AP318-2014(40093)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP318-2014  

Radicado N° 40093.  

Aprobado acta N° 22.  

Bogotá, D.C., tres (3) de febrero de dos mil  catorce (2014).   

V I S T O S  

Decide  la  Corte  el recurso de reposición  sustentado  por  el  defensor  del condenado ALEXÁNDER  RAMÍREZ     SÁNCHEZ,  contra  el  proveído  mediante el cual se rechazó la  demanda  de revisión que presentó contra la sentencia proferida por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Sincelejo el 11 de febrero de 2011, confirmada  con  modificaciones  por  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior del  mismo  distrito  judicial  el  29  de  junio  del mismo año, y casada parcial y  oficiosamente  por  esta Corte en el fallo proferido el 18 de abril de 2012, por  cuyo  medio  el demandante quedó condenado por el delito de lesiones personales  dolosas agravadas.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-  Por  auto  proferido el 15    de   agosto   de   2013,  la  Sala rechazó la demanda de revisión presentada    por    el    defensor   del   condenado   ALEXÁNDER   RAMÍREZ  SÁNCHEZ,  quien invocando  la  causal 7ª del artículo  192 de la Ley 906   de  2004,  alegó  que  con  posterioridad  a  la sentencia que afecta a su defendido, se  produjo   un  cambio  jurisprudencial  (sentencia  de  casación   del  21  de  marzo  de  2012,  radicado  No.  38.256),  que  favorece  la  situación  de  su  representado,  relacionada  con  la imposibilidad de que  el  juez  pueda variar la imputación jurídica de la  conducta  endilgada  en la  acusación,   sin  previa  solicitud de la Fiscalía.   

         Según    el   demandante,   de   haber  sido  aplicada la  decisión                 favorable   que  invoca,  su  defendido  habría  sido  absuelto  de los cargos imputados, pues  la  Fiscalía  jamás  elevó,  de  manera  expresa, solicitud de condena por el  delito    de    lesiones    personales,    que    finalmente   se   aplicó sin petición expresa del ente acusador.   

2. Al rechazar el  libelo,     señaló  la  Sala  que   en   el   antecedente   citado  por  el  censor como base de su pretensión revisora, nunca  se  hizo una manifestación expresa sobre la voluntad de recoger el criterio que  a   partir   de   la   sentencia   de   casación   del   16   de   marzo   de  2011  se  viene  ratificando  pacíficamente,  y que descarta como necesaria la petición de la Fiscalía para  variar  favorablemente  la imputación jurídica de la conducta, al punto que ni  siquiera  se  reflexionó  con  mayor profundidad sobre el requisito específico  alegado por el censor.   

          En  ese  orden,  se citan varios antecedentes que ratifican la tesis  plasmada   en  la  referida  decisión  del  16  de  marzo  de  20111, entre ellos,  el  auto  del  28  de  marzo  de  2012,  radicado No. 36.621, en el cual la Sala  confirma  su propósito de consolidar una línea jurisprudencial que deje atrás  ese  concepto  rígido de congruencia estricta, que impedía al juez, al momento  de  dictar  el  fallo,  modificar  la  denominación  jurídica  de  los  hechos  efectuada  por  la  Fiscalía,  para  abrir  paso  a  una postura que faculte la  potestad  oficiosa  para degradar la conducta a favor del procesado, siempre que  se  respete el núcleo fáctico de la acusación y no se afecten los derechos de  los demás intervinientes.   

          Tampoco  se  dio  razón  al  demandante  cuando  aduce  que  en  el  antecedente  que  cita  como  presupuesto  de  su  pretensión,  la  Corte quiso  establecer  una  subregla  jurisprudencial, según la cual, cuando no se cumplen  todas  las  condiciones  que  activan  la  facultad  oficiosa  del fallador para  modificar    la    calificación   jurídica   de   la   conducta   –entre  ellas,  la petición expresa de  la  Fiscalía-,  y  el  delito  respecto  del cual la  Fiscalía  omite  la  reclamación  de  condena fue discutido en el juicio,  se  impone  la absolución, porque ello no se extracta del  contenido de la decisión.   

