AP4050-2016(47727)

2016

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

          MAGISTRADO  PONENTE            

AP4050-2016  

Radicación n° 47727.  

Aprobado acta No. 194.  

Bogotá,  D.C.,  veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de CÉSAR HIPÓLITO FONSECA  ALBA,  en  contra  de  la sentencia de segundo grado proferida por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá, el 11 de diciembre de  2015,  mediante  la  cual revocó el fallo absolutorio emitido el 2 de diciembre  de  2013 por el Juzgado Tercero Penal Municipal con funciones de conocimiento de  la  misma ciudad, y condenó al procesado, como autor responsable de la conducta  punible  de  estafa, a la pena  principal  de  36  meses  de prisión, multa de 117,83 salarios mínimos legales  mensuales   vigentes   en   el   año   2008,  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por lapso  igual al de la pena privativa de la libertad.   

H E C H O S  

En la providencia emitida por el Tribunal se  consignaron de la siguiente manera:   

JOSE   HUMBERTO  CORONADO  QUIROGA,  CESAR  HIPOLITO  FONSECA  ALBA,  que  los  (sic)  unía  entrañable  amistad  desde  la  infancia, y ELSA JEANNETTE  GUZMAN  VALDERRAMA,  esposa  del  primero,  adquirieron  el  “lote  de terreno  marcado  con  el  No.  193  de  la manzana 107 de la Urbanización Normandía…  donde  cabían  tres  casas”,  para lo que el segundo aportó $59.000.000 y el  derecho de dominio quedó en cabeza de la tercera.   

Desavenencias  por  la  edificación  de las  viviendas  y  rumores de que CESAR HIPOLITO FONSECA ALBA quería tomar posesión  de   uno   de   los   inmuebles,   (sic)  los  cónyuges  le  impidieron  su  ingreso, por lo que aquél los  denunció por abuso de confianza.   

Dentro de esa indagación preliminar, el 4 de  junio  de  2008,   ante  la Fiscalía 109 Local,  suscribieron acta de  conciliación,  donde  acordaron  que  JOSE  HUMBERTO  CORONADO  QUIROGA  y ELSA  JEANNETTE  GUZMAN  VALDERRAMA  le  hacían  entrega  material  de una casa de la  carrera   71B   número  54-39  de  esta  ciudad,   cuya  construcción  se  encontraba  en  fase  final,   y  el  9  de  junio  siguiente la última le  transfería  el  dominio mediante escritura de “compraventa”,  a cambio  de  que  el primero pagara $56.000.000, de los cuales $12.000.000 se debían por  la  fabricación  de closets,  zapateros y muebles de cocina, y $44.000.000  correspondían  a  “materiales  diversos  que  se  van  en  una casa”,   intereses  y  “la diferencia entre el valor mayor que se le metió y el dinero  que  dijo  que  fueron  $123.000.000  en total,  incluido el lote”,   valores  que  respaldó  mediante  cheques  00066-1  y 00067-3 de Davivienda que  debían  hacerse  efectivos  el  9  de  junio  y  el  4 de agosto de 2008,   respectivamente.   

JOSE  HUMBERTO  CORONADO  QUIROGA  y  ELSA  JEANNETTE  GUZMAN  VALDERRAMA  sufragaron  los  gastos de ebanistería y el 9 de  junio  de ese año ésta suscribió el correspondiente instrumento público 1972  de  la  Notaría  Segunda del Círculo de Bogotá, cuya inscripción se efectuó  el 19 de junio siguiente en la Oficina de Instrumentos Públicos.   

Sin embargo, CESAR HIPOLITO FONSECA ALBA dio  orden  de  no pago del segundo título valor en mención, pese a lo convenido el  4  de  junio  de  ese  año,  con  el  argumento  de  que  aquellos incumplieron  parcialmente  sus obligaciones y aunque vendió el bien, mediante escritura 4915  de  19 de noviembre de 2008, a PEDRO JULIO PAEZ CASTELLANOS y FLOR ALBA GONZALEZ  DE  PAEZ,  no  ha  cancelado  el  saldo  de $44.000.000 a favor de JOSE HUMBERTO  CORONADO QUIROGA y ELSA JEANNETTE GUZMAN VALDERRAMA.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En audiencia preliminar llevada a cabo el 15  de  diciembre  de  2009, se formuló imputación a CÉSAR HIPÓLITO FONSECA ALBA  por el delito de estafa, cargo que no aceptó.   

El  ente  instructor  presentó  escrito  de  acusación  el  14  de enero de 2010, ratificando que se procede por el ilícito  de  estafa, tipificado en el  artículo 246 del Código Penal.   

La   etapa   del   juicio   inicialmente  correspondió  al  Juzgado Segundo Penal Municipal con funciones de conocimiento  de  Bogotá,  despacho  que celebró las audiencias públicas de formulación de  acusación   -el   19   de   marzo  de  2010-  y  la  preparatoria  –el  6  de mayo de 2010-.  El 9 de  agosto  de  esa misma anualidad el citado despacho, a instancia de la fiscalía,  precluyó   la   investigación  adelantada  en  contra  de  FONSECA  ALBA,  por  atipicidad  del  hecho,  decisión  contra la cual el apoderado de las víctimas  interpuso  recurso  de apelación, resuelto por el Juzgado 25 Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad, autoridad que mediante auto del 4 de noviembre siguiente,  revocó   lo   decidido   por   el  a-quo  y  ordenó  la  continuación  de  la  actuación.   

