AP6319-2015(43479)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP-6319-2015  

Radicación n° 43479  

(Aprobado Acta n° 380)  

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, bajo la ritualidad de la Ley  906  de 2004, la Sala examina la demanda de casación presentada por el defensor  de  la  procesada ELIZABETH MARMOLEJO MEJÍA, contra el fallo del 21 de enero de  2014,  mediante  el  cual el Tribunal Superior de Buga confirmó la sentencia de  primera  instancia  proferida el 27 de septiembre de 2013 por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, que la condenó a la pena principal de  84  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  tras hallarla responsable, como  determinadora,  de  los  delitos  de  obtención  de  documento público falso y  falsedad  en  documento  privado,  consagrados  en  los artículos 288 y 289 del  Código Penal, respectivamente.   

HECHOS  

El  Tribunal de segunda instancia los enuncia  así:   

La  señora  Flor  de María Marmolejo Serna  falleció  en Buga el 16 de noviembre de 1991. El 22 de septiembre de 2006 DIEGO  JOSÉ  CAICEDO  PÉREZ  aparece  recibiendo  poder  de la extinta Flor de María  Marmolejo  Serna  para  que  la  representara  y  en su nombre vendiera el   inmueble  de  su  propiedad  situado en la calle 15 No. 14-60 de Buga, poder que  fue  presentado  en dicha fecha para su autenticación en la Notaría Segunda de  Buga.   

Con  la  siguiente  utilización del mentado  poder,  DIEGO  CAICEDO PÉREZ vendió en representación de la ya fallecida Flor  de  María  Marmolejo  Serna  el  inmueble  en  mención  obteniéndose  así la  escritura  pública de compraventa del inmueble No. 2904 del 26 de septiembre de  2006  de  la  Notaría Segunda de Buga, al igual que las anotaciones 8 y 9 en la  matrícula  inmobiliaria  de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de  Buga,  correspondiendo  la  número  8  de  fecha  28 de septiembre de 2006 a la  tradición  del  referido  inmueble  de Marmolejo Serna Flor de María a Penagos  Erazo  y  Yadellah Mazo Sandra Inés; y la número 9 del 21 de diciembre de 2006  a  la  tradición  del  mismo inmueble de las dos anteriores a Bejarano Freddy y  Corrales Osorio María (…).   

La  primera venta del inmueble tuvo un valor  de  $16.200.000  y  de esa suma, luego de deducidos los gastos por conservación  de  la casa y los honorarios a los comisionistas del negocio, fueron consignados  $13.000.000  el día 5 de octubre de 2006 en la cuenta de ahorros de Bancolombia  Medellín  a nombre de ELIZABETH MARMOLEJO MEJÍA, persona cercana a DIEGO JOSÉ  CAICEDO  PÉREZ,  y  mujer con la que tuvo diálogo telefónico en la primera de  las  compraventas  el  comisionista  Julio  César  Martínez Solís.   

         

ACTUACIÓN RELEVANTE  

                     

          El  20  de  octubre  de  2009  la  Fiscalía  le imputó a ELIZABETH  MARMOLEJO  los  delitos  de obtención de documento público falso y falsedad en  documento privado. La procesada no se allanó a los cargos.   

          El  27  de  abril  de  2010  se  realizó la acusación en contra de  ELIZABETH  MARMOLEJO MEJÍA, por los mismos delitos incluidos en la formulación  de  imputación. El 27 de enero de 2009 se había formulado acusación en contra  de  DIEGO  JOSÉ CAICEDO PÉREZ, por estos mismos hechos. En el fallo de primera  instancia  se  decretó  la  prescripción  de  la acción penal “a favor de este procesado”.   

          El  juicio oral se inició el 23 de agosto de 2010 y llegó a su fin  el 15 de julio de 2013.   

         

          El  27  de  septiembre de 2013 el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Buga emitió fallo condenatorio en contra de ELIZABETH MARMOLEJO MEJÍA como  “determinadora responsable del delito de obtención  de   documento   público   falso   en   concurso   con  falsedad  en  documento  privado”.  Por tanto, le impuso la pena principal de  prisión  de  84  meses  y  la  accesoria  de  interdicción  inhabilitación de  derechos y funciones públicas por el mismo término.   

          El  fallo  de  primera  instancia  fue apelado por el defensor de la  procesada  MARMOLEJO  MEJÍA,  y  luego  confirmado  por el Tribunal Superior de  Buga, mediante providencia del 21 de enero de 2014.   

          La  defensa  de  ELIZABETH  MARMOLEJO  MEJÍA  interpuso  el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

                   El defensor de  la procesada MARMOLEJO MEJÍA incluye cuatro cargos en su demanda.   

          Primer   cargo:             “Desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura”.   

          El  libelista  considera  que  el  Tribunal  afectó sustancialmente  “la  estructura del debido proceso al convalidar un  juicio  realizado en cuatro sesiones”, iniciado el 23  de agosto de 2010 y culminado el 15 de julio de 2013.   

          Luego  de  trascribir  el  texto  del artículo 454 de la Ley 906 de  2004  y  hacer algunas consideraciones sobre la diferencia entre el principio de  concentración,  la inmediación “de la práctica de  las     pruebas”     y     la     “posibilidad   que   tiene   el  juez  de  guardar  la  memoria  del  juicio”, indica que en la sesión del 15 de julio de  2013  en  el  juicio  oral,  cuando  la  defensa  presentó como testigo a Julio  Martínez  Solís,  la  falladora  de primera instancia había olvidado lo dicho  por  este  testigo  cuando  fue  presentado por la Fiscalía, a tal punto que la  funcionaria,  por  su  pérdida  de  memoria, “ya no  tenía  elementos  para diferenciar lo meramente intuitivo de lo demostrativo de  la prueba”.   

          Luego,  dice  que  el  Tribunal  se  equivocó  al considerar que la  dilación  del  juicio no tuvo un efecto trascendente porque la Jueza de primera  instancia  “acudió a sus registros y apuntes en el  momento  que las partes requirieron claridad sobre algún aspecto del desarrollo  del  juicio  o  sobre  lo  expresado  por  alguno  de  los  testigos…”.  Arriba  a dicha conclusión bajo el entendido de que la ley  procesal  establece  la  obligación  de  realizar  el  juicio  de  manera   ininterrumpida  “y nunca en consideración de que el  juez    tenga   o   pueda   tener   acceso   a   la   memoria   histórica   del  proceso…”.  Así,  frente a este aspecto considera  que   debe  primar  el  derecho  constitucional  a  un  juicio  sin  dilaciones,  “sin  perjuicio  de  que lo realizado dentro de las  actuaciones    se    conserve    a    través    de    los    medios   técnicos  disponibles”.   

