41483(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 208  

Bogotá      D.C.,     julio tres (3) de dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Siguiendo las pautas regladas en el artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  procede  la Sala a constatar las exigencias de  crítica   lógica  y  sustentación  suficiente  en  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JHONATAN  ARLEY  PÉREZ  FRANCO,  contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Riohacha el 20 de marzo de  2013,  confirmatoria en lo sustancial de la dictada por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Conocimiento de la misma ciudad el 16 de diciembre de 2011, a  través  de  la cual lo condenó como autor penalmente responsable del delito de  homicidio  agravado  en  Islanis  Marcela  Gutiérrez  Rodríguez.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 8:45 de la noche del 6  de  julio  de  2009,  en  el  kilómetro  3 de la vía que de Riohacha conduce a  Maicao,  Rubén  Darío  Peñalver Castro  advertido por sus hermanas que habían escuchado los gritos de una  mujer  y vieron cuando dos personas corrían hacia el monte, encontró el cuerpo  sin  vida  de  Islanis Marcela Gutiérrez,    quien    estaba    embarazada    y    fue   herida   con   arma  cortopunzante.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada el 30 de octubre de  2009  se  impartió legalidad a la captura de JHONATAN  PÉREZ  FRANCO, oportunidad en la cual la Fiscalía le  imputó  la  comisión del delito de homicidio agravado, a la que no se allanó.  En  la misma diligencia, a instancia del ente acusador le fue impuesta medida de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación,  el 14 de diciembre de 2009  tuvo  lugar  la  correspondiente audiencia, en la cual la Fiscalía insistió en  la  imputación  del  referido punible contra la vida, agravado por la sevicia y  colocar  a  la  víctima  en  estado  de  indefensión,  sin que el procesado se  allanara.   

Surtido  el  debate oral, el Juzgado Primero  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Riohacha profirió fallo el  16   de   diciembre   de   2011,   por   cuyo   medio  condenó  a  PÉREZ  FRANCO  a  la  pena  principal de  cuarenta  (40)  años  de  prisión  y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por veinte (20) años, como autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  por  colocar a la  víctima en situación de indefensión.   

          En  la misma providencia le fue negada la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  Fiscalía,  la  apoderada  de  la  víctima,  el  defensor  y  el  Ministerio  Público,  el  Tribunal  Superior de  Riohacha  la  confirmó  mediante  proveído  del  20  de marzo de 2013, pero la  modificó  en  el  sentido  de  señalar  que  también  procedía  la causal de  agravación por la sevicia, igualmente imputada en la acusación.   

Contra   la   decisión  del  ad  quem  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  y  posteriormente  allegó el respectivo libelo,  cuya admisibilidad se examina en este auto.   

LA DEMANDA  

Luego    de    reseñar    in  extenso  el  curso  de  la actuación  procesal,  los  hechos, algunas pruebas y varios preceptos, el demandante invoca  la  causal segunda de casación establecida en el artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  pues  considera  que  el  fallo  fue  proferido en un trámite viciado de  nulidad,  toda  vez  que  se  violó  el  derecho  a  la  defensa técnica de su  procurado.   

Después  de  transcribir  doctrina sobre el  citado   derecho,   advera   el   censor   que  quien  asistió  a  JHONATAN   PÉREZ  no  controvirtió  los  testimonios   de   Sindy  Polo,  María  Rodríguez,  Gregorio   Gutiérrez   y  Anselmo Guzmán.   

Considera violado el debido proceso, pues no  se  cumplió  con  las  exigencias del artículo 381 del estatuto procesal penal  para  proferir  sentencia  condenatoria,  en  especial,  no se tuvo en cuenta el  principio  de  necesidad  de  la  prueba,  el  cual prohíbe decidir con base en  sospechas   o   suposiciones   privadas,   en   cuanto   exige   “la  aplicación  de  los medios de pruebas  (sic)  y requisitos previamente diseñados en la ley,  cosas  que  no  explica  el porqué dicho operador le está vedado procesalmente  suponer,   distorsionar,   desconocer   o  ignorar  las  pruebas  al  emitir  su  pronunciamiento,  y  como cuando incurren en tales desviaciones, surgen entonces  las  configuraciones  casacionales  consagradas  legalmente  para  el pernicioso  evento,  por  la  violación indirecta de la ley sustantiva, además, de que por  de  pronto  sea  factible  que  también  se  estructure una violación directa,  según  las aparentes fundamentaciones que se le hayan dado al fallo cuestionado  por esta defensa”.   

          Insiste   en  que  el  defensor  no  representó  adecuadamente  los  intereses  del  acusado,  no intervino con propiedad y no cuestionó las pruebas  de  cargo,  ni  aportó  medios  de  convicción,  y  además,  en  el  fallo se  quebrantaron   las   reglas   de   producción  y  aducción  de  los  elementos  probatorios.   

