AP2831-2014(43678)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado  Ponente   

AP2831-2014  

Radicación  N°  43678   

(Aprobado  acta  N°    162)   

         

         Bogotá,   D.  C.,  veintiocho  (28)  de  mayo    de    dos    mil    catorce             (2014).   

          La  Corte  se  pronuncia sobre la admisibilidad formal de la demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado de BREINER  ANDRÉS  MANOSALVA  PÉREZ  en  contra de la sentencia  emitida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar que, el 7  de  septiembre  de  2011,  lo  declaró  coautor  penalmente  responsable  de la  conducta punible de homicidio en persona protegida.   

  H   E   C   H   O  S   

          Fueron    expuestos    por    el    Tribunal   en   los   siguientes  términos:   

“Se  desprende  de  los  audios  y  las  probanzas  allegadas  al  informativo  que  el  día  8  de  marzo  de  2008, en  jurisdicción  del corregimiento de Villa Germania (Cesar), tropas del Ejército  Nacional  dieron  parte  de  un  presunto enfrentamiento armado con una supuesta  columna  subversiva  perteneciente  al Ejército de Liberación Nacional E.L.N.,  que  operaba en la zona, y cuyo resultado fue el abatimiento de un sujeto que no  fue  identificado  y que portaba prendas militares, un revólver calibre 38 y un  brazalete distintivo del E.L.N.   

En la operación armada participaron, entre  otros,  el  Cabo  Tercero Elvert Garzón Rey y los soldados profesionales Darwin  Mogollón  Tuberquia,  Alonso  Enrique  Martínez  Herrera, Dayvis Saúl Flórez  Lorsa  y  BREINER ANDRÉS MANOSALVA PÉREZ,  pertenecientes  a  una  unidad  de contraguerrilla del Ejército  Nacional acantonada en la zona.   

La investigación adelantada por este hecho,  permitió   establecer  que  el  occiso  vestía  prendas  militares  en  tallas  extremadamente inferiores a su contextura física”.   

LA DEMANDA DE REVISIÓN  

          El  demandante  pide  la  revisión  del  fallo con fundamento en la  causal  contemplada  en  el  artículo  192, numeral 1°, de la Ley 906 de 2004,  toda  vez  que, en su criterio, en este asunto se profirió condena en contra de  dos  o  más  personas  por un mismo delito que no pudo haber sido cometido sino  por una o por un número menor de las sentenciadas.   

          En  aras  de  respaldar  este  señalamiento,  se  dedica  de manera  profusa  a  criticar  varias  circunstancias  que,  en  su  sentir,  constituyen  falencias  trascendentes  que infirman la validez de la decisión atacada. Entre  ellas,  la  coautoría  deducida  en  los  sucesos  investigados,  afirmando que  ninguna  referencia  sustancial  o probatoria en este sentido se efectuó en las  sentencias  para  atribuirle  ese grado de participación a su acudido, tampoco,  dice,  se  demostró  que  éste hubiese sido el responsable de los disparos que  segaron  la  vida  de  quien  resultó  muerto  en  el operativo del Ejército y  destaca  que  el  obitado carecía de los atributos para ser considerado persona  protegida,  ya  que nunca fue identificado como miembro de la población civil o  residente   de   la   zona,   siendo  un  individuo  que  se  inmiscuyó  en  un  enfrentamiento  armado,  portando prendas militares, un revólver e insignias de  un grupo subversivo.   

          Censura  que  los  superiores  del  implicado,  quienes  idearon  el  procedimiento  que  dio  lugar al fallo de condena, no hubiesen sido sancionados  penalmente  como  determinadores  de  los  hechos,  y  que  del  contingente que  participó  en  el  mismo  solo  se  hubiese  escogido  a  unos  pocos  para ser  judicializados  por  un  acto  propio de combate, el cual, sugiere, debió haber  sido  conocido  por  la  justicia  penal  militar. De otra parte, refiere que la  conducta  desplegada por MANOSALVA PÉREZ se  enmarcó  dentro  del  estricto  cumplimiento de órdenes que no  pueden  ser  cuestionadas  por los soldados que las ejecutan, de tal modo que su  sola  presencia  en  el  lugar  de  los  acontecimientos  es  insuficiente  para  atribuirle juicio de reproche.   

