AP4213-2016(45041)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP4213-2016  

Radicación 45041  

(Aprobado Acta n.° 194 )  

          Bogotá  D.C.,  veintinueve  (29)  de  junio  de  dos mil dieciséis  (2016)   

VISTOS:  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil, en contra de la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  una  Sala  de  decisión  Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Montería, el 30 de julio de 2014, mediante  la  cual  revocó el fallo condenatorio emitido por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, de fecha 25 de febrero de ese año, absolviendo a  la   procesada   YOLANDA   MARGARITA  NISPERUZA  CAMPO,  del  delito  de  fraude  procesal.    

ANTECEDENTES:  

    

1. Fácticos     

         

          Dentro  del  proceso  civil de sucesión1  que  cursaba  en el Juzgado 2  del  Circuito  de  Familia  de  Montería, cuyo causante es Pedro José Castilla  Castillo,  se ordenó el secuestro del bien inmueble con matrícula inmobiliaria  n.º   140-13427,   ubicado   en  la  calle  21  #  13-45,  barrio  ‘La          Julia’    de    la   misma   ciudad.    

         

          El  24  de  febrero del 2000 se practicó la diligencia de secuestro  con  la  presencia  de  YOLANDA  MARGARITA NISPERUZA CAMPO, quien residía en el  inmueble  e  informó  ser  la  propietaria  de  los  muebles  en  él hallados.  Posteriormente,   (10   de  setiembre  de  2001),  la  señora  NISPERUZA  CAMPO  presentó,  a  través  de  apoderado,  oposición  a  la  entrega  del  predio,  argumentando  la  no  coincidencia  de  la dirección, en cuanto el secuestro se  ordenó  sobre  el  identificado  con  la  nomenclatura  13-45  de  la calle 21,  mientras  que  el que ella poseía corresponde a las mismas calle y carrera pero  bajo  el  número  29;  adicionalmente,  adujo  ser la poseedora durante más de  catorce años.   

          Ante  la  prosperidad  de la oposición, la señora Ilvia Hernández  Hernández,  en  su condición de esposa y beneficiaria en el proceso sucesoral,  instauró  denuncia  en  contra de YOLANDA MARGARITA NISPERUZA, por el delito de  fraude  procesal,  debido  a que ésta utilizó afirmaciones mendaces como medio  para  inducir  en  error al Juez Segundo Civil Municipal y al Segundo de Familia  del Circuito de esa ciudad.   

    

1. Procesales     

         

          El  24 de agosto de 2007, la Fiscalía 28 Delegada ante los Juzgados  Penales   del   Circuito   de  Montería,  dispuso  la  apertura  formal  de  la  investigación,  ordenando la vinculación de YOLANDA MARGARITA NISPERUZA CAMPO,  la cual se cumplió mediante indagatoria el 23 de marzo de 2010.   

          Cerrada  la  investigación, el 30 de noviembre de 2010 se calificó  el  mérito  del  sumario  mediante  resolución  de  acusación en contra de la  vinculada,  como posible autora del delito de fraude procesal.  En el mismo  proveído   se   definió   su   situación   jurídica   imponiendo  medida  de  aseguramiento  consistente  en  caución  prendaria  de un salario mínimo legal  mensual  vigente.  Contra  esta decisión el apoderado de la procesada interpuso  el  recurso  de  apelación,  resuelto  el 27 de agosto de 2012 por la Fiscalía  Primera Delegada ante el Tribunal de Montería.   

         

          La  etapa  del  juicio  correspondió  al  Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, que mediante sentencia proferida el 25 de febrero  de  2014  condenó  a  YOLANDA MARGARITA NISPERUZA CAMPO, a la pena principal de  cuatro  (4)  años  de  prisión,  como  autora responsable del delito de fraude  procesal.  Igualmente,  dispuso la inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  al  de  la  pena privativa de la  libertad  y  le  concedió la condena de ejecución condicional.  Decisión  contra la cual el defensor interpuso el recurso de apelación.   

          El  30  de  julio  de  2014, la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Montería, revocó el fallo recurrido, para en su lugar,  absolver a la procesada del cargo formulado.   

