AP2487-2014(40845)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP2487-2014  

Radicado N° 40845.  

Aprobado acta No. 142.  

Bogotá,  D.C.,  doce (12) de mayo de dos mil  catorce (2014).   

V I S T O S  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la demanda de revisión instaurada a  nombre  de  los  condenados  WILSON  JAVIER  BELTRÁN  BELTRÁN  y NELSON MUÑOZ  PUENTES,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá,  Sala  de Descongestión, el 30 de noviembre de 2009, por cuyo medio fueron estos  condenados,  junto  con  Adriana del Pilar Orozco Pérez, a la pena principal de  340  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  el  término  de  20  años,  al hallarlos penalmente  responsables,    a    título    de   coautores,   del   delito   de   homicidio  agravado.   

  ANTECEDENTES   DEL  CASO   

         Conforme  se extracta del fallo de segunda instancia, a  eso  de la una de la madrugada del 13 de febrero de 2005, a bordo  de   un  vehículo  automotor  tipo  taxi  se  llegaron  hasta  el  establecimiento  público nominado Donde  Adriancho,  ubicado  en  la  zona  urbana del municipio de Junín, Cundinamarca,  Adriana   del   Pilar   Orozco   Pérez,   Carlos   Baracaldo,   WILSON  JAVIER  BELTRÁN       BELTRÁN,      NELSON      MUÑOZ  PUENTES   y  un  sujeto  al que se conoce con el  alias de Pinzas.   

         Este  último  extrajo  un  arma  de  fuego  y con ella disparó en  contra   de   la   humanidad   de   Ciro  Enrique  Ramos  Gutiérrez, causando su inmediato deceso.   

Acorde  con  información ciudadana y previa  diligencia  de  allanamiento  y  registro  al  hotel donde se hospedaban, fueron  capturados  Adriana  del  Pilar Orozco Pérez, WILSON JAVIER BELTRÁN BELTRÁN y  NELSON   MUÑOZ   PUENTES,   a   quienes  se  vinculó  mediante  diligencia  de  indagatoria,  aunque en un primer momento solo se impuso medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario  en  disfavor  de la  primera.   

El  10  de  junio de 2005, fue calificado el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra  de los tres  capturados,  a  título  de  coautores  del  delito de homicidio agravado. Allí  mismo  se  dispuso gravar con medida de aseguramiento de detención preventiva a  WILSON  JAVIER  BELTRÁN  BELTRÁN  y  NELSON  MUÑOZ  PUENTES,  quienes  fueron  aprehendidos con posterioridad.   

La  audiencia  pública  de  juzgamiento  se  realizó  en  varias  sesiones,  comenzadas  el  16  de  noviembre  de  2005,  y  culminadas el 9 de mayo de 2006.   

Con fecha del 24 de mayo de 2006, el Juzgado  Penal  del  Circuito  de Gachetá, Cundinamarca, absolvió a los tres procesados  del delito objeto de acusación y dispuso su inmediata libertad.   

Apelada  la  decisión por la Fiscalía y el  Ministerio  Público,  con  fecha  del  30  de  noviembre  de  2009, el Tribunal  Superior  de Bogotá, Sala Penal de Descongestión, emitió sentencia de segunda  instancia  en  la  cual revocó la absolución y en su lugar condenó a los tres  acusados en calidad de coautores del delito de homicidio agravado.   

En  contra  del  fallo  de  segundo  grado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  el  defensor de NELSON MUÑOZ  PUENTES  y  WILSON  JAVIER BELTRÁN BELTRÁN, pero la demanda fue inadmitida por  la Corte en auto del 26 de julio de 2011.   

