AP4835-2016(47806)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado ponente  

AP4835-2016  

Radicación n° 47806  

(Aprobado Acta No.224)  

Bogotá  D.C.,  veintisiete (27) julio de dos  mil dieciséis (2016).   

La  Sala se pronuncia respecto del recurso de  apelación    interpuesto   por   YARLIN   JOSÉ   MENA   MORENO   -quien  adujo la condición de víctima-, en  contra  del  auto  proferido  el 3 de marzo de 2016 por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Quibdó, por cuyo medio fue decretada, a solicitud de la  Fiscalía,  la  preclusión  de  la  indagación  adelantada contra INÉS        DAMARIS        ÑUSTE        CASTRO        –en  calidad  de  Juez Segunda Penal del  Circuito    de    la   misma   ciudad-   por  posibles  prevaricatos  por acción,  omisión,   abuso   de   autoridad   y   ocultamiento o supresión de documento público.   

ANTECEDENTES  

Descripción    fáctica    objeto    de  indagación.   

1.  INÉS  DAMARIS  ÑUSTE  CASTRO  en su condición de Juez Segunda Penal  del  Circuito  de  Quibdó  profirió  sentencia el 9 de febrero de 2009, por la  cual     condenó     a     YARLIN     JOSÉ     MENA     MORENO    –y a otro- a la  pena  principal  de  56  meses  de  prisión como autor responsable “de  tentativa  de  peculado  por  apropiación,  en concurso con  (…)  falsedad ideológica en documento público”1.   

Apelada  la  anterior  decisión, el Tribunal  Superior   de   Quibdó  el  5  de  septiembre  de  2012  declaró  “prescrita  la acción penal” respecto  de    las   dos   conductas   atrás   mencionadas2.   

2.  MENA MORENO en la denuncia indicó que en  el  juicio  adelantado  en  su  contra  la  juez ÑUSTE  CASTRO  “procedió a (…)  mutilar  el  expediente  ocultando  y haciendo desaparecer el documento conocido  como  CD. No. 15 del despacho (…)”, en vista de que  en  la audiencia pública de juzgamiento el testigo JORGE IVÁN RAMÍREZ AGUDELO  -quien   lo  señaló  de  haber  cometido  conductas  punibles–  se       retractó,      impidiendo  con  ello ejercer a través del recurso de apelación su  derecho   de   defensa  ante  el  Tribunal  Superior  de  Quibdó,  “con       el       único       ánimo      de      –causarle-  daño”,  propósito  para  el  cual  la  funcionaria  también  desapareció  “el resumen que por escrito  presentó  –su-    apoderado    sobre    la    intervención   en   la   audiencia  pública”   y     “las     ayudas     didácticas  utilizadas”.   

3.  Aseguró  el denunciante que “de   una   forma   sospechosamente  coincidencial”,  todas  las actuaciones penales de su interés fueron “repartidas  al despacho de la Juez Segunda Penal del Circuito de  Quibdó,   INÉS  DAMARIS  ÑUSTE  CASTRO,  con  quien  por  motivo  de  profundas diferencias conceptuales,  media  también  enemistad grave, la cual como era de esperarse, aprovechó para  cometer   todo   tipo   de   atropellos   e   irregularidades  en” la sentencia atrás mencionada.   

Actuación relevante.  

1. En relación con lo indicado en el numeral  2  del acápite anterior, la Fiscalía adelantó indagación contra INÉS  DAMARIS  ÑUSTE  CASTRO por posibles  conductas   de  prevaricato  por  acción,   abuso   de   autoridad  y  ocultamiento  o  supresión  de  documento  público. Respecto de lo  señalado   en   el   numeral   3   ídem,   el   ente  investigador  indagó      la      eventual     existencia     de     prevaricato  por  omisión,  en  tanto la  funcionaria   no  se  declaró  impedida  para  conocer  del  proceso,  pese  la  sindicación  del denunciante en el sentido de presentarse enemistad grave entre  éste y aquélla.   

2.   Concluida  esa  fase  preprocesal,  la  Fiscalía  Once  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Quibdó solicitó la  preclusión en audiencia llevada a cabo el 2 de marzo de 2016.   

3. MENA MORENO en su intervención indicó que  la   juez  indiciada  incurrió  en  prevaricato  por  acción   y   abuso   de  autoridad al proferir sentencia sin pruebas, es decir,  por  decidir  sin  reconstruir  el  expediente,  “en  ausencia  de  los requisitos del 238 (sic) en consonancia con el artículo 29 de  la  Constitución  Política  y  el  275  de la misma norma (sic)”3, pues el disco  en  el  que  fueron  registrados  los  testimonios  practicados  en el juicio no  existía    y    su    conservación    era   responsabilidad   única   de   la  funcionaria.   

   

4.  El  Tribunal  Superior de Quibdó el 3 de  marzo de 2016 decretó la preclusión pedida por la Fiscalía.   

Contra este auto el  apoderado  de  quien  intervino como víctima interpuso  recurso  de  apelación, el cual una vez concedido, el expediente fue remitido a  la Corte Suprema de Justicia para su resolución.   

DECISIÓN APELADA  

El Tribunal Superior de Quibdó  decretó  la    preclusión    de    la   indagación   adelantada   contra   INÉS   DAMARIS  ÑUSTE  CASTRO,  por  las  razones que se pasan a ver:   

1.   En   relación   con  el  prevaricato    por   acción,  consideró  demostrada  la  atipicidad  del  hecho investigado, porque  en  la  “sentencia  No.  008  del  9  de febrero de  2009”  se advierte un juicioso análisis de la juez,  quien   examinó   las  conductas  por  las  cuales  se  dictó  resolución  de  acusación,  valoró  las  pruebas  y  confrontó los testimonios con los demás  medios obrantes en el proceso.   

Del hecho de la inexistencia del disco No. 15,  consideró  no  tener  el alcance que el denunciante pretendió darle, es decir,  de  generar  una  mutilación  del expediente u ocultamiento de las pruebas para  afectar  la actuación, toda vez que tratándose de un proceso adelantado con la  ritualidad  de  la  Ley 600 de 2000, la audiencia pública debía realizarse con  respeto  del  principio  de la inmediación, lo que efectivamente ocurrió, pues  “según consta en los anexos, el 8 de marzo de 2006  se  llevó a cabo la audiencia pública de juzgamiento, cuya acta reposa a folio  12  y  siguientes  del  anexo  3,  y  se encuentra firmada por el juez y quienes  intervinieron en ella incluido el denunciante”.   