En  tales condiciones, concluyó la Sala, el  punto  resaltado  por  el  demandante  no  puede  tenerse como referente para su  pretensión  revisora,  pues  ya  la  Sala ha dicho que para que una determinada  decisión,  por  sí  misma, constituya precedente jurisprudencial, es necesario  combinar  criterios  cuantitativos  y  cualitativos,  que no se consolidan en el  caso citado por el demandante.   

FUNDAMENTOS DEL RECURSO  

          En  un  extenso alegato, el defensor de ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ  pretende  conseguir que la Sala revoque su decisión para que le dé procedencia  a la acción de revisión.   

          En  orden  a fundamentar su pretensión, destaca que en la sentencia  demandada  el  Tribunal escogió el fallo emanado de esta Corte el 8 de junio de  2011,  radicado  No.  34.022, como criterio auxiliar con fuerza vinculante en el  caso   en  litigio,  pero  mal  interpretó  su  ratio  decidendi,   al   entender   que  la  “norma-regla”  explícita en el mismo, lo  autorizaba  a  que,  a  falta de una imputación fáctica concreta tal y como lo  exige  la  misma,  de  forma  expresa,  clara, precisa y circunstanciada, podía  adecuar  una  nueva  imputación en el fallo, con intención claramente definida  de  forma  específica y concretada en tipos de resultado de lesiones personales  y  así,  poder  condenar  por  hechos  diferentes  a  los  de la acusación, so  pretexto  de que con ello favorecía al procesado, pero vulnerando su derecho al  debido proceso y defensa.   

Señala  que  el  Tribunal  en  ese proceder  “ilegal e ilegítimo”, no  utilizó  la  verdadera  ratio  decidendi de   la   sentencia   invocada   como   regla  vinculante,  sino  su  obiter  dicta,  porque  sin  lugar  a  dudas esta fue la parte de la sentencia que trascribió, razón por la  cual  considera necesario entrar a buscar la línea jurisprudencial y su origen,  si  es  que  existe,  de lo que en la sentencia del 8 de junio de 2011, radicado  34.022,  solo  tiene  un  carácter  pedagógico y académico para el respectivo  caso.   

          A  continuación se remite a efectuar un análisis exhaustivo de los  fundamentos  de  las  decisiones  en  los  radicados  33.790  del  3 de julio de  2013;   36.621  del  28 de marzo de 2012; 32.685 del 16 de marzo de 2011; y  35.179  del  7 de abril de 2011, citados en el auto recurrido, para señalar que  la  regla  allí  plasmada,  relacionada  con  la  posibilidad  de  degradar  la  imputación  jurídica  a  una  de  menor  entidad,  siempre y cuando los hechos  constitutivos  del  delito  menor  hagan  parte  del  núcleo  contenido  en  la  acusación,  ha  sido  utilizada  para casos específicos de delitos que atentan  contra   la   libertad,  integridad  y  formación  sexual  en  los  que  están  involucrados  niños,  los cuales se diferencian del resto de delitos de nuestro  Código  Penal,  por  un  rasgo  característico,  relacionado con la intención  erótica o libidinosa.   

          En  tales  casos,  agrega,  el factor subjetivo subsume el objetivo,  pues  no  necesariamente  se  exige  contacto  físico entre el autor y el niño  víctima,  pues  el  artículo  209 del Código Penal sanciona incluso los actos  sexuales  diversos  “en su presencia, o la induzca a  prácticas  sexuales…”.  Igualmente,  se  trata de  delitos  que  en consideración a la edad de la víctima, tienen una protección  constitucional  prevalente  como  reza el artículo 44 de la Carta Política, en  los  cuales,  por  tanto,  el  juez  no asume la función acusadora, exclusiva y  excluyente  de  la  Fiscalía, cuando decide variar en el fallo la calificación  jurídica definida por la Fiscalía en la acusación.   

          De  allí  deriva  que  por  tratarse  en  estos  casos  de  delitos  autónomos  y con características diferenciadoras especiales y específicas, se  consolida  una  línea jurisprudencial totalmente independiente y diferente a la  del   objeto   del  litigio  en  el  presente  recurso  de  reposición  y,  por  consiguiente,  es  claro  para  el  demandante  que la creación jurisprudencial  contenida  en  la sentencia del 8 de junio de 2011, radicado No. 34.022, no hace  parte de dicha línea.   

