AP4450-2015(46151)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4450-2015  

Radicación N°. 46151  

(Aprobado Acta N°. 271)  

Bogotá, D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  las  demandas  de  casación  presentadas  por los defensores de  Gabriel      Banguera     Hurtado     y   Ledys   Ramos   Millán  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cali, el  25  de  febrero  del  año  en  curso,  en  virtud de la cual, tras confirmar la  dictada  por  el Juzgado 3° Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  esa  ciudad,  condenó a los  acusados     como     coautores    del    delito    de    concusión.   

HECHOS  

Fueron  así  consignados en el fallo que se  impugna, conforme se relataron en la acusación:   

…inician a mediados del mes de octubre de  2008  cuando  el  señor  GABRIEL BANGUERA miembro activo del Cuerpo Técnico de  Investigación  y  al  mismo  tiempo  compañero  de  estudios de Erika Rubianes  (Funcionaria   pública  que  se  desempeñaba  como  asesora  jurídica  de  la  Dirección   de   la  Cárcel  de  Villahermosa),  en  el  posgrado  de  derecho  constitucional  de la Universidad Santiago de Cali, la llama para solicitarle se  vean   urgentemente   pues   requiere   hacerle  conocer  una  información  muy  importante.   

Efectivamente ERIKA se encuentra con GABRIEL  BANGUERA  en  las  afueras  de  las  instalaciones de Medicina Legal y allí, el  funcionario  público, le informa que accidentalmente había tenido conocimiento  de  (sic)  una  compañera  suya  de  nombre  LEDYS  RAMOS  también funcionaria pública adscrita al C.T.I.  llevaba   a   cabo   una  investigación  penal  en  su  contra.  Le  pregunta entonces si es su deseo que  contacte  a  su compañera de trabajo para que tenga mayor información sobre el  delicado asunto, a lo cual recibe una respuesta afirmativa.   

Días  más tarde LEDYS MILLÁN se presenta  sorpresivamente  en  la  oficina  de  ERIKA  RUBIANES,  ubicada en la cárcel de  varones  de  Villahermosa y empieza por informarle que efectivamente ella tenía  una  investigación  bastante  adelantada  y  comprometedora  en  su  contra. Le  explica  que  en el curso de esta se ha dado cuenta, entre otras cosas, que ella  extorsionaba  presos,  que les cobraba dinero por información y que pertenecía  a  una  bien  organizada  banda  criminal,  del  norte  del Valle. Así mismo le  señala    que    ella   esta   (sic)   en  capacidad  de  suprimir  de  su  informe, -que debe ser rendido  directamente   al   Dr.  Iguaran  (sic)  en   Bogotá-   sus   ilícitas  actuaciones  con  el  fin  que  la  investigación  que  se  seguía  en  su  contra fuera archivada; de esta forma,  evitaría  que  su carrera profesional se viera truncada, que su vida familiar y  emocional  se  deteriorara  y  de otro lado como consecuencia de sus delitos, no  tuviera  que  ir  a  la  cárcel,  es decir que estos quedarían impunes. Eso si  (sic)  a  cambio  debería  entregarle   la  suma  de  setenta  ($70.000.000)  millones  de  pesos,  la  que  eventualmente le podría rebajar un poco.   

Ante  la anterior solicitud constreñida la  Dra.  Rubianes  le dice que si bien ella no esta (sic)  incursa   en  los  delitos,  no  quiere  tener  más  problemas  y  le  pide  que  le  de (sic) un  tiempo  para  pensarlo  y  consultarlo  pues  ella no posee esa  cantidad de dinero en el momento.   

Esta conversación es grabada por la señora  ERIKA  RUBIANES  en  su celular, el cual pone a disposición de las autoridades.  Días  más  tarde  empieza  a  llamarla nueva y reiteradamente su compañero de  estudios,     GABRIEL    BANGUERA    para    preguntarle    cual    (sic)  era finalmente la respuesta frente  a  la  petición de dinero de su compañera LEDYS RAMOS, a lo que la ofendida le  manifiesta  que  todavía  no tiene una respuesta pues se trata de mucho dinero.  Algunas  de  estas llamadas son grabadas también por la denunciante y puestas a  disposición  del  órgano  investigador. Luego de consultar con varias personas  por  el  temor  que le genera esta CONCUSIÓN decide denunciar el hecho ante las  autoridades, momento en el cual se inicia la investigación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En audiencia preliminar del 6 de febrero  de  2009, el Juzgado 26 Penal  Municipal  con  funciones de control de garantías de Cali impartió legalidad a  la  captura  de  Gabriel Banguera Hurtado y    Ledys   Ramos   Millán,  así como a la  imputación  que en su contra hizo la Fiscalía por el punible de concusión, en  calidad   de  coautores.  No  les  impuso  medida  de  aseguramiento1.   