“Se dejó constancia que las declaraciones  e  intervenciones se grabaron en el CD 15, del que según oficio de respuesta de  la  Secretaría  del  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito del 23 de febrero de  2009,  obrante  a folio 61, anexo 3, no quedó copia en el despacho, por lo cual  le  respondió al denunciante que debía solicitarlo a la oficina administrativa  o  judicial – sistemas, ya  que  la  vista  pública  se  había  llevado  a cabo en las salas de audiencias  existentes en el primer piso, donde tampoco se encontró.   

“Según  lo dicho por la Dra. CARLA MILENA  CÓRDOBA,  Secretaria  del  Juzgado,  en  entrevista que se le recibió el 12 de  febrero   de   2014,   visible   a  folio  63  de  la  carpeta”,  a  ella  “le correspondió adelantar la  búsqueda  de dicho audio, lo que finalmente no se logró porque para el año en  que  se  realizó la audiencia sufrió un daño el equipo o el sistema operativo  que  permite recolectar toda la información de las diligencias, como igualmente  lo  aseveró  (…)  el  ingeniero  de sistemas que laboraba en la coordinación  administrativa”.    

“Denotó  igualmente que la misma juez fue  la  que realizó la audiencia y que ella acostumbra a tomar notas de cada una de  las   intervenciones  de  los  sujetos  procesales,  manuscritos  que  eran  muy  completos  y  (…)  en  la  mayoría  de  los  procesos  que se impulsan en ese  despacho   la  señora  juez  utiliza  esos  manuscritos  como  apoyo  para  sus  decisiones”.   

“El  Fiscal  que asistió a esa audiencia,  Dr.   PEDRO   INOCENCIO   RENTERÍA   –RAMÍREZ-,  en  entrevista que rindió el  14  de  febrero  de  2014, folio 64, manifestó que la juez de manera atenta iba  anotando   todos   los   pormenores  relacionados  con  la  prueba  testimonial,  intervenciones  de  la  Fiscalía,  del  acusado,  su  defensor  y el Ministerio  Público”.   

Agregó   el   a  quo   que   la    conducta    de    prevaricato    por    acción   “tampoco  puede  estructurarse”  de la  falta  o  ausencia  del C.D. 15, pues no es admisible concluir que la prueba fue  inexistente  por  la  sola  circunstancia  de que posteriormente no se obtuvo el  registro  del  audio  por  motivo de daños técnicos,  “toda  vez  que  la  audiencia  pública  de  juzgamiento  se  realizó con la  presencia  de  los  sujetos  procesales e intervinientes, dentro de ellos el hoy  denunciante,  con  la dirección de la juez denunciada y bajo su inmediación se  recaudó  la  prueba testimonial, se escucharon las alegaciones e intervenciones  de  las  parte  y de los sujetos procesales, lo que se traduce en la percepción  directa  que  tuvo sobre las pruebas y las intervenciones, funcionaria que tomó  anotaciones  de  lo  acontecido  en  la citada audiencia y así lo afirmó en el  interrogatorio  de  indiciado  y lo corroboraron los abogados que fungieron como  defensores,      doctores      JAMES      TAYLOR      MOSQUERA      –SÁNCHEZ- y  LUIS ENRIQUE ABADÍA GARCÍA”.   

Adicionalmente       “(…)  en  lo  que  atañe  a  la Ley 600 de 2000, (…) rige el  principio  de  permanencia  de  la  prueba,  en  virtud  del  cual  la misma era  practicada  por la Fiscalía en desarrollo de la etapa investigativa y su fuerza  demostrativa  perduraba  hasta  el momento en que se profiera sentencia, sin ser  necesario  el  conocimiento  directo  por parte del juzgado. Pero también lo es  que  el principio de inmediación tenía lugar necesariamente en la práctica de  pruebas  que  se  desarrollaba  en  la  audiencia  pública  de  juzgamiento con  presencia  del juez de lo cual podía quedar registro escrito o de audio, siendo  factible  y  no  contrario  a  la  normatividad  que  la  juez  acudiera  a  sus  manuscritos  que  constituyen  una  ayuda  para  su  memoria, (…) –correspondiente-  al  conocimiento del suceso criminal que adquiere el juez directa  y  personalmente  de los órganos y medios de prueba al intervenir dentro de las  audiencias  realizadas  para  su  producción,  principio  que fue consagrado de  manera expresa en el (…) artículo 54 de la Ley 906 de 2004”.   

2.  A  igual  conclusión arribó el Tribunal  sobre  la  atipicidad de la conducta en lo que tiene que ver con el abuso   de   autoridad  señalado  por  el  denunciante,  pues  como viene de indicarse, la juez falló con pruebas y en esa  medida  no  se  observa  que  hubiese  cometido un acto arbitrario o injusto con  ocasión de sus funciones o excediéndose en el ejercicio de ellas.   

3.  Respecto  del  prevaricato  por  omisión indagado, observó admisible  la    causal    de    “inexistencia   del   hecho  investigado”  planteado  por  el ente acusador, toda  vez  que  “el impedimento por enemistad grave tiene  carácter  subjetivo  y  quien  lo advierta le corresponde demostrarlo y allegar  las  pruebas  que  lo  sustentan, situación que no se avizora en el expediente,  pues  no existe escrito alguno en el que el denunciante manifieste esto por vía  de la recusación”.   

Adicionalmente,  “cuando  la  funcionaria consideró que tramitando el proceso podría faltar a  sus  deberes  así  lo  manifestó,  impedimento  que  no  fue  aceptado  por su  homólogo ni por su superior jerárquico (sic)”.   

4.  Respecto  del  delito  de  ocultamiento   o   supresión   de   documento  público,  de acuerdo con las entrevistas realizadas a quienes intervinieron  “en  la  audiencia  del  8  de  marzo  de 2006 y la  inspección  realizada  a las copias del proceso penal 2005-00142, adelantado en  contra  del  Dr.  YARLIN  MENA MORENO”, consideró el  Tribunal  que la conducta de  la    doctora    INÉS   DAMARYS   ÑUSTE     CASTRO  “es  atípica”  porque  pese  a  la  pérdida  del  disco,  la funcionaria no evadió el análisis de la  retractación  del  denunciante  en el proceso, lo cual también se evidencia en  “lo  vertido  por  la  misma en la sentencia No. 8,  cuando         analizó         –el-          tema”.   