          Aborda  a  continuación  el estudio de lo que llama “origen  de  la  línea  jurisprudencial  de  delitos de connotación  sexual  en niños. “Solides (sic), autonomía e independencia histórica de la  línea”,  destacando que de acuerdo con el rumbo que  le   marcan   los  anteriores  antecedentes,  se  encuentra  la  “sentencia  de  unificación”  del  5  de  noviembre  de  2008,  radicado  No.  30.305,   la  cual  corresponde  a una  “re-racionalización” de  la  línea  en  cuestión,  la  cual  sirve,  por  tanto,  como  referente  para  determinar  en  un  ejercicio  comparativo qué apartes de las sentencias en los  radicados  32.685  y  35.179  del  16 de marzo y 7 de abril de 2011, constituyen  “razón  de  decisión” y  cuales        “obiter        dicta”.   

          Así,  después  de  traer criterios doctrinales y jurisprudenciales  para  ilustrar  sobre el concepto de cada una de esas categorías, afirma que el  aparte  de  las  sentencias  identificadas,  donde  se  excluyó la exigencia de  solicitud  expresa  de  la  fiscalía  para  condenar  por un delito distinto al  formulado  en la acusación, constituye una “opinión  incidental”   con   respecto   a   la  ratio  decidendi  de la sentencia del 31 de  julio  de  2009, radicado No. 30.838, pues aquellas hacen relación a delitos de  connotación  sexual  en menor de 14 años, mientras que la última se relaciona  con  un  delito de porte ilegal de armas de fuego, lo cual ameritaba hacer dicha  diferenciación  para  “no entrar en esa zona gris en  donde    desaparece   la   virtud   pasiva   de   la   jurisdicción”,    al    sentarse   que   no   es   necesaria   la   mencionada  exigencia.   

          Según  el  recurrente,  el  argumento  contenido  en las sentencias  32.685   y   35.179   no   sólo   es   incidental   frente  a  la  ratio  decidendi  de  la sentencia 30.838,  sino  además  frente al “conjunto universal de casos  donde  el  sujeto  pasivo  de  la  probable actuación delictual sea mayor de 14  años…”   

          Para  demostrar  esa  afirmación,  dice acudir a la “refutación  por  el  método  de  la  analogía lógica”,  acudiendo  a la sentencia de casación del 3 de junio de 2009,  radicado  No.  28.649,  en la que la víctima fue una adolescente de 15 años, y  en  la  cual  se  establecieron  los  siguientes  factores relevantes para casos  analógicos   futuros:  (i)  que  las  conductas  punibles  de  que  tratan  los  artículos  207  y  210  del  Código  Penal,  no  son  idénticas en su núcleo  esencial;  (ii)  como  el  acusador  no  logró  traer al juez el convencimiento  necesario  sobre la ocurrencia del comportamiento punible sobre el cual edificó  su  propia  acusación,  y la Fiscalía no pidió condena por la conducta que el  juez   estimó   demostrada,   se   hacía   necesaria  la  absolución  por  el  comportamiento  que  edificó  la  acusación y la petición de condena, sin que  fuera  procedente  entrar  a declarar la responsabilidad por un delito distinto,  menos aún si este último pertenecía a otra especie.   

          A  continuación  trae  una  disertación  sobre  las  que considera  “técnicas    legítimas    de    interpretación  jurisprudencial”  y  “la  disanalogía  entre  caso nuevo y precedente aparentemente aplicable”,  para  concluir  que  las providencias de los radicados 32.685,  35.179,  36.621  y  33.790,  hacen parte de una línea totalmente independiente,  autónoma,  sólida  y  de  una  amplia elaboración histórica y con un patrón  fáctico   bien   definido  en  “delitos  contra  la  libertad     y     pudor     sexuales     en     menores     de     14     años  específicamente”,  línea  que  empieza sus inicios  históricos  en  un  criterio  del  ex Magistrado Luis Carlos Pérez Velasco, en  referencia  al  delito de “corrupción de menores del  Código     de    1980”    y    se    “re-racionaliza”   en   la  sentencia  dominante  de unificación del 5 de noviembre de 2008, radicado No. 30.305, pero  de  la  que  no hace parte la sentencia del 8 de junio de 2001, radicado 34.022,  ni   menos   la   providencia   del   radicado   38.256   del  21  de  marzo  de  2012.   

