AP1384-2017(48640)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1384-2017  

Radicación n° 48.640  

Aprobado acta n.º 61  

Bogotá, D. C., primero (1º) de marzo de dos  mil diecisiete (2017).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jorge          Alberto         Caicedo         Calderón, Jhon Fredy Manrique Pinzón y  Nataly  Cristancho Garzón contra  la  sentencia  dictada  el  19  de abril de 2016 por la Sala  Penal    del    Tribunal    Superior    de    Bogotá,    que   confirmó,   con  modificaciones1,  la  proferida  el  18  de  septiembre  de  2015  por  el  Juzgado  Veintitrés  Penal  del  Circuito,  con  funciones  de conocimiento, de la misma  ciudad  que  los condenó por las conductas punibles de concierto para delinquir  y hurto calificado, en calidad de autores.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

Los  primeros  fueron  sintetizados  por  el  a  quo  en  los  siguientes  términos:   

(…) a través de diferentes actividades de  Policía   Judicial,   como  interceptaciones  de  comunicaciones  y  búsquedas  selectivas  en  bases  de datos, entre otras, se logró determinar la existencia  de  una  estructura  delincuencial  conformada  por  aproximadamente 14 personas  [entre  ellas,  Michael  Enrique  Velasco Valenzuela,  Jhon     Fredy     Manrique    Pinzón,  Nataly Cristancho Garzón,  Luis  Giovanny Sánchez Hurtado, Jorge  Alberto  Caicedo  Calderón, Jhon Jader Ordoñez Soto,  Isaboo  Alexandra  Gaitán  Álvarez,  Martha  Milena  Soto,  Argenis Soto, Luis  Octavio  Echeverry  Garavito,  Diana  Orozco Carreño y Fredy Martín Avellaneda  Guerrero],  que  tenían  como objetivo apoderarse de  vehículos  automotores  de diferentes gamas, especialmente de las marcas MAZDA,  CHEVROLET,  HIUNDAY,  RANAUL  (sic)  Y KIA, en donde cada uno de los integrantes  cumplía  un rol determinado y hurtaban los vehículos a través de la modalidad  de halado y atraco.   

En lo que respecta a la modalidad de halado  se   dice   que  dicha  banda  delincuencial  operaba  en  esta  ciudad  capital  [Bogotá],  en horas de la  noche,  en  los  sectores  de  Kennedy,  Puente  Aranda,  Bosa, Engativá, Suba,  Usaquén,  así como en los municipios de Facatativá, Mosquera, Madrid y Funza.  Se  dice  que en dichos lugares, los miembros de la banda delincuencial ubicaban  a  sus  víctimas  al  azar, teniendo en cuenta como requisito, que el vehículo  estuviese dentro del rango de marca encargado por el comprador.   

Así las cosas, dichos delincuentes ubicaban  a   sus   víctimas,   la   mayoría   de  las  veces  en  sitios  que  por  sus  características,  se  veían obligados a parquear en la vía pública, mientras  realizaban  actividades  de índole personal o laboral, tales como transacciones  bancarias,  compras en establecimientos comerciales, visitas a familiares, entre  otros.   

En  esos  momentos,  los  integrantes de la  banda  delincuencial  procedían  a  hurtar los vehículos, circunstancia que se  perfeccionaba  a  través de la actividad conjunta de sus integrantes, pues unos  ubicaban  los  vehículos  a  hurtar,  otros  acompañaban  a  la  víctima para  mantenerlo  controlado  hasta  que  se  produjera  el  hurto,  entre tanto otros  abrían  los  vehículos y se llevan (sic)   del   lugar   y   otro   se   quedan  (sic)  en  el  lugar  de  los  hechos  esperando a la  víctima,  quien  una vez se percataba del hurto de su vehículo, informaba a la  policía  o  llamaba  al  número único de emergencia 123, momento en el que el  integrante  de  la organización delincuencial, a su vez comunicaba a quienes se  habían  llevado el vehículo para que procedieran a ocultarlo, antes de que las  autoridades reaccionaran.   

Con  relación a la modalidad de atraco, se  sabe  que algunos de los integrantes ubicaban el automotor a hurtar observando a  la  víctima,  y  dependiendo el estado de indefensión en el que se encontraba,  procedían  a  abordarlo,  uno  por  cada  lado del automotor, momento en el que  intimidaban  y  reducían  a  sus  víctimas  con  un  arma de fuego (revolver o  pistola),  luego  de  lo  cual  los  obligaban  a  pasar  a la silla trasera del  vehículo  con  el  propósito  de  iniciar  el  llamado “paseo millonario”,  dejándolos posteriormente en un lugar solitario.   

