AP399-2017(46297)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP399-2017  

Radicación N° 46.297  

(Aprobado Acta Nº 17)  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de enero de dos  mil diecisiete   

VISTOS  

          Con   el   fin   de   constatar  si  satisface  las  condiciones  de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de  ÁLVARO TERNERA ARAUJO, contra la sentencia del 20 de noviembre de  2014,  proferida  por  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Valledupar.   

    

I. HECHOS  

            GUSTAVO  ENRIQUE PADRO GÓMEZ y ÁLVARO TERNERA ARAUJO, en calidad  de  gerente  y  coordinador  de  control  o  auditor  interno  de  la Empresa de  Servicios  Públicos  de  Agustín  Codazzi  (Cesar)  -EMCODAZZI  S.A.  E.S.P.-,  respectivamente,   dieron   lugar  a  que  una  misma  factura  se  pagara  tres  veces.    

          La  cuenta de cobro Q-01500011350, por $574.200, fue expedida por la  sociedad  Productos  Químicos  Panamericanos  S.A.  el 15 de agosto de 2002, en  razón  de  la venta de 1.000 kg de sulfato de aluminio. Ese valor fue cancelado  a  dicha  empresa  de  contado  y  en  efectivo.  Sin  embargo, los prenombrados  servidores  públicos autorizaron el pago -efectivamente desembolsado- del mismo  suministro  en  otras  dos  oportunidades,  como  consta  en los comprobantes de  egreso  Nº  0860  y 0832, expedidos los días 16 y 29 de idénticos mes y año,  en  cuantía  de $716.800, cada uno. Ello condujo a que la EMCODAZZI sufriera un  detrimento    patrimonial    de    $1’433.600.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Con   fundamento  en  la  denuncia  formulada  por  la  Contraloría  Departamental  del  Cesar,  la  Fiscalía  11  Seccional de la Unidad de Delitos  contra  la  Administración  Pública  de  Valledupar  abrió  investigación en  contra  de  GUSTAVO  PADRO  GÓMEZ,  LEANDRA  DUARTE  ACOSTA (pagadora) y CARMEN  BEATRÍZ  DÍAZ  (tesorera),  a  quienes  les atribuyó la posible comisión del  delito  de  peculado por apropiación. El primero de los nombrados fue declarado  persona  ausente,  mientras  aquéllas  rindieron  indagatoria.  Posteriormente,  mediante  injurada,  también  fue vinculado a la investigación ÁLVARO TERNERA  ARAUJO.  Ninguno  de  los  sindicados  fue afectado con medida de aseguramiento.   

          Cerrada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el mérito del  sumario  el  23  de  abril  de  2011.  Por  una  parte, profirió resolución de  acusación  en  contra  de  GUSTAVO  PADRO  GÓMEZ y ÁLVARO TERNERA ARAUJO como  probables  coautores  de peculado por apropiación (arts. 29 inc. 2º y 397 inc.  3º  del  C.P.); por otra, precluyó la investigación a favor de LEANDRA DUARTE  ACOSTA  y  CARMEN BEATRIZ DÍAZ ARAUJO. Tales determinaciones fueron confirmadas  mediante  la  resolución  del  30  de  enero de 2012, dictada por el fiscal 3º  delegado ante el Tribunal Superior de Valledupar.   

          La  etapa  de juicio le correspondió al  Juzgado  3º  Penal del Circuito de Valledupar, cuyo titular dictó sentencia el  15  de julio de 2014. Habiendo hallado a los acusados responsables de los cargos  formulados  en  su  contra,  los  condenó  a las penas de 48 meses de prisión,  multa     en     cuantía    de    $1’433.600  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por 48 meses.   

          El  fallo  fue  impugnado por los procesados y sus defensores, dando  lugar  a  la sentencia de segunda instancia arriba mencionada, por cuyo medio se  confirmó íntegramente la condena impuesta.    

          Dentro  del  término  legal,  el defensor del señor TERNERA ARAUJO  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la respectiva  demanda, lo que motiva el conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

            Por  la  vía  de la violación indirecta de la ley sustancial, el  censor  formula  un  único  cargo  por  errores de hecho constitutivos de falso  raciocinio.   