Asumido el conocimiento del proceso, esta vez  por  el  Juez  Tercero Penal Municipal con funciones de conocimiento de Bogotá,  la  celebración de la audiencia de juicio oral se llevó a cabo en sesiones del  9  de  mayo  y  8  de  noviembre  de 2011, y 11 de enero y 12 y 15 de febrero de  2012.   Una  vez  concluido el debate probatorio, la fiscalía solicitó en  alegato  de cierre la absolución “perentoria”, requerimiento descartado por  extemporáneo  al  interior de la sentencia absolutoria proferida el 16 de marzo  de 2012.   

Recurrido en apelación el anterior fallo por  el  delegado  de la Fiscalía y el representante de las víctimas, la Sala Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, mediante auto del 20 de  junio  de  2013,  anuló  lo  actuado  a  partir  de  la sesión del juicio oral  practicada  el  15 de febrero de 2012, para que el juez director de la audiencia  se  pronunciara  acerca de la petición de absolución perentoria elevada por el  representante del órgano de persecución penal.   

Restaurada   la   actuación,   para   dar  cumplimiento  a lo ordenado por el superior, el Juez Tercero Penal Municipal con  funciones   de  conocimiento  negó  la  absolución  perentoria  mediante  auto  calendado el 4 de septiembre de 2013.   

Posteriormente,     continuó  con  la audiencia de juicio oral, por lo que el 4 de octubre  de  2013  recibió  los  alegatos  de  las  partes. En esa oportunidad el fiscal  solicitó,  nuevamente,  el  proferimiento  de  sentencia absolutoria a favor de  CÉSAR   HIPÓLITO   FONSECA   ALBA,  argumentando  atipicidad  de  la  conducta  investigada   e   imposibilidad   de   probar,  más  allá  de  toda  duda,  la  responsabilidad del acusado.   

A su turno, la defensa respaldó el pedimento  elevado  por  la Fiscalía, para lo cual, con fundamento en el entonces criterio  imperante  de  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, hizo  énfasis  en  la  imposibilidad  que  le  asistía  al  juzgador  de  emitir una  decisión  contraria  a  la  promovida por la agencia fiscal.  Aun así, el  abogado  presentó los alegatos de cierre en los que propendió por la inocencia  de su prohijado.      

Por  su  parte,  el  representante  de  las  víctimas  se  opuso  a  la solicitud elevada por el delegado fiscal, señalando  que  en  el  presente  caso,  a  la luz de las pruebas practicadas en juicio, se  encuentran  estructurados  los  elementos  constitutivos  del  delito estafa que  fuera  imputado  a  FONSECA  ALBA.   Por  lo  tanto,  peticionó al juez se  emitiera fallo de carácter condenatorio.   

Mediante fallo del 2 de diciembre de 2013, el  Juez   de  conocimiento,  teniendo  como  único  fundamento  la  manifestación  realizada  por  la  Fiscalía, absolvió al procesado de la conducta punible por  la cual se le acusó.   

Apelada   dicha   providencia   por   el  representante  de  las  víctimas, el Tribunal Superior de Bogotá la revocó el  11  de  diciembre  de  2015  y  condenó  a  FONSECA  ALBA,  al  hallarlo  autor  responsable  del  delito  de estafa, mediante la sentencia que hoy es objeto del  extraordinario recurso interpuesto por la defensa.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Primer  cargo.  Violación directa de la ley  sustancial por falta de aplicación   

Aduce  el  recurrente  que  CÉSAR HIPÓLITO  FONSECA  ALBA,  el 4 de junio de 2008 emitió el cheque posdatado número 00063-  3  del  Banco  Davivienda,  para  ser  cobrado  sesenta días después, librando  posteriormente orden de no pago.   

En  ese  contexto,  el  Tribunal Superior de  Bogotá  debió  aplicar  el  artículo  248 del Código Penal, que en su tercer  inciso establece:   

La  emisión  o  transferencia  de  cheque  posdatado o entregado en garantía no da lugar a la acción penal.   

La  citada  norma  prevé de manera clara la  improcedencia  de la acción penal cuando el conflicto se origina en la emisión  de    un    cheque    posfechado    –como  es  el  caso-;  no  obstante,  mediante  sentencia  de segunda  instancia  la  Colegiatura  inaplicó la disposición legal llamada a regular el  asunto  y  en  consecuencia  condenó  a  su  representado  por  el  ilícito de  estafa.    

Señala   el   censor  que  con  el  yerro  evidenciado  se  desconoció  el  contenido  de  los  artículos  9, 10 y 11 del  Código   Penal,  y  los  artículos  4  y  228  de  la  Carta  Política,   causándose   un   grave  perjuicio  patrimonial  y  moral  al  procesado,  como  consecuencia de la emisión de la sentencia condenatoria.   

Concluyó  que  la  conducta  desplegada por  FONSECA  ALBA  es  atípica  y  «en  consecuencia  es  lícita y carece de antijuridicidad».   

Segundo  Cargo. Violación directa de la ley  sustancial por aplicación indebida   

Con  apego en el tipo penal consagrado en el  artículo   246   de  la  Ley  599  de  2000,  según  el  cual:  «El  que  obtenga  provecho  ilícito para sí o para un tercero, con  perjuicio  ajeno,  induciendo  o  manteniendo  a  otro  en  error  por  medio de  artificios  o  engaños incurrirá en…»,  advierte  el  defensor  que  el  Ad  quem incurrió en violación  directa de la ley sustancial por aplicación indebida de la norma.   

