41516(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 302.   

Bogotá, D. C., once (11) de septiembre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MAURICIO   QUILINDO   MAMIÁN  contra  la  sentencia  del  5  de diciembre de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Popayán  confirmó  el  fallo  adoptado  el 31 de agosto de 2012 por el Juzgado  Penal  Adjunto  del  Circuito  de Patía (Cauca), que condenó al procesado como  coautor  del  delito  de  homicidio  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa,  modificando  la  sanción  privativa de la libertad impuesta por el a  quo  para  fijarla  en  160  meses  de  prisión.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  juez de primer grado en los siguientes términos:   

          “Sucedieron  el  17 de abril de 2004 en  la  población  de  la  Vega,  Cauca, cuando a eso de las 6:40 de la tarde LUBER  JIMÉNEZ  MAMIÁN  y  MAURICIO QUILINDO MAMIÁN, mediante engaños y diciéndole  que  los  acompañe  a  realizar un negocio, sacan a JOSÉ EDILMO PIPICANO de la  residencia  de  su padre adoptivo EMIRO JIMÉNEZ TÚQUERRES y se lo llevan hasta  el  sitio  conocido  como Puente Real en la vía que conduce al corregimiento de  la  Vetulia,  donde  LÚBER  le  dispara  con  un arma de fuego, causándole dos  graves  heridas.  Inmediatamente  escapan  del  lugar  creyendo que JOSÉ EDILMO  estaba  muerto,  sin embargo, éste fue recogido por una ambulancia que lo lleva  al  centro  de salud de esa localidad y posteriormente al Hospital Universitario  de  la  ciudad  de  Popayán. Como resultado de las lesiones JOSÉ EDILMO padece  lesión  medular  que  le causa paraplejia o parálisis y falta de funcionalidad  de la parte inferior de su cuerpo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   La   investigación  inicialmente  se  adelantó  contra  Lúber Jiménez Mamián,  quien  aceptó  anticipadamente  los  cargos,  por cuya razón se  produjo  la  ruptura de la unidad procesal, prosiguiéndose la actuación contra  MAURICIO  QUILINDO MAMIÁN y  Fausto  Mamián  Correa, en  cuyo  desarrollo  se  les  vinculó  a  la  actuación  el  primero  mediante la  declaratoria  de  persona  ausente  y  el  segundo  a  través  de  indagatoria.   

2. Mediante decisión del 17 de mayo de 2005  se  les  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  por  los  delitos  de  homicidio en grado de tentativa y  porte ilegal de armas de fuego.   

3.   Como   posteriormente   Fausto  Mamián  Correa  aceptó también  los  cargos, el 24 de noviembre de 2006 el instructor decretó la clausura de la  investigación  en  relación  con  MAURICIO QUILINDO  MAMIÁN.   

4.  El  11  de  abril  de  2007 calificó el  mérito  del  sumario, profiriendo resolución de acusación contra QUILINDO   MAMIÁN  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa y porte ilegal de armas de defensa  personal.   

5.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Bolívar (Cauca), cuyo titular realizó las  audiencias  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento.  El  proceso  luego, por  impedimento  debidamente  aceptado,  pasó  a conocimiento del Juzgado Penal del  Circuito  de  Patía (Cauca), que a través de un funcionario adjunto puso fin a  la  instancia  con la sentencia del 31 de agosto de 2012, en la cual condenó al  procesado  a la pena principal de 168 meses de prisión  y a las accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y  privación   del   derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  armas  por  el  mismo  lapso.   

6. En virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa, el Tribunal confirmó la condena por razón del delito de homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa. Sin embargo, declaró la prescripción de la  acción  penal  en  relación  con  el punible de porte ilegal de armas. Por ese  motivo  disminuyó la sanción privativa de la libertad para establecerla en 160  meses.   

7. Inconforme con la condena, el mismo sujeto  procesal acudió al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  el  primero  al amparo de la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000 y  los  otros dos bajo el auspicio  de la causal primera, cuerpo segundo de la  misma disposición penal.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la  violación  del  derecho  de  defensa,  por  cuanto el  profesional  que  representó  al  procesado desde cuando se le declaró persona  ausente  no realizó actividad alguna durante la etapa sumarial ni en el juicio,  y   es   así   como   ni   solicitó   pruebas   ni   contrainterrogó   a  los  testigos.   