Agregado  a  lo  anterior,  se dice que los  vehículos  hurtados  eran  ocultados  en  parqueaderos,  por  espacios de 1 a 3  días,  luego  eran  removidos  de  dicho  lugar  y  trasladados  por uno de los  integrantes  de  la  banda  delincuencial,  quien finalmente los entregaba a los  compradores,   quienes   a   su   vez   procedían   a  desguazarlos2.   

2.  El  24 de junio de 2014, la Juez Segunda  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías de Bogotá, legalizó las  capturas  de  Michael  Enrique Velasco Valenzuela, Jhon  Fredy      Manrique      Pinzón,     Nataly  Cristancho  Garzón, Luis Giovanny  Sánchez     Hurtado,    Jorge    Alberto    Caicedo  Calderón,  Jhon Jader Ordoñez Soto, Isaboo Alexandra  Gaitán  Álvarez,  Martha  Milena  Soto,  Argenis  Soto, Luis Octavio Echeverry  Garavito,   Diana   Orozco   Carreño   y  Fredy  Martín  Avellaneda  Guerrero,  oportunidad  en  la  que  el Fiscal Treinta y Cinco Seccional de esta capital le  imputó  a  los  cuatro primeros los delitos de concierto para delinquir y hurto  calificado  en  concurso  homogéneo, al quinto y sexto los mismos punibles y el  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de armas de fuego, accesorios,  partes  o  municiones,  a  la  séptima,  octava,  novena  y décimo primera los  injustos  de  concierto para delinquir y receptación en concurso homogéneo, al  décimo  segundo  iguales  reatos  más  el  de  fabricación, tráfico, porte o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones y al décimo  solamente     el     delito     de    receptación3,  cargos  que fueron aceptados  por  los imputados –excepto  el  de  porte  ilegal  de  armas  atribuido  a  Caicedo  Calderón y Ordoñez Soto-.   

Igualmente,   se   les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento carcelario, salvo a  Echeverry    Garavito,    a    quien    se    le    concedió    la   detención  domiciliaria4.   

3.  El  18  de  septiembre del mismo año se  presentó     el     escrito     de     acusación5,  en  el que se les endilgaron  los siguientes delitos:   

3.1.  Michael  Enrique Velasco Valenzuela:  concierto   para   delinquir,   hurto   calificado   (18   conductas6) y receptación  (3 conductas).   

3.2.  Jhon  Fredy  Manrique  Pinzón:  concierto  para  delinquir,  hurto  calificado (6 conductas) y receptación (9 conductas).   

3.3.   Nataly  Cristancho  Garzón:  concierto  para delinquir, hurto  calificado (3 conductas) y receptación (6 conductas).   

3.4.  A  Luis  Giovanny  Sánchez  Hurtado:  concierto para delinquir y hurto calificado (10 conductas).   

3.5.  Jorge Alberto  Caicedo  Calderón:  concierto  para  delinquir, hurto  calificado (5 conductas) y receptación.   

3.6. Jhon Jader Ordoñez Soto: concierto para  delinquir, hurto calificado y receptación.   

3.7.  Isaboo  Alexandra  Gaitán  Álvarez:  concierto para delinquir y receptación (3 conductas).   

3.8.  Martha  Milena  Soto:  concierto  para  delinquir, hurto calificado y receptación (12 conductas).   

3.9. Argenis Soto: concierto para delinquir y  receptación (4 conductas).   

3.10.  Luis  Octavio  Echeverry  Garavito:  receptación.   

3.11.  Diana Orozco Carreño: concierto para  delinquir y receptación (5 conductas).   

3.12.  Fredy  Martín  Avellaneda  Guerrero:  concierto  para delinquir, receptación (13 conductas) y fabricación, tráfico,  porte    o    tenencia    de    armas    de    fuego,   accesorios,   partes   o  municiones.   

4.  Instalada,  el  10  de abril de 2015, la  audiencia  de  verificación  del  allanamiento  a  cargos  por  parte  del Juez  Veintitrés  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Bogotá, la  bancada  de  la  defensa  manifestó  que  los  cargos elevados en el escrito de  acusación  eran  incongruentes  respecto de los aceptados por sus prohijados en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  razón  por la que, de común  acuerdo  con  la  fiscal  designada  para  el  caso,  se  dispuso  suspender  la  diligencia  a  efecto  de  verificar dicha situación7.   