“Consecuente  con  lo  anterior  ésta  al  proferir  sentencia  no  tenía  conocimiento  de  la  pérdida  del CD, pues se  enteró  cuando  el  procesado  realizó  solicitud de los audios para sustentar  recurso  de  apelación,  por  lo  cual –pidió-  a  la oficina de informática le  suministrara  el  audio,  pero  por  el daño ocurrido en el sistema, no se pudo  acceder al mismo, hecho que no es atribuible a la funcionaria”.   

“Si  se  toma en cuenta lo referido por la  víctima  en  el  sentido  de  que  la  –juez-    debió    proceder    a    la  reconstrucción  de  esta  pieza  procesal, se tiene que el Dr. MENA MORENO solo  hizo   alusión  a  esta  pérdida  cuando  presentó  la  denuncia,  ello  para  significar   que   proferida   ya   la  sentencia,  no  era  viable  la  alegada  reconstrucción,   la   que   bien   pudo   ordenarse   en   sede   de   segunda  instancia”  si  hubiese  sido  necesario resolver de  fondo      la     alzada,     “lo     que     no  aconteció”,  por  cuanto  operó el fenómeno de la  prescripción   de   la  acción  penal,  “sin  que  –en  consecuencia-  se  vislumbre perjuicio alguno para el  denunciante,  quien  se  benefició” de la mencionada  declaratoria   emitida   “el  5  de  septiembre  de  2012”.   

LA APELACIÓN  

YARLIN   JOSÉ  MENA  MORENO  -quien  adujo  la  condición  de  víctima-  solicitó  la  revocatoria  de  la decisión atrás mencionada, para cuyo efecto  señaló que:   

1.  “Colombia  es  un  Estado social de derecho fundado en el respeto  de  la  dignidad  humana  (…)  cuyo  fin esencial es garantizar los principios  derechos  y  deberes  consagrados en la Carta y dentro de este grupo de derechos  fundamentales  se  encuentra el debido proceso (…) que nos indica que es deber  de  toda  autoridad  administrativa y judicial mantenerlo en todas y en cada una  de  sus  actuaciones,  dándole  una  especial  relevancia  al debido proceso en  tratándose  de  actuaciones  judiciales,  en  tanto en estas están en juego el  principal   derecho   del   ser  humano,  después  de  la  vida,  cuál  es  su  libertad.   

“Debido  proceso  que se materializa en el  ejercicio  del  derecho  penal  en  el proceso, en la oportunidad de defenderse,  esto  es: practicar pruebas, aportar pruebas, contradecir o controvertir las que  se  alleguen  en su contra y de presentar los recursos que la ley le otorga para  ello    con    fundamento    en   las   pruebas   oportunamente   aportadas   al  proceso”.   

2.    Es    así    como,    –continuó  el  impugnante-,  “ejercimos  (sic)  ese  derecho  fundamental en la audiencia de  juzgamiento  aportando  las  pruebas,  esto es llevando los testigos, realizando  las   pruebas   testimonial  aportadas  por  ellos  (sic),  controvirtiendo  las  acusaciones  realizadas  por  el señor alias EL NEGRO  -JORGE   IVÁN   RAMÍREZ  AGUDELO,    quien   señaló   al   apelante   de   haber   cometido   conductas  punibles-,    (…)   y  cerciorándonos  (sic)  que dichas pruebas quedaran efectivamente depositadas en  el  expediente  para  soportar en ellas nuestros alegatos y en especial nuestros  recursos  en  la  eventualidad que se fueran generando, conforme lo establecían  las normas”.   

Sin embargo “tres  años                  –después-  ,  me  vengo  a  enterar (sic)  (…)  con  los  oficios,  que  (…),  el  tema  del CD No. 15 era solamente un  sofisma,   -pues-   nunca  existió  en  el  expediente,  nunca  existió  en  la audiencia y, entonces, la  pregunta  del  caso y el inconformismo se suscita en que: ¿Será posible dictar  una  sentencia  en  ausencia del material probatorio exigido por la norma legal,  artículo  232  del Código de Procedimiento Civil (sic), que generen certeza de  la  comisión del hecho delictivo que se está investigando, sin presencia de la  constancia  de  la  defensa  realizada  –por el- procesado?   

Aseguró   el   apelante   que   no   puede  ser   “consecuente   ni   creíble   (…) la excusa planteada por el despacho  de  la doctora INÉS DAMARIS ÑUSTE CASTRO  de  haber  dictado  sentencia  con  fundamento en unos resúmenes  (…)  porque  esto  es  un  resumen  subjetivo  de la doctora, es la percepción que ella tuvo, (…)  que  le sirve como fundamento para  su     despacho,     pero     obviamente     al    momento    de    (…)      ejercer      –él-   el  derecho    a    la    defensa    no   –podía      apoyarse-   (…) en una  percepción personal de la señora juez”.   

“En  ese  orden  de  ideas  -el  recurrente  estima- “presentes las  circunstancias  que  determinan  la  comisión  del delito de abuso de autoridad  (sic) por acto arbitrario o injusto en cabeza de la citada juez”.   

INTERVENCIÓN DE LOS NO RECURRENTES  

1. El delegado de la  Fiscalía  indicó que no hubo debida sustentación del  recurso  y  que los fundamentos fácticos y jurídicos de la providencia apelada  son  absolutamente  claros  en relación con la determinación que adoptó en su  momento  la  juez indiciada; por tanto la alzada es un intento fallido de cara a  conseguir la revocatoria de la decisión.   

2.   El   representante   del  Ministerio   Público  consideró  que  el  apelante no confrontó la decisión impugnada.   

3.        El        defensor de la indiciada solicitó que, en  caso  de  concederse  la  alzada, sea confirmado el auto apelado,  toda vez  que se encuentra ajustado al ordenamiento jurídico.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala es competente para resolver este  asunto  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 32-3 de la Ley 906 de  2004,  por  tratarse  de  la  apelación  contra  la  decisión  adoptada por un  Tribunal Superior de Distrito Judicial en actuación penal.   

2.  La  Constitución  Política  radicó  la  disposición  del  ejercicio  de  la  acción  penal  en  cabeza de la Fiscalía  General  de la Nación –art.  250-,  siendo por tanto el órgano encargado de calificar cuál es el tipo penal  que  se  adecúa al hecho investigado y consecuentemente formular la acusación,  así  como  establecer  los  asuntos  y  delitos  que  someterá al principio de  oportunidad,  y determinar cuáles investigaciones o indagaciones se subsumen en  las causales de preclusión, entre otras actividades.   

