40809(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 170.  

Bogotá D.C., veintinueve (29) de mayo de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  LILIANA  DÍAZ  FANDIÑO  y  ELSA   FANDIÑO   QUITIÁN   contra   la  sentencia  proferida  el  5  de  diciembre  de  2012, por cuyo medio el Tribunal  Superior  de  San  Gil confirmó la dictada el 11 de julio del mismo año por el  Juzgado  Segundo  Promiscuo Municipal de Suaita, que las condenó como coautoras  del delito de lesiones personales dolosas.   

HECHOS  

Fueron  resumidos  en  el  fallo  de segunda  instancia de la siguiente manera:   

“De lo probado en el juicio oral se extrae  que  el  22  de  octubre  de  2010  en horas de la tarde, en la vereda Neftalí,  corregimiento  de  San  José  de  Suaita,  avanzaba por el camino hacia su casa  luego  de  terminar  sus  tareas  agrícolas, la señora Hilda Fonseca cuando se  encontró  con  Liliana  Díaz  Fandiño, con la que no tenía buenas relaciones  por  causa de una queja que la primera instauró contra la segunda por maltratar  a  su  hija,  y  luego  de discutir como igual había sucedido el día anterior,  Liliana  prosiguió  hacia  su  residencia,  quedándose  atrás Hilda la que es  abordada  un  poco  más adelante por la madre de aquélla, Elsa Fandiño, quien  le   preguntó   qué   era  lo  que  le  pasaba  con  su  hija.  De  repente  y  sorpresivamente  es  atacada por la espalda por Liliana y luego reducida por las  dos  mujeres  que  le  golpearon,  mordieron  los  brazos  y  le causaron serias  lesiones  en  su humanidad a nivel de la columna vertebral en región cervical y  dorsal     y     músculos     deltoides    y    paravertebrales”.         

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El 31 de agosto de 2011 la Fiscalía imputó  cargos    a   LILIANA   DÍAZ   FANDIÑO  y  ELSA  FANDIÑO  QUITIÁN  ante el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Suaita (Santander)  por  el  delito  de lesiones  personales dolosas.     

          El  19  de septiembre siguiente, el ente acusador radicó escrito de  acusación  en  contra  de  las  procesadas  como  coautoras  del punible de los  artículos  111 y 113 del Código Penal, cargos ratificados durante la audiencia  de  formulación de acusación celebrada el 27 de octubre del mismo año ante el  Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Suaita.   

En  el citado despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio  oral,  a  cuyo  término profirió  sentencia  de  primer grado el 11 de julio de 2012 por medio de la cual condenó  a  las  acusadas  a  la  pena  principal de veinticuatro (24) meses de prisión,  quince   (15)  salarios  mínimos  mensuales  de  multa  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  igual,  tras  encontrarlas responsables del delito de lesiones personales  dolosas  en  la  modalidad deformidad física transitoria. Así mismo, concedió  el subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

Contra  el fallo de primer grado, la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció el Tribunal  Superior  de  San  Gil  el 5 de diciembre de 2012, impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, la  defensa  interpuso  recurso  de  casación, por cuyo motivo el libelo presentado  con  el  fin  de  sustentarlo  se  remitió  a  esta  Sala, el cual se analiza a  continuación.   

LA DEMANDA  

         

          Propone   un  único  cargo  sustentado  en  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho por falso  raciocinio  en  relación con la declaración de Hilda  Fonseca  y  en  un  error de hecho por falso juicio de  existencia    respecto    de    la    testimonial   rendida   por   Enrique   Hernández,   Elizabeth   Díaz   Llanos,  LILIANA  DÍAZ  FANDIÑO  y  ELSA  FANDIÑO  QUITIÁN.      

