AP3354-2015(46046)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP3354-2015  

Radicación N° 46046.  

Aprobado acta No. 212.  

Bogotá, D.C., diecisiete (17) de junio de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el defensor del        acusado       ANDRÉS   FELIPE   MONTOYA  MACHADO,  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por la Sala Penal del  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Medellín, el 23         de        febrero  de    2015,    mediante    la    cual   confirmó  el   fallo  emitido    por    el   Juzgado   Cuarto  Penal   del   Circuito  Especializado con funciones  de   conocimiento   de  la  misma  ciudad,  el  10  de  octubre   de  2014,  condenando   al  mencionado  procesado         como        coautor           responsable        del     concurso     de     delitos   constitutivos  de  concierto  para  delinquir      agravado     y     tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

En      igual      ocasión   fue   sentenciado   el  enjuiciado  Juan  Camilo Giraldo Brand,  por      la      primera      hipótesis      delictual     referida.   

HECHOS  

Ocurridos  en  la  ciudad  de  Medellín,  en    el    proveído   de   primer   grado    se    describen    de    esta  manera:   

“La  presente  investigación  tiene  como  génesis la denuncia instaurada por el señor Diego  Castaño  Arteaga el día 29 de febrero de 2012, en la que daba cuenta que en la  misma  fecha,  en  horas de la mañana, mientras ejercía su oficio de vigilante  en  la  portería  de  la Universidad de Antioquia, arribaron hasta allí varios  sujetos  encapuchados, quienes armados con explosivos le exigieron la entrega de  3  computadores  portátiles,  un  cargador de uno de Éstos (sic) y dos equipos  lectores de tarjetas estudiantiles.   

En aras de esclarecer los hechos anteriores  y  otros  sucesos  delictivos acaecidos al interior de  la   Universidad   de   Antioquia,   la   fiscalía   desplegó  diversos  actos  investigativos,  entre  estos,  varias  entrevistas, entre las que se destaca la  rendida  por  el  joven  EDWARD  ALFONSO  SILVA BELTRÁN, el 21 de mayo de 2012,  quien  dio  cuenta de la existencia de una organización delincuencial que opera  en  ese centro estudiantil, a cuyos integrantes acusa de ser los responsables de  los  hechos  violentos  que  allí  se  presentan  y  del  expendio de drogas al  interior del plantel.   

Atendiendo  a  la  información  que  fuera  puesta  en conocimiento por el ciudadano SILVA BELTRÁN la fiscalía direccionó  la  investigación  hacia  la  constatación de la estructura criminal, pudiendo  establecer  que, en efecto, desde el año 2003, al interior de la sede principal  de  la Universidad de Antioquia, opera una organización delincuencial que tiene  por  objeto el expendio de estupefacientes, a la cual pertenecen por lo menos 22  personas,  entre  estos, los señores JUAN CAMILO GIRALDO BRAND y ANDRÉS FELIPE  MONTOYA MACHADO”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En   audiencia  preliminar llevada a cabo  el  17  de  enero       de      2014             ante    el    Juzgado   Séptimo          Penal Municipal con función de control  de     garantías     de     Medellín,             se  ordenó  la captura de  –entre  otros-  ANDRÉS  FELIPE  MONTOYA MACHADO y Juan Camilo Giraldo Brand.   

Obtenida   la   misma,   en  diligencias  concentradas   realizadas   el  2  de  abril  de  la  aludida                 anualidad  ante  el  Juzgado 15 de esa  especialidad,  a  los  citados  investigados  se les  formuló     imputación     por     la conductas  punible  de concierto   para  delinquir  agravado;  adicionalmente, a MONTOYA  MACHADO   se   le   atribuyó   la  de  tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes;  y   se   les   aplicó   medida   de  aseguramiento  de   detención   preventiva   en   establecimiento  carcelario.   

En decisión de segunda instancia del 28 de  abril  siguiente,  el  Juzgado  24 Penal del Circuito de Medellín sustituyó la  medida    aseguratoria    en   comento,  por  la  detención  en  el  lugar  del domicilio, en favor del  incriminado MONTOYA MACHADO.   

Previamente,  el  4  de abril de ese año,  como  los  procesados  no  se  allanaron  a  los  cargos imputados, la Fiscalía  presentó escrito acusatorio, ratificándolos.   

