AP299-2016(47271)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP299-2016  

Radicación N° 47271.  

Aprobado acta No. 19.  

Bogotá,  D.C.,  veintisiete (27) de enero de  dos mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el defensor del        acusado       ISIDRO           RODRÍGUEZ   ESQUIVEL,  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  la  Sala  Penal  del Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,     el     8         de         octubre  de    2015,  mediante la cual confirmó   el  fallo  emitido  por  el  Juzgado  Penal   del   Circuito  de       Villeta  (Cundinamarca),    el  29   de   mayo             del  mismo  año,  condenando al  mencionado            procesado,    como  autor     responsable  del     delito   de  homicidio,  a  la  pena  principal  de  17 años y 4 meses de prisión y a la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   igual   término.   

HECHOS  

En  el  proveído  impugnado  se             prohíja    el  siguiente recuento fáctico:   

“El  día  29  de  septiembre  de 2013, a eso de las 4:30 p.m., en la  finca      ‘VILLA  NANCY’,  ubicada  en  la  vereda      ‘SAN  CAYETANO’  del municipio  de  Nocaima,  lugar donde residía la señora LUZ MERY VELÁSQUEZ PINZÓN con su  familia     y    en    el    que    además    solía    vender    cerveza,    estaban   departiendo   los  señores  EDILBERTO  HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, conocido  por  varias  personas  como  GILBERTO,  ISMAEL  GALINDO HERNÁNDEZ, JOSÉ EDUVIN  HERNÁNDEZ  PINEDA  (tío del primero y cuñado del segundo) e ISIDRO RODRÍGUEZ  ESQUIVEL.   

De repente se presentó una gresca, en cuyo  desarrollo  JOSÉ  EDUVIN  le  pegó  a  ISIDRO  en la cabeza con una botella de  cerveza,  ocasionándole un sangrado profuso. Además, este último fue golpeado  por EDILBERTO, resultando lesionado también en el abdomen.   

El  altercado  se  detuvo,  puesto  que la  señora    LUZ   MERY  VELÁSQUEZ  PINZÓN  salió  a  exigir respeto en su  propiedad,  auxiliando  a ISIDRO. Fue así como lo llevó a un lavadero para que  se pudiera limpiar la sangre.   

Entre  tanto,  arribó  el  señor  JHON  ALEXÁNDER  LUNA  MUÑOZ, yerno de la prenombrada, en un campero de dos puertas,  quien  al  observar  lo  acaecido se ofreció con el fin de llevar a ISIDRO a un  centro  de  salud. En ese momento, LUN MERY, ISMAEL, JOSÉ EDUVIN y EDILBERTO se  ubicaron al lado de la puerta del conductor.   

Por  su  parte,  ISIDRO  se  acercó  al  vehículo  con  un  cuchillo escondido en la manga de su camisa, colocándose en  medio  del  grupo  de  personas  aludido,  e  intempestivamente  le  asestó una  puñalada  a  EDILBERTO en su cuello, quien se había  ubicado hacia la parte de atrás del automotor.   

Durante el juicio se pretende hacer ver que  RODRÍGUEZ  ESQUIVEL  obró de esa manera porque EDILBERTO, persona conocida por  su     comportamiento    violento,    había    desenfundado    un    revólver,  viendo  así en riesgo su  existencia. No obstante, logró advertirse que dicha  persona  actuó  por  venganza,  si  en  cuenta se tiene que llevaba el cuchillo  escondido  y  a  pesar de que tuvo la oportunidad de evadir al grupo de personas  mencionado,  subiéndose  al  campero  por  la  puerta  del copiloto, sobre todo  cuando  sabía de la mala reputación del occiso, más bien optó por integrarse  al mismo, realizando la acción descrita.   