          Más  adelante,  cita  algunas  sentencias atinentes al principio de  concentración,  así  como  el  texto  del artículo 454 de la Ley 906 de 2004,  para  resaltar  que  la  suspensión  de  la  audiencia  de juicio oral debe ser  excepcional  y  que “ello sólo puede tener lugar en  situaciones   sobrevinientes   de   manifiesta   gravedad  y  cuando  no  exista  alternativa   viable,  caso  en  el  cual  la  interrupción  podrá  extenderse  únicamente  por  el  tiempo que dure ese fenómeno”.   

          Seguidamente,  aduce que en el presente caso la dilación del juicio  sí  afectó  la  memoria  de la falladora de primera instancia, al punto que en  varias   ocasiones,   al   momento   de   la   instalación   de  la  audiencia,  “tuvo  que  recurrir antes a los sujetos procesales  que  a  la  memoria  histórica,  para  que fueran aquellos y no ésta la que le  marcaran  el  derrotero  en cuanto al orden a seguir en la audiencia”.  Al efecto, cita varios episodios, que serán analizados cuando  se dé respuesta a estos planteamientos del impugnante.   

          De  otro  lado, alega que la dilación del juicio no es atribuible a  la  defensa.  De  un  lado,  porque  la dirección del proceso está a cargo del  Juez,   y   de   otro,   porque   no   existe  constancia   “de  que  esta  defensa haya aplazado siquiera una vez por motivo de  cualquier   índole   las  audiencias  convocadas  por  el  despacho”.  Para  explicar  mejor  su conclusión, hace un recuento de los  motivos   por   los   cuales  las  audiencias  fueron  canceladas  o  aplazadas.   

          En  síntesis, solicita a la Corte decretar la nulidad de lo actuado  a  partir  del inicio del juicio oral, “a fin de que  este  se repita en su totalidad”, porque en su sentir  está  demostrado  que  la  memoria  de  la  Jueza  de  primera instancia se vio  afectada  por  las  dilaciones que tuvo el juicio, lo que acarreó la violación  de    los   derechos   fundamentales   de   su   representada,   “como  quiera  que  una sentencia no podrá devenir justa cuando los  elementos     del    principio    de    concentración    no    se    encuentran  presentes”.   

          Segundo  cargo: “violación indirecta de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia”.   

          Dice  el  censor  que los falladores de primera y segunda instancias  no  valoraron  un  escrito  contentivo  de  una declaración hecha por el señor  Jorge  Julio  Marmolejo  Serna antes de morir, que complementaba lo ya expresado  por   éste   en   un  escrito  del  28  de  enero  de  2008,  donde  acepta  la  responsabilidad  en  estos  hechos  y,  de  paso,  exonera  a  su hija ELIZABETH  MARMOLEJO,  declaraciones  que  fueron  admitidas  e incorporadas como prueba de  referencia.   

          En  cuanto  a  la trascendencia de la declaración que no fue tenida  en  cuenta  en  el  fallo  condenatorio, resalta que en ella el señor Marmolejo  Serna,  además  de indicar que fue él quien le remitió los documentos a Diego  José  Caicedo  Pérez,  explica  que  le  pidió  a su hija que “le  prestara  la  cuenta de ahorros de su propiedad como quiera que  él  no  tenía  ninguna  vigente”.  Así,  dice, la  acción  penal debió orientarse en contra del hoy fallecido Marmolejo Serna, ya  que  éste  confesó  haber enviado los documentos, recibido el dinero a través  de  la  cuenta  de  su hija y tener bajo su dominio la cédula de ciudadanía de  Flor de María Marmolejo.   

          Concluye  que  “las  repercusiones  que  tuvo  el  haber  omitido  la  prueba a la que hacemos referencia no fue otra que  endilgar  responsabilidad  penal  a una persona carente de ella, por el hecho de  la  consignación bancaria que explicó el Tribunal sin considerar la prueba que  omitió   como   producto  del  ilícito  cometido  de  falsedad  trayendo  como  consecuencia  desfavorable  el  ignorar  que  había  sido Julio Marmolejo Serna  autor  de los hechos quien le había rogado a Caicedo Pérez le consignara en la  cuanta    de    su    hija   el   dinero   producto   del   ilícito”.   

          Con fundamento en lo anterior, solicita a  la  Corte  casar  la  sentencia y emitir una decisión de reemplazo en la que se  considere   la   segunda   declaración   del   señor  Julio  Marmolejo  y,  en  consecuencia,  se  exonere  de  responsabilidad  penal  a su representada.    

          Tercer  cargo:  Violación indirecta de la  ley   sustancial,   por   error   de  hecho  derivado  de  un  falso  juicio  de  identidad.   

          El  libelista, al referirse al escrito contentivo de la declaración  de  Julio  Marmolejo  Serna,  fechado  el  28 de enero de 2008, considera que el  Tribunal  “realizó  sobre la prueba en comento una  valoración  en  la  cual,  en  sentir  de  esta  defensa  violó (sic) resultó  tergiversar,  cercenar  y  adicionar  y le hizo producir efectos que la misma no  tenía…”.   

          Luego  de  trascribir  los  numerales  8,  9  y  10  del  escrito en  mención,  dice  que  su  contenido  “pugna  con lo  expresado  por  el  Tribunal  en  su  sentencia quien le otorga un entendimiento  totalmente  tergiversado  (…)”,  al decir que en el  escrito  el  señor Julio Marmolejo expresó que “en  su  casa  tenían  la cédula de ciudadanía de Flor María Marmolejo, así como  la  escritura  pública  de  la casa de propiedad de ésta en Buga, e inferir de  ese  documento  que  su  hija  ELIZABETH  tenía no sólo pleno conocimiento del  hecho  sino  que  tenía en su poder la cédula de ciudadanía de quien fuera su  tía  y  que  con  ella  en  la  mano  hubiera  acudido a la Notaría Tercera de  Envigado-   Antioquia,   el   26   de   septiembre   de  2006  para  mandársela  posteriormente    al   señor   Diego   Caicedo   Pérez   en   Buga”.   

          Tras  citar  algunos apartes de las consideraciones expuestas por el  Tribunal,  itera  que  en  el  fallo  de  segunda  instancia  se “tergiversó  lo  dicho por Julio Marmolejo Serna, muy concretamente  lo  relativo  con  su autoría, al decir expresamente que la denuncia debió ser  contra  él,  no  contra quien le envió un poder, de donde resulta claro que el  autor  material  del  ilícito  lo  fue  el  señor  Marmolejo Serna”.   

          Añade   que   el   Tribunal  “también  tergiversó  la  declaración  del  señor  Marmolejo,  haciéndola decir que al  momento  de  la  muerte de la señora Flor de María la cédula se encontraba en  poder  de  ELIZABETH MARMOLEJO, su sobrina, cosa que la lectura aun desprevenida  del   documento   que   Marmolejo   Serna   envió   a   la   Fiscalía,  no  se  deduce”.   