2.  Radicado  el  escrito  de  acusación en  idénticos                 términos2,  la  sustentación  oral  se  llevó  a  cabo  ante  el  Juzgado  3°  Penal  del  Circuito  con  funciones de  conocimiento  de  esa  ciudad,  en  sesiones  del  53      y      204 de mayo y 4 de  noviembre        de        esa       anualidad5.   

3.  La audiencia preparatoria se realizó el  1°        de        diciembre       posterior6   y   el   5   de   abril  de  20117;  y la del juicio oral inició el 27 de febrero de 20128 y finalizó el  19        de        agosto       de       20149, con  anuncio condenatorio de fallo.   

4.  Ese  día  se dictó la providencia y en  ella   se   impuso  a  Banguera  Hurtado  y  a Ramos Millán  las  penas  principales  de  96  meses  de  prisión,  multa equivalente a 66.66  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por 80 meses. El Juez les negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria10.        Adicionalmente,   a  la  última  no  le  concedió  la  domiciliaria   como   madre   cabeza   de   familia11.   

5.  Los  defensores  de  ambos  procesados  interpusieron  recurso de apelación, el cual fue resuelto desfavorablemente por  el   Tribunal   Superior   de   Cali   el  25  de  febrero  de  201512.   

LAS DEMANDAS  

1.  A  favor  de  Gabriel  Banguera  Hurtado.   

La abogada identifica la sentencia impugnada,  los  sujetos  intervinientes  y  la situación fáctica; sintetiza la actuación  procesal,  los  argumentos  de  la  alzada  y  los expuestos por el ad  quem;  y  expresa  que con el recurso  pretende  lograr  el  respeto de las garantías y la reparación de los agravios  inferidos.  Se  vulneraron  -dice-  los  principios de presunción de inocencia,  in dubio pro reo y legalidad  de  la  prueba,  toda vez que se integraron en un solo cuerpo los testimonios de  los  testigos  de  la  fiscalía y tres grabaciones, las que se establecieron no  son  aptas  para  cotejo  de  voz. Era imposible respaldar la credibilidad de la  víctima con esos registros.   

Así  mismo,  busca  la  reparación  de los  agravios  inferidos  a  su  prohijado  porque  lleva  meses  -no  especifica- en  detención  preventiva.  Las  declaraciones  aducidas  al  proceso  no  dan  cuenta  que el acusado tuviese el  dominio     del     hecho     ni    que    haya    exigido    dinero.   

Refiere  que cuestionará el fallo con apoyo  en  la  causal  tercera, por violación indirecta de la ley sustancial, derivada  de  dos  errores  de  hecho,  uno de identidad y otro de raciocinio. El primero,  porque  el ad quem no valoró  la  prueba  en  conjunto y, al  adelantar  tal labor, tergiversó o distorsionó su contenido material; además,  examinó  únicamente  la  de  cargo  y  dejó  de lado las declaraciones de los  testigos    que    fueron    contrainterrogados   por   la   defensa.   

Y,  el  segundo,  debido  a  que,   al   apreciar   los   elementos,   la  colegiatura  no razonó jurídicamente, «erigiéndose  una  tergiversación  o  distorsión  por parte del contenido material del medio  probatorio  por  violar  las leyes. En este sentido, se puede observar que (…)  decidió  valorar  únicamente las pruebas y darles un valor demostrativo que no  correspondía   de   acuerdo   con   el   conjunto   probatorio   recaudado,   e  incomprensiblemente   dejó   de   lado,  en  su  intelección  probatoria,  las  declaraciones  de  los  testigos,  con  argumentos  que  pueden calificarse como  vacuos…»13.   

En  su criterio, la trascendencia se refleja  en  la vulneración de garantías, tales como la libertad, la imparcialidad y el  debido  proceso  por fallas en el examen probatorio, las que condujeron a privar  de la libertad a una persona inocente.   

Solicita, de manera principal, que se case la  sentencia   impugnada   y   en   su   lugar   se   profiera  otra  de  carácter  absolutorio.  Subsidiariamente, pide que se declare la nulidad de lo actuado.   