          Entonces,   asegura,   el   Tribunal  debió  revocar  la  decisión  condenatoria  de  primera  instancia  ante la atipicidad de la conducta, o en su  defecto,  por  la  concurrencia de duda probatoria, denunciando que en este caso  se   incurrió  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  32,  numeral  4°, del Código Penal, en violación  indirecta  por  falso  juicio  de existencia por omisión al no vincularse a los  oficiales  de  alto  rango  que dispusieron la ejecución del operativo, y en un  falso  juicio de identidad al deducirse de las pruebas aportadas a la actuación  compromiso  penal,  cuando ninguna señala a su patrocinado como autor de algún  delito,  yerros que condujeron, en su criterio, a la aplicación indebida de los  artículos   29,  103  y  104  ibídem.  En  consecuencia,  invoca  “un  nuevo  análisis probatorio en que se debata este aspecto…  para     terminar    de    esclarecer    la    forma    definitiva    de    este  homicidio”,  retomando las argumentaciones expuestas  en  los  fallos de instancia para relacionar las contradicciones que le suscitan  y  recabar  en  diversas críticas consignadas en la apelación que no fueron de  recibo para la judicatura.   

          En  ese  orden,  reitera,  los  sucesos  reprochados se dieron en el  marco  de  un  combate,  pregona  que el actuar de su prohijado se ajusta en ese  contexto  a  la  legítima  defensa  militar  y  califica la sentencia basada en  “hechos   falsos   o   erróneos”,  polemizando  acerca  del mérito probatorio conferido a las pericias  practicadas  pese  a  no  cumplir  con  la  cadena  de  custodia y mucho más al  establecerse  que  los impactos de bala que causaron el deceso provinieron de un  arma  de  calibre  distinto a la portada por MANOSALVA  PÉREZ.  Insiste  en  la ausencia de los elementos que  configuran  la  coautoría  y  aduce  que  también se conculcó el principio de  investigación   integral,   por   ende,  estima,  al  recaer  en  la  sentencia  “serios       cuestionamientos”  no  puede  admitirse  que hizo tránsito a cosa juzgada. Aclara el  accionante   que   no  discute  la  valoración  probatoria  efectuada  por  los  juzgadores,    pero   indica   que   en   este   evento   se   ha   “desconocido  la  realidad  que  refleja  los  autos, en donde mi  difundido  jamás  ocasionó  la muerte de N.N. […] porque de bulto salta, que  con  lo  insertado  allí, no se establece nada respecto de su posible autoría,  coautoría  o  participación en el delito”. Por eso,  también  advierte  que  la  sentencia  vulneró  el principio de presunción de  inocencia,  los  parámetros  de  la  sana  crítica  y  carece  de  una  debida  fundamentación.   

         Por último, retoma varios aspectos de la  actuación  procesal  para  alegar  que se violó el debido proceso, como quiera  que  la  privación  de  la  libertad del implicado no fue clara y a la fecha no  existe  constancia  de  las  circunstancias  en  que se materializó su captura,  haciendo  énfasis  en  que el Juez de Control de Garantías que intervino en el  asunto  no  accedió  en  su  momento  a la solicitud de la Fiscalía de imponer  medida de aseguramiento de detención preventiva.   

          En  estas  condiciones, depreca se revise la sentencia y en su lugar  se  emita  fallo  absolutorio  en  el  que  se  ordene la libertad a favor de su  asistido.   Anexó  con  la  demanda  poder  conferido  para  actuar, copia  auténtica   de   las   sentencias   proferidas   junto  con  la  constancia  de  ejecutoria.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1. Atendiendo la naturaleza excepcional de la  acción  de  revisión  y  su carácter rogado, el legislador ha establecido una  serie  de exigencias a efectos de darle paso a la demanda contentiva de la misma  que,  en  términos  generales,  consisten en la determinación de la actuación  procesal  cuya  revisión  se depreca, el señalamiento de las conductas penales  que  motivaron  las decisiones cuestionadas, indicar la causal que se invoca con  los  fundamentos  de hecho y derecho que la sustentan, la relación de pruebas o  evidencias  en  que  se  apoya  la  solicitud  y aportar copia de los proveídos  demandados con la constancia de su ejecutoria.   