Aduce que mediante comunicación enviada por  CÉSAR  HIPÓLITO  FONSECA  ALBA  el  29 de julio de 2008, se alertó a JEANETTE  GUZMÁN  RODRÍGUEZ  sobre la orden de no pago efectuada, ello con antelación a  la  fecha  de  consignación  del  cheque.  Como  quiera que no obtuvo respuesta  alguna,  su  representado  decidió convocarla a audiencia de conciliación ante  la  Personería  de  Bogotá, sin que asistiera en la fecha programada, esto es,  el    11    de    septiembre    de    ese    mismo    año,    ni    presentarse  justificación.   

El  20 de octubre siguiente, un mes antes de  la  venta  del  bien  inmueble,  acaecida  el  19  de noviembre de 2008, quienes  figuran   como  víctimas  denunciaron  a  CÉSAR  HIPÓLITO  FONSECA  ALBA  por  estafa.   

Lo  anterior,  según  el libelista, permite  evidenciar  que  los  denunciantes  no fueron engañados ni mantenidos en error,  pues,  su  prohijado  les informó la orden de no pago emitida y efectuó lo que  estaba a su alcance para solucionar el conflicto presentado.   

De  otra  parte,  FONSECA  ALBA  no  obtuvo  provecho  alguno,  pues, si bien «ciertamente recibió  el  derecho  de  dominio  del  inmueble  del cual hizo mutación la señora Elsa  Jeanette  Guzmán,  pero aún cuando el inmueble quedó en cabeza del mencionado  ciudadano,  él  tenía derecho a que se transfiriera por cuanto había aportado  dinero  y  se  obligaba  a  pagar  el resto, sin olvidar que todo contrato civil  lleva       implícita       la      acción      de      rescisión.»   

En  ese  entendido,  el  Tribunal  erró  al  considerar  que  su  representado había utilizado el acta de conciliación como  medio  para concretar un engaño, cuestión que no se ajusta a la «realidad  de las cosas», y que dio lugar a  la  indebida  aplicación de la norma que consagra el tipo penal de estafa, así  como  también de los artículos «380 norma que obliga  a  tener en cuenta el acervo probatorio en su conjunto y el artículo 381 prevé  que  solamente  se  puede proferir sentencia condenatoria cuando no haya duda de  la  comisión del delito y de la responsabilidad del procesado,  lo cual no  ocurrió en este caso concreto».   

A   juicio   del   censor   «de  haberse  hecho  un  estudio  real  de  las  circunstancias y con  conocimiento  real  de  lo  acontecido»,  el Tribunal  Superior  de  Bogotá  habría  confirmado  la  absolución  emitida  en primera  instancia.   

Tercer Cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho por falso raciocinio   

Señaló  el  memorialista  que  el Tribunal  Superior  de  Bogotá  se apartó de la lógica al precisar que CÉSAR HIPÓLITO  FONSECA  ALBA  había  inducido  o  mantenido  en  engaño  a  los denunciantes,  desconociendo  las circunstancias que llevaron al procesado a emitir orden de no  pago del título valor previamente emitido.    

Luego  de  transcribir un corto aparte de la  sentencia  recurrida, insiste en que CÉSAR HIPÓLITO FONSECA ALBA dio noticia a  los  denunciantes  de la orden de no pago del cheque antes de su consignación y  los  citó a conciliación ante la Personería Distrital de Bogotá.  De la  misma  manera,  reitera  que  la denuncia penal se presentó el 20 de octubre de  2008,  fecha para la cual Fonseca Alba no había vendido el bien inmueble objeto  de  controversia, por lo que mal podría tomarse un acto posterior a la fecha de  la denuncia como indicativo de su intención de no pagar.   

Según  el recurrente la lógica enseña que  quien  quiere  estafar a otra persona, no solamente tima a la víctima, sino que  al  obtener  provecho  ilícito  procura desprenderse lo más pronto posible del  patrimonio  logrado  con el artificio y desaparece sus bienes, cuestión opuesta  a  la  actitud asumida por su representado, quien mantuvo en su poder el derecho  de  dominio  del  inmueble  entregado,  a  sabiendas  de  que su acreedor podía  solicitar su embargo y secuestro.   

De  otra parte CÉSAR HIPÓLITO FONSECA ALBA  «no  tenía  ningún motivo para pretender engañar a  Elsa  Jeanete  (sic)  y  (sic)  José Oscar Coronado»,  conclusión  a  la  que  llega  luego  de  realzar  la  formación profesional y  ausencia de antecedentes penales de su representado.   

En virtud de los cargos atrás planteados, el  censor  solicitó  se  case la sentencia materia de recurso y en consecuencia se  absuelva a CÉSAR HIPÓLITO FONSECA ALBA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  casación corresponde a una impugnación  de   índole   extraordinaria,   sin  que  sea  asimilable  a  una  tercera  instancia.  Bajo ese entendido, la  Corte  ha puntualizado que el censor tiene la carga de demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  recurrir,  señalar  la  causal, desarrollar los cargos y acreditar la necesidad  del  fallo para cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    sufridos    por    éstos    y    la   unificación   de   la  jurisprudencia.   

Es,  entonces, deber de la Sala constatar en  la  formulación  y desglose de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica  y  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia.   

En  ese  marco,  la Corte pasa a evaluar los  cargos formulados por el casacionista.   