          Se  refiere  al principio de congruencia y su línea jurisprudencial  tanto  en  el  ámbito internacional como en el nacional constitucional y penal,  citando  de  esta  última  los  fallos emanados de esta Corte el 27 de julio de  2007,   radicado   No.   26.488,   y  el  3  de  junio  de  2009,  radicado  No.  28.649.   

          En  orden  a  presentar  una línea jurisprudencial en el tema de la  congruencia,  cita  las  sentencias  del  28 de febrero de 2007, radicado 26.087  (que  califica de hito o fundadora); 21 de marzo de 2007, radicado  25.862;  25  de  abril de 2007, radicado 26.309; 27 de julio de 2007, radicado 26.468; 15  de  julio  de  2008,  radicado  29.994;  y  las ya mencionadas sentencias en los  radicados  28.649 (3 de junio de 2009), 30.838 (31 de julio de 2009) y 34.022 (8  de junio de 2011).   

         

          Insiste  en  que  la  sentencia  del  21  de marzo de 2012, radicado  38.256  contiene un criterio favorable, cuyo desarrollo parte del abordaje de la  ratio   decidendi   de  la  sentencia  del  8  de  junio de 2011, radicado 34.022, planteando tres problemas  jurídicos  a  resolver:  (i) El carácter vinculante de la acusación frente al  fallo  judicial;  (ii)  las  posturas  de las partes intervinientes dentro de la  instancia  del  artículo  339  procesal;  y  (iii)  la determinación a adoptar  cuando   quiera   que   la  fiscalía  “no  solicita  condena”  por  uno o varios delitos, según manda el  artículo 448.   

          Después  de  ilustrar  sobre  los  argumentos  que  resolvieron los  anteriores   problemas   jurídicos,   concluye   que  los  mismos  cumplen  los  requerimientos   científicos   de   una  “verdadera  creación jurisprudencial”.   

Además,  la  sentencia  invocada reúne los  requisitos  que  la  doctrina ha establecido para calificarla como una sentencia  “hito  arquimedica”  con  respecto  al  momento  de  la presentación de la demanda de revisión, pues: a)  era  la  más  reciente  posible; y b) su contenido conceptual era lo más cerca  posible al caso sometido a juzgamiento.   

          Igualmente,  dicha  sentencia  debe  situarse  dentro  del escenario  constitucional  planteado,  que  no  es otro que el principio de congruencia que  desarrolla  el  artículo  448  de  la  Ley  906 de 2004, el cual hace parte del  debido proceso constitucional.   

          La   solución   a  los  problemas  jurídicos  planteados,  agrega,  contiene     una     serie     de     “principios  subyacentes”  que  se  expresan  en  los  siguientes  términos:   

          1.  La  norma que regula el principio de congruencia, exige que esta  se  presente  desde  una  doble connotación: la fáctica y la jurídica, de tal  forma  que  se  vulnera  la  consonancia cuando se condena: (i) Por hechos o por  delitos  distintos  a  los  precisados  en la acusación; (ii) por un delito del  cual  nunca  se  hizo mención fáctica ni jurídica en la acusación; (iii) por  un  delito  deducido  en la acusación, pero el juez le deduce circunstancias de  mayor  punibilidad  no  precisadas en aquella; y (iv) con desconocimiento de una  circunstancia de atenuación deducida en la acusación.   

          2.  De  acuerdo  con  el mandato contenido en el artículo 250 de la  Carta  Política,  reformado  por  el  Acto  Legislativo 03 de 2002, la tarea de  acusar  es  exclusiva y excluyente de la Fiscalía, carga que no puede trasladar  ni  siquiera  parcialmente  al  juez  o  a  las partes, como se desprende de los  artículos 15, 51, 56.8, 114, 116, 175, 336, 339, 350 y siguientes.   

