AP6329-2016(46382)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS  ANTONIO  HERNÁNDEZ  BARBOSA   

Magistrado ponente  

AP6329 – 2016  

Radicación 46382  

(Aprobado  Acta No.  300)   

Bogotá D.C., veinte (20) de septiembre de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS:  

Resuelve  la Sala si admite o no las demandas  de  casación  presentadas  por  la defensora del procesado JESÚS ARMANDO ARIAS  CABRALES   y   por   el   agente   del   Ministerio  Público.    

HECHOS:  

El  6  de noviembre de 1985, después de las  once  de  la  mañana,  un  comando del movimiento insurgente M-19 integrado por  aproximadamente  30  miembros  al  mando  de  Luis Francisco Otero Cifuentes, en  desarrollo  de  la  operación  “Antonio Nariño por  los  Derechos  del  Hombre”, ingresó por el sótano  del  Palacio de Justicia con el objeto de tomarse sus instalaciones e iniciar un  juicio  político  al Presidente de la República Belisario Betancur Cuartas. En  respuesta,  las  fuerzas  armadas  iniciaron de inmediato la recuperación de la  edificación,  la  que  concluyó en la tarde del día siguiente cuando después  de    incendiada    y    destruida,    fue    reducido    el   último   reducto  guerrillero,  pese al pedido  elevado  al  Gobierno  Nacional  por  el doctor  Alfonso  Reyes  Echandía,  entonces  Presidente de la Corte  Suprema de Justicia, en el sentido de ordenar un cese al fuego.   

El  operativo de recuperación lo dirigió y  coordinó  la  Brigada  XIII  del Ejército Nacional, a cargo en ese momento del  Coronel  Luis  Carlos  Sadovnik,  segundo  al  mando  y  jefe  del Estado Mayor.  Después  lo  asumió  el  General  JESÚS ARMANDO ARIAS CABRALES, comandante de  dicha Brigada.   

Como  consecuencia  de  la toma y retoma del  Palacio  de Justicia murieron varios magistrados y empleados de la Corte Suprema  de Justicia y del Consejo de Estado.   

Efectuada  la  recuperación  de  la  sede  judicial,  los  familiares de Carlos Augusto Rodríguez Vera, Cristina del Pilar  Guarín  Cortés,  Bernardo Beltrán Hernández, Héctor Jaime Beltrán Fuentes,  Gloria  Estela  Lizarazo  Figueroa, Luz Mary Portela León y David Suspes Celis,  trabajadores  de  la  cafetería,  y  de  Norma  Constanza Esguerra Forero, Lucy  Amparo  Oviedo  Bonilla y Gloria Isabel Anzola de Lanao, visitantes ocasionales,  los reportaron como desaparecidos.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Dentro  del  sumario  radicado 9755-4 la  Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  el  28  de  septiembre  de  2007, compulsó copias para investigar a los Generales retirados  JESÚS  ARMANDO  ARIAS CABRALES y Rafael Samudio Molina, este último Comandante  del Ejército cuando se desarrollaron los hechos antes reseñados.   

2.  Por  disposición  del  entonces  Fiscal  General  de  la  Nación,  la  instrucción  respectiva  la  asumió  la  propia  Fiscalía   Cuarta  arriba  mencionada,  en  cuyo  desarrollo  los  escuchó  en  indagatoria.  El  9 de octubre de 2008 resolvió la situación jurídica a ARIAS  CABRALES,  imponiéndole medida de aseguramiento de detención preventiva por el  delito de desaparición forzada.    

3. El 9 de marzo de 2009 lo acusó a título  de  coautor  de  dicha  conducta  punible,  que  estimó  agravada y cometida en  concurso  homogéneo  respecto  de  las  siguientes  11 personas: Carlos Augusto  Rodríguez   Vera,   Cristina  del  Pilar  Guarín  Cortés,  Bernardo  Beltrán  Hernández,  Héctor  Jaime  Beltrán  Fuentes, Gloria Estela Lizarazo Figueroa,  Luz  Mary  Portela  León,  David Suspes Celis, Norma Constanza Esguerra Forero,  Lucy  Amparo Oviedo Bonilla, Gloria Isabel Anzola de Lanao e Irma Franco Pineda.  En   la   misma   decisión  le  precluyó  la  instrucción  a  Rafael  Samudio  Molina.   

4.  Tramitado el juicio, el Juzgado 51 Penal  del  Circuito  de  Bogotá, mediante sentencia del 28 de abril de 2011, condenó  al  acusado  a  35  años  de prisión y a la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio de derechos y funciones públicas por 20 años.   

5.  La  defensa y el agente del Ministerio  Público  apelaron  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de la misma sede,  a  través del fallo impugnado en casación, proferido el 24 de octubre de 2014,  le  impartió  confirmación  en  lo  relativo  a  las  víctimas Carlos Augusto  Rodríguez  Vera,  Bernardo  Beltrán  Hernández, Luz Mary Portela León, David  Suspes Celis e Irma Franco Pineda.   

En  la  misma decisión, decretó la nulidad  parcial  en lo relacionado con las víctimas Cristina del Pilar Guarín Cortés,  Héctor   Jaime   Beltrán  Fuentes,  Gloria  Estela  Lizarazo  Figueroa,  Norma  Constanza  Esguerra Forero, Lucy Amparo Oviedo Bonilla y Gloria Isabel Anzola de  Lanao.   

LAS  DEMANDAS:   

          LA  PRESENTADA  POR  LA  DEFENSA.             

          Primer cargo. Nulidad por falta de competencia.   

          Según  la  censora,  los funcionarios competentes para investigar y  juzgar  al  acusado  lo  eran, en su orden, el Fiscal General de la Nación y la  Corte  Suprema  de  Justicia,  por  cuanto  aquél  para la época de los hechos  ostentaba  la  condición  de  Comandante  de  la  Décima  Tercera  Brigada del  Ejército  y,  a  su  vez,  fungía  como  General  de  la  República.  Así lo  establecía  el  numeral  4º  del  artículo 235 de la Constitución Política,  norma  que  se encontraba vigente el 7 de mayo de 2008, fecha en que el entonces  Fiscal  General  de  la  Nación  se  abstuvo de abordar el conocimiento de este  asunto   y   ordenó   remitirlo   a   la  Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante  la  Corte.   

          Aun  cuando  el  parágrafo  de la citada norma señala que frente a  quienes  hubieren  cesado  en el ejercicio del cargo el fuero se mantendrá para  las  conductas  punibles  que  tengan relación con las funciones desempeñadas,  ARIAS  CABRALES  sigue  amparado  por  esa  competencia  especial  en virtud del  principio  de  favorabilidad,  si  se  tiene  en  cuenta  que el numeral 2º del  artículo  151  de la Constitución Política de 1886 también se la atribuía a  la  Corte  Suprema  de  Justicia sin importar si el delito tenía o no relación  con el servicio.   

          La  Constitución Política frente a la aplicación del principio de  favorabilidad  no  hace  distinción  entre  normas  sustantivas  y  procesales,  conforme   lo  señaló  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  T-578  de  2006.   

          Con  ese  fundamento,  la  defensora le solicitó a la Sala casar la  sentencia  impugnada  y decretar la nulidad a partir de la decisión que ordenó  la apertura de la investigación.   

Segundo  cargo.  Nulidad por irregularidades  sustanciales que afectan el debido proceso.   

          A  pesar de que los hechos ocurrieron entre el 6 y 7 de noviembre de  1985    –señaló   la  impugnante-,  el procesado fue investigado, juzgado y condenado por el delito de  desaparición  forzada,  tipo  penal  que  entró  en vigencia a partir del 7 de  julio de 2000. Por tanto, se le vulneró el principio de legalidad.   

          La   jurisprudencia   invocada  por  los  juzgadores  de  instancia,  conforme  a  la  cual  la  desaparición  forzada  es  un  delito  de  comisión  permanente,  de  modo  que  no  es posible aplicar el principio de favorabilidad  cuando  para  esa  clase de conductas punibles se aumenta la pena, no acarrea la  consecuencia  de  desconocer  el  principio  de  legalidad  con el propósito de  condenar  a  una  persona  por  un  delito  que  no  existía  al momento de los  hechos.   

