AP5004-2016(48453)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5004-2016  

Radicación N° 48453  

(Aprobado acta N° 232)  

Bogotá, D. C., tres (3) de agosto de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con  el fin de resolver sobre su admisión,  la  Corte  examina las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   público   de   Maribel   Mahecha  Hernández  contra  la  sentencia  del  8  de  marzo  de 2016, en virtud de la cual la Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Villavicencio confirmó  parcialmente  –modificó  el  quantum  de  la pena y  negó    la    prisión    domiciliaria-  la dictada por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito con funciones  de  conocimiento  de  esa  ciudad  y  condenó  a  la  acusada como coautora del  concurso  sucesivo  homogéneo  y  heterogéneo  de  las  conductas  punibles de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, peculado por apropiación y  falsedad     ideológica     en    documento    público    agravada.   

LOS HECHOS  

Fueron  así consignados por el Tribunal en  el fallo que se discute:   

Acorde  con  el  escrito  de acusación con  allanamiento  a  cargos presentado por la Fiscal 10° Seccional el 01 de octubre  de  2013,  los  hechos  se  pueden  sintetizar  en  que durante el año 2008, se  celebraron  por  la  administración pública del municipio de Mapiripán, Meta,  donde  MARIBEL  MAHECHA HERNÁNDEZ era la Alcaldesa, un sin número de contratos  de  prestación  de  servicios  y  obra,  sin  atender  los  postulados  legales  previstos  en  la  Ley  80  de  1993 y Ley 1150 de 2007, así como de sus normas  concordantes,  mediando para ello la falsificación de documentos públicos y de  cuyos  dineros  se  apropió  en  compañía de otras personas. Los contratos en  mención  corresponden  a los números 006 del 16 de enero, 034 del 18 de abril,  033  del 24 de abril, 073 del 29 de agosto, 100 del 02 de septiembre, 101 del 03  de  septiembre,  104  del 04 de septiembre, 111 del 08 de septiembre, 116 del 12  de  septiembre, 118 del 16 de septiembre, 107 del 14 de noviembre, 193 del 15 de  diciembre,  19  del  15  de  diciembre  y  202 del 22 de diciembre, cuyo objeto,  circunstancias  de  celebración  y  pago,  se  encuentran  especificados  en el  escrito de acusación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  16  de  septiembre de 2013, ante el  Juzgado   Segundo  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  Ambulante   de   Villavicencio,   la   Fiscalía  Décima  Seccional  imputó  a  Maribel     Mahecha     Hernández     la  coautoría en el concurso sucesivo homogéneo y heterogéneo de  falsedad  ideológica  en documento público agravada, peculado por apropiación  y  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, conforme a su descripción  en  los  artículos  286,  290,  397  –inciso  tercero-  y  410 del Código Penal, con la circunstancia de  mayor  punibilidad  prevista  en  el  numeral  10  del  precepto 58 ibidem,    cargos   a   los   que   se  allanó1.   

2.  El  escrito de acusación se radicó el  1°        de        octubre        siguiente2 y el 2 de abril de 2014, bajo  la   dirección   del  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  ese  municipio,  se  celebró  audiencia  de verificación del  allanamiento3.   

3. El 12 de junio sucesivo el Juez profirió  sentencia    y    condenó    a    Maribel   Mahecha  Hernández  a  las penas principales de 95.7 meses de  prisión,  multa  equivalente  a  261.163  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  (s.m.l.m.v.)  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  121  meses  –le    reconoció   rebaja   del   45%   por   la   aceptación   de  cargos-,  tras hallarla penalmente responsable de los  injustos endilgados.   

Le  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  le  concedió  la prisión domiciliaria4.   

4.  Al finalizar la audiencia de lectura de  fallo, tanto la delegada de  la   fiscalía   como   el   defensor   contractual   interpusieron  recurso  de  apelación5,  pero solamente lo sustentó aquélla6  y el de la bancada defensiva  se            declaró            desierto7.   