No   obstante,   una   vez  asignado  el  conocimiento  del  asunto  al Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado de  esa  ciudad,  luego  de  programarse  la  realización  de la audiencia de formulación de acusación, en  acta  de  preacuerdo  celebrada  con la Fiscalía, ambos procesados aceptaron su  responsabilidad en los ilícitos endilgados.   

Aprobado  el  acuerdo  y  verificada  la  diligencia  de  que  trata  el artículo 447 de la Ley 906 de 2004, ese despacho  dictó sentencia condenatoria el 10 de octubre de 2014.   

Consecuente       con       su  determinación,   el  A      quo     le  impuso  a  MONTOYA  MACHADO  y  Giraldo  Brand las  penas  principales  de  49  y  48  meses de prisión,  respectivamente;  les  aplicó  la sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por esos lapsos, y les negó los  beneficios    sustitutivos    de   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y prisión  domiciliaria.   

Apelado el fallo  por        el       defensor       de    MONTOYA    MACHADO,  la Sala Penal del Tribunal Superior  de    Medellín   lo  confirmó    íntegramente,    mediante    el  suyo del 23 de febrero de  2015.   

En    contra    de   la   providencia   de  segundo  grado, el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de casación y allegó la  correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego  de hacer un recuento pormenorizado de  la  actuación  procesal,  haciendo  especial  énfasis  en  el contenido de las  sentencias  de  las  instancias,  el  defensor de ANDRÉS FELIPE MONTOYA MACHADO  postula  un  reproche  en  contra  de  ellas, el cual desarrolla de la siguiente  manera:   

Cargo único: violación directa.  

Para  empezar,  el  casacionista  enuncia un  amplio  catálogo  normativo con el que fundamenta su petición, representado en  múltiples   disposiciones   extranjeras   y   patrias,  tras  lo  cual  diserta  genéricamente  sobre  los derechos fundamentales y los deberes que frente a los  mismos tiene el Estado Colombiano.   

Anticipa   sí,  que  en  este  evento  se  inaplicaron    las    normas    constitucionales1  que se refieren a la dignidad  humana  y  la resocialización digna del condenado, por cuanto a su prohijado le  fue  negado  el  subrogado  de  la prisión domiciliaria, pese a que actualmente  está  detenido  en  su  residencia,  “teniendo en  cuenta  que  se  están  cumpliendo  todos  los  fines  de  la pena sin que haya  necesidad  de  trasladarlo  a  una  prisión intramuros, con un hacinamiento que  atenta  contra los más grandes principios y valores de nuestro estado social de  derecho”.   

Acto seguido, el demandante sostiene que con  la  casación  pretende  que  se  restablezca  la  garantía  fundamental  de la  dignidad    humana,    accediéndose    a    la    solicitud   de   “mantener  el  beneficio  de  la prisión domiciliaria dadas las  condiciones   particulares  y  especialísimas  de  mi  defendido”.  Dicho  planteamiento lo acompaña con un discurso acerca de éste  derecho  y  los  de  resocialización  digna  y a la integridad física y moral,  todos  las  cuales  se  conculcarían  si  el  acusado  es  trasladado  desde su  domicilio,  en  donde  cumple  la pena, a un sitio no apto para resocializarse y  vivir                   dignamente2.   

Ya  frente  a  lo  resuelto por el Tribunal,  asevera  que  en relación a los derechos fundamentales, el juez de instancia no  es  ordinario  sino constitucional, teniendo el deber de hacer el control difuso  de  la  norma, ajustándose a los más rigurosos campos de los derechos humanos.  En   este   caso,   agrega,   bien   puede  inaplicarse  la  norma  –artículo  68A  del Código Penal, el  cual  cita  más  adelante-, que establece los requisitos objetivos para acceder  al   beneficio   sustitutivo,  “para  dar  paso  a  salvaguardar   la   supremacía   de   la   constitución   (sic)”,  es  decir,  “más  que inaplicar la  norma,  es  aplicar  la  norma  superior  constitucional  que  establece valores  supremos  como la dignidad humana, libre desarrollo de la personalidad y la vida  digna”.   

De la anterior forma y reiterando una y otra  vez  su  discurso  en  torno  a  la dignidad humana, el impugnante confronta las  disquisiciones  del Ad quem,  insistiendo  en  que  negarle  a  su  defendido continuar privado de la libertad  domiciliariamente,     para     confinarlo     en    intramuros,    “es  un castigo de alto calibre, que se suma además las tristes  (sic)  y  degradantes  condiciones  en  que  debe  purgar esa pena, en un centro  penitenciario   que   a  no  dudarlo  carece  de  las  condiciones  mínimas  de  sanidad”,       atentando       contra      esa  prerrogativa.   