          No  es  posible  tampoco “conjugar en el  delito    de    desaparición    forzada    los   elementos   constitutivos   de  secuestro”,  como  lo  hicieron  los sentenciadores,  pues  se  trata  de  conductas  ilícitas  distintas,  con  supuestos  fácticos  diversos.   

          Tampoco   es  aceptable  la  tesis  según  la  cual  el  delito  de  desaparición     forzada     viene     del     ius  cogens.  Se  trata de una invitación a la inseguridad  jurídica  y  a la violación del principio de legalidad, pues al no existir una  lista  taxativa  de  las  normas  que  la  conforman se trata de una definición  etérea.   

          Más  aún, los instrumentos internacionales citados por el Tribunal  son  posteriores  a la ocurrencia de los sucesos. Así, la resolución 47/133 de  la  Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas es del 18 de diciembre de 1992,  mientras  la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada fue suscrita  el  9  de  junio  de  1994  y  ratificada  por  Colombia  mediante la Ley 707 de  2001.   

          Por  tanto,  bajo la égida del bloque de constitucionalidad tampoco  es  posible  sancionar a alguien por el delito de desaparición forzada frente a  hechos  ocurridos  en 1986, pues para esa época ni siquiera en los instrumentos  internaciones estaba tipificada esa conducta como punible.   

          La  irregularidad  es  trascendente  porque de no haberse violado el  principio    de    legalidad    no    habría    sido    viable    proferir   la  acusación.   

          Le  pidió  a  la  Corte  casar la sentencia impugnada y decretar la  nulidad a partir del cierre de investigación.   

Tercer  cargo.  Nulidad  por irregularidades  sustanciales   que   afectan   el   debido   proceso.   

          El   Tribunal  desconoció  los  principios  de  unidad  procesal  y  non  bis in ídem, así como  el  derecho  de  defensa cuando decretó la nulidad de la actuación únicamente  respecto  de seis de las víctimas, dictando sentencia en relación con las otro  cinco. La invalidación debió comprender a estas últimas.   

          Lo   anterior  porque  si,  de  acuerdo  con  el  fallo  de  segunda  instancia,  existen  28 cadáveres sin identificar y si, conforme a lo declarado  por  el  Vicefiscal  General de la Nación en el programa de Caracol Televisión  “Los  informantes”, son  92  los  que  están  sin identificar, hay la posibilidad de que dentro de todos  ellos  se  encuentren  los restos de las personas respecto de quienes se predica  su desaparición.   

En  esas  condiciones,  se requiere llevar a  cabo  exámenes  de  ADN a todos esos cadáveres para determinar si allí están  los   once   presuntos  desaparecidos,  conforme  lo  admitió  el  ad  quem  cuando expresó que “si  se  hace  examen sobre todos los restos disponibles podrían  aparecer   otras   de  las  víctimas”,  aun  cuando  “anfibológicamente”         sostenga  después  “que  si  no hay un  reconocimiento  creíble  de  una  persona  saliendo  viva, que además se pueda  corroborar  con  la  evidencia disponible, no es posible afirmar…que no murió  en  los  hechos  y  que  no  está  entre los restos que no han sido debidamente  identificados”.   

          La  anomalía  es trascendente porque al romperse la unidad procesal  se  colocó  al procesado en riesgo de sufrir una doble sentencia por los mismos  hechos,  es decir, a 35 años por cinco personas y en el futuro a otros 35 años  por los otros seis presuntos desaparecidos.   

          La  impugnante  le solicitó a la Corte casar la sentencia impugnada  y    decretar    la   nulidad   desde   la   resolución   de   cierre   de   la  instrucción.   

Cuarto  cargo.  Nulidad  por  violación del  derecho a la defensa.   

          A  pesar  de  que  la  respectiva investigación se inició el 22 de  agosto  de  2001, el General ARIAS CABRALES sólo fue citado a indagatoria el 31  de  julio  de 2008. Es decir, transcurrieron más de 7 años sin ser vinculado a  la  actuación  adelantada  en  su  contra  ni notificado de la existencia de la  misma,  no  obstante  que  la Fiscalía contaba con su dirección y demás datos  para  ese  efecto.  Mientras  tanto  se  evacuaron  múltiples  pruebas, en cuya  práctica  el  procesado no pudo ejercer su derecho a la defensa. Esos elementos  de  prueba  sirvieron  para proferir la acusación y las sentencias de primera y  segunda instancia.   

          Más   aún,   transcurridos   apenas   8   meses   después  de  la  vinculación,  una  vez  cobró  ejecutoria  la  definición  de  la  situación  jurídica,  la  Fiscalía  cerró  la  investigación,  pese a que el legislador  tiene   previsto   18  meses  para  el  perfeccionamiento  de  la  instrucción,  prorrogables a 24.   

          La  recurrente relacionó las pruebas que se practicaron antes de la  indagatoria  y  luego sustentó la trascendencia del error, señalando que si el  procesado   hubiese   estado   representado   por   un   defensor   “para  que  estuviera  pendiente  del recaudo probatorio, y si se  hubiera  tenido la oportunidad de interrogar a los testigos el resultado hubiera  sido una absolución”.   

          Le  pidió  a  la  Sala  casar  la sentencia y decretar la nulidad a  partir del cierre de la investigación.   

          Quinto cargo. Violación directa de la ley sustancial.   

          El  Tribunal  aplicó  indebidamente  los artículos 165 y 161.1 del  Código  Penal  de  2000  y  dejó  de aplicar el artículo 39 de la Ley 600 del  mismo año.   

          La  impugnante  sostuvo,  en  primer lugar, que en este caso no obra  prueba  de la supervivencia de las 11 personas supuestamente desaparecidas. Este  hecho  lo confirma, de una parte, la decisión adoptada por el Tribunal Especial  de  Instrucción  cuando señaló que “existe prueba  suficiente  en el sumario para concluir que tales personas fallecieron en el 4º  piso,  a  donde  fueron  conducidas como rehenes en los primeros momentos de los  sucesos”.   Y,  de  la  otra,  la  afirmación  del  ad  quem  cuando admitió en  el  fallo que hay restos humanos sin identificar, según así lo ha informado la  prensa.   

          Precisó  la  demandante  que  aunque  la  información de prensa no  estaba  disponible  para  el  fallador, según lo adujo éste, ello “no   le   da  vía  libre  a  condenar  a  una  persona  ya  que  indudablemente está violando la presunción de inocencia”.   

          Si,  en  consecuencia,  no  existe  el  sujeto pasivo del tipo penal  objeto   de   acusación,   obligado   resulta   afirmar   que  la  conducta  es  atípica.   

          Argumentó  la  censora,  en  segundo término, que los funcionarios  judiciales  aplicaron,  acudiendo  “a elucubraciones  de  hermenéutica  jurídica”,  un tipo penal que no  estaba  vigente  al  momento de los hechos, esto es, 6 y 7 de noviembre de 1985,  vulnerando   los   principios   de   legalidad,   tipicidad,   prohibición   de  retroactividad   y   “analogía   de  la  función  penal”.   El   delito   de  desaparición  forzada,  insistió,  surge  con  el  artículo 165 de la Ley 599 de 2000 y, acorde con la  sentencia  C-368  de  2000,  la normatividad anterior sólo hace referencia a un  compromiso  adquirido  por  el  Estado  colombiano  para  ser  ratificado  en la  legislación interna.   

         Le  solicitó  a la Corte, por tanto, casar la sentencia impugnada y  declarar la cesación de procedimiento.   

         Sexto cargo. Violación directa de la ley sustancial.   

         La  Corporación  judicial  desconoció  el  principio  in  dubio  pro  reo,  porque  condenó al  procesado  a  pesar  de  admitir en su sentencia la existencia de duda sobre los  denominados       “desaparecidos”.   

Así lo hizo cuando afirmó que “si  se  hace  el  examen  sobre  todos  los  restos  disponibles  podrían  aparecer otras de las víctimas”. También,  cuando  reconoció  que, de acuerdo con lo informado por la prensa, “el  Instituto  de  Medicina  Legal continúa la verificación de  restos  para  determinar  si  alguno  de  los once desaparecidos está entre los  encontrados   en  fosa  común…”.  Igualmente,  al  admitir,  citando  al mencionado Instituto, que hubo cadáveres con útero   entregados  como  de  sexo masculino y cadáveres con próstata entregados a sus  familiares  como  de sexo femenino, así como restos de dos cadáveres distintos  entregados como de uno solo.   