          3.  Por  regla  general,  la Ley 906 de 2004, no permite al juzgador  fallar  por  hechos  o denominaciones jurídicas distintas de aquella que fueron  objeto  de  la  acusación,  pero  la  Corte  ha  admitido la posibilidad de que  excepcionalmente  el  juez  se  aparte  de  la  imputación fáctica y jurídica  formulada  por  la  Fiscalía,  siempre  y  cuando  se  cumplan  las  siguientes  exigencias:  (i)  Que  la Fiscalía así lo solicite de manera expresa; (ii) que  la  nueva  imputación  verse  sobre  un  delito del mismo género; (iii) que el  cambio  se  oriente  hacia  una conducta punible de menor entidad; y (iv) que no  afecte derechos de las partes.   

            4.  Cuando el juez condena por un delito  no  contemplado  en la acusación o respecto del cual la Fiscalía no pidió ese  tipo   de   decisión,   lo   que   hace   es  asumir  oficiosamente  una  nueva  acusación.   

          5.  La  habilitación  del  juzgador surge desde que la solicitud de  condena  a que alude el apartado final del artículo 448 se encuentre consignada  de  manera  expresa en el escrito de acusación o la formulación en audiencia o  en  el  alegato al final del juicio oral.            

6.  Si  no hay solicitud expresa de condena,  tampoco  puede emitirse fallo en ese sentido, pero si el hecho o delito respecto  del  cual  la  Fiscalía  no  hace  esa  reclamación  de  condena fue objeto de  controversia,  se  impone  un fallo de absolución. Pero si el hecho o delito no  fue   debatido   en   el   juicio,   hay   lugar  a  la  ruptura  de  la  unidad  procesal.   

Concreta  que  la línea jurisprudencial que  define  los delitos de connotación sexual en niños es totalmente independiente  y  autónoma,  e  incluso  paralela,  a  la  línea  que  define el principio de  congruencia  a  nivel  constitucional  y  del  bloque de constitucionalidad, las  cuales  fueron  confundidas  con  ocasión  del  abordaje  desafortunado  de  la  ratio   decidendi   de  la  sentencia  hito  del  31  de  julio  de  2009,  radicado  30.838,  de  la línea  jurisprudencial  del  principio  de  congruencia, a un caso regido por la línea  jurisprudencial  de  los  delitos  de  connotación  sexual  en  menores  de  14  años.   

Además,   para  el  presente  evento,  la  situación  concreta  se  proyecta  no  solo  debido  a  una  obediencia ciega e  irracional    de    un    aparente    criterio    jurisprudencial   –la   no  exigencia  de  la  petición  expresa  de  la  Fiscalía  para  degradar  a favor del procesado la imputación  jurídica   formulada  en  la  acusación-,  que  es  solo  una  “opinión   incidental”,  dentro  de  la  línea  que rige el principio de congruencia o consonancia, sino también de una  incorrecta  praxis  de  los  jueces  inferiores  al  interpretar  el  precedente  seleccionado,   esto  es,  la  sentencia  del  8  de  junio  de  2011,  radicado  34.022.   

Ello,   advierte,   porque  un  cambio  de  jurisprudencia  de  tal magnitud debe estar razonablemente justificado, conforme  a   lo  establecido  en  la  doctrina  constitucional,  específicamente  en  la  sentencia  SU  047  de  1999,  con  una  estricta  ponderación  de  los  bienes  jurídicos  en  juego  y  apego  a  la  doctrina internacional especializada del  principio         pro        homine.   

Según el demandante, esa es la razón por la  cual   en   el   “nuevo”  criterio  favorable, contenido en la sentencia del 21 de marzo de 2012, radicado  38.256,  nunca  se  hace una manifestación expresa sobre la voluntad de recoger  el       supuesto       criterio       “opinión  incidental”,   que  no  hace  parte  de  la  línea  jurisprudencial del principio de congruencia.   

Es  tan  aparente  ese criterio “opinión  incidental”,  que  sólo se  enuncia   por  fuera  de  todas  las  ratio  decidendi  de  los  casos  atinentes  a  delitos  de connotación  sexual  en  menores  de  14  años.  Pero además de incidental, tal opinión es  desafortunada,  porque daría al traste con las bases fundamentales y el sentido  que  el  legislador  le  dio al nuevo sistema de enjuiciamiento acusatorio de la  Ley   906   de   2004,   según  los  antecedentes  legislativos  que  trae  del  mismo.   