         Contra  la  anterior  decisión,  el  apoderado  de  la parte civil  presentó  demanda  de  casación,  cuya admisibilidad es el objeto del presente  pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

         Cargo único. Nulidad   

Tras   identificar   a   las   partes   e  intervinientes,  el  actor  señala  la  cuestión fáctica y formula múltiples  reproches  contra  la sentencia del Tribunal, al amparo de la causal prevista en  el  numeral  3º  del  canon  207 de la Ley 600 de 2000, que se sintetizan de la  siguiente manera:   

Primero:  La sentencia de fecha 30 de julio  de  2014  carece  de  fundamentos  jurídicos  y presenta deficiencias fácticas  porque  en  forma errada el Tribunal entendió que el problema jurídico surgió  en   la  ‘diligencia  de  secuestro’   del  bien  inmueble,  cuando  realmente  la  situación  constitutiva  del delito de fraude  procesal   ocurrió   durante   la   ‘diligencia   de   entrega’,  como  bien  lo  indicó el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Montería, en la sentencia de primera instancia.   

Segundo.   Indica   que  el  Ad  quem, en la sentencia absolutoria, al  abordar   «el  “juicio  de  tipicidad”,  se  ha  detenido  en  el  “aspecto negativo” señalando como causal de exclusión de  tipicidad  “que la acusada se consideraba legitimada en su derecho”, sin una  motivación   jurídica   o,   conceptual   apoyada   en  la  doctrinaria  o  la  jurisprudencia  que  justifique  la  atipicidad  descrita  por  AD-QUEM  para el  punible   de   fraude   procesal,  y  desconociendo  que  las  causales  legales  excluyentes  de tipicidad taxativamente descritas en el artículo 32 del Código  Penal  o  describiendo  causal  extralegal  reconocida  por  la  doctrina  y  la  jurisprudencia,     tal     como    se    puede    apreciar    al    leer    sus  considerativas.».   

Tercero.  Transcribe  los  apartes  de  las  sentencias  de  las  instancias,  en  los  que  se  efectuó  el análisis de la  situación  fáctica  y  las  pruebas  allegadas,  resaltando  que  arribaron  a  conclusiones  opuestas,  por  cuanto,  mientras  el  Tribunal colige que YOLANDA  MARGARITA  NISPERUZA reclamaba su derecho a la posesión sobre el bien inmueble,  el  juzgado ya había deducido que la acusada sabía que no tenía la condición  de poseedora.   

Desarrolla  el  reproche,  reproduciendo la  valoración  individual y conjunta de las pruebas, así como las manifestaciones  de  la  sindicada  durante  la  indagatoria,  para, a continuación, criticar al  Tribunal  por  otorgar  credibilidad a lo dicho por ella y la manera como juzgó  la  prueba,  por cuanto, luego de hacer una apreciación propia, entiende que la  acertada  es  aquella  efectuada  por  el  juzgador  de primera instancia cuando  condenó a la procesada.    

A  juicio  del  demandante, tales yerros se  extienden  a  la  conclusión,  según  la  cual,  la  procesada  era compañera  permanente  del  causante  Pedro  José  Castilla  Castillo  y  por  tal  razón  reclamaba  la  posesión  del  inmueble  que  habitó  con  él,  pues  con  tal  afirmación  desconoce  el  Tribunal  que  la  declaratoria de unión marital de  hecho  sólo  puede  ser  declarada  por escritura pública ante un notario; por  acta  de  conciliación  en  un  centro  legalmente  constituido o por sentencia  judicial.   Adicionalmente,  omite tener en cuenta que el declarante Miguel  Ángel  Castilla  informó  que  NISPERUZA  CAMPO,  a lo sumo, llegaba a ser una  ‘concubina’ de su fallecido padre.   

Cuarto. El Tribunal, erróneamente, acogió  los  planteamientos  del  recurrente,  ‘sin  motivar  debidamente’  la  sentencia, de tal manera que con los argumentos de la segunda  instancia   no   se  alcanzan  a  rebatir  los  expuestos  por  el  A quo.   

El libelista, igualmente encuentra presente  el   principio   de   residualidad   de   la   nulidad,  dado  que  «hasta  no  agotar  este recurso, no procede otro recurso por vía  legal para restablecer el derecho afectado».   

En  desarrollo  de  la trascendencia de las  irregularidades   que,   considera,   invalidan   la   actuación,   refiere  el  quebrantamiento  del  debido  proceso,  lo  cual  afecta  las  garantías  de la  denunciante   Ilvia   Hernández   Hernández,   así   como   su   «honra,  trato  digno,  y  la  propiedad  privada…».   

Concluye    que    el    «fallo  no se compadece con la verdad de lo ocurrido»,  por  lo  que solicita casar, «y en su  lugar,  dejar  sin  efectos  la  sentencia  aludida  y, confirmar, y ajustar, la  Sentencia  del  25  de  febrero  de  2014 del Juzgado Tercero Penal del Circuito  previo estudió de las impugnaciones que le hicieron las partes.»   