Desarrolla así las censuras:  

Primera.     Falso     juicio     de  identidad.   

La  falencia  condujo  a  una  «indebida  aplicación  del Código Penal, Ley 599 de 2000, en sus  (sic)  artículo, situación  a  la  que  se  llegó  por falta de aplicación del artículo 7° de Código de  Procedimiento  Penal,  Ley  906  de  2004  que establece el principio de la duda  razonable»14.   

La condena se soportó en lo manifestado por  Erika  Rubianes  Ceballos,  Carlos  Sarasti, Nelson Isaza Yepes, Federman Cortes  Marquinez,  Mario  German  Rubio  Henao  y  Janeth  Lucia  Rosero  Maradiago. No  obstante,  todos,  excepto  uno,  son  testigos  de referencia y sus relatos son  imprecisos,  lo  que  le  imponía al fallador revisar la totalidad del material  probatorio.   

Se  tergiversó  su  contenido  porque de lo  atestado  por  ellos  podría  surgir  que  la  coprocesada cometió la conducta  punible  endilgada,  pero  no así su representado, en tanto éste actuó movido  por  su  intención  de  auxiliar a su compañera de estudios y advertirla sobre  una  investigación  que  se  seguía  en su contra. Si hubiese tenido un ánimo  distinto, habría utilizado un tercero y no lo hizo.   

La  labor  del  ad  quem   en   el  análisis  de  esos  testimonios  fue  facilista,  les  dio  credibilidad  de  una  «manera  demasiado                 flexible»15   y   utilizó   argumentos  ligeros.  Descartó  los  medios de convicción que favorecían a su cliente (no  especifica),  los  que  dejaban  sin  piso  las  narraciones amañadas de Janeth  Lucía Rosero Maradiago y Erika Rubianes Ceballos   

El  policial  Federman  Cortes  Marquinez no  incriminó  a  su  defendido;  las  aseveraciones  de  Erika  Rubianes Ceballos,  valoradas  en conjunto, resultan absurdas y Carlos Sarasti únicamente introdujo  unos   documentos  que  buscan  demostrar  la  responsabilidad  de  Ledys    Ramos    Millán,   no   de   su  prohijado.   

Así  las  cosas,  la prueba se tergiversó,  cercenó            y            adicionó16;  no se valoró en conjunto,  se  rechazaron sus contenidos favorables al procesado y, sin respaldo alguno, se  dio   plena   credibilidad   a   lo   expuesto  por  Erika  Rubianes.  Incluso, del audio llevado a juicio por  esta     última,    emerge    que    Ledys    Ramos  Millán  afirmó  que Gabriel  Banguera     Hurtado     se     enteró,      por      casualidad, al ver una tarjeta de la Registraduría,  de   la   investigación  que  se  adelantaba  en  contra  de  Erika.   

De  no haber incurrido en las equivocaciones  reseñadas, la decisión sería distinta.   

Al interior del cargo propone un falso   raciocinio,  el  que  –aduce-   recayó   sobre   todo   el  «elenco   probatorio»17, particularmente,  al  apreciar  los  testimonios de Erika  Rubianes  Ceballos  y  Carlos  Sarasti. Éste solo introdujo unos documentos que  dan  cuenta  «de una valoración errada de los prueba  (sic)  en  su  conjunto,  reconociendo  solo  al  señor  Banguera Hurtado, como  funcionario     al    servicio    del    C.T.I.»18;  y  a  aquélla  se  le dio  credibilidad sin respaldo alguno.   

El  juez  plural  no  adelantó un ejercicio  racional,  inobservó  el  principio  in dubio pro reo  y  no  contó  con  el conocimiento más allá de toda  duda     exigido     para     condenar.     De    los    testimonios, desechó lo que resultaba benéfico para  Banguera Hurtado.   

No hubo dolo por parte de su protegido, pues  lo  único  que  hizo  fue  prestar  ayuda  a  su  compañera universitaria, con  «la      firme      intensión      (sic) si que por el grado o relación de  amistad  que  llevaban  no  fuera  a  salir  judicializada en una investigación  ciertad  (sic) consecuencias  que   él   por   su   profesión   u  oficvio  (sic)  si    (sic)  conoce como también conoce que a tiempo se pueden solucionar las  cosas»19.   