Sostiene que las creaciones jurisprudenciales  de  esta  Sala,  relacionadas  con  el  principio  de  congruencia  y que fueron  introducidas  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-025  de 2010,  hicieron  tránsito  a cosa juzgada y, por tanto, no pueden ser modificadas sino  bajo   estrictas   circunstancias   excepcionales  por  la  misma  Corporación.   

Agrega  que  la  aplicación  del  criterio  jurisprudencial  invocado  en  el  libelo,  conduce al desquiciamiento del fallo  demandado,   dado   que  la  decisión  rescisoria  no  sería  distinta  a  una  absolución  por  el delito objeto de acusación, juicio y solicitud de condena,  esto  es,  tentativa  de homicidio, y que el juez de revisión, si estima que es  de  su competencia, tome las acciones que considere conveniente ante la probable  comisión de delitos de tipos de resultados de lesiones personales.   

Ello  porque  uno de los vacíos que entra a  resolver  el  nuevo  criterio  favorable, es aquel relacionado con la actuación  del  juez  cuando  no  se  ha  configurado  el  delito  por  el cual se acusó y  solicitó   condena,   ofreciendo   como   única   solución  la  de  absolver,  independientemente  de  que  el  juez  considere  poner  en  conocimiento  de la  autoridad  respectiva  el  delito o delitos diferentes al contenido en el pliego  de  cargos,  para  que se asuma la correspondiente acción penal, con base a los  hechos que surgen en la práctica probatoria.   

    Además,  no  se  puede exigir  decisiones  posteriores  que  ratifiquen  el criterio favorable invocado, porque  este  es  legítimo  a  la  luz  de  la  doctrina  constitucional  que regula la  materia                 –sentencia  SU-047/99-,  coherente,  congruente  y  consistente  no solo con la línea en que se inserta,  sino con el sistema procesal de la Ley 906 de 2004.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se reponga la  decisión  para  que  se  admita  la  demanda  de revisión, en orden a cesar la  vulneración  de derechos fundamentales que activan la procedencia de la acción  de  tutela,  ante la configuración de un defecto sustantivo por interpretación  errónea  e  ilegítima del principio de congruencia,  y violación directa  del  artículo  250  de  la  Carta  Política,  ya  que el Tribunal no solamente  modificó  la  denominación  jurídica de la conducta punible, sino que alteró  la  esencia  de  la imputación fáctica, pues aunque el daño en el cuerpo o en  la  salud  pueden  ser  un  elemento  común  para ambas conductas -tentativa de  homicidio  y  lesiones  personales-,  también lo es que entre una y otra existe  una  diferencia  tan relevante que supone necesariamente una situación fáctica  distinta.   

Al   modificarse  los  cargos  en  segunda  instancia,  se  sorprendió al procesado con conductas punibles en relación con  las  cuales  ya  no se podía ejercer el contradictorio, lo cual repercute en la  estructura  del  proceso,  determinando  una  incompetencia  tanto por el factor  objetivo  como  subjetivo  y  por  conexidad, en abierta vulneración del debido  proceso, derecho de defensa y juez natural.   

  El Tribunal desbordó los límites del  recurso  de  apelación  y  con  ello la competencia funcional, pues solo estaba  autorizado  a  conocer  de  los  asuntos  que  el  apelante único sometió a su  estudio.   

El  juez  superior  se pronunció sobre unos  hechos  o  motivos de los cuales el juez inferior se abstuvo de pronunciarse, de  donde  la decisión de segunda instancia tiene origen en un único juez, lo cual  viola  el derecho a la doble instancia y el debido proceso por afectación de su  estructura.   

Finalmente,  porque al condenar por hechos o  aspectos  fácticos  de los tipos de resultado de lesiones personales extraídos  de  la  práctica  probatoria del juicio, estos no fueron relacionados de manera  clara  y  sucinta  en  el  escrito de acusación y mucho menos adicionados en la  respectiva sentencia.   

