AP1061-2017(49408)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP1061-2017  

Radicación N° 49408.  

Aprobado acta No. 50.  

Bogotá,  D.C., veintidós (22) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

V I S T O S  

Se   decide  sobre  la  admisión   de   la   demanda   de  casación  presentada por la  delegada  de  la Fiscalía  General   de   la   Nación  y  el  apoderado  de  la  víctima,  en contra de la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de  Viterbo el  14   de   septiembre     de    2016     que,  luego de revocar   la   de   primera,   absolvió   a  los   señores   DORA   ALICIA   BAYONA  MERCHÁN  y  HERNANDO CORREA TORRES, por el delito de perturbación     de    la    posesión    sobre   inmueble.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En la sentencia de  segunda   instancia,  se  declararon      como      hechos     jurídicamente     relevantes     los  siguientes:   

La  señora  María  Ana  Merchán Camargo,  presentó  querella  escrita  ante  la  Fiscalía General de la Nación el 08 de  junio  de 2012 manifestando que celebró un contrato de arrendamiento verbal con  los  señores  Hernando  Correa  Torres y Dora Alicia Bayona Merchán, sobre dos  habitaciones  que  hacen  parte integral de una casa de habitación –inmueble- de su propiedad, ubicada en  la  calle 22 No 37-88 barrio Camilo Torres de Duitama, aclarando que ella reside  en  el  mismo,  y  que  la  arrendataria  era  su sobrina; que el inmueble está  inscrito  en  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos  a  folio  de  matrícula  inmobiliaria  No 074-0091978; que los arrendatarios dejaron de pagar el canon de  arrendamiento  y  los servicios públicos, motivo por el cual, los convocó  a  una  audiencia de conciliación en la Cámara de Comercio de la misma ciudad,  a  fin  de  conciliar  lo  debido  por  arrendamiento,  servicios y reconocer la  existencia   del   contrato   de  arrendamiento,  diligencia  en  la  que  ellos  manifestaron  que  se  irían  del  inmueble  si  ella les pagaba cincuenta (50)  millones     de     pesos,     además     se     negaron     a    pagar   el   arriendo,   los  servicios  y  a entregar el inmueble, por lo que la diligencia se  declaró  fracasada;  la denunciante puso en conocimiento de la Fiscalía que su  sobrina  y  el esposo se han dedicado a ejercer violencia psicológica y a hacer  mejoras  sobre  el  inmueble  sin  autorización,  cambiando la destinación del  mismo,   abrieron  un  almacén  de  transformadores,  demolieron  el  lavadero,  cubrieron  el  patio de la  entrada  con  tejas  y lo tienen como chatarrería, tomaron posesión arbitraria  de  otra  habitación  y  el único baño que hay lo dejaron sin cisterna; actos  estos  que  han  perturbado  la  pacífica  posesión, además la han obligado a  vivir  en  una  habitación  en  donde el espacio para preparar los alimentos es  reducido.   

    

1. Procesales     

El  6  de  agosto de  2013,   en   audiencia  preliminar   celebrada   ante   el   Juzgado  Tercero  Penal    Municipal   de  Duitama     (Boyacá)  con  función de control de  garantías,       la      Fiscalía      formuló  imputación   a  los  señores  DORA  ALICIA  BAYONA  MERCHÁN  y  HERNANDO  CORREA  TORRES por el     delito     de     usurpación  de  inmuebles  (art.  261    C.P).   

El  31  de  octubre  de 2013, la Fiscalía  presentó   escrito   de   acusación   por   el   mismo   delito   objeto     de     imputación; sin embargo, en la audiencia  de formulación oral realizada el 24 de febrero de 2014  por  el  Juzgado  Primero Penal Municipal de Duitama  (Boyacá),   varió   el  cargo  al  de   perturbación   de   la  posesión  sobre  inmueble   (art.   264   C.P.).  En  esa  misma oportunidad, el juzgado decretó la «ruptura de la  unidad   procesal»   para   que   se   investigara   a   DORA   ALICIA   BAYONA  MERCHÁN,  por el delito  de violencia intrafamiliar.   

