AP1761-2016(47495)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1761-2016  

Radicación N° 47495  

(Aprobado Acta Nº 93)  

Bogotá,   D.   C.,   treinta   (30)   de   marzo   de  dos  mil  dieciséis  (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina la demanda de casación presentada por el Fiscal 34 Adscrito ante  la  Dirección de Fiscalía Nacional Especializada en Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario  contra  la  sentencia dictada el 6 de agosto de 2015  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  la  Guajira, que confirmó la  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Riohacha y  absolvió  a  José  Nehil  Rivera  Lozano  de  las  conductas  punibles  de  homicidio  agravado, en concurso  homogéneo,  tentativa  de  homicidio  y  utilización  de  métodos  de  guerra  ilícitos.   

HECHOS  

Fueron  así  narrados  en  el  fallo que se  discute:   

El día dos (2) de noviembre de dos mil doce  (sic)   (2002),   en   el   sitio   conocido  como  Lomas-Ahuyamas,  ubicado  en  la  vía  que  del Municipio de San Juan del Cesar  (Guajira)  conduce al corregimiento de La Junta, el pelotón blindado Alacrán 3  del  grupo  Rondón, fue emboscado por sujetos pertenecientes al frente 59 de la  F.A.R.C.,  cuando  los  militares  se  disponían  a  verificar el hurto de unas  cabezas  de  ganado,  hecho  que  se  había  producido  en la finca el Roble de  propiedad  del  señor  JAIME  EGORROLA;  en  el momento en que los militares se  disponían  a  brindar  el  apoyo  movilizándose en vehículos blindados por el  sitio  Lomas  de Ahuyamas, los insurgentes activaron y detonaron explosivos, los  cuales  habían  sido introducidos a lo largo de la vía, y como consecuencia de  lo  anterior  se  le  produjo  la  muerte  del  (sic)  TE.  ÁVILA ARÉVALO HAROLD, SLP PRETEL RAMOS WILMAR,  SLP  LA  MADRID  BARRIOS  JORGE,  SLP  DÍAZ  PAYARES HENRY y SLP VARÓN MÉNDEZ  HERIBERTO.  También  se lesionaron al cabo tercero RUBIO CERPA LUIS CARLOS, SLP  ATENCIO  MARTÍNEZ  RICARDO,  SLP  ÁLVAREZ  ROMERO  HERMES  YESITH,  SLP ALZATE  CARVAJAL  EDWIN,  SLP  IPUANA PEDRO, SLP TEJEDOR ALTANA NELSON, SLP BELLO ARENAS  EDWIN ANDRÉS.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  Fiscalía  3ª  Delegada  ante  los  Juzgados   Penales   Municipales   de   San  Juan  del  Cesar  (Guajira)  abrió  investigación  previa  el  2  de  noviembre de 20021;        pero,     con     posterioridad,  remitió  la  actuación a la Unidad de  Fiscalías  ante  los Jueces del Circuito Especializado de Riohacha, grupo en el  que,   con   fecha   13   de   enero   de  2003,  asumió  conocimiento  la  2ª  Especializada2.   

El Director Nacional de Fiscalías varió la  competencia,  inicialmente, a  la         ciudad        de        Valledupar3,  y luego a la Unidad Nacional  de    Derechos   Humanos   y   Derecho   Internacional   Humanitario4,  en donde la  Especializada,  Unidad  de  Apoyo  para  Santander  y Cesar dispuso continuar el  diligenciamiento  preliminar  el 8 de agosto de 20035.   

2.  El  8 de febrero de 2006 la Fiscalía 34  Especializada  de  esa  Unidad  ordenó la apertura de instrucción en contra de  varias  personas6, y el 16 de diciembre de 2007 escuchó en  indagatoria  a  José  Nehil Rivera Lozano7,  a  quien le  resolvió  situación  jurídica  el  26  de  ese  mes  y  año  con  detención  preventiva  sin  beneficio de excarcelación, como coautor de homicidio agravado  en  concurso  homogéneo,  tentativa  de  homicidio  y  utilización de medios y  métodos       de       guerra       ilícitos8.   

3.  El  27  de octubre de 2008 esa autoridad  cerró     parcialmente     la     investigación9  y el 2 de diciembre siguiente  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de  Rivera Lozano como coautor de  los        injustos        ya        indicados10.   