Además,  aunque  LUZ MERY hizo alusión a  que  EDILBERTO sí sacó un arma de fuego, lo cierto es que su yerno no apreció  lo mismo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En        audiencias  preliminares  llevadas   a  cabo  el  14   de   noviembre     de     2013             ante    el    Juzgado   Promiscuo         Municipal  con  función  de control de garantías de Nocaima      (Cundinamarca),     se  le formuló imputación a  ISIDRO    RODRÍGUEZ    ESQUIVEL    por    la  conducta    punible    de    homicidio,             tipificada  en  el  artículo  103 del Código Penal, y     se    le    impuso  medida de aseguramiento de    detención    en    el   lugar   del   domicilio.   

Como   el  procesado     no     se     allanó    al    cargo  endilgado,  el  representante  del  ente  instructor  presentó  escrito  de  acusación   el   10  de  enero    de    2014,  ratificándolo.   

La  etapa de la  causa  fue  asumida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito   de  Villeta  (Cundinamarca),  despacho  que  luego de celebrar las  audiencias     de     acusación     –el    27    de   enero   de   ese  año-,        preparatoria        –en  sesiones  del 18 de febrero y 18 de marzo siguientes-  y   juicio   oral   –  celebrada  en  tres  actos,  el  11 y12 de febrero y el 5 de marzo 2015-, dictó  sentencia  el  29 de mayo  ulterior,  declarando  la  responsabilidad  penal de  RODRÍGUEZ   ESQUIVEL  en  la  hipótesis  delictual  contenida en el pliego acusatorio.   

Consecuente   con   su   decisión,   el  A   quo   le   impuso  las    sanciones  reseñadas en la parte inicial de este proveído,   y         le         negó        los        beneficios        sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena    y    prisión    domiciliaria,  disponiendo, por tanto, su captura1.   

Apelado el fallo  por   el   defensor  del  procesado,  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de  Cundinamarca lo          confirmó             íntegramente  a  través  de  providencia  del 8 de  octubre   de   2015,  en  contra  de la cual el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación y allegó la correspondiente  demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego de consignar una extensa transcripción  del  proveído  censurado  y  sostener  que  con la casación se propende por el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  en  el  tópico  referido  a la audiencia de  imputación  y  su  procedimiento  adecuado,  el  defensor  de ISIDRO RODRÍGUEZ  ESQUIVEL  se  apoya  en  el  numeral 2° del artículo 181 de la Ley 906 de 2004  para   proponer  dos  cargos  por  nulidad, los cuales desarrolla de la siguiente manera:   

Cargo principal: violación del principio de  imparcialidad.   

Denuncia  el  casacionista la violación del  debido  proceso,  por  cuanto  el juez de garantías que realizó las audiencias  concentradas,   en  particular  la  de  imputación,  “desconoció  de manera flagrante su rol funcional y de contera, quebrantó de  manera  ostensible  el  principio acusatorio”, que le  impone   ser   un   árbitro   imparcial   al   momento   de  presidir  un  acto  procesal.   

Así,  luego  de  referirse  al principio de  prioridad  y  trasuntar  el desarrollo de la audiencia de imputación, considera  evidente    e   incontrovertible   el   “errátil  proceder”  del  juez,  ya  que  habilitó un sendero  procesalmente  inadmisible  en  el  actual sistema penal, al incidir ilegalmente  “en  la postulación de la comunicación penal que  realizó  la  parte  de  la  Fiscalía”, es decir, lo  cuestiona por direccionar de manera irregular dicho acto procesal.   

De la anterior forma, precisa el demandante,  se  violó  la  garantía  constitucional  de la imparcialidad del juez, tópico  sobre  el  cual  diserta a partir de citar los artículos 5 y 457 del Código de  Procedimiento  Penal  y  29 de la Constitución Política, insistir en que es la  Fiscalía    el    órgano    titular    del    ius  puniendi,  y  citar jurisprudencia de la Sala sobre el  particular.   

Como la irregularidad es sustancial, agrega,  el  hecho  de  que  se  hayan  propiciado  dos imputaciones, impidió al juez de  conocimiento  definir  inequívocamente  cuáles  eran los hechos sometidos a su  escrutinio  judicial,  para  determinar  en tal forma la teoría del caso que se  comprometió a probar el ente instructor.   