          El  enunciado  fáctico  con  fundamento  en  el  cual  se afirma la  responsabilidad  penal  del  señor TERNERA ARAUJO por el delito de peculado por  apropiación,  afirma,  consiste  en  que  aquél  revisó  o auditó, de manera  previa, los desembolsos que  se  reputan  injustificados.  Sin  embargo, alega, tal aserto es el resultado de  una  argumentación  probatoria  basada  en  premisas que contrarían la lógica  formal.   

          El      ad     quem,     expone,  aseveró  que  los pagos en EMCODAZZI estaban precedidos de  la  intervención  previa del  auditor  interno,  quien  firmó los comprobantes de egreso concernidos. Empero,  tal  afirmación,  dice,  deriva  de  la  falacia  non  sequitur, como quiera que está antecedida de premisas  que  no conducen a esa conclusión, a saber: para la época en que se produjo la  indebida  apropiación  de  los  recursos,  ÁLVARO TERNERA se desempeñaba como  coordinador   de   la  oficina  de  control  interno  y,  por  consiguiente,  le  correspondía auditar las cuentas de cobro.   

          Aunado  a  lo  anterior,  prosigue,  al  valorar los comprobantes de  egreso   pertinentes,   el  Tribunal  arribó  a  conclusiones  probatorias  con  incursión   en   la   misma   infracción   lógica,  por  cuanto,  a  su  modo  de ver, del hecho de que en  dichos  documentos  aparezca  la firma del señor TERNERA ARAUJO no se sigue que  éste  auditó  las  cuentas de cobro con anterioridad  al  pago  de las facturas. No es cierto, enfatiza, que  de  la  forma  en que se elaboraron los comprobantes pueda inferirse que el pago  final  estaba  antecedido  de  las firmas tanto del ordenador del gasto como del  auditor interno.   

          En   ese  sentido,  agrega,  también  se  advierte  la  falacia  de  petición  de  principio,  pues el ad quem  dio  por probado aquello que estaba en el deber de acreditar, esto  es, que la firma del auditor, en efecto era previa a los pagos.   

          Antes  bien,  puntualiza,  una  “mirada  analítica”  de  los  comprobantes de egreso impiden  arribar  a  las  conclusiones  fijadas por el Tribunal, ya que no se sabe quién  los  elaboró, cuándo, si ÁLVARO TERNERA participó en su creación ni en qué  fecha  exacta aquél firmó y puso su sello en los documentos. Tampoco, asevera,  existe   alguna  constancia  indicativa  de  que  el  auditor  ejerció  control  previo a los pagos o que se  revisaron  los  soportes de dichas cuentas anticipadamente. Además, subraya, en  los  espacios  destinados para las firmas y sellos en los comprobantes de egreso  no  se  aprecian  las fechas en que se estamparon o rubricaron. En consecuencia,  reitera,  no es dable aseverar que su defendido dio una especie de aval para que  se efectuaran los cuestionados desembolsos.   

          Ahora,  continúa,  si bien los juzgadores soportan sus conclusiones  acudiendo  a la indagatoria rendida por la tesorera Carmen Beatriz Díaz Araujo,  quien  sostuvo  que pagaba las cuentas porque así lo disponía el ordenador del  gasto  y  las mismas habían sido auditadas previamente, esa versión, dice, fue  valorada acríticamente.   

          Al  respecto,  señala,  aquélla  rindió  su declaración libre de  apremio  y  en  ejercicio  de  su  derecho  de  defensa, sin cumplimiento de las  exigencias  de la prueba testimonial. Además, resalta, la información dada por  la  tesorera no fue verificada, pese a que sus afirmaciones constituían tema de  prueba,  en  punto  de la supuesta revisión previa de las cuentas por parte del  auditor.  No obstante, sin mediar razón jurídica alguna, sostiene, el Tribunal  dio  por  probado  que  el coordinador de control interno auditó las cuentas de  cobro  antes  de  su  pago,  incurriendo  nuevamente  en petición de principio.   

