40121(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

Aprobado  acta Nº  454    

         

Bogotá,  D.  C.,  diez  (10)  de  diciembre de dos mil doce (2012)    

       

V   I   S   T   O  S   

Sería  del  caso que la Corte procediera a  calificar  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de Adel        Joaquín        Pérez        Porras       contra   la  sentencia   dictada   por   el   Juzgado  Dieciséis  del  Circuito  Adjunto  de  Descongestión  de  Bogotá,  si  no  se  advirtiera  que la acción penal se ha  extinguido por razón de la prescripción.   

  H   E   C   H   O  S     

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El   1  de  septiembre  de  2003,  aproximadamente  a  las 4 de la tarde, en la Calle 62 con  108,  barrio  Bosa  de  esta ciudad (Bogotá), cuando el vehículo de placas SNB  086,  conducido  por  Abel  Joaquín Pérez Porras arrolló a la menor T.J. B.D,  quien cruzaba la calle por la zona peatonal junto con su abuela.   

“Este accidente de tránsito causó en la  menor…  graves  lesiones  especialmente  en sus miembros inferiores, la cuales  fueron  dictaminadas  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal  como: incapacidad  médico  legal  definitiva  de  100  días  con  secuelas  de deformidad física  permanente  que  afectan  el  cuerpo,  perturbación  funcional  del  órgano de  carácter   permanente   y   perdida   anatómica   del   miembro  de  carácter  permanente”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  9 de septiembre de 2005, calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra Adel  Joaquín  Pérez  Porras  por  el  delito de lesiones  personales  culposas,  según  lo preceptuado en los artículos 111, 112.3, 114,  116  y  120  del Código Penal, decisión que al ser recurrida fue confirmada el  8      de     octubre     de     2007.   

2. El Juzgado Treinta y Tres Penal Municipal  de  Bogotá, el 30 de marzo de 2012, dictó sentencia de primera instancia en la  que   condenó   a   Adel   Joaquín  Pérez  Porras  a la pena principal de 15 meses de prisión, multa de  5  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  privación del derecho a  conducir  vehículos automotores por un año y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible de lesiones  personales culposas.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Juzgado  Dieciséis  del  Circuito Adjunto de Descongestión de Bogotá, el 4 de  junio de 2012, confirmó parcialmente la sentencia impugnada.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del   acusado   interpuso  recurso de casación.   

Presentada   la   demanda,   el   proceso   arribó  a  éste  despacho  el  11  de  octubre  de  2012,     para     la    calificación    de    la  demanda.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  De  acuerdo  con  el  anterior recuento  procesal,  surge  claro  que  la  acción penal en este asunto se extinguió por  razón  de  la  prescripción,  respecto  de  la  conducta  punible  de lesiones  personales  culposas,  motivo  por el cual la Sala se abstendrá de pronunciarse  sobre     la    admisibilidad    de    la  demanda  de  casación  y,  en  su  lugar,  ordenará  cesar todo procedimiento a favor del  procesado.   

Ahora  bien,  con  estricto  apego  a  lo  consagrado  en  el  artículo  83  de la Ley 599 de 2000, se sabe que la acción  penal  prescribe  en  un  tiempo  igual  al máximo de la pena fijada en la ley,  “si fuere privativa de la libertad, pero en ningún  caso   será   inferior   a   cinco   (5)   años,   ni   excederá   de  veinte  (20)…”,  salvo,  entre  otros,  lo atinente a las  conductas  de  genocidio,  desaparición  forzada,   tortura   y   desplazamiento      forzado,      que     será     de   treinta  (30) años.   

En  los  asuntos  en  que se haya proferido  resolución  de  acusación, como aquí ocurrió, el término prescriptivo de la  acción  se  interrumpe  y  “comenzará a correr de  nuevo  por  un tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo 83. En este  evento  el término no podrá ser inferior a cinco (5) años, ni superior a diez  (10)”,  según así lo contempla el artículo 86 de  la misma Ley 599 de 2000.   

Aclarado  lo  anterior,  recuérdese que el  procesado  fue  acusado  por el delito de lesiones personales culposas. Así las  cosas,  se  conoce  que dicha conducta punible comporta una pena máxima, según  lo  previsto  en  el  artículo 116.1.2, de 11 años de prisión, cifra que debe  reducirse  por  la  modalidad  culposa  (artículo  120  de la Ley 599 de 2000),  obteniendo como sanción máxima 40 meses de prisión.   