Los dos elementos (percepción y memoria) a  los   cuales   acudió   el   ad  quem  para  superar  el  estado de duda no son válidos porque en el mismo  fallo  se  reconoció  que  la  percepción  puede  variar de persona a persona,  mientras  la  memoria  no  es  perfecta.  Además,  porque,  de  acuerdo  con el  Tribunal,  esos  elementos se complementan con la observación de los documentos  fílmicos  donde  se  dice ver a quienes salieron vivos, pero en la sentencia se  admitió  que  “un  informe técnico-científico de  morfología  concluyó que no era posible realizar el peritazgo encomendado para  identificar      en     los     videos     disponibles     a     los     rehenes  liberados”.       

         Como,  en esas condiciones, las pruebas referidas por el juzgador no  tienen  la  capacidad  de desvirtuar la presunción de inocencia, le solicitó a  la  Sala casar la sentencia impugnada y, en su lugar, proferir fallo absolutorio  respecto de los 11 presuntos desaparecidos.   

Séptimo  cargo. Violación indirecta de la  ley   sustancial   por   error   de   derecho   derivado   de  falso  juicio  de  legalidad.   

         El  yerro  recayó  respecto  de  las  grabaciones realizadas por el  radioaficionado  Pablo  Montaña  a las comunicaciones hechas por radioteléfono  entre   los   militares   que   intervinieron   en  la  retoma  del  Palacio  de  Justicia.   

         Según  la  demandante,  la frecuencia de carácter comercial que se  empleó  para  los  diálogos militares no los convertía en un tema de público  conocimiento  ni  autorizaba,  por tanto, su grabación y difusión por un   particular.  El  artículo  15  de  la  Constitución  Política  no  limita  la  protección  de  las  conversaciones  privadas  a  que  no se hagan “mediante  frecuencias  de  potencial  conocimiento  por parte de  terceros”, porque si éstas son públicas el mensaje  sigue  siendo  privado  y, por tanto, no es pertinente su grabación y difusión  sin la debida autorización.   

         De  no  ser  así,  estarían  excluidas  de  protección  lo que la  doctrina   ha   denominado   comunicaciones   orales   directas,  conversaciones  ambientales  o  conversaciones  entre  presentes.  En  ese sentido, se considera  ilícita  la  grabación  obtenida  por  un  tercero  cuando dos o más personas  conversan en un sitio público.   

         En  tales  casos,  como  ocurre  con  el  del  radioaficionado Pablo  Montaña,  el  análisis  de  la  ilicitud no se debe detener a la forma como el  recaudador  de  la  información se enteró del mensaje. Es necesario considerar  también  el  “registro indebido que hizo del mismo  pese  a  no  tener  interés  en  la  comunicación  por  tratarse  de un asunto  reservado  de  seguridad  nacional  ni  estar  autorizado  judicialmente  o  por  consentimiento  de  los  interlocutores  para  grabar  sus  voces y divulgar sus  conversaciones”.   

         En  todo  caso,  a  lo  largo  de la historia mundial y nacional las  comunicaciones  militares  oficiales  hacen  parte  de  la esfera de protección  estrictamente    privada   que   es   propia   de   los   asuntos   de   defensa  nacional.   

         En  el  presente evento, se grabaron y divulgaron conversaciones que  eran  de exclusivo interés de la fuerza pública, no obstante que los diálogos  involucraran  a  servidores  públicos  en  ejercicio de sus funciones militares  legítimas,  sin  que  por  ello  se pierda el amparo constitucional y legal, lo  cual  tampoco  ocurre  por  el hecho de emplear un medio de alcance más o menos  público,   tanto  menos  si  lo  hace  una  autoridad  militar  por  estado  de  necesidad.   

         La  grabación  de  la  voz  o la imagen, prescindiendo de una orden  judicial   o  del  consentimiento  de  los  interlocutores,  solamente  ha  sido  autorizada  por  vía  judicial cuando quien la realiza viene siendo víctima de  un   delito.   En   los   demás   casos  se  debe  acudir  a  la  cláusula  de  exclusión.   

         El  error  es  trascendente  porque  las  grabaciones realizadas por  Pablo  Montaña  constituyen la única prueba incriminatoria para afirmar que el  procesado  omitió  su  deber  constitucional  de  impedir  el  supuesto plan de  desaparición.  Concretamente,  su  responsabilidad  se  dedujo  a partir de dos  afirmaciones  efectuadas  por  el  Coronel Luis Carlos Sadovnik en desarrollo de  las conversaciones grabadas por dicha persona.   

         Le  solicitó  a  la  Corte, por tanto, casar la sentencia impugnada  para absolver al acusado.   

         

Octavo cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial  por errores de hecho derivados de falso juicio de existencia y falso  juicio de identidad.   

         El  primero  de  esos yerros lo sustentó señalando que el Tribunal  “generó    unilateralmente    una    prueba   de  reconocimiento   morfológico”   a  partir  de  las  imágenes  editadas,  fraccionadas  y  presentadas por esa Corporación respecto  del  video  que denominó “holocausto”  para  de  esa  manera  dar  por  acreditada la salida con vida del  Palacio  de  Justicia  de  Carlos  Augusto  Rodríguez  Vera,  Bernardo Beltrán  Hernández y David Suspes Celis.   

         Tal  proceder,  en  criterio  de  la  censora, equivale a suponer la  existencia  de  una  prueba  pericial,  pues  las  conclusiones  del fallador no  derivan  de un proceso de valoración de los videos con apego a la sana crítica  sino  de  sus  personales conocimientos sobre la morfología humana, con lo cual  sustituyó  arbitrariamente a los peritos. En ese sentido, la defensora destacó  cómo  un  experto  del  CTI,  adscrito  al  grupo  de  morfología, no elaboró  comparación    morfológica    a   partir   de   tales   videos,   “debido  a  que  el  material se encuentra muy difuso, no dejando  observar  los  rasgos  específicos  que  se  requieren  para hacer un parangón  detallado”.   

         La  prueba  así  creada  por  el  ad quem  es   la   única   que  soporta  la  declaratoria  de  responsabilidad  por  la  desaparición  de  las prenombradas personas. Así, en  cuanto  a  Carlos  Augusto  Rodríguez  Vera, si bien el sentenciador de segundo  grado  se  refirió  a los testimonios de Enrique Rodríguez, César Rodríguez,  René  Guarín  y Cecilia Cabrera, al final los clasificó como una “evidencia   persuasiva”,  en  cuanto  “no   alcanzan   a   llevar   a   la   Sala  a  un  pronunciamiento definitivo de salido vivo”.    

         En  relación con Bernardo Beltrán Hernández y David Suspes Celis,  el  Tribunal  catalogó  también  como  “evidencia  persuasiva”  los reconocimientos efectuados en videos  por  parte  de  Sandra  Beltrán Hernández, René Guarín y Cecilia Cabrera. Es  más,  esta  última  manifestó que una de las personas que aparecían saliendo  del   Palacio   “se  le  parecía”  a  Suspes  Celis, pero “ser y parecer no  son  idénticos y el fallador que profiere una condena penal no puede atenerse a  meras      apariencias,      a     ‘parecidos’ y  no a identificaciones personales”.   

         El  error  es  trascendente,  concluyó  la  censora,  porque  de no  haberse  incurrido  en el mismo la sentencia habría tenido que ser absolutoria.  La  prueba  válidamente  aportada,  enunciada  y  valorada  por  las instancias  solamente  arroja  duda  respecto  de “la salida con  vida”      de      los      ciudadanos     antes  mencionados.   

         El  falso  juicio  de identidad, a su turno, lo predicó respecto de  las  conversaciones  grabadas por el radioaficionado Pablo Montaña, prueba que,  en   criterio   de   la   defensora,   distorsionó   el   Tribunal  al  valorar  acomodaticiamente,   “cambiándoles   su   sentido  literal   y   contexto   real”,   las  afirmaciones  efectuadas  por el Coronel Luis Carlos Sadovnik consistentes en (i) “ya   sabe…  las  instrucciones  complementarias  a  estos  son  terminantes”       y      (ii)      “esperamos    que    si   está   la   manga   no   aparezca   el  chaleco”.   

