AP1002-2016(47264)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1002-2016  

Radicación N° 47264  

(Aprobado Acta Nº 46)  

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de febrero  de dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  la  demanda de casación presentada por el apoderado judicial de  la  víctima  contra  la sentencia proferida el 28 de agosto de 2015 por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Medellín,  que confirmó la dictada el 9 de  julio  anterior  por el Juzgado 23 Penal Municipal con funciones de conocimiento  de   esa  ciudad  y  absolvió  a  Gerardo  de  Jesús  y  a  Martha  Inés Ramírez  Aristizábal  del  delito  de  abuso de condiciones de  inferioridad.   

LOS HECHOS  

Fueron  así  consignados en el fallo que se  discute:   

Mediante  denuncia  interpuesta  el  23  de  febrero  de  2011,  la señora María Angélica Aristizábal García informa que  en  el  año  2009,  después  de que muriera una de sus hermanas con quien ella  residía  en  la  vivienda  de su propiedad ubicada en la calle 47 nro. 34-25 de  esta  ciudad  [Medellín],  sus  sobrinos  Gerardo  de Jesús y Martha Inés Ramírez Aristizábal acudieron  hasta  allí  para  decirle  que  se  ocuparían  de sus cuidados, pero a cambio  debía  acompañarlos  a  la  notaría  para legalizar la situación, donde ella  procedió  a firmar unos documentos que no le permitieron leer. Tiempo después,  el  señor Gerardo de Jesús le pidió que desocupara la vivienda, motivo por el  cual  la  denunciante  buscó  la  asesoría de un abogado con quien se dirigió  hasta  la  oficina  de  instrumentos  públicos,  constatando  que  el 50% de la  vivienda estaba a nombre de sus dos sobrinos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar del 3 de abril de  2013,  realizada  en  el Juzgado 7° Penal Municipal con funciones de control de  garantías   de  la  capital  antioqueña,  se formuló imputación contra Gerardo de  Jesús   y   Martha  Inés  Ramírez  Aristizábal  por  el  injusto  de  abuso de  condiciones   de   inferioridad,  previsto  en  el  artículo  251  del  Código  Penal1.   

2.  El 24 de junio siguiente la Fiscalía 37  Local     radicó     escrito    de    acusación2  y la sustentación se surtió  el  27  de  mayo  de  2014  ante  el Juzgado 23 Penal Municipal con funciones de  conocimiento          de          Medellín3.   

3.  Las audiencias preparatoria y del juicio  oral   se   llevaron   a   cabo,   la  primera,  el  26  de  septiembre  de  ese  año4   y,   la  segunda,  el  26  de  marzo5,   11   de   mayo6, 37   y  25  de  junio8    y    1°    de   julio   de   20159,  última sesión en la que el  Juez anunció sentido absolutorio del fallo.   

4.  La  sentencia,  con esa orientación, se  dictó     el     9     de     julio    posterior10.   

5.  El  28  de  agosto  ulterior el Tribunal  Superior  de  Medellín,  al  resolver el recurso de apelación propuesto por el  apoderado   de  la  víctima  y  el  delegado  de  la  fiscalía,  confirmó  la  providencia      de      primera      instancia11.   

6.  La  determinación  fue  recurrida  en  casación  por  el  representante  judicial  de  la  víctima,  quien aportó la  demanda respectiva.   

LA DEMANDA  

El   letrado   identifica   los   sujetos  intervinientes,  relata  los  hechos  –que    dice    son    los   consignados   en   la   decisión   que  impugna-  y  la  actuación  procesal,  y  propone dos  cargos que sustenta así:   

Primero. Violación  directa  de  la ley sustancial por exclusión del artículo 22 del Código Penal  y  aplicación  indebida  del  251  ibidem12.   