La  decisión  quedó  ejecutoriada el 17 de  diciembre                  posterior11.   

4.  Finalizada  la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Rioacha profirió  sentencia  el  31  de  diciembre  de  2012,  en  la que absolvió a Rivera  Lozano, al tiempo que le concedió  la           libertad           provisional12.   

5.  Apelado  el  fallo por la Fiscalía, fue  ratificado  el 6 de agosto de 2015 por la Sala Penal del Tribunal Superior de la  Guajira13.   

LA DEMANDA  

El  Fiscal  Delegado  hace  una  abreviada  síntesis  de  los  sujetos  procesales,  la  situación fáctica, la actuación  procesal  y  la  providencia  cuestionada y afirma que propondrá dos cargos por  violación indirecta.   

Enuncia       el      primero,  como un falso raciocinio o falso  juicio   de   apreciación   al   valorar   el  testimonio  de  Leodega  Montoya  González.   

Asegura que el fallo confutado (trascribe un  segmento)  desconoció  el  artículo  238  del  Código  de Procedimiento Penal  porque  omitió  hacer  un estudio «más ponderado de  las  distintas  piezas  procesales al basar la decisión solo en lo referido por  LEODEGA   MONTOYA   GONZÁLEZ,   como   prueba   de   cargo  para  confirmar  la  absolución»14   y   entendió   que  dicho  deponente  es  de  oídas.   

El  juzgador  dejó  de  lado  «aspectos   propios   del  testimonio  (…)  que  revestían  una  trascendencia  tal  que  si  los mismos hubiesen sido analizados hoy se estaría  ante       una       decisión       distinta»15,  toda  vez  que  allí  se  relata   que  las  víctimas  fueron  atacadas  como  consecuencia  de  un  plan  preconcebido.   El   estudio   que   de   esa   prueba   hizo  el  Tribunal  fue  parcial.   

Manifiesta  que,  además,  la  magistratura  recayó    en    un    falso    juicio    de    existencia    por   «omisión  respecto  de  la  prueba testimonial de LEODEGA MONTOYA  GONZALEZ»16.   

Para  demostrarlo,  reproduce  algunos  apartes de lo declarado por éste,  así   como  de  la  sentencia  impugnada,  y  sostiene  que  la  colegiatura  pasó  inadvertido que allí se  narró  el  motivo  de la emboscada guerrillera. En seguida, el letrado copia un  segmento    de    la    mencionada    declaración17    y    señala   que   el  ad  quem  no  hizo  ninguna  acotación  respecto  del indicio gravísimo que del mismo emerge, en torno a la  forma como la guerrilla planeó el atentado contra los militares.   

Regresando al yerro de raciocinio18,  aduce  el  libelista  que  el  Tribunal  no solo omitió manifestaciones del deponente sino  que  le dio un sentido distinto a sus dichos, para así arribar a la conclusión  equivocada,  consistente  en  que  es  de  oídas, toda vez que aquél tuvo conocimiento de la planeación del  ataque  y,  además,  estuvo  en  el  lugar de los hechos, de modo que bien pudo  suministrar  los  nombres  de  los que participaron y su rol, entre ellos, el de  José      Nehil     Rivera     Lozano,  con  el  alias  de  Gustavo.   

Refiere  que el juez plural también recayó  en  un  falso  juicio  de existencia por suposición respecto del reconocimiento  fotográfico    que    hizo    Montoya   González19,  en  el  que  señaló  al  procesado  como  enfermero  de la organización, toda vez que dio por demostrado  que  el  testigo «no despeja el manto de dudas acerca  de  la  autoría  y  responsabilidad  del  enjuiciado  en  la  realización  del  ataque»20,  en cuanto la labor sanitaria no lo releva de haber participado en  los hechos.   

En     estos     casos    –dice-   la   prueba   indiciaria   es  importante  para  acreditar  la responsabilidad del enjuiciado (trae a colación  decisiones  del  Consejo de Estado y de la Sala de Casación Penal, relacionadas  con  el  alcance  de  esa  prueba  indirecta  y su clasificación) y el Tribunal  ignoró   la   existencia  de  indicios  graves  que  conducían  a  condenar  a  Rivera Lozano.   

