41941(15-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado Acta No. 265  

Bogotá,  D.C.,  quince (15) de agosto de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de la parte civil, contra la sentencia de  segundo  grado  de 28 de noviembre de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior  de  Santa  Marta confirmó la que profirió el Juzgado Cuarto Penal del Circuito  del  mismo  Distrito  Judicial,  por cuyo medio condenó a ÁLVARO MANUEL PINEDO  BARVO,  como  autor  del  delito  de  destrucción, supresión y ocultamiento de  documento   privado,   en   tanto  que  lo  absolvió  del  ilícito  de  estafa  agravada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“Los  hechos  que  se  desprenden  de  la  denuncia  instaurada  por  la  señora  Esperanza  Barrero  de Selsted en nombre  propio  y  en  representación de los señores Darío Aguilar, Constanza Ospina,  Eduardo  Vizcaíno, Juan Emilio Selsted, Eduardo Sánchez, Luis Carlos Granados,  Hermes  Barros  y Hernán Ordoñez, refieren que en el mes de septiembre de 1987  fue  constituida  la  CORPORACIÓN  COUNTRY  CLUB  TAYRONA en la cual los socios  adquirieron  unos  derechos  como  accionistas. Que tiempo después se enteraron  que  los  terrenos  y  la construcción donde funcionaba la Corporación eran de  propiedad  de  las  firmas  PROMOCARIBE LTDA. y UNISER LTDA., a raíz de lo cual  algunos  socios  instauraron una acción penal contra UNISER LTDA., y el COUNTRY  CLUB  TAYRONA,  dentro  de  la  que  se  llevó  a cabo un acuerdo conciliatorio  consistente  en  que  UNISER LTDA. entregó a PROMOCARIBE LTDA.,  el CONTRY  CLUB  TAYRONA con el fin de que se le diera a cada socio de éste una acción de  PROMOCARIBE  para  resarcirlos  por  los daños causados. Así mismo, se acordó  como  requisito  para dar cumplimiento a esa finalidad que PROMOCARIBE dejara de  ser   una   sociedad   limitada   y   se   constituyera  en  sociedad  anónima,  consecuentemente,  para  acceder  a  la  titularidad de esas acciones cada socio  debía   estar   al  día  por  todo  concepto  con  la  administración  de  la  CORPORACIÓN COUNTRY CLUB TAYRONA.   

“Indicó  que  la  mayoría  de los socios  logaron  cumplir con la exigencia del representante legal, señor ÁLVARO MANUEL  PINEDO  BARVO,  sin  embargo,  este  señor  no  inscribió  en su totalidad las  acciones  de  quienes  se  pusieron  a  paz y salvo, razón por la cual dice que  entabló  conversación con él quedando éste que a más tardar en los meses de  junio  y  julio  de 2001 cumpliría con lo que él mismo había planteado, y fue  así  como  el  20  de  julio  de  ese  año  comenzó  a emitir los respectivos  títulos,  pero  de estos según información recibida de la Superintendencia de  Sociedades  de Barranquilla, sólo habían sido inscritos 57, cuando en realidad  eran  65  acciones  y  se desconocía de quien eran las ocho restantes. Resaltó  que  alrededor  de  150  a  200  socios de la CORPORACIÓN COUNTRY CLUB TAYRONA,  quienes  cumplieron  con  el  requerimiento  de  ponerse  al  día para la misma  finalidad,  solo  son  socios  en el aire o de papel ya que no figuran inscritos  como  titulares  de las acciones ante la Supersociedades y tampoco les dejan ver  el  libro  de  accionistas  que debe llevar la compañía con la inscripción de  ellos”.   

Los   hechos   anteriores   sirvieron  de  fundamento  para  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación   abriera  formal  investigación   penal   en   contra  de  ÁLVARO  MANUEL  PINEDO  BARVO  a  quien  una  vez escuchó en indagatoria, le     resolvió     la     situación    jurídica    absteniéndose    de    imponerle    alguna   medida   de aseguramiento.   