          En  ese  sentido,  destaca  cómo  no  se  evidencia que el defensor  hubiese  revisado  el proceso, ni mucho menos la prueba para contradecirla en la  búsqueda  de  algún  elemento  de juicio a favor de los intereses del acusado,  por  cuya  razón  no  es  factible  inferir  que  su  silencio  obedeció a una  estrategia defensiva.   

          De  otra  parte, predica la vulneración del artículo 133 de la Ley  600  de  2000  porque  el aludido letrado representó simultáneamente al señor  Lúber  Jiménez  Mamián,  quien  fue  la  persona  que  lo  señaló  de  ser  coautor  de  las  conductas  investigadas,   cuya   declaración,   precisamente,   tuvo  un  alto  grado  de  credibilidad  en  el  juez de primer grado, aun cuando admite que el Tribunal no  la consideró por reputarla ilegal.   

          En  su  criterio,  de  no  haberse  vulnerado el derecho de defensa,  “la  situación seria diferente por que al escuchar  los  testigos en el juicio, se aclararía de una vez por todas la participación  que  pudo  tener mi representado en los hechos que se investigaron, por ejemplo,  existiendo  José  Edilmo  Pipicano,  víctima de estos hechos, seria la persona  mas  indicada  para  que  en  ampliación  de instructiva, ampliara mas su corta  declaración,  y  explicara  a ciencia cierta si QUILINDO MAMIÁN exteriorizo un  comportamiento  irregular  para el momento de los hechos, o simplemente se quedo  paradito  del  susto y luego salio a correr…” (sic,  para todo el texto transcrito).   

          De  esa manera, solicitó casar la sentencia impugnada para disponer  la   nulidad  de  lo  actuado  desde  cuando  se  declaró  persona  ausente  al  procesado.   

          En    el   segundo   cargo   acusa  al  Tribunal  de incurrir en error de hecho derivado de falso  juicio  de  identidad.  El  yerro,  según  dice,  recayó en los testimonios de  José  Edilmo  Pipicano  y  Fausto   Mamián   Correa.   

          En  cuanto  a  la  primera  de  esas  declaraciones,  reprocha a los  juzgadores  adicionarle  un  aspecto no contenido en el mismo, porque en ningún  momento  dicho  testigo atribuye al procesado la exteriorización de acto alguno  que  indique  su  “coparticipación” como   coautor,   limitándose   a   decir  que  éste  “se    quedo    (sic)    parado   quietico   y   ellos   salieron   corriendo”,  es  decir,  no  realizó  actuación  alguna  cuando Lúber  disparó a la víctima, y después  salió corriendo.   

          Contrariamente,     añade,    el    ad  quem,  con sustento en la declaración de José  Edilmo  Pipicano,  afirmó  que el  procesado   es   coautor   porque   “también  fue  contratado  para  llevar  a  cabo la agresión y su labor de acompañamiento fue  fundamental  para sacar al ofendido a un terreno alejado y oscuro donde pudieron  ultimarlo”.   

          En  relación  con el testimonio de Fausto  Mamián   Correa,   cuestiona   al  sentenciador  por  tergiversarlo,  en  cuanto  tomó  solamente  la  última de sus respuestas para  comprometer  la  responsabilidad  del  procesado,  sin realizar un análisis del  mismo  en  conjunto.  En  dicha  respuesta,  añade, el declarante dedujo que el  aquí  procesado  participó en el atentado porque fue quien sacó a la víctima  de  su  casa,  pero  esa  afirmación,  para el libelista, no es cierta, pues el  mismo  deponente desde un comienzo fue enfático en manifestar que él contrató  únicamente    a    Lúber   Jiménez   para   dar   muerte   a   José   Edilmo  Pipicano, al punto de darle un revólver como parte de  pago.   

          En  criterio  del demandante, de no haberse incurrido en el yerro la  sentencia  necesariamente  sería  de  carácter absolutorio por aplicación del  principio  in dubio pro reo,  pues  la  condena se fundó con los aludidos testimonios, subsistiendo solamente  la     declaración     de     Lúber     Jiménez  Mamián,    pero    el    Tribunal    la    declaró  ilegal.   