         En  dos  errores  de  la  referida naturaleza, según el impugnante,  incurrió  el  ad quem frente  a  tales  aseveraciones.  El  primero  cuando,  de una parte, dio por probada la  desaparición  de  Irma  Franco  Pineda y, de la otra, atribuyó al procesado la  conducta omisiva de evitar las supuestas 5 desapariciones.   

         Para  la recurrente, en realidad, el sentido literal de “las      instrucciones      complementarias”      debe  interpretarse  dentro  del  contexto de las conversaciones, es  decir,  como  órdenes  “terminantes” adicionales  de  individualización  rigurosa  respecto  de  quienes  estuvieran  indocumentados  para evitar que asaltantes del M-19 que aún estaban  dentro  del  Palacio  de Justicia se camuflaran con el fin de salir de allí. Se  trató   entonces   de   “la  reiteración  de  un  procedimiento  legítimo  pero  reafirmado a través de giros lingüísticos que  se  prestan  a  diferentes  interpretaciones porque en su sentido literal no son  unívocos”.      Aunque     las     “órdenes    terminantes”   también  podrían  interpretarse  como  instrucciones para continuar el combate hasta las  últimas  consecuencias,  dada la conocida posición presidencial de no negociar  ni dialogar con los guerrilleros.   

         Lo  relativo  al  procedimiento  de  identificación  adquiere mayor  verosimilitud  si se examina la secuencia en la cual se pronuncia la otra frase,  pues  allí  se  habla previamente de la salida de Otero usando la cédula de un  sujeto  fallecido,  de  modo  que la afirmación “si  está  la manga que no aparezca el chaleco” significa  “si  se  pasó  (o  intentó  pasar) uno, que no se  pasen así los otros, el resto”.   

El  sentido  literal y lógico de esa frase  lleva   a  la  misma  conclusión,  pues  “manga”  y  “chaleco”  son  dos  partes distintas que “pueden  conformar  un  mismo  conjunto”, el cual en este caso  estaba  compuesto  por  todos  los  autores  de  la  toma, mientras “manga”  era una parte. Por tanto, no  se  estaba  ordenando  desaparecer la ya identificada,  “sino  reiterando  que  por  la misma táctica de camuflaje no podía aparecer  ‘el  chaleco’”.   

El  autor de la comentada frase se expresó  en  forma  de  dicho  proverbial,  cuyo  sentido  nunca  es unívoco. Y aquí la  Corporación    judicial    cambió    gratuitamente   el   verbo   “aparecer”  por  el  de  “desaparecer”    para    darle   el  significado  técnico  del derecho penal. “Lo cierto  es  que en el sentido literal de la oración se anhela que no aparezca algo, mas  no   se   ordena   que   desaparezca   ese   algo   ni  el  todo  de  que  forma  parte”.   

         Tampoco             el             análisis            “pericial”  sustentado por Jhon Edwar  Peña  conduce a darle sentido criminal a las referidas frases, pues ese informe  partió  de  la  errada  y  parcializada  premisa  según  la  cual “sencillamente      sabíamos      que      era     una     orden  irregular”.  Además,  se desconocen los títulos de  idoneidad del citado ciudadano.     

         La  otra distorsión del Tribunal ocurrió cuando dio por demostrado  que  el  procesado escuchó dichas afirmaciones. Las grabaciones sólo acreditan  que  éste  participaba  en  las conversaciones únicamente cuando era llamado o  era  él  quien  llamaba.  Y  esa  misma  prueba evidencia que cuando el Coronel  Sadovnik  lanzó  la frase “si está la manga que no  aparezca  el  chaleco”,  el que estaba interviniendo  directamente  en  la comunicación era el General Rafael Samudio Molina, a quien  se  le  precluyó la instrucción.            

         Las  tergiversaciones  de las conversaciones, señaló la demandante  para  sustentar  la  trascendencia  de  esos  errores,  condujo  al ad   quem   a   proferir   la  sentencia  condenatoria.   No  es  dable,  por  tanto,  afirmar  que  el  procesado  actuó  “como coautor mediato por omisión a través de una  estructura  ilícita  conformada en el aparato organizado de poder del Ejército  Nacional”.  En  ese  sentido, consideró inadmisible  atribuirle   autoría  por  omisión,  autoría  mediata  por  omisión   o  autoría mediata en aparatos organizados de poder.   

         Lo  primero,  porque no obra prueba de que el General ARIAS CABRALES  participó  en  el diseño de algún plan criminal de desaparición criminal. Lo  segundo,  por  cuanto “la omisión de evitar un acto  desconocido  e  imprevisible  fue  además  una  conducta  con  la  cual ninguna  instrumentalización  se llevó a cabo”, amén de que  se  trata de un planteamiento doctrinal polémico. Y lo tercero, debido a que la  figura  doctrinal  de la autoría mediata de aparatos organizados de poder no ha  sido reconocida por la jurisprudencia.   

         Con  el  anterior  argumento  le  solicitó  a  la  Corte  casar  la  sentencia impugnada y proferir fallo absolutorio.   

         DEMANDA PRESENTADA POR EL MINISTERIO PÚBLICO.   

Primer   cargo.  Incongruencia  entre  la  acusación y la sentencia.   

         La  Fiscalía  acusó  al  procesado  a  título de coautor impropio  “asegurando  que  compartió  fines  ilícitos, los  medios  delictivos  y  tuvo  dominio  del  hecho  permanentemente”.  En  cambio,  el  Tribunal lo condenó en calidad de autor mediato  por  obrar  omisivamente  a  través de un aparato organizado de poder, luego de  reconocer   la   no   existencia   de   prueba  demostrativa  de  la  coautoría  impropia.   

         Los  contextos  fácticos exigidos por la dogmática jurídico penal  frente  a  esas  dos  clases  de  intervención  en  el  delito  son  totalmente  distintos,  y en el presente caso el procesado no tuvo oportunidad de defenderse  de   la   atribuida   por   el   ad  quem,  máxime  cuando  esta  última  tiene  como  sustento el reproche  “por  el no cumplimiento de sus deberes funcionales  que  le  ubicaban  en  posición  de garante frente a los rehenes y guerrilleros  liberados”,  modalidad  de  conducta  que  no  está  incluida  en  la  estructura  dogmática  de  la  autoría  mediata  en aparatos  organizados  de poder, punto que sería bueno clarificara la Corte ante la falta  de desarrollo jurisprudencial.   

         La   imputación   atribuida   por  el  Tribunal  comportaba  nuevos  direccionamientos  en el ejercicio del derecho de defensa, pues al desvirtuarse,  por  ejemplo, la existencia de la estructura organizada de poder al interior del  Ejército   Nacional,   “ya   la  defensa  habría  desvirtuado  la acusación”. En fin, al General ARIAS  CABRALES  se le condenó “por unos hechos (cometidos  por  omisión)  bajo  el  epígrafe  de  una forma de participación (coautoría  mediata  en  aparatos  organizados  de  poder) de los que no tuvo oportunidad de  defenderse”.    Invocó,   en   respaldo   de   su  planteamiento,  la  providencia  dictada  por la Corte Suprema el 28 de abril de  2015, radicación 36784.   

         La  única  forma de subsanar el yerro es dictando absolución, como  quiera  que  la  propia  Corporación judicial de segunda instancia descartó la  existencia  de  prueba  demostrativa de la participación activa del acusado. Le  pidió,  por  tanto  a  la  Sala,  casar la sentencia impugnada y proceder en el  sentido indicado.   

Segundo  cargo.  Comprobada  existencia  de  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso.   

         La  competencia  para  investigar,  juzgar  y sancionar al procesado  correspondía  a  la  Justicia  Penal  Militar, pues la operación de retoma del  Palacio  de  Justicia,  como  se  ha reconocido, hace parte del conflicto armado  vigente  desde entonces. Además, porque el General ARIAS CABRALES se limitó al  cumplimiento  de  sus  funciones,  en  cuyo  ejercicio  impartió  las  órdenes  militares  que  correspondían  a  la  recuperación  de dicha edificación y al  rescate de los rehenes.   