Clausurada  la  instrucción,  el  mérito  probatorio  fue  calificado el 10 de diciembre de 2007  con    resolución   de   acusación   en  contra  del  procesado  por  los  delitos de estafa agravada en  concurso  con  destrucción,  supresión y     ocultamiento    de    documento  privado.   

En         firme   la  calificación  el  28  de  agosto  de  2008  en  esa  instancia,  la  fase del juicio la  adelantó    el    Juzgado    Cuarto   Penal   del  Circuito  de  Santa            Marta,  despacho  que  una  vez  surtió  las   audiencias  preparatoria          y          pública,          emitió  sentencia  el 19  de octubre  de    2011  al  absolver  a  ÁLVARO  MANUEL  PINEDO  BARVO   del  delito  de  estafa  agravada,   pero  condenarlo  como  autor  del  ilícito  de  destrucción,  supresión  y ocultamiento  de  documento  privado, a la  pena  de veinte (20) meses de  prisión,    así    como    a    la   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por el  mismo    lapso,   concediéndole   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto  por los apoderados de la parte civil, el Tribunal Superior de Santa  Marta  a  través  de sentencia de 28 de noviembre de 2012 confirmó la condena,  razón  por la cual insiste el representante de la denunciante Esperanza Barrero  de  Selsted  con  la  respectiva  demanda de casación, de cuya admisibilidad se  ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Postula dos cargos al amparo de las causales  primera  y  tercera  de casación contempladas en el artículo 207 de la Ley 600  de   2000;   por   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  y  nulidad,  respectivamente.   

Primer cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

Pregona  la  exclusión  evidente  de  los  artículos  246  del  Código Penal; 58 de la Constitución Política; 238, 284,  285  y  287  del Código de Procedimiento Penal ante el yerro fáctico por falso  raciocinio  en  las  inferencias  lógicas  del  Tribunal cuando aceptó que las  conductas  anómalas  del  procesado  eran simples actuaciones administrativas o  comerciales  y  negó  así  la  existencia  de  artificios  para  el  delito de  estafa.   

En  criterio  del demandante, los juzgadores  debieron hacerse las siguientes preguntas:   

¿Por  qué el acusado habría de ocultar de  manera  contumaz  el  libro  de  accionistas,  pues  nunca presentó los estados  financieros  de  la  empresa,  ni  los  libros  de  contabilidad, ni aun ante el  requerimiento que para tal fin le hizo la Fiscalía?   

¿Por  qué  no  ha  convocado a la Asamblea  General desde 1999?   

¿Por qué mintió respecto a lo oneroso que  resultaba  inscribir  a  los  socios,  cuando  contrariamente  era  un  trámite  sencillo y de costo marginal?   

¿Por   qué   creó  una  fundación  sin  autorización    de    los    socios   para   manejar   los   ingresos   de   la  empresa?   

¿Por  qué fue constituida una empresa para  entregarle el usufructo a PROMOCARIBE S.A.?   

¿Por  qué  no  se  sabe  quiénes  son los  verdaderos dueños de la compañía?   

Agrega  que  las anteriores acciones estaban  encaminadas  a  ocultar  la  estafa, pues uno de sus elementos era la entrega de  acciones  no  inscritas  y  por  lo  mismo  no representativas de participación  societaria,    para    disfrutar    así    de    los    beneficios    obtenidos  ilícitamente.   

Refuta al Tribunal por remitir al Código de  Comercio,  “olvidando  que  el Derecho Penal, por su  carácter  público y el interés social que involucra, goza de prevalencia ante  el   derecho   Comercial”,   y   que   incluso  los  denunciantes  están  imposibilitados  para  probar  su  calidad de socios al no  tener   personería   para   acudir  a  la  Superintendencia  de  Sociedades  en  protección de sus derechos.   

Aduce  que  aunque  el  procesado  no  haya  recibido  directamente  el  dinero,  el incremento de la planta física y de las  mejoras  de  instalaciones  del club ha permitido que otros obtengan el provecho  económico,  además,  gracias a la exclusión de los estafados, como el número  de socios es menor aumenta así el valor de acciones y dividendos.   