5.  Reanudada  la  audiencia  –el  18  de  junio  del mismo año-, el  fiscal  a  cuyo  cargo  estuvo  la  imputación,  precisó  que  la  acusación,  verdaderamente,  era  como  fue  descrita  en la audiencia de formulación de la  imputación,  luego  de lo cual el juez de conocimiento le impartió aprobación  a  la  aceptación unilateral de cargos realizada por los procesados8.   

6.  Mediante  sentencia del 18 de septiembre  siguiente,  el  Juez  de conocimiento condenó a los encartados de la forma como  sigue9:   

6.1.  Michael  Enrique  Velasco  Valenzuela,  Jhon  Fredy Manrique Pinzón,  Nataly  Cristancho  Garzón,  Luis   Giovanny   Sánchez  Hurtado  y  Jhon  Jader  Ordoñez  Soto,  en calidad de autores, de los delitos de  concierto  para  delinquir  y hurto calificado en concurso homogéneo, a la pena  principal   de   noventa   y  cuatro  (94)  meses  y  dieciocho  (18)  días  de  prisión.   

6.2.  Jorge Alberto  Caicedo     Calderón,  en  calidad  de  autores,  de los delitos de concierto  para  delinquir  y  hurto calificado en concurso homogéneo, a la pena principal  de    cincuenta    y   tres   (53)   meses   y   veintisiete   (27)   días   de  prisión.   

6.3.  Isaboo  Alexandra  Gaitán  Álvarez,  Martha  Milena  Soto,  Argenis  Soto  y  Diana  Orozco  Carreño,  en calidad de  autoras,  de  los delitos de concierto para delinquir y receptación en concurso  homogéneo,  a  las  penas principales de setenta y seis (76) meses y trece (13)  días  de  prisión  y  multa en cuantía de sesenta punto cinco (60.5) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

6.4.  Fredy  Martín Avellaneda Guerrero, en  calidad  de autor, de los delitos de fabricación, tráfico, porte o tenencia de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o municiones, concierto para delinquir y  receptación  en  concurso  homogéneo,  a  las  penas  principales de noventa y  cuatro  (94)  meses  y  un  (1)  día de prisión y multa en cuantía de sesenta  punto cinco (60.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

6.5.  Luis  Octavio  Echeverry  Garavito, en  calidad  de  autor  del  delitos  de  receptación,  a  las penas principales de  cuarenta  y  cuatro  (44)  meses  de prisión y multa en cuantía de veintisiete  punto cinco (27.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

A   todos   les  impuso  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico  término  que  la sanción aflictiva de la libertad y a Fredy Martín  Avellaneda  Guerrero  también lo sancionó con la prohibición del derecho a la  tenencia  y  porte  de armas de fuego por igual tiempo y, finalmente, dispuso el  comiso del arma de fuego incautada.   

Además, les negó la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.10   

7.  Recurrido el fallo por los defensores de  los  sentenciados  y  por  el  procesado  Jhon  Jader  Ordoñez Soto11,  el  19  de  abril  de  201612,  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá lo confirmó, con  la  modificación  consistente  en  reconocerle  a los condenados una rebaja del  cincuenta (50%) por ciento de la pena.   

En  consecuencia,  los  sentenció  a  las  siguientes                  sanciones13:   

7.1.  Michael  Enrique  Velasco  Valenzuela,  Jhon  Fredy Manrique Pinzón,  Nataly  Cristancho  Garzón,  Luis  Giovanny  Sánchez Hurtado y Jhon Jader Ordoñez Soto: ochenta y seis (86)  meses de prisión.   

7.2.  Jorge Alberto  Caicedo  Calderón:  cuarenta  y  nueve  (49) meses de  prisión.   

7.3.  Isaboo  Alexandra  Gaitán  Álvarez,  Martha  Milena  Soto, Argenis Soto y Diana Orozco Carreño: sesenta y nueve (69)  meses  y  quince  (15)  días de prisión y cincuenta y cinco punto cinco (55.5)  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

7.4.  Fredy  Martín  Avellaneda  Guerrero:  ochenta  y  cinco (85) meses y quince (15) días de prisión y cincuenta y cinco  punto cinco (55.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

7.5.   Luis  Octavio  Echeverry  Garavito:  cuarenta  (40)  meses  de  prisión y veinticinco (25) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

8.    El    defensor   de   Jorge   Alberto  Caicedo  Calderón,  Luis  Octavio   Echeverry   Garavito,  Jhon  Fredy  Manrique  Pinzón   y  Luis  Giovanny  Sánchez  Hurtado  y  la  procesada   Nataly   Cristancho   Garzón   interpusieron   oportunamente   el   recurso   extraordinario  de  casación14  pero  el  señalado  profesional  del  derecho sólo presentó, en  tiempo,  libelo  a  nombre  de  Jorge  Alberto Caicedo  Calderón   y   Jhon  Fredy  Manrique  Pinzón,  así  como a favor de Nataly  Cristancho  Garzón, respecto de la  cual    no    allegó    el    poder    respectivo15.   