Así  las  cosas,  es palmario que el libelo  respectivo  no  es  un  escrito  de libre confección y, por el contrario, ha de  estar  sometido  a  específicas  reglas de postulación que varían dependiendo  del  motivo  de rescisión que sea invocado. Por tanto, de no cumplir la demanda  con  la  idoneidad  conceptual mínima para que pueda removerse la condición de  cosa  juzgada  que  cobija a las providencias dictadas por la administración de  justicia, la decisión que se impone es su inadmisión.   

          2.  Esa será la determinación a adoptar en esta ocasión, toda vez  que  el  accionante  no  es claro en la exposición de su caso y de modo confuso  asume  la  revisión como una fase propicia para plantear su llana inconformidad  con  el  fallo  de  condena.  Es decir, en lugar de demostrar fehacientemente la  configuración    de    la   causal   en   que   se   ampara   su   petitum, procede a la presentación de un  alegato  propio  de  las  instancias  con  el  que  aspira  dejar sin efectos un  pronunciamiento   intangible   y   ejecutoriado,   desconociendo   así  que  la  controversia  sustancial  y  probatoria que pretende suscitar finiquitó con esa  providencia. Véase:   

2.1.  Cuando se invoca la causal contemplada  en  el  numeral  1º  del  artículo  192  del Estatuto Procesal Penal, esto es,  cuando  se  ha  condenado  a  más  de  una  persona por un delito que solo pudo  cometer  un  número  inferior a aquel de quienes han sido sancionados, no puede  entenderse  que  su  acreditación  opera  por  vía  de  una  nueva valoración  probatoria  orientada  a  ajustarse  a  esa  hipótesis,  o  que  constituye  un  escenario  para  disertar  libremente  sobre  la coautoría, ya que se  refiere a aquellos casos en los cuales la naturaleza del delito  objeto  de  juzgamiento  y los hechos declarados probados, admiten su ejecución  únicamente  por  una  sola  persona o por un número inferior de quienes fueron  materia  de  condena.  (CSJ  AP,  13  Ago  2012,  Rad.  38311).   

Se trata de una discusión jurídica objetiva  ante  una  verdad  formal inconsistente con el mundo fenomenológico, por eso ha  indicado  la  jurisprudencia,  a título de ejemplo, eventos en que “la   víctima  señala  durante  el  proceso  que  fue  agredida  sexualmente  por  una  sola  persona  pero  termina  siendo condenado un número  plural  de  individuos  o  cuando  se  demuestra fidedignamente que solo algunos  falsificaron  un  documento pero se le atribuye responsabilidad penal a otra que  ningún   vínculo   tuvo   con   el   comportamiento   delictivo”,  contexto que insoslayablemente conduce a que deba involucrarse en  su  postulación  una  argumentación que conlleve a vislumbrar que “el  juicio  de  reproche  se  elevó  en  exceso  contra alguien  inocente  en  tanto  el  injusto  solo pudo haber sido cometido por una cantidad  menor  de  sujetos,  necesariamente  se  requiere  verificar  la  naturaleza del  delito,  su  modalidad  y  características y la realidad fáctica consignada en  las  sentencias,  de  tal suerte que se logre hacer evidente que el contenido de  justicia    declarado    en    el    fallo    no   corresponde   a   la   verdad  probada”    (CSJ    AP,    11   Dic   2013,   Rad.  39618).   

Bajo  esa  perspectiva,  es  claro  que  el  libelista  no  se  sujetó a la teleología de la causal en comento o siquiera a  la  naturaleza  de la acción de revisión, por cuanto abordó una polémica que  gira  en  torno  al  acierto  que  desde  su  óptica contrae la decisión de la  judicatura,  trayendo a colación una serie de elucubraciones caracterizadas por  su  indefinición,  en la medida que se aborda un estudio, por demás equívoco,  de  diversas  figuras  jurídicas que divaga entre las causales de casación, el  reconocimiento  de  la  legítima  defensa, el estricto cumplimiento de un deber  legal,  la  falta  de  motivación  de  la  sentencia e incluso la violación al  debido   proceso,   aspectos  cuyo  espacio  de  controversia  pertenece  a  las  instancias y no a esta sede.   