Primer cargo  

En razón a que el demandante seleccionó la  causal  primera  de  casación,  es  decir,  la  violación  directa  de  la ley  sustancial,  para  argumentar  la falta de aplicación del artículo 248, inciso  3°,  del Código Penal, según el cual «La emisión o  transferencia  de  cheque  posdatado  o  entregado en garantía no da lugar a la  acción   penal»,  ha  de  recabar  la  Sala  en la esencia de los postulados necesarios para demostrar una  censura  acorde  con  la  naturaleza  del  recurso,  sin  que ello constituya la  imposición  de  un  método  determinado,  pues,  se refiere sencillamente a la  indicación  de las exigencias que debe colmar, en cada caso, la formulación de  los cargos.   

En  efecto,  ha  dicho  la  Sala  que si el  reproche  se  formula  con  fundamento  en  la  causal  primera  prevista  en el  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, al demandante se le exige que afirme y  pruebe  que el juzgador de segunda instancia ha incurrido en (i) error por falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  que se presenta cuando el funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama;  ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia  o  validez  en  el  tiempo  o  en  el  espacio; (ii) por aplicación  indebida,  que se origina cuando el funcionario se equivoca en la selección del  precepto   jurídico  y  decide  aplicar  uno  que  no  regula  la  materia.  En  consecuencia,  el  hecho  no  se  adecúa  al  supuesto de la norma elegida para  resolver  la  controversia;  o,  (iii)  por interpretación errónea, que ocurre  cuando  el  Juez  selecciona  adecuadamente  la  norma  que  corresponde al caso  sometido  a  su  consideración, pero se equivoca al interpretarla y le atribuye  un  sentido  jurídico  que  no  tiene  o le asigna efectos contrarios a su real  contenido.   

Además, deberá abstenerse de reprochar la  prueba y realizar un estudio puramente jurídico de la sentencia.   

Igualmente,  si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la  ley,  ésta  se  deja  de aplicar o se aplica  indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia una de estas dos hipótesis  –exclusión  evidente  o  indebida  aplicación– y no  hacia  la interpretación equivocada de la ley, pues lo importante, en últimas,  es   la  decisión  tomada  por  el  Juez:  no  aplicar  la  norma  o  aplicarla  indebidamente.   

Pero  si  el demandante predica aplicación  indebida  de una norma, tiene que precisar el precepto inadecuadamente utilizado  y aquél que en su lugar debe ser atribuido.   

Deberá  tener  en  cuenta,  además,  que  respecto  de  una  misma  disposición  legal no puede alegarse simultáneamente  falta de aplicación y aplicación indebida.   

Al optar por esta clase de violación de la  ley  sustancial,  corresponderá  al impugnante indicar en forma clara y precisa  los  fundamentos  de  la  causal  y citar las normas sustanciales que se estiman  infringidas.1   

Descendiendo   al   asunto   sometido   a  consideración  de  la  Sala,  cierto  es  que, en principio, el censor procuró  señalar  la  causal  y la modalidad del yerro que le endilga al fallo objeto de  recurso,  pero  desatendió  los  postulados que rigen la adecuada aducción del  ataque,  olvidando  que el planteamiento de la causal primera exige un análisis  riguroso  de  derecho,  mediante  el  cual  no  es  dable  debatir la situación  fáctica   reconocida   por  el  juzgador  de  segundo  grado,  ni  mucho  menos  cercenarla.   

En  efecto,  la  pobre  argumentación  del  censor,  cimentada  en  la  insular consideración de que la conducta desplegada  por  su  prohijado no contravino la ley penal, pues éste se limitó a emitir un  cheque   posdatado   -con   el   que  respaldó  lo  acordado  en  audiencia  de  conciliación  celebrada  ante  la  Fiscalía  109  Local  de Bogotá-, omite, a  conveniencia,  gran  parte  de  una  serie de actos concatenados que llevaron al  Tribunal  a  verificar demostrada la concurrencia de los elementos estructurales  del  delito contra el patrimonio económico por el que finalmente fue condenado,  esto es, el de estafa.   

Para  el  fallador,  debe  destacarse,  la  emisión  del  título  valor  tantas  veces  enunciado  por  el  recurrente, se  constituyó    en   solo   un   eslabón   del   iter  criminis que le fue atribuido.   

Es así como el Tribunal Superior de Bogotá  en la sentencia del 11 de diciembre de 2015, concluyó:   

La suscripción  de  la  respectiva acta fue el ardid del que se valió el implicado para inducir  en  error  a  las  víctimas  para  que  se  desprendieran,  concretamente  ELSA  JEANNETTE  GUZMÁN  VALDEARRAMA  del derecho de dominio del inmueble en provecho  del  acusado.   Las  manifestaciones posteriores en las que se reiteró que  vendería  o  hipotecaría  la casa son mentiras que confirman la intención que  tenía  con anterioridad a la celebración del convenio de adquirir la propiedad  del  inmueble sin pagar la totalidad del precio y también le sirvieron para que  los cónyuges no se dieran cuenta de que fueron engañados.   

Era,  entonces,  deber  del  recurrente, no  sólo  señalar  los  fundamentos  jurídicos  que  respaldan  la  censura, sino  acreditar  que la norma citada,  esto es, el artículo 248, inciso 3°, del  C.P.,  y  los  hechos aducidos por el Tribunal, guardaban plena correspondencia,  por  ocasión  de  lo  cual,  en consecuencia, surgía indefectible para el  juez  colegiado  aplicar  el  supuesto  jurídico  dejado de lado, cuestión que  omitió,    pues,    se   itera,   el   censor   aceptó  como  único  comportamiento  desplegado  por su prohijado el relativo al incumplimiento en el  pago  de un cheque posfechado, excluyendo a su antojo la emisión del mismo como  parte  de un entramado de actos desplegados, de conformidad con lo señalado por  el  Ad  quem,  con  el  único  propósito  de  engañar  a quienes figuran como  víctimas.   