                                                      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         1. Del recurso de casación   

Como    mecanismo    de    impugnación  extraordinario,  el recurso de casación impone que los recurrentes formulen sus  reproches  con  apego  a  los  requisitos  de  lógica y adecuada argumentación  definidos  por  el  legislador y desarrollados por la jurisprudencia, con el fin  de   evitar   que   se   convierta   en   una   instancia  adicional  a  las  ya  surtidas,  en  el entendido que a esta sede arriba el  fallo  prevalido  de  una  doble  presunción de acierto y legalidad.   

Tales requerimientos están orientados a la  presentación  de  una exposición argumentativa basada en presupuestos mínimos  de  lógica  y  coherente postulación y desarrollo de los cargos propuestos, de  tal  manera  que  resulten claros e inteligibles, sin que corresponda a la Corte  desentrañar   el   sentido   de   las   pretensiones  a  partir  de  oscuras  y  contradictorias alegaciones del demandante.   

La demanda está sujeta de manera ineludible  a  unos  contenidos mínimos de naturaleza formal, que a decir del artículo 212  de  la  Ley 600 de 2000, estatuto bajo el cual se tramitó este proceso, son los  siguientes:    (i)   la  identificación   de  los  sujetos  procesales  y  de  la  sentencia  impugnada;  (ii)  una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la actuación procesal; y, (iii)  la enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las normas que el demandante estime infringidas.   

De igual manera, es pertinente recordar que  en  materia  de  nulidades,  si  bien  la  Sala  ha  dicho  que  su proposición  y  demostración  es menos  exigente  que las otras causales de casación, lo cierto es que impone al censor  proceder  con precisión al identificar la clase de irregularidad sustancial que  determina  la  invalidación;  señalar  si se trata de un vicio de estructura o  garantía;  plantear  sus  fundamentos  fácticos;  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados; fijar el momento procesal en que se produjo la anomalía  y  la  cobertura  de  la  invalidez  deprecada;  y,  acreditar,  en términos de  trascendencia,  la  necesidad  de  acudir  a  la  nulidad  como remedio único y  extremo  para  restablecer  el derecho afectado con la anormalidad procesal o la  garantía conculcada.   

Lo  anterior  en  estricta sujeción de los  principios  que  rigen  esa  materia,  por  lo cual debe quedar claro que: i) se  trata  de  uno  de  los motivos expresamente contemplados en la ley –taxatividad–;  ii) afecta de manera real y cierta  las  garantías  fundamentales  o  altera  las bases esenciales de la actuación  –trascendencia–;      iii)     no     procede     la  rescisión  cuando  el  acto  tachado de irregular ha  cumplido  el propósito para  el  cual  estaba  destinado,  siempre  que  no  se  viole  el derecho de defensa  –instrumentalidad–;   vi)   quien   lo  solicita  no  ha  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la   irregularidad   no  ha  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–  y,  vi)  no  hay  otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

Sobre  estas  bases,  abordará  la Sala el  estudio  de la censura, con el objeto de determinar si  es admisible o no.   

         2. Estudio de la demanda   

Confrontados los lineamientos anteriores con  la  forma  y  contenido  de la demanda, surge nítido que el impugnante incumple  con  las  más  básicas  exigencias  de  debida fundamentación, no solo por la  falta   de   claridad,   coherencia   y   concreción  de  sus  argumentos,  que  imposibilitan  su  adecuado  entendimiento,  sino  porque ignora cada uno de los  requerimientos atrás reseñados.   

La   construcción   lógica  del  recurso  extraordinario  de  casación,  impone  al  libelista  que  denuncie la supuesta  irregularidad,  pero  además,  imprescindible  acreditar  que esa situación le  impidió  ejercer  los  derechos como parte procesal.  Proposición ausente  del  discurso  del casacionista, quien circunscribió las denominadas anomalías  a  las  consideraciones  expuestas por el Tribunal, que se contraponen a las del  juzgado  de  primera  instancia,  contexto  que obviamente es el que corresponde  siempre que el superior funcional revoca una providencia impugnada.   

La  pretensión  del  censor de obtener una  sentencia  de  carácter  condenatorio,  lo  lleva  a  proponer la existencia de  irregularidades  en  el  fallo del Tribunal que ataca por la vía definida en el  numeral  3  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, reclamando un análisis de  las  pruebas,  que,  en  su  entender,  fueron  correctamente  valoradas  por el  juzgador  de  primera  instancia,  debiendo  primar ésta sobre la realizada por  el  Ad  quem  al decidir el  recurso de apelación.   