Para terminar, el memorialista vuelve a traer  a   colación   proveído  de  la  Corte  acerca  de  la  materia,  reitera  los  inconvenientes  que  esa  actuación  representó  para  el  juzgador  y  que le  impidieron  a su defendido optar por algún mecanismo de la justicia premial que  le  hubiere  permitido obtener algún beneficio punitivo, y solicita que se case  la  providencia  demandada,  decretándose  la  nulidad  desde  la  audiencia de  formulación de imputación.   

Cargo  subsidiario: violación del principio  de congruencia.   

Según   el   impugnante,   existe   una  inconsonancia  fáctica  entre la formulación de imputación y la sentencia, en  tanto,  el  Tribunal adicionó otros elementos ajenos al pliego de cargos que la  Fiscalía  adujo  en  el  juicio  oral,  teniendo  en cuenta que como órgano de  persecución  penal,  realiza  la proposición fáctica, probatoria y jurídica,  desde la cual debía defenderse su prohijado.   

En orden a fundamentar su censura, transcribe  lo  aducido  por  el  fiscal  en la audiencia de formulación de imputación, el  escrito  acusatorio,  la  teoría  del  caso  y el alegato conclusivo del juicio  oral,  para advertir que basta un ejercicio comparativo entre esas actuaciones y  la  sentencia, para advertir que se violó el principio de congruencia, en claro  desconocimiento  de lo establecido por esta Corporación, conduciendo ello a que  se   impidiera   el   ejercicio   de   una   adecuada  defensa  material  de  su  representado.   

Pide   el   representante   judicial   del  incriminado,  por  tanto,  que  se case la sentencia demandada, para declarar la  nulidad desde el escrito de acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Siendo   evidente   que   el  recurrente                desconoce    los    requisitos    de  fundamentación  exigidos  para  la  admisibilidad  de  la demanda de casación,  desde ya anuncia la Sala que inadmitirá la misma.   

Pero, previamente a examinar las          censuras       que       presenta  en  contra  del fallo demandado,  debe     reiterar     la     Corte    cómo,  con  el  advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

Precisamente,  en  aras de materializar el  cumplimiento  de  tan específicos intereses, la Ley 906 de 2004 dotó a la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de una serie de facultades  realmente  especiales,  como lo hizo con aquella consagrada en el artículo 184,  a  saber,  la  potestad de “superar los defectos de  la   demanda   para   decidir  de  fondo”  en  las  condiciones  indicadas  en él, esto es, atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación   de   los   mismos,  posición  del  censor  dentro del proceso e índole de la  controversia  planteada; y  la   referida   en   el   artículo   191,   para   emitir   un  “fallo       anticipado”       en  aquellos  eventos en que  la  Sala  mayoritaria  lo  estime  necesario  por  razones  de interés general,  anticipando  los  turnos  para  convocar  a  la  audiencia  de  sustentación  y  decisión.   

Es  necesario,  sin  embargo, inadmitir la  demanda  si,  como  postula  el  inciso segundo de aquél precepto: “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades     del     recurso”    (entre    otros,   en   CSJ  AP,  13  de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP, 23 de julio  de 2007, Rad. 27.810).   

Atendidos estos criterios, ha señalado la  Corte:   

“De  allí que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta      de      aplicación,  interpretación  errónea,  o  aplicación  indebida  de una norma del bloque de  constitucionalidad,  constitucional  o legal, llamada a regular el caso-, recoge  los  supuestos  de  la  que  se  ha  llamado  a  lo largo de la doctrina de esta  Corporación como violación directa de la ley material.   

b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de  nulidad  por  errores  in  iudicando,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación de las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente   por   falso   juicio   de   convicción,   mientras   que  el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que   surgen   a  través  del  falso  juicio  de  identidad          –distorsión  o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar  un  hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas ilógicas o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,    abordará    la    Sala    el   estudio   de   la   demanda   de  casación.   

2. El caso concreto.  

De acuerdo con los referentes normativos y  jurisprudenciales   que   vienen   de   reseñarse,   advierte  la  Corporación  varias  falencias  en el  escrito   objeto   de  estudio,  las  cuales dan al traste con la pretensión casacional del         libelista.   