          En  consecuencia, solicitó casar el fallo impugnado y, en su lugar,  proferir el de reemplazo de rigor.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  existencia  de  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad  en  relación con la declaración de Lúber  Jiménez Mamián.   

          Al  respecto,  estima  que en la práctica de esa prueba se vulneró  lo  dispuesto  en  el  artículo 337 del Código de Procedimiento Penal, pues al  declarante no se le tomó el juramento de rigor.   

          En  su  criterio,  si  bien  el  Tribunal  admite  la ilegalidad del  referido  medio  probatorio,  de todas maneras no lo desechó del todo, pues dio  por  probados hechos que solamente se deducen de la declaración de Lúber  Jiménez.  Uno de ellos, señala,  consiste   en   predicar   que  el  determinador  contrató  dos  sicarios.  Tal  situación,  en  su  concepto, no se desprende ni del testimonio de Fausto  Mamián  Correa ni del rendido por  José  Edilmo Pipicano, pues  el    primero    refirió    que    contrató    únicamente    a   Lúber  Jiménez,  mientras el segundo se  limitó  a  decir  que  el procesado se quedó parado cuando el sicario disparó  contra la víctima, y luego ambos salieron a correr.   

          El  otro  aspecto,  según  el  censor, derivado de la deponencia de  Jiménez              Mamián,  tiene que ver  con   la   afirmación   del   ad  quem  conforme  a la cual el acusado al esperar a aquél estaba ejecutando  la  parte  que  le  correspondía dentro del plan criminal previamente acordado.  Tal  razonamiento,  insiste, no encuentra soporte en ninguna otra de las pruebas  allegadas a la actuación.   

          En  consecuencia, como los falladores tomaron apartes del testimonio  de   Lúber  Jiménez  para  sustentar  la  condena, pese a su ilegalidad, considera necesario proferir fallo  absolutorio,  pues  las  demás  pruebas  recaudadas  no  permiten  arribar a la  responsabilidad  penal  del  procesado.  Así  lo solicita, casando la sentencia  impugnada.      

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

El  Procurador  155 Judicial penal II, en su  condición  de  sujeto  procesal no recurrente, estima que la demanda cumple los  presupuestos   de  procedencia,  legitimación  y  oportunidad,  así  como  los  formales  exigidos  por  la  ley,  esto  último  porque  el  actor enunció las  causales,  así  como  los  cargos  que  fundamentan  su pretensión. Por tanto,  solicita   su   admisión.                  

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         Acorde  con lo establecido en el artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, bajo cuyo imperio se ritúa el  presente  asunto,  corresponde a la Corte calificar la demanda de casación para  determinar  si  reúne  o  no los requisitos contemplados en la ley. Uno de esos  presupuestos  está  establecido  en  el  numeral 3º del artículo 212 ibídem,  conforme  al  cual  en  el libelo se debe enunciar la causal y formular el cargo  con  indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el  demandante estime infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in  procedendo  o  in iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

          Además,  en la postulación de  las  censuras  al  actor le  es  imperioso  respetar  el  principio de corrección material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos  y  contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con la realidad procesal1   

.  

En el caso objeto de examen, advierte la Sala  que  el  demandante  no  cumple  dichos  requisitos  de  fundamentación  de  la  demanda.   

En  efecto, en el  primer  cargo  plantea  la  existencia  de nulidad, por  violación del derecho de defensa.   

A  este  respecto, pertinente es recordar el  criterio  de  la  Sala  acorde  con  el  cual  las  censuras  sustentadas  en el  mencionado  motivo de casación deben contener, como mínimo, la identificación  de  la  irregularidad,  la expresión clara de sus fundamentos, el señalamiento  de  si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la  norma  o normas violadas, la mención del momento procesal en donde se presentó  la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como motivar su  trascendencia  y   demostrar  a  la  Corte  que la nulidad se erige como el  remedio  único  y  extremo  para  enmendar la incorrección procesal, surgiendo  así indispensable el fallo de casación.   

         

          Tiene  dicho  también la Corte que si lo pretendido es denunciar la  presencia  de  varias  irregularidades, cada una de ellas con entidad suficiente  para  invalidar  la  actuación o parte de ella, resulta indispensable que en la  demanda  se  sustenten en capítulos separados y de manera subsidiaria si fueren  excluyentes,  pues  sólo  así  puede  acatarse  la  exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y  respetarse  los  principios de  autonomía    y    de    no    contradicción    de    los    cargos   en   sede  extraordinaria.   