LA DEMANDA  

Previa  identificación de los recurrentes y  de  su  defensor, éste sintetiza la cuestión fáctica y al amparo de la causal  primera  del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, denuncia la violación directa  de  la  ley  sustancial –no  precisa la modalidad-.   

Para  el  efecto,  señaló  que el yerro se  produjo   «al  aplicar  la  punibilidad  frente  al  fenómeno      del      concurso      de      conductas     punibles»16,  ya que «no recurrieron a dosificación  punitiva   de   acuerdo   con  su  verdadera  naturaleza  jurídica,  esto  como  instrumento  apto para tasar la pena de manera proporcional al daño causado con  las  conductas  concurrentes, buscando, en todo caso, un trato atemperador de la  severidad  de  la  sanción que a cada una de éstas le hubiera correspondido de  haber  sido  juzgadas  de manera separada, la impropiedad con la que se efectuó  la  dosificación  punitiva,  dado que, la aceptación “hasta en otro tanto”  contenida  en el artículo 31 de la ley (sic) 599 de 2000, significa que la pena  final  no  podía exceder al doble de la individualmente considerada.»17   

En  este  punto,  acusa  a los juzgadores de  ignorar    «los    efectos    de    sus    propios  raciocinios»18,    lo    cual    ocurrió  –dice-  al establecer los  incrementos  punitivos  atinentes  al  concurso de conductas punibles y dejar de  aplicar     los     principios     de    razonabilidad,    proporcionalidad    y  necesidad.   

En  desarrollo  de  la  censura,  luego  de  transcribir  un  fragmento  del  fallo  de  segunda  instancia,  en  el  que  la  colegiatura  reconoce que, en la tasación del concurso, su inferior erró en la  aplicación  de  la  fórmula legal, pero solo «desde  el    punto    de    vista    técnico»19   y   no  «material      o      de      fondo»20,    porque    la    sumatoria    de    las   penas   «contiene  todos los ilícitos y sus consecuencias, que confluyen en  la   pena   a   imponer»21,  cita  otro aparte de dicha  providencia  relativo  a la dosificación de los montos impuestos a Jhon  Fredy  Manrique Pinzón, Nataly   Cristancho   Garzón,  así  como  indica,  en  lo  referente  a  Jorge  Alberto  Caicedo  Calderón,   que  el  Tribunal  hizo  un  llamado  de  atención   al  a  quo  por  conferirle  a  éste una rebaja del cincuenta por ciento sin haber indemnizado a  todas  las  víctimas,  postulado  que  el  letrado encuentra errado teniendo en  cuenta  que «si (sic) se concilio con la totalidad de  ellas»22,  aunque  este es un tópico  que, afirma, no influye en su reclamo.   

Enseguida,  reproduce  el  artículo  31 del  Código  Penal  y tras admitir que «no hay una tabla,  una  regla  rígida que le diga al operador judicial, que (sic) incremento ha de  realizar  por  los concursos de hechos punibles, ya que este incremento va desde  un  día  hasta otro tanto»23,   recuerda   que  se  debe  aplicar  el  sistema  de la adición jurídica de penas -para lo cual se vale de  un  apartado  de  la  sentencia  CSJ  SP 15 may. 2003, rad. 15.868-, a efecto de  resaltar   que   «de   manera  independiente  a  la  naturaleza  del  concurso  que se presente, el incremento del artículo 31 opera  en  una  sola  oportunidad  y  no  cada  vez  que se configure una de las tantas  modalidades     de     concurrencia     de     conductas    punibles»24.   

Es así como, cuestiona que el ad  quem  haya  tolerado  que  el juez de  primer  grado  «sumar[a]  por  partes  los concursos  homogéneos  y  los  heterogéneos, pues por el concurso de hurto calificado, la  pena  aumentó  en  48  meses  y por el concierto para delinquir otros 24 meses,  para  un total de 72 meses»25,  siendo  que el juez plural  aceptó  que  «por el concurso de hechos punibles no  se   puede   hacer   incrementos   por   cada   conducta  individual»26.   

Censura a la magistratura por valerse de la  condición  de  infractores  de sus clientes para violar la jurisprudencia de la  Corte y, particularmente, el principio de legalidad de la pena.   

