que       fueron       conocidos,       controvertidos   y   decididos   por  los    jueces    de  conocimiento.   

Esgrime argumentos que se apartan del motivo  de  la  reclamación  invocada  y  como  si se tratara de una tercera instancia,  requiere  una  nueva  valoración  colocando  en  evidencia su desacuerdo con la  realizada  por  las  instancias  y a refutar las operaciones intelectivas de los  funcionarios  mediante  la  simple confrontación de criterios, olvidando que le  correspondía  probar  la  causal  de  revisión invocada y que no basta para el  efecto  con  enfrentar  su  particular  visión  del  asunto  con la valoración  realizada para propender por la prosperidad de su pretensión.   

En  efecto véase como en su escrito y luego  de   trascribir  fragmentos  de  lo  señalado  por  los  testigos  LUCILA  CELIS  DE POLANÍA, ROCÍO  ÁNGELA  POLANÍA CELIS,  JULIO   CESAR   OCAMPO,   JOSÉ  ANDRÉS       RAMÍRE,      trae apartes como:   

          «…  Esas  afirmaciones  están  indicando que el contrato real de  mutuo  fue  entre LUCILA CELIS DE POLANÍA y ELMER VANEGAS ZABALA directamente y  que,  como  suele  suceder, la prestamista se aperó de una doble garantía: una  venta  de  confianza  a  favor  de  su  hija  y  el  respaldo  de  la  letra  de  cambio.   

Se prueba que mientras el inmueble quedaba a  nombre  de  su  hija quien según ella misma, estaba aprehendiendo (sic) a hacer  negocios,  la letra de cambio, en garantía, según el mismo dicho, por el valor  real  que  le  iba  a  costar el prestatario ese contrato real, lo tenía LUCILA  CELIS por la suma efectivamente pagada   

(…)  

Estas afirmaciones, unidas a lo transcrito y  manifestado  por ANGELA POLANÍA, son claras, expresas, concordantes, coherentes  y  guardan  relación con lo dicho por esta última en cuanto se reafirma que el  término  calculado  de  dos millones de pesos y “un piquito” corresponde al  plazo  de  cinco  meses de interés, sobre quince millones de pesos, al 3.5% con  unos días de más, por las circunstancias que narra el condenado.   

(…)  

Lo cierto es que no aparece prueba de hechos  constitutivos  de  préstamos  “pequeños”  sobre los cuales cimentar que el  pago del 10 de julio de 2001 corresponde a un crédito diferente.   

(…)  

Lo   anterior   lleva   a  inferir  varias  conclusiones.   

Si,  como lo afirma el Tribunal no se debía  consignar  lo  relativo  a  la  presunta  deuda  por no tratarse de audiencia de  debate  en  la  que  el  silencio  de  alguna  de las partes sobre un aspecto de  especial  relevancia  podía dar lugar a poner en entre dicho la credibilidad de  sus  asertos, tampoco tenía porqué (sic) quedar la solicitud de devolución de  la  letra  por  diecisiete  millones  atendiendo  la misma razón y, si se tiene  consideración  que en aquella ocasión por virtud de la indemnización integral  a  favor  de  ALIX  CAÑON  tampoco era necesario hacer alusión, surge entonces  otro interrogante.   

(…)  

No  se  preguntó  el  sentenciador por qué  siendo  la  presunta obligación por $17.000.000, el señor ELMER VANEGAS ZABALA  puede  pretender  exonerarse  de su pago total con un recibo que solo representa  una mínima parte.   

Si  se  trata  de  valorar  la  conducta del  condenado  en  su  actuación como acaba de relevarse, en aras al respecto (sic)  de  la  igualdad de las partes en el proceso, el Tribunal debió hacer lo propio  con  la  denunciante,  respecto  de quien se puede preguntar cuál fue la razón  para  que  eludiera  su  comparecencia  al  proceso  civil,  por  qué razón no  justificó  su  inasistencia  al  interrogatorio  que se le pretendiera formular  ante  el  juez  civil,  por lo cual le fue denegada nueva fecha con tal fin, por  cuya  razón se solicitó la declaratoria de confesa, la que fue diferida por la  sentencia  civil,  lo  que  no ocurrió pese a que la ley prevé como indicio la  conducta de las partes tanto en lo civil como en lo penal…».   