La Fiscalía no demostró su teoría del caso  y  no  logró  derrumbar  la presunción de inocencia que cobija a su defendido.  Por  consiguiente,  siguiendo  las reglas de la lógica, la experiencia, el buen  sentido  y  el  entendimiento humano, considera que la decisión se aparta de la  normatividad, toda vez que se  desvirtuó  la participación de su representado en los hechos y no se constató  el dolo.   

Se aplicó indebidamente la Ley 599 de 2000,  «en  sus  artículos  103  y  104,  numeral 7°, del  Código                    Penal»20, lo que tuvo lugar por falta  de aplicación del precepto 7 del Código de Procedimiento Penal   

Banguera Hurtado no  se  encontraba desarrollando sus funciones como investigador del C.T.I., tampoco  desbordó   sus   funciones,   por   lo   que  no  incurrió  en  el  delito  de  concusión.   

Segunda.   Falso   raciocinio.   

El  Tribunal  ignoró  las  reglas  de  la  experiencia  al  señalar que su prohijado es responsable, puesto que éste solo  quiso  alertar  a  su  compañera  de  estudios, como bien lo afirmó la acusada  Ledys    Ramos   en   la  conversación cuyo audio fue llevado al juicio oral.   

El      fallador      «justiprecio    (sic)    de  forma  incorrecta  los  medios  probatorios  que subyacen en el  juicio  oral»21,  con lo cual vulneró el precepto 404 del Código de Procedimiento  Penal  y  de  allí  surgió  un grado de incertidumbre que ocasionó la condena  proferida.   

Pide  se  corrijan los yerros de valoración  probatoria  de  derecho, por  falso   juicio   de   convicción   y  de  legalidad,  y  de  hecho,  por  falso  raciocinio22, y se restablezcan las garantías de su prohijado.   

2.  A  favor  de  Ledys         Ramos        Millán.   

Luego de relacionar los sujetos procesales,  la  sentencia  impugnada,  los  hechos  materia  de  juzgamiento y la actuación  surtida,  el  apoderado  judicial  manifiesta  que  en  este caso se vulneró el  principio  de  presunción de inocencia, el cual se encuentra íntimamente atado  al  de in dubio pro reo, para  lo  cual  cita  los  artículos  29  de  la  Carta  Política,  7 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2004,  11 de la Declaración Universal de los Derechos  Humanos  y  8  de la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San  José,  así  como jurisprudencia de la Corte Constitucional y doctrina sobre la  materia,  para  luego  afirmar que a su prohijada se le condenó sin que se haya  demostrado,  con  los medios  técnicos,  que  la  voz que  aparece  en  las  grabaciones  corresponde  a  la  de  ella (cita apartes de las  decisiones  de  instancia). Adicionalmente, el relato de Erika Rubianes Ceballos  está  huérfano de respaldo directo o indirecto, por lo que la falta de certeza  debió   conducir   a   aplicar   el   in  dubio  pro  reo.   

Propone  un  cargo  al  amparo de la causal  primera de casación que sustenta así:   

Violación directa,  proveniente  de  la  falta de aplicación de normas sustanciales, que contemplan  la   presunción  de  inocencia  y  el  consecuente  principio  de  in  dubio pro reo (artículo 7 del Código  Penal),  lo que condujo a una indebida aplicación del artículo 404 del Código  Penal.  Aclara  que no discute los hechos ni la valoración probatoria realizada  por el ad quem.   

Cita al Tribunal en la página 19, según el  cual   «el  relato  de  la  señora  Erika  Rubianes  Ceballos  se encuentra huérfano de respaldo directo o indirecto, y que aquellos  registros  de  audio  que  fueron  materia de análisis a través del proceso no  tienen      ningún      valor      probatorio»23, y  refiere  que  la  colegiatura  no  aplicó  el  aludido  postulado cuando le era  imperioso  hacerlo,  con  lo  cual  conculcó  la presunción de inocencia de su  representada  (trae  a  colación  nuevamente  la  jurisprudencia  y la doctrina  reseñadas en acápite anterior).   

Los  juzgadores  reconocieron  que  no  se  recaudaron  pruebas  que deduzcan la autoría de la acusada (reproduce segmentos  de  los  proveídos),  y  concluye  que  no  se  probó  que  su cliente hubiese  solicitado dinero a la denunciante.   

Se equivocó el ad  quem  cuando  adujo que se cuenta con el testimonio de  Rubianes  Ceballos  para  demostrar  la  participación  de  la encartada en los  hechos24.   La   fiscalía  no  cumplió  con  la  carga  de  desvirtuar  la  presunción   de  inocencia  de  su  protegida  y  ésta  no  es  la  llamada  a  probarla. La falta de certeza  en un proceso penal conduce a la absolución.   