En  ese  contexto,  para  la  Corte  surge  evidente  que  el  demandante  pretende  desconocer  la  realidad  del  proceso,  teniendo  como  hechos  jurídicamente  relevantes  solo  los  que  soportan  su  particular  interés,  situación  ajena  a los postulados que rigen el correcto  ejercicio de la impugnación extraordinaria.   

El yerro en que incurre el censor asoma aún  más  ostensible,  cuando lo pretendido es dar aplicación al inciso tercero del  artículo  248  del  Código  Penal  -que  descarta la procedencia de la acción  penal  específicamente frente al delito de fraude mediante cheque, en el evento  en  que  el  título valor emitido sea posfechado-, pasando por alto que en este  caso   la   condena   se  emitió  por  el  tipo  penal  de  estafa.     

Las razones enunciadas son suficientes para  desestimar el cargo formulado por esta vía.   

Segundo cargo  

De  entrada advierte la Sala la ausencia de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de los cargos propuestos, así como  el  desconocimiento de mínimos principios lógicos que han de tenerse en cuenta  cuando  de acudir al numeral primero del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, se  trata.   

Olvida  el  recurrente,  nuevamente, que la  postulación  del  cargo  de violación directa amerita un debate exclusivamente  jurídico  y  parte  de  la  aceptación  irrestricta de los hechos tenidos como  acreditados en la decisión emitida en segunda instancia.   

En  contravía  de  ello,  el demandante se  dedicó  a  tratar de restarle mérito a la valoración que el Tribunal le dio a  las  pruebas  practicadas  en  juicio,  desconociendo  de esta manera los hechos  declarados por el sentenciador.    

Es    así    como   expuso  la  indebida aplicación del tipo penal  que     regula     la     conducta     punible     de     estafa    –artículo  246  del C.P.- argumentando  que  el  acervo probatorio allegado a la actuación demuestra que el proceder de  FONSECA  ALBA,  en  el  marco  del  acuerdo conciliatorio al que arribó con las  víctimas,  no  estuvo  dirigido  a  inducirlas  o  mantenerlas  en  error y que  adicionalmente   el   procesado   no   obtuvo   con   su   actuación   provecho  alguno.   

La  imprecisión  del  censor  se hace más  evidente  cuando  acusa  la  indebida  aplicación  de las normas procesales que  contemplan    los    criterios    de    valoración    probatoria   –artículo 380 de la Ley 906 de 2004- y  del      conocimiento      que      ha     de     tener     el     juez     para  condenar              –artículo     381  ibidem-.   

Tal  manera  de  sustentar  ese  particular  reproche,  que  sin  lugar  a  equívocos  apunta  a  desatender la apreciación  probatoria   efectuada   por   el   Ad  quem,  deviene  totalmente  extraña  al  planteamiento  adecuado  de la causal primera de casación, pues, resulta propia  de  la  tercera  contenida  en  el artículo 181 del C.P.P., a la cual es viable  acudir  cuando  la  sentencia  de  segundo  grado  afecta  derechos o garantías  fundamentales  por  «El manifiesto desconocimiento de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia.», lo  que  la  doctrina  y  la  jurisprudencia emanada de esta Corporación identifica  como  violación indirecta de la ley sustancial, reproche que aglutina una serie  de   errores   de   hecho   y   de   derecho,   precisados   de   la   siguiente  manera:   

(…)   2.  En  efecto,  la  violación indirecta de la ley sustancial, vía de ataque preferida  por  el  libelista  para  censurar  el fallo de segundo grado, está ligada a la  materialización  de vicios de naturaleza probatoria de dos clases distintas: de  derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores de derecho por falso juicio de convicción, porque  la  legislación  penal  en  materia de pruebas no somete, por regla general, su  raciocinio     a    evaluaciones    dependientes    de    una    tarifa    legal  probatoria.   

Los   errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo                desaguisado.2   

         

Así  las  cosas, sustento de la equivocada  estructura  de la censura lo son las manifestaciones elevadas por el impugnante,  quien,  para  demostrar  la  indebida  aplicación  del  tipo  penal  de estafa,  enfatiza  en  la  actitud  desplegada  por  FONSECA  ALBA, luego de celebrada la  audiencia   de   conciliación,   consistente  en  alertar  a  Jeanette  Guzmán  Rodríguez,  a  través de comunicación del 29 de julio de 2008, sobre la orden  de  no  pago  dada  al  título  valor  previamente  emitido, o a su citación a  audiencia  de conciliación ante la Personería de Bogotá, comportamientos que,  en  sentir del censor, demuestran que su prohijado no engañó ni mantuvo en esa  condición a los denunciantes.   

Pasa  por  alto  el demandante, que con tal  forma  de  argumentar  incursiona  en una crítica sobre apreciación probatoria  -violación  indirecta  de  la  ley  sustancial-, por completa ajena a la causal  aducida.   