LA  DEMANDA  

         La  acción  de  revisión se promueve al  amparo  de la causal tercera  del    artículo    220  de  la  Ley 600  de 2000, esto  es,   bajo   la   consideración   de  que  con  posterioridad  a  la  sentencia  surgió     prueba  nueva       no  conocida  al tiempo de los  debates    que    establece    la   inocencia   del  condenado,  cuyo  sustento  se    resume en los siguientes puntos:   

         Alega    el  demandante,    quien    funge   defensor   especial  de     los  condenados  BELTRÁN   BELTRÁN   y   MUÑOZ  PUENTES    para   este  especial  efecto,  que  en  el año 2005, las  autoridades    militares    capturaron   a   Óscar   Mauricio   Bohórquez      Castañeda,  conocido  con  el  alias de Pinzas, por  entendérsele       pertenecer       a       las  Autodefensas,      Bloque      Minero.  Después  se  le  acusó del delito de concierto para delinquir,  hasta que finalmente el proceso culminó con indulto.   

         A  la par, acota el demandante, se siguió el proceso por la Muerte  de  Enrique  Ramos  Gutiérrez,  en  el cual se declaró ausente a alias Pinzas,  cuyo  nombre,  conforme lo determinado por el investigador judicial, corresponde  a Óscar Mauricio Bohórquez Castañeda.   

         En  ese  asunto,  prosigue  el accionante, se acusó a Bohórquez  Castañeda de los delitos de  homicidio  y  porte  de  armas,  en  decisión  del  28 de enero de 2010. Un mes  después  operó  su  captura  y  fue  recibida su indagatoria,  en la cual  aceptó  los  cargos  que  se  le  formularon,  razón  para que en su contra se  emitiera sentencia anticipada.   

         Advierte  el  demandante,  entonces, que la indagatoria rendida por  el  alias  Pinzas,  en  la  cual  asumió plena responsabilidad por el delito de  homicidio,  operó  con posterioridad a la práctica de las pruebas en el juicio  seguido   contra   WILSON  JAVIER  BELTRÁN  y  NELSON  MUÑOZ  PUENTES,  motivo  suficiente  para  estimarla  prueba nueva, no conocida  al tiempo de los debates.   

         Además,   agrega,   Bohórquez   Castañeda   suscribió  memorial  dirigido  a  esta  Corporación,  en  el  cual  se  dice único autor material e  intelectual  de la muerte de Ciro Enrique Ramos, aseverando la completa ajenidad  de  WILSON  JAVIER  BELTRÁN, NELSON MUÑOZ PUENTES y Adriana Orozco Pérez, con  esos hechos.   

         Esos  elementos  de  juicio novedosos, en sentir del abogado de los  condenados,  establecen  la inocencia de estos, al punto que de haberse conocido  al  momento del debate probatorio adelantado en su proceso, habrían conducido a  la absolución.   

         Ello  por  cuanto,  acota, las aseveraciones del nuevo testigo son  en  todo  congruentes  con  las exculpaciones vertidas por los condenados en sus  respectivas  indagatorias,  como  se desprende de la  síntesis  que  hizo  el  juez  en  el  fallo  anticipado  dictado contra Óscar  Mauricio   Bohórquez,   que   reproduce.   

        Después,  transcribe  el  relato que en su indagatoria hizo de lo  ocurrido  el  testigo  Bohórquez  Castañeda,  para  concluir  de  allí que lo  expresado  por  quien  se  dice  autor  único  del  delito  resulta  idóneo  y  suficiente   en   el  cometido  de  derribar  los  fundamentos  indiciarios  que  soportaron   el   fallo   de  segunda  instancia  proferido  en  contra  de  sus  representados.   

        En  concreto,  señala el accionante que gracias a la prueba nueva  es  factible  advertir  fortuito  el encuentro registrado entre el confeso autor  del  homicidio  y  los  otros  condenados,  a lo cual se suma la inexistencia de  preparación  o  acuerdo  previo  para  un  hecho  que nació exclusivamente del  querer  de  óscar Bohórquez, quien, por lo demás, no se hallaba en compañía  de  BELTRÁN  BELTRÁN  y  MUÑOZ  PUENTES dentro del  establecimiento donde se materializó el mortal ataque.   

        Entiende     el     accionante,     así,     que     “en    lo   sustancial”,   existe  coincidencia  entre lo explicado por los condenados y lo expuesto por el confeso  ejecutor,  de  quien es dable pregonar credibilidad, pues, la experiencia indica  que  nadie  confiesa  un  delito  de homicidio no realizado por él y, junto con  ello,  no  existe  dentro del expediente fallado otra prueba de igual o superior  categoría.   