A  su turno, expone que en las instancias no  fueron  valorados  en  conjunto los documentos aportados en fotocopia simple, al  tiempo  que  se  desconoció  la  regla  de  la  experiencia  referente  a  que:  “es  altamente probable que de ocurrir el hecho base  antecedente,   se   presente   el   hecho  presumido  o  consecuente”,  y  aquí,  por  las circunstancias del delito de destrucción,  supresión  y  ocultamiento del documento privado, es decir, del libro de socios  e  informes  financieros  era  claro que se presentaba también la estafa ya que  aquel era el delito medio para éste como principal.   

Consecuentemente,  pide  a la Corte casar la  sentencia  a  fin  de mediante decisión de sustitución se garantice el derecho  de propiedad.   

Segundo cargo: Nulidad  

Denuncia  la afectación del debido proceso,  contemplado  en  el  artículo  29  de  la Constitución Política, así como el  derecho  de  contradicción  del  artículo  13  de la Ley 600 de 2000 y 238 del  mismo  ordenamiento  referido  a  la  valoración probatoria dada la motivación  deficiente de la sentencia.   

En concepto del libelista, la motivación es  precaria,      vacía      y      “prácticamente  inexistente”,  por  cuanto  el  Tribunal  no  expuso  razonadamente  el  mérito  asignado a cada prueba, al punto que ni siquiera las  enumeró  y sólo hizo planteamientos generales, en una hábil perífrasis, pero  sin  mostrar  la  vinculación  con los aspectos fácticos y jurídicos del caso  específico.   

Que de esa manera no se aportó base legal o  jurisprudencial   para acoger la tesis de la defensa, pues sólo se citaron  tres  normas:  el  artículo  76  de  la Ley 600 de 2000, para la competencia, y  tangencialmente  a  las  leyes  890 y 906 de 2004, así como dos jurisprudencias  acerca  de  la discrecionalidad del juez y del aumento de penas, pero ninguna de  ellas relacionada con los delitos en estudio.   

Por   lo   tanto,  solicita  que  ante  la  ineficiente  y  casi  nula  motivación  se declare la nulidad desde el fallo de  primera instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  primer  lugar  se advierte que aunque el  defensor  de  manera  independiente  formula  dos  censuras,  la primera bajo la  égida  de  la causal primera por violación indirecta de la ley sustancial y la  otra  al  amparo  de  la tercera, por nulidad, la presentación de las mismas en  modo  alguno  responde  al principio de prioridad, de obligatorio acatamiento en  esta  sede  casacional,  porque  la anulación del trámite procesal le confiere  preferencia  sobre  los  reproches  que  se  formulen  al  socaire  de las otras  causales de casación.   

En  efecto,  la  ineludible  presentación  jerarquizada  de  los  cargos  responde  a  criterios lógicos, toda vez que los  vicios    in   procedendo  conducen  claramente  a cuestionar la validez del proceso y generalmente impiden  un  fallo  de  sustitución, en tanto que los formulados por yerros in  iudicando del fallador, han de partir  de tener y aceptar el trámite judicial como legítimo.   

En  primer  lugar  la  Corporación hará el  análisis  formal  de  la  censura que formula el recurrente en la cual propugna  por la invalidez procesal.   

Segundo cargo: Nulidad  

El  libelista  aduce  que la motivación del  fallo    de    segundo    grado    es    precaria,    vacía    y   “prácticamente   inexistente”,   por  cuanto  el  Tribunal  no  expuso razonadamente el mérito que le asignaba a cada  prueba.   

Ciertamente, el artículo 238 del Código de  Procedimiento  Penal,  que  rigió el asunto, impone al juzgador exponer siempre  con  argumentos  el  por  qué  otorga  o  no crédito a las pruebas, lo cual se  constituye  en  pilar  del debido proceso y a la par en garantía de defensa por  cuanto  al  conocer  la fundamentación judicial sobre ella se podrá ejercer el  derecho de impugnación.   