El   instituto  de  la  preclusión  de  la  investigación  está consagrado en el artículo 331 de la Ley 906 de 2004 y las  causales      para     su     invocación     en     el     332     ídem, así:    

El   fiscal  solicitará la preclusión en los siguientes casos:   

1.  Imposibilidad de iniciar o continuar el  ejercicio de la acción penal.   

2.  Existencia de una causal que excluya la  responsabilidad, de acuerdo con el Código Penal.   

3.     Inexistencia     del     hecho  investigado.   

4.     Atipicidad     del     hecho  investigado.   

5. Ausencia de intervención del imputado en  el hecho investigado.   

6.   Imposibilidad   de   desvirtuar   la  presunción de inocencia.   

7. Vencimiento del término máximo previsto  en     el     inciso    segundo    del    artículo    294   de   este   código.   –Subrayado fuera de texto-.   

Respecto  de las mismas, esta Corporación ha  señalado4   

:  

1.  De  acuerdo  con  el sistema acusatorio  colombiano  (artículos 250 de la Constitución Política y 200 de la Ley 906 de  2004),  corresponde  a  la  Fiscalía  General  de la Nación el ejercicio de la  acción  penal  y  realizar  la  indagación  e investigación de los hechos que  revistan  las  características  de  una  conducta  punible  que  lleguen  a  su  conocimiento,  siempre  y  cuando  medien  suficientes  motivos y circunstancias  fácticas  que  indiquen la posible existencia de la misma. Despojada, por regla  general   de   funciones   jurisdiccionales,   deberá   solicitar  al  juez  de  conocimiento  la  preclusión de la investigación cuando según lo dispuesto en  la ley no hubiere mérito para acusar.   

         

(…)  

La  preclusión también se debe adoptar en  cualquier  etapa  del trámite una vez comprobada la existencia de cualquiera de  las  causales  de  extinción  de  la acción penal del artículo 77 del Código  Penal,  como  son:  muerte  del  imputado  o  acusado, prescripción, amnistía,  oblación, caducidad de la querella y desistimiento.   

Bajo  este  contexto,  la preclusión de la  investigación  sólo  podrá  ser  decretada  por  el  juez  de  conocimiento a  petición  de  la  Fiscalía de comprobarse alguna de las causales previstas por  el  artículo  332  del Código de Procedimiento Penal de 2004, y en tratándose  de   la   segunda,   a   las   que  se  refiere  el  artículo  32  del  Código  Penal.   

Componente  objetivo  del  tipo  “prevaricato              por              acción”.   

El   artículo   413   del  Código  Penal,  señala:   

“El   servidor  público  que  profiera  resolución,  dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá  en prisión (…)”   

El  presupuesto fáctico objetivo de la norma  transcrita,  como  se  ve, se encuentra constituido por tres elementos, a saber:  (i)  un  sujeto  activo calificado, es decir, que se trate de servidor público;  (ii)  que el mismo profiera resolución, dictamen o concepto; y (iii) que alguno  de  estos  pronunciamientos  sea manifiestamente contrario a la ley, esto es, no  basta  que  el  acto sea ilegal -por razones sustancial  (directa   o   indirecta),   de   procedimiento   o  de  competencia-  sino  que  la disparidad del mismo respecto de la comprensión de  los  textos  o  enunciados  -contentivos  del  derecho  positivo  llamado  a  imperar- no admite justificación  razonable alguna.   

Ciertamente  en  torno  a  la  contrariedad  manifiesta  de  una  decisión  con  la  ley,  la  Corte  Suprema de Justicia en  sentencia  proferida  el  13  de  agosto  de  2003,  radicado  193035  consideró:   

Esta     última    expresión,   constituye   un elemento normativo del tipo penal al cual la jurisprudencia  de  la  Corte  se  ha  referido  en  forma amplia para concluir, que para que la  actuación  pueda  ser  considerada como prevaricadora, debe ser “ostensible y  manifiestamente  ilegal,”  es  decir, “violentar  de  manera   inequívoca  el  texto  y  el sentido de la norma”6  ,  dependiendo  siempre  de  su  grado  de  complejidad,  pues  resulta  comprensible  que  del  grado de  dificultad   para   la   interpretación  de  su  sentido  o  para  su  aplicación  dependerá  la  valoración  de lo manifiestamente ilegal, de allí  que,  ciertamente,  no  puedan  ser  tenidas  como prevaricadoras todas aquellas  decisiones  que  se  tilden  de  desacertadas  cuando quiera que estén fundadas  “en  un concienzudo examen del material probatorio y en el análisis jurídico  de    las    normas    aplicables    al    caso”7.   

En  similar  sentido se pronunció la Sala en  sentencia  del  23  de  febrero  de 2006, Rad. 239018:   

La  conceptualización  de  la contrariedad  manifiesta  de  la  resolución  con  la  ley  hace  relación  entonces  a  las  decisiones  que sin ninguna reflexión o con ellas ofrecen conclusiones opuestas  a  lo  que  muestran  las  pruebas  o al derecho bajo el cual debe resolverse el  asunto,  de  tal  suerte  que el reconocimiento que se haga resulta arbitrario y  caprichoso  al  provenir  de  una  deliberada  y  mal  intencionada voluntad del  servidor   público   por   contravenir  el  ordenamiento  jurídico.   

En  consecuencia,  no  caben  en  ella  las  simples  diferencias  de  criterios respecto de un determinado punto de derecho,  especialmente  frente  a  materias  que por su enorme complejidad o por su misma  ambigüedad  admiten  diversas  interpretaciones  u  opiniones,  pues  no  puede  ignorarse  que  en  el  universo  jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución.   

Como tampoco la disparidad o controversia en  la  apreciación  de  los  medios  de convicción puede ser erigida en motivo de  contrariedad,   mientras   su  valoración  no  desconozca  de  manera  grave  y  manifiesta  las  reglas  que nutren la sana crítica, pues no debe olvidarse que  la  persuasión  racional,  elemento  esencial  de ella, permite al juzgador una  libertad  relativa en esa labor, contraria e inexistente en un sistema de tarifa  legal.   

Sin embargo, riñen con la libertad relativa  la  apreciación  torcida  y parcializada de los medios probatorios, su falta de  valoración  o  la  omisión  de  los  oportuna  y legalmente incorporados a una  actuación,   en   consideración   a   que   por   su   importancia  probatoria  justificarían  o  acreditarían la decisión en uno u otro sentido a partir del  mérito    suasorio    que    se    les    diera    o    que    hubiera   podido  otorgárseles.   

Componente  objetivo  del  tipo  “abuso  de autoridad por acto arbitrario e injusto”.   