La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el  3  de  septiembre de 2014 y la de juicio oral en sesiones del 4 de junio, 24  de agosto y 19 de octubre de 2015.   

En          la      última      sesión,    el    juzgado    anunció  que    el    sentido  del       fallo       sería       condenatorio,  del  cual  se hizo lectura integral en audiencia  del  6  de noviembre de 2015. Las penas impuestas a los  acusados  fueron:  las  principales de Prisión   por   un   término  de  21  meses  más  1  día  y  Multa  por  valor equivalente a 12,495 s.m.l.m.v., y  la       accesoria       de       Inhabilitación  de derechos y funciones públicas por el tiempo de  privación    de   la   libertad.      

El  14  de  septiembre  de  2016,  el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial  de  Santa  Rosa  de  Viterbo,  al  desatar el recurso de  apelación  interpuesto por el defensor, revocó la sentencia condenatoria y, en  su lugar, absolvió a los acusados.   

Contra   la  sentencia   de   segunda  instancia,  la           delegada  de  la  Fiscalía y el apoderado de  la  víctima promovieron  el  recurso  extraordinario      de     casación     y     presentaron           las        respectivas          demandas.    

L  A  S    D  E  M  A  N  D  A  S   

1. Demanda presentada por la delegada de la  Fiscalía   

En  primer  lugar,  identifica  los  sujetos  procesales,  los hechos juzgados y la actuación procesal, incluida la sentencia  impugnada.  Enseguida, trascribe el contenido del artículo 181 del C.P.P./2004,  numerales  1  y  3,  para afirmar que, en segunda instancia, el Tribunal adoptó  «una  decisión  que  no  comparte  esta  delegada,  compartiendo  en  su totalidad el salvamento de voto dado por el Dr. Magistrados  (sic)   Eurípides   Montoya   Sepúlveda».  Procede,  entonces, a suministrar las razones de esa afirmación, así:   

«1.- Falta de aplicación, interpretación  errónea  o  aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional o legal llamada a regular el caso»   

Difiere de la conclusión del Tribunal según  la   cual  el  delito  de  perturbación   de   la  posesión          sobre         inmueble          solo  se  puede  configurar  frente  al  poseedor  y  no frente al  propietario,  olvidando  que,  en  el caso examinado, en la víctima se reunían  las      dos      condiciones.      Igualmente,  discrepa  de  aquél  cuando aseguró que la conducta  que  se  tipificaba  era  la descrita en el artículo 261 del C.P. (usurpación  de  inmuebles),  pues,  asegura,  por esa vía desconoció el delito por el cual  se   formuló  la  acusación  e  incurrió  en  una  interpretación  errónea  del artículo 264 ibídem,  que es la norma que estima aplicable.   

«3.- El manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción de y (sic) apreciación de la prueba sobre la cual se ha  fundado la sentencia»    

Aduce  que  se  equivocó el Tribunal cuando  concluye  que  los testimonios de Luz Esperanza Rincón, María Alicia González  y  Ana  Isabel  Merchán, en cuanto a los actos de violencia ejercidos contra la  víctima,  son  de  referencia;  pues,  dichas  mujeres  declararon sobre lo que  percibieron   de   manera  directa.  Además,  cuestiona  que  la  sentencia  se  pronunció  sobre  hechos  que  no  fueron  debatidos  ni probados como son unas  «mejoras  sobre el inmueble sin autorización,- del  cambio  de  destinación del mismo,…». Por esa vía,  asegura,  se  vulneró  el  debido  proceso y otros derechos fundamentales de la  víctima,  «como  son  su Dignidad, salud física y  mental  el  derecho  a los servicios públicos, a la justicia. Desconociendo las  reglas  de  apreciación  de  la  prueba  ya  que  a se distorsionó el elemento  fáctico  probatorio  por falso juicio de existencia al omitir pautas de la sana  crítica».    