          A  renglón seguido plantea que “si como  se  lee  de la parte trascrita del fallo objeto de reproche el Tribunal ubicó a  mi  defendida  en  la calidad de ir supliendo los requerimientos que en realidad  fue  uno  solo  y  lo  fue  según su dicho de enviar una copia auténtica de la  cédula  de  la  difunta,  ha debido concluir cuando más una responsabilidad de  ELIZABETH  MARMOLEJO  en  calidad  de  partícipe  u otra categoría, pero no de  autor  directo  con  la  incidencia  punitiva  que  ello conlleva…”.   

          En  cuanto  a  la  trascendencia del error, el libelista plantea que  “la  repercusión  definitiva  que  este desacierto  tuvo  en la declaración de justicia contenida en el resolutivo del fallo fue el  error  de  juicio en el que incurrió el fallador, atribuyéndole a Elizabeth la  tenencia  de  la  cédula  y  el suponer de esa tenencia el acudir a la Notaría  Tercera  de  Envigado, cosa que en ninguna parte aparece demostrado, el entender  que  cuando  los  testigos  Julio  Martínez  y  Heliodoro  Marmolejo  hablan de  cualquier  suceso acaecido en la ciudad de Medellín, por vía automática se le  imputen   a   Elizabeth   y   no   a  su  padre…”.   

          A  continuación,  expresa  otras  razones  de  inconformidad con la  valoración  que  de  las  pruebas  hizo  el  Tribunal, que serán analizadas en  detalle cuando se dé respuesta a este cargo.   

          Como  conclusión,  el  impugnante  expone que las pruebas aportadas  por  la  Fiscalía “nada dicen de la responsabilidad  de   mi   defendida”,   mientras  las  de  descargo  “dicen claramente de la autoría de Julio Marmolejo  Serna”.  Sumado  a  lo  anterior,  agrega, las dudas  deben  resolverse  a favor de la procesada.  Por tanto, solicita a la Corte  “casar  el  proveído de segunda instancia y emitir  en     su     lugar     un     o     de     carácter    absolutorio”.   

          Cuarto  cargo:  violación indirecta de la  ley, por error de hecho derivado de un falso raciocinio.   

          Alega   el   censor  que  el  Tribunal  desconoció  “los  criterios  técnico  científicos  normativamente establecidos  para  cada medio de prueba”, error que recayó en los  testimonios  de  Julio  Martínez  Solís,  Heliodoro  Marmolejo  Serna  y Julio  Marmolejo  Serna,  este  último  llevado  a  juicio  como prueba de referencia.   

          Frente  al  testimonio  de  Julio  Martínez  Solís,  dice  que  el  fallador  de  segunda  instancia  no se percató de la disparidad entre lo dicho  por  este  testigo  en la entrevista y en el juicio, sobre todo cuando en lo que  atañe  a que no recordaba si la mujer con la que habló dijo llamarse Elizabeth  o  Miryam,  tal  y  como  lo hizo notar la defensa en el interrogatorio cruzado.  Añade  que  este  asunto  es  trascedente,  porque  Miryam  es  el nombre de la  denunciante.   

Considera que el Tribunal debió darle mayor  crédito  a  lo  expresado  por  el  declarante  durante  la  entrevista, porque  “un principio técnico científico sobre la memoria  enseña  que  el  testigo  tiene más fácil recordación de los hechos mientras  más  inmediata  sea  su  realización en el tiempo”.  Además,  dice,  el  testigo  tuvo  contacto  con  la mujer en mención por vía  telefónica,  por  lo  que  no  podía  establecer  con  quién estaba hablando.   

          Agrega,  “de  todas estas imprecisiones  el  Tribunal  superior de Buga en alejada valoración a la debida por el Código  de  Procedimiento  Penal  entresacó de su dicho que mi defendida había sido la  encargada  de vender la casa a través de la falsificación de documentos que el  testigo  nunca  dijo  haber  presenciado o haber sabido directa o indirectamente  que  la  señora  ELIZABETH  MARMOLEJO hubiera ella misma falsificado aquellos o  contratado   a   alguien   para   que   lo   hiciera  en  su  nombre”.   

          Luego,  se  ocupa  del  testimonio  de  Heliodoro Marmolejo Mejía e  indica  que  el  Tribunal  erró  por  no  tener  en cuenta lo establecido en el  artículo  402  de  la  Ley  906  de  2004, en el sentido de que “el  testigo únicamente podrá declarar sobre aspectos que en forma  directa    y    personal    hubiese   tenido   la   ocasión   de   observar   o  percibir”.   Lo   anterior  por  cuanto  el  señor  Marmolejo  “a  lo  largo  de  su  declaración  fue  enfático  en  decir  que  el  conocimiento  de  los  hechos le vino después de  realizada  la  venta  espuria  y siempre por medio de lo revelado por su hermana  Miryam Marmolejo Serna”.   

          Agrega  que  “dicho  dislate  tuvo  una  incidencia  muy  profunda  en  el caso en particular como quiera que lo que pudo  percibir  la  denunciante  fue  en  verdad introducido al juicio por medio de su  hermano  Heliodoro,  a quien el ad-quem igualó como fuente primaria y fidedigna  de los hechos percibidos”.   

          Luego,  el  impugnante  considera  que  el  Tribunal,  al valorar la  prueba  de  referencia,  desatendió  lo dispuesto en los artículos 441, inciso  segundo,  de  la  Ley  906  de  2004, que dispone que este tipo de prueba, en lo  pertinente,  debe  regularse  “en su admisibilidad y  apreciación  por  las  reglas  generales  de  la  prueba  y en especial por las  relacionadas con el testimonio y lo documental”.    

Así, dice, en este caso debió considerarse  lo  establecido  en  el  artículo 432 ibídem, para de esa forma concluir   que  como  el  documento contentivo de la declaración de Julio Marmolejo no fue  alterado  ni  en su forma ni en su contenido, era claro  que  la  responsabilidad  penal  recaía  en  éste  y  no  en  su hija ELIABETH  MARMOLEJO.   

          Concluye  que  la  correcta  valoración  de  los testimonios atrás  relacionados  hubieran llevado al Tribunal a concluir que no existe mérito para  condenar  a  su  representada,  porque  ninguno de los declarantes la identifica  como  autora  material  de  la  falsificación  o  uso  del  poder supuestamente  otorgada  por  Flor  de  María Marmolejo, como ninguno de ellos puede decir con  certeza  que  tuvo  contacto  con  ELIZABETH  MARMOLEJO  durante  el  proceso de  “negociación       defraudatoria”.  Sumado  a  ello,  no existe prueba de que la procesada hubiera  estado  en  la  ciudad  de Buga “para la fecha de la  obtención ilícita del documento”.   