5.  El  8  de  marzo  de  2016  el Tribunal  Superior   de  ese  Distrito  Judicial,  al  resolver  la  alzada,  modificó  parcialmente  la  providencia  impugnada,  en  el  sentido de imponer a la acusada 110 meses de prisión, multa  equivalente  a  215.871095  s.m.l.m.v.  y 137.5 meses de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  y  aclarar  que  «las  penas  acompañantes de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones  públicas,  son  intemporales  en  cuanto  acceder  al  desempeño  de  funciones  y cargos públicos y la celebración de contratos con  el  Estado y temporales (por el mismo término de la pena de prisión) en cuanto  a  los  demás  derechos  políticos, conforme lo expuesto en parte (sic)      considerativa».   

Así      mismo,      revocó  el  numeral  tercero y negó la  prisión  domiciliaria,  al  tiempo  que  ordenó  compulsar  copias para que se  investigue  al  a  quo  por  haberla  concedido  pese  a su abierta improcedencia8.   

6.  El  defensor  público  de  la  acusada  interpuso recurso y presentó demanda de casación.   

LA DEMANDA  

El profesional hace un breve recuento de la  situación  fáctica,  la  actuación procesal y las decisiones adoptadas en las  instancias,  refiriendo que el Juez reconoció a la procesada una rebaja del 50%  de    la    pena,    pero    luego   –no    aclara-    la    disminuyó    a  45%9,  y  el  Tribunal  modificó  las  penas  impuestas.   

Ilustra  que  impugna  los  dos  proveídos  porque  ambos  violaron  directamente  la  ley  sustancial  en  el momento de la  tasación punitiva. Así lo explica:   

Los  juzgadores  emplearon indebidamente la  disminución      por     el     allanamiento     a     cargos     y,           además,  «solo  se  aplicó  al  punible  de  tasación más alta, dejando otros punibles sin rebaja  porcentual»10,   bajo   el   argumento   que   Mahecha  Hernández  no reintegró los dineros apropiados, con  lo  cual  olvidaron  que  la  devolución  comporta  una mengua distinta, la del  artículo 401.   

A  continuación,  enseña  la  que,  en su  criterio,  sería  la  correcta  dosificación, para lo cual fija los cuartos de  cada  uno  de  los delitos y refiere que se debe imponer el extremo inferior del  primer  cuarto  medio (120 por la falsedad, 102 por el contrato sin cumplimiento  de  requisitos  legales  y 93 por el peculado). Por razón del concurso, asevera  que  no  es  posible  imponer  más  de  240, pues como la falsedad «ya  fue  agravada  al  momento  de  tasarse la pena (…) no debe  agravarse  más  la  pena  a imponer, tal como lo hicieron los ponentes de ambas  sentencias»11,  de  modo  que  se  ha  de  establecer  la  sanción privativa de  libertad   en   120   meses   y   rebajarla  en  un  50%,  para  dejarla  en  60  meses.   

Como  consecuencia,  es  viable conceder la  prisión  domiciliaria conforme al artículo 38 del Código Penal, motivo por el  cual hay que revocar en ese aspecto el fallo recurrido.   

Los sentenciadores violaron el precepto 351  de  la  Ley  906  de  2004,  «aplicable  en  el caso  concreto»12,  y  por ende es imperioso disminuir la  pena  en  la  mitad. También vulneraron el 58 de la Ley 599 de 2000,  que  contempla  una  circunstancia  de  «mayor  punibilidad  si  no se ha hacho (sic)  la misma por medio de otra figura  jurídica,  y  en  este  caso  la  conducta  punible  de Falsedad Ideológica se  contempló  como  agravada conforme lo determinado en el artículo 290 de la Ley  ibídem.  Por  lo  tanto,  no  debe ubicarse en el segundo cuarto o primer medio  punitivo»13.  Infringieron  el  principio non bis in  idem  al  aducir  que:  la  conducta  es grave, no se  devolvieron   dineros   y   se  obró  en  coparticipación  criminal,  factores  utilizados   para   tasar   la  pena  –no    ofrece    más    explicación-14.   