2.  Demanda presentada por el apoderado de  la víctima   

Luego de señalar la identidad de las partes,  la  decisión  impugnada,  los  hechos  materia  de  juzgamiento y la actuación  procesal,  afirma  que  la  demanda  es  presentada  por  la  víctima, quien se  encuentra  legitimada  debido  al  contenido  absolutorio  de  la  sentencia.  A  continuación formula los siguientes cargos:   

1. Violación directa de la ley sustancial  por interpretación errónea   

Según el recurrente, la interpretación que  del  artículo 264 de la Ley 599/2000 hizo la sentencia de segunda instancia fue  errónea,   «concretamente  en  el  alcance  de  la  posesión  sobre  inmueble».  Al  efecto, trascribió  parte  de  la  «sentencia»  39584  del  1  de  octubre  de  2012 «respecto de la  errada  definición  que mantiene el Tribunal relativo a la posesión y tenencia  de  bienes»,  advirtiendo  que  ésta  es posterior a  aquélla  que  utilizó  el  fallo  de segunda instancia para revocar la condena  inicial.  Con  base  en  dicho  pronunciamiento,  asevera  que  la condición de  propietaria  de María Ana Merchán Camargo sobre el inmueble, no es óbice para  que,  al  tiempo,  sea  poseedora  del  mismo  y que, por ende, vea vulnerada su  pacífica tenencia.   

2.   Violación   indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho (falso juicio de existencia)   

Indica el demandante que el Tribunal omitió  tener  en  cuenta  las  partes del testimonio de María Ana Merchán Camargo, en  las  que  relató las acciones constitutivas de violencia psicológica ejercidas  por  los  acusados  no  solo  sobre  ella,  que  es  la propietaria, poseedora y  tenedora   del  inmueble,  sino  también  sobre  las  cosas  que  en  éste  se  encontraban.  En  tal sentido, cuestiona que se hayan catalogado los testigos de  cargo  como  de  referencia, sin haberlos analizado en conjunto y sin reparar en  que       eran      «contundentes,      claros,  desprevenidos»  en  punto  a  la  referida  violencia  psicológica.   Para   demostrar   esa   aserción   procede   a   resumir   las  manifestaciones   de  los  declarantes  Luz  Esperanza  Rincón,  María  Alicia  González  Fonseca,  Ana  Isabel  Merchán  Gutiérrez  y  Pedro  Julio Merchán  Gutiérrez,  referidas al maltrato a que era sometida la dueña del inmueble por  los acusados.   

Reprocha   también  que  el  Tribunal  se  pronunciara  sobre  hechos  que no fueron debatidos ni probados, como fueron las  mejoras  no  autorizadas  y  el cambio de destinación del inmueble, los que, en  consecuencia,  no  podían  constituir  fundamentos de la decisión. Vuelve a la  censura  de  los  testimonios  omitidos  para  relievar  que,  por esa falta, se  violaron     los     derechos    de    la    víctima    a    la    «Dignidad,  Salud  Física  y  Mental,  Servicios Públicos, así  como   el  Derecho  a  la  justicia»,  agregando  que  «se   distorsiono   (sic)   el  elemento  fáctico  probatorio  por  falso  juicio  de  existencia  al  omitir  pautas  de  la  sana  crítica»,   en   apoyo  de  lo  cual  trascribe  la  valoración  probatoria  contenida  en  la  sentencia  de primera instancia, que  estima es la correcta, y el salvamento de voto a la de segunda.   

Finalmente,  afirma  que  es  necesario  un  «fallo  de  anulación»  para  hacer  efectivas  las  garantías  procesales  de  la  víctima María Ana  Merchán  Camargo, de quien resalta, de una parte, que es propietaria, poseedora  y  tenedora  del  inmueble  y, de la otra, que es una persona de la tercera edad  maltratada  «que  se encuentra sola y no posee otro  recurso  para  su  sustento»,  en  razón  de lo cual  depreca  una  protección especial. En consecuencia, solicita casar la sentencia  absolutoria y, en su lugar, dictar una sustitutiva de condena.   