          Por  tanto,  solicita  “la intervención  de  la  Corte  en  propósito  de  lograr  la  efectividad del derecho material,  enmendar  los  errores de juicio cometidos por el fallador de segunda instancia,  reparar   los   agravios   inferidos  a  mi  defendida  mediante  una  sentencia  sustitutiva    absolutoria    proferida    por    el    máximo    Tribunal   de  casación”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  La Corte encuentra oportuno reiterar que  el  recurso  extraordinario  de  casación,  conforme  a  los  lineamientos  del  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004, procede como un  control   constitucional  y  legal  de  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por delitos, cuando afectan derechos y  garantías  fundamentales,  por los motivos señalados en las causales previstas  por el legislador.   

De  la misma manera, recalca cómo el inciso  segundo   del   artículo   184,  ibídem,  establece  que  no será seleccionada la demanda que se encuentre  en  cualquiera de los siguientes supuestos: si el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

2.   La  Sala  analizará  los  cargos  incluidos en la demanda, en el mismo orden propuesto por el censor.   

2.1.   Primer  cargo:          “Desconocimiento   del   debido  proceso  por  afectación sustancial de su estructura”.   

El  libelista  alega  que  la  dilación del  juicio  oral  afectó  gravemente  la concentración, erigida como principio del  sistema  procesal penal regulado en la Ley 906 de 2004. Encuentra la Sala que el  cargo  no  fue  motivado  adecuadamente,  por  las  razones  que  se  indican  a  continuación.   

De  tiempo atrás esta Corporación ha hecho  énfasis  en  que  los  principios  de  inmediación  y  concentración  no  son  absolutos,  lo que obliga a analizar con detenimiento cada caso en particular en  orden  a  evitar  que  los  aspectos  formales  primen sobre los materiales y se  termine  afectando  injustificadamente  los  derechos e intereses de víctimas y  terceros  involucrados   en  la  actuación  (CSJ  SP  12  Dic.  2012, Rad.  38512  y CSJ SP, 20 Nov. 2013, Rad. 37107, entre otras).   

Así las cosas, cuando, como en este caso, se  invoca  la afectación del principio de concentración, el censor debe demostrar  la  trascendencia que tuvo la dilación del juicio oral en la decisión frente a  la  que  expresa  su  desacuerdo,  lo  que  constituye  una carga para cualquier  alegación   orientada  a  solicitar  la  declaratoria  de  nulidad.     

Las  reglas  indicadas  se  ajustan  a  lo  precisado  por  la  Corte Constitucional en la sentencia citada por el libelista  (C-059   de   2010),   pues   allí   se  dejó  en  claro  que  “la   repetición   de   las  audiencias  de  juzgamiento  debe  ser  excepcional  y  fundada  en motivos serios y razonables, so pena de vulnerar los  derechos de las víctimas y testigos”.   

En el caso  que ocupa la atención de la  Sala,  la  Jueza  que  dirigió  el  debate probatorio fue la misma que tomó la  decisión,  razón por la cual el impugnante tenía la carga de demostrar que la  suspensión   del   juicio   oral,   por  el  transcurso  del  tiempo,  incidió  “en  la  memoria  de lo sucedido en la audiencia y,  sobre   todo   de   los   resultados   de  las  pruebas  practicadas” (Art. 454 de la Ley 906 de 2004).   

En cuanto a la trascendencia de la dilación  de  la  audiencia,  el libelista se limitó a hacer comentarios generales que le  impiden  a la Corte analizar de fondo este asunto. Dijo, por ejemplo, que frente  al  testimonio  de  Julio  Martínez  Solís,  la falladora de primera instancia  perdió   “completamente   la  memoria  histórica  de  lo  afirmado por este testigo cuando fuera llamado  por  la  Fiscalía,  arribando a un sentido del fallo  proferido   por  un  mero  impulso  y  no  una  simple  convicción,  como se evidencia en la audiencia antes  dicha   en  donde  resulta  verdaderamente   trascendente   la   ruptura   de   la   estructura  del  debido  proceso por una juez que por  su  pérdida de la memoria ya no tenía elementos para  diferenciar  lo  meramente intuitivo de lo demostrativo de la prueba…”1.   

Es  claro  que  el  libelista  expone varias  conclusiones  sobre  el  impacto  que  la  dilación del juicio pudo tener en la  valoración  de  la  prueba, pero no relaciona ni explica las razones o premisas  que  sirven  de  soporte  a  las  mismas,  esto es, no se ocupa de mencionar los  apartes  de  la  decisión  donde se hace evidente la pérdida de la memoria que  tuvo  la  Jueza  de  primera  instancia,  ni  si  ésta  incurrió en errores al  consultar  los  registros,  como  tampoco  dedica  una sola línea a precisar el  efecto  específico  que ello tuvo en una o varias de las pruebas practicadas. A  ello  estaba  obligado  por las cargas inherentes a la causal invocada, y porque  en  el  fallo  de  primera  instancia  se  hace un recuento pormenorizado de las  pruebas  practicadas en el juicio oral, lo que acentúa la necesidad de explicar  en qué consistieron los problemas de rememoración de la Jueza.   

Más  adelante,  el  censor  se  limitó  a  resaltar  algunos  apartes  de  las  audiencias,  que poco o nada dicen sobre el  impacto  real  que  la larga duración del juicio tuvo en la solución del caso.  Inicialmente  resaltó  que en una de las sesiones la Jueza de primera instancia  dijo:  “vamos  a  continuar  con  el desarrollo del  juicio   oral   y  público,  señora  fiscal,  cómo  habíamos       quedado       acá…”,    y    en   la   misma   sesión   expresó:   “entonces  había  dicho  que procedíamos a fijar fecha y hora para  la   audiencia   de   juicio   oral   y   público,   sin  embargo  me   acordó  la  Fiscalía  que  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  dentro  de  este  proceso de Miriam  Marmolejo  Rojas ese día se decretó la conexidad del proceso del caso radicado  bajo el número 2008-144…”.   

Con este tipo de citaciones, el censor evade  su  obligación de explicar lo que le correspondía sobre el impacto que el paso  del  tiempo  tuvo  en  la  apreciación  de la prueba, lo que impide realizar un  análisis  de  fondo  sobre  su  solicitud  de decretar la nulidad de lo actuado  desde que comenzó el juicio oral.   

No   significa   lo   anterior   que   se  “entregue     patente    de    corso”  a  los  funcionarios  judiciales para que permitan la dilación  injustificada  de  las  audiencias,  como  lo  expresa el impugnante. La Sala ha  hecho  énfasis  en  la  obligación  que tienen los jueces, como directores del  proceso,  de  velar  porque  los  procedimientos  duren  el tiempo estrictamente  necesario;  pero  ello  no  implica  que  la  dilación  del  trámite  conduzca  inexorablemente  a  la  anulación  del proceso, con los costos que ello implica  tanto  en  el  campo  económico  como  en  el  de  los  derechos de víctimas y  testigos.   