Olvidó  que la  novedad  del  hecho  no  radica  en  que simplemente  introduzca  una  hipótesis probatoria diferente a la  acreditada   en  las  instancias  sino,  quizás  lo  más     importante,     que    aquélla  ostente  tal  eficacia  que permita establecer la inocencia o  inimputabilidad   del   condenado,   tal   y  como  expresamente  lo  exige  el  numeral  3º    del    artículo    220 precitado. Es decir, que la prueba  nueva  ha  de desmoronar el fundamento fáctico de la  sentencia   de   condena   y   con   ello   desvirtuar   la   justicia   de   la  decisión  atacada,  circunstancias  que  en  manera  alguna   atacó,   es  más,  nada  dice  acerca  del  hecho comprobado que  se  indujo  en  error  a un servidor público   para  obtener  una   decisión   contraria  a  la  ley,  así   como   que   se  falseó   un  documento  privado.   

En tales condiciones, es claro que la acción  de  revisión  no es el escenario propicio para reabrir el debate probatorio que  se  dio  al  interior del proceso, en razón a que las inconformidades o reparos  desde  ese  punto  de  vista  que  tuvieron  los  sujetos  procesales,  debieron  postularlos  en  las fases propias de la actuación, o a través de los recursos  ordinarios  o  el  extraordinario de casación, como en efecto sucedió, pues en  esta  última  sede  insistía en señalar que los jueces incurrieron en errores  de  hecho  en  la apreciación probatoria, aspectos que en manera alguna la Sala  detectó  al  momento  de  decidir acerca de la admisibilidad de los fundamentos  lógicos  y  de apropiada argumentación de la demanda de casación presentada a  favor de VANEGAS ZABALA.   

De  otra  parte,  la  prueba aportada por el  demandante  no  ofrece  la  novedad  que  se le atribuye, por ende, carece de la  idoneidad  y  utilidad  para  cambiar  la decisión de condena proferida por las  instancias  con  base  en  el  recaudo  probatorio  recopilado  al  interior del  proceso,   pues   la  decisión  del  Juzgado  39  Penal  del  Circuito  resulta  irrelevante frente a las conclusiones del juez ad quem.   

En  efecto,  véase como la decisión que se  tilda  de  novedosa  tan  solo  hace  referencia  a que el proceso ejecutivo que  había     iniciado     la     querellante     culminó     por     perención,  más  no  por  cuanto se haya  acreditado  que  en  manera alguna hubo una inducción en error a un funcionario  judicial   para   obtener  una  sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario  a  la  ley  o  que  no se determinó la falsedad de documento privado  (letra de cambio).   

El  hecho de que la denunciante LUCILA CELIS  DE  POLANÍA  hubiese abandonado el proceso civil una vez declararon no probadas  las  excepciones  propuestas  por  la parte ejecutada y ordenado seguir adelante  con  la  ejecución  en la forma prevista en los mandamientos de pago, en manera  alguna   puede   llevar  a  concluir  que  hubo  una  injusticia  en   la   decisión  atacada.   

Ello  en  la  medida  que  la  perención  como se reconoce y considera en  la   prueba   que  se  tilda  de  novedosa  hace  referencia  es  a  una  medida  correccional,  una sanción derivada de la injustificada inactividad de la parte  actora  que  en  nada  contribuye  eficazmente  a  la descongestión del aparato  judicial.   Así  se  pronunció  el Juzgado 39 Civil del Circuito sobre el  particular:   

«Bajo  la  normatividad  antes  citada  se  reconoció  entonces  que  el decreto de la perención era posible dentro de los  procesos  de  ejecución  cuando:  1. Exista falta de impulso que corresponda al  demandante  o.  2.  Cuando  esté  pendiente la notificación del mandamiento de  pago a uno o varios ejecutados.   