Añade   que,   la   sentencia  confutada  «no   acato  (sic)  de  modo  imperativo  que  toda  sentencia  debe  contener  la fundamentación explícita sobre los motivos de la  determinación  cualitativa  y  cuantitativa  de  la  pena, y que no es por cada  conducta   punible   que   se   han   de   hacer  a  la  pena  base.»27   

En  el  caso  de  la  especie,  asegura  el  jurista,  «la  falta  de  motivación del porqué de  (…)    [la]    pena»28  impuesta  a sus prohijados,  irroga  «unos  castigos  carentes  de justificación  emanados    de    la   simple   voluntad   del   operador   judicial»29.   

Según  el  recurrente,  aunque  el  juez  unipersonal  individualizó  la  sanción  respecto  de cada delito, desconoció  «los  principios  que  orientan  para  determinar la  razonabilidad   de  la  pena  a  imponer»30  y,  por  su  parte,  la  colegiatura  «ni siguiera (sic) menciona  que  se  trata de la aplicación del artículo 31 del Código Penal, simplemente  se   Linita   (sic)   a   sostener   ‘ningún   reparto  amerita  dicha  tasación  punitiva.’»31   

Para   el   libelista,   «[e]s  la  pena  individualizada  de  cada  uno  de  los  delitos en  concurso  la  que  conduce  a  determinar la base de la construcción de la pena  total  a  imponer,  sin  importar para el caso las sanciones mínimas y máximas  previstas   en   abstracto   por   los  respectivos  tipos  penales.»32   

A   continuación,   asegura   que   la  discrecionalidad  del  juez,  a la hora de determinar el incremento punitivo por  razón  del  concurso,  está  limitada  por  i) la mayor o menor gravedad de la  conducta  –según el orden  de  los  tipos  penales  en el estatuto punitivo, la escala axiológica dada por  los  bienes  jurídicos  tutelados,  las conductas dolosas y culposas (con y sin  agravantes  y  querellables  o  no)  y la comisión de conductas por estructuras  criminales  organizadas-,  ii) la valoración del daño real o potencial creado,  la  necesidad  de  la  pena y iii) la función que ella ha de cumplir en el caso  concreto.   

Para  cerrar,  en  un  acápite  intitulado  «Alcance        del        Recurso»33,  el  defensor  manifiesta  que persigue la efectividad del derecho  material  y que se lleven «a plenitud la realización  de  los derechos consagrados en abstracto por el derecho objetivo, que establece  en   el  artículo  31  de  la  norma  sustantiva  penal-concurso  de  conductas  punibles»34,   el   respeto   de   las  garantías  fundamentales  debidas  a  sus  procurados  y  la reparación de los  agravios    a    ellos    inferidos,   así   como   la   unificación   de   la  jurisprudencia.   

Sobre  la  última  finalidad  mencionada,  sostiene:   

La  unificación de la jurisprudencia como  “el  fin primordial” de este recurso extraordinario, pues va en contraía el  criterio  del señor Magistrado del H. Tribunal de Bogotá, reconocer que cuando  estemos  frente  al  concurso  de  hechos punibles el incremento por esta figura  opera  una  sola  vez, pero a la vez desconocer, tal precedente jurisprudencial,  bajo  el pretexto que al fin y acabo (sic)  la  suma  aritmética  de  las dos sumas no supera el doble de la  pena  base,  sobre  el  tema  jurídico  sobre  el cual versa el propuesto en la  presente  demanda  ya  se  ha  pronunciado  la  Sala de Casación Penal en forma  unánime.35   

Solicita  casar  la  sentencia  impugnada y  emitir el fallo de reemplazo que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES  

    

1. Cuestión previa     

Antes  de  examinar la demanda, es oportuno  precisar    que    el   recurrente   –doctor   Camilo   Güisa  Rodríguez-  carece  de  legitimidad  para  representar,   en   sede   de   casación,   los   intereses   de   Nataly  Cristancho Garzón, toda vez que en  el  expediente no obra constancia de que ella le hubiera conferido poder con tal  fin.   

En  efecto, se observa que, durante toda la  actuación  el abogado que ejerció la defensa técnica de la referida inculpada  fue  el  doctor  Jimmy Alfredo Pepinosa Narváez, quien incluso presentó, en su  favor  y  el de otras coprocesadas, recurso de apelación contra la sentencia de  primera  instancia,  sin que su procurada, en momento alguno le hubiera revocado  el mandato respectivo.   

En  ese  orden  de  ideas,  no  es  posible  examinar  el  libelo de casación presentado por el primero de los profesionales  del   derecho   mencionados   en   favor   de   Nataly  Cristancho  Garzón,  sino exclusivamente en relación  con   Jorge   Alberto  Caicedo  Calderón  y Jhon Fredy Manrique Pinzón,  a  quienes  legalmente venía representando desde los inicios del  proceso,  por  lo  que  se  declarará  desierto  el  recurso  respecto de dicha  acusada, en los términos del artículo 183 de la Ley 906 de 2004.   