          Según     la     libelista,     el     falso    raciocinio    tiene  concreción     porque  “el fallador  de  segunda  instancia  le brinda al testimonio de la presunta víctima un valor  que  supera  la  sana  crítica,  conforme  a  los principios de la lógica, las  reglas  de la experiencia y los postulados de la ciencia; puesto que el Tribunal  le  da  total  credibilidad  a  su declaración, basándose en que LILIANA DÍAZ  FANDIÑO no resultó lesionada”.   

          Así  mismo,  por  cuanto la Colegiatura a  quo     no     consideró     el    “interés  en  perjudicar  a  las  hoy condenadas, pues vemos que en  efecto   entre  las  partes  se  venía  presentando  animadversión”  y,  además,  no  existe prueba sobre la responsabilidad de las  procesadas  en  tanto  la  valoración  médico legal aducida no demuestra dicho  aspecto.    

          De  igual  forma,  afirma  la  concurrencia  de  un  falso juicio de  existencia  por  cuanto  el  Tribunal no valoró la declaración de Enrique  Hernández,  quien  señaló que  ELSA  FANDIÑO QUITIÁN  el  día  de  los  hechos  estuvo  toda  la  tarde  en su residencia y, además,  refirió  los  motivos  de  las  rencillas  entre  las  partes.  Se trata de una  declaración  incorporada  al  juicio  que  los  falladores de primera y segunda  instancia  omitieron valorar, situación que incide en la decisión final porque  con   ella   se   demostraba   la  ajenidad  de  ELSA  FANDIÑO  en la comisión de la conducta punible, así  como   la   animadversión  de  las  mujeres  involucradas  en  la  riña.    

          De  esta manera, la Colegiatura se sustrajo al deber de analizar las  pruebas  en  conjunto  con  lo cual infringió los artículos 380, 381 y 404 del  Código de Procedimiento Penal.   

          Además,  añade,  los  fallos  de  primera  y  de segunda instancia  establecieron  una  tarifa legal en perjuicio de las procesadas en la medida que  sólo  consideró  las  pruebas  de  la  Fiscalía,  desechando  las acopiadas a  instancias de la defensa.   

          Con  tal  proceder,  opina,  se  vulneraron  los  principios de  presunción    de    inocencia,    in   dubio   pro  reo  e  igualdad por cuanto, además, no se sabe cómo  resultó     lesionada     la     señora     Hilda  Fonseca,  pues  pudo  suceder  que  cayera del caballo  cuando   forcejeaba   con  LILIANA  DÍAZ,  quien se defendía de la agresión con machete de que era objeto.   

Por lo expuesto, solicita casar la sentencia  y fallar como en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y argumentada, tal como lo impone el inciso  segundo  del artículo 184, cuando establece que “no  será  seleccionada…  la  demanda que se encuentre en alguno de los siguientes  supuestos:   si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,    no    desarrolla    los    cargos   de   sustentación…”.   

De  igual forma, acorde con el artículo 183  ibídem,   el   recurso  extraordinario      de     casación     se     interpondrá     “mediante  demanda  que  de  manera  precisa  y  concisa señale las  causales invocadas y sus fundamentos”.   

Además  de  lo  anterior,  el  libelo  debe  evidenciar  la necesidad del fallo para cumplir los fines del recurso, según lo  dispone  la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184, al  señalar    que    también    se   inadmitirá   la   demanda   “cuando  de  su  contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del recurso”.   

Entonces,  con  la Ley 906 de 2004 adquieren  significativa  importancia  los  fines  del  recurso,  al punto que en el inciso  siguiente  de  la  misma  preceptiva,  se establece que la Corte “atendiendo  a  los  fines  de  la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  lleva a exigir para la admisión de la demanda que aflore la necesidad  del  pronunciamiento  de  fondo para satisfacer alguno de sus fines previstos en  el artículo 180 del estatuto procesal.   

Sobre  esta  exigencia,  conviene precisarlo  desde  ahora,  el  libelo  no incluye ninguna argumentación sólida y coherente  que  indique la razón por la cual resulta necesario que la Corte emita fallo de  casación,  esto  es,  si  se  requiere  para obtener la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  estos o la unificación de la jurisprudencia. Dicha  falencia  devela  el  incumplimiento  del  presupuesto de debida fundamentación  propio   de   todo   libelo  casacional,  motivo  suficiente  para  decretar  su  inadmisión.          