Para empezar, se abstiene de concretar  cuál  es  la finalidad del  recurso  en los términos del artículo 180 de la Ley 906 de 2004, circunstancia  que  por  sí  sola amerita el rechazo de la demanda, la cual carece de los más  elementales  rudimentos  de  fundamentación,  constituyendo  en la práctica un  simple  alegato  de  instancia,  completamente ajeno a la sede casacional, en el  cual  pretende  entronizar  su  particular visión, obviamente interesada, de lo  que  estima violatorio de  garantías    fundamentales,   absteniéndose   de  desarrollar una verdadera crítica.   

Al efecto, era absolutamente necesario que  explicara,  en acápite separado, qué pretendía con el recurso extraordinario,  esto  es,  si  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, o la  unificación de la jurisprudencia.   

Una declaración en tal sentido brilla por  su  ausencia,  por  manera  que  no puede entenderse  suplida  con las afirmaciones genéricas en  las  que  denuncia la violación del debido proceso, ni con la  propuesta   de  que  se  desarrolle  la  jurisprudencia  en  lo  que  atañe  al  procedimiento  adecuado de la audiencia de imputación, sin dar una razón clara  y  desconociendo  que  éste  tópico,  por  lo  menos en lo que al rol del juez  atañe, ha sido tratado en múltiples ocasiones por la Sala.   

Así  las  cosas,  está  claro  que  el  mandatario    judicial    del   acusado              nunca          expuso   las  razones  que  determinan  la  necesariedad  del fallo de casación para alcanzar  alguna  de las finalidades señaladas para el recurso, de acuerdo con el aludido  precepto.   

Sin    duda    alguna,   desconoce  que  a  esta  sede  llega la sentencia prevalida de una  doble  condición  de  acierto y legalidad, que para desarticularla, tal como se  expresa    en    sus  reproches,  es necesario  que  compruebe  la  existencia de un yerro sustancial con virtualidad de socavar  la   decisión   ya   adoptada,  y  que  fundamente  el  cargo  de manera tal  que  a  simple vista sea perceptible el motivo por el cual resulta inexorable la  casación    deprecada,    lo    que   no   sucede   en   este   evento,   pues,  examinadas las          censuras,          éstas también adolece de crasos yerros en  su  postulación,  al  punto de impedir conocer de la Corte cuál en concreto es  la  violación trascendente que se reputa en las providencias de las instancias.  En efecto,   

2.1.  Los   cargos.   

Cargo principal: violación del principio  de imparcialidad.   

Para  el actor, el juez de garantías que  realizó   la  audiencia  preliminar  de  imputación  violó  el  principio  de  imparcialidad,  en la medida en que indebidamente direccionó al fiscal para que  formulara   una   nueva   incriminación,  lo  cual,  estima, pudo haber generado confusión en el juez de  conocimiento y dificultó el ejercicio del derecho de defensa.   

En  soporte de sus asertos, transcribe el  desarrollo  de  la  audiencia  en comento,  de  la  cual  la  Sala hace una lectura diferente, pues, por un  lado,  no  es  cierto  que  se haya violado el principio de imparcialidad y, por  otro,  lo  ocurrido carece de trascendencia, ya que ninguna incidencia tuvo a la  hora de definir la responsabilidad penal del procesado.   

El  juez  de  garantías,  se ha dicho en  múltiples  ocasiones,  no  es  un  convidado  de  piedra  en  la  audiencia  de  formulación      de     imputación,  a  pesar de que es éste un acto de comunicación que le ha sido  deferido  por  el legislador al fiscal, pues, sin que  ello  implique afectar el principio de imparcialidad,  el  juez  puede verificar  que  se  cumplan  los  formalismos  de ley y que no se menoscaben las garantías  fundamentales de las partes e intervinientes.   