El  artículo  416 del Código Penal del 2000  señala:   

“Abuso de autoridad por acto arbitrario e  injusto.   El   Servidor  público   que  fuera  de  los  casos  especialmente  previstos  como  conductas  punibles,  con  ocasión  de  sus  funciones  o excediéndose en el ejercicio de  ellas, cometa acto arbitrario e injusto, incurrirá en (…)”.   

Para  la configuración del tipo objetivo es  necesaria la concurrencia de los siguientes requisitos:   

Sujeto  activo  calificado,  un  servidor  público.  El  pasivo  lo  constituye  el  Estado  como  titular que es del bien  jurídico tutelado, la administración pública.    

Objeto   jurídico:   Protege  el  normal  funcionamiento   y  desarrollo  de  la  administración  pública,  la  cual  es  perturbada en su componente de legalidad.   

Objeto material: Puede ser real o personal,  atendiendo  si  la  acción recae en una cosa o persona, y fenomenológico si se  vincula con un acto jurídico.   

La  conducta:  Consiste  en cometer un acto  arbitrario  e  injusto  de  manera  acumulativa  y no alternativa, como antes se  requería.   

El  acto puede ser jurídico o material. El  primero  comprende  la manifestación de la voluntad de un servidor público con  alcance jurídico, y el segundo, expresado como un hecho material.   

Arbitrario es aquello realizado sin sustento  en  un  marco  legal,  la  voluntad del servidor se sobrepone al deber de actuar  conforme  a  derecho.  Lo injusto es algo más, es lo que va directamente contra  la ley y la razón.   

En  ese sentido la Sala ha definido el acto  arbitrario  como  el  realizado  por el servidor público haciendo prevalecer su  propia  voluntad  sobre la de la ley con el fin de procurar objetivos personales  y  no  el  interés público, el cual se manifiesta como extralimitación de las  facultades  o  el  desvío  de  su  ejercicio  hacia propósitos distintos a los  previstos  en la ley. Y, la injusticia, como la disconformidad entre los efectos  producidos  por el acto oficial y los que debió causar de haberse ejecutado con  arreglo  al  orden  jurídico.  La  injusticia  debe  buscarse en la afectación  ocasionada con el acto caprichoso.   

Elemento   normativo:   La  acción  debe  realizarse  con  motivo  de  las  funciones  o  excediéndose en el ejercicio de  ellas.  Lo conceptos mismos de arbitrariedad e injusticia no tienen sentido sino  dentro  del ejercicio de la función pública”. (CSJ  AP  11 Sep. 2013, Rad. 41297, pronunciamiento reiterado en SP 12 Nov. 2014, Rad.  40458).   

En la última de las precitadas providencias  la     Sala     para     precisar    el    alcance    de    acto    “arbitrario  e  injusto”, retomó lo  indicado  en  “CSJ SP 20  Abr.  2005,  Rad.  23285”,  en  la  cual la Corte ya había precisado, con base también en pronunciamientos  aún más antiguos, lo siguiente:       

[E]l  marco  de  referencia  para  predicar  arbitrariedad  o  injusticia  debe estar referido al ordenamiento jurídico bajo  cuya   égida   se  desenvuelve  la  actuación,  y  de  ahí  que  ninguno  de  tales  conceptos  pueda  evaluarse  tomando como guía  valores   diferentes   a   los   imperativos  legales  que rigen y sujetan el proceder de la administración  y  sus  agentes9,  de  suerte  tal que tampoco será posible tildar de arbitrario o  de  injusto  el obrar que se muestre conforme a dichas  leyes.   

Adicionalmente  se  tiene que la referida y  obligada  remisión  al  ordenamiento  jurídico,  como  criterio  límite en el  juicio  de  tipicidad  de la conducta, no se agota con  el  simple  y  llano  ejercicio  de  comparación  entre el texto de la ley y la  actuación  del  servidor, como que aquélla vista aisladamente puede ser objeto  de  diversas  interpretaciones  más  o menos acertadas cuyo grado de validez no  puede    entrar    a    discutirse   como   referente   de   verificación   del  injusto;  por  ello el examen se ha de extender a los  fines  que  la  norma  cumple  dentro  de tal ordenamiento superior en que está  inscrita,  es  decir,  como parte de un sistema y como instrumento a través del  cual   se   realizan   ciertos   principios   o  valores  por  cuya  protección  propende.   

En ese contexto, si bien el acto arbitrario  tradicionalmente  se  ha  concebido  como  aquél  que  lleva a cabo el servidor  público   de  manera  caprichosa  haciendo  prevalecer  su  propia  voluntad  o  privilegiándola,  es  decir,  sustituyendo  la  voluntad  de la ley por la suya  propia  para  realizar  fines  personales  que  no  se  corresponden al interés  público,  de  esta  concepción  no  escapa que la realización de la función,  así  verificada,  se  concrete  externamente  a  través  de una acto que pueda  identificarse       como        contrario       a      la      ley10,  vista  ella  como  reflejo  fiel de los valores que la misma tutela.   

Así  pues, la arbitrariedad del acto puede  manifestarse  como  extralimitación de la función o como desvío de ella hacia  fines  no  contemplados  en la ley, lo que nuevamente sugiere que para tildar el  acto   de  arbitrario  no  basta  con  acudir  a  la  especial  motivación  que  guio  al servidor público  en  la  realización  del acto oficial censurado sino que es necesario, además,  que  en  el  plano  meramente externo se manifieste el  capricho  como  negación  de  la  ley.  (Resaltado  y  subrayado fuera de texto).   

A   su   turno,   la   injusticia   suele  identificarse  a  través de la disparidad entre los efectos que el acto oficial  produce  y  los  que  deseablemente  debían haberse realizado si la función se  hubiere  desarrollado  con  apego  al  ordenamiento  jurídico;  en  esencia, la  injusticia  debe  buscarse  en  la  afectación  que se genera como producto del  obrar  caprichoso, ya porque a través suyo se reconoce un derecho una garantía  inmerecida, ora porque se niega uno u otra cuando eran exigibles.   

¿El           “acto”   constitutivo  de  abuso  de  autoridad  puede  consistir en “resolución dictamen  o   concepto”  emitido  por  servidor  público  en  ejercicio de sus funciones?   