A continuación, el apoderado del acusado se  refiere  a  la legitimación para recurrir, cita precedente constitucional sobre  la  casación,  explica  el por qué acudió a la vía de la violación directa,  retoma  extensamente la argumentación concerniente a la dignidad humana, vuelve  a  enunciar  las  normas  que  estima  infringidas,  y  solicita  que se case la  providencia   atacada,   declarando   el   desconocimiento   de   los  preceptos  constitucionales  e  internacionales  referentes  a  aquella  garantía  y la de  resocialización  digna  del  ser humano, las cuales deben aplicarse en favor de  su  representado,  manteniendo y concediéndole la prisión domiciliaria, con el  fin  “de  que  continúe  penando  su  condena  en  condiciones dignas constitucionales”.   

En  subsidio,  depreca a la Sala que case de  oficio, en aras de proteger el derecho a la dignidad humana.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Siendo   evidente   que   el        recurrente  desconoce  absolutamente    los  requisitos  de  fundamentación  exigidos para la admisibilidad de la demanda de  casación, desde ya anuncia la Sala que inadmitirá la misma.   

Pero, previamente a examinar la censura que  presenta   en   contra   de   la   sentencia   demandada,   debe   reiterar   la  Corte   cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza de la  casación  en  cuanto  medio  de control constitucional y legal habilitado ya de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas por  los   Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las partes, en seguimiento de lo consagrado por el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

Precisamente,  en  aras de materializar el  cumplimiento  de  tan específicos intereses, la Ley 906 de 2004 dotó a la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de una serie de facultades  realmente  especiales,  como lo hizo con aquella consagrada en el artículo 184,  a  saber,  la  potestad de “superar los defectos de  la   demanda   para   decidir  de  fondo”  en  las  condiciones  indicadas  en él, esto es, atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación     de     los     mismos,     posición     del    censor  dentro   del   proceso   e  índole  de  la  controversia  planteada;  y  la referida en el artículo 191,  para  emitir  un  “fallo anticipado” en      aquellos      eventos  en  que  la  Sala  mayoritaria  lo  estime  necesario por  razones  de  interés  general,  anticipando  los  turnos  para  convocar  a  la  audiencia de sustentación y decisión.   

Es  necesario,  sin  embargo, inadmitir la  demanda  si,  como  postula  el  inciso segundo de aquél precepto: “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades     del     recurso”    (entre    otros,   en   CSJ  AP,  13  de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP, 23 de julio  de 2007, Rad. 27.810).   

Atendidos estos criterios, ha señalado la  Corte:   

“De  allí que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta      de      aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de  constitucionalidad,  constitucional  o legal, llamada a regular el caso-, recoge  los  supuestos  de  la  que  se  ha  llamado  a  lo largo de la doctrina de esta  Corporación como violación directa de la ley material.   

b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de  nulidad  por  errores  in  iudicando,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación de las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente   por   falso   juicio   de   convicción,   mientras   que  el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que   surgen   a  través  del  falso  juicio  de  identidad          –distorsión  o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar  un  hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas ilógicas o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,    abordará    la    Sala    el   estudio   de   la   demanda   de  casación.   

2. Cargo único:  violación directa.   

De acuerdo con los referentes normativos y  jurisprudenciales  que  vienen  de reseñarse, advierte la Sala varias falencias  en  el  escrito objeto de  estudio,  las  cuales dan al traste con la pretensión casacional del           actor.   

En  efecto,  aunque  el defensor trata de  acomodarse  a  los  rigores  argumentales en la sustentación del extraordinario  recurso,  en  últimas  no  logra  su  cometido,  pues,  su  alegato, por demás  innecesariamente  extenso  y farragoso, constituye en  la  práctica  un  simple  alegato  de  instancia, completamente ajeno a la sede  casacional,  en  el  cual  pretende entronizar su particular visión, obviamente  interesada,   de   lo   que   estima   ajeno  a  lo  que  la norma sustancial consagra, absteniéndose de  desarrollar una verdadera crítica.   