          Sobre   ese  particular,  añade,  el  ad  quem  pasó  por  alto  que, al rendir indagatoria, la  señora  Díaz  Araujo,  en lugar de autoincriminarse, pretendía justificar los  pagos  mediante  los  cuales  se defraudó a EMCODAZZI. De esa manera, alega, se  desconoció   la   regla   de   experiencia   según   la  cual  “siempre  o  casi  siempre  quienes  ejercen  el  cargo de tesoreros  justifican,  cuando  se  ven  enfrentados a una investigación, de la naturaleza  que  sea,  haber  recibido  órdenes por parte de sus jefes, los ordenadores del  gasto”.  Al  haberle  sido  puestos  de presente los  documentos   a   la   indagada,   afirma,   ésta  sencillamente  justificó  su  comportamiento.   

          Igualmente,  asevera,  los falladores soslayaron que “la   foliatura”   contaba   con   otra  información  sobre la supuesta intervención de ALVARO TERNERA con anterioridad  a  los  pagos.  En  concreto, resalta, GUSTAVO ENRIQUE PADRO GÓMEZ, en versión  rendida  en la audiencia de juzgamiento, manifestó que el control de auditoría  se     realizaba     ex     post.     Empero,  subraya,  el  Tribunal  mostró un completo “desdén”  frente  a  tal  afirmación.   

          En  la  misma  dirección, agrega, no se tuvo en cuenta lo dicho por  el  señor  TERNERA ARAUJO, quien enfáticamente expresó que el control por él  ejercido  fue  posterior, no anterior a los pagos, porque así lo ordena la ley.  En  ese  aspecto,  alega,  la Ley 87 de 1993 preceptúa que, en ningún caso, el  auditor  interno  o quien haga sus veces podrá participar en los procedimientos  administrativos  de  la  entidad  a  través de autorizaciones o refrendaciones.   

          Por  ello, puntualiza, es incomprensible que el Tribunal, conociendo  la  normatividad  pertinente,  hubiera  entendido  que la auditoría se realizó  ex  ante. Tal entendimiento,  en  su  criterio,  implica el quebranto de la regla de experiencia conforme a la  cual   “un  alto  porcentaje  de  los  funcionarios  públicos  encausan  su  comportamiento de acuerdo a su marco funcional, legal o  reglamentario”.  De  ahí  que,  en  su  sentir, los  juzgadores  debieron  haber creído en las versiones ofrecidas por los acusados,  tanto  más  cuanto  sería  absurdo  pensar  que  quienes diseñaron el control  interno   en  EMCODAZZI  lo  hicieron  contrariando  las  disposiciones  legales  vigentes.   

          En  todo  caso,  precisa,  aun  admitiendo  hipotéticamente que las  auditorías  en  la  empresa  defraudada  en verdad eran previas, como lo afirma  Carmen  Díaz Araujo, ello debió haberse verificado, máxime que tal situación  contrariaba  mandatos  legales.  Además, al conferirle crédito probatorio a lo  expuesto  por  aquélla,  dice, se infringió la regla de experiencia indicativa  de  que  “en la mayoría -si no en el total- de los  casos,  frente a investigaciones penales, los procesados bien se muestran ajenos  a  los  cargos o los justifican, teniéndose que investigar las afirmaciones que  éstos  hagan,  pues  nadie  desea perjudicarse con su propia versión sobre los  hechos que se investigan”.   

          Por  demás,  prosigue,  el Tribunal no reparó en que al proceso no  se  incorporaron  pruebas sobre el tiempo y modo en que las cuentas investigadas  habrían  sido  auditadas  por el señor TERNERA ARAUJO; algo a lo que, destaca,  tampoco  se  refirió  Carmen Díaz Araujo, quien no explicó cómo se realizaba  el  control  previo.  De  ello  se  desprende, en su criterio, que no se sabe si  aquél  las  habría  auditado  independientemente  o en un mismo tiempo. Lo que  resulta  ajustado  a  “la  lógica”, enfatiza,  es que si las cuentas tienen tiempo de trámite distinto,  el control debió haberse dado en momentos diversos.   