De  esta  manera,  las  múltiples críticas  realizadas   en   la   demanda   son   inanes  para  evidenciar  la  hipotética  configuración   de  la  causal  alegada,  toda  vez  que  simplemente  subsumen  conjeturas  acerca  de  la participación de MANOSALVA  PÉREZ   en  la  ejecución  de  los  hechos motivo de condena, proponiéndose en  unos  casos  temáticas  que  ya  fueron  objeto de análisis en el trámite del  proceso,  y  en  otros,  exhibiéndose  circunstancias  que  solo hasta ahora se  discuten,  todos  cuestionamientos  prolijos  con  la  finalidad de que la Corte  funja  como  una  tercera instancia que los resuelva, siendo su sustento la mera  disparidad de criterios.   

2.2.  En  ese  orden  y  para dimensionar la  confusión  del  libelista,  basta con señalar que no era imprescindible que en  el  fallo  de condena se determinara con exactitud quien de la tropa militar fue  el  que  causó  el resultado muerte, pues en la coautoría rige el principio de  imputación  recíproca,  en  virtud  del  cual  la  totalidad  de  las acciones  agotadas  por  los  coautores  es  endilgable  a los demás así cada una de las  conductas  vista  en  forma  aislada  no permita la subsunción en un tipo penal  concreto (Cfr. CSP AP, 20 Nov 2013, Rad. 40685).   

Entonces,  era indiferente individualizar el  tipo   de   arma   que   causó   el   deceso  o  que  el  rol  de  MANOSALVA  PÉREZ  se hubiese circunscrito  a   “disparar  al  aire”,  porque  ese  comportamiento,  según  el  devenir  indiciario  plasmado  en  las  sentencias,  obedeció a un plan criminal -que no  debe  ser  indefectiblemente  producto  de  la  reflexión, la preparación o la  ponderación  al  ser  factible que se genere en un convenio repentino o tácito  (CSJ  AP,  27  Feb  2013,  Rad.  40719)-,  que  estuvo  encaminado a ocultar las  condiciones  reales en que se ejecutó el homicidio. Por ende, cobró relevancia  la  significativa  cantidad  de  munición  que el citado empleó el día de los  acontecimientos,  toda vez que ello reveló el ánimo de mimetizar una oprobiosa  acción  de  agentes del estado, “un falso positivo”, bajo el amparo del uso  legítimo   de  la  fuerza  que  nunca  hubo  necesidad  de  desplegar.  A  esta  conclusión  arribaron  los  juzgadores,  luego  de  retomar,  en particular, el  entorno inusual en que se halló el cadáver de la víctima:   

“La  lógica y la experiencia indican que  un  sujeto  que  participa  en  combate  contra  el  ejército nacional, ha sido  sometido  a  un  entrenamiento  previo  para  estos  menesteres  y dotado de los  elementos  necesarios  para  tal  fin y lo primero de lo que se le suministra es  precisamente  un  uniforme,  pero indudablemente que acorde con su talla, que le  permita  su  libre movilidad y actuar, sin ninguna restricción y si en el video  se  muestra  a una persona con un uniforme que no es de su talla, no es esta una  regla  general. Ese simple hecho, analizado en el contexto en que se presenta la  muerte  del sujeto, empieza a revelar que jamás y nunca se presentó un combate  entre  tropas  del  Ejército  Nacional y miembros del E.L.N. […].1   

Y no puede pregonarse que la responsabilidad  de  los  condenados,  entre  ellos el accionante, de ninguna manera se dedujo en  las  sentencias,  ya que aparece un estudio conjunto de los medios de actuación  con el que se fundamentó su compromiso penal:   