         Si   bien  los  delitos  de  lesa  humanidad  quedan  excluidos  del  conocimiento  de  la jurisdicción castrense, es lo cierto que para la época de  los  hechos  no constituía delito la desaparición forzosa, por cuya razón por  esa  conducta  punible  no es viable proferir sentencia condenatoria ni siquiera  por la jurisdicción ordinaria.   

         Se  debe  decretar  la  nulidad  de  lo actuado desde, inclusive, la  resolución  de  acusación  para  que  asuma  el conocimiento de este asunto la  Justicia Penal Militar.   

         Tercer  cargo.  Violación directa de la ley sustancial.           

         El  Tribunal  aplicó indebidamente el numeral 2º del artículo 306  de  la  Ley 600 de 2000 y dejó de aplicar el artículo 232 ibídem, al decretar  la  nulidad parcial desde el cierre de la investigación en lo relacionado con 6  de  las  víctimas, por considerar que no existe prueba de la materialidad de la  desaparición forzada respecto de ellas.   

         La  demostración  de ese aspecto constituye uno de los presupuestos  sustanciales  exigidos  por  el  citado artículo 232 para proferir sentencia de  condena,   por   cuya   razón   su   no  acreditación  no  puede  considerarse  irregularidad  que  afecte  el  debido  proceso  sino  que  ello  conduce  a  la  absolución  del procesado, como debió proceder el ad  quem  al afirmar que en relación con dichas víctimas  no está establecida la materialidad de la infracción.   

         Le  solicitó  a la Corte, por tanto, casar la sentencia impugnada y  absolver al acusado.   

RESPUESTA DE LOS NO RECURRENTES:  

     

I. LA DELEGADA DE LA FISCALÍA.     

         DEMANDA PRESENTADA POR LA DEFENSA.   

         Según    la    delegada    de   la   Fiscalía,   el   cargo  primero es sustentado con violación  al  principio  lógico de no contradicción, porque si el procesado fue absuelto  en  una  actuación  adelantada en la jurisdicción penal Militar, el impugnante  no  debió impetrar la nulidad por falta de competencia sino por desconocimiento  del   principio   non  bis  in  ídem.  Además,  la  censora  no  concretó  en  forma  clara  y lógica la  vulneración aducida ni su incidencia en el proceso.   

         El  Tribunal,  al proferir la sentencia, efectivizó los compromisos  internacionales  del  Estado  colombiano  en relación con la reparación de las  víctimas,  sin  que  fuera  del caso aplicar aquí el numeral 4º del artículo  235  de  la  Constitución  Política,  por  cuanto  el  delito de desaparición  forzada continúa en la actualidad ejecutándose.   

         En    el   segundo   cargo   la  impugnante  se  limitó  a  exponer,  a  manera  de  alegato  de  instancia,  su  inconformidad  con  lo decidido por la Corporación judicial. De  todas  maneras,  no  hubo  vulneración del principio de legalidad porque cuando  hay  tránsito de legislación, de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte, se  aplica  la norma más reciente, así ésta sea desfavorable al procesado. Por lo  demás,  aun  cuando para los días 6 y 7 de noviembre de 1985 no existía en la  legislación  interna el delito de desaparición forzada, en esa época Colombia  y  sus  instituciones ya tenían el deber de respetar las normas internacionales  protectoras  de  los  derechos  humanos,  entre  ellas  la  que  proscribía  el  genocidio.   

         Carece  de  fundamento  la  nulidad  solicitada  en  el tercer  cargo,  por cuanto al procesado se  le  acusa  de  un  concurso homogéneo de conductas de desaparición forzada por  razón  de 11 víctimas, habiendo ordenado el Tribunal rehacer la investigación  en  relación  con  6  de  ellas  al  evidenciar  irregularidad en el proceso de  identificación.   Como,   en   consecuencia,  no  se  fraccionó  un  hecho  de  desaparición  forzada  para  perseguir  al  procesado  nuevamente por una misma  conducta,   no   hay  lugar  a  afirmar  la  vulneración  de  la  garantía  de  prohibición de doble incriminación.   

         El  argumento  expuesto  en el cuarto cargo  es  abiertamente  contradictorio  porque  la defensora  pasó  por  alto  que la acusación se formuló con base en la prueba practicada  durante  más  de  20 años en distintas actuaciones procesales, entre ellas las  adelantadas  en  el  COFAC,  en  la Procuraduría y en la Justicia Penal, en las  cuales  el  General ARIAS CABRALES rindió informes y declaraciones acerca de su  labor  como  comandante  en  la  recuperación del Palacio de Justicia. De todas  maneras,  desde  su  vinculación  se  le  procuró  acceso  a todas las pruebas  recaudadas.     

         Es  un  claro contrasentido afirmar, como se hace en el quinto  cargo,  que por no obrar prueba de  la  supervivencia  de  las  personas  desaparecidas,  no  es posible plantear la  existencia  de un delito de desaparición forzada, porque lo que busca sancionar  ese  tipo  penal  es,  precisamente, el ocultamiento o la negativa a dar informe  sobre  el  paradero  de  las  víctimas.  De  otra  parte,  las conclusiones del  Tribunal  Especial  de  Instrucción  en  el  sentido de que todas las víctimas  murieron  al  interior  del  Palacio de Justicia no tienen carácter obligatorio  porque  no  se trató de un ente judicial. Lo cierto es que la certeza acerca de  la  salida  con  vida  de  5  de  los  afectados  podía  adquirirse  con prueba  indiciaria.   

          Sobre  el argumento relacionado con la vulneración del principio de  legalidad,  la  delegada de la Fiscalía solicitó  remitirse a lo expuesto  por ella frente al segundo cargo.   

La pretensión de absolución elevada en el  sexto  cargo  es inadmisible  porque  el  Tribunal  sólo  encontró  dudas  frente  al aspecto material de la  desaparición    de    6    víctimas,    no   así   en   relación   con   las  restantes.   

         El   falso   juicio   de  legalidad  planteado  en  el  séptimo  cargo  no tuvo ocurrencia porque  las  conversaciones  grabadas  por  Pablo  Montaña  las  captó éste de manera  incidental   cuando   quienes  intervinieron  en  ellas  utilizaron  frecuencias  electromagnéticas  que  no  estaban  restringidas  y,  además,  la  prueba  se  incorporó a la actuación de manera legal, regular y oportuna.   

         En    el    octavo   cargo   la   demandante   cataloga   como   falso  juicio  de  identidad  la  apreciación  efectuada  por  el  Tribunal a la prueba, pretendiendo así que la  Corte  escoja  la  suya.  Lo  cierto es que el ad quem  le confirió “al contenido  de  las  órdenes  y  comunicaciones  sostenidas  una  dimensión acorde con las  circunstancias   en   que  resultó  desaparecida  la  guerrillera  Irma  Franco  Pineda”.   

         El  falso  juicio  de  existencia  aducido por el impugnante tampoco  tuvo   ocurrencia   porque   el   Tribunal  al  dar  mérito  probatorio  a  los  reconocimientos  respetó las reglas de la prueba indiciaria, habiendo concluido  que  la  salida  con vida del Palacio de Justicia de los rehenes es indicador de  su desaparición a manos de agentes estatales.   

         DEMANDA DEL MINISTERIO PÚBLICO.   

         En    el    primer   cargo   el  actor  se  equivocó  cuando  atribuyó  al  Tribunal  variar el  núcleo  fáctico de la acusación. En realidad, la Corporación judicial de una  forma  más didáctica enmarcó la coautoría atribuida al procesado, precisando  que  sus  omisiones  hacen parte de la cadena de sucesos que llevan a afirmar la  existencia de las desapariciones forzadas.   

         Frente     al    segundo    y  tercer cargos,  la  delegada  de  la  Fiscalía  solicitó remitirse a las respuestas que expuso  frente  a  los  cargos  primero  y  tercero,  respectivamente, propuestos por la  defensa.   

     

I. EL  REPRESENTANTE DE LA PARTE CIVIL.              

Ofreció  respuesta  a  las dos demandas en  forma conjunta de acuerdo con el siguiente esquema:   

Respecto  de la nulidad por los delitos de  desaparición forzada.   