Reclamo  que de manera desacertada, plantea  por  medio  de  un  alegato  de  instancia  en el que no se vislumbra el mínimo  intento  por  ocuparse  de  señalar  las  situaciones  irregulares a las cuales  atribuye  la  alegada  violación  de  derechos fundamentales de la denunciante,  sino  que  dirige a lo que para él representa la indebida motivación del fallo  del Tribunal.   

La  falta  de  precisión  y claridad en los  argumentos  del  recurrente,  impiden que la Sala desentrañe si los mencionados  defectos  de  motivación  se  refieren  a  la  ausencia  absoluta,  deficiencia  sustancial  o  ambigüedad,  vicios  que  pueden  ser  atacados  por  la vía de  nulidad,  en  cuanto  conllevan  a  la  transgresión  de los derechos al debido  proceso y a la defensa. Sin embargo,   

[L]a postulación específica de uno u otro  tipo  de  error  no  es  homogénea,  pues  la argumentación que los soporta es  diversa  en  cada  caso,  en  tanto  el primero apunta a la categórica falta de  fundamentación  fáctico jurídica del fallo, la segunda, a la ausencia parcial  de  elementos  de  juicio  suficientes de orden probatorio o legal que lo tornan  incompleto  y  la  última,  a  la confusa, contradictoria, ambigua, imprecisa o  dilógica   proposición   de  los  argumentos  de  la  decisión  que  la  hace  ininteligible.   

El  cuarto  defecto  de motivación, que no  corresponde   a  un  error  in  procedendo  sino  de  juicio,  denominado  falsa  motivación,  en  cambio,  se  ataca  por  la  vía de la causal primera, cuerpo  segundo,  en  el  sistema de la Ley 600 de 2000.   (CSJ   AP633-2016.    10  feb.  2016.  Radicado  46067).   

Bajo  tal  entendido,  lo  que  califica  el  libelista  como falencias de motivación, no es nada diferente a su discrepancia  con  los  argumentos  dados  a  conocer  por  el Tribunal en el fallo de segunda  instancia,  que  respaldan  la  absolución  de  la  procesada YOLANDA MARGARITA  NISPERUZA  CAMPO  una vez efectuada la valoración de las pruebas, permitiendo a  los  sujetos  procesales  enterarse  de las razones probatorias y jurídicas que  condujeron   al  juez  colegiado  a  decidir  en  tal  sentido,  luego,  resulta  contradictorio  predicar  la  falta  de  motivación  recurriendo  a  enunciados  genéricos  tales  como  vulneración  al debido proceso en concordancia con los  artículos   «13,   232,  170  y  238  del  Código  Penal»,  para,  a  renglón  seguido, controvertirlos  acudiendo  a  su particular perspectiva, que, desde luego, coincide con la de la  sentencia del juzgado que fuera revocada.    

El libelista no enseña la naturaleza de los  errores  que le atribuye al fallo recurrido en casación, puesto que no dilucida  cómo  es  que  cada uno de ellos encuentra su representación en la providencia  que   cuestiona.   Tampoco   explica,   por   ejemplo,  cómo  se  evidencia  la  anfibología,  acompañada  del  desarrollo  acorde  a  la  real necesidad de la  declaratoria de invalidación.   

El  único  error  que  el  censor  logra  evidenciar,  es  aquél  referido  a la imprecisión del Tribunal al plantear el  problema  jurídico a resolver, en cuanto señaló que la procesada presentó la  oposición      durante     la     ‘diligencia  de  secuestro’   del   bien  inmueble,  cuando  realmente  ello  sucedió  en  el  desarrollo       de       la      ‘diligencia   de   entrega’.   No  obstante,  tal  equívoco,  por  cierto superado en el  acápite  de  consideraciones,  no comporta trascendencia alguna cuando se trata  de  establecer  si la sindicada Yolanda Margarita Nisperuza indujo en error a la  autoridad  judicial, por cualquier medio fraudulento, para obtener una decisión  contraria  a  la  ley, es decir, la irrelevante imprecisión no tiene incidencia  en la validez de la sentencia recurrida.   

A  la  par, el recurrente cuestiona por la  misma   vía   de   la   nulidad,  la  “apreciación”  que  el  Ad   quem  hace  de  las  pruebas  y  la  información  ofrecida  por  la  sindicada  en la indagatoria, ignorando que tal  cometido  es  ajeno a la causal invocada, correspondiendo su postulación por la  vía del error de hecho.   