No.   En  razón  de  que  el  “abuso  de autoridad por acto arbitrario e injusto”   sólo   puede   admitir   adecuación   típica   “fuera   de   los   casos  especialmente  previstos  como  conductas  punibles”,  frente  algún acto de servidor público  que       se      denuncie      o      se      señale      de      “arbitrario”       -el   cual,   como  viene  de  verse  en  el  acápite  anterior,  su  configuración         exige         manifiesta  ilegalidad,   en   tanto   la   contrariedad  con  el  Ordenamiento  debe  superar toda posibilidad interpretativa de tal manera que se  ponga      en     evidencia     el     capricho     del     servidor-,   resulta  imposible   el   fenómeno   concursal   entre   el   delito   de   “prevaricato”   (artículo  413  del  C.P.)    y    aquel    (contenido    en    el    artículo    416   ídem),  como  tampoco puede constituirse  en  abuso  de  autoridad el  “acto”   que   está  reprimido       como      “prevaricato      por  acción”.   

Así  lo  tiene entendido la Corte Suprema de  Justicia  de  tiempo  atrás  -en vigencia tanto del Código Penal de 1936, como  del Decreto 100 de 1980-:   

<<Aunque  ambos punibles –haciendo   referencia   al   abuso  de  autoridad  y  al  prevaricato por acción-, como ya se  anunció,  se  constituyen  en atentados al bien jurídico de la Administración  Pública,  es  palmaria la imposibilidad legal de que entre ellos, por razón de  los  principios  de  especialidad  y  subsidiariedad,  se  presente un fenómeno  concursal,  pues  ninguna duda existe acerca de que la descripción señalada en  el             artículo             15211  del Código Penal sólo es  aplicable   “fuera   de  los  casos  especialmente  previstos como delito”.   

<<En  dicho  sentido  y  no  habiendo  variado  la  fórmula  que  en ese respecto señalara el Código Penal de 1.936,  mantiene  vigencia  el  criterio  jurisprudencial  según  el  cual “En  el  Estatuto  Penal  Colombiano existen normas que prevén y  sancionan  los  hechos ilícitos ejecutados por funcionarios públicos con abuso  de  su  función  o  de su cargo. Así por ejemplo, el Artículo 171 del Código  Penal  define  y  sanciona  el llamado ‘Abuso    de    Autoridad’  que  hace  consistir  en  el  actuar  del  funcionario o empleado  público  ‘que  fuera de  los  casos especialmente previstos como delitos, con ocasión de sus funciones o  excediéndose  en el ejercicio de ellas, cometa o haga cometer acto arbitrario o  injusto    contra    una    persona    o    contra   una   propiedad’.  Se  ha  dicho  por  la  doctrina  y  la  jurisprudencia, que esta es una disposición de  naturaleza  general  y  complementaria dirigida a reprimir todos aquellos abusos  cometidos   por   funcionarios   públicos   contra  los  derechos  de  otros  y  que   no  han  sido  contemplados  en  una  especial  disposición  legal.  Que,  como  quiera  que  no  todos  los  funcionarios públicos han sido especialmente  reprimidos  a  través de las normas del Código Penal, era justo y conveniente,  para  evitar  lagunas,  que  una  norma general lo previera encerrando en una de  carácter  general  como la referida, todas las posibles contingencias de abusos  innominados  de  autoridad, que de todos modos ofenden  el  buen  nombre y el prestigio de la administración pública, colocándola por  ello,   en   el   Título   correspondiente   del   Estatuto  Penal,  que  busca  fundamentalmente  la  tutela del interés relativo a que las funciones públicas  de  que  están  investidos los funcionarios públicos, no sean usadas por ellos  para    cometer   hechos   ilegítimos   dirigidos   a   causar   un   daño   a  otros.”   (Sentencia  de  abril  2  de  1.976…).  (Subrayado y resaltado fuera  de texto).   

<<Criterio  que  se  reitera,  ya  en  vigencia   del   Decreto   Ley   100   de   1.980,  al  sostenerse  “…  la  dificultad que existe para establecer un alinderamiento  preciso  entre  los  delitos  de  abuso  de  autoridad,  prevaricato  y abuso de  funciones por lo que dice relación a la índole de éstas.   

“(…)”  

<<O cuando se afirmó que “El   Código   penal,  al  recoger  las  conductas  que  se  han  considerado  dignas  de  reproche  y  por tanto sancionables, ha establecido una  serie  de  bienes  jurídicos necesitados de protección, y dentro de las varias  tipificaciones  que  tocan  con  ellos,  ha  reglado  también  diversos  rangos  punitivos,  otorgando  a  cada  conducta  un  grado  especial de sanción y unos  elementos para su configuración.   

<<“Esta  estructura,  que  no  es  en  modo  alguno caprichosa, es de carácter general y  obligatorio  cumplimiento. Así aun cuando los delitos  de  prevaricato  y  abuso de la autoridad atentan contra el bien jurídico de la  administración  pública,  cada  uno  de ellos debe ser aplicado en situaciones  diversas  y  tienen  igualmente distinta respuesta punitiva, sin que sea posible  intercambiar  ni  su  adecuación típica ni la pena indistintamente, que de tal  forma   carecería   de   razón   una  codificación  sancionatoria.  (Subrayado y  resaltado fuera de texto).   

En este orden de ideas, si el acto denunciado  de  arbitrario es de aquellos  contemplados  en el artículo 413 del Código Penal -es  decir:       “resolución,      dictamen      o  concepto”,   entre   las   cuales   se   encuentran  contempladas    las    providencias    judiciales12-, la tipicidad no se examina  con  “abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario e  injusto”       sino       con      “prevaricato  por  acción”,  pues se  insiste,  el  primero  está  consagrado para prever la arbitrariedad perpetrada  por  servidor  público mediante algún “acto”  distinto  a  los  precitados  y  siempre  que  su  manifiesta  ilegalidad  no  sea  constitutiva de otra conducta  punible,  pues  de  ser  así también se descarta su aplicación por motivos de  especialidad y subsidiariedad.   

A  su vez, como el delito de prevaricato por  acción  previsto  en  el  artículo  413  del  Código  Penal, como se indicó,  comporta  en  su  estructura objetiva, el proferir o dictar una (i) resolución,  (ii)  dictamen  o  (iii)  concepto; en ausencia de estos pronunciamientos, no es  factible  la configuración del mencionado tipo penal. (CSJ AP3939 22 jun. 2016.  Radicado 44960).   

Análisis del caso concreto  

1. En la apelación no se discute en absoluto  la  preclusión  decretada  a  favor  de  INÉS DAMARIS  ÑUSTE  CASTRO en relación con las posibles conductas  de   “prevaricato   por  omisión”  (artículo   314   del   Código   Penal)  y    “destrucción  supresión  u  ocultamiento  de  documento  público” (artículo 292).   