Es  notorio  que  los  acusados actuaron con  dolo,   en   cuanto   gozan   de   cierto   grado   de  instrucción,  y  ello  les  permitió  estructurar el  punible   endilgado.  La  conclusión  del  fallador,  según  la  cual,  María  Angélica  Aristizabal  García  (víctima)  realizó  el  negocio  como acto de  agradecimiento  por  los  cuidados  brindados por los procesados, es subjetiva y  especulativa,  pues  no hay prueba que la soporte. A su representada nunca se le  permitió  examinar  el  contenido del documento respectivo, de haber sido así,  no lo habría firmado.   

Los  encartados obraron contrario a la buena  fe,  mientras  que su cliente no se encontraba en capacidad de comprender lo que  sucedía.   

El   Tribunal  erró  al  interpretar  los  supuestos     jurídicos     de     la     norma13.   Si   hubiese   advertido  «la  causal  de  dolo»14,        la         sentencia         sería         condenatoria.   

Solicita   a   la   Corte   «cesar     el    Injusto    Fallo»15         y,  en su lugar,  condenar a los procesados.   

Segundo         (subsidiario).     «El     manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la    cual   se   ha   fundado   la   Sentencia.»16   

El    juzgador    violó    «directamente  la  Ley  Sustancial  por  exclusión  evidente  del  numeral  3°  del  artículo  181  del  Código  de Procedimiento Penal (…) en  correlación  con  los  artículos 9, 10, 11, 12 del Código Penal, esto es, por  haber  incurrido en la causal 1 cuerpo 1 de casación consagrada en el numeral 1  del   artículo   181   del   Código   de   Procedimiento   Penal».17   

La  colegiatura  pasó  por  alto  que  los  acusados  siempre  manifestaron  su  deseo  de  no  aceptar cargos, así como su  personalidad,  la naturaleza y la modalidad de la conducta punible, falencia que  la  condujo a hacer inferencias equívocas.  Así  mismo,  recayó en violación indirecta, por error de hecho,  puesto  que  «en  un  errado juicio de existencia se  declaró  probada  la  ausencia del Dolo en los procesados y se dio una indebida  aplicación  de  los  postulados  que  informan  la  Sana Crítica»18.   

En  juicio  declararon  Antonio  de  Jesús  Ramírez  Aristizábal, Luz Beatriz Ramírez Rivillas, Alejandra Marcela Villada  y     Mateo    Ramírez    Aristizábal,  los  tres primeros no son testigos presenciales y el último está  cargado de emotividad, lo que le resta objetividad.   

Su cliente no tiene experiencia en el mercado  inmobiliario.  El  sentenciador  no  posee  elementos de juicio suficientes para  deducir  válidamente  que  el  actuar de los encartados se ajustó a derecho y,  por ende, para absolverlos de responsabilidad.   

CONSIDERACIONES  

La demanda presentada en esta ocasión será  inadmitida  porque no cumple con los requisitos de forma y fondo exigidos por la  ley  y la jurisprudencia para darle curso y la Corte no advierte la necesidad de  penetrar  en  el  fondo  del  asunto  para cumplir con alguna de las finalidades  previstas  en el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal de 2004. Estas  son las razones:   

1.  El  carácter extraordinario del recurso  impone  al  actor exhibir un discurso serio, coherente y con contenido jurídico  suficiente,  a  través  del  cual,  explique a la Sala por qué es necesaria su  intervención  en  el  caso  concreto, cuál es la falencia judicial advertida y  cómo  la misma resulta trascendente, de modo que, de no haber recaído en ella,  la   decisión  tendría  un  sentido  totalmente  opuesto  y  favorable  a  las  pretensiones del actor.   

Para tales efectos, el impugnante debe tener  claro  que  la casación no constituye una instancia adicional a las ordinarias,  no  fue  concebida  para  continuar  con  la  discusión fáctica y jurídica ya  agotada,  ni  para, en forma  desordenada   y   contradictoria,   formular  planteamientos  alejados  de  toda  lógica.   