    

1. Sobre la demanda de casación     

2.1.  Al  tenor  de  lo  dispuesto  en el  artículo  180  del  Estatuto  Adjetivo  actual,  el  recurso  extraordinario de  casación  tiene  como  finalidad «la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de la  jurisprudencia».   

Con tal propósito, el inciso 2º del canon  184   ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas  de  admisión de la correspondiente demanda, estableciendo que  no  se seleccionará aquella en la que i) el impugnante carezca de interés para  acceder  al  recurso,  ii) no se invoque la causal conforme a la cual se edifica  el   reproche   de   las   contempladas   en   el   precepto   181  ibidem,  iii)  se  omita desarrollar los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir los propósitos previstos en la aludida  disposición  180;  lo  anterior,  salvo  que  el cumplimiento de alguno de esos  fines  permita  superar los defectos técnicos que exhiba el libelo y decidir de  fondo.   

También tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  en  su  desarrollo  y eficaz en la pretensión, de tal suerte que se  debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario, en  especial,    los    de   claridad,   fundamentación   debida,   prioridad,   no  contradicción,  corrección material, crítica vinculante y autonomía, sin que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de  instancia.  La  proposición  de  los  cargos exige escoger adecuadamente la causal y el sentido  de  la  violación  y  concretar  el  disenso  en  términos  de  trascendencia.   

2.2.  El libelo que nos ocupa, no satisface  los  requisitos  mínimos  que  exige  el  canon 184 para su admisión y, por lo  tanto, no puede ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.2.1. Cuando se intenta la postulación de  la  censura  por  la  ruta  de  la  violación  directa de la ley sustancial, el  recurrente  debe  hacer  completa abstracción de lo fáctico y lo probatorio y,  en  ese  sentido,  admitir  los  hechos  y  la  apreciación  de  los  medios de  convicción  fijados  por  el  sentenciador,  de  manera  tal que le corresponde  desarrollar  el reproche a partir de un ejercicio estrictamente jurídico, en el  que  establezca  la vulneración del precepto normativo en el caso concreto, por  medio  de  cualquiera de sus tres modalidades: falta de aplicación, aplicación  indebida  o interpretación errónea y, seguidamente, demuestre la trascendencia  del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

Mientras  que la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida, deviene de la equivocada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte  de  la  acertada  selección  de  la disposición  aplicable  al  asunto  debatido, pero conlleva un entendimiento equivocado de la  misma,   que   le   hace  producir  efectos  jurídicos  que  no  emanan  de  su  contenido.   

2.2.2. En el asunto de la especie, el censor  apoyó  su reproche en la causal primera que regula la infracción directa de la  ley  sustancial,  pero  omitió  identificar la modalidad específica de ataque,  esto  es, si se trata de la aplicación indebida de una norma llamada a regir el  caso  o  de la exclusión de la misma o quizás, de la interpretación equívoca  del  precepto,  lo  cual,  de entrada, impide a la Sala abordar adecuadamente el  examen del reproche.   

Ahora,  pareciera  que la inconformidad del  demandante,  se  debate  alrededor  de  la  cantidad  de  pena  impuesta por los  juzgadores  a  sus representados, por razón del concurso de conductas punibles,  cuestión  que  sugeriría  que  lo  alegado,  en  últimas, se orienta hacia un  problema  hermenéutico,  en  punto de las reglas consagradas en el artículo 31  del Código Penal.   

Sin embargo, la justificación ofrecida por  el  censor  es  errática  porque  no  permite  establecer cuál es el verdadero  motivo  de  disenso,  pues  a  la  par que indica que la pena correspondiente al  concurso  de  delitos no podía acrecentarse dos veces, sino hasta en otro tanto  pero  en  una  sola  ocasión,  se  queja de no haber atendido los principios de  razonabilidad,  proporcionalidad  y  necesidad  y «la  verdadera     naturaleza     jurídica»36   de   los  punibles  concursantes  en  el  ejercicio  de  dosificación punitiva, así como  reprueba  la  falta de motivación cuantitativa y cualitativa de tal incremento,  reparo  este  que,  de  hecho,  debía  postularse  por la senda de la nulidad y  demostrarse    por    la    de    la    infracción    inmediata   de   la   ley  sustancial.   