          En  el  presente  evento,  el  demandante  aduce la presencia de dos  irregularidades,  la  primera  por  ausencia  de  defensa  técnica  atendida la  inactividad  del  profesional  del  derecho  que  representó  al procesado y la  segunda  por  conculcarse  el  artículo  133  de  la  Ley  600 de 2000, dada la  incompatibilidad  existente  en  el  mencionado  letrado  al defender también a  Lúber  Jiménez  Mamián,  quien  fue  la  persona que lo señaló de ser coautor del quehacer delincuencia  objeto de juzgamiento.   

          Se  trata,  sin  duda, de anomalías a todas luces excluyentes entre  sí,  por  cuanto  la  aducida  ausencia de defensa técnica parte de la base de  reconocer  la  legitimidad  del  abogado asignado para representar los intereses  del  acusado,  sólo  que  se  cuestiona  su  inactividad  procesal, mientras la  incompatibilidad  presupone  su  indebida designación por cuanto ya obraba como  defensor  de otro procesado, con quien existían intereses contrarios, según se  argumenta.   

          Lo   anterior  pone  de  manifiesto  la  equívoca  confección  del  referido  ataque,  pues  las  irregularidades debieron sustentarse por separado,  dado su carácter excluyente.   

De  otra  parte,  conforme  lo  ha  referido  también  la  jurisprudencia  de la Corte, para estructurar en forma adecuada un  cargo  en  casación  debe  empezarse  por  respetar el principio de corrección  material,  sujetándose  el actor a la realidad evidenciada en el plenario, pues  sólo  de  esa  manera tendrá la Sala serios elementos para abordar su estudio.  Esto  no  acontece  en  el presente evento porque no es cierto, como lo sostiene  equivocadamente  el  impugnante,  que quien representó al procesado asumió una  total inactividad durante el trámite de la actuación.   

Contrariamente,  consta en el proceso que el  entonces     defensor    de    MAURICIO    QUILINDO  MAMIÁN,  luego  de  asumir  su  asistencia  letrada,  concurrió  al  despacho  del  instructor  para  notificarse  de  la resolución  mediante  la  cual  se  decretó  el  cierre  de la investigación, tras lo cual  presentó  alegatos  precalificatorios  donde  expuso  una  seria argumentación  orientada  a  demostrar  la  ausencia de prueba de responsabilidad en contra del  aludido.  Más  aún, se notificó personalmente del pliego acusatorio, asistió  a  la audiencia preparatoria y presentó alegatos durante la audiencia pública,  en  cuya  oportunidad  insistió en la existencia de dudas en el plenario acerca  de  la  participación  del  procesado  en  el  acaecer  delincuencial objeto de  acusación  e, incluso, planteó la tesis acerca de la ilegalidad del testimonio  de  Lúber Jiménez Mamián,  que al final acogió el Tribunal.   

          Ahora  bien,  el  demandante  sostiene  que el defensor no  solicitó  pruebas  en el juicio, en  concreto,  alude  a  la  declaración  de José Edilmo  Pipicano,  respecto  de  quien,  según  dice, había  podido    solicitar    su    ampliación  para  que explicara si QUILINDO MAMIÁN  exteriorizó     un  comportamiento  irregular  para  el  momento  de  los  hechos,   o   simplemente   se   quedó  “paradito”  del  susto y luego salió a  correr.   

         Al     respecto,    es    del    caso  acotar   que,   conforme   lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  esta Sala, cuando la invalidación  pretendida  en  casación se vincula a la vulneración  del  derecho  de defensa, porque el profesional a cargo de esa gestión dejó de  solicitar  pruebas,  o  si  la  causa  generadora  de  invalidez  se  refiere al  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  por  cuanto  los  funcionarios  judiciales  no  decretaron  algunas probanzas, se deben relacionar  los  elementos  no  practicados  en el curso de la actuación y además explicar  razonadamente  que  esos  medios  de  convicción  eran  procedentes,  por estar  admitidos  en  la  legislación  procesal  penal;  conducentes, por relacionarse  directamente  con  el objeto de la investigación o del juzgamiento; y factibles  de  practicar,  puesto  que  los  funcionarios no están obligados a intentar la  realización    de    lo    que    no    es    posible   lógica,   física   ni  jurídicamente.   