Si bien su propósito es adelantar un juicio  a  la  sentencia  de segundo grado y procurar el respeto de las garantías y los  derechos  fundamentales,  es  preciso  que  el  discurso  descanse en argumentos  dialécticos, concatenados y sólidos.   

Bajo  esa línea, el abogado tiene la carga,  en   primer   lugar,   de  justificar  la  impugnación  conforme  a  los  fines establecidos en el aludido  artículo  180,  esto  es,  explicar  cómo  pretende la efectividad del derecho  material,  cuáles  garantías  procesales  deben  ser  desagraviadas,  cómo se  quebrantaron  los  derechos  fundamentales y/o por qué es necesario unificar la  jurisprudencia  sobre  un determinado tema jurídico, ya sea para su beneficio o  para casos futuros similares.   

En   segundo  término,  le  corresponde  señalar  el motivo en que  apoya  su  censura  –que  debe  corresponder  a  alguno  de  los  previstos  en  el canon 181 ibidem-, cuidándose en elegir aquél que  comprenda  en  toda  su  extensión  y  de  forma  inequívoca el error judicial  advertido;   y  exhibir  sus  fundamentos,  para  lo  cual  habrá  de  observar a plenitud los requerimientos  jurisprudenciales    establecidos    para   una   adecuada   censura.   

Finalmente,  le  asiste  la  obligación de indicar cuál es la trascendencia de los yerros en la  decisión  que  impugna,  esto  es,  cómo,  de  no  haber recaído en ellos, su  sentido   habría   sido   distinto  y  benéfico  a  sus  intereses.   

2.  En  esta oportunidad, el letrado olvidó  por   completo   hacer   mención  a  las  finalidades  del  recurso.   

Si pretendía desarrollar la jurisprudencia,  se  le  imponía  exponer  los motivos por los cuales la Corte debía proveer un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para unificar posturas conceptuales o actualizar la doctrina, o  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, «con  el  deber  de  indicar  de qué manera la decisión solicitada tiene la utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto  y a la par servir de guía a la  actividad  judicial».  (CSJ  AP,   26   sep.  2007,  rad.  28184).   

Si buscaba asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  tenía  el  cometido  de  demostrar su afectación, señalar los  preceptos    constitucionales   correspondientes,   e   indicar   cómo   fueron  desconocidos     por     el    fallo    recurrido,    sin    olvidar,     en     todo     caso,   que   sus   razones   deben   guardar  correspondencia con los cargos que proponga.   

3. El escrito presentado es vago, desordenado  y  ausente de argumentación jurídica. El discurso allí contenido riñe con el  principio  de  corrección  material, que rige el recurso, y denota desdeño por  el postulado de in dubio pro reo.   

En efecto, asegura el libelista que narrará  los  hechos  tal  como  fueron consignados en el fallo confutado, pero basta una  simple  mirada  a  este  último,  cuya situación fáctica fue trascrita por la  Corte  en acápite precedente,  para  advertir  que  no  existe  correspondencia.  Además, en contravía con la  exposición  ofrecida  por  el  actor, el juez plural no hizo alusión alguna al  interés de los acusados por aceptar los cargos endilgados.   

El  censor  reprocha  al  juzgador  porque  absolvió  a  los  encartados, tras no encontrar suficientes elementos de juicio  para  condenar.  Ese  planteamiento resulta extraño, en tanto comporta un claro  desconocimiento  de  un  derecho fundamental: la presunción de inocencia (canon  29  de  la  Carta  Política),  según  el  cual,  toda  persona  se presume inocente hasta que judicialmente se  demuestre  lo  contrario  y  que  implica, también, que el imputado no es quien  tiene  la  carga  de probar su inocencia, sino el órgano de persecución penal.  Adicionalmente,   desatiende   un   principio  medular  del  derecho  penal:  el  in  dubio pro reo (artículo  7     del     Código    de    Procedimiento    Penal    de    2004),  en  virtud  del  cual,  el juzgador, al  valorar   y   apreciar  las  pruebas,  debe  resolver  las  dudas  a  favor  del  procesado.   