En  tales  circunstancias,  resulta nítido  inferir  que  en  este  caso, por encontrase el diligenciamiento en la etapa del  juicio,  el  término  de  extinción  de  la  acción  penal  por  razón de la  prescripción  para  dicho  punible  es  de 5 años, plazo que en este evento se  cumplió.   

En  efecto, como quiera que al sentenciado,  el  9 de septiembre de 2005,  se  le  profirió  resolución  de  acusación  por  la  conducta en precedencia  citada,  providencia  que  cobró  ejecutoria  el 8 de  octubre  de  2007,  día  en que el fiscal de segunda  instancia   desató  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  pieza  acusatoria,  es  acertado deducir que el referido término ya trascurrió, lapso  que  ocurrió antes de arribar el proceso a la Corte para la calificación de la  demanda    de    casación   (11   de   octubre   de  2012).   

De manera que la Sala declarará extinguida  la  acción  penal  y,  consecuentemente, cesará todo procedimiento a favor del  enjuiciado por la infracción señalada anteriormente.   

2.  Así  mismo,  el  Juzgado  de  origen  procederá  a  cancelar las órdenes de captura, las cauciones que hubieren sido  prestadas  y  las restricciones impuestas al inculpado. Además, de ser el caso,  informará  lo aquí resuelto a las mismas autoridades a las que se le comunicó  la  medida  de  aseguramiento,  el  calificatorio  del sumario y la sentencia de  primera y segunda instancia.   

3.  En la medida en que en este trámite se  ejerció  la acción civil, según los artículos 98 y 99 de la Ley 599 de 2000,  también se ordenará su extinción.   

4. Por último, la Sala expedirá copias del  proceso  con  destino  al Consejo Seccional de la Judicatura, Sala Disciplinaria  de  Bogotá,  para  que  se investigue disciplinariamente al titular del Juzgado  Treinta  y Tres Penal Municipal de esta ciudad, toda vez que la etapa del juicio  duró  allí  casi  4  años  y  medio, mora que incidió en la extinción de la  acción penal y civil.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.    Abstenerse    de    emitir    pronunciamiento   acerca  de la   admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el     defensor del acusado.   

2.   Declarar      que  las   acciones   penal  y  civil a que se contrae este  trámite  por  la  conducta  punible  de  lesiones       personales       culposas      se  encuentran  extinguidas por razón de  la  prescripción.  En  consecuencia, se ordena cesar todo procedimiento a favor  de   Adel   Joaquín  Pérez  Porras.   

3. Contra esta decisión procede el recurso  de reposición.   

4. Disponer que el juzgador de segundo grado  realice  las  anotaciones,  devoluciones,  cancelaciones  y  medidas  a que haya  lugar,  como consecuencia de la extinción de las acciones penal y civil, según  lo expuesto en la parte motiva de esta decisión.   

5.  Por  Secretaría de la Sala, expídanse  las  copias  con  destino  a  la  Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la  Judicatura de Bogotá para lo de su cargo.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                   GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO  PARCIAL DE VOTO  

Con  el debido respeto que la decisión de  mayoría  merece,  procedo a consignar las razones por  las  cuales  me  separo  en  forma  parcial  de  la  decisión  que  declara  la  prescripción  de las acciones penal y civil surgidas con ocasión del delito de  lesiones  personales,  atribuido  al  procesado  Adel  Joaquín Pérez Porras.   

En  ese  propósito  reitero  mi  criterio  expuesto  en precedentes salvamentos frente a las providencias con las cuales la  Corte  adoptó similares determinaciones a las asumidas en esta especie, el cual  sintetizo señalando que,   

“…  mi  discrepancia  es  frente  a la  oportunidad  en  que  se hace la declaración de prescripción civil y por quien  la  hace,  y  no  en  cuanto  se  relaciona  con  la  cesación de procedimiento  penal   por  el  delito  de  (…)  pues,  en  verdad,  a  partir de la ejecutoria de la resolución de  acusación  hasta  la  fecha  de este pronunciamiento, ha transcurrido de manera  ininterrumpida   un término superior a cinco años, suficiente para que el  Estado   perdiera   toda   oficiosidad  para  continuar  ejerciendo  la  acción  penal,    ya  que  tal  determinación  no  amerita  reparo  alguno  de  mi  parte.   