          Por  ello, añade también “en gracia de  discusión”,  ÁLVARO TERNERA no podía advertir que  la  empresa  pagaría varias veces por el mismo concepto, máxime que se trataba  de  cuentas  de  egreso  distintas, con diferentes proveedores. Nunca se probó,  enfatiza,  que  su  defendido hubiese tenido a la vista la primera cuenta cuando  auditaba la segunda ni estas últimas cuando revisaba la tercera.   

          Entonces,   concluye,  la  única  prueba  en  que  se  cimienta  la  declaratoria  de  responsabilidad  penal  es  la  declaración de Carmen Beatriz  Díaz,  a  la que se le dio credibilidad sin tener su relato fuerza persuasiva y  sin  confrontarla  con  lo expuesto por los acusados. De suerte que, por estimar  que  no  existe  prueba  suficiente  para  condenar  al  señor  TERNERA ARAUJO,  solicita  a  la  Corte  que  case  la sentencia y, consecuentemente, dicte fallo  absolutorio.    

  IV.   CONSIDERACIONES     

          4.1                       De  acuerdo  con  el art. 212-3 de la Ley 600 de  2000  (en  adelante  C.P.P.),  la admisión de la demanda de casación supone su  debida    sustentación. El censor está obligado a  consignar  de  manera  clara  y  precisa  tanto  las causales invocadas como sus  fundamentos.  Ello  implica  acreditar  la  necesidad del fallo de casación, de  cara  al  cumplimiento  de  alguno  de  sus  fines,  establecidos en el art. 206  ídem   (efectividad  del  derecho  material,  respeto de las garantías de los intervinientes, reparación  de    los    agravios    inferidos    a    éstos    y    unificación   de   la  jurisprudencia).   

               Ese propósito no se consigue de  cualquier      manera.     A     voces     del     art.     213     ídem,  el libelo será inadmitido cuando  el  demandante  carezca  de  interés  o  la  demanda  no  reúna los requisitos  formales  de rigor. Tampoco se logra tal cometido si se advierte la irrelevancia  del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Dichas  exigencias  derivan de la naturaleza extraordinaria y rogada  del  recurso  de  casación,  características  enraizadas  en la presunción de  acierto  y  legalidad  inherente  a  los  fallos  de instancia. A partir de esta  presunción,  se asigna al censor la carga   de   acreditar  que  con  la  sentencia  se  causó  un  agravio,  apoyándose  para  ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas en la ley  (art. 207 del C.P.P.).   

          En   ese   entendido,   el  libelo  debe  someterse  a  estrictas  y  específicas  reglas de postulación y bastarse a sí mismo para demostrar tanto  la  existencia  del  yerro  planteado  como  su  trascendencia. De suerte que el  recurso  extraordinario y la intervención de la Corte, conforme al principio de  limitación,  por  regla  general  se restringe a verificar dichos aspectos, sin  que      sea      dable      al      censor     exponer     una     abierta  discordancia de criterios con lo  determinado  en las instancias ni prolongar la controversia que finalizó con la  sentencia.  Pues  la  casación no es una tercera instancia del proceso penal ni  constituye     un     escenario     propicio    para    postular    cualquier  clase  de  irregularidad en el  trámite surtido.   

          De  ahí  que,  como  reiteradamente  viene  diciendo  la  Corte, la  debida sustentación implica  desarrollar  el  ataque  con arreglo a los requerimientos formales que impone la  causal  planteada  y  la  lógica  del  cargo propuesto. Así mismo, hacerlo con  sujeción  a  los  principios  de  autonomía,  no  contradicción, coherencia y  razón  suficiente,  para que el alcance de la impugnación se evidencie nítido  y   la   Corte   pueda   dar   a   los   reproches   planteados   una  respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de garantías fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad  de  cara  a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       Como  a  continuación  se expondrá, la demanda  bajo  estudio  incumple  con  los  aludidos  requerimientos.  Además  de que la  sustentación  desconoce  exigencias  de  corrección  formal,  los reproches se  advierten   manifiestamente  infundados, careciendo entonces de idoneidad sustancial.   