A su juicio, las omisiones del fallador y la  equivocada  valoración  de  la  prueba indiciaria a la luz de la sana crítica,  condujeron     a     absolver     al     acusado21,   lo   que   encierra  una  decisión injusta a la luz del derecho internacional humanitario.   

Evidencia,  por  último, un falso juicio de  identidad  por  cercenamiento,  puesto  que el juez plural no apreció de manera  integral   lo   depuesto   por   Montoya  González22  y  por eso concluyó que es  testigo indirecto.   

Para  cerrar,  indica  que  se violaron, por  falta  de  aplicación,  los  artículos  232 y 238 del Código de Procedimiento  Penal    y    el    precepto    29   de   la   Ley   599   de   2000.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  providencia  impugnada  y, en  su  lugar,  proferir  otra en la que se condene a José  Nehil     Rivera    Lozano    por    los    injustos  endilgados.   

CONSIDERACIONES  

El examen de la demanda  

1.  El  recurso  de casación, por dirigirse  contra  una sentencia proferida en segunda instancia, que goza de la presunción  de  acierto  y legalidad, exige del censor exhibir un escrito serio y coherente,  que  descanse  en argumentos lógicos y con contenido jurídico, de modo que con  suficiencia  enseñe  a la Corte el yerro judicial advertido, cómo con el mismo  se   quebrantó   alguna   garantía   constitucional   o  legal  e  indique  su  trascendencia en el sentido de la decisión.   

A  efectos  de  respetar  los  principios de  claridad,  suficiencia y no contradicción, es imperioso que, si se hacen varios  reproches   bajo   idéntica  causal  –alguna  de las previstas en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000-,  se  propongan  en  forma  separada,  pero  cada  uno  con su respectivo sustento  argumentativo;  y,  si  resultan  excluyentes  entre  sí, se planteen de manera  subsidiaria.   De   no   respetarse  esas  reglas,  la  censura  se  rechazará.   

2. El actor es ambiguo al momento de proponer  los  cargos,  pues  al  inicio  de  su  discurso anuncia que serán dos,   no  obstante,  en  la  estructura  metodológica  solo  hace  mención  a uno: el falso raciocinio, contenido en el  acápite  5.1.2.1.  de  su  libelo,  que,  por cierto, es el único –no   hay  punto  5.1.2.2.-.   

Ahora,  de manera errada, al interior de ese  mismo  apartado,  el letrado critica al Tribunal por incurrir en un falso juicio  de  identidad, un falso juicio  de   existencia  por  omisión  y  uno  por  suposición,  método  abiertamente  inadmisible  bajo  el rigor técnico de la casación, en tanto esa diversidad de  errores exige una presentación separada.   

Su   planteamiento   se  torna  aún  más  reprochable  al  constatarse  que en todos los eventos la reconvención descansa  en   idéntica   prueba,   esto   es,   en  el  testimonio  de  Leodega  Montoya  González.   

En   efecto,   se   muestra   francamente  contradictorio  que, respecto  de  un  solo  elemento  probatorio, se repruebe al juzgador porque al apreciarlo  desconoció  las reglas de la sana crítica (falso raciocinio); pero, al tiempo,  se  le  critique  porque:  cercenó o distorsionó su contenido (falso juicio de  identidad);  lo inventó, a pesar de no constar en el plenario, o porque olvidó  que  se  hallaba  materialmente  en el legajo (falso de juicio de existencia por  suposición y omisión, respectivamente).   

3.  Ante  la  desconcertante postura resulta  pertinente   recordar   que  los  errores  por  falso  raciocinio  acaecen  cuando  al realizar la inferencia  lógica  el  fallador  se  aparta  de  las  reglas  de  la sana crítica y, como  consecuencia,  declara  una verdad fáctica diversa de la que revela el proceso.  Al impugnante le corresponde señalar:   

a)  Cuál es el medio de prueba sobre el que  recayó  el  error, esto es, indicar si es, por ejemplo, testimonial, documental  o  pericial.  No  es  admisible  hacer  una  acusación genérica y global, sino  individual y particular.   