        A  continuación,  el demandante se ocupa de transcribir apartados  importantes  de  la  motivación inserta en el fallo de primer grado,   que   absolvió  a  los  acusados  BELTRÁN   BLETRÁN   y   MUÑOZ  PUENTES  por  duda  probatoria,  para  significar  que  de  haberse  contado  con  el  testimonio de  Bohórquez  Castañeda,  seguramente  la decisión se habría fundado en certeza  de su inocencia.   

        Luego,   asume   el  examen  del  fallo  de  segundo  grado,  este  condenatorio,   para   resumir   sucintamente   las  que  el  accionante  estima  motivaciones  de  la  condena,  que delimita simplemente indiciarias, basadas en  la  presencia  de  los  condenados en el   lugar  del  homicidio  y   la   inferencia  respecto  de  un  plan  criminal  previamente  concebido.   

        Ello  sin embargo, considera el profesional del derecho que asiste  a   los   condenados,   es   contradicho   por   el   testimonio   del   confeso  homicida.   

        De     esta     manera,     sostiene     también,    “El  testimonio  de  CARLOS  BARACALDO,  las  deducciones de los  investigadores,   las   contradictorias   salidas   procesales  de  ADRIANA  DEL  PILAR, todos ellos, como  elementos  probáticos,  palidecen  frente al testimonio de quien personalmente,  de  manera  consciente y voluntaria, accionó el gatillo para quitarle la vida a  don CIRO ENRIQUE”.   

        Acorde  con  lo  resumido, solicita el demandante que se admita la  demanda  de  revisión  y,  en consecuencia, se pida la remisión del expediente  penal,  para  después,  adelantado  el  respectivo  trámite,  declarar  sin  valor  los  fallos de las instancias a efectos de que  se  siga  un  nuevo  juicio  que  incluya  la prueba  nueva.   

        Por  último, el accionante       enuncia       los  anexos  que aporta para demostrar  la   inocencia   de  sus  representados,  en el siguiente orden:   

     

a. Poder  especial  otorgado por los condenados para la instauración  de la demanda de revisión.   

b. Copia   de  los  fallos  de  ambas  instancias,  con  constancia de ejecutoria, y del auto que inadmitió la demanda  de casación.   

c. Copia   de   la  diligencia  de  indagatoria  de  Óscar  Mauricio  Bohórquez  Castañeda,  y del fallo anticipado que lo condenó por el homicidio  de Ciro Enrique Ramos.   

d. Memorial  dirigido  a  la  Corte,  suscrito  por  Óscar  Mauricio  Bohórquez.     

C O N S I D E R A C I O N E S  

        Previo  a  asumir  el  examen detenido de la acción, la Sala debe  precisar     que     lo     aportado     por    el    demandante    cubre  en  toda  sus  extensión  las  exigencias   formales  dispuestas  en  el  artículo  220    de   la   Ley  600  de  2000,   en  tanto,  fueron  aportadas  las copias de los fallos de las instancias, a más de  demostrarse  la  ejecutoria  de la condena, y allegó el profesional del derecho  demandante,  poder  especial  otorgado  por  ambos  condenados  para asumir este  especialísimo trámite   

        Ya  en  punto  del  objeto  de  análisis,  debe  destacarse cómo  reiteradamente ha venido sosteniendo esta Sala de la  Corte  que por constituir la acción de revisión un ataque contra la solidez de  la  cosa  juzgada,  no  sólo  debe  someterse  a las  taxativas causales que para su prosperidad indica el  artículo  220 del Código  de   Procedimiento   Penal   del   2000,  sino  que  además  requiere  del  aporte  de  medios de prueba  serios,   procedentes,  idóneos  y  con  suficiente  grado  de  credibilidad  y  trascendencia       para      conducir      a      la      rectificación  del  error que se le adjudica a  la  providencia  atacada,  superando en ella la injusticia  que el actor le  adjudica.   