          De   acuerdo   con   el   art.   207-1   del   C.P.P.,  entre  otras  eventualidades,  la  casación  procede  cuando  la  violación  de una norma de  derecho  sustancial  proviene  de  errores  de  hecho  en             la             apreciación   o   en   la  valoración  de determinada prueba. Allí  se    encuentra    consagrada   la   modalidad   de   infracción   indirecta o mediada de la ley sustancial,  por  yerros en la construcción de la premisa fáctica  del  silogismo  jurídico.  Este  tipo de infracciones  implican   el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica,  producto  de  la  incursión   en   falsos   juicios   de   existencia   o   identidad   o   falso  raciocinio.   

          Esta  última  hipótesis,  que  fue  la  invocada  por  el  censor,  se     configura     cuando     el    juzgador   observa   la  prueba  en  su  integridad,     pero    al    valorarla  desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, una  concreta   ley   científica,   un   principio  lógico  o  una  máxima  de  la  experiencia.   

         Los       yerros       denunciados,  además,  deben         ser        trascendentes  desde  el  punto  de vista  jurídico.  Esto  es,  que  frente  a  la valoración  conjunta   de  la  prueba  realizada  por el Tribunal, su exclusión habría   de  conducir  a  adoptar  una  decisión    sustancialmente    diversa a la recurrida.   

          De   acuerdo   con   la   jurisprudencia  de  la  Sala  (cfr.,  entre otras, CSJ AP 24.02.2016, rad. 43.017; AP 25.05.2016,  rad.  45.660,  AP  29.06.2016,  rad.  44.421  y  AP  05.10.2016,  rad.  45.466),  desde    el    punto    de    vista    sustancial,  tratándose  de censuras por  violación  indirecta,  al  demandante  le  asiste  el  deber  de desarrollar un  ejercicio     de    deconstrucción    de  los  fundamentos probatorios de las sentencias de instancia, que  conforman     una     unidad     decisoria.    Esto    presupone    comprender  debidamente  la  estructura probatoria y la motivación  expuesta    en    los   fallos   cuestionados,   así   como   reseñarlos   con  fidelidad;  de  lo contrario, si el censor denuncia un  yerro  derivado  de  un escrutinio diverso  al  aplicado  por los juzgadores, la refutación sería totalmente  ineficaz.  Pues  no se puede derrumbar una estructura argumentativa si se atacan  bases  diferentes  a las que  la   sustentan,   como   tampoco   si   éstas   no   se   refutan  con suficiencia.   

         Desde  esa  óptica,  la  Sala advierte que la censura se ofrece del  todo  inidónea  para  provocar  una  decisión  sustancialmente  diversa  a  la  consignada  en  las  sentencias  impugnadas.  Ello,  por  cuanto las premisas de  refutación  son  inconsultas  con  la  estructura  probatoria  y la motivación  expuesta  en los fallos de instancia. El censor, artificiosamente, presenta a la  Corte  una  reseña  deformatoria  del  orden de los fundamentos probatorios que  sustentan  la  decisión,  a fin de acreditar la configuración de los supuestos  yerros.  Y  esto  torna  su  refutación en infundada, insuficiente y desatinada  para  remover  los  cimientos  argumentativos  que  soportan  la declaratoria de  responsabilidad  penal  en  contra  de  ÁLVARO TERNERA ARAUJO, por el delito de  peculado     por     apropiación.    Un  contraste  entre  las  alegaciones  del  censor  y la estructura  probatoria de los fallos de instancia así permite concluirlo.   

          Como  se  advierte  en  la  sentencia  de  primer  grado,  según la  versión  de  la  indagada  Carmen  Beatriz  Díaz,  tesorera  de EMCODAZZI, las  “cuentas de pago” fueron  suscritas   por   el   gerente   y  revisadas  por  el  coordinador  de  control  interno1.  En  la  misma  dirección, el Tribunal puso de presente que dicha  funcionaria  pagó las cuentas de cobro porque estaban firmadas por el gerente y  habían   sido   auditadas,   lo   que   significa   que   ellos   ordenaron  el  pago2.   

