AP6236-2014(44737)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP6236-2014  

Radicación N° 44737.  

Aprobado acta No. 337.  

Bogotá,  D.C., quince (15) de octubre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del  acusado  SALVADOR  ROMERO, en contra de la sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito     Judicial     de    Bogotá,  el  23  de  julio     de  2014,     mediante     la     cual    confirmó     el    fallo  emitido  por  el  Juzgado 49              Penal   del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de la misma  ciudad,  el  25  de abril de  igual           año,           condenando al  mencionado  procesado, como  autor     responsable  de     la  conducta   punible   de  homicidio  tentado,  a  la  pena       principal       de       52   meses  de prisión y a la sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por  idéntico  lapso.   

HECHOS  

Ocurridos   en   Bogotá,   en   el   fallo   impugnado  se  prohíja el  siguiente                 recuento   de   los  mismos:   

“(…) El 19 de  febrero  de  2008,  aproximadamente a las 9:50 p.m., cuando el imputado SALVADOR  ROMERO,  se encontraba visitando a LIBIA ANDREA MARTÍNEZ en una casa ubicada en  la  carrera 18 No. 51-88, lugar donde igualmente habitaba el lesionado, GILBERTO  A.  CORREA.  Debido a que la señora LIBIA se encontraba enferma, le solicitó a  SALVADOR  ROMERO  que  le  trajera  un  vaso de agua y cuando éste salió de la  habitación  para  tal  objeto,  se  cruzó  con GILBERTO CORREA, con quien tuvo  algún  altercado  por  lo  que  CORREA  quedó  alterado  y  posteriormente  se  presentó  en  la habitación de LIBIA MARTÍNEZ, pero allí fue recibido por el  sr.  ROMERO  quien  le  propinó  una  herida  con arma corto punzante, herida que  estuvo  a  punto  de  ocasionarle la muerte, lo que no  ocurrió     debido     que     de    manera  inmediata  es  trasladado  a las  instalaciones  del Hospital  Simón     Bolívar,  donde logran salvarle la vida (…)   

La  lesión  que  ameritó una incapacidad  médico  legal definitiva  de      60      días     y     deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente,  para  informar los  médicos  del  Instituto Nacional de Medicina   Legal  en  relación  con  la  herida:  ‘…lesión       que       sufrió  expuso  la  cavidad  abdominal  al  medio  externo y  por tanto tuvo riesgo de  infección  de  la  cavidad  y  de  los  órganos intraabdominales. Luego   las   lesiones  si  no  hubiesen  recibido  tratamiento  médico   oportuno   y   adecuado  pudieron poner  en   riesgo  la  vida  del  lesionado’”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En        audiencias  preliminares   llevadas   a  cabo  el  6        de        febrero      de     2013             ante    el    Juzgado   18             Penal  Municipal    con   función   de   control   de   garantías   de   Bogotá,  se    legalizó   la   captura   de   SALVADOR            ROMERO1,  y    se  le  formuló  imputación   por  el  delito     de     homicidio    tentado;   en   la   misma  oportunidad,  el  representante   de   la   Fiscalía   retiró   la   solicitud   de  imposición  de    medida    de    aseguramiento   que   previamente   había   elevado2.   

Como          el        procesado  se allanó a dicho cargo,    la    Fiscalía   presentó   escrito   acusatorio     el    20    de    marzo  siguiente,  cuyo trámite correspondió al Juzgado 49 Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de la misma ciudad, el cual realizó  la  audiencia  de  verificación  de allanamiento el 23 de julio de esa anualidad.   

En  dicho acto, el juzgado de conocimiento  no    aceptó    la    retractación   de   la   aceptación   de   imputación    realizada    por   el  incriminado,  quien  adujo  que su allanamiento obedeció a que para ese momento  no  contaba  con testigos que respaldasen su versión. La decisión del despacho  no     fue     impugnada    por    las    partes3.   

Finalmente, el A  quo  dictó  sentencia  el  25  de  abril  de  2014,  declarando  la  responsabilidad  de  ROMERO  en  el  ilícito  por él admitido.  Consecuente  con ello, le impuso las sanciones reseñadas en la parte inicial de  este   proveído   y   le   negó   los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de  la  pena  y  prisión  domiciliaria,  disponiendo, por tanto, su  captura.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  acusado,   la   Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó  íntegramente  mediante providencia del 23 de julio del año en curso, en contra  de  la  cual  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  oportunamente    el   recurso   extraordinario   de  casación.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo único: nulidad.  