CONSIDERACIONES  

I.    De  conformidad     con     lo     previsto    en    el    artículo    184 del Código de Procedimiento Penal  de   2004,   la  Corte  examina  las          demandas    de    casación    presentadas     por    la  delegada  de  la  Fiscalía  y  por  el  representante  de  la  víctima,  con el objeto  de   determinar  si  son  admisibles o no, lo cual  dependerá  del cumplimiento de los requisitos consagrados en el citado estatuto  para   ese   acto   procesal   que   se   refieren,  básicamente,  a  la  existencia  de  interés jurídico, al señalamiento de la  causal  de  casación,  al  desarrollo  de  los  cargos  de sustentación y a la  necesidad   del   fallo   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades  del  recurso.   

II.  Sea  lo  primero  advertir  que, conforme a lo establecido en  el  artículo  181  del  C.P.P./2004,  el recurso de  casación  interpuesto  es  procedente  por la única  razón   de  que  se  dirige  contra  una  sentencia  de      segunda  instancia,  como  fue  la  proferida el 14        de        septiembre  de  2016  por  el Tribunal  Superior   de   Santa  Rosa  de  Viterbo,  que  absolvió  a los señores DORA  ALICIA  BAYONA  MERCHÁN  y HERNANDO CORREA TORRES por el delito de perturbación    de    la    posesión   sobre   inmueble,    revocando    así    la  condenatoria    que  había    dictado    el    Juzgado    Primero      Penal     Municipal         de Duitama (Boyacá).   

III.  Además,  los  representantes  de la  Fiscalía  y  de la víctima se encuentran         legitimados para recurrir en casación conforme  lo   establece   el   artículo   182   del   C.P.P./2004,   y  la  sentencia  absolutoria  que  se impugna  produce  consecuencias  adversas  a  la  pretensión  punitiva  que  busca  satisfacer la agencia estatal encargada de la persecución  penal  y  a los intereses de quien funge como afectada con el delito.  Además, la decisión de absolución  se  adoptó  en  segunda  instancia, por lo que no hubo una oportunidad procesal  previa  en  la que se manifestaran reparos en contra de aquélla y así pudieran  los demandantes legitimarse desde antes.   

IV. En cuanto a  la  demostración  de  la necesidad de proferir una sentencia de casación en el  presente     asunto,     la    delegada    de    la    Fiscalía    omitió,   de   manera  absoluta,  la  exposición    de    argumentos    tendientes    a  justificar   la   intervención   del  tribunal  de  casación   a   partir   de  una  de  las  precisas  finalidades  previstas  en  el  artículo  180 de la Ley 906 de 2004. En efecto,  ninguna  razón  contiene  aquélla en orden a establecer que resulta imperativo  un  fallo  de  casación  para  lograr la efectividad del derecho material, o el  respeto  de  las  garantías de los intervinientes, o la reparación de agravios  inferidos, o la unificación de la jurisprudencia.   

Por   su   parte,  el  apoderado  de  la  víctima   pretendió  justificar  el  juicio  de  casación  en  lograr la  «efectividad  de  las  garantías  procesales de la  víctima» en su doble condición de propietaria del  bien  inmueble perturbado y de sujeto de protección constitucional especial por  ser  una  adulta  mayor  maltratada. Como se observa,  esa  justificación  teleológica es aparente porque  ni  siquiera  señala  cuál  fue  la  garantía  procesal  menoscabada  y  cuyo  restablecimiento   se   persigue,  mucho  menos  cómo  fue  que  se  violentó.  Además,     invoca  argumentos     cuya    pertinencia    con  la  necesidad de la sede procesal extraordinaria ni  es  clara  ni  la  explica,  como aquéllos que tienen que ver  con    sus    calidades    de    propietaria   del  inmueble  o de persona de  la      tercera     edad.     

V.          Dichas       falencias,          aunadas  a que en  ninguna  de  las demandas se cumplió con el deber de  sustentar  un  solo cargo atendible en la sede extraordinaria de casación, como  enseguida   se   pasa   a   explicar,  no  puede  generar  sino  la  inadmisión  de aquéllas.   A   continuación,   entonces,  se  examinarán  los  cargos  formulados  por  los  recurrentes,  lo  cual  se hará  conjuntamente  porque  se  fundan  en supuestos de hecho similares, sin que ello  obste  para  hacer las precisiones que requiera la particularidad de cada una de  ellas.   