         Si  bien  el acusado ÁLVARO TERNERA ARAUJO, de acuerdo con el fallo  de  primera  instancia,  adujo que el control de auditoría por él aplicado fue  posterior  al pago, sin que se hubiera percatado de la múltiple cancelación de  las  facturas,  el  a quo le  negó  credibilidad  a  dicho  aserto.  Ello,  por cuanto en su criterio resulta  inverosímil,  por  una parte, que un economista auditor en una empresa pública  del  municipio  de  Agustín Codazzi, donde no abundan las contrataciones de esa  naturaleza,  no  se  hubiera enterado de que la factura de venta Q01500011350 se  canceló  tres  veces  al  proveedor  Productos Químicos Panamericanos S.A., en  cuantía  de  $  716.800,  por el mismo producto; por otra, que ante la evidente  irregularidad  no  hubiera  procedido  a  investigar  lo  pertinente3.   

         Las  irregularidades,  se  extracta de la sentencia del a                  quo4,  no  sólo eran palmarias por  tratarse  de  un  múltiple  pago de un único suministro, sino debido a que las  facturas    no    aparecen    suscritas  por  quienes  recibieron  el pago, en el comprobante de egreso Nº  0860  figura  una  persona  diferente  a  la  representante  legal  de Productos  Químicos  Panamericanos  S.A.  y  en  el  Nº  0833  no se identifica a ninguna  persona  natural  designada  para  recibir  el  dinero  en nombre de la referida  sociedad.   

         Ello  llevó  al  juez  de  primera  instancia a afirmar que ÁLVARO  TERNERA  ARAUJO  tenía  conocimiento del detrimento patrimonial en perjuicio de  EMCODAZZI  y  lo  patrocinó,  infringiendo  su deber funcional de garantizar la  guarda  y  la  preservación  del  erario  público5.   

          A    ese    respecto,    el   Tribunal6   puso  de  presente  que  el  servidor  público  TERNERA  ARAUJO, en su condición de auditor interno, tenía  disponibilidad  jurídica  de  los  bienes,  que  si  bien  no  derivaba  de una  competencia  legal  sí  se  predicaba  del  ejercicio  de un deber funcional de  preservación  del  patrimonio  público.  Por  ello, con su visto bueno para el  pago, dio lugar a la consabida defraudación patrimonial.   

         En   articulación   con   ello,   el  ad  quem  puntualizó que si bien la ley establece que las  auditorías   internas   han   de   tener   lugar  ex  post,   en   EMCODAZZI   había   una   intervención  previa  del  coordinador de  control  interno, según lo constató con los formatos de comprobante de egreso,  indicativos  de  que  al  pago final antecedía la firma del auditor7.   

          Pues  bien, cotejados los reproches formulados por el demandante con  los  enunciados  fácticos y las bases probatorias que los sustentan, salta a la  vista la carencia de fundamento de la censura.   

          En  primer  lugar,  son  infundados los razonamientos inconsecuentes  denunciados  por  el  libelista,  como  quiera  que  la  conclusión cuestionada  -que  la  revisión  de  las  cuentas de cobro por el  auditor  interno  precedió  a  los  pagos-  no deriva  exclusivamente   de   las  premisas  que,  según el censor, soportan el enunciado fáctico que se declaró  probado.  Como se reseñó, tal afirmación fáctica proviene, esencialmente, de  lo  declarado por la tesorera Carmen Beatriz Díaz, quien aseveró que pagó las  facturas  porque  el gerente y el auditor así lo habían ordenado y autorizado.  De  ahí  que  decaiga  por completo la configuración de la infracción lógica  invocada  por  el demandante (non sequitur).  Quizás  ésta  pueda  tener configuración en la argumentación  fragmentada  por  él  presentada,  donde oculta una premisa adicional, del todo  pertinente  para  arribar  a  la consabida conclusión, pero no en la estructura  probatoria  construida  en  los  fallos  de  instancia. Ello deja desprovisto de  fundamento   a  los  reclamos  cifrados  en  la  indebida  apreciación  de  los  comprobantes  de  pago,  así  como en las incorrectas inferencias derivadas del  hecho  de  que  ÁLVARO  TERNERA  ARAUJO  se  desempeñó como coordinador de la  oficina  de  control interno, en la época en que se presentó la defraudación.   