   

Lo anterior con mayor razón si se considera  que  la  necesidad  del fallo no surge del contexto del libelo, pues el mismo se  circunscribe  a proponer errores de hecho por falso raciocinio y falso juicio de  existencia,    sin    atender    a    la    naturaleza    de   las   mencionadas  falencias.   

Según  criterio  reiterado  de  la Sala, se  incurre  en  error  por  falso  raciocinio  cuando el juzgador aprecia la prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por  razón de esa especial naturaleza, para  que  el  reproche  basado  en  ese  yerro  goce  de  la imprescindible lógica y  suficiencia,  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la  sentencia  y a la vez a señalar cuál es el  postulado de la sana crítica en su criterio vulnerado.   

Acto  seguido,  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

En  la  censura objeto de estudio si bien se  identifica  el  medio  de prueba de carácter testimonial sobre el cual recae el  pretextado   vicio   valorativo,   esto  es,  la  declaración  de  la  víctima  Hilda Fonseca, y se menciona  el  mérito  otorgado  al mismo, al indicar que se le dio plena credibilidad, lo  cierto  es  que  no  se esbozan los restantes elementos del reproche, por manera  que  la  censura  quedó  reducida  a  un  alegato de instancia donde la defensa  expresa   su  inconformidad  frente  a  la  ponderación  del  citado  medio  de  convicción e intenta imponer su propia interpretación del mismo.   

En  efecto, no identifica el postulado de la  sana  crítica  vulnerado,  limitándose a señalar una abstracta afectación de  dicha  categoría  jurídica  y,  menos  aún,  vincula el principio lógico, la  máxima  de  la experiencia o la regla científica presuntamente quebrantada con  la  apreciación  probatoria cuestionada. Tampoco señala cómo se desviaron los  falladores  de  dichas  pautas.  En  ese  contexto,  dichas  omisiones dejan sin  sustento  la  demanda  por  cuanto  no  contempla  aspectos que obligatoriamente  debía  analizar  para evidenciar la violación de la ley sustancial por la vía  del error de hecho por falso raciocinio.   

De esta manera, el reproche se circunscribe a  un  enunciado  abstracto sin concatenación con la realidad procesal, expresión  del  parecer  personal  de  la  libelista  sobre  cómo  ha debido apreciarse el  testimonio  de la víctima, con lo cual se olvida que la casación no constituye  una tercera instancia.   

Entonces,  al  constatarse  que el censor se  limita  a  exponer  su criterio personal en punto de la valoración de la citada  prueba,  resulta  evidente  que  no  demuestra  el  error  formulado y, además,  desconoce   la   naturaleza   extraordinaria   de   este   recurso  –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de  errores que afectan la ilegalidad del fallo- sin lograr derruir  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que lo gobierna -en cuya virtud  prevalece   el   juicio   del  sentenciador  sobre  la  opinión  subjetiva  del  recurrente-.   

De otra parte, el falso juicio de existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de  prueba  es  omitido  de la valoración  efectuada  por  el  juzgador no obstante haber sido allegado al proceso en forma  legal,    regular    y    oportuna   (ignorancia   u  omisión)  o  porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en  el  proceso (suposición o  ideación),  otorgándole un efecto trascendente en la  sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida   

          Siendo  ello así, lo primero que la Sala advierte es la inexactitud  de  la  afirmación  del libelo en el sentido de que los juzgadores excluyeron u  omitieron    la    valoración    de    los    testimonios    de    Enrique  Hernández, Elizabeth Díaz Llanos, LILIANA DÍAZ FANDIÑO  y  ELSA  FANDIÑO  QUITIÁN,  pues la revisión de los  fallos  demandados  demuestra que sí fueron ponderados, aunque no en el sentido  pretendido  por  la  defensa.  Esta  sustancial  falencia  torna  improcedente  la  admisión  del  reparo  por  ausencia de su fundamento fáctico.   