Advirtiendo que con la casación propende por  la  unificación  de  la  jurisprudencia  en  torno  a  la  retractación  y  el  restablecimiento  del derecho al debido proceso aquí conculcado, el defensor de  SALVADOR  ROMERO  se  apoya  en los artículos 181-2 y 457 de la Ley 906 de 2004  para  solicitar  la  nulidad  de  la  actuación,  por el desconocimiento de las  garantías constitucionales y legales de su prohijado.   

En   concreto,  depreca  que  se  case  la  providencia  recurrida,  “para  que en su lugar se  dicte   la   que  corresponda  de  acuerdo  a  los  cargos  y  peticiones  aquí  formuladas”.   

En  orden  a  fundamentar  su  censura,  el  casacionista        cita        el        artículo       293       Ibidem,  concerniente a la retractación  del  imputado  que se allanó a cargos, con el fin de señalar que los fallos de  las  instancias  desconocieron ese derecho, “cuando  su  consentimiento  se  ha  quebrantado  ante  una inminente perdida del sagrado  derecho  a  la  libertad,  como  en este caso donde por parte de la Fiscalía se  abusó  del  poder dominante, utilizando como mecanismo de presión la solicitud  de  medida  de  aseguramiento  en  establecimiento carcelario, de no aceptar los  cargos que le pondrían de presente”.   

Precisa, entonces, que el allanamiento de su  defendido  fue  consecuencia de la promesa del fiscal de retirar la petición de  medida  aseguratoria,  como  efectivamente ocurrió. Por ello, se vulneraron sus  derechos, en especial el de tener un juicio público y concentrado.   

Acto  seguido,  el  impugnante  hace extensa  transcripción  de  precedente  de  la  Sala  sobre el tema de la retractación,  destacando  el análisis allí consignado, para luego criticar que el juzgado de  conocimiento  no  haya  aceptado  dicha  actitud  procesal del investigado, cuyo  allanamiento   nació   de   un   vicio   del   consentimiento,  “por  cuanto se obligó a su aceptación bajo la promesa de retirar  la     solicitud    de    medida    de    aseguramiento    en    establecimiento  carcelario”,   circunstancia   que   necesariamente  influyó  en la toma de decisión por parte de una persona de avanzada edad, que  además carece de antecedentes.   

Asi,  repitiendo  una  y  otra  vez  en qué  consistió  la  irregularidad  y la presión ejercida por el ente instructor, la  defensa  ilustra  sobre  el  desarrollo  de la audiencia de imputación, censura  también  que  se  haya  realizado  cinco años después ocurridos los hechos, y  denuncia  que  en  este  asunto  igualmente  se  violó de manera directa la ley  sustancial,  en  la  medida  en  que  el  Tribunal desconoció la posibilidad de  retractación,  a  pesar  de  que  es  éste  un  caso en que dicha figura está  permitida.   

A  continuación, cita pronunciamiento de la  Corte  acerca  del  contenido de la imputación, expone sus propias conclusiones  probatorias,  diserta  ampliamente  sobre  los  principios  orientadores  de las  nulidades,  insiste  en  la  violación  de  los derechos de defensa y al debido  proceso,   y   enuncia   los   preceptos   que   estima  infringidos4.   

Para terminar, el censor eleva una petición  subsidiaria,  consistente  en que la Corte emita fallo sustitutivo, reconociendo  que  su  representado  obró  en  legítima defensa, lo cual sustenta trayendo a  colación  su particular examen de los hechos y elementos materiales probatorios  recaudados.   

Asimismo,   depreca   que   “en  el  hipotético y remoto evento”  que  se  desechen  los  fundamentos  de  su libelo, se superen sus defectos para  decidir    de    fondo    y    casar    oficiosamente,    en    los    términos  planteados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Siendo   evidente   que   el  libelista                desconoce         absolutamente   los   requisitos   de  fundamentación  exigidos  para  la  admisibilidad  de  la demanda de casación,  desde ya anuncia la Sala que inadmitirá la misma.   