Además,  en  la  medida  de  lo posible, se  requiere  efectuar  una  aproximación  al  contenido  material  de  las pruebas  supuestamente  omitidas,  para brindar a la Sala la oportunidad de confrontar el  aporte  de  aquellos  elementos  de convicción con las motivaciones del fallo y  así   poder   concluir   si   en  realidad  se  han  vulnerado  las  garantías  fundamentales del procesado.   

La  postulación  en sede de casación de un  cargo  con tal alcance obliga al censor a discernir, igualmente, sobre la manera  como   las   pruebas   dejadas   de   practicar  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en  la  situación del procesado, bien sea en cuanto al grado de  responsabilidad  que le fue deducido, o frente a la sanción punitiva impuesta o  simplemente  porque  el  conjunto  probatorio echado de menos podría desvirtuar  razonablemente  la  existencia  del  hecho punible o acreditar circunstancias de  beneficio  frente  a  la  imputación  que  soporta2.   

          El  casacionista  no  cumple  a  cabalidad  con  tales presupuestos,  porque  se  limita  en  forma  genérica  a  quejarse  de  la no práctica de la  ampliación  del  citado  testimonio,  pero  se abstiene de efectuar la condigna  aproximación  acerca  del  contenido  de  ese elemento de juicio y más aún de  fundamentar  cómo  el  resultado  del  mismo  incidiría  favorablemente  en la  situación del procesado.    

En  punto a los cuestionamientos relativos a  la   existencia   de   incompatibilidad   en   el   defensor   del  QUILINDO     MAMIÁN,     en    cuanto  simultáneamente    representó   también   los   intereses   de   Lúber  Jiménez  Mamián,  el  actor  se  circunscribe  a  indicar  que  éste  fue  quien  lo señaló de ser coautor del  quehacer  delincuencial objeto de juzgamiento, sin explicar cómo esa situación  habría  privado  de oportunidades favorables a los intereses de su asistido, ni  la   razón   por   la   cual   los  relatos  de  los  inculpados  comprometían  recíprocamente  su  responsabilidad,  al  extremo de hacer imperativo, o cuando  menos  aconsejable, la designación de abogados distintos para que separadamente  asumieran su defensa.   

Lo  anterior  porque,  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia        de        la        Sala3,  para  que  pueda hablarse de  incompatibilidad  en  la  defensa  es necesario que entre los procesados existan  imputaciones  recíprocas, o posturas irreconciliables, o que la verdad revelada  por  uno  interfiera  en los  intereses defensivos del otro, aspectos estos  que, se insiste, de ninguna manera refiere el impugnante.   

Es  ese sentido, resulta claro que el ataque  no   satisface   el   principio  lógico  de  razón  suficiente  que  gobierna,  igualmente, el recurso extraordinario de casación.   

         En    el    segundo   cargo   el   actor   denuncia   la  presencia  de     un  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad en relación con  los  testimonios  de  José  Edilmo  Pipicano  y  Fausto  Mamián Correa.   

El invocado yerro, como lo tiene precisado la  jurisprudencia  de esta Corporación, se presenta cuando el juzgador distorsiona  el  sentido  material de la prueba en cuanto la cercena, adiciona o translitera.  Para  su  demostración,  es  deber del actor identificar el medio sobre el cual  recayó  el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le  atribuye  el fallador, precisando los apartes donde se presenta la distorsión y  luego acreditar la trascendencia del yerro.   

El libelista no satisface la aludida carga de  sustentación.  Si  bien  precisa  los  elementos  probatorios  sobre los cuales  habría   recaído   el   dislate,   frente   al   testimonio   de  José   Edilmo   Pipicano   desconoce  el  principio   de   corrección   material  cuando  sostiene  que  el  ad  quem  le atribuyó haber afirmado que  QUILINDO   MAMIÁN   fue  también  contratado para dar muerte a la víctima, constituyéndose su labor de  acompañamiento en hecho fundamental para obtener ese cometido.   

En  realidad,  el  contenido  que asignó el  Tribunal  a la referida declaración es el siguiente, según así lo precisó la  propia corporación en cita:   

“La  víctima  JOSÉ EDILMO PIPICANO dice  que  cuando  LÚBER  JIMÉNEZ  le  disparó,  su compañero MAURICIO QUILINDO se  quedó  parado  y  luego  ambos  implicados salieron a correr….”4.   