Cargo No 1 común  

En  la primera censura, tanto la delegada de  la  Fiscalía  como  el  apoderado  de  la  víctima,  denuncian la sentencia de  segunda  instancia  por  violación  directa, en la modalidad de interpretación  errónea,  del  artículo  264 del Código Penal. Esa equivocación recaería en  el    alcance    que   el   Tribunal   asignó   al   delito   de   perturbación    de    la    posesión   sobre   inmueble,  cuando                  estableció  que  el sujeto pasivo es el poseedor del bien y no su  propietario.   

En  la  sustentación  de  ese  reparo, la  acusadora  se  limitó  a expresar que la titularidad  del  derecho  de  dominio  comprende la posesión.        Esa  premisa, si bien es cierta porque la  propiedad  «es el derecho real en una cosa corporal,  para  gozar  y  disponer  de  ella…» (art.   669   Código   Civil);   no  alcanza  a  configurar  un  argumento porque al mismo  faltaría  la  razón por  la  cual  el concepto     legal    del    dominio  puede   aplicarse   a   un   tipo   penal   que  se  refiere a la perturbación           de          la          posesión,      la      cual  consiste en la «tenencia de una cosa  determinada  con  ánimo  de  señor y dueño» (art.  762     ibídem),    precisamente,    sin    serlo    aún.   Así,   más  allá  de  aludir  a  la  relación      que,      efectivamente,      existe      entre      «dominio»        y        «posesión»,  nunca  justificó la Fiscalía la  razón  por  la  cual  un  tipo  penal  que emplea el término de posesión debe  extenderse al de propiedad.   

Por  su  parte,  el  representante  de  la  víctima  pretende  demostrar  el  error de la tesis  sostenida  por el Tribunal, esto es, que el  artículo 264 del Código Penal tipifica la perturbación a la  posesión   y  no  a  la  propiedad    sobre    un   inmueble;   a   partir   de  algunas  aseveraciones     realizadas    por  la    Corte   en   la  decisión  del    1    de   octubre   de   2012,  rad.  39584,  la  cual,  resaltó, es posterior a la del 21 de abril de 2010,  rad.     30028,     en    la    que    se    habría    fundado    la sentencia  impugnada.  Al  respecto,  le asiste razón al demandante cuando asegura que  uno  de  los  fundamentos  de  la absolución fue que  el  propietario  del  bien  inmueble no puede ser el  sujeto    pasivo    del    delito    en  cuestión,  por lo que declaró que  la  conducta  denunciada  por  la señora María Ana  Merchán   Camargo   es   atípica.   En   apoyo  de  esa  aserción,   ciertamente,  citó  el  referido  fallo  de  casación  de  2010,   del   cual   se   trascribió   la   siguiente  parte:    

[En  cuanto  al  comportamiento  delictivo  abstractamente  descrito en el artículo 264 del Código Penal,] el mismo apunta  a  la  protección  no del titular del derecho de dominio (o de propiedad) sobre  un  inmueble  (de  acuerdo  con  el cual se ejercen los atributos de uso, goce y  disposición),  sino  de  quien  ostenta  su  posesión, la cual consiste en una  relación  fáctica  de  tenencia  de  una  cosa (para este caso un bien raíz),  directamente  o  por  interpuesta  persona,  con  ánimo  de señor y dueño, de  suerte  tal  que  el  poseedor  se  reputa  propietario de aquella mientras otra  persona  no  justifique  serlo,  ficción  legal que otorga al poseedor derechos  reales  de  contenido  patrimonial  o  económico, como el uso y usufructo de la  cosa,  así  como la facultad de comercializar la posesión ejercida sobre ésta  y  la  posibilidad  de  adquirir  mediante ese modo la propiedad o dominio de la  cosa  ocupada.1         

También   es   cierto   que   el   1   de  octubre  de  2012,  en  providencia   que,  vale  advertir,     no  es  una sentencia como lo  afirmó  el  recurrente  sino  un  auto inadmisorio  de   una   demanda   de   casación,   la    Sala   hizo   las   siguientes  afirmaciones:           

Al  respecto  vale aclarar que el Tribunal  apoyado  en  una  decisión de la Corte, advirtió que el concepto de posesión,  en  su  alcance  penal,  es  aquel  mismo  que  se predica en cuanto al interés  económico  específicamente  tutelado  en  el  delito  de  hurto,  esto  es, la  facultad  de  custodia y disposición de hecho sobre los frutos del inmueble. No  se  trata,  por  tanto,  de esa posesión del bien con ánimo de señor y dueño  como  lo  regula  el  artículo  372  del  Código  Civil,  sino que el término  tenencia también va incluido en él.   