La  falla  en  la dosificación punitiva le  impidió  a  su  protegida  acceder  a  la prisión domiciliaria y estar con sus  hijas en casa.   

Solicita a la Corte revocar las providencias  de   primer   y   segundo  grado  y  determinar  que  la  pena  de  Mahecha  Hernández  es  de  60  meses de  prisión, al tiempo que se le otorgue la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES  

1.  Si  bien  el  legislador previó que el  propósito  del  recurso  de  casación es adelantar un juicio a la sentencia de  segundo  grado  y  procurar, en consecuencia, el respeto de las garantías y los  derechos  fundamentales,  es  preciso  que el libelo correspondiente descanse en  argumentos  dialécticos,  concatenados y sólidos, de manera que convenzan a la  Sala sobre la forzosa intervención.   

Así  las  cosas,  con miras a que la Corte  seleccione  la  demanda,  el  actor  debe brindar todos los elementos necesarios  para  entender sin dificultad el motivo de inconformidad, el yerro judicial y su  trascendencia  en el caso concreto. En ese orden, le corresponde seleccionar con  especial  cuidado  la  causal  a cuyo amparo formulará los reparos y luego sí,  con  total  apego a los requerimientos que ella exija, exhibir sus críticas. No  resulta  admisible  que,  sin  articulación  alguna,  exponga  tan  solo ideas,  simples   reproches   o   ataques   ausentes  de  sentido,  dirigidos  única  y  exclusivamente  a  lograr  que,  con  independencia  de  la  forma,  se acoja su  propuesta.   

2. Un presupuesto fundamental para acudir en  casación  es  que el demandante posea interés jurídico para suplicar, el cual  parte  de  la  base esencial del comprobado ejercicio del derecho de defensa, en  sus  componentes  de  contradicción y doble instancia, lo que se traduce en que  (i)  haya apelado el fallo  de   primer   grado;  (ii)  exista  unidad  temática  entre los motivos que dieron origen a la alzada y los  que  se  exponen  a  la Corte como fundamento de la impugnación y, (iii)  cuando  el  acusado  se  allane a  cargos,   la   disparidad   se   circunscriba  a  asuntos  relacionados  con  la  dosificación  punitiva,  los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la  libertad y la lesión de garantías.   

Hay  que  subrayar  que  esas exigencias no  aplican   cuando   (i)  la  ausencia  de  interposición del recurso vertical ocurra por un acto arbitrario;  (ii)   la  sentencia  de  segundo  nivel modifique en forma nociva la situación jurídica del impugnante;  (iii)  se  trate  de  un  proveído  consultable  que  causó  perjuicio, y (iv)  el soporte del reproche en sede extraordinaria sea la  violación  de  garantías fundamentales que pueda conducir a la declaratoria de  nulidad.   

Es  que, si existe inconformidad con alguno  de  los  aspectos  resueltos  por el a quo,  es  necesario ponerla en conocimiento del superior, a efectos de  que  se surta el debate jurídico correspondiente, y luego sí, de perseverar en  ella,  proponerla  ante  la  Corte.  Obrar  de forma contraria, esto es, guardar  silencio,  demuestra la avenencia con lo decidido por el inferior, e impide, por  virtud  del principio de preclusión, la posibilidad de habilitar otro escenario  para reexaminar el asunto.   

3.   En   esta   oportunidad,  es  patente  la  falta de interés del  actor  para  cuestionar  el  porcentaje de rebaja aplicado por el allanamiento a  cargos,  toda  vez que, si bien el Tribunal impuso a la acusada una pena mayor a  la  fijada  en  primera  instancia,  lo  cierto  es  que,  en lo que toca con la  disminución  punitiva  prevista  en  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004,  atendió  el  criterio  tenido  en  cuenta  por  el  a  quo, y la bancada defensiva  no apeló dicha determinación.   