         La   conducta  típica  objeto  de  imputación,  por  su  carácter  permanente,  empezó  a cometerse el día 7 de noviembre de 1985, pero continúa  ejecutándose  hasta  el día de hoy, conforme lo ha precisado la jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema.  Aun  cuando  para  el momento de la toma del Palacio de  Justicia  el mencionado delito no se encontraba tipificado en Colombia, el mismo  ya  se  había  introducido en el ordenamiento jurídico internacional. De todas  maneras,  en  nuestro  país se encontraba representado bajo la conducta punible  de secuestro simple agravado.   

         Respecto  de  la  nulidad  por  falta  de  competencia.   

         De  acuerdo  con la jurisprudencia de la Corte Suprema y de la Corte  Constitucional,  las  graves  violaciones  de los derechos humanos cometidas por  miembros  de las fuerzas militares no pueden ser conocidas por la Justicia Penal  Militar,  dado  que  no  se  corresponden  con  el  ejercicio  de  sus funciones  constitucionales  y  legales.  En  esos  eventos,  por  tanto, no es factible ni  siquiera  invocarse  el  fuero  constitucional  del  que eventualmente gozan los  Generales de la República.   

         Respecto del principio de congruencia.   

         La  modificación  en  la forma de intervención en el hecho punible  no  implicó  variación  del núcleo fáctico ni tampoco del núcleo jurídico,  esto  último  si  se tiene cuenta, además, que en nada se modificó el aspecto  punitivo.  Como  lo señaló la Corte Suprema en la sentencia del 5 de diciembre  de  2007  (rad. 26513), la diferencia en la valoración dogmática no constituye  violación de garantías.   

Respecto  de  la  nulidad  generada por la  invalidación parcial decretada por el Tribunal.   

         La  Corporación judicial procedió en ese sentido al considerar que  la  falta  de  plena prueba sobre la existencia de la desaparición forzada de 6  de  las  víctimas  comportaba  la  incursión  en  error  en  la  denominación  jurídica  de  la  infracción  penal, situación que conduce a la nulidad de la  actuación,  como  lo  ha  sostenido  reiteradamente  la  jurisprudencia  de  la  Corte.   

         De  otra  parte,  está descartado científicamente que las personas  desaparecidas   forzadamente   se  encuentren  en  el  grupo  de  28  cadáveres  calcinados  y sin identificar, como tampoco en los 90 cadáveres exhumados en la  fosa  común  del  cementerio  del  Sur.  De  todas maneras, en el evento de que  alguno  de  los  5  desaparecidos por razón de los cuales se emitió la condena  estuviese  dentro  del  primero de esos grupos, tal situación no eliminaría la  comisión  del  delito  sino  que  daría  por  terminada  la  consumación  del  mismo.   

         Es  un  contrasentido  pedir  la nulidad por todos los desaparecidos  cuando  en  otro de los reproches la defensa adujo la falta de competencia de la  justicia ordinaria para tramitar el proceso.   

         Respecto del error por falso juicio de legalidad.   

         No   es   cierto   que   la  sentencia  condenatoria  se  fundamente  exclusivamente  en  las  grabaciones  radiales  aportadas por el radioaficionado  Pablo  Montaña.  En  la  actuación  obra  un rico caudal probatorio compuesto,  entre  otros  elementos de juicio, por testimonios y denuncias de los familiares  de  los  desaparecidos,  así  como  reconocimientos  en diferentes diligencias,  observándolos  salir  con  vida del Palacio de Justicia; dictámenes periciales  “sobre  el  manejo  de  las  comunicaciones  y  su  contenido  fraudulento  y  delictuoso”; la  preparación  anticipada de la actividad criminal de la cual es  partícipe  el  comandante  de la Brigada y su estado mayor; la clasificación y  estudio  de  seguridad  realizado a la totalidad de los funcionarios de la Corte  Suprema  de  Justicia,  la  clasificación  de  los rescatados … como enemigos  especiales   o   sospechosos…;   la   evidencia   de   amenazas  a  todos  los  sobrevivientes…;  el  manejo ilegal de la escena del crimen…; el traslado en  vehículos  de  inteligencia  militar  a  las  sedes de la Brigada para darle un  tratamiento  especial  a  los  detenidos  sospechosos  y  no  informar de ello a  ninguna  autoridad,  no dejar registro de los mismos… y negar su ingreso tanto  a los familiares como a los medios de comunicación…”.   

         Respecto del falso juicio de existencia.   

         No  hubo  suposición  de una prueba pericial por parte del Tribunal  sino  el  estudio  juicioso de la evidencia consignada en los videos existentes,  que  motivó  de  manera  objetiva  y “con fuerza de  sustento   científico”.  La  censura  se  reduce  a  criticar  la  valoración del sentenciador, sin identificar los principios de la  sana crítica que estimó infringidos.   

         Respecto del falso juicio de identidad.   

         La  demandante  pretende  imponer  su propia valoración probatoria,  desconociendo  las  piezas  procesales  obrantes  en  el proceso, entre ellas el  dictamen  pericial  de  la  policía  judicial  en  el  cual  se señaló que el  designio  de  las  comunicaciones  radiales  no  era otro que la orden ilegal de  desaparición  forzada.  Es  falso  que  el Tribunal haya descartado esa prueba.  Simplemente  consideró  que  por medio del sentido común y del contexto de las  comunicaciones se llegaba con facilidad a la misma conclusión.   

         Contrario  a  lo  expuesto  por  la  censora,  en  el  expediente se  encuentran  demostradas plenamente las credenciales, títulos y competencias del  perito.   

         En  fin,  el  análisis contextual de los sentenciadores y la prueba  pericial  dan cuenta de los designios de ilegalidad de las órdenes, sin que sea  cierto  que  éstas  no  pudieran  referirse a la comisión de ese delito por el  hecho  de no estar para el año de 1985 tipificado como tal, porque precisamente  por  la  consumación  reiterada  de esa clase de comportamientos es que aparece  dentro del ordenamiento jurídico nacional e internacional.   

         No  es  verdad tampoco que el General ARIAS CABRALES no escuchó las  órdenes  terminantes  de  desaparición  forzada.  De  las grabaciones radiales  realizadas  los  días  de  los  hechos,  en  por  lo menos 325 minutos (cada 42  segundos,  en  promedio) intervino el procesado para, en su condición de cabeza  del   operativo  militar,  coordinar  las  tropas,  impartir  órdenes,  recibir  reportes  y dar informes a sus superiores. Precisamente los mandatos dirigidos a  ejecutar  las  desapariciones  se  dieron  en  forma  más  constante  cuando el  mencionado oficial intervenía en las comunicaciones.   

         Las  conversaciones  se  hicieron  a  través  de  una  banda radial  abierta,  circunstancia  que  evidencia  que  podían ser escuchadas por todas y  cada  una  de  las personas que estuvieran dentro de esa línea de transmisión,  luego  resulta  imposible  que  el acusado no las hubiese escuchado. Tuvo, pues,  pleno    conocimiento    y    dominio    de   las   comunicaciones   entre   sus  subalternos.   

         En      capítulo      final,     que     denominó     “consideraciones    del    proceso    en   general”  el  apoderado  de  la  parte  civil  realizó  algunas reflexiones  probatorias   acerca  de  los  hechos  ocurridos  en  el  Palacio  de  Justicia,  concluyendo  que  la  intervención  de  los  militares  ese  día  obedeció  a  “un  plan  preconcebido  no solo para acabar con el  comando  armado  del  M-19  que incursionó” en dicho  lugar   “sino  de  todas  las  personas  que  ellos  consideraban    eran   un   obstáculo   para   el   ejercicio   omnímodo   del  poder”.     

         Por  todo lo anterior, le solicitó a la Corte no casar la sentencia  impugnada  y,  así  mismo,  compulsar copia de lo actuado para investigar a los  miembros  de  la  cúpula  militar  para  el  año  de  1985,  incluido el aquí  procesado,  al  igual  que a todos los integrantes de la fuerza pública por los  diversos  delitos  cometidos  con  ocasión  de  la toma y retoma del Palacio de  Justicia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

         Si   bien   resulta  imperioso  admitir  algunos  de  los  reproches  formulados  en  las demandas, otros no satisfacen las exigencias establecidas en  el  numeral  3º  del  artículo  212 de la Ley 600 de 2000, conforme al cual en  ellas  es  imprescindible  enunciar la causal de casación y formular el cargo o  cargos  con  indicación  clara y precisa de sus fundamentos y de las normas que  el censor estime infringidas.   