          Acto  seguido  cita  preceptos  del  Pacto  de  Nueva York y apartes  jurisprudenciales  sobre  el  derecho  a  la defensa técnica del cual gozan las  personas procesadas.   

De otra parte asevera que las estipulaciones  probatorias  acordadas  entre defensa y Fiscalía prácticamente comportaron una  declaración    de    responsabilidad    de   PÉREZ  FRANCO.   

          Con  base  en lo expuesto, el impugnante solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  con  el  propósito  de invalidar lo actuado desde la audiencia  preparatoria,  en  procura  de  asegurar  los  derechos al debido proceso y a la  defensa técnica de su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha puntualizado la Colegiatura que si bien en  el   estatuto   procesal   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  es  claro que corresponde al recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

En  el examen de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la  Sala  constatar  en  la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración  definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación   de   este   recurso   extraordinario   en   una   instancia  adicional  a  las ordinarias.  Tales    requisitos    se    orientan    a    conseguir    el    desenvolvimiento  de  los libelos dentro de  unos  mínimos  lógicos  y  de coherencia en la postulación y demostración de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a la Corte  en su función reglada de orden constitucional y legal, develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Puntualizado  lo  anterior,  se advierte que  desde       la      misma      proposición      de      su      “DISCENSO”  (sic)  sustentado  en varios  reparos,  el defensor incurre en falencias de gran calado, pues de una parte, no  se   atiene  al  principio  de  prioridad  de  las  censuras,  en  virtud del cual le corresponde plantear en  primer  lugar los reparos que de prosperar conducirían a la invalidación de lo  actuado,  y  luego  sí aquellos que suponen la indebida aplicación de la ley o  la  incorrecta apreciación de las pruebas, y además, en caso de ser varios los  motivos  invalidantes,  postularlos  en  orden  de mayor a menor cobertura de la  nulidad de la actuación.   

Además,   quebranta   el   principio   de   claridad   y  precisión  dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  según  el cual,  corresponde  al  censor acudir “mediante demanda que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  tal  exigencia dispuesta por el legislador que se  proponga  en forma sincrónica la nulidad de lo actuado por violación al debido  proceso  y  al  derecho de defensa, sin percatarse que uno y otro corresponden a  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general  un  vicio  de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera claro sobre el  particular    en   su   planteamiento,   evitando   su   impropia   formulación  simultánea.   

Adicionalmente,  no  procede  a  explicar la  forma  en  que  se  produjo  la  violación del debido proceso, esto es, de qué  manera  fueron socavadas las bases y estructura del trámite; tampoco señala de  qué  modo fue violado el  derecho de defensa de su procurado, dado que, en  virtud  del  principio  de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del  proceso,  la  simple  ocurrencia de la incorrección no conduce necesariamente a  la  invalidación  de  lo  actuado,  en  cuanto es preciso acreditar que aquella  produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos  a  los intereses y derechos del  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal, pues de lo contrario, el vicio carece de  trascendencia e imposibilita declarar la pretendida invalidez.   

De  igual  forma  es  oportuno  señalar que  vulnera   el   principio  de  autonomía  de  las  causales, según el cual, a cada una de ellas corresponde  un   discurrir   y   acreditación   propias  sin  que  pueden  mezclarse,  como  indebidamente  procedió el defensor al proponer a un mismo tiempo la nulidad de  la  actuación  (causal  segunda),  la  violación  directa de la ley sustancial  (causal  primera)  y  la  indebida apreciación de las pruebas (causal tercera),  regladas en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

Ahora,  en  cuanto  atañe  al  denunciado  quebranto  del  derecho  a la defensa técnica de su procurado, rememora la Sala  que  ya  ha  tenido  oportunidad  de  pronunciarse  sobre  el particular, en los  siguientes términos:   

“Suficientemente  tiene        decantado        la        Corte1,     que     la  prosperidad  del  cargo  que  remite  a  la ausencia de defensa  técnica  o  su  abandono,  demanda  demostrar  efectivamente  causado  un daño  trascendente,   de   tanta   singularidad  él,  que  necesariamente  incidió  en  el  fallo,  a  la  manera  de  entender,  por vía  contraria,  que  de  haber  contado  con  un  profesional del derecho ejerciendo  eficientemente  su  labor  en  ese  preciso momento procesal, el resultado final  hubiese  sido  otro, dígase la absolución, o cuando menos una atemperación de  la responsabilidad penal”.   