En  todo  caso,  está  bien  resaltar  que  cualquiera  fuera  el  sentido de la crítica elevada por el letrado, no solo no  atiende  el principio de corrección material porque, por lo menos en parte, los  fallos  exhiben  una  realidad  distinta a la planteada sino que, finalmente, no  enfrenta las estimaciones de los jueces cognoscentes.   

En realidad, por una parte, es palmario que,  aunque,  como  bien  lo  advirtió el Tribunal, el método dosimétrico empleado  por  su  inferior  aparenta  representar  un  doble  incremento  punitivo  en la  tasación  del  concurso  de  conductas punibles, uno por el delito de concierto  para  delinquir  (24  meses) y otro por el de los hurtos calificados (48 meses),  lo  cierto es que, su suma (72 meses) no excede el otro tanto de la sanción por  el  delito  base  (100  meses)  y,  de  cualquier  manera,  como el a  quo  no dosificó individualmente cada  una  de  las  conductas  sometidas  al concurso, sirve como referente de las que  tendrían  que  haber  sido las cantidades resultantes de esa tarea –esto,  sin  perjuicio de otros errores  en  la  tasación  punitiva,  no  advertidos  por  el  demandante, de los que se  ocupará  la  Corte  en  la  casación  de oficio que habrá de proferir una vez  surtido el trámite de insistencia-.   

Así mismo, no es verdad que los falladores  hayan  dejado  de  ponderar los motivos que los llevaron a determinar los montos  de  pena  a  imponer,  pues al efecto aludieron, entre otras razones37,   a   la  gravedad  y modalidad de las conductas endilgadas (alta insensibilidad social en  la  ejecución  de  las infracciones y empleo de armas de fuego para intimidar a  las  víctimas), a los principios de razonabilidad, proporcionalidad y necesidad  de  la pena, a la intensidad del dolo y al daño real creado (por la pérdida de  los automotores hurtados).   

Igualmente,  el jurista afirma que no tiene  reparo  frente  al  monto  de  rebaja  de  pena concedido por el juez de primera  instancia,   con   ocasión   de   la  reparación  realizada  por  Jorge  Alberto  Caicedo Calderón, pero, en  todo   caso,   le   reprocha   al   Tribunal  haber  censurado  al  a  quo  por  concederla  en  cuantía del  cincuenta  por  ciento (50%) respecto de todos los delitos de hurto, cuando solo  había  indemnizado  en  un  solo  caso,  porque, según lo afirma, contrario al  parecer  del  ad  quem,  su  cliente sí habría conciliado con todas las víctimas.   

Al  respecto,  es oportuno indicar que, una  vez  más,  el  demandante falta al postulado de corrección material, ya que la  verificación  preliminar  del  expediente permite afirmar que su asistido sólo  reparó  a  los  perjudicados  en  dos ocasiones, luego, la recriminación de la  colegiatura  hacia  el  juez  de  primer nivel resultaba más que válida, pues,  favoreció  indebidamente al procesado con un descuento punitivo sustancialmente  alto,  lesivo  del  principio  de  legalidad,  que  no  pudo  ser  corregido, en  salvaguarda   del   principio  de  no  reformatio  in  pejus.   

Finalmente, aunque el defensor dice procurar  la  unificación  de  la  jurisprudencia  en  punto  del  incremento  legalmente  autorizado  cuando  del concurso de conductas punibles se trata, no acredita que  la  Corte  tenga posiciones divergentes al respecto que deban ser homogeneizadas  y  por  el  contrario,  cita providencias de esta Corporación que discurren con  claridad sobre el particular.   

En  ese orden de ideas, la demanda debe ser  inadmitida.   

3.  Es indispensable recordar que al amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso  a  una  demanda  de  casación,  es  procedente la insistencia, cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto del  12  de  diciembre de 2005, radicación 24.322 y precisadas recientemente en auto  CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

4. Por último, si  bien  el  recurso extraordinario de casación no constituye una oportunidad para  rebatir  el criterio del juzgador como si se tratara de una instancia adicional,  sí  comporta  un  control  de legalidad y constitucionalidad concreto frente al  fallo  recurrido,  que  propende  por  la  eficacia de los fines previstos en el  artículo  180  del ordenamiento procesal penal vigente, estos son, la guarda de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios, la  unificación    de   la   jurisprudencia   y   la   realización   del   derecho  material.   

En  ese orden, el artículo 184, inciso 3º  de  la  Ley  906  de 2004, faculta a la Corte a actuar oficiosamente, cuando aun  inadmitiendo  la demanda de casación advierta la necesidad de hacer efectivo el  derecho  material,  preservar  o restaurar las garantías de los intervinientes,  reparar  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  unificar  la jurisprudencia por  razones distintas a las planteadas en el libelo.   