Es  cierto  sí  que el juzgador infirió la  condición  de  coautor  del acusado a raíz de la actuación por él realizada.  Pero  ese  razonamiento lo hizo, no como consecuencia de adicionar indebidamente  contenidos  a  la mencionada declaración, sino fruto de la valoración suasoria  a  la cual sometió esa prueba en conjunto con las demás aportadas al plenario.   

Ese ejercicio apreciativo, que tiene soporte  en  la  disposición  legal  acorde  con  la cual el juez debe sopesar el acervo  probatorio  conforme a los principios de la sana crítica, sólo es cuestionable  en  sede  de  casación  por vía del error de hecho por falso raciocinio, labor  que  no  emprendió  el  demandante, habiendo de esa manera equivocado el camino  para formular el ataque.   

En lo referente al testimonio de Fausto  Mamián  Correa,  aun  cuando  el  libelista  predica  que  el mismo no se examinó en su totalidad, en últimas no  hace  sino  censurar al Tribunal por dar crédito a la afirmación del deponente  cuando  señaló  al acusado de intervenir en el punible al contribuir a sacar a  la víctima de su casa, aseveración que estima inexacta.    

Con  tal  forma  de razonar el actor no hace  sino  controvertir  el mérito asignado por el fallador a las pruebas, olvidando  que  en sede de casación no resultan admisibles ese tipo de postulaciones, dada  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña a la sentencia  impugnada,   a   cuyo   tenor  las  conclusiones  probatorias  del  sentenciador  prevalecen  sobre las de los sujetos procesales, salvo la demostración de error  ostensible  mediante  las  exigencias de fundamentación demandadas por la ley y  la jurisprudencia, lo cual no acontece en este caso.   

          En    el    tercer   cargo   acusa  al Tribunal de incurrir en error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  en  relación con la declaración de  Lúber       Jiménez       Mamián.   

          Si,  conforme  lo  tiene  precisado la jurisprudencia de la Sala, el  mencionado  error  de derecho se presenta cuando el fallador asigna validez a un  medio  de prueba, a pesar de que en su producción y aducción se desconocen las  reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador  deja  de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente  que  en  su  recaudo  se  desatendieron  dichas reglas, es evidente que el yerro  denunciado  carece de fundamento por cuanto el ad quem  expresamente   excluyó  el  referido  testimonio  al  considerar   que   el   mismo   no   se   practicó   conforme   a   las  reglas  legales.   

          Si  bien el demandante reconoce la anterior circunstancia, aduce que  el  Tribunal,  de todos modos, fundamentó la sentencia con apartes del excluido  testimonio,  en  cuanto  dio  por  probados  hechos que solamente se deducen del  mismo,  como  la  contratación  por  parte  del determinador del punible de dos  sicarios  para  dar  muerte  a  la  víctima y la contribución del procesado de  esperar   a   ésta   como   aporte  del  plan  criminal  que  le  correspondía  realizar.   

          Sin  embargo, con dicha argumentación el impugnante desatiende, una  vez  más,  el  principio  de  corrección material, pues el fallo, en realidad,  fundamentó  la  responsabilidad  de MAURICIO QUILINDO  MAMIÁN  a  partir  de  la actuación desarrollada por  éste  y  declarada  por los deponentes Franklin Emiro  Jiménez   Gómez,   Wálter   Saúl  Jiménez  Gómez,  José  Edilmo  Pipicano  y    Fausto    Mamián  Correa, acorde con quienes aquél contribuyó a llevar  al   agredido   a   un   lugar   despoblado   y   solitario  donde  Lúber  Jiménez le disparó, tras lo cual  lo dos huyeron del lugar.   

          En  consecuencia,  por  la  inapropiada  sustentación de los cargos  formulados,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  instaurada  por  el defensor de  MAURICIO  QUILINDO  MAMIÁN.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  MAURICIO  QUILINDO  MAMIÁN.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Auto  del 5 de  diciembre de 2007, radicación 28613.   

3 Auto  del 11 de marzo de 2003, radicación 19952   

4  Página 13 de la segunda de segunda instancia.     

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