Tal  y  como  lo expuse en el curso de los  debates  orales  en  el  seno  de  la  Sala, no puedo prohijar la providencia en  comento  sin  referirme  a  la decisión de declarar prescrita la acción civil,  pues  si  bien ella corresponde a una interpretación literal de la norma que la  establece  (Art. 98 del C. Penal), su aplicación inmotivada no se compadece con  el  deber  de  establecer  primero  la  razón  de  ser  de  la disposición, su  conformidad  con  la  Carta  Política,  o  al  menos con el principio rector de  aplicación  prevalente relativo al restablecimiento del derecho, según el cual  los  funcionarios  judiciales  deberán  adoptar las medidas necesarias para que  cesen  los  efectos  creados  por la comisión de la conducta punible, las cosas  vuelvan  al  estado  anterior, y se indemnicen los perjuicios, pues es claro que  el  delito  -como  fuente  de  obligaciones-,  ni,  por  supuesto,  sus  efectos  materiales,  económicos  y sociales, desaparecen por haber operado el fenómeno  de la prescripción de la acción penal.   

No  se tuvo en cuenta, que la disposición  aplicada  al  caso  sin  consideración  al  sistema  a que pertenece, se ofrece  excesivamente  gravosa  para  los intereses particulares de los perjudicados con  el  delito,  que  ven  frustradas  sus  expectativas  y  resultan  sancionados a  consecuencia de la inactividad del Estado.   

Esto,  si  se  considera  que en el evento  presente  la  parte  civil ejerció la acción en oportunidad y acudió a uno de  los   mecanismos   previstos  por  el  ordenamiento  jurídico  para  lograr  el  restablecimiento de su derecho.   

Con la decisión mayoritariamente adoptada,  no  sólo  se  exonera, sin más, de toda responsabilidad civil a la persona que  ha  sido acusada, sino que deja a la afectada sin instrumentos para perseguirla,  tan  sólo  por  haber optado por pretender la indemnización dentro del proceso  penal,  y  no  por  la  vía civil donde la prescripción de la acción opera en  términos  mucho  más  amplios,  se  interrumpe  con  la notificación del auto  admisorio  de  la  demanda  y  no hay lugar a declararla como consecuencia de la  simple          y          llana         inactividad         del         órgano  judicial.             

Y  si  bien  no  desconozco   que  el  Tribunal  Constitucional  mediante Sentencia C-570 de 2003 declaró exequible el  Artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  bajo el supuesto de que “la  medida  de  ligar el término de prescripción de la acción  civil  al  de  la  acción  penal, cuando la primera se ejerce en el marco de la  segunda,  es proporcional y ajustada a la exigencias propias del proceso penal y  a  las  características  que  identifican  al  papel  de  la parte civil en las  últimas  diligencias”, tampoco puedo pasar por alto  que  el  pronunciamiento  del Tribunal Constitucional, pese a haberlo anunciado,  desconoció  que “en cuanto hace a la acción civil,  el   objetivo   de   la  prescripción  es  extinguir  el  derecho  de  reclamar  judicialmente  el  crédito  como consecuencia de la inactividad del acreedor en  demandar      el      cumplimiento      de     la     obligación”.   

De ahí que, con todo y el pronunciamiento  de  la  Corte Constitucional en torno a la exequibilidad del precepto, considero  que  cuando el legislador precisa en el artículo 98 del Código Penal que   “la  acción  civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso penal, prescribe, en relación  con  los  penalmente  responsables, en tiempo igual al de la prescripción de la  respectiva  acción penal”, debe ser entendida en el  sentido  de que el juez penal no puede proferir el fallo civil correspondiente a  la  demanda  de constitución de parte civil, y el afectado queda en libertad de  reclamar  los  perjuicios ante la jurisdicción civil mientras que la acción se  encuentre  vigente,  pues,  en  palabras de la propia Corte Constitucional en la  sentencia  en  comento,  “no sería razonable que el  juez  penal  dictara  la  condena  en  perjuicios si la acción penal ya ha sido  prescrita”.   

Lo   contrario   implicaría  victimizar  nuevamente  al  sujeto  pasivo de la infracción penal por haber incurrido en el  desacierto  de  acudir a la jurisdicción penal con la esperanza de que allí se  produjera  en  un  tiempo menor la reparación por el agravio recibido, frente a  la  opción  de ir ante la jurisdicción civil, ya que a pesar de haber ejercido  en  tiempo  el  derecho  de  reclamar  el  pago por los perjuicios recibidos, la  lentitud  del  aparato  judicial  en  el trámite de su pretensión, le implicó  perder  el  derecho  frente  al penalmente responsable, para obligarlo acudir al  inicio  de  un proceso contencioso administrativo en contra del órgano judicial  que  frustró  sus  expectativas,  nada  de  lo  cual  hubiera ocurrido de haber  presentado la demanda ante la jurisdicción civil.”   

      

Son estos razonamientos los que me llevan a  discrepar respetuosamente de la decisión mayoritaria.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

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