        En  el  caso presente, el actor acude a  la   causal   3ª   del  artículo  220 de la Ley  600  de 200,  alusiva  al  surgimiento de hechos nuevos o pruebas no conocidas  al  tiempo  de  los  debates  que  establezcan  la  inocencia del condenado o su  inimputabilidad.   

        La      defensa     de              los        condenados  WILSON  JAVIER     BELTRÁN     BELTRÁN     y  NELSON  MUÑOZ PUENTES, allegó como  prueba    nueva    lo  referido  por ÓSCAR MAURICIO BOHÓRQUEZ CASTAÑEDA,  en  indagatoria dentro del proceso que se le siguió  en  cuerda  separada  por  los  mismos hechos, con lo  cual       pretende       soportarse        la        tesis  discutida en el juicio atinente  a  que  los condenados no  intervinieron  directa  o  indirectamente  en  el homicidio que se les atribuye,  limitándose   a   acompañar   hasta   el  lugar  de  los  hechos  al  ejecutor  material.   

        Cabe   relevar  que  precisamente  esa  explicación  constituyó  el  norte  de la defensa de los acusados durante todo el trámite procesal y por  ello    fue    abordada    a    profundidad   por   el   fallador   de   segunda  instancia,         para         desvirtuarla,     pues,    en    la  confrontación  dialéctica  propia  de  la valoración probatoria, el  Tribunal  estimó  que la evidente cercanía de los procesados  con  el  autor  material, al punto de trasladarlo hasta la población en la cual  se  desencadenó  el  mortal  ataque  y  luego  de  ello  abandonar  en el mismo  automotor  el sitio, representa evidencia incriminatoria indiscutible, a lo cual  sumó  lo  expresado  por  Adriana del Pilar Orozco Pérez, también acusada del  hecho,  y  Carlos   Baracaldo,   quien  ocupaba  el  vehículo,  junto     con     las     evidentes  contradicciones   en   que   incurrieron   los  tres  sentenciados  al  tratar  de justificar los  motivos  y  circunstancias  que  gobernaron  ese  periplo  en  compañía del alias Pinzas.   

        Bajo   esta  innegable  determinación  objetiva  de  lo  debatido  probatoriamente,   es  necesario  advertir  que si lo que ahora se trae como  prueba  nueva  es  apenas  otro  testimonio  que  trata  de soportar la tesis ya  examinada    y   dejada   de   lado   por   el   Ad  quem,  el  asunto  no  remite  a que se demuestra la  inocencia  del  condenado,  sino  que  tratan  de  minarse los fundamentos de la  sentencia     de     segundo    grado,  pasando por alto que ya ejecutoriada  ella,   se   encuentra   revestida   de  una  doble  connotación de acierto y legalidad.   

        Desde  luego,  la  naturaleza  y  finalidades  de  la  acción  de  revisión no pasa por servir de escenario a un nuevo  debate  probatorio  o  controversial,  como  quiera  que  siempre  será posible  allegar   más   elementos  de  juicio  o  tesis  novedosas  encaminadas  a  demeritar  las  razones  que motivaron la condena, o cuando menos, fortalecer la  postura contraria.   

        Cuando  de  dejar sin efecto la cosa juzgada se trata, es menester  que  lo  allegado  comporte  tanta  objetividad  y  trascendencia,  que  su sola  auscultación  permita  verificar  evidente  el yerro judicial, o mejor, patente  que se cometió una injusticia que requiere de remedio.   

        Lo  otro,  vale  decir,  la  presentación de pruebas más o menos  pertinentes  que  soportan una posición contraria a la del juzgador, no pasa de  constituir      un      insustancial  intento  por  revivir  debates  ya  clausurados,  en  discusión  ad  infinitum que olvida  tomar    en    consideración    el    efecto   benéfico   del   principio de seguridad jurídica.   