2. La alzada se dirigió exclusivamente contra  la  preclusión  decretada  por  “abuso de autoridad  por  acto  arbitrario  e injusto” en relación con el  hecho   de   que   la   juez   indiciada  profirió  la  sentencia  “Nº.   008   del   9   de   febrero   de  2009”,  sin  que  existiera  el  disco  Nº.  15,  en  el cual el impugnante  asumió  habían  sido  registrados  los testimonios rendidos en la audiencia de  juzgamiento.   

3.  No  obstante que respecto de la conducta  aducida    en    la    apelación    –abuso  de  autoridad-  la  acción penal  prescribió  el  9  de  octubre  de  2015 (primer y último inciso del artículo  original  de la Ley 906 de 2004), es decir antes de que la Fiscalía radicara la  solicitud  de  preclusión  (13  de  octubre de 2015), cabe precisar que el acto  denunciado         por         tratarse        de        una        “sentencia”  proferida por autoridad  judicial      en      ejercicio      de      sus      funciones     –lo    cual    no   es   objeto   de  debate-,    su    eventual   arbitrariedad   sería  objetivamente    típica   de   “prevaricato   por  acción”  no  de “abuso  de  autoridad”, toda vez que, como se explicó en el  acápite  anterior,  el  acto  o los actos a los que se refiere este último son  -por  expresa  disposición  legal-  “fuera  de los  casos    especialmente    previstos   como   conductas   punibles”,  cual  es  el  evento de la “resolución,     dictamen     o     concepto”     -entre  los que se cuenta la providencia  judicial-  manifiestamente ilegal, ciertamente prevista  como   conducta   punible   en  el  artículo  413  del  Código  Penal  con  la  denominación      de      “prevaricato     por  acción”.   

En  este  orden de ideas, en el presente caso  queda   descartada   la  tipicidad  del  hecho  en  relación  con  “abuso de autoridad por acto arbitrario  e   injusto”   proveniente  de  la  “sentencia” proferida el 9 de febrero de  2009  por  la  juez  indiciada,  por  estar  inmerso  ese  pronunciamiento en el  concepto      de     “resolución”.   

Esto  para  significar  que  la inconformidad  fáctica  del  apelante relacionada con la denunciada ilegalidad de la sentencia  atrás  mencionada,  corresponde  examinarla  frente  al  tipo  de  “prevaricato     por     acción”,  respecto   del   cual   también   fue  decretada  la  preclusión  con  base  en  el  numeral  4º  del  artículo  332 del Código de  Procedimiento Penal de 2004.   

4.   Al  respecto  el  Tribunal  consideró  inadmisible  concluir  que la decisión emitida por la  indiciada  se  basó  en prueba inexistente por la sola  circunstancia  de  no  haber  obtenido  posteriormente  MENA  MORENO  el  registro  del  audio  por  motivo de  daños técnicos, toda vez que:   

[l]a  audiencia  pública  de  juzgamiento se realizó con la presencia de los sujetos procesales  e  intervinientes,  dentro  de ellos el hoy denunciante, con la dirección de la  juez  denunciada  y  bajo  su inmediación se recaudó la prueba testimonial, se  escucharon  las  alegaciones  e  intervenciones  de  las  parte y de los sujetos  procesales,  lo  que  se  traduce  en  la percepción directa que tuvo sobre las  pruebas   y   las  intervenciones,  funcionaria  que  tomó  anotaciones  de  lo  acontecido  en  la  citada  audiencia  y así lo afirmó en el interrogatorio de  indiciado  y  lo  corroboraron  los  abogados  que  fungieron  como  defensores,  doctores   JAMES   TAYLOR   MOSQUERA  –SÁNCHEZ-   y   LUIS   ENRIQUE   ABADÍA  GARCÍA”.   

Adicionalmente el a  quo señaló que:   

Según  lo  dicho  por la Dra. CARLA MILENA  CORDOBA,  Secretaria  del  Juzgado,  en  entrevista  que se le recibió el 12 de  febrero   de   2014,   visible   a  folio  63  de  la  carpeta”,  a  ella  “le correspondió adelantar la  búsqueda  de dicho audio, lo que finalmente no se logró porque para el año en  que  se  realizó la audiencia sufrió un daño el equipo o el sistema operativo  que  permite recolectar toda la información de las diligencias, como igualmente  lo  aseveró  (…)  el  ingeniero  de sistemas que laboraba en la coordinación  administrativa”.    

“Denotó igualmente que la misma juez fue  la  que realizó la audiencia y que ella acostumbra a tomar notas de cada una de  las   intervenciones  de  los  sujetos  procesales,  manuscritos  que  eran  muy  completos  y  (…)  en  la  mayoría  de  los  procesos  que se impulsan en ese  despacho   la  señora  juez  utiliza  esos  manuscritos  como  apoyo  para  sus  decisiones”.   

“El  Fiscal que asistió a esa audiencia,  Dr.   PEDRO   INOCENCIO   RENTERÍA   –RAMÍREZ-,  en  entrevista que rindió el  14  de  febrero  de  2014, folio 64, manifestó que la juez de manera atenta iba  anotando   todos   los   pormenores  relacionados  con  la  prueba  testimonial,  intervenciones  de  la  Fiscalía,  del  acusado,  su  defensor  y el Ministerio  Público”.   

No obstante, el impugnante en su sustentación  insistió  en señalar de ilegal la sentencia proferida por la juez ÑUSTE  CASTRO,  con el argumento de haber  sido  proferida  sin  pruebas. Esta última proposición la apoyó en la premisa  según  la  cual  el  disco  No. 15 en el que fueron registrados los testimonios  nunca reposó en el expediente.   

Como  se  ve,  el a  quo   en   la  decisión  apelada  ya  dio  respuesta  -a  lo  que  nuevamente  expone  el  impugnante  en la  apelación-,  pues  fue claro en indicar que del hecho  que  se hubiese dañado el registro de la audiencia en  la  cual  se  practicaron  testimonios, no se sigue que  la   juez  haya  proferido  sentencia  sin  pruebas,  en  tanto las mismas se practicaron en presencia de la  funcionaria,  y  de ello dieron cuenta la secretaria del despacho, el fiscal del  caso, y los defensores de los entonces procesados.   

El  precitado  argumento  fue  el  que debió  debatir  MENA  MORENO en la sustentación de la apelación, lo cual no ocurrió,  pues  simplemente  se  dedicó  a  reiterar  su  planteamiento  inicial,  el que  precisamente    ya    fue   destruido   por   el   a  quo con aquel razonamiento.   