No  otra  cosa  ocurrió  en este asunto,  habida  cuenta  que acorde con lo transcrito por el casacionista en su farragoso  escrito,  puede  apreciarse  que  el  juez de control de garantías opinó sobre  asuntos  formales,  pero  jamás  sobre la  imputación  propiamente  dicha  y por ello sugirió al fiscal  del  caso  que las corrigiera, lo cual propició que prácticamente repitiera el  acto  de  incriminación,  actuación       que       no      implica,    como   amañada   y   equivocadamente   considera   el  demandante,   que   se  hicieron  dos imputaciones  diferentes.   

En efecto, el  juez      con      función      de      control     de     garantías no hizo ninguna intromisión en los  aspectos    factico,  jurídico  y  probatorio,  terrenos  que,  en  efecto, corresponden exclusivamente al titular de la acción penal.   

Sus  observaciones  fueron sobre aspectos  eminentemente    formales,    sin    invadir    la    imputación    propiamente  dicha.   

Además, cuando hizo la sugerencia, todos  estuvieron  de  acuerdo,  incluido  quien  entonces  fungía  como  defensor del  procesado  RODRÍGUEZ  ESQUIVEL,  quien  de esa manera convalidó una actuación  que, vale decir, nada de irregular tiene.   

No puede entonces el actual representante  judicial  capitalizar  un  acto  que  se  presentó  desde  el  comienzo  de  la  actuación,  para  alegar  en  la  sede casacional una nulidad de que a todas es  inexistente.   

Así,  contrario  a  lo  que  opina  el  casacionista,  el  juez  de garantías no solo puede, sino que debe entrometerse  en  el  acto de imputación, cuando advierta que no se cumplieron las exigencias  formales o que hay violación de garantías fundamentales.   

Por  lo  demás,  cuando  el memorialista  alega  que esa forma de imputar doblemente pudo haber generado confusión en los  jueces  de  conocimiento,  está  partiendo  de una falacia, pues acá, tanto la  primera   como   la   segunda  instancia,  siempre  dejaron  claro  los   funcionarios  A  quo  y  Ad quem  cuáles  eran  los  hechos  por  los  cuales estaban  condenando   al   acusado   y   así   lo   dejaron  saber  en  sus  respectivos  pronunciamientos.   

Ahora,  en  cuanto  a  que  pudo  afectarse  el  derecho  de  defensa,  ya  que la   diligencia   celebrada   en  tales  condiciones  impidió  que  el  acusado  se  allanara  a  cargos o celebrara un  preacuerdo  para  obtener  algún  beneficio  punitivo,  se  trata  de   algo   especulativo  que  no  se  aviene  al  caso,  habida  cuenta  que  la  imputación  jurídica  que  se  le  atribuyó,    por    el    delito    de   homicidio  simple, siempre fue la misma.   

En síntesis, la Corte avala la actuación  del  juez  con  función  de  control  de  garantías,  siendo  claro que estaba  facultado  para  proceder  como  lo hizo, razón más  que   suficiente   para   descartar   la  denunciada  violación  de  garantías  fundamentales y, por tanto, la nulidad deprecada por el libelista.   

Consecuente     con    ello,  inexorable  resulta  el rechazo  del     primer    cargo    postulado    por    el  impugnante.   

Cargo  subsidiario: violación del principio de congruencia.   

El  recurrente  aduce  que  se  violó el  principio  de  congruencia  en  su  componente  fáctico,  ya  que  el  Tribunal  agregó  “elementos”  ajenos   al   pliego   de   cargos   formulado   por   el  representante  de  la  Fiscalía.   

El  problema  es  que nunca concreta esos  “elementos”, dejando  el cargo en el mero enunciado.   

De  todos modos, cuando el censor asevera  que  no  hay  consonancia  fáctica  entre  la  imputación y la sentencia, da a  entender  que  desconoce la prolífica jurisprudencia  sobre   la   naturaleza   de   la   audiencia   de   imputación,   acorde   con  la  cual,  ésta  es  de  carácter   eminentemente   provisional  y  si  bien  marca  el  punto de partida de la investigación, el  fiscal  del  caso  está  facultado  para seguir recaudando elementos materiales  probatorios,  información  legalmente  obtenida  y evidencias físicas, con las  cuales soportar su teoría del caso.   