         Es  de  anotar  que  el  cumplimiento  de tales presupuestos se debe  hacer  a través de las pautas de sustentación que la jurisprudencia de la Sala  tiene  establecidas  frente  a  la  estructuración  de  cada  uno de los yerros  demandables   por   la   vía  extraordinaria  en  mención  y,  adicionalmente,  evidenciando  la  necesidad  del  fallo  desde la perspectiva de los fines de la  casación  previstos en el artículo 206 de la precitada codificación procesal,  porque,  de  no  procederse  en  ese  sentido,  la  Corte  está autorizada para  inadmitirlos, así formalmente se presenten en forma correcta.   

         A   continuación   se   exponen  las  razones  para  arribar  a  la  conclusión arriba anunciada.   

DEMANDA     PRESENTADA     POR    LA  DEFENSA.           

         Primer cargo. Nulidad por falta de competencia.   

Segundo  cargo. Nulidad por irregularidades  sustanciales que afectan el debido proceso.   

         Como  quiera  que  estos  reproches  se sustentaron en forma clara y  precisa, la Corte los admitirá.   

Tercer  cargo.  Nulidad por irregularidades  sustanciales   que   afectan   el   debido   proceso.   

         Carece  de  fundamento  la  pretensión  de la defensa de obtener la  invalidación  total de la actuación. El Tribunal se abstuvo de proceder en ese  sentido  no  porque  considerara  que  ya  se  encontraron  e  identificaron los  cadáveres  de Carlos Augusto Rodríguez Vera, Bernardo Beltrán Hernández, Luz  Mary  Portela  León,  David  Suspes Celis e Irma Franco Pineda, sino por cuanto  declaró  probado  que  esas  personas  salieron vivas del Palacio de Justicia y  desde  entonces  no  se  sabe  nada  de  su  suerte. Esa conclusión lo llevó a  predicar   la   estructuración  del  delito  de  desaparición  forzada  en  lo  relacionado con esas 5 personas.   

         La  censora,  por  tanto,  no  demuestra ninguna irregularidad en el  proceder  del  Tribunal  con  la  afirmación  según  la  cual  si se rehace la  actuación  se podrán hallar los restos humanos de esas 5 víctimas y de muchas  más  de  las  personas  que  murieron con ocasión de los hechos del Palacio de  Justicia.  Esa  situación,  como  bien  lo  puso de presente el apoderado de la  parte  civil,  no  desnaturalizaría  la  existencia de la desaparición forzada  respecto  de  quienes  se cometió sino que daría lugar a la terminación de la  ejecución de la conducta punible.    

         Por  lo  demás,  los  argumentos  expuestos  por  la  impugnante no  evidencian   el   quebrantamiento   de  los  principios  de  unidad  procesal  y  non  bis in ídem y del  derecho  de  defensa.  Al  acusado  se  le  atribuye no un único delito sino un  concurso  homogéneo  de  desapariciones  forzadas.  Y  si bien eventualmente se  podría  hacer  acreedor  a  otra  condena  similar  a  la  aquí  impuesta, las  sanciones  así  proferidas  podrían  posteriormente acumularse jurídicamente,  conforme  lo  autoriza  el  artículo  470 del Código de Procedimiento Penal de  2000.                            

Cuarto  cargo.  Nulidad  por violación del  derecho a la defensa.   

         En  la  estructuración  de  este  reproche  la censora parte de una  premisa  equivocada,  al afirmar que la Fiscalía adelantó la investigación en  contra  del  procesado  por más de 7 años, sin que se le haya notificado de su  existencia.   

           Revisada  la  actuación, se advierte que en realidad la Fiscalía  venía  investigando,  por separado, a otras personas y en la resolución del 28  de  septiembre de 2007, al acusar a algunos de los vinculados, dispuso compulsar  copias  del  proceso  para que se averiguara, por separado, la conducta penal de  los  Generales  retirados JESÚS ARMANDO ARIAS CABRALES y Rafael Samudio Molina.   

         Dentro  de  la  nueva actuación, la Fiscalía directamente decretó  el  23  de  junio  de  2008  la  apertura  de  la  instrucción  y, en ese mismo  pronunciamiento,  ordenó  vincular  mediante  indagatoria  a los dos oficiales,  diligencia  que, en lo que se refiere al General (r) ARIAS CABRALES, se cumplió  el 11 de agosto siguiente.   

         Ninguna  investigación precedente al 23 de junio de 2008, entonces,  se  adelantó  en  contra  del aquí acusado y su vinculación a la instrucción  penal  ordenada en esa decisión se dispuso de inmediato, luego es claro que los  fundamentos  fácticos  con  los  cuales  la  defensora  sustentó  el reparo no  corresponden a la realidad.   

         Ahora  bien, es cierto que el procesado o su defensor no tuvieron la  oportunidad  de  intervenir  en  la  práctica  de las pruebas que se recaudaron  durante  el trámite de la investigación que originó la compulsa de copias. No  obstante,  la Corte de manera reiterada ha sostenido que el contrainterrogatorio  es  apenas  uno de los modos de controvertir los medios probatorios, con el cual  no  se  agota  el derecho a la contradicción, pues en el marco de la Ley 600 de  2000,  “tiene diversas manifestaciones, en la medida  que  la  prueba puede ser discutida mediante otras, su valor suasorio refutado y  su  alcance probatorio impugnado a través de los recursos legales ordinarios”  (CSJ   SP,  dic.  16  2015,  rad.  38957).   

Así,   en   cuanto   se  refiere  a  los  testimonios, se ha dicho:   

“La Sala insiste en que el interrogatorio  al  testigo  no  es  el  único mecanismo con que cuenta el sujeto procesal para  efectos  de ejercer el aludido derecho, habida cuenta que éste se hace efectivo  también  a  través  de  otros  actos  procesales  -que  en  este  caso  fueron  utilizados  por  la defensa del procesado- entre ellos la apreciación del medio  de  convicción  antes  del  proferimiento de la decisión judicial (alegatos de  conclusión),  la  interposición  de  recursos ordinarios encaminados a sugerir  una  nueva  apreciación  probatoria, o la oportunidad de solicitar la práctica  de  pruebas  encaminadas a reafirmar o desvirtuar aquello que al proceso trae el  medio  de  convicción,  cuya  práctica  no  es posible repetir” (CSJ  AP,  29 jul. 2008, rad. 27897; también, SP, 2 dic. 2008, rad.  29091).   

En la demanda la impugnante no hizo ningún  esfuerzo  por demostrar que en el curso de la actuación penal seguida en contra  del  General  (r) ARIAS CABRALES se le impidió a éste o a su defensor acudir a  esas  otras  formas  de  ejercer  el  derecho  de contradicción respecto de las  pruebas  recaudadas  previamente  a  su  vinculación.  Quiere ello decir que no  acreditó irregularidad alguna en ese aspecto.   

La defensora, de otra parte, cuestionó a la  Fiscalía   porque  apenas  8  meses  después  de  la  vinculación  cerró  la  investigación,  pese  a  que  el  legislador  tiene  previsto  18 meses para el  perfeccionamiento de la instrucción, prorrogables a 24.   

         Sin  embargo,  es evidente que con ese reproche no evidencia tampoco  anomalía  alguna  en el trámite. De acuerdo con el artículo 393 de la Ley 600  de  2000,  el  cierre de la investigación se hará cuando se haya (i) recaudado  la   prueba   necesaria  para  calificar  o  (ii)  vencido  el  término  de  la  instrucción.  La  decisión,  entonces, puede adoptarse cuando se dé alguna de  esas  eventualidades.  En  el  presente caso, según así consta en la decisión  del  4 de febrero de 2009, la Fiscalía lo hizo porque aconteció lo primero. La  casacionista  en  momento  alguno  se  esforzó por desvirtuar el fundamento del  ente acusador.   

         Quinto cargo. Violación directa de la ley sustancial.   