En síntesis, el argumento del impugnante se  estructura  sobre  la idea de que la afectación del principio de concentración  puede  dar lugar, por sí misma, a la anulación del proceso. Con ello desconoce  las  directrices  trazadas  por esta Corporación desde hace varios años, en el  sentido  de que debe analizarse cada caso en particular en orden a establecer si  el  paso  del  tiempo  generó un daño real, que deba corregirse con el remedio  extremo  de  la  nulidad.  Por  afrontar  el  asunto  de  esa  manera, obvió la  obligación  de  sustentar adecuadamente el cargo, en los términos indicados en  la primera parte de este apartado.   

Por lo expuesto, la demanda será inadmitida  por este cargo en particular.   

Segundo  cargo:  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por error de hecho por falso  juicio de existencia”.   

El  argumento  del  libelista  tiene  como  fundamento   principal   que   el   escrito   contentivo   de   la  declaración  complementaria  del  señor  Julio  Marmolejo  fue  admitido  e incorporado como  prueba  de  referencia  y,  pese  a  ello,  los  falladores de primera y segunda  instancias no lo valoraron.   

Consultados  los  registros  del  proceso,  encuentra  la  Sala  que  el  Juzgado  de  primera  instancia  concluyó que era  procedente  admitir  esta prueba de referencia, pero el apoderado judicial de la  procesada  Marmolejo  Mejía  no agotó los trámites procesales necesarios para  que dicha declaración fuera debidamente incorporada.   

Debe  tenerse  en  cuenta  que en el proceso  regulado  en  la Ley 906 de 2004, a diferencia de los modelos consagrados en los  ordenamientos  jurídicos  anteriores, la aducción de la prueba se da a través  de  una  serie  de  pasos,  que  deben  realizarse  en  los  momentos procesales  establecidos  por  el  legislador  y  con  el  cumplimiento  de  los  requisitos  generales   y   específicos,   orientados   a  garantizar  el  debido  proceso.   

En materia de prueba de referencia, la parte  que   solicita   su   admisión  debe  cumplir,  como  mínimo,  los  siguientes  requisitos:  (i)  Solicitar  que  la  prueba  sea  decretada,  para  lo que debe  explicar  la  pertinencia  de  la  declaración  anterior  al  juicio  oral (sin  perjuicio  de  los  debates  que  puedan  presentarse  frente a la conducencia y  utilidad),  (ii)  demostrar  la  causal  excepcional  de  admisión de prueba de  referencia,  según  lo reglado en el artículo 438 de la Ley 906 de 2004, (iii)  una  vez  admitida  por  el  Juez,  debe  proceder  a  la  incorporación  de la  declaración  anterior  al  juicio  oral,  a través de los medios de prueba que  haya  elegido para probar su existencia y contenido, y (iv) debe explicar, en su  debido  momento,  por qué se le debe dar crédito a lo expresado por el testigo  por fuera del juicio oral.   

Cuando, como en este caso, la solicitud de la  prueba  se  hace  por  fuera  del  escenario  procesal  dispuesto  para ello (la  audiencia   preparatoria),   la   parte   debe   explicar   suficientemente   la  extemporaneidad,  y  al  Juez  le  corresponde  decidir  si  accede  o  no  a la  petición,  teniendo  en  cuenta  “el perjuicio que  podría  producirse al derecho de defensa y la integridad del juicio” (Art. 344 de la Ley 906 de 2004).    

Frente a cada uno de estos aspectos la parte  contra  la  que se aduce la prueba puede ejercer el derecho de contradicción y,  cuando  sea  procedente,  el  de  confrontación. Así, puede oponerse porque la  prueba  sea  impertinente,  inconducente  o carezca de utilidad; está facultada  para  cuestionar  la  demostración  de  la  causal  excepcional de admisión de  prueba  de  referencia;  tiene  derecho  a  oponerse  al  ingreso  del documento  contentivo  de la declaración (por ejemplo, porque no se cumple el requisito de  autenticidad)   o  puede impugnar al testigo a través del cual se pretende  incorporar  la  declaración  anterior; igualmente, frente a la declaración que  constituye  prueba  de  referencia,  tiene  derecho  a  presentar  evidencia  de  refutación   y,   en  general,  a  cuestionar  por  cualquier  medio  legal  la  credibilidad    del   testigo   que   no   comparece   al   juicio   (Art.   441  ibídem).   

En  este caso, en la sesión del 30 de abril  de  2013  la  defensa  solicitó como prueba la declaración que el señor Julio  Marmolejo  rindió  por  fuera  del  juicio oral, que complementaba lo dicho por  éste  en  otro  escrito  presentado con antelación. Luego de un extenso debate  sobre  su  admisibilidad,  la Jueza decidió postergar la decisión hasta cuando  el  solicitante  demostrara  el  fallecimiento  del  ciudadano  en  cita,  dijo:  “antes  de proceder con la admisión debe acreditar  la   defensa   el   deceso   (…)   vamos   a   suspender  para  aportar  dicha  prueba”;  y  más  adelante  anotó: “en  razón a que no se evidencia que se haya presentado el registro  de  defunción  para  poder  admitir  la  prueba  de referencia, la defensa debe  demostrar  que  el  testigo  falleció”, y a renglón  seguido  reiteró  que  le  “daría un espacio a la  defensa”  para  probar  dicho  aspecto,  en  aras de  garantizar su derecho a presentar la prueba solicitada.   

En la siguiente sesión, llevada a cabo el 15  de  julio  de  2013, luego de la instalación de la audiencia se le concedió la  palabra  a  la  defensa  para  continuar  con  lo  que estaba pendiente sobre la  demostración   del  fallecimiento  del  señor  Julio  Marmolejo.  El  defensor  presentó  el  respectivo  certificado  de  defunción,  pero no cumplió con el  proceso  de  incorporación  de  la declaración rendida por el señor Marmolejo  por fuera del juicio oral.   

          No  se  trata  de  la omisión de un trámite intrascendente porque,  según  se  anotó  en precedencia, la parte contra la que se aduce la prueba de  referencia   tiene  derecho  a  ejercer  los  derechos  a  la  contradicción  y  confrontación  frente  a  los  medios  de prueba que se pretenden utilizar para  demostrar  la  existencia  y  contenido  de  la declaración anterior, y una vez  presentada  ésta, se activa la posibilidad de impugnar su credibilidad, para lo  que   puede  servirse  de  cualquiera  de  los  medios  que  le  proporciona  el  ordenamiento  procesal  penal,  que  deben ser garantizados con especial cuidado  por  el  director  de  la audiencia habida cuenta de que la ausencia del testigo  impide  ejercer frente a éste la confrontación y limita significativamente las  posibilidades de defensa.   