        En  otros términos, si la Fiscalía presenta prueba sólida   a    partir   de   la   cual   sustenta  su  teoría del caso; y la defensa, en contrario, no allega otra  de  mejor  factura,  o  presentada  la  misma,  para  el  juzgador  no alcanza a  derrumbar  la  contundencia  de  aquella  que soporta el fallo de condena, no es  posible  que  a  futuro, ejecutoriada la sentencia y bajo el manto de la acción  de       revisión,       la       parte      perdedora      pretenda  agregar  otros  elementos de juicio  que  busquen  hacer  más  valiosa su tesis, precisamente porque el trámite    penal   tiene   límites  procesales      y      temporales      que      no      pueden      dejarse    al   arbitrio  de quienes con plenos derechos participaron en él y tuvieron la  oportunidad de sustentar argumental y probatoriamente sus posturas.   

        Entonces,   la   defensa  tuvo    a    manera   de   tesis   de  inocencia  el  argumento  referido    a    que  sus  representados  judiciales  no   intervinieron en  el       homicidio      investigado,   y  le  fue  permitido presentar prueba de descargos que se  encaminaba a demostrarlo.   

        Esos  elementos  suasorios  fueron  contrastados  por el  Ad quem, luego de que la Fiscalía y la Procuraduría apelaran  de    consuno    el    fallo    absolutorio    proferido    por   el   juez   de  circuito,    con   las  pruebas  en  contrario  allegadas  por  la  Fiscalía,  particularmente,  las  atestaciones   de   Adriana  del  Pilar  Orozco,  Carlos  Baracaldo,  Walter  Yesid  Ramos  y Armando León  Páez,     quienes  estuvieron  presentes  en  el  lugar de los hechos y  detallan  lo  realizado  por  todos  los  condenados o el conocimiento que   BELTRÁN BELTRÁN y MUÑOZ PUENTES, tenían de lo ocurrido.   

        Así  las  cosas,  no es posible que ahora se pretenda rehabilitar  esa     propuesta    exculpatoria    derrotada,  entre  otras  cosas,  porque  de allí, a pesar de lo sostenido por el  accionante,  no  se  sigue  que de  verdad  se demuestre la inocencia del acusado, sino que se entrega otro elemento  de  soporte a la tesis defensiva, el cual, por sí mismo, no derrumba la justeza  de  la  condena  o  determina  diferente  el  panorama  probatorio, dado que, se  repite,  los falladores dieron completa credibilidad y efectos incriminatorios a  lo    dicho   por   testigos   directos,    que    no    desaparece   porque   otro   testigo   diga   lo  contrario.  Máxime, cuando incluso lo dicho por los  condenados  se  ha  verificado  contradictorio o desvirtuado por otras pruebas e  incluso  la  nueva  versión  que pretende entronizarse como elemento probatorio  novedoso,   presentada   por   el   ejecutor   material   del   crimen,  difiere  ostensiblemente de lo afirmado por aquellos.   

        En  este  sentido, bien poco representa  ese  plus  que  el  accionante quiere otorgar al hecho que la nueva versión sea  presentada  por  quien,  precisamente, materializó de propia mano el homicidio,  pues,  incluso  así  su  atestación  riñe  profundamente  con lo que sobre el  suceso  narraron  otros  directos  testigos –cuya  declaración  pretendió  minimizar  el  demandante  sin  mayores  precisiones-,  particularmente, la también condenada Adriana Orozco.   

        Que  ahora  diga  Óscar  Mauricio  Bohórquez, que los condenados  WILSON  BELTRÁN  y  NELSON  MUÑOZ,  no  tuvieron  ninguna participación en el  asunto,  al punto de desconocer, una vez sucedido el  hecho,  que  se había dado muerte a la víctima en el interior del local, choca  de  frente  con  lo  relatado por Adriana del Pilar Orozco, así resumido por el  Ad quem:   