La   Sala   ha  identificado  que  de  las  situaciones  que  implican  falta  de motivación de la sentencia, sólo tres de  ellas   pueden   ser   catalogadas  como  errores  in  procedendo  generadores  de  nulidad  y  por  lo tanto  atacables  a  través de la causal tercera de casación, cuando: a) hay ausencia  absoluta  de  motivación, b) es incompleta o deficiente, y, c) es ambivalente o  dilógica.  La  cuarta  eventualidad, generada por la llamada motivación falsa,  ha  sido  considerada  como un vicio de juicio atacable por la vía de la causal  primera, cuerpo segundo, en el sistema de la Ley 600 de 2000.   

De la primera, ha dicho la Sala, se presenta  cuando  el fallador no expone las razones de orden probatorio ni los fundamentos  jurídicos  en  los  cuales  sustenta  su  decisión;  la  segunda, cuando omite  analizar   uno   de   los   aspectos  señalados  o  los  motivos  aducidos  son  insuficientes  para  identificar  las  causas  en  las  que ella se sustenta; la  tercera,   cuando  las  contradicciones  que  contiene  la  motivación  impiden  desentrañar   su  verdadero  sentido  o  las  razones  expuestas  en  ella  son  contrarias  a  la  determinación  finalmente  adoptada  en la resolutiva; y, la  cuarta  cuando  la  motivación  del  fallo  se aparta abiertamente de la verdad  probada.   

Frente  a  la motivación falsa, también la  Corte   ha   precisado  que  debe  entenderse  como  aquella  inteligible,  pero  equivocada  debido  a  errores relevantes en la apreciación de las pruebas, ora  porque  se  las  supone,  se  ignoran, se distorsionan o porque se desbordan los  límites  de  racionalidad  en  su  valoración,  y  razón  por  la  cual  debe  demandarse por la vía de la causal primera, cuerpo segundo.   

También  se  ha  hecho  énfasis  en  que  resultará  vacua  la simple oposición a la valoración hecha en la sentencia o  la  inconformidad  con  las  razones  del  juzgador  porque  desde la arista del  opugnante  se  consideren  desacertadas y contrarias a sus pretensiones, pues lo  adecuado  será  demostrar la carencia de fundamentos tanto de orden probatorio,  como   jurídico   en   el  fallo,  la  precaria  motivación  que  imposibilite  identificar  el  soporte  de  la decisión o la contradicción en los argumentos  impeditiva de desentrañar su verdadero sentido.   

Bajo esa óptica, en este caso el demandante  ningún   aporte   realiza  frente  al   reparo  fundado  en  la  falta  de  fundamentación  del  fallo   conformándose con manifestar que ni siquiera  fueron   enumeradas  las  pruebas  y  que  el  Tribunal hizo planteamientos  generales,  pero  sin  explicar  si  tal  falencia  le  impidió  comprender los  razonamientos  judiciales  relativos  a  la  inexistencia  del  delito de estafa  agravada.   

En  un planteamiento distante de la realidad  procesal  el  censor  añora  en  el  fallo de segundo grado la explicación del  valor  suasorio  dado  a  las pruebas para avalar la tesis defensiva relacionada  con  la atipicidad del comportamiento de PINEDO BARVO en lo que respecta al bien  jurídico  del  patrimonio  económico,  porque  claramente  en tal proveído se  indicó  que no estaba acreditado el ardid o engaño como elemento estructurador  del  ilícito de estafa, y que se trataba de obligaciones de índole mercantil y  del   incumplimiento  de  una  conciliación  producto  de  otra  investigación  penal.   