          Aunque  son  evidentes  los  desaciertos  de  la  Jueza  de  primera  instancia  en  la  dirección  de  la  audiencia,  la  carga  de  incorporar  la  declaración  anterior al juicio oral está radicada exclusivamente en cabeza de  la  parte  que  la  solicita,  lo  que  es un rasgo distintivo del sistema   adversarial  consagrado  en  la  Ley  906  de  2004  frente  a los ordenamientos  procesales  que le precedieron, caracterizados por el ahora extinto principio de  permanencia de la prueba.   

          En  síntesis,  el defensor cumplió con la obligación de demostrar  la  causal  excepcional  de  admisión  de  prueba  de referencia (la muerte del  testigo),  pero  no  cumplió la carga de incorporar como prueba el contenido de  la  declaración,  según  él  rendida  por fuera del juicio oral por el señor  Julio Marmolejo.   

          Este  requisito  no  podría suplirse con la inadecuada alusión que  se   hizo  al  contenido  de  dicha  declaración  antes  de  decidir  sobre  su  admisibilidad,  porque  sólo  ante  el ejercicio de incorporación como prueba,  que  obviamente  es  posterior  a  la  decisión del juez de admitirla, puede la  contraparte  ejercer  sus  derechos, en los términos indicados en los párrafos  precedentes.   

          Cabe  resaltar que en el fallo de primera instancia se dejó expresa  constancia de la situación que acaba de resaltar la Sala:   

El abogado defensor del señor DIEGO CAICEDO  solicitó  tener  como  prueba  de  referencia el escrito suscrito por el señor  Julio  Marmolejo en razón del fallecimiento del mismo y a su vez el defensor de  la  señora  ELIZABETH  MARMOLEJO  MEJÍA,  además de lo anterior, solicitó se  tuviera  como  prueba  sobreviniente  un  escrito  donde  el  señor Jorge Julio  Marmolejo  solicita  audiencia  con  la  Fiscalía para explicar los motivos que  tuvo   para vender el inmueble, solicitudes a las que accedió el despacho,  siempre  y  cuando  se demostrara el fallecimiento de esta persona. Sin embargo,  una  vez  introducido  el  certificado  de  defunción  del  señor  Jorge Julio  Marmolejo  no  se  aportó  el  escrito fechado según el doctor Tobón el 28 de  septiembre de 2008 y sólo obra el fechado 28 de enero de 2008.   

          Ante   esta   situación,   si  el  impugnante  tenía  interés  en  cuestionar  la decisión de la falladora de primera instancia de considerar, por  razones  de  orden  legal, que la prueba nunca ingresó, debió elegir el camino  de  la violación indirecta de la ley sustancial, por falso juicio de legalidad,  con  las  cargas  argumentativas que ello implica. La anotación realizada en el  fallo  de  primera  instancia  sobre  la  no  incorporación  de  la  prueba  de  referencia  hizo  que  el  asunto  perdiera  relevancia  en el ámbito del falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  y  trasladó el análisis al terreno del  cumplimiento   de   los  requisitos  legales  para  que  una  prueba  pueda  ser  valorada.   

          En  síntesis,  el  impugnante  incurre  en  errores y omisiones que  impiden   tener   como   debidamente   sustentado   el  cargo,  lo  que  conduce  inexorablemente   a   la   inadmisión   de   la   demanda  por  este  punto  en  particular.   

Tercer   cargo:  Violación  indirecta  de  la  ley sustancial, por error de hecho derivado de un  falso juicio de identidad.   

De  tiempo atrás ha dicho esta Corporación  que    “si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente qué en  concreto  dice  el  medio  de  prueba,  el  elemento  material  probatorio  o la  evidencia  física,  según  el  caso;   qué  exactamente  dijo  de él el  juzgador,  cómo  se  le  tergiversó,  cercenó  o  adicionó  en su expresión  fáctica  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se establecen de  él,  y  lo  más  importante,  la  repercusión definitiva del desacierto en la  declaración  de justicia contenida en la parte resolutiva del fallo” (CSJ SP, 29 Agos. 2007, Rad. 26276).   

El  censor,  en  vez  de  cumplir las cargas  argumentativas  indicadas  en  el  precedente  atrás  citado,  expresa  que  el  contenido  de  la  declaración rendida por el testigo por fuera del juicio oral  “pugna  con  lo  expresado  por  el  Tribunal en su  sentencia,      quien      le      otorga      un  entendimiento  totalmente  tergiversado al momento de  analizar  este  medio  de  conocimiento al decir que en el escrito manifiesta el  señor  Julio Marmolejo que en su casa tenían la cédula de ciudadanía de Flor  de  María Marmolejo, así como la escritura pública de la casa de propiedad de  ésta  en Buga, e inferir de  este  documento  que  su  hija  ELIZABETH tenía no sólo pleno conocimiento del  hecho  sino  que  tenía en su poder la cédula de ciudadanía de quien fuera su  tía  y  que  con  ella  en  la  mano  hubiera  acudido a la Notaría Tercera de  Envigado,  el  26  de  septiembre  de  2006,  para mandársela posteriormente al  señor Diego Caicedo Pérez en Buga”.   

El   libelista  sólo  trascribe  los  numerales  8,  9  y 10 del escrito firmado por el señor Julio Marmolejo, en los  que  no  consta que éste hubiera declarado que en su casa tenían la cédula de  ciudadanía  de su hermana Flor María y la escritura de la casa que perteneció  a  ésta,  ubicada  en  Buga.  Sin embargo, al revisar el escrito en mención se  puede   constatar  que,  en  su  numeral  primero,  el  señor  Marmolejo  dijo:  “la  casa  ubicada  en  la  calle  15  Nro.  14-60  perteneció  a  mi hermana Flor de María Marmolejo Serna, quien en sus últimos  días  se  la  endosó  o  entrego  a  mi esposa María Ruth Mejía junto con la  cédula  y la escritura, por agradecimiento de toda la ayuda que había recibido  de  ésta  para  con  ella  y  su  hijo  Felipe  Rubio Marmolejo, de lo cual hay  testigos”.   

Si  el  libelista  quería  plantear  que el  Tribunal  cercenó,  adicionó o tergiversó esta declaración cuando afirma que  Julio  Marmolejo  Serna  “admite  que  tenía en su  poder  la  cédula  de  ciudadanía  de  su  extinta hermana Flor de María y la  escritura  del  inmueble”,  debió  indicar  en qué  consiste  la  modificación  de la prueba. Porque, según se indicó en la parte  inicial  de  este  apartado, la carga argumentativa cuando se elige la senda del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, obliga a contrastar el medio de  prueba  con lo expresado por el fallador, en orden a precisar en qué consistió  exactamente el cambio del contenido del mismo.   