          Obsérvese  cómo  en la sentencia impugnada el Tribunal resume cada  una  de  las  intervenciones de los testigos de la defensa, incluidos los que la  libelista  considera  omitidos,  y  a continuación realiza una valoración  conjunta  del  material  probatorio  a partir de la cual obtuvo certeza sobre la  comisión del delito y la responsabilidad de las procesadas.   

          Así,    por    ejemplo,    en    el    fallo    se    consigna   lo  siguiente,   

“4.5.  Enrique Hernández, manifestó que  conoce  a  las  procesadas  hace  15  años porque les ha ayudado a trabajar. En  relación  con los hechos manifestó que ese día se encontraba recogiendo café  en  compañía  de  Elsa  y  el  esposo  y después se fue a la casa de éstos a  esperar  a Liliana para que le vendiera un pollo, quien llegó hasta las seis de  la  tarde  y  cuando su mamá le preguntó qué le pasó porque llegó llorando,  le dijo que bien “por no la mataron”.   

Expuso el deponente que mientras él estuvo  en la casa de Elsa, ésta no salió para ningún lado.   

4.6.  Elizabeth  Díaz  Llanos  tía  de la  acusada  Liliana  Díaz,  no  le  consta  nada  sobre  los  hechos, y tampoco de  problemas  entre ellas. Manifiesta que lo único que sabe es que Hilda expresaba  “que  tenía  que desquitarse de la quitada de la escopeta, que con la macheta  tenía  que  cortar oreja” y que aunque no mencionaba a Liliana ella entendía  que   se   refería   a   su   sobrina”1.      

          Igual  trabajo  realiza  la  Colegiatura a  quo    respecto    de    las    versiones   de   las  procesadas.   

          Y   en   punto   de  la  valoración,  expuso,  entre  otros  muchos  argumentos,   

“Se   colige  igualmente  de  lo probado en la audiencia de juzgamiento, que la procesada Elsa  Fandiño  Quitián  no se hallaba presente cuando Hilda Fonseca bajó del equino  a  Liliana Díaz. Esto es, que la tarde del 22 de octubre, ella no acompañaba a  su  hija  cuando  se encontró con aquella frente a la casa de Epimenio Franco y  Juan  Bautista y que su presencia en la escena de los hechos ocurre luego de que  su  hija Liliana arriba a la casa y le cuenta que se había encontrado con Hilda  por  el  camino  y  habían  tenido  un  nuevo enfrentamiento verbal, por lo que  decide  desplazarse  con  su descendiente a la carretera, armada de un palo para  encontrarse   con   la  víctima  que  para  ese  momento  iba  sola”2.   

         

          De  lo  anterior  se colige cómo el Tribunal ponderó los medios de  convicción   señalados   por   la   demandante,  incluso  el  de  Enrique  Hernández, sólo que consideró  que  la  agresión  se  produjo  con  posterioridad a la llegada de LILIANA DÍAZ a su casa.   

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto,  permiten  a  la  Sala  concluir  que  la  demanda no cumple con las  exigencias   contenidas  en  las  normas  transcritas  al  inicio  de  la  parte  considerativa   de   esta   decisión,   motivo   por   el  cual  se  impone  su  inadmisión.   

Lo anterior, además, porque al considerarse  el  contenido  de  la  demanda  y revisarse la actuación, se arriba a idéntica  conclusión  en tanto no se observa necesario superar los defectos reseñados en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional presentado por la defensa de las procesadas  LILIANA  DÍAZ  FANDIÑO  y  ELSA  FANDIÑO  QUITIÁN por  las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                            FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR     OTERO                                             JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 25 y 26 de la carpeta de segunda instancia.   

2 Cfr.  Folio 29 de la carpeta de segunda instancia.     

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