En este orden de ideas, el motivo del Tribunal  por  el  cual  consideró  legal  la  sentencia  proferida  por  la  funcionaria  indiciada,  permanece  inalterado,  toda vez que, se reitera, no fue confrontado  en la sustentación de la alzada.   

5. De otra parte, MENA MORENO señaló que si  bien  la  juez  en  sus  resúmenes  consignó  “la  percepción    que    ella    tuvo”   y  “que  le  sirve  como  fundamento a su despacho”,  para  él ejercer eficazmente el derecho  de  defensa  mediante  el  recurso  de  apelación,  no  podía  apoyarse  en lo  percibido  por  la  funcionaria,  por  lo  cual requería, en salvaguarda de sus  garantías,  del  registro  de  la audiencia donde quedó la memoria fiel de los  testimonios    practicados;    por    tanto    no    puede    ser   “consecuente  ni creíble (…) la excusa plantada por la doctora  INÉS     DAMIARIS    ÑUSTE    CASTRO   –en   el  sentido-  de haber dictado sentencia con fundamento en  unos resúmenes”.   

Este  planteamiento,  sin embargo, constituye  falacia  de  atinencia,  pues  su  conclusión  no puede inferirse de la premisa  propuesta.   

Es  decir,  cierto  es  que para un procesado  poder  ejercer  adecuadamente  su  derecho  de  defensa  mediante  el recurso de  apelación  -cuando  requiera  debatir los fundamentos  fácticos  de  la sentencia por posibles errores derivados de la percepción del  juez-,  es  necesario  contar  con  el registro de las  pruebas  practicadas  en  el  juicio;  pero  esta proposición en nada falsea ni  resta   credibilidad  a  la  afirmación  de  que  la  funcionaria  acudió  a sus notas personales para proferir sentencia.   

Obsérvese  cómo  a  partir de los medios de  conocimiento  allegados por la Fiscalía Once Delegada ante el Tribunal Superior  de  Quibdó,  el  a quo tuvo  por  demostrado  que:  (i) la juez indiciada sí realizó resúmenes y se apoyó  en  ellos  para  dictar  el  fallo  en el proceso adelantado contra YARLIN   JOSÉ   MENA   MORENO   y   (ii)  “al proferir sentencia no  tenía  conocimiento  de la pérdida del CD, pues se enteró cuando el procesado  realizó  solicitud  de  los audios para sustentar el recurso de apelación, por  lo            cual            –pidió-  a  la oficina de informática le  suministrara  el  audio,  pero  por  el daño ocurrido en el sistema, no se pudo  acceder al mismo, hecho que no es atribuible a la funcionaria”.   

Ahora bien, el impugnante no cuestionó estas  proposiciones  acogidas por el Tribunal, simplemente, como viene de verse, opuso  su    particular    opinión,    según    la    cual:    no   es   “consecuente  ni creíble” que la juez  hubiese  “dictado  sentencia con fundamento en unos  resúmenes”,  basado  en  una premisa que si bien es  cierta, como se indicó, no le sirve de fundamento.   

Tampoco debatió el apelante la consideración  del    Tribunal    según   la   cual:   al  enterarse  la  funcionaria de la ausencia del disco después de  haber  emitido  sentencia,  no  era  viable su reconstrucción, la que bien pudo  ordenarse  en  sede  de  segunda  instancia, si realmente hubiese sido necesario  resolver   de   fondo   la   alzada,   “lo  que  no  aconteció”,  por  cuanto operó el fenómeno de la  prescripción   de   la  acción  penal,  “sin  que  –en  consecuencia-  se  vislumbre perjuicio alguno para el  denunciante,  quien  se benefició” de la mencionada  declaratoria   emitida   “el  5  de  septiembre  de  2012”.   

Consecuencia  de  lo anterior, ninguno de los  motivos  facticos que fundamentaron la preclusión fueron desvirtuados y, por lo  mismo,  la decisión que se impone es la confirmación del auto apelado; además  la  Sala  los  encuentra suficientemente demostrativos de la causal contenida en  el   numeral  4  del  artículo  332  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Confirmar   la  decisión  apelada.   

Comuníquese y cúmplase.  

Contra   este  auto no procede recurso alguno.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Decisión visible a folios 30 y siguientes del anexo 3.   

2  Providencia obrante en el cuaderno anexo número 6.   

3  00.55:30    y    00:55:50   del   CD   1   contentivo   de   la   audiencia   de  preclusión.   

4Auto  de  8  de  febrero  de  2008, radicado 28908, reiterado en AP 17 nov. 2010, rad.  35109;  AP  7 de noviembre de 2011, rad. 37613; AP 11 de diciembre de 2012, rad.  42043.   

5  Pronunciamiento  reiterado  en  SP  3 jul. 2013, rad.  40226   

6  Decisión del 24 de junio de 1986.   

7  Providencia del 24 de junio de 1986.   

8  Pronunciamiento  reiterado  por  la  Sala  en SP 28 feb. 2007, rad. 22185; SP 18  jun.  2008, rad. 29382; SP 22 ago. 2008, rad. 29913; SP 3 jun. 2009, rad. 31118;  SP  26 may. 2010, rad. 32363; SP 31 ago. 2012, rad. 35153; SP 10 abr. 2013, rad.  39456;  SP  26  feb.  2014, rad. 42775. SP 21 may. 2014, rad. 42275, entre otras  providencias.   

9  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación penal,  sentencias  del 19 de julio de 2000, 25 de julio de 2002 y  24 de noviembre  de 2004.   

10  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencias  de  abril  17  de  1976;  23  de  abril  de  1982  y  6  de junio de  1990.   

11     Decreto  100  de 1980. Artículo 152. Abuso de autoridad por  acto  arbitrario  o  injusto.  El  [servidor  público]  que  fuera de los casos  especialmente   previstos   como   delito,  con  ocasión  de  sus  funciones  o  excediéndose  en  el  ejercicio  de  ellas,  cometa  acto arbitrario o injusto,  incurrirá  en  multa de (un mil a diez mil pesos) e interdicción de derechos y  funciones públicas de seis (6) meses a dos (2) años.   

12  <<Oportuno    resulta   recordar,   que   por  resolución  debe  entenderse aquella providencia emitida por autoridad judicial  o   por   funcionario   administrativo,   en   ejercicio  de  sus  atribuciones,  «y  no necesariamente ha de presentar los caracteres  formales  de  auto  interlocutorio o de sentencia, lo que importa es que en ella  el  servidor  público  decida  algo  en ejercicio de su función» (CSJ  SP21  ago.2013.  Radicado  39751)>> (CSJ AP3939 22 jun.  2016. Radicado 44960).     

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