En  efecto, el Tribunal tras analizar, entre  otras,  las  manifestaciones  de  la denunciante y la indagatoria del procesado,  concluyó  que  no  hubo ardid cuando los accionistas de la CORPORACIÓN COUNTRY  CLUB  TAYRONA  fueron requeridos, no solo por el procesado, a ponerse al día en  el  pago  de  las  cuotas  a  fin  de hacerlos socios de PROMOCARIBE, por cuanto  “el pago de cuotas de administración de la sociedad  se  constituye  en una obligación de los socios por lo cual no podría hablarse  de  engaño  bajo  esos  términos,  ni  menos  de  un detrimento patrimonial de  aquellos,   ni   un   provecho   ilícito   a   favor  del  procesado  o  de  un  tercero”.   

Y  si  bien  evidentemente  no  hay  citas  normativas  o jurisprudenciales relacionadas con el delito de estafa, es notable  que,  en  primer lugar, se abordaron de manera general los tópicos relacionados  con  elementos  de  la descripción típica, precisando el engaño, la idoneidad  para  incurrir  en  error  a  la  víctima  y las circunstancias específicas de  ésta,  luego  de  lo cual se descendió el  discurso al caso concreto para  finiquitar  que  el  pago  promovido por el procesado entre los socios tenía la  finalidad  de recuperar la cartera morosa, sin que pudiera avizorarse que fueron  inducidos en error.   

Incluso,  estuvo conforme el Tribunal con la  determinación  del  a  quo  acerca  de  que  se  trataba  de asuntos privados, porque tras materializarse la  transformación  de  la  entidad societaria PROMOCARIBE, de limitada a anónima,  se  iniciaron  los  llamados  por  parte  de  diferentes miembros de los cuerpos  directivos  de la CORPORACIÓN COUNTRY CLUB TAYRONA para incentivar a los socios  para  que se pusieran a paz y salvo con esa entidad y se acogieran al derecho de  ingresar  a  la  sociedad anónima, llamado que también hizo PINEDO BARVO, como  representante legal de PROMOCARIBE S.A.   

Igualmente,   desdeña   el   censor   que  probatoriamente   era   imposible   predicar   que   PINEDO   BARVO  ajustó  su  comportamiento  al ilícito de estafa, pues como lo consideró el juez de primer  grado:   

“En  el  proceso no se precisa quienes son  los  socios  que,  según  la  denunciante,  se  pusieron  a  paz y salvo con la  CORPORACIÓN  COUNTRY  CLUB  TAYRONA  a  raíz  del llamado que les hicieron los  diferentes  cuerpos  directivos  de  ella. Solo forma parte de él un cúmulo de  fotocopias  simples  de  recibos de unos pagos por múltiples valores realizados  por  diferentes  personas  a favor de la citada entidad, pero a través de ellos  no  es  posible  precisar el día en que realmente se efectuaron esos pagos para  ponerse  al  día  después de que se les requiriera saldar la deuda que tenían  pendiente  por  concepto de cuotas de administración ordinaria y extraordinaria  y  que por estatutos y reglamentos estaban obligados a cumplir. Además, tampoco  la  denunciante  lo precisa; simplemente informa en ese sentido que unos socios,  incluyéndose  ella, hicieron un esfuerzo y pagaron lo que debían da a entender  que  lo  hicieron  después  del 30 de abril de 1999. Y de su dicho se evidencia  que  ella  y  los  otros  socios no tenían pensado pagarle a la CORPORACIÓN al  menos  para  ese  momento,  como  era  su  deber  de acuerdo con los estatutos y  reglamentos,  sino  que  lo hicieron porque consideraron que estaban pagando por  las acciones de PROMOCARIBE S.A.   

“En este orden de ideas, es positivo pensar  que,  tal  como  se ha explicado, el llamado que el procesado PINEDO BARVO, como  representante  legal  de  PROMOCARIBE  S.A  y  de  la  CORPORACIÓN COUNTRY CLUB  TAYRONA,  hizo  a  los  deudores  socios  de esta última entidad no adquiere el  talente  de  artificio  o  de  maniobra  engañosa  encaminada a suscitar en los  socios  deudores de la citada Corporación en error invencible de que el pago de  una  determinada suma de dinero a esa entidad significaba el pago necesario para  adquirir  la  calidad  de accionista de PROMOCARIBE SA; es decir, el llamado que  no  sólo  lo  hacía  él,  tenía como finalidad principal la recuperación de  cartera  morosa  y esa disposición la sabían no sólo los socios que corrieron  a  pagar sino todos; entonces no puede decirse que fueron inducidos en error por  el  requerimiento  o  cobro  que se les hizo cuando era su deber cumplir con los  estatutos y demás normas”.   