La  proposición  del  censor  de  manera  implícita  apunta  a  configurar  una  supuesta  atipicidad  del comportamiento  desplegado  por  el  procesado, solo que basada en percepciones subjetivas sobre  la  valoración  probatoria  que  a  su juicio debió efectuarse, intentando con  ello  continuar  el  debate  zanjado  en  las etapas ordinarias, a través de la  aducción de argumentos que se erigen en alegato de instancia.   

Si el recurrente proyecta acreditar por vía  de  infracción  directa,  la  atipicidad  de  la  conducta  desplegada  por  el  procesado,  debe  demostrar  que  el  juzgador  admitió en el fallo atacado que  alguno  de  los elementos del tipo no tenía configuración, cuestión que en el  caso materia de estudio no se presentó.   

De tal manera que el presente cargo tampoco  encuentra vocación de prosperidad.   

Tercer Cargo  

Aduce   el  demandante   que   el   sentenciador   abandonó  la  lógica,      dado  que:   

(i)  «Hipólito  Fonseca  Alba  había  utilizado  la  conciliación  como  medio para engañar a  quienes  habían  sido  sus  socios  o  amigos,  y  que el acta que contiene los  términos  de  la  conciliación  sencillamente había sido el medio por el cual  les  generó  la  confianza  necesaria  a Elsa Jeanete  (sic) Guzmán Valderrama y  José.»   

(ii) En relación  con  la  omisión  de  pagar  la  deuda  cuando  FONSECA  ALBA vendiera la casa,  el     Tribunal    no  atendió las circunstancias  que  motivaron  la  orden  de  no  pagar  el  cheque  posdatado,  además porque  «para  el momento de presentarse la denuncia aún el  dominio  del  inmueble  estaba  en  cabeza  del  señor César Hipólito Fonseca  Alba.»   

(iii)    El    procesado   no   tenía  intención  de  engañar a  los   denunciantes,   por  cuanto  se  trata  de  un  ciudadano  con  formación  profesional,  circunstancia  que  le ha permitido solventar sus gastos propios y  los  que  demanda  su  familia.  Además, se trata de  «un  hombre  honesto,  justo  y  respetuoso  de  la  normatividad  jurídica  y  reglas sociales, nunca ha tenido procesos penales ni  tiene  antecedentes  penales,  vale  decir  tiene  un  pasado    intachable    como    indica   Matatesta3          (sic),  no tenía ningún motivo como lo  enseña  Ellero.»   

(iv) Quien quiere  estafar  a  una  persona,  no  solo  la  engaña sino que al obtener el provecho  ilícito  procura desprenderse de los más pronto posible del patrimonio logrado  y   desaparece  sus  bienes,  «esto  es  lo  que  la  experiencia   nos   enseña   como   de   frecuente   ocurrencia,   todo  lo contrario fue lo que realizó el ciudadano Cesar Hipólito  Fonseca  Alba.» (Subrayado  pertenece   al   texto  original).   

(v)  Se  encuentra demostrado en    el    expediente,   entre   otros  aspectos,  que para la fecha en que fue instaurada la  denuncia,  el bien se encontraba a nombre del procesado; que Fonseca Alba avisó  a    sus    acreedores    la   orden   de   no   pago   del   cheque;            y, que los quejosos no comparecieron ante  la  citación  que se les hiciera para llegar a un acuerdo conciliatorio ante la  Personería de Bogotá.   

Lo  anterior,  le  permite  concluir  al  censor   que   contrario   a   lo   señalado   por  el  Tribunal,  «la  intención del procesado nunca fue  la de no pagar el precio.»   

En  atención  a  la  argumentación  así  expuesta,        diáfano        deviene        que        el       casacionista  dejó  de lado     los    postulados    que    gobiernan    la    adecuada    aducción   de   la  causal  por  él  seleccionada,  pues,  pretende  anteponer  su  personal  criterio  sobre  el  del  fallador,  incurriendo en el despropósito  de  considerar  el  recurso  extraordinario  como  otra instancia, en abierto desconocimiento de que el mismo  no     se     destina     a    la    prolongación  del  debate  probatorio  fenecido   mediante   el   proferimiento   de   una  decisión amparada con la  doble   presunción  de  acierto y legalidad.   

Ninguno de los  asertos     del     memorialista     destaca  asunto  diverso  al simple rechazo de las consideraciones  que   dieron   pie   al   Tribunal   para   condenar  al  procesado  por  el  delito de estafa.   

No  es viable  desarrollar  el  ataque  bajo  la  forma  del  falso  raciocinio en el entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos  materiales  probatorios,  cuando  es  evidente  que para la estimación de tales  probanzas  nuestro  sistema probatorio predica la libre apreciación, dentro del  contexto de la sana crítica.   

Recurrir  al  error  de  hecho  por falso  raciocinio,  originado  en  la violación de los postulados de la sana crítica,  como  ha  sido  suficientemente destacado por la Sala  en  pacífica  jurisprudencia,  obligaba del      censor      señalar  lo  que  objetivamente expresa el medio probatorio sobre  el   cual   se   predica  el  error,  las  inferencias  extraídas  del  mismo por el juzgador y el mérito  suasorio  que  le otorgó. A renglón seguido, es necesario indicar el axioma de  la   lógica,  el  principio  de  la  ciencia  o  la  regla  de  la  experiencia  desconocidos     o  vulnerados,  y dentro de  ellos   referirse   al  correctamente  aplicable,  hasta,  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del  error  en  punto  de  lo  resuelto,  significando  cómo la exclusión del medio  criticado,  indispensablemente,  dentro  del  contexto  general  de  lo  aducido  probatoriamente,  conduciría  a  una  más  favorable  decisión  para la parte  impugnante4.   