La   mencionada   conducta  punible  que  contempla  el  artículo 264 de la Ley 599 de 2000, fue reproducida textualmente  de  la que consagraba el artículo 368 del Decreto Ley 100 de 1980; es decir, de  manera  integral  se acogió el querer del legislador del Código Penal de 1980.  Precisamente,   como   lo   destaca   Luis  Carlos  Pérez,  en  “el  proyecto  de  1974  se  incluyó  la  tenencia,  además de la  posesión,  pero después quedó suprimida la primera, pues queda comprendida en  la  segunda  forma de propiedad acogida en la ley punitiva. Se quiso así evitar  problemas  de interpretación….”. (Derecho Penal,  Parte   General   y   Especial   Tomo   V,   página   538,   Editorial   Temis,  1986)   

En consecuencia, en principio, la  perturbación  de  la posesión puede consistir en  desposeer a quien estaba en tenencia  pacífica  del  inmueble, sea o no legítimo poseedor  o  también mero tenedor.  Pero  para predicar su existencia no es necesario llegar a ese extremo, en tanto  basta  con  poner trabas, crear dificultades, limitar, estorbar hacer difícil o  peligroso   o  molesto  su  ejercicio,  pues  perturbar  quiera  decir  inmutar,  trastornar   el   orden   y   concierto   de   las   cosas   o   su   quietud  y  sosiego.   

Dejando de lado que ningún esfuerzo realizó  el  apoderado  de  la  víctima por justificar la fuerza vinculante que pretende  deducir  de las manifestaciones de la Corte en un auto interlocutorio, lo cierto  es  que con suma facilidad puede observarse que la tesis allí sostenida fue que  el  delito  previsto  en  el  artículo  264  sustantivo puede cometerse no solo  contra  el  poseedor  sino  también contra el simple tenedor del bien inmueble;  así,  nunca se extendió tal interpretación al titular del derecho de dominio,  que  es  la  situación  analizada  por el Tribunal en segunda instancia. De esa  forma,  el parámetro que utiliza el demandante en el propósito de demostrar la  incorrección  del  ejercicio interpretativo que este último realizó, no tiene  la  eficacia  para  cumplirlo,  sencillamente,  porque  se refiere a un supuesto  fáctico  distinto  al analizado en el presente evento, como se evidencia en los  apartes resaltados.   

Es  más,  la  violación  directa de la ley  sustancial  que  pregona  el  recurrente  omite  un dato relevante de la premisa  fáctica  de  la  sentencia,  lo  cual  es inadmisible en la sustentación de un  vicio  de  puro  derecho  como  es  la  interpretación  errónea. En efecto, no  refirió  que  los acusados DORA ALICIA BAYONA MERCHÁN y HERNANDO CORREA TORRES  habitaban  la casa de propiedad de María Ana Merchán Camargo, en la condición  de  arrendatarios.  Este  dato fáctico fue también decisivo para el Tribunal a  efectos   de   establecer   la   inaplicabilidad   del  delito  de  perturbación    de    la    posesión   sobre   inmueble, como puede verificarse en el  siguiente párrafo:   

…   está  probado  que  los  acusados  celebraron  un  contrato  de  arrendamiento sobre el inmueble; circunstancia que  genera  serias  dudas sobre la perturbación a la posesión de la víctima, pues  esa  clase  de  contratos permiten a los arrendatarios la posibilidad de usar un  inmueble,    con    lo    cual    la    perturbación    a   la   posesión   se  desvanece,…2    

Siendo  así, como el demandante, más allá  de  argumentos  jurídicos impertinentes y fácticos incompletos, no suministró  razones  para  demostrar  que es erróneo el sentido y alcance que a la conducta  típica     de     perturbación     de    la    posesión   sobre        inmueble  dio  la  sentencia  de  segunda  instancia;  el cargo carece de la  debida sustentación.    