En  este  mismo  escenario  señaló nuestra  Corte  Constitucional:   “que el restablecimiento de la perención en los  procesos  ejecutivos, como medida derivada de la injustificada inactividad de la  parte  actora,  constituye  un mecanismo idóneo y constitucionalmente admisible  para  contribuir  eficazmente  a  la descongestión del aparato judicial, dentro  del margen de configuración del propio legislador”   

          Razón  que  más  tarde  utilizaría  la  Corte  para señalar que,  “ninguna  duda  queda  hoy,  que  la  perención se encuentra vigente para los  procesos  ejecutivos,  con  la finalidad primordial de descongestionar el aparto  jurisdiccional,  por  cuanto  una  parte  muy  significativa de los procesos que  atiborran  los  anaqueles  judiciales  corresponden  a  acciones  ejecutivas que  fueron  abandonadas  durante su trámite por quienes están obligados legalmente  a propiciar su impuso.”   

          A  todo  lo cual nuestra Corte Suprema de Justicia agrega que, “el  haber  fallado  el asunto disponiendo seguir adelante la ejecución, no impedía  decretar  la  perención,  puesto  que  tal situación no está contemplada como  presupuesto  estructural  de  esa  forma de terminación anormal del proceso, lo  cual  autorizó  al  legislador para los juicios en referencia como una sanción  al  litigante  que  con  su  omisión  congestiona el aparato judicial y como un  mecanismo  para  combatir  esta  última  situación  que  afecta  a  las partes  involucradas, y en general a los usuarios de la justicia.”   

          (…)   

         

Ello  para  concluir  que  el  decreto de la  perención  aun  después  de  dictada la sentencia, siempre que se respeten los  presupuestos  para  ello,  redunda  a  favor  del  deudor a quien no se le puede  condenar,   ante   la   desidia  de  su  acreedor,  a  esperar  perennemente  la  consolidación  de  su  situación jurídica mientras sus derechos permanecen en  vilo  por  la  sujeción  de  un  proceso que se resiste a fenecer, como tampoco  podría  llegarse  a suponer que sobre su cabeza recaen cargas procesales que le  son  propias  a  la parte demandante, aun cuando positivamente la ley le conceda  dicha  facultad, como ocurre con la posibilidad de pedir el remate de los bienes  en   los   términos   del   artículo   523   del   Código   de  Procedimiento  Civil.».   

          Para concluir:   

          «De  todo  lo  anterior resulta que luego de proferida la sentencia  con  la  cual se puso fin  a la controversia que ataba a las partes, brilla  por  su  ausencia  actividad  alguna  por  parte  del acreedor, aún después de  resueltos  los  recursos  de  reposición  y  apelación correspondientes en los  cuales  se  negó  sucesivamente la aplicación de la perención en el asunto de  la  referencia,  lo  cual  encaja, teniendo en cuenta los lineamientos esbozados  por  las  Altas Cortes, dentro del supuesto de hecho de la normatividad prevista  por  el  23  de  la  Ley 1285 de 2009, pues al momento de proferirse la presente  decisión  ya  han  pasado  con  creces  más de los nueve meses exigidos por la  normatividad  adjetiva  antes  citadas  (sic)  para dar por terminado el proceso  anormalmente  por  virtud de la figura procesal de la perención, que de acuerdo  a  todo  lo  que  se ha expuesto con antelación resulta plenamente aplicable al  caso que ahora se somete a la consideración del despacho.».   

En  ese  orden,  no  puede  afirmarse que lo  considerado  por la jurisdicción civil demuestra que el único fin y propósito  de  la  denunciante  CELIS  DE POLANÍA era engañar a la justicia y obtener una  condena  penal  contra  VANEGAS ZABALA, pues como se acaba de observar la citada  decisión  es  producto de una sanción a la parte demandada por su abandono del  proceso,  más  no  por cuanto no se hubiese demostrado que ELMER VANEGAS ZABALA  realizó  un  contrato  de  mutuo  con  LUCILA  CELIS  DE  POLANÍA por valor de  $17.000.000  y  para  efectos de no cancelar dicha obligación creó una segunda  con  documentos  falsos  que  presentó  ante  un  funcionario judicial para que  declarara inexistente la misma.   

No   sobra   advertir   que   las  citadas  afirmaciones  son  producto de simples apreciaciones subjetivas del apoderado de  VANEGAS  ZABALA  de  lo  que  en su criterio pudo presentarse por la inactividad  procesal  de  la  ejecutante  en  el  proceso  civil,  pues  carecen de respaldo  probatorio.   