b)  En  qué  consistió  el  equívoco  del  fallador  al  hacer  la  valoración  crítica.  Para  tal  efecto  es imperioso  señalar  qué  fue  lo  que  infirió o dedujo, cuál fue el mérito persuasivo  otorgado  y  cuál  la regla de la lógica, la ley de la ciencia o la máxima de  experiencia que aplicó y porqué es equívoca.   

c)  Acreditar cuál es el postulado lógico,  el  aporte científico correctos o la regla de la experiencia que debió tenerse  en cuenta para la adecuada apreciación de la prueba.   

d) Demostrar la trascendencia del error, esto  es,  cómo  de  haber sido apreciado correctamente el medio de prueba, frente al  resto  de  elementos  de  convicción,  el  sentido de la decisión habría sido  sustancialmente   opuesto,   obviamente  a  favor  de  los  intereses  de  quien  recurrente.   

De  otra  parte,  los  falsos  juicios  de  identidad,    al    ser  eminentemente  objetivos,  ocurren  cuando  al  momento de examinar la prueba el  juzgador  distorsiona  su  contenido,  lo  desfigura, lo tergiversa, haciéndole  decir  algo que no dice, le cercena una parte o le agrega algo de lo que carece.  Se   aleja  del  yerro  de  raciocinio,  en  cuanto  este  último se presenta en un instante posterior, esto  es, al realizar la evaluación racional del mérito de la prueba.   

Finalmente, los equívocos de existencia, se  materializan,   ya   sea  porque  el  juez  dejó  de  valorar  una  prueba  que  materialmente  se  halla  dentro  del  proceso o porque imaginó una que no hace  parte  del  mismo,  por  lo  que  tienen  lugar  en un estadio anterior al de la  contemplación   material.   

La precedente exposición pone de manifiesto  que  los  tres  errores de hecho son ostensiblemente disímiles. Por contera, la  amalgama  de  reproches hecha por el demandante impide entender con exactitud la  falla  judicial  denunciada,  su  incidencia  y  su  trascendencia  en  el  caso  concreto.  Adicionalmente,  ninguno  de  ellos  se  ajusta  a los requerimientos  necesarios  para una adecuada postulación.   

4. Así, de entender que la falla estuvo en  el  proceso  de  inferencia  lógica,  el  jurista olvidó señalar cuál fue la  deducción  errada,  cuál  la  máxima  de  la experiencia o el principio de la  lógica  o  de  la  ciencia  mal  utilizado  y,  en  consecuencia,  cuál era el  postulado correcto que ha debido aplicar.   

Si  el desacierto se refleja en un problema  de  existencia,  importa  subrayar que el libelista reconoció que el testimonio  de  Montoya González obra en el proceso y que el juez plural lo valoró, lo que  da al traste con su propuesta.   

Y,  si  el  desatino  era  de identidad, el  censor  no logró demostrar que el ad quem   hubiese   cercenado  o  tergiversado  el  testimonio  de  Montoya  González.  Aunque algunas de las frases traídas en el libelo no se consignaron  en  la  sentencia  de  segunda  instancia, también lo es que ello, per   se,   no   demuestra  la  falencia  judicial.   

5. Sobre tal declaración importa destacar,  en  primer  término,  que  si  bien el juzgador dedicó la casi totalidad de su  providencia  a  analizarla, ello obedeció a que, tal como allí se constata, el  punto   planteado   en   la   apelación   consistió  en  que  el  a  quo  no  valoró  lo  narrado  por ese  testigo  ni  el  reconocimiento  fotográfico  por  él hecho. Por manera que la  colegiatura   no   hizo  cosa  distinta  que  ocuparse  sobre  las  razones  del  disenso.   

De  otra  parte,  si  se  entiende  que  la  inconformidad  del  actor  reside  en  que  el ad quem  mutiló  algún segmento del testimonio, el letrado no  indicó  cómo  los  apartes que del mismo reproduce en el libelo conducirían a  una   conclusión  totalmente  distinta  y  favorable  a  los  intereses  de  la  fiscalía.   

En  efecto,  de  lo que de esa declaración  trascribe           el           impugnante23  no  emerge que Rivera  Lozano  hubiese  intervenido en la  planeación   de   la   emboscada,   y   ni   siquiera   allí  se  menciona  su  nombre.   