Además,   el   impugnante   plantea   que  “incurrió  también  en  este error el Tribunal al  apreciar  el testimonio del señor Julio Martínez, concretamente al preguntarle  la  Fiscal si tenía conocimiento sobre a quién se le había entregado  el  dinero  de  la  venta,  a lo que el señor Martínez Solís responde: al abogado  Diego  Caicedo,  porque él me dijo que él tenía que consignar para Medellín,  PARA  EL  DUEÑO  MARMOLEJO”;  y,  sin  embargo,  el  fallador  de  segunda  instancia  manifestó  que “este testigo informa que el  producto  de  la venta debía consignarse a favor de ELIZABETH MARMOLEJO, porque  su   padre   estaba   enfermo,   siendo  entonces  ELIZABETH  la  encargada  del  negocio”.   

En  el  anterior planteamiento el impugnante  cumple  la  obligación  de contrastar el medio de prueba con lo que de él dice  el  fallador,  pero  no  destina una sola línea a explicar la trascendencia del  yerro,  máxime  si, como se reitera a lo largo de esta decisión, el Juzgado de  primera  instancia  y  el  Tribunal  tuvieron  en  cuenta  varios  aspectos para  concluir  que  la procesada MARMOLEJO MEJÍA participó en los delitos objeto de  debate,  entre  los que se resaltó el ingreso del dinero producto de la venta a  su  cuenta  en  Bancolombia,  monto que, valga anotarlo de paso, no fue retirado  completamente  en  una  sola  transacción, tal y como se desprende del extracto  correspondiente a los meses de septiembre a diciembre de 2006.   

De  otro  lado,  el  censor  indicó  que el  Tribunal  “tergiversó lo dicho por Julio Marmolejo  Serna,  muy concretamente lo relativo con su autoría, al decir expresamente que  la  denuncia debió ser contra él, no contra quien le envió un poder, de donde  resulta   claro   que   el  autor  del  ilícito  lo  fue  el  señor  Marmolejo  Serna”.   

En  el anterior aparte de la demanda se hace  evidente  la  confusión que tiene el censor frente al falso juicio de identidad  y  el  falso   raciocinio,  porque,  de  nuevo,  evade  la  obligación  de  contrastar  el  contenido  del  medio de prueba con lo expresado por el fallador  sobre  el  contenido  del  mismo,  para  precisar  de qué manera fue cercenado,  adicionado  o tergiversado, y orienta su ataque a la valoración realizada en el  fallo objeto de censura.   

Ahora, si lo que pretendía el libelista era  cuestionar  las  inferencias  que  hizo  el  Tribunal  a  partir  del relato del  testigo,  tal  y  como  se  infiere  de algunos apartes de su escrito, el camino  procedente  era la violación indirecta de la ley sustancial, por error de hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio,  con las cargas inherentes a esta causal de  casación,  consistentes  en  demostrar  la  manera como se transgredió la sana  crítica.   

En los demás apartes de la sustentación del  tercer   cargo  es  evidente  la  intención  del  libelista  de  cuestionar  la  valoración  de  la  prueba.  Los  ataques  al  raciocinio  del  Tribunal pueden  sintetizarse  así: (i) inadecuada valoración de  los testimonios de Julio  Martínez  y  Heliodoro  Marmolejo;  (ii)  se  equivocó  al  concluir que Julio  Marmolejo  se  separó  del negocio por problemas de enfermedad y no por razones  de  estricto  orden  económico, como lo señala en su escrito y se desprende de  las    pruebas    practicadas;   (iii)    “la  confluencia  de  pruebas  de  cargo  que  nada dicen de la responsabilidad de mi  defendida  y  estimadas  en  su  conjunto  con  pruebas  de  descargo  que dicen  claramente  de  la  autoría  de  Julio  Marmolejo  Serna y ante cualquier hecho  confuso  que  pueda  concluirse vistas las declaraciones de los testigos la duda  resultante  de  todo  ello  deberá  aplicarse  con  justicia  en  favor  de  mi  defendida”.   

Encuentra  la  Sala  que  no  se trata de un  simple  error  en la selección de la causal. Lo que se deduce del libelo es que  el  censor eligió la senda de la violación indirecta de la ley sustancial, por  un  error  de  hecho  derivado de un falso juicio de identidad, pero no cumplió  las  cargas  argumentativas  que  de  tiempo atrás han sido precisadas por esta  Corporación.  De  otro  lado,  insinuó fallas en el raciocinio del fallador de  segunda  instancia,  pero  no  sólo  se  equivocó al omitir plantear la causal  adecuada  (violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio),  sino  que,  además,  privó a la Sala de  conocer  sus  planteamientos sobre la manera como, según él, se trasgredió la  sana  crítica,  lo  que  impide  realizar  un  análisis de fondo. Por esto, la  demanda será inadmitida por este cargo en particular.   

         

Cuarto   cargo:  violación   indirecta  de  la  ley,  por  error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio.   

El impugnante tampoco sustento adecuadamente  este cargo, por las razones que se indican a continuación.   

Frente  al  testimonio  de  Julio  Martínez  Solís,  se  limitó  a  decir  que  el Tribunal debió darle más crédito a lo  expresado  por éste en la entrevista rendida por fuera del juicio oral que a lo  dicho  en  este  último escenario, “como quiera que  un  principio técnico científico sobre la memoria enseña que el testigo tiene  más   fácil  recordación  de  los  hechos  mientras  más  inmediata  sea  su  realización  en  el  tiempo”, a lo que debe sumarse,  dice,  que  este  testigo  sólo  tuvo   contacto  telefónico con la mujer  supuestamente  involucrada  en  el  negocio,  lo  que  le impedía constatar con  quién  estaba  hablando.  Así,  no pudo establecerse si el testigo en mención  habló con la procesada, ELIZABETH, o con la denunciante, Miryam.   

En  cuanto  a  la trascendencia del supuesto  error,  el  libelista  resaltó  que “de todas estas  imprecisiones  el  Tribunal  Superior de Buga en alejada valoración a la debida  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal  entre sacó (sic) de su dicho que mi  defendida  había  sido  la  encargada  de  vender  la  casa  a  través  de  la  falsificación  de  documentos  que  el  testigo  nunca dijo haber presenciado o  haber  sabido  directa  o  indirectamente  que  la  señora  ELIZABETH MARMOLEJO  hubiera  ella  misma falsificado aquellos o contratado a alguien para lo hiciera  en su nombre”.   

Es  evidente  que  el  censor  desatiende la  realidad  procesal,  porque  si  bien es cierto no existen testigos que señalen  directamente  a  ELIZABETH  MARMOLEJO  MEJÍA  como  la  autora de los atentados  contra  la  fe  pública  por  los  que  fue  condenada,  el  Juzgado de primera  instancia  y  el  Tribunal  lo infirieron de varios hechos, principalmente de la  consignación  de la venta de la casa a la cuenta de esta procesada, aunada a su  cercanía  con  la  persona  encargada  de  materializar  la  defraudación,  su  ubicación  en  la  residencia donde estaba la cédula de ciudadanía de su tía  Flor de María y la escritura de la casa, entre otros.   