Por   eso,  previamente  a  examinar  la  censura  que  presenta  en  contra  de  la sentencia demandada, debe reiterar la  Corte   cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza de la  casación  en  cuanto  medio  de control constitucional y legal habilitado ya de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas por  los   Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las partes, en seguimiento de lo consagrado por el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

Precisamente,  en  aras de materializar el  cumplimiento  de  tan específicos intereses, la Ley 906 de 2004 dotó a la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de una serie de facultades  realmente  especiales,  como lo hizo con aquella consagrada en el artículo 184,  a  saber,  la  potestad de “superar los defectos de  la   demanda   para   decidir  de  fondo”  en  las  condiciones  indicadas  en él, esto es, atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación     de     los     mismos,     posición     del    actor dentro del proceso e índole de la  controversia  planteada; y  la   referida   en   el   artículo   191,   para   emitir   un  “fallo       anticipado”       en  aquellos  eventos en que  la  Sala  mayoritaria  lo  estime  necesario  por  razones  de interés general,  anticipando  los  turnos  para  convocar  a  la  audiencia  de  sustentación  y  decisión.   

Es  necesario,  sin  embargo, inadmitir la  demanda  si,  como  postula  el  inciso segundo de aquél precepto: “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades     del     recurso”    (CSJ  AP,  13 de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP, 23 de julio  de 2007, Rad. 27.810).   

Atendidos estos criterios, ha señalado la  Corte:   

“De  allí que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta      de      aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de  constitucionalidad,  constitucional  o legal, llamada a regular el caso-, recoge  los  supuestos  de  la  que  se  ha  llamado  a  lo largo de la doctrina de esta  Corporación como violación directa de la ley material.   

b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de  nulidad  por  errores  in  iudicando,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación de las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente   por   falso   juicio   de   convicción,   mientras   que  el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que   surgen   a  través  del  falso  juicio  de  identidad          –distorsión  o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar  un  hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas ilógicas o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,    abordará    la    Sala    el   estudio   de   la   demanda   de  casación.   

2. El caso concreto.  

De acuerdo con los referentes normativos y  jurisprudenciales  que  vienen  de reseñarse, advierte la Sala varias falencias  en  el  escrito objeto de  estudio,   las   cuales   dan  al  traste  con  la  pretensión  casacional  del  defensor.   

Para  empezar, se abstiene de concretar  cuál  es  la finalidad del  recurso  en los términos del artículo 180 de la Ley 906 de 2004, circunstancia  que  por  sí  sola amerita el rechazo de la demanda, la cual carece de los más  elementales  rudimentos  de  fundamentación,  constituyendo  en la práctica un  simple  alegato  de  instancia,  completamente ajeno a la sede casacional, en el  cual  pretende  entronizar  su  particular visión, obviamente interesada, de lo  que  estima violatorio de  garantías    fundamentales,   absteniéndose   de  desarrollar una verdadera crítica.   

Al efecto, era absolutamente necesario que  explicara,  en acápite separado, qué pretendía con el recurso extraordinario,  esto  es,  si  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, o la  unificación de la jurisprudencia.   

Una declaración en tal sentido brilla por  su  ausencia,  dado  que, la misma no puede suplirse  con   las  manifestaciones  genéricas  en  las  que  denuncia     la     afectación     del    debido  proceso,  o  en  las  que  aboga  por  unificar  la  jurisprudencia en un tema  que,  como  él mismo lo  hace  saber  en  su  escrito,  ya  ha  sido  ampliamente  abordado por ella. Era  menester,  entonces,  que  explicara las razones que  determinan  la  necesariedad  del fallo de casación para alcanzar alguna de las  finalidades   señaladas   para   el   recurso,   de   acuerdo  con  el  aludido  precepto.   

Sin    duda    alguna,    el     casacionista    desconoce  que  a  esta  sede  llega la sentencia prevalida de una  doble  condición  de  acierto y legalidad, que para desarticularla, tal como se  expresa  en  su  reproche,  es necesario que compruebe la existencia de un yerro  sustancial   con  virtualidad  de  socavar  la  decisión  ya  adoptada,  y  que  fundamente  el  cargo de manera tal que a simple vista sea perceptible el motivo  por  el cual resulta inexorable la casación deprecada, lo que no sucede en este  evento,  pues,  examinada la censura, ésta también adolece de crasos yerros en  su  postulación,  al  punto de impedir conocer de la Corte cuál en concreto es  la   violación   trascendente   que  se  reputa  en  las  providencias  de  las  instancias,  sobre  todo  porque  lo que se tilda de  irregular, como se verá,  parte  de una premisa falsa y acomodada. En efecto,   