Con todo, si la tacha estriba en que el juez  colegiado  inadvirtió  el  aparte en el que Montoya González dijo «nosotros  nos quedamos emboscados», hay  que  acotar  que  el demandante no definió cómo esa frase imponía al fallador  desconocer  el  resto  de  la  declaración,  concretamente,  donde,  según  lo  consignó    el    Tribunal,    Montoya    González    relató:    «yo  me  enteré de esto porque yo andaba con AMAURI para arriba y  para    abajo,   AMAURIS   era   comandante   de   la   guerrilla.»24  O aquél en el que adujo, refiriéndose a la emboscada  guerrillera,  «yo  en ese momento estaba en otra escuadra de apoyo»25.   

6. En criterio del recurrente, no se tuvo en  cuenta  la  prueba  indiciaria  para extraer la responsabilidad del acusado, sin  embargo,  olvidó enseñar cuáles son esos indicios y cómo ellos, valorados en  conjunto,  habrían  conllevado  a  la  certeza  sobre  la  responsabilidad  del  procesado.   

El  Tribunal,  con  razón,  sostuvo  que,  contrario  al  obrar  del juez singular, había lugar a valorar el testimonio de  Montoya  González,  empero,  consideró  que  no  era apto para variar el fallo  absolutorio  apelado,  toda  vez  que  su  relato  fue  muy somero y,  sobre  los  hechos  acaecidos  con  el  Ejército,  solo  ofreció  datos que le suministraron terceras personas. Así lo consignó:   

Se  concluye  de lo relatado por el señor  LEODEGA  MONTOYA GONZÁLEZ, que él posiblemente tuvo conocimiento de los hechos  ocurridos  el  2  de  noviembre de 2002, pero no de manera directa o presencial,  puesto  que  en  su  declaración manifiesta que tuvo conocimiento de los mismos  porque  andaba  cerca  del  comandante  guerrillero  alias “Amauri”, además  nunca  manifiesta  haber  estado  presente  dentro de la emboscada al convoy del  ejército,  simplemente  se  limita a manifestar lo sucedido, sin dejar claridad  de  si  los había presenciado o esa era la información que había recopilado a  través    de    su    comandante    “Amauri”.26   

De  igual  forma,  en  lo  que  toca con el  reconocimiento  fotográfico  hecho  por el testigo, la colegiatura añadió que  ningún  elemento  nuevo  ofreció,  puesto  que tan solo confirmó los datos ya  conocidos dentro del plenario. Así concluyó:   

Lo relatado por el declarante es muy somero  respecto   a   la   responsabilidad   del   hoy  procesado,  y  además  con  el  reconocimiento      fotográfico      que      hiciera      al      (sic)que  se  acaba  de  mencionar,  se  confirma  lo  manifestado  por JOSE NEHIL RIVERA LOZANO quien en si (sic)  indagatoria  y  ampliación de la  misma  siempre  manifestó  ser  parte  de  las  FARC, sin embargo existen dudas  respecto  a  la  participación  de  éste  en  los hechos ocurrido (sic)  en  Lomas  de  Ahuyamas  el  2 de  noviembre de 2002.   

Las falencias descritas conducen a inadmitir  la  demanda y la Sala ha revisado íntegramente la actuación y no ha encontrado  causales  de nulidad ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales, razón  por la cual no puede penetrar al fondo del asunto oficiosamente.   

Sobre    la    prescripción   de   la  acción   

7. Según el artículo 83 del Código Penal  de  2000,  la  acción  penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la pena  fijada  en  la  ley,  sin  que  sea menor de 5 años, ni exceda de 20, salvo las  excepciones  allí  señaladas (etapa de instrucción). Conforme al artículo 86  ibidem,   ese   tiempo  se  interrumpe  por  la  resolución  de  acusación  debidamente  ejecutoriada  y  comienza nuevamente a  correr  por un tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo 83, sin que  pueda ser inferior a 5 años ni superior a 10 (etapa del juicio).   

Tal como se dejó consignado en precedencia,  Rivera  Lozano fue llamado a  juicio  por  homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  y  utilización  de  métodos  de  guerra ilícitos. Este último injusto se encuentra sancionado con  pena  de  6  a  10  años  de prisión, según lo prescribe el artículo 142 del  Código  Penal.  De  manera  que, en juicio, la prescripción sería de 5 años.   