          Por  las  mismas  razones resulta infundado el reproche basado en la  incursión  en  la  falacia  petición  de  principio, pues los falladores no se  relevaron  de  probar que el visto bueno del auditor era previo a los pagos. Tal  enunciado  fáctico,  reitérase, se acreditó principalmente con la versión de  la  tesorera  de  EMCODAZZI,  no  simplemente  a  partir  del  contenido  de los  comprobantes de egreso, como lo pretende hacer ver el censor.   

          Ahora    bien,    con   la   exposición   de   su   “mirada   analítica”  a  los  aludidos  documentos,  el  libelista  no desarrolla ningún supuesto constitutivo de falso  raciocinio,     sino     que    ofrece    a    la    Sala    una    valoración diversa a la aplicada por los  falladores.  Con  ello,  implícitamente  convoca a la Sala a emprender un nuevo  escrutinio  probatorio,  orientado por su lectura particular de los comprobantes  de   egreso,   como   si  el  recurso  extraordinario  de  casación  constituyera  una  tercera instancia de  juzgamiento.  Mas  ello  es del todo inamisible para que el reclamo sea admitido  en casación.   

          En  segundo  término, si bien el demandante ataca la valoración de  la  versión  rendida  por  Carmen  Beatriz  Díaz,  también  es  verdad que la  sustentación  de  los reclamos que a ello conciernen lejos están de evidenciar  la  infracción  de  las  reglas  de  la sana crítica y la trascendencia de los  supuestos yerros.   

          En   efecto,   resulta   inoficioso   alegar   que   los  juzgadores  quebrantaron   la   regla   de   experiencia   cifrada  en  que  “siempre  o  casi  siempre  quienes  ejercen  el  cargo de tesoreros  justifican,  cuando  se  ven  enfrentados a una investigación, de la naturaleza  que  sea,  haber  recibido  órdenes por parte de sus jefes, los ordenadores del  gasto”.  Al margen de que dicho postulado, en verdad,  pueda  constituir  una  máxima  de  conducta general y abstracta, fundada en el  ordinario  devenir  de  los acontecimientos de la vida en sociedad, lo cierto es  que  a  la  explicación dada por la tesorera de EMCODAZZI no se le dio crédito  probatorio  arbitraria  o  caprichosamente,  sino  en  razón  a que, en efecto,  existen      resoluciones      por      cuyo      medio      se     ordena  el  pago de las cuentas de cobro.   

          Aunado  a lo anterior, no es cierto que la información ofrecida por  la  tesorera  de  la  entidad no hubiera sido verificada. Lo dicho por aquélla,  para  los  juzgadores,  es  compatible  con  el contenido de los comprobantes de  egreso.  Si  bien  la  apreciación de éstos fue cuestionada por el censor, los  reclamos  respectivos  lejos  están  de  controvertir  el hecho de que en ellos  aparece  la  firma  y  el sello del auditor TERNERA ARAUJO, sin que éste dejara  constancia  de una fecha diferente a las de elaboración y pago de las facturas.   

          Ahora   bien,   al   argüir   que  los  falladores  soslayaron  que  “la  foliatura” contaba  con  otras  pruebas  -versiones  rendidas  por  ÁLVARO TERNERA ARAUJO y GUSTAVO  ENRIQUE  PADRO-  que  no fueron tenidas en cuenta por los juzgadores, la censura  no  sólo rompe la unidad lógica del reproche por falso raciocinio -al  discurrir  por  los  senderos argumentativos propios del falso  juicio   de   existencia   por  omisión-,  sino  que,  nuevamente,  en lugar de mostrar cuál regla de experiencia, principio lógico o  máxima  científica  fue  infringida, desarrolla una valoración alternativa de  los  medios  de conocimiento, con una amplitud permitida para el ejercicio de la  contradicción probatoria en las instancias, pero no en casación.   

          Es  más,  aun  haciendo  abstracción  de  dichas  infracciones  de  técnica  casacional,  la  Sala  advierte  que las mencionadas pruebas no fueron  soslayadas,  lo  cual torna infundado el reproche. Tanto la versión rendida por  ÁLVARO  TERNERA  ARAUJO  como  la  ofrecida por GUSTAVO PADRO GÓMEZ sí fueron  apreciadas  por  los  falladores de instancia. Cuestión diferente es que se les  negó crédito probatorio.   