Por  último,  considera  que  la  decisión  impugnada  desconoce  que  la  racionalidad de la decisión judicial supone como  mínimo,  que exista un problema jurídico que se ha resuelto debidamente, y que  estando   de   por  medio  principios  y  valores  esenciales  del  ordenamiento  constitucional,  los  costos  de  un criterio jurídico aparente y desafortunado  “opinión  incidental” y  sus  consecuencias,  deben ser deshechos fácilmente mediante los mecanismos que  la   ley  y  la  Constitución  ofrecen,  entre  ellos,  la  aplicación  de  la  favorabilidad que un nuevo criterio jurídico genera.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

El extenso discurso que presenta el apoderado  del  condenado  para insistir en que se admita la demanda de revisión, no tiene  la  entidad  necesaria  para  modificar la decisión atacada, por las siguientes  razones:   

El hecho de que coincidencialmente varias de  las  decisiones de la Corte respecto a la eliminación del requisito relacionado  con  la previa solicitud expresa del Fiscal para habilitar la degradación de la  denominación  jurídica  imputada en la acusación, se hayan proferido en casos  donde  se  juzgaban  delitos  de  connotación sexual en menores de 14 años, de  ninguna  manera  habilita  concluir  o siquiera suponer que la pretensión de la  Sala  en punto de congruencia, es ofrecer un tratamiento distinto a este tipo de  conductas  punibles  y  que,  en consecuencia, existen sobre el tema dos líneas  jurisprudenciales  diferentes  o  diferenciables,  una  que  rige  los  casos de  delitos  sexuales  contra  menores  de  14 años y  otra para los restantes  delitos, como inapropiadamente lo asume el demandante.   

   

Si  claramente  la  lectura  de  la  postura  consignada  por  la  Corte  en  esas  decisiones  donde  se  juzgaban delitos de  contenido  sexual con menores de 14 años, advierte que su criterio es general y  ninguna  precisión  se hace en contrario, es porque precisamente la Sala buscó  otorgar  a dicha postura un marco general que no admite excepciones referidas al  tipo  de  conducta  punible  objeto  de decisión, además porque se trata de un  tema  de  contenido  procesal  con  efectos  sustanciales,  que no puede admitir  tratamientos diferenciables del tipo que propone el impugnante.   

Como en ninguno de los precedentes citados en  la     demanda     y     el     auto    recurrido2,   se  hace  siquiera una  insinuación  de  que  esa postura sólo rige para ese tipo de delitos sexuales,  las  manifestaciones  realizadas  por  el  impugnante  alrededor  de este punto,  constituyen  apenas  simples  especulaciones  carentes  de  soporte  fáctico  o  jurídico  y  por  ello  ninguna  incidencia  pueden  tener en la ya consolidada  línea  jurisprudencial  que eliminó el requisito en cuestión para degradar, a  favor  del  procesado,  la  imputación  jurídica  contenida  en la acusación,  independientemente  de  la  naturaleza  de  la  conducta  punible  por la que se  procede,  porque  como  se advierte en los mencionados precedentes, esa facultad  del  juez sólo exige que: (i)  la  nueva  imputación  verse sobre una conducta del mismo género; (ii)  la modificación se oriente hacia un  delito    de    menor    entidad;   (iii)  se  respete  el  núcleo fáctico de la acusación; y (v)  no  se  afecten  los  derechos de los  sujetos intervinientes.   

Así  las  cosas,  el  argumento central del  recurso  de  reposición,  encaminado  a  sostener  la existencia de dos líneas  independientes,  diferentes  y  paralelas  frente  al tema de la congruencia, no  puede  admitirse  por  la  Sala  como razón válida para modificar la decisión  impugnada,  de un lado por su falta de validez, y de otro, porque se trata de un  punto  completamente  novedoso frente a los aducidos en la demanda de revisión,  que  sugieren aspectos nunca analizados en el auto impugnado, e incluso ajenos a  la causal invocada.   