Esta  es la ocasión, pues la Sala advierte  que,  al  parecer,  los  juzgadores  incurrieron  en  varios yerros de carácter  sustancial  lesivos  del  principio  de  legalidad  de  la  pena,  tales como i)  considerar  los antecedentes penales que reportan algunos de los procesados como  factor  de graduación de las penas, ii) imponer la misma cantidad de pena a los  diferentes  grupos  de sentenciados sin atender que no todos participaron en los  mismos  delitos,  iii)  dejar  de  hacer extensivos los efectos de la rebaja por  reparación  integral  a  todos los involucrados en la comisión de los injustos  por  el  que  uno  de  ellos  indemnizó y iv) vulnerar el sistema de cuartos al  dosificar  la pena de prohibición del derecho a la tenencia o porte de arma, lo  que  de  manera  eventual ameritaría un pronunciamiento oficioso de la Corte, a  fin  de  restablecer las garantías probablemente trasgredidas al enjuiciado, de  cara a los fallos absolutorios con los que fue favorecido.   

Así  las  cosas,  una  vez  emitida  esta  decisión  y cumplido con el rito de la insistencia, el expediente regresará al  despacho  del  Magistrado  Ponente con el propósito de  que  la  Sala  se  pronuncie  oficiosamente acerca de la posible vulneración de  derechos fundamentales, conforme se ha indicado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Jorge          Alberto         Caicedo         Calderón, Jhon Fredy Manrique Pinzón contra  la  sentencia  dictada  el  19  de abril de 2016 por la Sala  Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

Segundo.  Declarar desierto el recurso  extraordinario  de  casación  en  relación con Nataly  Cristancho  Garzón, en los términos del artículo 183  de  la  Ley 906 de 2004, conforme a las razones expresadas en la parte motiva de  esta providencia.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Tercero. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Cuarto. En firme la  anterior  decisión  y cumplido con el referido trámite, regresar la actuación  al  despacho  del Magistrado Ponente para que la Sala se pronuncie oficiosamente  acerca de la posible vulneración de garantías fundamentales.   

Notifíquese y cúmplase.  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  torno  al  monto  del  descuento  de  pena,  con  ocasión  del  allanamiento  a  cargos.   

2  Cfr.  folios 186-187 de la  carpeta 2.   

3  Se  precisa  que,  por  acuerdo  entre  las partes, a efecto de darle celeridad a la  audiencia,   el   fiscal   aludió   en   términos  generales  al  modus  operandi de la banda delincuencial  y  describió  algunas  concretas  conductas,  destacando  que el resto de ellas  tenían semejante forma de ejecución.   

4  Cfr.  folios 216-225 de la  carpeta 18.   

5  Cfr.   folios   278-294  ibidem.   

6  Se  precisa  que,  aunque  el  escrito  de  acusación  menciona  19  conductas,  al  especificar  las  placas  de  los  vehículos sobre las que recayeron los hurtos  solo  se  relacionan  18,  mismo  número  que  se reitera en la formulación de  acusación oral.   

7  Cfr.  folios  25-26  de la  carpeta 2.   

8  Cfr.   folios   130-131  ibidem.   

9  A  todos  les reconoció un descuento punitivo del 45%, por razón del allanamiento  a cargos.   

10  Cfr.  folios 157-287 de la  carpeta 2.   

11  Cfr.   folios   190-194,  195-196,   197-21   y   213-218   ibidem.   

12 La  audiencia  de  lectura  de  fallo  se  llevó  a  cabo  el  26 de abril de 2016.  Cfr.  folios  56-57  del  cuaderno del Tribunal.   

13  Cfr.    folios   22-55  ibidem.   

14  Cfr.  folios  58,  63 y 64  ibidem.   

15  Cfr.   folios   91-101  ibidem.   

16  Cfr. folio 94 ibidem.   

17  Ibidem.   

18  Ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Cfr. folio 95 ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Cfr. folio 96 ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Cfr. folio 97 ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Ibidem.   

33  Cfr. folio 98 ibidem.   

34  Cfr. folio 100 ibidem.   

35  Cfr. folio 99 ibidem.   

36  Cfr. folio 94 ibidem.   

37 Se  destaca  que,  en el proceso de dosificación punitiva los juzgadores, de manera  desacertada,  tuvieron  en  cuenta  los antecedentes penales para incrementar el  monto  de  pena  a  imponer,  lo cual habrá de ser corregido cuando la Corte se  pronuncie    oficiosamente,    tras    el    agotamiento    del    trámite   de  insistencia.     

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