         En  este  reproche  la  abogada planteó dos propuestas casacionales  claramente  antagónicas,  pues  primero  adujo  que  en este caso no hay prueba  acerca  de la supervivencia de las 11 personas supuestamente desaparecidas, pero  después  aceptó  tácitamente  la conclusión a la cual arribó el Tribunal en  ese  sentido,  pero  sostuvo  que cuando ocurrieron los hechos no existía norma  legal  que tipificara la desaparición forzada. Es evidente que desconoció, por  tanto,  el  principio de no contradicción que gobierna el recurso de casación,  conforme al cual una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.   

         De  todas  maneras,  en lo relativo a la primera de esas propuestas,  pasó  por alto que cuando se acude a la violación directa de la ley sustancial  le  es obligatorio al demandante sujetarse a los hechos que declaró probados el  Tribunal,  sin que le sea dable, además, controvertir la valoración probatoria  efectuada en la sentencia.   

         La  impugnante  no cumplió esos presupuestos de sustentación, pues  se  dedicó  a controvertir la conclusión del ad quem  conforme   a   la   cual  los  elementos  probatorios  incorporados  al proceso demuestran que del Palacio de Justicia, entre los días  6  y 7 de noviembre de 1985, salieron con vida 5 personas, sin que se sepa de su  paradero. El Tribunal al respecto señaló:   

“No  hay duda que el administrador de la  cafetería  del  Palacio  CARLOS  AUGUSTO  RODRÍGUEZ  VERA,  el mesero BERNARDO  BELTRÁN  HERNÁNDEZ,  la  empleada de la cocina LUZ MERY PORTELA LEÓN, el chef  DAVID  SUSPES  CELIS  y  la  guerrillera  IRMA  FRANCO PINEDA salieron vivos del  Palacio     bajo    control    del    Ejército,    y    están    desaparecidos  forzadamente”1.   

         Es  evidente,  por  tanto,  que  la impugnante pretende que la Corte  acoja   su   criterio   y   desestime   el   del   ad  quem, olvidando que en sede de casación prevalece ese  último,  dada  la  doble presunción de acierto y legalidad de que está dotada  la sentencia de segunda instancia.   

         La  segunda  propuesta  es reiteración de los fundamentos incluidos  en   el  segundo  cargo,  el  cual  admitirá  la  Sala,  como  ya  se  indicó.   

         Sexto cargo. Violación directa de la ley sustancial.   

         No   es  cierto  que  la  Corporación  judicial  haya  admitido  la  presencia  de  duda  acerca  de  la  supervivencia  de todas las víctimas a las  cuales  se  hizo  mención  en  la acusación. Como quedó visto en la respuesta  ofrecida  al  cargo precedente, en la sentencia de segunda instancia se declaró  probado  que 5 de esas personas salieron vivas del Palacio de Justicia. No sólo  en  el  pasaje  antes  reproducido  así  lo  concluyó.  También  lo hizo más  adelante cuando anotó:   

“… hasta la fecha de esta sentencia no  han  aparecido  cinco  personas  rescatadas que salieron vivas bajo custodia del  ejército,  según  la  determinación  de  los  hechos  probados”2.   

         En   ese  sentido,  es  claro  que  la  recurrente  pretermitió  el  principio  de  corrección material que rige en sede de casación, acorde con el  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque deben corresponder en un  todo con la realidad procesal.   

         Si,  en esas condiciones, el Tribunal no reconoció la incertidumbre  aducida  por  la censora, resulta claramente infundada la queja que presentó en  el   sentido  de  que  en  este  caso  se  vulneró  el  principio  in dubio pro reo.   

Séptimo  cargo. Violación indirecta de la  ley   sustancial   por   error   de   derecho   derivado   de  falso  juicio  de  legalidad.   

Octavo cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial  por errores de hecho derivados de falso juicio de existencia y falso  juicio de identidad.   

         La  defensora  expuso  de manera clara y precisa las razones por las  cuales  estimó  que  el  Tribunal  incurrió en los errores que denunció y esa  situación  amerita el proferimiento de decisión de fondo. Por tanto, estas dos  censuras serán admitidas.   

                    

         DEMANDA PRESENTADA POR EL MINISTERIO PÚBLICO.   

Primer   cargo.  Incongruencia  entre  la  acusación y la sentencia.   

Cargo  segundo.  Comprobada  existencia  de  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso.   

         También  estos  reproches  se  admitirán.  Ambas  postulaciones se  sustentaron    en   forma   adecuada   y   ello   reclama   pronunciamiento   de  fondo.   

         Tercer  cargo.  Violación directa de la ley sustancial.           

         Impugnó  el  Ministerio  Público  el aspecto de la providencia del  Tribunal  en  la  cual  se  decretó  la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  resolución  de  cierre  de  instrucción  en  lo  relacionado con las víctimas  Cristina  del  Pilar  Guarín  Cortés,  Héctor  Jaime Beltrán Fuentes, Gloria  Stella  Lizarazo  Figueroa,  Norma Constanza Esguerra Forero, Lucy Amparo Oviedo  Bonilla  y  Gloria  Isabel  Anzola  de  Lanao,  sin  advertir  que  esa concreta  decisión no es susceptible del recurso de casación.   

         En  efecto,  el pronunciamiento emitido por la Corporación judicial  el  24  de  octubre de 2014 es de carácter mixto, pues contiene determinaciones  que  revisten  tanto  naturaleza de sentencia como de auto. Entre estos últimos  se  encuentra la decisión en la cual se dispuso la nulidad de lo actuado en los  términos antes señalados.   

         El  tema relacionado con el carácter mixto de algunas decisiones ha  sido  ya  tratado  por  la  Sala, señalando al respecto que aunque es práctica  usual  en los despachos judiciales “que por razones de  economía  procesal,  se  incluyan dentro de una misma providencia decisiones de  carácter  distinto,  como  ocurre  cuando  en  un  proveído  interlocutorio se  ordenan  pruebas,  o  cuando en una sentencia de instancia se decretan nulidades  parciales  o  se  declara  la  extinción  de  la  acción penal por un delito o  respecto  de  uno  de  los procesados, sin que ello traduzca modificación de la  naturaleza  jurídica  de  la  decisión  de  menor  entidad,  la cual continúa  definiéndose  por  su  contenido,  conforme  a  la  clasificación  que  de las  providencias  judiciales  trae  el  artículo  179  del Código de Procedimiento  Penal”  (CSJ  AP, 2 de jul.  2008,   rad.   29799;   en   el   mismo   sentido,  AP  20  de  abr.  2005,  rad  20005).   

         Cuando   ocurre  esa  situación  el  recurso  extraordinario  sólo  procede  respecto  al  segmento  que  tiene  el  carácter de sentencia, pues de  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, el  referido   medio  de  impugnación  únicamente  resulta  viable  contra  fallos  proferidos en sede de segunda instancia.   

En  conclusión, por las razones expresadas  en  precedencia,  la  Sala  admitirá  los  cargos  primero, segundo, séptimo y  octavo  de  la  demanda presentada por la defensa y los cargos primero y segundo  de   la   instaurada  por  el  Ministerio  Público.  Los  demás  reproches  se  inadmitirán.   

         Es  de  anotar  que  la  Sala se pronunciará en el respectivo fallo  frente  a  la solicitud del apoderado de la parte civil de compulsar copia de la  actuación   para   investigar  a  otros  integrantes  de  las  fuerzas  armadas   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:   

1.  ADMITIR  los  cargos  primero,  segundo,  séptimo  y  octavo  de la demanda presentada por la  defensa  y  los  cargos  primero  y  segundo  de la instaurada por el Ministerio  Público.   

2. INADMITIR los  demás  cargos formulados en las mencionadas demandas.   

3. En consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a  la Procuraduría Delegada para que emita  concepto,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 del Código de  Procedimiento Penal de 2000.   

4.  De conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 187 del estatuto procesal penal, contra esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  

LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ  

Conjuez  

GUILLERMO ANGULO GONZÁLEZ  

Conjuez  

ALEJANDRO DAVID APONTE CARDONA  

Conjuez  

ALFONSO DAZA GONZÁLEZ  

Conjuez  

ABEL DARÍO GONZÁLEZ SALAZAR  

Conjuez  

JUAN CARLOS PRÍAS BERNAL  

Conjuez  

CARLOS ROBERTO SOLÓRZANO GARAVITO  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Página 80 de la sentencia de segunda instancia.   

2  Página 275 ídem.     

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