El abandono de  las      pautas      reseñadas     deviene     palpable,    pues,    si  bien,  en  principio  el  recurrente  hace una vaga  referencia  de  los  componentes  del  falso  raciocinio,  se queda en su simple  enunciado,  limitándose   a  indicar  que  el  fallador  dejó  de     lado     la  lógica  al  momento  de  valorar  las  pruebas  que  para   el  demandante  guardan  especial  interés,  en  aras  de  cuyo efecto  esgrimió   sus   propias   impresiones  y, con la  finalidad  de  continuar  con  el debate,  resaltó,  por ejemplo, aspectos  de  la  personalidad  de  su  prohijado,  como  que  se trata de un profesional  y  una persona honesta, pero  sin siquiera hacer   relación  alguna  de  cómo  esas  circunstancias  incidieron  de  manera  adversa  en   el   yerro   que  postula  por  esta  vía  de  ataque.   

Si  el censor  opta   por   proponer   el   yerro   de  falso  raciocinio,  por  incumplimiento  de  las  máximas de la  lógica,     apropiado     deviene     traer     a     colación    su   definición   y   la  manera  en  que  adecuadamente  ha  de  ser  aducido. Sobre este  tópico    la   Corte  señaló:   

Según viene de indicarse, una de las formas  de  trasgresión  que configura el falso raciocinio es el desconocimiento de los  postulados  de  la  lógica  formal,  que  «son  proposiciones que responden al  principio  de  conocimiento  y  que,  por lo tanto, representan adecuadamente la  realidad  y  la verdad a partir de la verificación de las alternativas posibles  de          inferencia          racional»5.   

         

Tales principios de la lógica «se contraen  al  de  identidad,  esto  es, “a” es “a”; al de no contradicción, valga  decir,  “b”  no  es  “no  b”; al de tercero excluido, que estriba en que  “c”  es  forzosamente  “d”  o “no d” y; razón suficiente, según el  cual,  para  aceptar  un  enunciado  como verdadero debe estar sustentado en una  razón  que  justifique  el  que  sea de la forma en que está propuesto y no de  otra                   diferente»6.   

Con   relación   al  alcance  de  dichos  principios  y la manera en que se debe postular su quebranto en casación, en la  decisión citada en precedencia, la Corte señaló:   

Así las cosas, los postulados de la lógica  que  se  vienen  de identificar se refieren a la forma correcta de razonar desde  un  punto  de  vista  estrictamente  formal,  en  orden  a  extraer conclusiones  válidas respecto de lo que es conocido a través de las pruebas.   

En cuanto hace referencia a la manera en que  se  debe  alegar  en casación el desconocimiento de una regla de la lógica, es  del  caso señalar que además del deber de identificarla de forma clara, impera  que  el  recurrente  demuestre de qué concreta manera se ignoró o tergiversó,  pero  además,  es  del  resorte  del  impugnante  comprobar la incidencia de su  desconocimiento   o   distorsión  frente  a  una  específica  conclusión  del  juzgador.7   

Desprovista  de tal proceder se encuentra  la  exposición  vertida  por    el   demandante,   quien   apenas   realizó  la transcripción literal de un escaso fragmento del  fallo,   en    punto    de   la   manera     en     que    el    juzgador    razonó    acerca    del   ardid   elaborado  por  el  procesado  en  el  marco  de  la  audiencia de  conciliación     celebrada     ante     la     Fiscalía     109    Local    de  Bogotá,    aparte  por  virtud  del  cual  el              casacionista,  en lugar  de  enseñar  cuál  fue  la  regla  de  la  lógica  desconocida   por   el  Tribunal     y    el  correspondiente   análisis  que  se  desprendía  de  esa  falencia,  elabora  una  serie  de  críticas  y  consideraciones  con  las  que  de manera personal  pretende  oponerse  al  análisis  efectuado  por  el juez colegiado.   

El   examen   del  Ad  quem,     cabe     destacar,    no    se  redujo a la mínima muestra destacada a conveniencia  por   el   censor,  sino  que,  conforme  pasará  a  reseñarlo   la   Sala,  condensó  de  manera  articulada  la  complejidad   que   el   caso  ameritaba,  pues,  previo a destacar  lo  expuesto  por  los testimonios de cargo y de descargo, así como lo acaecido  en    el    acto    conciliatorio    tantas    veces   enunciado,   efectuó       los      siguientes      señalamientos:   

Que  el  convenio se haya llevado ante la  Fiscal  109  Local  es  otra  circunstancia  que  hizo  confiar a JOSÉ HUMBERTO  CORONADO  QUIROGA  y  ELSA JEANETTE GUZMAN VALDERRAMA en que el otro contratante  cumpliría,  pues  la autoridad judicial de que estaba investida esa tercera les  hizo  creer  que  CÉSAR  HIPÓLITO  FONSECA  ALBA  sopesaría las consecuencias  jurídicas  de  inobservar  lo  pactado,  factores  que  fueron suficientes para  concluir  en  la  seriedad  de  la  oferta  y  de  la posterior extinción de la  obligación por pago.   

No obstante, el ahora acusado dio orden de  no  sufragar el cheque 00067-3, girado por $44.000.000, que debía desembolsarse  el  4  de  agosto  de2008,  por  estimar  que los ofendidos no cumplieron con la  instalación  de los closets, muebles de cocina y otras piezas de madera, según  la  conciliación de 4 de junio de ese año, por eso afirmó que la emisión del  título  valor  por  $12.000.000  obedeció  a la “entrega de la carpintería,  cuando  inmediatamente  se consignó tenían que haber terminado la carpintería  pero  no lo hicieron” y que recibió la casa “tal y como estaba, excepto los  problemas que tenía la carpintería”.   