Solicita se case el fallo recurrido y en su  reemplazo   se   absuelva   a  la  acusada  por  aplicación  del  principio  de  in        dubio       pro       reo.   

CONSIDERACIONES  

1. La Corte ha sido reiterativa en sostener  que  el  recurso de casación no fue concebido como tercera instancia dentro del  proceso     penal     ni    como    oportunidad    adicional    para    realizar  cuestionamientos,    de  cualquier    índole    y    sin    fundamento   u   orden   lógico, al fallo de segundo grado.   

Su  consagración  legal, como mecanismo de  control  constitucional  y  legal  que  propende  por la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación de la jurisprudencia, no  implica  que la demanda respectiva sea un simple escrito, carente de estructura,  lógica  y  técnica.  Por  controvertir  una  sentencia dictada por un Tribunal  Superior,  es  imperioso  que  contenga  unos mínimos requerimientos formales y  materiales  que permitan a la Corporación entender el error judicial advertido,  la  afectación  que  con  el  mismo  se  generó y el sentido de la violación.   

Bajo     esa     línea,  al impugnante le corresponde, siguiendo  los   lineamientos   del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  exponer  en  forma  ordenada,  clara  y  precisa  cuál es la falencia en la que incurrió el juez colegiado; desarrollar  y  sustentar  con  suficiencia,  respetando  los  principios  de  prioridad y no  exclusión,  los  cargos  que  propone, y explicar cómo pretende la efectividad  del  derecho  material,  cuáles  garantías procesales deben ser desagraviadas,  cómo  se  quebrantaron  los  derechos  fundamentales  y  por  qué es necesario  unificar  la  jurisprudencia sobre un determinado tema jurídico, ya sea para su  beneficio o para casos futuros similares.   

En punto de los derechos y/o garantías, es  indispensable   que   demuestre   su   afectación  a  través  de  un  discurso  dialéctico,  jurídico  y  apto, a efectos de persuadir  a la Sala sobre la forzosa intervención en el caso concreto.   

Las anteriores exigencias surgen claramente  de  la  norma que regula lo relativo a la admisión de la demanda (artículo 184  de la Ley 906 de 2004).   

2.  En  esta  oportunidad,  los  libelos no  cumplen  con  los  presupuestos  referidos y la Sala no advierte la necesidad de  penetrar  en  el  fondo  para  cumplir  con  alguna  de  las  finalidades  de la  casación.   

2.1.  Demanda  a  favor  de  Gabriel Banguera Hurtado.   

El  libelo  choca  con  los  principios  de  claridad,  suficiencia  y  autonomía.  Aunque  formalmente  son  dos los cargos  propuestos  por  la jurista, por la vía de la violación indirecta, tal como se  verá  a  continuación,  al  interior  de  ellos  incluye  reparos  ajenos a la  modalidad  de  error  elegida.  Pasó  inadvertido la defensa que las censuras deben plantearse de forma tal que  cada  una  tenga  la  capacidad  de  derruir  la  doble presunción de acierto y  legalidad del fallo confutado.   

2.1.1. Falso juicio de identidad.   

2.1.1.1. La formulación de cualquier reparo  por  la  senda  indirecta  exige del actor la indicación de la norma sustancial  trasgredida  y  la demostración del motivo de la violación. Adicionalmente, si  denuncia  una  falla  de  identidad, es preciso que señale el elemento sobre el  cual  recayó  esa  ausencia  de  paralelismo  y  explique cómo el sentenciador  distorsionó,  desfiguró  o  tergiversó el contenido de ese medio, haciéndole  decir algo que no dice.   

En  efecto,  como  se  trata  de  un  error  eminentemente  objetivo  es imperioso que el impugnante demuestre cómo acaeció  esa  falta  de correspondencia entre lo declarado por el juzgador y el contenido  literal  de  la  prueba. Para  ese     fin,    ha    de    expresar,    de    manera    argumentada,  cómo  el  recorte,  el  agregado  o la  tergiversación  del  medio  de  persuasión  influyó  de  modo  esencial en la  declaración  de  justicia  contenida  en la providencia y cómo, luego de hacer  una  confrontación  con el resto de elementos de convicción, aquélla no puede  sostenerse.   