En  el  mismo  camino,  pretende,  con  la  confrontación  entre  apartes de las conclusiones probatorias consignadas en la  decisión  censurada  y  las  razones expuestas por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Montería,  que  de allí se infiera la equivocación del fallador  Ad-quem  en  materia  de  apreciación,  sin  detenerse  a  plantear  la presencia de un error de hecho en  cualquiera  de  sus  variables,  tampoco  reflexionar  acerca  de  la  elemental  contraposición  de  argumentos  que  se  manifiesta  siempre que el juzgador de  segunda  instancia  revoca  el  proveído  revisado  en  virtud  del  recurso de  apelación,  situación  que,  ni  de  cerca,  configura  un yerro demandable en  casación.   

Y  es  que,  contrario  a  sus  deberes de  fundamentación,  el  demandante  se  limita a presentar una personal visión de  los  hechos,  demeritando  la  credibilidad  otorgada  al dicho de la sindicada,  quien  aduce  derechos  que  surgen de su relación de pareja con Pedro Castilla  Castillo,  con  quien  convivió  durante  más  de 14 años en el inmueble cuyo  secuestro fue ordenado dentro del proceso de sucesión.   

De  esa manera, deja de lado que la simple  disparidad  de criterios no constituye yerro demandable en casación, por lo que  su  particular  percepción  sobre el grado de credibilidad que debe darse a los  testigos,   no  satisface  las  exigencias  de  fundamentación  de  la  censura  presentada.   

Así, resulta desafortunado señalar cuál  debe  ser  la  valoración  correcta  que  merece  la  prueba,  como  lo hace el  demandante  en  relación  con la actuación trasladada del proceso civil, o las  manifestaciones  vertidas  en indagatoria por la procesada, pretendiendo asignar  un  mayor  grado  de  credibilidad  a  la  versión  entregada por Miguel Ángel  Castilla  Fernández,  quien  declaró que la señora NISPERUZA CAMPO, a lo sumo  era            una           ‘concubina’  de su padre, por tanto, ningún derecho patrimonial le asistía.   

Más   allá   de   tan   trascendentes  impropiedades,  el  recurrente  olvidó  demostrar  que  la  conclusión  de  la  sentencia  es  el  producto  de  evidentes  errores, para, a cambio, dedicarse a  convencer  a  la  Corte  de  que  su  personal apreciación de la prueba es más  plausible  que  la  plasmada  por el juzgador, sin siquiera referirse al aspecto  medular  concerniente  al  debate penal: la estructuración del delito de fraude  procesal    y    la    responsabilidad    atribuible    a    YOLANDA   MARGARITA  NISPERUZA.   

A cambio, emprendió exacerbada defensa de  proposiciones  inherentes  a la jurisdicción civil, tales como que la procesada  carecía  de  la  condición de poseedora del bien inmueble y tampoco tenía con  el causante unión marital de hecho declarada.   

La  estructura del desarrollo del cargo se  asemeja,  en  el mejor de los casos, a un alegato de instancias, dando el censor  su  particular  alcance  y sentido a la prueba documental y testimonial allegada  al   proceso,   sin  que  en  parte  alguna  disponga  de  una  argumentación que  sustente  una irregularidad que vicie la actuación, o  la  presencia  de  un  error  de  hecho,  del  que  ni  siquiera da cuenta en la  postulación,  lo  que  impide a la Sala desplegar   un   mayor   análisis  para  comprender la ineficiencia del reparo presentado.   

En   síntesis,   la  demanda  debe  ser  inadmitida   porque   el  impugnante  (i)  no  acredita  la  existencia  de  un error en los fundamentos que  sirvieron  de sustento a la sentencia absolutoria de YOLANDA MARGARITA NISPERUZA  CAMPO;  (ii) no identifica  la   clase   de   irregularidad  que  determina  la  invalidación  alegada,  y,  (iv) se limita a presentar  su  exclusivo  examen  de  lo  que  la  prueba arroja, sin superar el alegato de  instancia ajeno a la sede casacional.   

De   otra  parte,  del  estudio  de  las  diligencias,  la  Sala  no encuentra motivo que amerite superar las falencias de  la  demanda,  para  asegurar,  de  oficio,  el  cumplimiento  de  las garantías  fundamentales o los fines del recurso.   

Cabe   señalar,  finalmente,  que  esta  decisión  causa ejecutoria con su suscripción y contra ella no procede recurso  alguno,  conforme  a  la literalidad del artículo 187, inciso 2º de la Ley 600  de  2000,  pese  a  que  los  efectos  jurídicos  se  surtan  a  partir  de  su  comunicación.   

        En  virtud  de  lo  expuesto,  la  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por   el   representante   de  la  parte  civil.   

        Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Radicado   062-13   de   2000.   Juzgado   2   del   Circuito   de   Familia  de  Montería     

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