Pero lo que corrobora que el cargo carece de  la  aptitud  suficiente  para su admisión es la interpolación dentro del vicio  formulado   de   aspectos  de  carencia  absoluta  de  fundamentación,  con  la  deficiencia  de  la  misma, reduciéndose la postura del demandante a una simple  discrepancia   con   la   valoración  del  juzgador  cuando  concluyó  que  la  irregularidad  de no inscribir a los socios debía dilucidarse ante el organismo  de control y vigilancia de las sociedades.   

Primer cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

En esta oportunidad el apoderado de la parte  civil  anhela  la  modificación  de la absolución proferida en favor de PINEDO  BARVO  al  refutar  al Tribunal que estimó estar ante un tema comercial ajeno a  los  terrenos penales, para lo cual pone de presente varios cuestionamientos que  debieron  hacerse los juzgadores y que habrían llevado, de ajustar el análisis  a  la  sana  crítica,  a  predicar la responsabilidad de aquél en el delito de  estafa agravada.   

La Sala con anterioridad ha insistido en que  para  denunciar  un error de hecho por falso raciocinio, como por el que opta el  demandante,  se  debe  acreditar  el  desafuero  intelectivo  del juzgador en la  valoración  probatoria,  propio  del  alejamiento  de los postulados de la sana  crítica,  por  lo  cual se ha de resaltar el capricho o la arbitrariedad de las  consideraciones  judiciales  ante el desconocimiento de los principios lógicos,  de    criterios    científicos    o    reglas    del    sentido    común    ya  decantadas.   

Pero tal ejercicio de manera ineludible debe  tener  el  complemento  de  exhibir el postulado al que debió acudirse para una  adecuada  estimación  probatoria  a  fin de que la contradicción que arroje el  cotejo  entre  el  fallo  con  los postulados de la apreciación racional de los  elementos de convicción sea evidente.   

En  el caso objeto de estudio, el impugnante  no  es  claro  si  lo  que  denuncia  es  que el juzgador pasó por alto pruebas  vitales  que  denotaban el compromiso de PINEDO BARVO en el ilícito atentatorio  del  patrimonio  económico,  para  lo  cual debió denunciar un falso juicio de  existencia,  o  si  se  trata   de  pruebas  de  las cuales surgían hechos  indicadores  si  pretendía denotar que mediante prueba circunstancial se podía  arribar  a  la misma conclusión o si pese a haberlas aprehendido el Tribunal no  las   valoró   adecuadamente   a   la   luz  de  los  parámetros  de  la  sana  crítica.   

Pero  ni  en  uno  u otro caso se detiene la  demandante  quedándose  corto  en  su planteamiento al simplemente enumerar los  interrogantes  que  debieron  plantearse  los  juzgadores,  sin exponer cómo se  habría  construido  prueba indiciaria en contra del enjuiciado, sin lograr así  desarrollar  adecuadamente  el  error  atribuido  al Tribunal y sólo mostrar su  disenso  con la estimación probatoria que, como ya lo ha dicho la Sala, resulta  inadmisible en esta sede.   

Si bien indica que  el   Ad  quem  desconoció la regla de la experiencia  relacionada      con      que:      “es altamente probable que, de ocurrir  el    hecho    base    antecedente,   se   presente   el   hecho   presumido   o  consecuente”,  ya    que   aquí   la  destrucción,   supresión   y   ocultamiento   del  documento  privado  era el delito medio para arribar  al   delito   fin  de  la  estafa,  no  despliega  tal postulado en el sentido  de    señalar    por  qué   debe   ser  catalogada  como  regla  del  sentido  común,  ser  cierta  y  aplicable    a    todos   los   casos  y     cómo     debió     hacerse  una  adecuada inferencia  la cual habría permitido  arribar  a  un  fallo  esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de  la              denunciante.   