2.1.1.2.  La  letrada denunció la indebida  aplicación  de  una  norma  del  Código Penal, pero olvidó señalar cuál; y,  aunque  al final del cargo, dijo tratarse de los cánones 103 y 104, fácilmente  se  evidencia  su equívoco porque éstos se ocupan de un delito distinto por el  cual  se  procedió:  el homicidio agravado. Así mismo, manifestó que se dejó  de  aplicar  el  precepto  7  del  Código  de Procedimiento Penal, pero ningún  fundamento    ofreció    en    orden    a   sustentar   su   aserto.   

Pareciera   que  la  falla  de  identidad  reprochada  recae  sobre  los  testimonios  de  Erika  Rubianes Ceballos, Carlos  Sarasti,  Nelson  Isaza  Yepes,  Federman  Cortes  Marquinez, Mario German Rubio  Henao  y  Janeth  Lucia  Rosero  Maradiago, sin embargo, no explicó cuál es el  contenido  literal  de  esos testimonios ni cómo acaeció el error atribuido al  ad quem, esto es, no reveló  qué fue lo tergiversado, agregado o suprimido.   

Sus      planteamientos,     genéricos    y    ausentes    de  dialéctica, se orientan, tan  solo,  a mostrar una visión  propia  y,  por  cierto,  sin  sustento,  en  punto  de  que su prohijado actuó  motivado   por   una  intención  loable  de  colaborar  con  su  compañera  de  estudios.   

Si  su  deseo era controvertir el fallo por  soportarse   en   prueba   de  referencia,   ha   debido   hacerlo   por   la   vía   del   falso  juicio  de  convicción, y si pretendía  cuestionarlo  por  anomalías al adelantar el juicio lógico, ha debido proponer  la censura por falso raciocinio.   

En     forma     indebida,   al   interior  del  cargo,   anunció   también  un  problema  de  raciocinio,  empero  nada  dijo  en  torno  a  la  regla  de  la  sana  crítica  desconocida   y,   contrariando  la  lógica,  lo  hizo  recaer  en  los  mismos  testimonios  respecto  de  los cuales alegó falso juicio de identidad, esto es,  los de Erika Rubianes Ceballos y Carlos Sarasti.   

Con todo, un adecuado reparo por esta senda,  le  exigía  identificar  el  equívoco del sentenciador al hacer la valoración  crítica  de la prueba, indicando qué fue lo que infirió o dedujo del elemento  de  convicción,  cuál  el  mérito  persuasivo otorgado y cuál la pauta de la  lógica,  la  ley de la ciencia o la máxima de experiencia que se ignoró, para  luego  sí  señalar  el postulado lógico, el aporte científico correctos o la  regla  de  la  experiencia  que  se  debió  tener  en  cuenta  para la correcta  apreciación  de  la prueba, así como la trascendencia, esto es, cómo de haber  hecho  la apreciación correcta, frente al resto de elementos de convicción, el  sentido  de  la  decisión  habría sido sustancialmente opuesto, a favor de los  intereses de su cliente.   

Ese  no  fue  el proceder de la demandante,  quien  increpó  al  Tribunal  porque  al  no seguir, a la vez, las reglas de la  lógica,  la  experiencia,  el  buen  sentido  y  entendimiento  humano,  que ni  siquiera   enunció,   dejó   de   aplicar   el  principio  de  presunción  de  inocencia.   

Si  buscaba  desaprobar  al  ad  quem  porque descartó algunos medios  de  prueba  que  favorecían  a  su defendido, ha debido hacerlo por la vía del  falso  juicio de existencia por omisión, caso en el cual se le imponía indicar  los  elementos  que  fueron  prescindidos y cómo, de no haberse incurrido en el  desacierto,  tanto las imputaciones fácticas como jurídicas del fallo habrían  sido distintas.   

La letrada no propuso apropiadamente ninguna  de  las  modalidades  de  violación  indirecta  descritas,  tan  solo  expresó  desacuerdo  por  las  imprecisiones en que recayeron los declarantes, las cuales  ni  siquiera  concretó  y menos enseñó la forma en que resultaron relevantes.   

2.1.2. Falso raciocinio.  

La libelista no reseñó la prueba sobre la  cual  recayó el yerro denunciado y únicamente refirió que el fallador valoró  en  forma  incorrecta  los  medios  probatorios.  No  hizo  una  identificación  detallada  de  ellos  y  menos  explicó  cuál fue la regla de la sana crítica  pasada por alto por la colegiatura.   