El  15 de abril de 2005, en ampliación de  indagatoria,  ADRIANA  dijo  estar injustamente detenida por un homicidio que no  cometió,  y  respondió  que  “Pinzas” el día de los hechos tenía un jean  roto,  y  una  gorra  carmelita.  Negó conocer a quienes iban en el taxi, cuyos  nombres  vino  a  saber en la estación de policía, y ahora aseveró que cuando  “Pinzas”  disparó, ella estaba en el baño y que los muchachos se cambiaron  los  suéteres  y  los  guardaron  dentro  del carro,  mientras  aquel  se  tapó  las botas con el pantalón; puntualizó que ellos se  reían  durante  el regreso y que “Pinzas” la amenazó con matarla si salía  del  hotel;  manifestó  que no es cierto que los del taxi no hubieran oído los  tiros  porque  cuando ella entró al carro ellos se habían cambiado de ropa, el  taxista  le  dijo  a  “Pinzas”  “si  usted  no  lo hubiera matado yo si lo  hubiera  matado”,  éste  le  chocó  la  mano  “y  el  otro  también  como  siguiéndole  la corriente”, y como el que manejaba  estaba  nervioso,  “Pinzas”  le  dijo “cálmese o lo calmo”. Interrogada  sobre   qué  habló  “pinzas”   con  su  víctima,  respondió  que  de las fiestas pasadas y el  señor  contó  que  no  vivía  con  la  mujer. Precisó que el “de bigote”  vestía  jean  azul,  botas  cafés  y camisa de cuadritos, y luego se quedó en  camisilla  blanca,  que  los  taxistas la amenazaron para que no contara nada, y  que  antes  de  emprender el viaje a Junín, cuando ella llegó con “Pinzas”  en  la  moto,  los  taxistas le gritaron a este “ya  está todo listo”.   

        Frente     a     tan    contundente  incriminación   de   la   testigo   respecto   a  los  que  describe  como  los  “taxistas”              –aunque,   es   dable   reconocer,  después  la  declarante se retractó de lo afirmado-  no  otros distintos a los condenados BELTRÁN BELTRÁN y MUÑOZ PUENTES, que los  dice   no   solo  conociendo  previamente  de  lo  fraguado,  sino  participando  directamente  en los hechos, al punto de celebrarlos  tan  pronto  fueron  ejecutados,  nada  en  lo  absoluto  dice  en la demanda el  apoderado,  limitándose  a afirmar, en contra de lo  evidente,   que  “no  hay  prueba  testimonial  ni  documental  de  ninguna  especie  que  afirme  la  existencia  del plan criminal  previo,  y  por eso, el H. Tribunal lo deduce a través de la prueba indirecta o  indiciaria…”   

        Tampoco   Asume   el  accionante  lo  expresado  por  Carlos   Hernando   Baracaldo,  quien  acompañaba  a los condenados en el automotor y, si bien, inicialmente trató de  acomodar  su  versión  a la de estos –fundamentalmente,  sostuvo  que fueron contratados por Pinzas para  que  lo  condujeran  a  la población de   Junín   con   una  mujer  y  allí  dio  muerte  a  otra  persona,  pero  ellos no lo supieron porque se encontraban  afuera,  en  el vehículo,  y   no   escucharon   los   disparos-  después  se  sinceró  en  la audiencia pública de juzgamiento y  sostuvo  que,  en  efecto,  el  ejecutor  material del homicidio estaba buscando  desde   antes   a   la   víctima  (se  pretendía    ejecutar   la   llamada  “limpieza”  en  virtud  de  la  vinculación del  agresor    con    las    Autodefensas),  y  que, además, sí escucharon desde el vehículo los disparos  mortales  –afirma  que  al parecer NELSON MUÑOZ PUENTES se hallaba dentro de  la  discoteca  en  ese  momento-;  agregó,  así  mismo, que en el interior del  vehículo  efectivamente  se  habló  de lo sucedido, pues, Adriana le  criticó a Pinzas el hecho de  casi impactarla con uno de los disparos.   

        El  Tribunal  concatenó  lo  expresado  por Adriana Orozco en sus  varias  versiones,  con  lo dicho finalmente por Carlos Hernando Baracaldo, para  de  allí  extractar puntos comunes que remiten al acuerdo previo y búsqueda de  la   víctima,   la  necesaria  percepción  auditiva  del  disparo  dentro  del  automotor,   las  manifestaciones  realizadas  dentro  del  vehículo,  una  vez  ejecutado  el  crimen,  acerca  de  sus incidencias, y la celebración posterior  realizada por todos los condenados.   