(…)  

A   CESAR  HIPÓLITO  FONSECA  ALBA  le  convenía  girar  y pagar el mencionado título valor (00066-1 por $12.000.000),  pues  al cancelar lo concerniente a la ebanistería y  encargarse  de  otros  acabados, una vez le fuera transferida la propiedad de la  casa,  podía  venderla  y  se  haría  al precio correspondiente.  Ello se  extrae  de  que se preocupara por convencer a los citados en la conciliación de  que  dichos  eventos  acaecerían de forma continua y prácticamente inmediata a  la  conciliación,  bajo  la  falsa  idea  de que agotados dichos actos tendría  liquidez  y  cumpliría  con  la  segunda  parte de lo acordado, cuando desde un  comienzo  su  finalidad  era  no  sufragar  los  restantes $44.000.000 y por eso  sembró  la precepción de que sus “socios” incumplieron con la instalación  de   parte   del   mobiliario,   cuando   no   se  obligaron  a  ello  y  de  la  descontextualizada  y  desprevenida  lectura del acta es que logra dicho aserto,  cuando  había  aceptado  que  le  entregaran  el bien en las condiciones en que  estaba  para  el  día  y hora en que se celebró la conciliación, o sea, con o  sin dichos “acabados” de madera.   

Ese extraño viraje y la actitud renuente  y  reacia  a  pagar  los $44.000.000 que asumió CÉSAR HIPÓLITO FONSECA ALBA a  pesar  de  que  vendió  la casa, mediante escritura 4915 del 19 de noviembre de  2008,    a   PEDRO   JULIO   PAEZ   CASTELLANOS   y   FLOR   ALBA   GONZALEZ  DE  PÁEZ,  revelan  la  intención  fraudulenta del hoy  acusado,  toda  vez  que  les hizo creer que “tenían que cumplir y la señora  ELSA  sabía que esa casa tenía que vender, la única manera de cumplir con esa  casa  y  de  cumplir  con  mis  obligaciones  era  vendiendo  la casa…”, sin  embargo,  una  vez  recibió  los  $118.000.000  como  precio del inmueble de la  carrera  71  B  número  54-39  no canceló el saldo que existía a favor de los  denunciantes.   

(…)  

En   esa   medida,  las  cláusulas  de  conciliación  fueron  el  medio idóneo para mover la voluntad de los ofendidos  hacia  la  trasferencia  de  la  propiedad  del bien, pues la confianza que aún  había  entre  ellos y la creencia de que el inmueble sería vendido para saldar  la  obligación  los  hicieron  considerar  que  el  acuerdo  era seguro, que no  representaba  riesgo  para  su  patrimonio,  toda vez que, como antes se anotó,  previamente  habían  hablado  que con el producto de la enajenación o hipoteca  se  sufragarían  los  “materiales diversos que se  van  en una casa”, los intereses, “la diferencia entre el valor mayor que se  le  metió  y  el  dinero que dijo que fueron $123.000.000 en total, incluido el  lote”,  o  sea,  un  saldo  de  $44.000.000,  por  lo que en un futuro cercano  quedarían a paz y salvo.   

La  conciliación  le  sirvió  a  CÉSAR  HIPÓLITO      FONSE      (sic)     ALBA  para  engañar a su amigo y a la esposa de éste al hacerles  creer  que  respetaría  lo  plasmado  y  saldaría  la acreencia, con la única  finalidad    de    obtener    la    entrega   material   del   inmueble   y   su  propiedad.   

Es evidente     que     la    crítica  indiscriminada  que realiza el recurrente  a  la  prueba  recaudada en el juicio  oral,           resta          contundencia     a     su    exposición,   pues,    en    lugar   de   acreditar      un     error    específico,   persigue  privilegiar  su personal          percepción  probatoria,               incluso     cercenando   la   valoración  realizada  en  la  sentencia          condenatoria.   

Así  las cosas, como ningún yerro en la  apreciación   probatoria   logra   demostrar  el  demandante,  el  cargo  será  rechazado.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada por el      defensor     del   acusado  CÉSAR  HIPÓLITO  FONSECA  ALBA,    no    sin    antes   advertir  que  revisada  la  actuación  en lo  pertinente,     no     se     observó     la    presencia    de    alguna   de  las  hipótesis  que  le  permitirían    actuar    de    oficio.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo de insistencia, en  los   términos   ampliamente   decantados   por  la  jurisprudencia de la Sala.   

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CÉSAR   HIPÓLITO   FONSECA   ALBA,  en  seguimiento   de   las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  impugnante elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO   FERNÁNDEZ   CARLIER     

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP, 31 Mar. 2008. Rad. 28260   

2 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

3El  censor se refiere a Nicola Framarino Dei Mala Testa.   

4 Entre  otros,  en  CSJ AP, 5 feb. 2007, Rad. 26382; CSJ AP, 11 jul. 2007, Rad. 27689; y  CSJ AP, 17 jun. 2010, Rad. 34024.   

5CSJ  SP, 5 Jun 2013 rad, 34134.   

6 CSJ  AP, 21 ene. 2015, rad. 44041.   

7CSJ  AP, 27 ene. 2016, rad. 46299.     

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