Demostrando  ignorancia  de  la  técnica  casacional,  incluyó  en el mismo cargo amonestaciones ajenas al error de hecho  escogido,  al  anotar la posible existencia de falsos juicio de convicción y de  legalidad, los que tampoco fundamentó.   

Al  margen  de  los dislates advertidos, la  Corte  debe  acotar  que,  del examen detallado de las decisiones, emerge que el  Tribunal   nunca   desconoció   que   el  acusado  y  Erika  Rubianes  tuviesen  «una  relación de compañeros de estudios, debido a  que  ambos  cursaban la Especialización en Derecho Constitucional»25.  El juicio de  reproche  versó  en  que,  aprovechándose  de  su  condición  de  funcionario  adscrito  al  C.T.I.  de la Fiscalía, convocó a la segunda a una reunión en la que le  indicó  haber  visto una tarjeta decadactilar que contenía sus datos y su foto  y  le  indicó  «que  era  grave  toda vez que en su  contra  se  adelantaba  la  investigación,  en principio se dijo que era por el  delito            de           homicidio»26,        la  cual  se  corroboró  era inexistente.  Así   lo  plasmó  el  ad  quem:   

Para  la  Sala,  no  son  de  recibo  los  argumentos  presentados  por  el  defensor  del señor Gabriel Banguera Hurtado,  toda   vez   que  culminada  la  etapa  probatoria,  quedó  demostrada  que  la  participación  de éste fue fundamental dentro de la ejecución de la conducta,  su  papel  consistió,  en que a partir de su condición de miembro del CTI y de  compañero  de  estudios,  abordar  a  la  víctima  y  alertar  de una supuesta  investigación  en su contra, comprometiéndose en averiguar de qué se trataba,  prestándose  como  mensajero,  convirtiéndose en la conexión entre Rubianes y  Ramos  y  además, contactando a la víctima para requerirle en varias ocasiones  sobre  la  razón  que  tenía  a  su compañera de trabajo y compinche, podría  decirse  que  abonó  el  terreno para que Ledys pudiese hacer posteriormente la  solicitud  económica…27.   

2.2.  Demanda  a  favor  de  Ledys Ramos Millán.   

2.2.1.  La  violación  directa  de  la ley  sustancial,  propuesta como único cargo por el recurrente, exige identificar si  el    error    tuvo   lugar   por   (i)   falta   de  aplicación,                (ii)             interpretación  errónea, o (iii)             aplicación  indebida  de  una  norma del  bloque  de constitucionalidad, de la Carta Política o de la ley que sea llamada  a  regular  el  caso;  pero, además, explicar con suficiencia cómo acaeció el  yerro,  atendiendo  que,  dado que en estos casos la discusión es eminentemente  jurídica,  le  está  vedado  discutir  aspectos  relativos  a  la  valoración  probatoria  o  a la forma en que los hechos fueron considerados por el fallador.   

Aunque  el impugnante adujo no controvertir  la  situación  fáctica ni el examen probatorio consignados por el Tribunal, es  evidente  que  no  es  así,  pues  muestra  desacuerdo  con  el contenido de la  providencia de la cual disiente.   

De una parte, denunció que, contrario a lo  dicho  por  la  colegiatura,  Erika  Rubianes  Ceballos  no  dio cuenta sobre la  participación  de  la acusada en los hechos. Por otro lado, reparó en que para  el  ad quem no había certeza  en punto de la responsabilidad de su prohijada.   

Si   su   inconformidad  residía  en  la  inobservancia   del   principio  in  dubio  pro  reo,  era  preciso  demostrar  que  el  fallador, a pesar de  haber  reconocido  tal  situación  en las consideraciones de su providencia, no  aplicó la consiguiente consecuencia jurídica.   

Para respaldar tal aserto, cito un segmento,  presuntamente  de  la sentencia de segunda instancia, pero, de la lectura atenta  de  ese  proveído,  es  ostensible  que  no  corresponde a su texto, sino al de  primer  grado.  Adicionalmente,  se  pudo constatar que su trascripción resulta  totalmente  descontextualizada, lo que denota un atentado contra el principio de  corrección   material,   pues  lo  que  puntualmente  sostuvo  el  a quo fue:   