En efecto, el Juez  de  conocimiento  sostuvo  que el descuento al que se  hacía   merecedora   Mahecha  Hernández   por  la  aceptación  de  responsabilidad  en  la  audiencia  de  formulación  de imputación, era solo del 45% porque no hubo restitución de lo  apropiado   –sobre  este  criterio    la   Sala   se   ocupará   en   posterior   oportunidad-.   

Ese proveído únicamente fue impugnado por  la  representante de la fiscalía, pues aunque el defensor de la época anunció  en  la  audiencia  de  lectura  de  fallo  que  se  opondría,  no presentó sus  argumentos de disenso, por lo que el recurso se declaró desierto.   

Como    resultado,    el   ad  quem, tras hallarle la razón al ente  acusador  en  el  sentido  de  que había lugar a considerar la circunstancia de  mayor      punibilidad      endilgada      en     la     imputación,   redosificó   las   sanciones.  Para  ello,  inició por elaborar  los  cuartos,  se  ubicó en el segundo (primer medio), individualizó las penas  correspondientes   a   cada   una   de   las   conductas  punibles  –atendiendo  para ello los parámetros  del   inferior-,  hizo  el  incremento        por        el       concurso15   y,  finalmente,  por  el  allanamiento  a  cargos  disminuyó  esos  valores en un 45%, instante en el que  aclaró  que  como  ese  porcentaje no fue «objeto de  opugnación,  la  Corporación respetará el mismo»16.   

Lo  anterior  permite  constatar  que  la  proporción  del 45% no surgió en segunda instancia, sino que el juez colegiado  la  empleó  porque así la consideró viable el de primer grado y frente a ella  ningún argumento de disenso se esgrimió en la alzada.   

Por   ende,  no  haber  controvertido  el  proveído  inicial  en  ese puntual aspecto, le resta interés a la defensa para  hacerlo  ahora  en sede extraordinaria, y la Sala no evidencia algún motivo que  permita  excusar  esa  omisión,  toda  vez  que  ella  no  ocurrió por un acto  arbitrario  o  injusto;  la  sentencia de segundo nivel, pese a haber variado la  pena  en disfavor de la acusada, mantuvo invariable la mengua del 45% reconocida  por  el  inferior,  y  no se denuncia violación de garantías fundamentales que  pueda  conducir  a  la  declaratoria  de  nulidad  -lo  pedido   es   la   readecuación   punitiva   y   la   concesión   de  prisión  domiciliaria-.   

4.  Ahora, descendiendo al cargo formulado,  que     incluye    varias    críticas,    son    múltiples    las    falencias  detectadas.   

4.1.  Por un lado, ninguna mención hizo el  jurista en punto de la finalidad que pretendía alcanzar.   

Pasó  inadvertido  que  en  el  Código de  Procedimiento  Penal  de  2004  el legislador otorgó especial importancia a los  propósitos  del  medio  de  impugnación,  lo  que  le  imponía, acorde con lo  dispuesto  en  el  artículo  180  ejusdem,  indicar  si buscaba la efectividad del  derecho  material, el respeto de garantías, la reparación de los agravios o la  unificación de la jurisprudencia.   

4.2.   De  otra  parte,  desatendió  los  requerimientos  que  ha  establecido la jurisprudencia para una adecuada censura  por  la  senda  de  la violación directa de la ley sustancial, pues no señaló  con  claridad  cuál fue la norma trasgredida y menos reveló si ella tuvo lugar  por  falta  de aplicación,  aplicación  indebida,  o  interpretación          errónea.   

Así las cosas, se impone recordarle que la  primera  surge  cuando  el  juzgador  reconoce  una situación de hecho pero no asigna la consecuencia en el  derecho,  de  modo  que  deja  de  aplicar  la  disposición  que regula el caso  concreto,  ya  sea  porque  la  olvida,  la  desconoce,  la tiene por derogada o  inexequible    o   simplemente   no   es   de   su   recibo.   La   segunda,  tiene  lugar cuando el juez se  equivoca  en el proceso de adecuación normativa, esto es, entre varias válidas  escoge    aquella   que   no   corresponde   al   caso.   Y,   la   tercera,  implica un yerro hermenéutico  del  funcionario,  porque  le  dio a la ley un sentido que no tiene o le asignó  efectos distintos o contrarios a su contenido.   