“Al  efecto, la  Corte  ha  establecido  de antaño, pacíficamente, que únicamente en los casos  en  los  cuales  el  abandono  defensivo  operó  durante una etapa completa del  proceso,  dígase  la  instrucción  o  el  juicio,  se determina automática la  nulidad,  dado  que una tan profunda carencia representa clara violación de las  mínimas   garantías   procesales   y   ostensible  quebrantamiento    de       la      estructura      misma    de   la   

actuación     penal.    En  los  demás casos, cabe agregar, dando  cumplimiento   al principio de trascendencia es   

menester demostrar efectiva afectación del  derecho  de  defensa,  para  que  tenga  eco la solicitud de nulidad (subrayas fuera de texto).   

A  partir  de lo expuesto, puede constatarse  que  el  casacionista  deplora  la  actividad de su antecesor y señala posibles  yerros  en  su  proceder,  sin  tener  en  cuenta que como ya lo ha sostenido de  tiempo  atrás  la  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura,  resulta improcedente  estructurar  el  reparo  por  violación  del  derecho de defensa a partir de la  crítica  al  ejercicio  profesional de los defensores anteriores, como que ello  hace parte de su particular percepción del asunto.   

Además,  pese  a  aducir  la violación del  derecho  a  la  defensa  técnica de su patrocinado, no emprende esfuerzo alguno  por  señalar  cuál  fue  el  perjuicio concreto que sufrió, es decir, de qué  manera  habrían  variado  las  conclusiones  del  fallo si el defensor anterior  hubiera  actuado de manera diversa, por ejemplo, al controvertir los testimonios  de  Sindy Polo, María Rodríguez, Gregorio Gutiérrez  y       Anselmo  Guzmán,  de  modo que se desentiende del principio  de  trascendencia que gobierna  este  medio  de  impugnación,  en  virtud  del cual, las irregularidades que no  comporten  afrenta  a  los  derechos de los sujetos procesales carecen de virtud  para disponer la casación de la sentencia atacada.   

Acerca  de  la violación del debido proceso  verifica  la  Colegiatura  que el planteamiento es poco menos que incomprensible  cuando  señala  que  se  violó el principio de necesidad de la prueba, el cual  prohíbe  decidir con base en sospechas o suposiciones privadas, en cuanto exige  “la     aplicación    de    los    medios    de  pruebas  (sic)  y requisitos  previamente  diseñados  en  la  ley,  cosas  que  no  explica  el porqué dicho  operador   le  está  vedado  procesalmente  suponer,  distorsionar,  desconocer  o  ignorar  las  pruebas al  emitir  su pronunciamiento, y como cuando incurren en tales desviaciones, surgen  entonces   las  configuraciones  casacionales  consagradas  legalmente  para  el  pernicioso     evento,     por     la    violación  indirecta  de  la ley sustantiva, además, de que por  de   pronto   sea   factible   que   también  se  estructure  una  violación  directa, según las aparentes  fundamentaciones   que   se   le  hayan  dado  al  fallo  cuestionado  por  esta  defensa” (subrayas fuera de texto).   

          Ahora,  como  también  el  censor  reprocha  que  en  el  fallo  se  quebrantaron   las   reglas   de   producción  y  aducción  de  los  elementos  probatorios,  es  palmario  que  ingresa en el discurrir propio de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, caso en el cual le correspondía identificar  con  exactitud  el  yerro,  es decir, establecer si los falladores cometieron un  error  de  hecho  al  apreciar  la  prueba,  bien  sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta  en  su  decisión  (falso juicio de existencia por suposición); ora  porque    al    considerarla    distorsionaron   su   contenido   cercenándola,  adicionándola  o tergiversándola (falso juicio de identidad); también, cuando  sin  incurrir  en  alguno de los yerros referidos derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia (falso raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

         Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Si  el  reclamo  se  encontraba  dirigido  a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  era  su  deber identificar el medio  probatorio   que   tacha   de   ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco asumió.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procede  a  plasmar su personal percepción fragmentaria e imprecisa del asunto,  sin  siquiera  ventilar una hipótesis ajena a la demostrada probatoriamente por  la   Fiscalía   y   declarada   por   los   falladores  de  primera  y  segunda  instancia.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  factura,  su presentación  con    base    en    análisis    fragmentarios   e  imprecisos, y sin atenerse  a  las  reglas  lógicas  y  argumentativas que la gobiernan, obliga a la Sala a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación   de   derechos   o   garantías  del  acusado,  como  para  adoptar  la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional  presentado por el defensor de JHONATAN  ARLEY  PÉREZ FRANCO, de acuerdo  con las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante  elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Fallo  del  11  de julio de 2007. Rad. 24297. También en providencias del 11 de  julio  de  2002.  Rad.  11393,  18 de abril de 2002. Rad. 14609, 13 de agosto de  2003.  Rad.  15230,  22 de octubre de 2003. Rad. 20.571 y 26 de octubre de 2011.  Rad. 37601, entre otras.     

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