La resolución de acusación, proferida el 2  de  diciembre  de  2008,  alcanzó  ejecutoria  el  17 de ese mes y año, lo que  indica  que el lapso de 5 años se cumplió el 17 de diciembre de 2013, esto es,  después  de  dictada  la  sentencia  de primera instancia, pero antes de que se  profiriera la de segunda.   

Es  evidente,  entonces, que transcurrieron  más  de  5  años  durante  la  etapa  del  juicio  sin que el fallo adquiriera  ejecutoria.   En   esas   condiciones,   como  el  Estado  perdió  su  potestad  sancionadora  por  el  paso  del  tiempo,  ha  debido  el  Tribunal  declarar la  prescripción  de la acción respecto del punible de utilización de métodos de  guerra  ilícitos.  Como  no  lo hizo, tendría que hacerlo la Corte si no fuera  porque,  según  su  jurisprudencia,  tratándose  de  un  asunto  que viene con  sentencia  absolutoria,  impera  esta  última determinación, máxime cuando la  demanda,  como se dejó consignado en acápite precedente, no logró superar las  exigencias mínimas para darle curso.   

Así lo sostuvo la Sala en CSJ, AP, 31 ago.  2011, rad. 37243:   

En  esas  condiciones,  cuando,  por  el  transcurso   del  tiempo,  la  jurisdicción  pierde  potestad  investigativa  y  sancionadora,  no  quedaría camino diverso de reconocer el hecho, declarando la  prescripción  y  la  cesación  de  todo  procedimiento,  lo  que debe hacer el  juzgador  que  esté conociendo del asunto, ya se trate del de primera o segunda  instancia e, incluso, del de casación.   

Ello ha debido hacerlo el Tribunal, en cuya  sede  operó  el  instituto.  Como  no  lo  hizo,  la  Corte debería adoptar la  determinación.   

No   lo   hará,   pues  conforme  a  su  jurisprudencia  vigente,  tratándose  de  asuntos  en  donde,  como  en el caso  presente,  la  situación  jurídica  de  la  acusada  está  precedida  de  una  sentencia  absolutoria  (en  las  dos  instancias), tal estado debe prevalecer y  solamente   es   viable   declarar   la  extinción  de  la  acción  penal  por  prescripción  cuando  quiera que el trámite respectivo permita inferir que hay  lugar a mudar la absolución.   

Según  acaba de valorarse, ello no sucede  en  este  evento,  razón  por  la  cual  se dará preferencia a la absolución,  inadmitiendo la demanda de casación.   

En igual sentido, se puede consultar CSJ AP,  29 may. 2013, rad. 41268.   

Por  consiguiente,  seguirá  vigente  la  inadmisión de la demanda de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  presentada  por  el  Fiscal 34 Adscrito ante la Dirección de Fiscalía  Nacional  Especializada  en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de la Guajira el 6 de  agosto de 2015.   

En  consecuencia, devolver la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 82 y 83 del cuaderno copia 1.   

2 Folio  87 Id.   

3  Folios  94  y  95  Id.  La  Fiscalía  8ª  Especializada  alcanzó a avocar conocimiento el 6 de febrero de  2003     (folios    96    y    97    Id).   

4  Folios 134 y 135 Id.   

5  Folios 159 y 160 Id.   

6  Folios 223 a 228 del cuaderno copia 2.   

7  Folios 242 a 245 del cuaderno copia 5.   

8  Folios 1 a 17 del cuaderno copia 6.   

9 Folio  181 Id.   

10  Folios 214 a 236 Id.   

11  Folio 252 Id.   

12  Folios 418 a 441 Id.   

13  Folios 13 a 37 del cuaderno del Tribunal.   

14  Folio 79 Id.   

15  Id.   

16  Folio 81 Id.   

17  Folio 81 Id.   

18  Folio 82 Id.   

19  Folio 83 Id.   

20  Folio 84 Id.   

21  Folio 88 Id.   

22  Folio 89 Id.   

23 En  folio 81 del cuaderno del tribunal.   

24  Página 17 del fallo.   

25  Página 19 del fallo.   

26  Página 17 del fallo.     

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