…si  fuere  necesario  concluir, en mera  gracia  de  discusión,  que el relato de la señora Érika Rubianes Ceballos se  encuentra  huérfano  de  respaldo directo o indirecto, y que aquellos registros  de  audio  que  fueron  materia  de  análisis  a  través del proceso no tienen  ningún  valor  probatorio,  aún  (sic) así,  decimos, esa exposición persistiría como prueba directa de  cargo  en  contra  de  los  procesados,  y  aún (sic)  así,   lo   decimos  también,  tendría  sin  duda  capacidad  e  idoneidad  probatoria  y poder vinculante, de forma tal que sería  eficaz  para acreditar que existió la conducta injusta investigada y que fueron  los  dos  procesados los responsables de ella. A este respecto debemos precisar,  por  ejemplo,  coincidiendo  necesariamente  con  los  planteamientos del señor  Procurador  judicial  que  ese  testimonio  resulta  creíble,  desde  cualquier  perspectiva  que  se  le  analice, por varios motivos a saber (…).28   

El  juez  plural,  por  su  parte, no dudó  respecto   de   la   responsabilidad  penal  de  Ramos  Millán  y,  en  torno  a  los  registros  de  audio,  manifestó:   

…pese a que las grabaciones introducidas  al  debate  probatorio  no  fuesen aptas para la realización de prueba técnica  que  diera  fe  respecto  a los interlocutores en esas conversaciones, se cuenta  con   el   testimonio   de  Rubianes  Ceballos,  con  el  que  se  demostró  la  participación  de  los  encartados, conociéndose la forma en que ocurrió: 1.-  La   manifestación   de   Banguera   Hurtado   sobre   la   existencia  de  una  investigación.  2.- La visita de Ramos Millán en su oficina y 3.- Las llamadas  que  realizó  el  primero  para  interrogar  sobre  una  razón. Testimonio que  resulta  creíble,  además  porque  fue  ella quien grabó su voz con la de los  delincuentes,  la  reconoce como ser la suya y la de las personas que hablan con  la  víctima,  así  que  la  manifestación  realizada  por  la  señora Rosero  Maradiago,  indicando  conocer  a  los procesados e identificar sus voces en los  registros  de  audio,  simplemente  sirve  para convalidar lo manifestado por la  testigo  directa  y su desconocimiento en la ciencia de la acústica, no implica  una  desvinculación  de  los encartados con el ilícito, iterándose que no fue  esa  declaración la de la señora Rosero Maradiago la que sirvió para edificar  la   decisión   condenatoria   que  hoy  es  objeto  de  revisión.29   

De  manera, pues, que el actor se equivocó  al  elegir  el  motivo de censura y la Corte no puede reconducir su libelo, dado  el principio de limitación que rige este medio extraordinario.   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes  para  inadmitir las demandas y la Sala ha revisado íntegramente la  actuación  y  no ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede penetrar al fondo del  asunto oficiosamente.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201430.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores  de Gabriel   Banguera  Hurtado  y  Ledys  Ramos  Millán contra la sentencia  proferida      por      el     Tribunal     Superior     de     Cali.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 1 a 4 del cuaderno original 1.   

2 El 2  de  abril  de  2009  (folios  5  a  11  Id.),   con   adiciones   del   20   de   ese   mes   y   5  de  mayo  siguiente.   

3  Folios 33 a 43 del cuaderno original 1.   

4  Folios      51      y      52      Id.   

5  Folios 142 a 151 Id.   

6  Folios 153 a 155 Id.   

7  Folios  272  a 274 Id. En el  interregno hubo peticiones de nulidad y de libertad.   

8  Folios 394 a 397 del cuaderno original 2.   

9  Folios 503 a 505 del cuaderno original 3.   

10 Se  libraron las correspondientes órdenes de captura.   

11  Folios 506 a 538 Id.   

12  Folios 626 a 698 Id.   

13  Folio 666 del cuaderno original 3.   

14  Folio 664 Id.   

15  Folio 661 Id.   

16  Folio 660 Id.   

17  Folio 656 Id.   

18  Folio 655 Id.   

19  Folio 653 Id.   

20  Folio 648 Id.   

21  Folio 645 Id.   

22  Id.   

23  Folio 765 Id.   

24  Folio 757 Id.   

25  Folios 19 de la providencia, 608 del cuaderno original 3.   

26  Folios 20 y 607 Id.   

27  Folios 23 y 604 Id.   

28  Folios19  y  20  del  fallo  de  primer  grado,  519 y 520 del cuaderno original  3.   

29  Folios  25  y  26  del  fallo  de segundo grado, 601 y 602 del cuaderno original  3.   

30  Radicado 42597.     

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