2.1.  Cargo     único:  nulidad.   

En    un    farragoso    –e    innecesariamente    extenso-  discurso,  el  defensor  de  SALVADOR ROMERO postula la nulidad de la actuación  desde  la audiencia de imputación, por el desconocimiento de las garantías del  debido  proceso  y defensa, toda vez que su representado se allanó a los cargos  debido  a  las  presiones  ejercidas por el fiscal del caso, quien lo conminó a  hacerlo  a  cambio  de  retirar  su  solicitud  de  medida  de  aseguramiento en  establecimiento carcelario.   

Para el casacionista, como ello configura  un  vicio  del  consentimiento,  el  juzgado  de  conocimiento debió aceptar la  retractación    que    el   acusado   exteriorizó  en  la  audiencia de verificación del allanamiento,  tal  como  lo  autoriza  el  aquí  infringido  artículo  293  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004.   

Simultáneamente,   expone   su  propia  percepción  de los hechos y los elementos materiales  probatorios  recaudados,  con el fin de sostener que  su  prohijado  está amparado por la causal de ausencia de responsabilidad de la  legítima  defensa,  llegando  incluso al extremo de  solicitar   que   se   emita   fallo   absolutorio  de  reemplazo  en  favor  de  aquél.   

Semejante  planteamiento      del     demandante  riñe  con  la  lógica  más elemental, dado que, de entrada se  advierte   que  plantea  hipótesis  diferentes  y  contradictorias  entre  sí,  con   el   único   propósito   de   enmascarar  la  retractación  de un acto que él mismo validó como defensor, pues, no debe  olvidarse   que  quien  hoy  funge  como  impugnante  en   casación,  es  la  persona  que  ha  venido  representando convencionalmente    al    procesado  ROMERO  desde  la  audiencia  de  verificación  del  allanamiento  y  en  ese  acto  particular  ni  siquiera  ejerció el derecho de  impugnación  cuando  el  despacho de conocimiento no aceptó la retractación a  los cargos expresada por su defendido.   

Está claro, entonces, que el memorialista  desconoce los rigores de fundamentación casacional, pues, todos  sus  planteamientos  se  quedaron  en  el mero enunciado, ya que apenas entiende  suficiente  con  formular  la  solicitud, sin preocuparse de abordar las razones  por  las  cuales  la condena se realizó por el delito aceptado, ni muchos menos  confronta  las  consideraciones  que  tuvieron  en  cuenta  los  juzgadores para  avalar  el allanamiento y  determinar    la    responsabilidad   del incriminado.   

No podía esperarse menos, si, como ya se  advirtió,   detrás  de  su  deshilvanado  alegato,  en  la  práctica  lo  que  busca  el  recurrente  es  obtener  una imposible  retractación  de  la  aceptación de cargos realizada por su representado legal  ante  el  juzgado  de  control  de  garantías, pasando por alto que ese tema no  puede  ser objeto de discusión por la vía ordinaria del recurso de apelación,  ni  tampoco  por la extraordinaria de la casación, así busque revestírsele de  un  matiz,  ajeno  a  lo  que  el  trámite  procesal enseña, de protección de  garantías fundamentales.   

Sin  duda,  eso  es  lo pretendido por el  censor  en  el  reproche  propuesto,  con  el cual busca la invalidación del allanamiento, asegurando que  la  prueba  es indicativa de que el procesado obró bajo una causal eximente               de              responsabilidad.   

Si  tal era su consideración, la Sala no  entiende     ahora     el     por    qué  no se opuso a la decisión de la  jueza  penal  del  circuito,  de  no  aceptar  la  retractación del     allanamiento     que    en    esta    oportunidad    pretende  derrumbar.   

Es    más,    basta    revisar  los  registros para verificar  que  el profesional del Derecho expresamente “dejó  la  decisión  en manos del despacho”, reconociendo  que   había  escuchado  el  audio  y  ninguna  objeción  cabía  frente  a  la  aceptación  de los cargos por parte de su asistido5.   

Dicha actitud, además de incomprensible,  no  puede  ser de recibo porque implica una retractación a lo pactado válida y  legalmente,  desconociendo  que  el allanamiento fue avalado por las instancias,  desde  luego  tras verificar que no hubo ninguna informalidad en la actuación y  que  el  acusado, a quien se le respetaron todas sus garantías, obró de manera  consciente, libre, espontánea y, sobre todo, asesorada.   