En  efecto,  las  reglas  de              la             experiencia  se estructuran mediante la  observación   de   un   proceder  generalizado  y  repetitivo  desarrollado  en  circunstancias  y contextos similares, de ahí que tengan esa característica de  universalidad.   Sólo  pueden  ser exceptuadas en caso de mediar condiciones especiales que conlleven a  alteraciones  de  entidad  y por ende a una   consecuencia   inesperada,  pero  aquí  el  impugnante  además de que no demuestra el  capricho  judicial  en la valoración probatoria o la  impertinencia   de   la   regla   de   la   experiencia  aplicada,  no     desarrolla     su   postulado  relacionado  con  que  generalmente,  de  acuerdo  a  determinadas    variables    suelen    ocurrir    ciertos    eventos,  específicamente,  la  universalidad cuando se trata de asuntos  lesivos  de la fe pública  y su nexo con los de índole patrimonial.   

En    este    orden,    deviene    claro   que   el   reproche  es  una simple oposición  a  los  criterios judiciales al hacer énfasis en que  la  no  entrega de las acciones por parte del procesado era uno de los elementos  de  la  estafa,  desdeñando  que judicialmente se analizó  la ausencia de  artificios   o   engaños   que  revelaran            la     intención    de   PINEDO   BARVO  de  buscar  ventaja  patrimonial  ilícita, lo  cual   impedía   configurar   tal   comportamiento  punible.   

Menosprecia   también   el  carácter  de  ultima    ratio  del derecho penal cuando el censor  refuta  al  Tribunal  por  remitir  el  asunto  al  Código  de Comercio, cuando  precisamente  en  los  fallos  se  hizo  énfasis  en que la Superintendencia de  Sociedades  les  había  indicado a los afectados los pasos y tiempos para hacer  valer  sus  derechos ante esa institución, sin que lo hubieran cumplido, porque  optaron    seguir   por   la   vía   penal  un  tema  que  no  tenía  ese  tinte.   

Inclusive,  de  manera  impertinente  y  por  demás  descontextualizada  el demandante cita la decisión de la Corte adoptada  en  el  radicado  33515  para  señalar  que  la remisión a la Ley 222 de 1995,  modificatoria  del  Código  de Comercio es inaplicable, porque allí se abordó  un  evento  diferente al aquí estudiado que comprometía a dirigentes del   otrora  Banco  Andino  quienes  solicitaban a la Corporación la aplicación del  término   prescriptivo  especial  de  cinco  años  contemplado  en  la  citada  preceptiva,   a  lo  cual  se  dio  respuesta  negativa  por  estar  relacionado  “con  estrictez al ejercicio de la acción penal que  se   deriva   del   incumplimiento   de   las   obligaciones   propias   de  los  comerciantes”.   

En suma, se advierte que la censura no tiene  la  aptitud  suficiente para su admisión, deficiencia que lleva a no admitir el  libelo  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,  la  Corte  no observa con ocasión del trámite procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de derechos o garantías de              los  sujetos  procesales  como  para  que  se hiciera necesario el  ejercicio   de   la   facultad   legal  oficiosa  que  le  asiste  a  la  Corporación  a  fin de asegurar  su   protección  en  los  términos    del    artículo    216   del   citado  ordenamiento.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO          ADMITIR            la       demanda            de          casación       interpuesta      por     el  apoderado de la denunciante Esperanza Barrero de Selsted como   

parte  civil,  de  acuerdo  con  las razones  anteriormente anotadas.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA  DEL  ROSARIO                       GONZÁLEZ                       MUÑOZ        GUSTAVO         ENRIQUE         MALO        FERNÁNDEZ            

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                         NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                          Secretaria   

    

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