Al  sustentar  la  trascendencia,  el censor  tenía  la obligación de explicar de qué manera el yerro atribuido al fallador  de  segunda  instancia  rompe la fuerza de la inferencia que sirve de sustento a  la  condena,  asociada  principalmente,  se  insiste,  al hecho de que el dinero  producto  de  la venta fraudulenta fue a parar a la cuenta de la procesada, a lo  que  deben sumarse los otros argumentos expresados por los falladores de primera  y segunda instancias.   

Del mismo nivel son sus planteamientos frente  al  testigo  Heliodoro  Marmolejo. Frente a este declarante expresó que no tuvo  conocimiento  directo  de  la  reacción  agresiva de ELIZABETH MARMOLEJO MEJÍA  cuando  su tía Miryam le reclamó por la venta de la casa, limitándose a decir  lo  que  ésta  le  contó.  Agrega  que  el  error  del  Tribunal al valorar un  “testimonio  de  oídas”  fue  trascendente  para  la  solución del caso en la medida que “lo  que  pudo  percibir la denunciante fue en verdad introducido al  juicio  por  medio  de  su  hermano  Heliodoro,  a quien el ad-quem igualó como  fuente    primaria    y   fidedigna   de   los   hechos   percibidos”.   

          El  libelista  no  precisa  el  sentido  de  su  ataque,  porque  en  principio   hace   alusión  a  que  el  señor  Heliodoro  Marmolejo  debe  ser  considerado  “testigo de oídas”, pero no aclara cuál es la consecuencia de  dicha  categorización, esto es, si está cuestionando la legalidad de la prueba  porque   el   testigo   no   percibió  “directa  y  personalmente”  los hechos incluidos en su relato, o  si  está  tomando está categoría en los términos establecidos por la Sala en  decisiones  pasadas,  donde  se estableció que “los  testigos  de  oídas difieren de los de referencia” (CSJ SP,20 Oct. 2014, Rad.  43683)   y,  en  consecuencia,  tienen  que apreciarse de conformidad con el sistema de persuasión  racional    (CSJ,    SP,    5   Nov.   2008,   Rad.  29678).   

Entendido el cargo de esta manera, lo que es  compatible  con  la  causal  elegida (violación indirecta de la ley sustancial,  por  error  de  hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio),  es evidente que el  impugnante  incumplió  la  carga  de  sustentarlo  en  debida  forma,  porque  no hizo ningún esfuerzo para  explicar  de  qué manera se  trasgredió  la sana crítica al valorar el testimonio  del señor Heliodoro Marmolejo.   

Por demás, si su propósito era cuestionar  la  legalidad  de  la  prueba,  debió  elegir  el  camino  del  falso juicio de  legalidad,  pero  ni  optó   por  esta  vía de  ataque  ni  expresó  razones  que  permitan tener por fundado el cargo desde la  perspectiva material.   

Lo  mismo  sucede  con  sus planteamientos  sobre  la  valoración  del  testimonio  del  señor  Julio Marmolejo, llevado a  juicio    a    través   del   documento   que   lo  contiene. Sobre los yerros  de  valoración  que le atribuye al Tribunal, se reduce a decir que el   documento   en   mención  no  fue  alterado  en  su  forma  o  contenido,   y   que   de   la   lectura  del  mismo  “emerge  un  conocimiento claro y preciso del hecho  que  permite  identificar  a  Julio Marmolejo Serna como el autor directo de los  delitos   de   falsedad   en   documento   privado  y  obtención  de  documento  público”.   

El  libelista  debió  considerar  que, en  materia  de  prueba de referencia, una cosa es la demostración de la existencia  y   contenido   de   la   declaración  anterior,  y  otra  el  valor  que  deba  atribuírsele  a  la misma.  Lo  primero,  puede  lograrse con testimonios, documentos o cualquier otro medio  de  prueba; para lo segundo, no debe perderse de vista  que  se trata de una declaración y que, por tanto, su  apreciación   debe   ceñirse   “por  las  reglas  generales  de  la  prueba y en especial por las relacionadas con el testimonio y  lo  documental” (Art. 441  de  la Ley 906 de 2004). Por  tanto,  la  demostración de que una declaración anterior al juicio existió no  equivale  a  sustentar  por  qué la misma merece credibilidad; son dos aspectos  diferentes,  aunque  relacionados  entre  sí, que suponen cargas argumentativas  puntuales  para  quien  opta  por proponer este tipo de debates.   

En  este  orden  de  ideas,  el impugnante  tenía  la  obligación  de  señalar  de  qué  manera  se  trasgredió la sana  crítica  en la valoración del testimonio del señor  Julio  Marmolejo,  esto  es,  debía  explicar  cuál  máxima  de  experiencia,  regla  técnico  científica,  expresión del sentido  común  o  regla de la lógica se dejó de considerar o se aplicó indebidamente  por  los falladores de primera y segunda instancias, y sustentar porque el yerro  tiene  la  potencialidad de desvirtuar la presunción de legalidad y acierto que  ampara al fallo cuestionado. Esa carga argumentativa no se   

suple  con  sus  opiniones   sobre   la  manera  como  debe  valorarse  la  prueba,  porque  ello  equivaldría  a  tomar  el  recurso  de casación como una tercera instancia, en  contravía  de  los lineamientos indicados en la primera parte de este apartado.   

En síntesis, el impugnante no sustentó el  cargo  por  violación indirecta de la ley sustancial,  por  error  de hecho derivado de un falso raciocinio, porque no explicó de qué  manera  se  trasgredieron  los  postulados de la sana crítica y, en el mejor de  los  casos,  se  limitó  a  emitir  sus  opiniones  sobre la forma cómo debió  valorarse  la  prueba.  Por  ello, la demanda será inadmitida por este cargo en  particular.   

3.  Por  último,  de  la  revisión  del  expediente  no  se  advierte la vulneración de alguna garantía fundamental que  amerite  el  ejercicio  de  las  facultades  oficiosas  de la Corte y la lleve a  pronunciarse en camino a su protección.   

4. De conformidad con el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  contra  el presente auto procede el  mecanismo   especial   de  insistencia,  dentro  de los  términos   y   parámetros   desarrollados   por   la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  (CSJ  SP,  5  Sep 2012, Rad. 36578; 17 Feb 2013, Rad. 37948, entre  otros).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.-  Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  por   el   defensor   de  la  procesada  ELIZABETH MARMOLEJO MEJÍA, conforme a lo expuesto en precedencia.   

        2.-  De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906  de 2004, es facultad del demandante elevar petición de insistencia, según  lo indicado en la parte motiva de este auto.   

        Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.  

    

1  Negrillas fuera del texto original     

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