Cargo No 2 común  

Ambos  demandantes  acuden  a  la causal de  casación  consistente  en  la  violación  indirecta de la ley sustancial en la  modalidad  de  falso juicio de existencia. En tal sentido, alegan la omisión de  los  testimonios  que  darían  cuenta  de  la  violencia  psicológica  que los  acusados  ejercieron en contra de la víctima María Ana Merchán Camargo, entre  los  cuales  destaca  la delegada de la Fiscalía los rendidos por Luz Esperanza  Rincón,  María Alicia González y Ana Isabel Merchán Gutiérrez, a los cuales  adiciona  el  apoderado  de  víctima  el  de  la  afectada  y el de Pedro Julio  Merchán  Gutiérrez.  Al  tiempo, cuestionan que se hayan tenido aquéllos como  testigos     de     referencia     cuando     eran     directos,    «contundentes,  claros, desprevenidos»,  que  no  fueron  analizados en conjunto. Por último, denuncian que la sentencia  se pronunció sobre unos hechos que no fueron debatidos.   

En    la   misma   sustentación,   los  representantes  de la Fiscalía y de la víctima desvirtúan la ocurrencia de un  falso  juicio  de  existencia  por  preterición.  Recuérdese  que  este  vicio  consiste,  básicamente,  en  la  omisión absoluta de apreciación de medios de  prueba  practicados  o  incorporados  debidamente,  es  decir,  se  desconoce la  existencia  integral  de los mismos. A pesar de ello, son los mismos demandantes  quienes,  luego  de  formular  un  cargo  de  esa  naturaleza,  afirman  que los  testimonios  denunciados como pretermitidos, fueron tenidos por el Tribunal como  pruebas  de  referencia,  conclusión  de  la  cual  disienten  argumentando  su  naturaleza directa.   

Además, la alegación de un falso juicio de  existencia  desatiende  el  principio  de  corrección material porque basta una  mirada  superficial  a  la  sentencia  de  segunda  instancia para comprobar, de  bulto,  que contiene una valoración de los testimonios que informaron de hechos  constitutivos  de  violencia  psicológica contra la señora María Ana Merchán  Camargo.   Obsérvense   los   siguientes   fragmentos   de   la  decisión  del  Tribunal:   

El  acervo  probatorio  aportado  por  la  Fiscalía  al  juicio,  se  contrae a los testimonios de Luz Esperanza Rincón y  María  Alicia  González,  quienes  en el juicio oral señalaron que la señora  María  Ana  Merchán  Camargo  de ochenta y tres años de edad, hace diecinueve  años  (1971), es la propietaria del inmueble ubicado en la calle 22 No 37-88 en  el  barrio  Camilo Torres de la ciudad de Duitama, permitiendo vivir en el lugar  a  su  sobrina  Dora  Alicia Bayona Merchán y al señor Hernando Correa Torres,  quien  es el compañero sentimental de esta última, (…), celebrando, para tal  efecto,  un  contrato  de  arrendamiento en forma verbal, el cual fue incumplido  por  los  procesados,  quienes desde junio de 2012 ejercieron actos de violencia  psicológica   contra   la   víctima,   sometiéndola   a  tratos  degradantes,  refiriéndose a ella con palabras soeces, (…).   

Las  afirmaciones  de  las  mencionadas  testigos,  fueron  reiteradas  en  la  declaración  de  la  señora  Ana Isabel  Merchán   Alvarado   quien  sostuvo  que,  (…).3   

Luego concluyó que:  

Adicionalmente,  la Fiscalía como era su  carga,  no desvirtuó de manera clara la presunción de inocencia que favorece a  los  procesados,  frente  al  uso  de  violencia sobre las personas o las cosas,  (…);  de  los  testimonios de Luz Esperanza Rincón, María Alicia González y  Ana  Isabel  Merchán Alvarado, no se puede concluir que hubo violencia sobre la  persona  de  la  víctima  o  sobre  las  cosas,  por  cuanto, sin (sic) bien se  refieren  a  actos  de  violencia,  dicta  situación  no  les  consta de manera  directa,  sino  por el dicho de la víctima, tornándose dichas declaraciones en  prueba    de    referencia   inadmisible   (…).4   