Con  todo,  hay  que  destacar  que, en esta  ocasión,    la    absolución    se    soportó    en   que   no   «aparece    de    ninguna    manera   estructurada   la   conducta  punible»19.   

4.  Denuncia  el casacionista una violación  directa   de   la   ley   sustancial  –primer cargo-, la que dice ocurrió porque  se   dejó   de  aplicar  el  artículo  22  del  Código  Penal  y  se  aplicó  indebidamente     el     251     ibidem.   

Cuando se propone un cargo por esta vía, es  preciso  que  el  impugnante respete los hechos, tal como los encontró probados  el  Tribunal,  así  como  la valoración probatoria realizada en el fallo, dado  que  la  inconformidad  radica  exclusivamente en la aplicación de la ley. Así  mismo,  debe  aclarar  si  el  error  tuvo  lugar  (i)  por     falta     de  aplicación,                (ii)        por        interpretación  errónea, o (iii)        por       aplicación  indebida  de  una  norma del  bloque  de constitucionalidad, de la Carta Política o de la ley que sea llamada  a regular el caso.   

En ese orden, si alega falta de aplicación  de  una  norma  por  interpretación  errónea  de  otra,  es imprescindible que  explique  cuál  fue  el  alcance  dado  por  el  Tribunal a la disposición que  repudia,  por  qué  ese  análisis es errado y por qué la otra normativa está  llamada  a  regular el caso. La naturaleza del recurso de casación le impone un  discurso   argumentativo   estrictamente   jurídico   y   no   subjetivo  o  de  conveniencia.   

De  entrada  emerge  que  el  bosquejo  del  demandante  raya  con la lógica, tratándose de un sujeto que acude a esta sede  para  lograr  una declaración de condena, pues su pretensión es que se aplique  una  disposición distinta al 251 y que se emplee el canon 22, lo que resulta un  contrasentido,  puesto  que justamente el primer precepto consagra el tipo penal  de  abuso de condiciones de inferioridad, endilgado  a  los procesados. Por manera que si su intención es que  se  case la sentencia absolutoria y, en su lugar, se dicte una condenatoria, con  el  planteamiento  hecho  no existiría norma que describiera el respectivo tipo  penal.   

Ahora,   ninguna  controversia  meramente  jurídica  exhibe  y  aunque  asevera  que  hubo  un error de exégesis, olvidó  indicar  en  qué  residió. Sus exiguos argumentos no contienen un reparo sobre  algún  punto  de  pleno  derecho, sino que se dirigen a mostrar insatisfacción  frente  a las consideraciones fácticas y probatorias hechas por los falladores,  quienes  fueron  coincidentes  en  que  no  se  acreditaron  todos los elementos  normativos  para  que  se configurara el punible endilgado a los encartados y en  su actuación no se advirtió dolo. Así, el Tribunal sostuvo:   

…no   se  infiere  que  aquellos  [los  procesados]  hayan  actuado  abusando  de su situación de privilegio, más aún  cuando  de  los  testimonios  de  la  misma víctima de MATEO DE JESÚS RAMÍREZ  ARISTIZÁBAL,  de  ANTONIO  DE  JESÚS  RAMÍREZ  y  demás familiares, se puede  evidenciar  que  la  denunciante  acostumbraba  tener  actos  de generosidad con  aquéllos;  inclusive  antes  de que se llevaran a cabo las escrituras de venta,  permitió  que  ANTONIO DE JESÚS [otro de los sobrinos] tuviera un taller en el  primer  piso  y  ya con posterioridad, que GERARDO y MARTHA residieran con ella,  situación  que  fue  conocida  por  otros parientes que ayudaron a organizar la  casa».20   

5.      En      el     segundo   cargo   el  actor  atribuye  al  juzgador,  inicialmente,  una  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, al  sostener  que denuncia «el manifiesto desconocimiento  de   las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba»,  empero,  seguidamente  lo  acusa de haber infringido «directamente  la  ley»,  por exclusión  evidente.  Sin  embargo,  al  finalizar,  lo  inculpa  porque  hizo  inferencias  equívocas e incurrió en un falso juicio de existencia.   