        Lo   anotado,  además,  despejó  que  efectivamente,   tal  cual  lo  afirmó  otro  de  los declarantes, ajeno a los implicados penalmente, el  crimen  sí  tuvo motivaciones referidas a la pertenencia del alias Pinzas a las  autodefensas  –por ello,  como  lo  dijeron  Adriana  Orozco  y  Baracaldo,  se  dedicaron  a buscar en la  población  a  la  víctima,  antes  de  hallarla en el interior de la discoteca  donde  se le dio muerte-, asunto que queda claramente  establecido   cuando   se  conoce  que,  en  efecto,  Bohórquez  Castañeda se desmovilizó de uno de esos  grupos.   

        Entonces,  frente al panorama probatorio descrito, el que ahora se  presente  el  ejecutor  material  del  homicidio a sostener que en el mismo nada  tuvieron  que  ver  los  condenados  BELTRÁN  BELTRÁN y MUÑOZ PUENTES, apenas  representa   un   elemento   de   juicio   allegado  extemporáneamente  para  corroborar  una  tesis  ya  analizada  y  desvirtuada  por  el  juzgador  Ad  quem,  que  incluso  bien poca  credibilidad  representa  o,  cuando  menos, lejos se  halla  de ratificar lo expresado por los condenados, entre otras razones, porque  ofrece  una  versión  asaz  diferente  de  las circunstancias que gobernaron el  viaje hacia la localidad de Junín.   

        Apenas,   sobre  el  particular,  mencionar  que  de  consuno  los  condenados  advirtieron que la razón de acudir a esa población estribó en que  el  apodado  Pinzas  le  hizo  el pare a su automotor y pidió se le prestara el  servicio,  para  lo  cual  acordaron  el pago de la suma de veinte mil pesos; al  tanto  que Bohórquez Castañeda afirmó haber trabado amistad, al calor de unas  cervezas,  con  los  condenados,  quienes  se ofrecieron a llevarlo hasta Junín  (dice que lo “invitaron” a esa localidad).   

        Ya  después  el  alias  Pinzas  busca  desasirse  o  aminorar  su  compromiso    penal    relacionando    un    asunto    episódico   –propio  del  consumo  de etílicos-  con  la  víctima,  que  lo  llevó casi a tener que defenderse disparando en su  contra.   

        Sobra  anotar  que  si  Mauricio  Bohórquez  pretende amainar los  efectos   de   su  actuación,  al  punto  de  negar  que  correspondiera  a  la  “limpieza”  social  propia  de  su  vinculación con las autodefensas, se tornaba necesario desligar  de    cualquier    compromiso    penal    a    sus  acompañantes.   

        Por   lo   demás,   pese   a  que  el  mismo  defensor  de  los  condenados en el   escrito  presentado  a  la  Corte  verifica  que  Bohórquez  Castañeda  efectivamente  perteneció  a las autodefensas, y era conocido con los alias de Pinzas y Pinto,  al   punto  que  se  le  capturó  el  15 de marzo de 2005 (dos meses después del crimen de Ciro Enrique  Ramos)  y se desmovilizó el 20 de enero de 2006; en la indagatoria que sirve de  base  a  la  acción  de  revisión  –realizada  el  10  de marzo de 2010- niega poseer o haber poseído  esos  motes,  pero  también dice que “no  he pertenecido, ni pertenezco”, a  algún grupo al margen de la ley.   