        Insístase  en  que  la  naturaleza  y  finalidades  de  la  acción  de  revisión no pasa por servir de escenario a un  nuevo  debate  probatorio o controversial, como quiera que siempre será posible  allegar  más  elementos de juicio o tesis novedosas encaminadas a demeritar las  razones  que  motivaron  la  condena,  o  cuando  menos,  fortalecer  la postura  contraria.   

        Cuando  de  dejar sin efecto la cosa juzgada se trata, es menester  que  lo  allegado  comporte  tanta  objetividad  y  trascendencia,  que  su sola  auscultación  permita  verificar  evidente  el yerro judicial, o mejor, patente  que se cometió una injusticia que requiere de remedio.   

        Lo  otro,  vale  decir,  la  presentación de pruebas más o menos  pertinentes  que  soportan una posición contraria a la del juzgador, no pasa de  constituir  un  insustancial  intento  por  revivir  debates  ya clausurados, en  discusión  ad  infinitum  que  olvida  tomar  en  consideración  el  efecto  benéfico del principio de seguridad jurídica.   

Ahora, el hecho que se hubiese condenado en  costas  a  la ejecutante fijando como agencias en derecho la suma de $300.000 no  puede  significar que por tal razón la judicatura representada por los Juzgados  3  Penal del Circuito de Ibagué y Tribunal Superior del Distrito Judicial de la  misma  ciudad,  vulneraron  principios  constitucionales  como la presunción de  inocencia  o  el  in  dubio  pro  reo,  pues  dicha  condena es una consecuencia  precisamente  de  la  decisión  adoptada por la jurisdicción civil, perención  del  proceso,  tal  cual  lo  advirtió  el  Juez  39  Civil del Circuito, en el  proveído  de  3  de  mayo  de  2012 a través del cual se ocupó de resolver la  objeción    que   a   la   liquidación   de   costas   presentara   la   parte  demandada.   

Finalmente,  la  Sala  no  debe  dejar  de  precisar  que  la  providencia  allegada  proferida  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, y que en criterio del demandante de manera  clara  y  coherente  permite  determinar  la  inocencia  del  sentenciado,  hace  referencia   es  a  un  fallo  de  tutela  donde  se  protegieron  los  derechos  fundamentales  del  debido  proceso y al acceso a la administración de justicia  del  sentenciado  por cuanto el Juzgado 39 Civil del Circuito no había resuelto  un   recurso   debidamente  interpuesto,  aspectos  irrelevantes  frente  a  las  conclusiones  de  los  jueces de instancia frente a la responsabilidad penal que  se  le  atribuyera  a  ELMER  VANEGAS ZABALA como autor de los delitos de fraude  procesal y falsedad en documento privado.   

Así  las cosas, se inadmitirá la demanda,  por  cuanto  una  simple  lectura  de  la situación fáctica y jurídica que se  consignó  en  aquella  providencia proferida en la jurisdicción civil el 13 de  febrero  de  2012  permite  concluir  que las circunstancias allí debatidas son  totalmente  disímiles  a  aquellas  por  las  cuales  resultó  condenado ELMER  VANEGAS ZABALA y se solicita revisar.   

        Como  quiera  entonces,  que la demanda  no   se   aviene  a  las  exigencias  mínimas  normativamente  previstas, no  cabe  más alternativa que  inadmitirla.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  No admitir la  demanda  de  revisión  presentada  por  ELMER VANEGAS  ZABALA   a   través   de   apoderado,   conforme  lo  expuesto.   

2.  Contra  esta  decisión procede el recurso de reposición.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

JUAN CARLOS PRIA BERNAL  

Conjuez  

PAULA CADAVID LONDOÑO  

Conjuez  

JULIO ANDRÉS SAMPEDRO ARRUBLA  

Conjuez  

HUGO QUINTERO BERNATE  

Conjuez  

FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Corte  Suprema  de  Justicia,  auto de 6 de julio de 2005, radicado 23838, entre  otros.   

2 En  este sentido, auto de 9/12/2009, rad. 32653   

3 CSJ  SR, 18 feb. 1998.   

4  Cfr. CSJ AP, 6 jul. 2010 Rad. 31506     

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