Entre  ellos, el supuesto error contenido en  la  sentencia condenatoria demandada, que deriva de la aplicación incorrecta al  caso  concreto de un precedente que no se ajustaba al mismo, lo cual desborda la  naturaleza  y  fines  de la causal de revisión a la que acude en su pretensión  de  derrumbar  esa decisión, porque la causal del numeral 7º del artículo 192  de   la   Ley   906  de  2004,  alude  exclusivamente  a  la  existencia  de  un  pronunciamiento   judicial   a   través   del   cual  la  Corte  haya  cambiado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que sirvió para sustentar la sentencia  condenatoria,  tanto  respecto  de la responsabilidad como de la punibilidad, de  donde  su  demostración  debe concentrarse en acreditar que el fundamento de la  sentencia  cuya remoción se persigue es entendido por la jurisprudencia de modo  diferente,   y   que   de  mantenerse,  comportaría  una  clara  situación  de  injusticia,  pues  la  nueva  solución  ofrecida  por  la  doctrina de la Corte  conduciría a la sustitución del fallo.   

De  donde  las  alegaciones  encaminadas  a  cuestionar  la  aplicación errónea del precedente que fundamentó la sentencia  demandada,  no  se  avienen  con  la  respuesta ofrecida por la Corte en el auto  objeto  de  reposición, razón por la cual no conllevan a la revocatoria que se  pretende.   

De  igual  manera  impertinente  se  alza la  controversia  que  quiere  plantear  el  demandante,  a  partir  de  la crítica  pertinaz  que  hace  a  la postura jurisprudencial vigente de la Corte frente al  tema  objeto del debate, pues es claro que la causal de revisión alegada, asoma  completamente   objetiva  y  por  ello  sólo  reclama  para  su  demostración,  verificar  que  con posterioridad al fallo mutó la postura de la Corte en favor  del    condenado,   pero   de   ninguna   manera   faculta   atacar   posiciones  jurisprudenciales  en  orden  a  acomodarlas al querer particular de la defensa,  pues,  huelga  anotar,  ello corresponde a un ámbito diferente al de la acción  de revisión, posiblemente adecuado en sede de casación.   

Por  ello,  tampoco este argumento puede ser  considerado por la Sala para modificar su decisión.   

                

Por  lo  demás, las insistentes alegaciones  del  recurrente  no  persuaden  a la Sala, ya que se trata de una discusión que  desborda  el  ámbito de la causal alegada, pues de acuerdo a lo reclamado en la  demanda,  esta  se concreta a la alegación de que con posterioridad al fallo de  condena,  la  Corte,  en  la  sentencia  de  casación  del 21 de marzo de 2012,  radicado  No.  38.256,  cambió  su  posición  jurídica  frente  al tema de la  congruencia,  para  exigir  que la degradación de la calificación jurídica de  la  conducta  a  favor  del  procesado  debe  estar  antecedida de una solicitud  expresa  de  la Fiscalía, y que al no mediar petición de condena por esa nueva  conducta, se impone la absolución.   

Y como en el análisis que asumió la Sala en  el  auto  recurrido, se explicaron las razones por las cuales no puede admitirse  que  en  el antecedente citado por el demandante se quiso variar el criterio que  rige  a  partir  de  la  sentencia  de  casación  del 16 de marzo de 2011 y que  excluye  necesario  la  petición  previa  de  la  Fiscalía  para  degradar  la  imputación  jurídica  de la conducta, siempre que se den los condicionamientos  arriba  destacados,  razones  que  el  demandante  no  logra  derrumbar  con  la  presentación  de  argumentos completamente nuevos a los aducidos en la demanda,  se mantendrá la decisión impugnada.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

NO   REPONER  la  providencia  del  15  de  agosto  de  2013,  por  las  razones consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA                                 PAULA      CADAVID  LONDOÑO   

                                            Conjuez                                                                              Conjuez   

DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN                              EUGENIO     FERNÁNDEZ  CARLIER   

                                            Conjuez                                                                                  Magistrado   

MAURICIO    LUNA    BISBAL                                                        RAMIRO ALONSO MARÍN VÁSQUEZ   

         Conjuez                                                                                                                           Conjuez   

EYDER    PATIÑO   CABRERA                                                        RICARDO POSADA MAYA   

        Magistrado                                                                                          Conjuez   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Radicado 32.685   

2 Entre  otros, sentencias del 16 de marzo  de 2011, radicado 32.685.     

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