Sobre  el tópico, ya la Sala reiterada y  pacíficamente  ha  sostenido,  en  consonancia  con  lo  expuesto  en  vía  de  exequibilidad  por la Corte Constitucional, que en tratándose de esas formas de  terminación  anticipada  del  proceso acusatorio, insertas dentro de la llamada  Justicia  Premial,  referidas  al  allanamiento  a  cargos  y  los preacuerdos o  negociaciones,  no  es  factible,  una  vez  verificado  que  se  trató  de una  aceptación   de   responsabilidad   penal   que   operó  libre,  voluntaria  y  completamente  informada,  desdecir  de lo pactado, no importa si ello proviene,  en el caso de los acuerdos, de la Fiscalía o el acusado.   

Para  el  caso,  la  verificación de las  actas  y  registros  de audiencia, permite observar que, en efecto, el procesado  no  solo  estuvo  asistido  siempre de su defensor de  confianza,    sino    que    conoció   amplia   y  suficientemente el cargo por el cual se le acusaba.   

Ello  dio  pie para que la aceptación de  responsabilidad  fuera  válida  y acertadamente avalada, no solo por los jueces  de  control  de  garantías  y  conocimiento  que  declararon su legalidad, sino  también  por  el  Tribunal, al conocer en segunda instancia de la apelación de  la sentencia.   

Así las cosas, a pesar de que claramente  se  advierte  cuál  fue  el querer del procesado, el actor pretende ahora dejar  sin  efecto  dicha  actitud  procesal.  Y  si  ello  es  así, carece de sentido  recurrir  al  medio  de impugnación extraordinario para deshacer la aceptación  de   cargos,   como  si  de  verdad  los  efectos  del  instituto  jurídico  de  terminación  anticipada  del  proceso pudieran estar sujetos al capricho de las  partes,    abjurando    de    la    firmeza    y    seguridad    que    le   son  consustanciales.   

Acerca  de  lo discutido, ha expresado la  Corte  (entre  otros, en  CSJ  AP, 12 sept. 2007, Rad. 28221; CSJ AP, 11 nov. 2009, Rad. 32918; CSJ AP, 14  mzo.  2012,  Rad.  33349;  y  CSJ  AP,  24  abril  2013, Rad. 40947):   

«La  Sala ha  precisado  que  el acusado o su defensor tienen interés jurídico para recurrir  por  vía  de apelación e, incluso mediante la casación, la sentencia obtenida  a  través  de la aceptación de cargos en el nuevo sistema penal acusatorio, si  la  alegación  se  refiere a la vulneración de sus garantías fundamentales, o  al  quantum  de  la  pena y los aspectos operacionales de la misma, pero no así  cuando   se  pretende  discutir  aspectos  relacionados  con  el  injusto  y  su  responsabilidad.  Así  lo  señaló,  entre otras, en la sentencia de casación  del      20      de     octubre     de     20066:   

“La aceptación de cargos es precisamente  una  de las modalidades de terminación abreviada del proceso, que obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia  mediante  el  consenso de los actores del proceso  penal,  con  miras  a  que  el  imputado  resulte beneficiado con una sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de imponérsele si el fallo se profiere como  culminación  del  juicio  oral,  de  una parte, y de otra, que el Estado ahorre  esfuerzos y recursos en su investigación y juzgamiento.   

“En  tal  actuación  y  en  el marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos  de  un  acto unilateral del procesado, que decide allanarse a los que le  fueron  formulados  en  la  audiencia  de  imputación con el fin de obtener una  rebaja  significativa  en  el  quantum de la pena -como ocurre en este caso-, no  hay  lugar  a  controvertir  con posterioridad a la aceptación del allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad del comportamiento, o a aducir causales de  justificación o de inculpabilidad.   

“En  otras palabras, luego de que el Juez  de   control   de  garantías  acepta  el  allanamiento  por  encontrar  que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo,  no  es  posible retractarse de lo que se ha  admitido  y  el  Juez de conocimiento debe proceder a señalar fecha y hora para  dictar  sentencia e individualizar la pena (artículos 131 y 293  de la ley  906  de  2004).  En  consecuencia,  es incompatible con el principio de lealtad,  toda  impugnación  que busque deshacer los efectos del acuerdo o la aceptación  de la responsabilidad.   