“En punto de las vainillas encontradas en  el  lugar  del  combate,  vemos  la  presencia  de varias de ellas de diferentes  calibres  (5.56  mm  y  7.62  mm), que fueron rotuladas, embaladas y analizadas,  para  un  total de 17 vainillas. No obstante, al remitirnos al informe FPJ-11 de  mayo  12 de 2008, que contiene las labores de campo realizadas en la escena para  establecer   autores  y  circunstancias  del  hecho,  observamos  que  en  dicho  documento  se  relacionan uno a uno los integrantes de la tropa que participaron  en  la  confrontación  armada,  así como la cantidad de munición que cada uno  utilizó  en el combate, los cuales vienen relacionados en el oficio No. 1504 de  mayo  8  de  2008,  emitido por el Batallón de Artillería No. 2 “La Popa”,  unidad  a  la que se encontraban adscritos los militares, llamando poderosamente  la  atención  que  solo  el gasto de munición relativo a los cinco procesados,  nos  representa  un uso de 130 cartuchos 5.56 mm; sin embargo, en la escena solo  son  encontrados  6  vainillas  de  este calibre”.2   

Este  análisis,  junto  con otros indicios,  permitió  corroborar la inexistencia de un enfrentamiento armado del occiso con  el  ejército,  siendo  este  el aspecto basilar en el que giró la controversia  propuesta   por  la  defensa  durante  las  instancias,  por  lo  que  ahora  es  excluyente,  en  revisión, que este sujeto procesal enarbole cuanta teoría del  caso   subsidiaria   pueda   surgir,   verbi  gratia,  que  no  hubo  coautoría,  porque,  se  insiste,  tal  dinámica  solo  tiene  cabida  en  el  transcurso  de  las fases ordinarias del  proceso.   

          2.3.  Por  todo  lo anterior, es que resulta improcedente ahondar en  aquellas  críticas aleatorias, erráticas y repetitivas que nada tienen que ver  con  la acción de revisión, como que no hubo una investigación integral en un  proceso  tramitado  por  la égida de la Ley 906 de 2004, que la no vinculación  de  otros  presuntos  responsables  enervaba  la procedencia de la acción penal  cuando  no  es  así,  que  en  este  asunto aplicaba el principio de obediencia  legítima  haciéndose  abstracción  de  que  este  no  cobija  la comisión de  delitos,  o  que  debía  concurrir  prueba directa sobre la responsabilidad del  sentenciado  pese  a que podía inferirse por conducto de prueba indiciaria ante  la  ausencia  de  tarifa  legal,  en  fin, premisas todas que desdicen del marco  conceptual  en  que  ha  de desenvolverse un planteamiento acorde con esta sede,  según se explicó.   

             

          2.4.  Por  último, debe recordarse que la revisión no es escenario  para  deprecar  la absolución o la nulidad, toda vez que la misma no constituye  una   fase   auxiliar  para  constatar  la  responsabilidad  de  quien  resultó  condenado,  la  validez  de  las  consideraciones  de  los  juzgadores  ni  para  verificar  la  legalidad  del procedimiento surtido, razón por la que no pueden  confundirse  sus  motivos  o  alcances  con  los de la casación (CSJ AP, 24 Abr  2013,  Rad.  40778).  El  trámite  se dirige, una vez admitida la demanda si es  presentada  en  debida forma, a la corroboración de la procedencia de la causal  invocada,  conforme  el  caso,  y  a la declaratoria de sus efectos de prosperar  esta,  al  tenor  de  lo  previsto  en  el  artículo 196 de la Ley 906 de 2004.   

3.  Recapitulando, debido a que la revisión  contrae  una  naturaleza  rogada  que  impone  poner  de relieve con el respaldo  jurídico  y  probatorio  pertinente  la  eventual  injusticia  que pudo haberse  cometido  en  el  curso  del  proceso  penal,  en otras palabras, que conduzca a  colegir  que la decisión allí adoptada es incongruente con la verdad material,  no  tienen  cabida  posturas subjetivas propias de instancia, como en este caso,  ya  que,  se  repite,  la remoción de la res iudicata  únicamente   es   viable   ante   la   indiscutible  demostración  por  vía  de causales taxativas de un error de tal magnitud cuya  corrección   sea  ineludible,  contexto  que  pasó  por  alto  el  accionante.   

Así, teniendo en cuenta el incumplimiento de  los  presupuestos  de  admisibilidad  legalmente  establecidos  y  la defectuosa  postulación  de  la  demanda de revisión, la decisión que se impone ha de ser  la de inadmitir el libelo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  el libelo de revisión allegado  por   el   apoderado  de  BREINER  ANDRÉS  MANOSALVA  PÉREZ.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio 18 sentencia Tribunal   

2  Fl. 19 ibídem     

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