Es       así      como  para  sustentar la finalidad del  recurso  y  fundamentar  el reparo, se vale de un mismo argumento, acorde con el  cual  pretende  que  a  su  defendido se le restablezca el derecho a la dignidad  humana,  el  cual  estima  seriamente  comprometido  por  el  hecho  de  que los  juzgadores  hayan  decidido  negarle  el  beneficio  sustitutivo  de la prisión  domiciliaria,  ordenando,  por consiguiente, que purgue su sanción privativa de  la  libertad  en  un  establecimiento carcelario, en donde, asegura, estaría en  condiciones indignas.   

Y    aunque    es    consciente  de  que  dicho  beneficio  se  negó   por   razones   objetivas,   aboga   porque  en  ejercicio  del  control  constitucional  que  puede realizar el juez, se inaplique la norma que establece  la  prohibición,  para  en  su  lugar reconocer  las  disposiciones  de la  Constitución     Política    que    aluden    a  derechos  como  el de la  dignidad   humana,  la  resocialización  del reo, el libre desarrollo de la  personalidad  y  la integridad física y moral, aquí  quebrantadas      por      parte      de     los  falladores.   

Como argumento  adicional,  sostiene el casacionista que en la medida  en  que  a  su   defendido   le   fue  otorgada  la  detención  domiciliaria,     su    confinamiento    en   prisión  debe  mantenerse,  debido a que se  está  cumpliendo  con  los  fines  de  la  pena, los cuales, en realidad, nunca  relaciona ni explica.   

Así  postulada  la censura, es innegable  que   el  memorialista        desconoce  que  a  esta  sede  llega la sentencia prevalida de una  doble  condición  de  acierto y legalidad, que para desarticularla, tal como se  expresa  en  su  reproche,  es necesario que compruebe la existencia de un yerro  sustancial  con  virtualidad  de socavar la decisión  ya   adoptada,   y   que   fundamente  el  cargo  de  manera  tal  que  a  simple vista sea perceptible el  motivo  por  el  cual  resulta  inexorable  la  casación  deprecada,  lo que no  sucede  en este evento, pues, en lugar de recurrir a  fundamentos  jurídicos  para  acreditar  la  violación  directa denunciada, el  impugnante   apela   a   argumentos   emocionales  y  subjetivos  que  lejos  están  de  tener  eco en la  judicatura.   

Para  empezar, es absolutamente claro que  la   defensa  confunde  los  fines  de  la  detención  preventiva  –intramural  o domiciliaria- con los  de  la  pena,  asi  como  que  la  aplicación  de  cada  una  de  estas figuras  tiene   sus   propios  requisitos   y  espacios  procesales,  por  manera  que  no  siempre   que   a   una  persona  investigada  se    le    asegure  preventivamente      en      el     sitio      de     residencia,     de     manera     indefectible     debe    luego    amparársele    con   el   subrogado   de   la   prisión  domiciliaria;  o si a esta no se le impone medida de  aseguramiento  alguna  en  el   curso  del  proceso,  el  juez  no  queda  obligado  para  disponer  en  el  fallo   que   continúe   en   libertad,  en  tanto, esa circunstancia dependerá del cumplimento de unos  requisitos  objetivos  y  subjetivos  a  los  cuales  debe apegarse a la hora de  definir si concede o no algún beneficio al condenado.   

Acorde  con  lo  anotado,  la Sala estima  necesario  aclararle  al  recurrente  la  diferencia  sustancial  que  existe entre las medidas de aseguramiento y la pena derivada de  la  adjudicación  de  responsabilidad penal, la cual radica fundamentalmente en  las funciones y fines de unas y otra.   

Así  lo  sostuvo  en  el  auto  CSJ AP, 8 sept. 2008, Rad. 29485,  agregando:   

«En  efecto,  son  funciones  de  la  medida  de  aseguramiento al tenor del artículo 3º del  Código  de  Procedimiento  Penal,  asegurar  la  comparecencia  al  proceso del  sindicado,  la preservación de la prueba y la protección de la comunidad y son  fines  de  la  misma  garantizar  la comparecencia del sindicado al proceso y la  ejecución  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  e  impedir  la  fuga del  sindicado,  que  el  sindicado  continúe  en  la actividad delictual o emprenda  labores   tendientes  a  ocultar,  destruir  o  deformar  elementos  probatorios  importantes   para   la  instrucción,  o  entorpecer  la  actividad  probatoria  (artículo 355 ibídem).   

En  cambio,  son  funciones de la pena al  tenor  de  lo  previsto  en  el  artículo 4º del Código Penal, la prevención  general  y  especial,  la  retribución  justa,  la  reinserción  social  y  la  protección al condenado.   