Aunque  de  alguna  forma  el  actor dejó  entrever  que  el  error descansó en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, no  precisó  cómo  acaeció, pues inicialmente adujo que se aplicó indebidamente,  pero,  más  adelante,  que  no  fue aplicado. Ese planteamiento es abiertamente  contradictorio,  en  cuanto una norma no puede ser mal empleada y, a la vez, ser  excluida por el juzgador.   

De  cualquier  manera,  el  letrado dio al  aludido  precepto  un  entendimiento  equivocado,  puesto  que,  contrario  a su  parecer,  de  él  no  se  desprende  el  imperativo  para  el juez de hacer una  disminución  en un 50% de la  pena,  sino hasta el 50%, con  el  límite  mínimo  de una tercera parte (1/3), como lo aclaró la Sala en CSJ  SP, 21 feb. 2007, rad. 25726.   

4.3. Ahora, el impugnante empezó aceptando  como  correcta  la  elección  que  del  segundo  cuarto  hizo  el Tribunal y lo  increpó  porque  no  impuso  la  sanción  correspondiente al extremo inferior,  empero,  luego,  lo  recriminó porque en lo que toca con el delito contra la fe  pública   no  eligió  la  primera  fracción  y  le  endilgó  haber  evaluado  negativamente un mismo hecho.   

De  entrada,  esa  propuesta  entraña una  ostensible  discordancia,  en la medida en que no se sabe a ciencia cierta si la  molestia   del   recurrente  recae  en  los  cuartos  escogidos  o  en  el  tope  seleccionado por el fallador.   

Adicionalmente, revela confusión frente a  las   circunstancias   de   agravación   específica,   de  una  parte,  y  las  circunstancias  de  mayor  punibilidad, por la otra. Unas y otras son disímiles  y,  sin  que  se  viole  el  principio  non bis in ídem,  pueden  converger,  siempre  que  éstas  no hayan sido previstas de otra manera  (artículo  58  de  Código Penal). Así, mientras las primeras integran el tipo  básico  determinado y allí se recogen, por lo que afectan directamente la pena  dispuesta  para la conducta punible, las últimas inciden en la elección de los  cuartos  punitivos,  es  decir,  solo se valoran en el momento de la         dosificación.   

En  ese orden, es claro que no existió la  doble  recriminación  a  la  que  alude  el  actor,  en  tanto  a  Mahecha  Hernández  se  le acusó, entre  otros  injustos, por el de falsedad ideológica en documento público agravada y  el   ad   quem  atendió,  entonces,  la  sanción  que  para  aquél  se contempla en el artículo 290 del  Código  Penal,  que  oscila  entre  64  y  216  meses  de prisión –extremos distintos a los indicados en  el          libelo-;         luego, elaboró los cuartos respectivos y como  la   fiscalía  dedujo  una  circunstancia  de  menor  punibilidad  –carencia  de  antecedentes  penales-  e  imputó  una  de  mayor  punibilidad  –obrar     en     coparticipación  criminal-,   se   ubicó  en  el  segundo  o  primer  medio,   para   después,  siguiendo  los  criterios  del  a  quo,  no  quedarse en el extremo inferior. Observó así los lineamientos  establecidos en el canon 61 del estatuto sustantivo, que señala:   

…el  sentenciador  dividirá  el ámbito  punitivo  de  movilidad previsto en la ley en cuartos: uno mínimo, dos medios y  uno máximo.   

El sentenciador sólo podrá moverse dentro  del  cuarto  mínimo  cuando  no  existan  atenuantes  ni agravantes o concurran  únicamente     circunstancias    de    atenuación    punitiva,    dentro  de  los  cuartos  medios cuando concurran circunstancias de  atenuación  y  de  agravación punitiva, y dentro del  cuarto  máximo  cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación  punitiva.   