Esa  mixtura  de  reproches  –violación   directa   y   violación  indirecta,  esta,  a  su vez, por falso raciocinio y falso juicio de existencia-  es  abiertamente  inadmisible  en  sede  de  casación,  no  solo  por  resultar  contradictoria,    sino    porque    impide   entender   cuál   es   la   falla  judicial.   

Importa   aclararle   al  censor  que  la  infracción  directa  y  la indirecta son ostensiblemente desemejantes. Mientras  la  primera  parte  de la base de admitir los hechos y la valoración probatoria  tal  y  como  los  consignó  el  fallador  de  segundo  grado;  en  la  segunda  (indirecta)  el  reparo  reside  en  la forma en que se apreciaron los elementos  probatorios.   Luego   proponerlas   al  tiempo,  es  un  desacierto.   

De igual manera, no ofrece duda que el falso  raciocinio  y  el  falso  juicio de existencia son modalidades de error de hecho  propias  de  una  violación indirecta, sin embargo, es evidente que su sustento  es  desemejante.  La  falla  de existencia alude a que el juez dejó de examinar  una  prueba  que materialmente se halla dentro del proceso o imaginó una que no  hace  parte  del  mismo,  empero,  el falso raciocinio tiene lugar en un momento  posterior  al  de su contemplación material y parte por respetar su existencia,  su  contenido  fáctico, caso este en el que se impone al actor demostrar que el  sentenciador se apartó de las reglas de la sana crítica.   

Es  más,  esos  reparos de raciocinio y de  existencia  quedaron  en  un simple enunciado. El jurista nunca explicó cuáles  fueron  las  inferencias extraídas por el fallador ni cuál la regla de la sana  crítica  que  desconoció  -alguna  de  la  experiencia,  de la lógica o de la  ciencia-.  Tampoco  indicó cuál fue la prueba ignorada o inventada.   

El   cargo  está  compuesto  por  frases  deshilvanadas,  sin  contenido argumentativo y ausentes de un reproche concreto,  lo que impone su inadmisión.   

Por  consiguiente,  la  demanda  no  será  seleccionada  y  la  Corte,  luego de revisar íntegramente la actuación, no ha  encontrado   causales   de   nulidad   ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,    que    le    impongan    penetrar    al   fondo   del   asunto  oficiosamente.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12   dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP3481-201421.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  judicial  de  la  víctima  contra la sentencia  proferida     por     el     Tribunal    Superior    de    Medellín.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  27 del cuaderno principal.   

2  Folios 28 a 30 Id.   

3 Folio  110  Id (con anterioridad se  celebraron  audiencias  en  el mismo despacho y con igual propósito, en las que  el  Juez  declaró su incompetencia para conocer (23 de agosto de 2013, en folio  40)  y la defensa pidió la nulidad (l3 de diciembre de ese año, en folios 78 y  79),    aspectos    que   se   resolvieron   negativamente   por   el   superior  funcional.   

4  Folios 141 y 142 Id.   

5 Folio  158 Id.   

6 Folio  185 Id.   

7 Folio  203 Id.   

8 Folio  212 Id.   

9 Folio  213 Id.   

10  Folios 216 a 229 Id.   

11  Folios 257 a 264 Id.   

12  Folio 272 Id.   

13  Folio 277 Id.   

14  Id.   

15  Id.   

16  Id.   

17  Folio 278 Id.   

18  Folio Id.   

19  Folios  26  de  la  providencia  de  primera  instancia, 228 vuelto del cuaderno  principal. En igual sentido, la conclusión del Tribunal.   

20  Folios 11 del fallo, 262 del cuaderno principal.   

21  Radicado 42597.     

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