“Por   lo   mismo,  y  es  una  primera  conclusión,  la  demandante  carece  de  interés  para controvertir en sede de  casación  (y  desde luego también en las instancias) aspectos relacionados con  el  injusto  y  su  responsabilidad.  En consecuencia, la Corte se abstendrá de  considerar, por esas razones, el tercer cargo de la demanda.   

“Ahora  bien,  si  la  aceptación de los  cargos  corresponde  a un acto libre, voluntario y espontáneo del imputado, que  se  produce dentro del respeto a sus derechos fundamentales y que como tal suple  toda  actividad  probatoria  que  permite  concluir  más  allá  de  toda  duda  razonable  que el procesado es responsable de la conducta, el Juez no tiene otra  opción  que  dictar  sentencia siendo fiel al marco fáctico y jurídico fijado  en la audiencia de imputación.   

“De ello se sigue una segunda conclusión:  el  procesado tiene facultad para discutir en apelación y posteriormente alegar  en  casación  la vulneración de sus garantías fundamentales, el quantum de la  pena  y  los  aspectos  operacionales  de la misma, aspecto éste último que le  está  vedado  controvertir a quien preacuerda con la fiscalía los términos de  su  responsabilidad  y  el quantum de la pena, siempre y cuando el Juez, como le  corresponde,  los  haya  respetado  (inciso  4  del  artículo  351  ley  906 de  2004)”.   

Interpretación   concordante   con  el  contenido  del  artículo 293 de la Ley 906 de 2004, en cuanto preceptúa que la  aceptación  de  la imputación por parte del indiciado no admite retractación,  cuando la misma es voluntaria, libre y espontánea:   

“Artículo 293. Procedimiento en caso de  aceptación  de  la  imputación. Si el imputado, por  iniciativa  propia  o  por  acuerdo  con  la Fiscalía acepta la imputación, se  entenderá que lo actuado es suficiente como acusación.   

Examinado  por el juez de conocimiento el  acuerdo  para  determinar  que  es voluntario, libre y espontáneo, procederá a  aceptarlo  sin  que  a partir de entonces sea posible la retractación de alguno  de  los  intervinientes,  y convocará a audiencia para la individualización de  la pena y la sentencia”.   

El precepto en cuestión fue revisado por  la  Corte  Constitucional  y  declarado  conforme  a  la  Carta  Política en la  sentencia  C-1195  del  22  de  noviembre  de  2005,  en  la que precisó que el  principio  de  irretractabilidad  -con  antecedentes  en  la admisión de fallos  anticipados  en  nuestro  ordenamiento  procesal  a  partir de 1.991 y con mayor  preponderancia  e  incidencia  procesal  en  el  sistema  acusatorio actualmente  vigente-,  es consecuente con el ejercicio de la  facultad que el indiciado  tiene  de  renunciar  a  algunas  garantías  en virtud de la aceptación de los  cargos  por iniciativa propia o de la celebración de acuerdos con la Fiscalía,  con  el  cometido  de terminar anticipadamente el proceso y lograr así a cambio  una rebaja de la pena imponible.   

En  el  aludido  fallo advirtió la Corte  Constitucional  que  si  el  imputado  o  procesado renuncia a las garantías de  guardar  silencio  y/o  al  juicio  oral,  corresponde  al  juez  de  control de  garantías  o  al  de conocimiento verificar que se está frente a una decisión  libre,  consciente,  voluntaria, debidamente informada, asesorada por la defensa  (artículo  131);  que  los preacuerdos de los posibles imputados y la Fiscalía  no  pueden  comprometer  la  presunción de inocencia y sólo proceden si hay un  mínimo  de  prueba  que  permita  inferir  la  autoría  o participación en la  conducta  y  su  tipicidad (artículo 327); que los preacuerdos celebrados entre  Fiscalía   y   acusado  obligan  al  Juez  de  conocimiento,  salvo  que  ellos  desconozcan   las   garantías   fundamentales  (artículo  351)  y  que  serán  inexistentes  los  acuerdos realizados sin la asistencia del defensor (artículo  354)”.   