Establecido el cuarto o cuartos dentro del  que  deberá  determinarse  la pena, el sentenciador la impondrá ponderando los  siguientes  aspectos:  la mayor o menor gravedad de la conducta, el daño real o  potencial  creado,  la  naturaleza  de  las  causales  que agraven o atenúen la  punibilidad,   la   intensidad   del   dolo,  la  preterintención  o  la  culpa  concurrentes,  la  necesidad  de pena y la función que ella ha de cumplir en el  caso concreto. (Subraya la Corte).   

4.4.  Por  último,  el  libelista reclama  aplicación   del   artículo   38   original   del   Código  Penal,  con el objeto de que a su prohijada se  le  conceda la prisión domiciliaria, sin embargo, partió de una lectura errada  de  la  norma,  toda  vez  que el requisito objetivo que en ella se exigía para  otorgar  ese  sustituto  era  que  «la  sentencia se  imponga   por  conducta  punible  cuya  pena  mínima  prevista  en la ley sea de cinco (5) años de prisión  o menos».   

Obsérvese  que el legislador no aludió a  la  sanción  impuesta por el juez sino a la prevista en la ley para la conducta  punible  de  que  se  trate.  Por  manera que si la pena mínima señalada en el  Código  Penal  para  los  reatos endilgados es de 64 meses, esto es, 5 años, 3  meses y 29 días, es claramente inviable conceder la domiciliaria.   

La    demanda    será,    entonces,  inadmitida.   

5.  Al  amparo del artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en ausencia de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201417.   

6.    La    admisión   oficiosa   del  recurso.   

Atendiendo  los  fines  de  la  casación,  instituida  como  un  mecanismo  de control constitucional y legal, que propende  por  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación   de   la  jurisprudencia,  a  iniciativa  de  la  Sala  y  con el específico fin de garantizar  los  derechos  fundamentales  del  procesado,  se habilitará el recurso, con el  propósito  de analizar la posible afectación de los principios de legalidad de  la  pena y non bis in ídem,  al  momento  de  calcular  la  sanción  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  y  al aplicar la rebaja por el allanamiento a  cargos,  prevista  en  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004.   

No   se   convocará   a   audiencia  de  sustentación  porque,  tal  como  lo  ha afirmado la jurisprudencia (CSJ SP, 25  jul.  2007,  rad. 27383), a  ella  no  hay lugar cuando como en este caso la demanda no ha sido seleccionada.   

Por consiguiente, una vez cumplido el plazo  para  la presentación del recurso de insistencia, el asunto pasará al despacho  de    Magistrado    ponente    para    la    elaboración    del   proyecto   de  sentencia.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Maribel Mahecha Hernández.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Vencido dicho término, el expediente debe  regresar  al  despacho para  proferir   sentencia,   según  el  punto  6  de  las  consideraciones  de  esta  providencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  acta  visible a folios 16 y 17 del cuaderno del Centro de Servicios Judiciales y  disco compacto contentivo de la audiencia.   

2 Cfr.  folios 24 a 32 del mismo cuaderno.   

3 Cfr.  acta obrante a folio 46 Id.   

4  Folios 84 a 118 Id.   

5  Folios 119 y 120 Id.   

6  Folios 122 a 131 Id.   

7 Folio  136 Id.   

8  Folios 46 a 57 del cuaderno del tribunal.   

9  Página  3  del  libelo,  que  no  está  anexo  a  cuaderno  alguno.   

10  Página 4 Id.   

11  Página 5 Id.   

12  Página 6 Id.   

13  Id.   

14  Id.   

15 Al  igual  que el juez singular, pero sin trascendencia en esta ocasión, recayó en  equívoco  pues indicó un  solo  valor  por  el  aumento, sin precisar cuál era el monto de incremento por  cada delito.   

16  Página 8 del fallo.   

17  Radicado 42597.     

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