          Y  dichas  razones  no  son  refutadas  de  ninguna  manera por el demandante. Es éste quien pasa  por  alto  que  lo  expuesto  por  el  señor  TERNERA  ARAUJO  fue  considerado  inverosímil,  así  como  que  a  lo  relatado  por  GUSTAVO PADRO -que  pagó las facturas elaboradas por Carmen Beatriz Díaz Araujo  porque  fue  amenazado  por paramilitares para ello- se  le        negó        toda       credibilidad8.   Por  ello,  es  igualmente  infundado  sostener  que  los  falladores  no  confrontaron las versiones de los  acusados con la de la tesorera Díaz Araujo.   

          Desde  esa  perspectiva,  es  ineficaz  que  el libelista alegue que  “en  la  mayoría -si no en el total- de los casos,  frente  a  investigaciones  penales,  los  procesados  se  muestran ajenos a los  cargos  o  los justifican, teniéndose que investigar las afirmaciones que estos  hagan,  pues  nadie  desea  perjudicarse con su propia versión sobre los hechos  que  se investigan”, pues si de versiones opuestas se  trataba,  quien  estaba  obligado  a  mostrar  por  qué  debía  creerse  en la  explicación  dada  por  el  acusado  ÁLVARO  TERNERA  y  no en lo dicho por la  sindicada  Carmen  Beatriz Díaz -en favor de quien se  precluyó  la  investigación-  era el censor. Empero,  éste  se  abstuvo  de  controvertir  los motivos por los cuales el a   quo  negó  crédito  suasorio  a  lo  declarado  por  el  señor  TERNERA ARAUJO y, en su lugar, afirmó que aquél se  apartó  del  cumplimiento  de  sus  deberes.  Por  ello,  la  censura se ofrece  insuficiente  para deconstruir los fundamentos probatorios de la declaratoria de  responsabilidad penal.   

          Y  esa falencia no se puede suplir, si lo pretendido es la admisión  de   un  cargo  por  falso  raciocinio,  con  la  proposición,  nuevamente,  de  valoraciones  probatorias  alternativas  a  la  aplicada  por  los falladores de  instancia,  como  lo  pretende el libelista al alegar que el Tribunal no reparó  en  que  al  proceso no se incorporaron pruebas sobre el tiempo y modo en que se  habrían  hecho  las  auditorías  a las cuentas investigadas ni en que cómo se  realizaba  el  control  previo.  Ello,  por  cuanto  no  hay lugar a predicar la  configuración  de  errores de hecho constitutivos de violación indirecta de la  ley  sustancial  cuando  simplemente se presenta una apreciación probatoria que  no  se  comparte.  La  mera  disparidad  de criterios en ese aspecto no habilita  acudir  al  recurso de casación (CSJ AP 03 dic. 2009,  rad.   27.264).  En  la  misma  dirección,  la  Sala  puntualizó  que  la  simple  oposición  de apreciaciones subjetivas contra los  razonamientos  probatorios efectuados por el juez o la postulación de críticas  a  la  actividad  valorativa, formuladas con la amplitud propia del ejercicio de  contradicción  de  las  instancias  y  sin  el  debido  planteamiento técnico,  conduce    a    la   inadmisión   del   recurso   de   casación   (CSJ AP 16 jun. 2010, rad. 33.697).   

               4.3                   Por  consiguiente, ante los insalvables defectos  de  fundamentación  que  la Corte no puede enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna la casación, se inadmitirá la demanda estudiada, ya  que  tampoco  se  observa  a  simple  vista  la vulneración de alguna garantía  fundamental  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala, en  los términos del artículo 216 del C.P.P.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de ÁLVARO TERNERA ARAUJO.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1  Cfr. fl. 11 sent.  1ª inst.    

            2  Cfr. fl. 26 sent.  2ª inst.   

            3  Cfr.  fls.  16-17  sent. 1ª inst.   

            4   Cfr.   fl.  11  ídem.   

            5   Cfr.   fl.  17  ídem.   

            6  Cfr. fl. 25 sent.  2ª inst.   

            7   Cfr.   fl.  24  ídem.   

            8  Cfr.  fls.  15-16  sent. 1ª inst.     

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