        Evidentes  las contradicciones que surgen de lo dicho por el nuevo  testigo,   en   confrontación   con   lo   explicado   por  los  condenados,  e  incontrastable  la  mendacidad  inserta en lo expresado como prueba nueva por el  alias  Pinzas,  ostensible  se  alza  que  sus afirmaciones carecen del peso querido darle por el demandante  en  revisión,  sin  que, por consecuencia, pueda sostenerse objetivamente que a  partir  de la indagatoria en mención se derrumba la tesis contenida en el fallo  de  condena  –basada en  prueba  testimonial  directa  e indiciaria fuerte-, referida a que WILSON JAVIER  BELTRÁN  y  NELSON  MUÑOZ  PUENTES,  participaron activamente en el crimen, al  extremo  de  conducir a su autor material  hasta  la  población  en  la cual se realizó este, dedicarse a  buscar  allí  a  la  víctima  y después facilitar su pronta huida a bordo del  vehículo que ocupaban y uno de ellos conducía.   

        Debe     entender     el  accionante  que  siempre  será  posible  encontrar  testigos o  pruebas  en  general  a  partir de las cuales hacer más o menos contundente una  determinada  teoría  del caso, para contraponerla a aquella que en los estrados  judiciales salió avante.   

        Pero, el proceso penal y, en concreto,  el  principio de seguridad jurídica, se desnaturalizan por completo si esa sola  circunstancia  derrumba  la  cosa  juzgada o faculta adelantar un nuevo trámite  encaminado a dejarla sin efecto.   

        De  esta manera lo expuso en ocasión anterior la Sala1:   

Precisamente, la condición de cosa juzgada  busca  proteger  valores  como  los  de  la  seguridad  jurídica, definiendo un  momento  concreto  en  el que el debate o discusión probatoria se hacen inanes,  dado  que  siempre  será  posible, con mayores o mejores argumentos, razonar en  contrario   de   lo   decidido   y,  por  esta  misma  vía,  habrá  múltiples  oportunidades  posteriores en las que unos u otros testigos que no comparecieron  al  proceso, manifiesten conocimientos más o menos cercanos a lo sucedido, que,  conforme  la particular interpretación o intereses de quien los escuche, puedan  conducir  a diversas interpretaciones acerca de la concreta intervención de los  condenados.   

Pero,  esas  circunstancias no son las que  validan  acudir  al  mecanismo  excepcionalísimo  de  controversia  dirigido  a  derrumbar  la  cosa  juzgada,  en tanto, si así fuese,  perdería éste su  condición  especial y siempre sería posible acudir ante la judicatura para que  se hagan reexamenes impertinentes de lo probado y decidido.   

        Así   las   cosas,  cuando  el  autor  material  del  delito  hace manifestaciones testificales que en teoría soportan  la  justificación  esgrimida  por  los  condenados,  sus  dichos,  en  un plano  objetivo,   carecen   de   la  seriedad  y  contundencia  necesarias    para    verificar   indefectiblemente   que  la  sentencia  condenatoria     asoma     equivocada  o  contraria  al máximo valor de la  justicia.   

En  realidad,  lo que la demandante busca en  este  caso  es  que se vuelva a debatir acerca de lo ya decidido definitivamente  en  las instancias –es por  esa  razón que en su escrito otorga completa razón a la valoración probatoria  realizada  por  el  A  quo  y  tímidamente  advierte  de  supuestos  yerros  de  raciocinio en el Ad quem-.   

Esa aspiración de un nuevo examen probatorio  feneció  cuando  se inadmitió la demanda de casación y no puede rehabilitarse  a  través  de  la  especialísima  acción  de revisión, simplemente porque el  tópico ya fue debatido con suficiencia.   

Por no contar el elemento novedoso de prueba  con  el poder de desvirtuar el juicio de reproche recaído sobre los condenados,  la   condición   de   res   iudicata  que  ampara  la  decisión  atacada  de  injusta  e  ilegal  se alza  incólume frente a los alegatos del demandante.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

RECHAZAR  la  demanda  de  revisión  presentada a nombre de los  condenados  WILSON  JAVIER  BELTRÁN  BELTRÁN  y NELSON MUÑOZ PUENTES, por las  razones consignadas en la anterior motivación.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Conjuez  

LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ  

Conjuez  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

MAURICIO LUNA BISBAL  

Conjuez  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

JUAN CARLOS PRÍAS BERNAL  

Conjuez  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencia del 30 de abril de 2008, radicado 25132     

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