En   suma,   la   retractación   sólo  procedería  en  caso  tal  de  acreditarse  un  vicio  del  consentimiento o la  violación  de  garantías  fundamentales, tal como lo ratificó el artículo 69  de  la  Ley 1453 de 2011, que modificó el citado artículo 293 de la Ley 906 de  2004.   

No      puede      la defensa,  entonces,  procurar  darle  vía  a la retractación de la aceptación de cargos  del  acusado  por  medio  de  la  casación, habiéndose verificado que la misma  operó,   como   ya   se   dijo,  de  manera  consciente,  libre,  voluntaria  y  asesorada.   

Además,        resulta  paradójico  que  los  motivos  que  aduce el casacionista        para    fundamentar    la   retractación   del   procesado,   son  completamente  diferentes  a  los que adujo él en la audiencia de verificación  del allanamiento.   

En  efecto,  mientras  el  censor           asegura  ahora que fue presionado por el  fiscal,  a  cambio de la promesa de no pedir su aseguramiento preventivo, ROMERO  explicó  en  esa  actuación  que  había  aceptado  los cargos porque para ese  momento no tenía testigos que respaldasen su versión.   

La  tesis  del  demandante,  además  de  carecer  de  respaldo  probatorio,  no  se  compadece  con lo que el estudio del  decurso   procesal  arroja,  pues,  en  ninguna  parte  de  la  carpeta  constan  semejantes presiones por parte del representante de la Fiscalía.   

No solo eso, la Corte escuchó atentamente  los  registros  y  leyó  las actas, constatando que en la tantas veces referida  audiencia  de  verificación del allanamiento, la funcionaria de conocimiento le  preguntó  expresamente al acusado si había recibido alguna amenaza o promesa a  cambio   de   admitir   los   cargos,   obteniendo   respuesta  negativa  de  su  parte7.  Así,  ni  en ese acto, ni en ningún otro, consta lo que alega  hoy  el  impugnante,  quien,  se  repite, fue quien fungió como defensor en esa  diligencia,  en  la  que  rechazada  la  retractación,  estuvo  conforme con la  decisión de la judicatura.   

En esa medida,  como   ningún  yerro  logra  demostrar              el        recurrente, el cargo será rechazado.   

Por  lo  demás, la petición subsidiaria  que   eleva   el   memorialista   ratifica  su  desconocimiento  en  materia  de  fundamentación   casacional,  en  tanto,  al  pretender  que  la  Corporación  estudie si su representado  obró   en   legítima   defensa,   cree  erróneamente  que  se trata de una tercera instancia, en la que  pretende  anteponer  su  particular  valoración  de  los  elementos  de  juicio  recaudados.   

La  Corte,  entonces, por sustracción de  materia, desatenderá lo peticionado por el recurrente.   

2.2. Precisiones finales.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Sala   inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor     del       acusado      SALVADOR   ROMERO,   no   sin   antes  advertir  que revisada la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia de alguna   de  las  hipótesis  que  le  permitirían  superar  sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

De  ahí  que  tampoco  se  atienda  la  solicitud  elevada  por el  actor,  en  el sentido de que se superen  los defectos de su libelo, para resolver de fondo.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo de insistencia, en  los   términos   ampliamente   decantados   por  la  jurisprudencia     de     la     Sala.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado SALVADOR ROMERO,  en   seguimiento   de   las   motivaciones   plasmadas  en  el  cuerpo  de  este  proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  demandante elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 La  misma  había  sido ordenada el 1° de febrero anterior, por el Juzgado 38 de la  misma especialidad.   

2 No  obstante,  por  error  secretarial  en  la  utilización de formatos, en el acta  respectiva  se  hace constar una audiencia de aplicación de medida aseguratoria  respecto  de  un investigado de nombre William Steven Medina Gualteros, que nada  tiene que ver con éste asunto.   

3  Incluido el defensor, quien funge hoy como demandante en casación.   

4 Al  efecto,  el  memorialista  cita  los  artículos  1,  4 a 8, 10, 15, 26 y 27 del  Código  Penal;  66, 114 a 116, 128, 138, 139, 142, 286, 288 y 293 de la Ley 906  de   2004;   y   1,  2,  4,  13,  19,  33  y  228  a  230  de  la  Constitución  Política.   

5  Record   42   del   CD   contentivo   de   la  audiencia  de  verificación  del  allanamiento.   

6  Radicado No. 24.026.   

7  Record   26’54  de  la  audiencia de verificación de allanamiento.     

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