Ahora  bien, la sola afirmación de que las  pruebas  testimoniales  que  demostrarían  la  violencia de los acusados contra  María  Ana  Merchán Camargo, siendo directas, fueron apreciadas como si fuesen  de  referencia; constituye un mero desacuerdo con el escaso valor probatorio que  les  fue  asignado  por  el  Tribunal,  y  ello  es claro cuando los demandantes  aseguran  que  se  omitió  una valoración conjunta y que esos testimonios eran  «contundentes,  claros, desprevenidos».  El  debate, entonces, se plantea en sede de suficiencia o mérito  de  la  prueba  sin  que  contra  ésta  se  oponga,  por  ejemplo, un vicio por  tergiversación  o  supresión parcial de su contenido, lo cual configuraría un  falso  juicio de identidad, o una desatención de las reglas de la sana crítica  en  el proceso valorativo, como lo denuncia la delegada de la Fiscalía pero sin  cumplir con la más mínima sustentación de un falso raciocinio.   

En  últimas, los recurrentes cuestionan la  poca  credibilidad  que  se  asignó a los referidos testigos sin identificar un  solo  error  revisable  en  sede  de  casación; de igual manera proceden cuando  aducen  que  la  sentencia  se  pronunció  sobre hechos que no fueron debatidos  (mejoras  y  el  cambio  de  destinación efectuados al inmueble arrendado), sin  indicar  tampoco  qué  vicio  comporta esa situación y mucho menos su eficacia  para  variar  la  decisión.  Además, en todo caso, este segundo cargo común a  las  demandas  es absolutamente intrascendente porque aun cuando se admitiera su  estudio  de  fondo,  jamás  tendría  la  potencialidad  de  variar  el sentido  absolutorio  de  la  sentencia impugnada porque ésta se fundó, principalmente,  en  otras  razones  de  atipicidad  de  la  conducta  objeto  de  acusación: la  condición  de  propietaria  del  inmueble  de  la  señora  María Ana Merchán  Camargo  y  la  de  arrendatarios  de  los  acusados,  en  los  términos  antes  expuestos.      

VI.  En  conclusión, se inadmitirán las  demandas  de  casación  presentadas  por  la  delegada de la Fiscalía y por el  apoderado  de  quien  funge como víctima, dado que no sustentaron un solo error  de  juicio  o  de  procedimiento  susceptible  de  estudio en sede de casación.  Además,  ninguno  demostró,  ni  la  Corte observa de oficio, la necesidad del  examen  de  fondo  para  lograr una de las finalidades previstas en el artículo  180  del  C.P.P./2004.  Siendo  esa  la decisión a adoptar, se advertirá a los  recurrentes  que contra la misma procede la insistencia, tal y como lo prevé el  artículo 184, segundo inciso, ibídem.   

VII.   Una  vez  adquiera  ejecutoria  la  decisión  de  inadmitir  las demandas de casación antes analizadas, el proceso  deberá  volver  al  despacho con el objeto de examinar, de oficio, la legalidad  de  la  sentencia  de segunda instancia, específicamente se determinará si fue  proferida  cuando  ya  había  acaecido  la  prescripción  de la acción penal.   

En mérito de  lo  expuesto,  la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

Primero:  Inadmitir  las  demandas  de casación presentadas por  la   delegada  de  la  Fiscalía  y  el  apoderado de la víctima.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Segundo:  Disponer   que,   una  vez  adquiera  ejecutoria  la  decisión  inadmisoria,  el proceso vuelva al despacho  para   determinar   la   procedencia   de   una   casación   oficiosa   de   la  sentencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

    

1 Esa  trascripción   aparece   en   los   folios   30   y   31   de  la  Carpeta  del  Tribunal.   

2  Folio 32 ibídem   

3  Folios 31 y 32 ibídem   

4  Folio 34 ibídem     

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