De ésta manera, mientras el sindicado se  encuentra  en  detención preventiva, la restricción de su libertad no comporta  pena  alguna  sino  que  garantiza  el  cumplimiento de los aludidos fines de la  medida  de  aseguramiento. En efecto, mientras la condena no esté ejecutoriada,  la    presunción    de   inocencia   se   mantiene  incólume».   

En  tales  condiciones,  el análisis que  hace   el   juez   de  control  de  garantías  para  determinar  si  detiene a  una    persona en  su  domicilio,        es       completamente      diferente      al      que     elabora  el juez  de    conocimiento    para   establecer    si    el   sentenciado    tiene    derecho   o     no     a     purgar    la    pena    en    su    residencia.   

Se    equivoca    el    censor,      entonces,      al  estimar que un procesado al que se le ha favorecido con medida  de  aseguramiento  de  detención  en  su  lugar  de  morada,   necesariamente   debe   acceder,   en  la  sentencia,  al  subrogado penal de la prisión domiciliaria, ignorando, vuelve a  decirse,  que  una  y  otra  figura  tienen diferentes requerimientos legales de  obligado análisis para el fallador.   

De   igual   manera,   las  condiciones  particulares         del        procesado no  pueden  incidir  en  la  decisión  atinente a la concesión o no del subrogado,  como lo pretende el libelista, si a ello    se   contrapone   el   incumplimiento   del   requisito         objetivo     que    como    conditio   sine   qua   non  habilita  acudir  a  este  tipo de  factores.   

Por lo demás,  apelar       a      la      principialística          constitucional  sin  que  de ella emane  un  referente  normativo  específico, representa un  esfuerzo  inane  frente  a  las  razones     que     gobernaron    la    negativa    del    subrogado,  pues,  respecto  de  lo discutido, siempre será posible  hallar   un  ejemplo  en  las      normas  constitucionales        o        tratados  internacionales,    para    soportar    cualquier    tipo   de   posición,          desde     luego    interesada,    de  quienes acuden al proceso  penal   

Huelga anotar,  que  si  se  atiende  el  criterio  de dignidad          humana  expuesto  por  el actor,      pues,     simplemente,  habría  que  eliminar el  castigo   penitenciario   no   solo   de   nuestra  legislación  penal,  sino  de  la  que gobierna el ámbito internacional,  dado    que    dentro    de    la    postura  nihilista  asumida,  es  claro  que  la  cárcel representa siempre afectación  mayor  o menor del principio  en  cuestión; sucede, sin  embargo,  que  lo buscado por la sanción en cuanto a  finalidades   insertas  en  nuestra  codificación  penal  se  alza       como       fin       constitucional      adecuado  de  frente  a  las  limitaciones  que  pueda       estimarse, comporta el derecho alegado.   

Ya         suficientemente  la jurisprudencia de la  Corte  Constitucional  y  esta    Sala    ha    delimitado    cómo   el   castigo   penitenciario,  en  sí mismo considerado, representa adecuada respuesta  al  fenómeno  de la criminalidad, razón suficiente para que deban desecharse    las   argumentaciones   en   contrario   presentadas  por            el            casacionista.   

Pero, además,  para    terminar,    la    experiencia    advierte  que    bien    utilizado   y   asumido  en  su  esencia  por  el condenado el  tratamiento          penitenciario,  sí   puede   producir   efectos  benéficos, como el día a día lo enseña.   

Así   las  cosas,         como         ninguna    violación   normativa   logra  acreditar  el  demandante,  el cargo será rechazado.   

3. Precisiones  finales.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor     del       acusado      ANDRÉS  FELIPE MONTOYA MACHADO, no sin  antes   advertir   que  revisada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó  la presencia de  alguna de las hipótesis  que  le  permitirían superar sus defectos para decidir de fondo, de conformidad  con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo de insistencia, en  los   términos   ampliamente   decantados   por  la  jurisprudencia     de     la     Sala.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado ANDRÉS FELIPE  MONTOYA  MACHADO,  en  seguimiento de las motivaciones plasmadas en el cuerpo de  este proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  impugnante elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Al  efecto,  el  memorialista  cita los artículos 1, 4, 11, 12, 13, 16, 17, 28, 93,  94, 228 y 229 de la Constitución Política.   

2 En  soporte  de  ello,  el  libelista  vuelve a citar instrumentos internacionales y  precedente    de    la    Corte   Constitucional,   acerca   de   los   derechos  fundamentales.     

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