En  esa  medida,  no  es descabellado que  algunas    circunstancias    temporo   espaciales   puedan   variar,  situación que no genera vulneración  de  derechos,  pues, lo importante es que se conserve  el  núcleo  fáctico  de  la conducta punible por la  que  imputó  y  acusó, lo cual no ofrece discusión  en este asunto.   

Sumado  a  lo  anterior,  se  tiene  que  el   actor  no explica lo trascendente del asunto, en la medida en que nunca  dice  de  qué  manera se  lesionaron    las   garantías   fundamentales   de   su   defendido,       quien       siempre   tuvo  claro  de  qué  delito  debía      defenderse     y     cuál     fue     el     marco     fáctico  en  que  ocurrió,   tal  como   lo   definió   la   Fiscalía  en        el       desarrollo       del       trámite.   

Ahora,  si  tan  trascendente  era  dicha  irregularidad,  cabe  preguntarle  a la defensa técnica, independientemente del  profesional    que    la   ejerza,   ¿por  qué omitió alegar la nulidad en  el  momento  procesal  oportuno,  esto  es, en la audiencia preparatoria o en el  juicio   oral,   en  lugar  de  reservar  la misma para invocarla a través del  recurso   extraordinario  de  casación?.   

En  el  mismo  orden  de  ideas,  la  crítica que hace el libelista  respecto  de  la  vulneración  de  la  congruencia,  parte  de  un  erróneo  entendimiento  de    lo    que    constituye    ésta   prerrogativa,  contenida  en  el artículo 448 de la  Ley      906      de      2004,     la  cual se predica entre la acusación  y  la sentencia, que en clara articulación práctica  del  derecho  de  defensa propende porque al procesado no se le sorprenda con un  fallo  ajeno  a  los  cargos  formulados  y  por  los  cuales adelantó su tarea  defensiva.   

En  concreto, así delimita ese principio  el         citado        precepto:   

“El  acusado  no  podrá  ser declarado  culpable  por  hechos  que  no  consten  en la acusación, ni por delito por los  cuales no se ha solicitado condena”.   

Esa  doble  connotación del principio de  congruencia  implica,  de un lado, que la Fiscalía conserva una cierta potestad  para  incidir  de forma autónoma en las resultas del proceso, pues, si solicita  absolución  o se abstiene de pedir condena por el delito objeto de acusación o  uno  de  ellos,  invariablemente  el  juez  debe  absolver;  y  del otro, que la  acusación  marca  un límite para el arbitrio de las partes e intervinientes, e  incluso  el  funcionario judicial, en tanto, no es posible, en la generalidad de  los  casos,  pedir condena o proferir la misma por una conducta punible distinta  a  la  que fuera objeto de elevación de pliego de cargos y, en todo caso, nunca  por  unos  hechos  diferentes  (CSJ  SP,  25  sept. 2013, Rad. 41290;   y   CSJ   AP2144,   30   abril  2014,  Rad.  43357).   

Pues bien, basta revisar objetivamente la  actuación   para   establecer   que   la   alegada  vulneración  de  la  citada  prerrogativa  nunca se  presentó,   toda   vez   que  los  hechos  por  los  cuales      se  condenó    al    enjuiciado,    se   mantuvieron  incólumes   desde   la  audiencia  de  imputación,  pasando por los actos de acusación.   

Así   las  cosas, como ninguna irregularidad logra acreditar el  casacionista,  éste reproche también será desechado.   

2.2.         Precisiones finales.   

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del  acusado  ISIDRO RODRÍGUEZ  ESQUIVEL,   no   sin   antes   advertir  que  revisada  la  actuación  en lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de alguna de las hipótesis que le  permitirían  superar  sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo de insistencia, en  los   términos   ampliamente   decantados   por   la   jurisprudencia   de   la  Sala.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado ISIDRO RODRÍGUEZ  ESQUIVEL,  en  seguimiento  de  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este  proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  recurrente elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  RODRÍGUEZ  ESQUIVEL  había  recuperado  su  libertad  por  orden de un juez de  garantías, el 17 de julio de 2015.     

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