40071(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Aprobado Acta No. 454  

Bogotá  D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  la  verificación  de los  requisitos   de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  en  el  libelo  casacional   allegado   por   el   defensor   de   la   procesada   LIGIA  MARÍA  ROLDÁN  ARANGO,  contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  el  16  de mayo de 2012, a través de la cual la condenó como autora penalmente  responsable   del  delito  de   obtención  de  documento  público  falso,  providencia  por cuyo medio revocó el fallo absolutorio de primer grado dictado  el  6  de diciembre de 2011 por el Juzgado Veinte Penal del Circuito de la misma  ciudad.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio    fueron   sintetizados   en   el   fallo   de   segundo   grado,  así:   

“Entre los meses  de  diciembre  de 2003 y enero de 2004, los exesposos Jorge Iván Vélez Espinal  y  Adriana  López  Ramos, contrataron los servicios profesionales de la acusada  como  abogada  litigante,  para  que  les  tramitara  un proceso de cesación de  efectos  civiles  de  matrimonio católico. Fue así como a comienzos del mes de  junio  de  2004,  la profesional del derecho hizo llegar a la dama poderdante un  fallo  del  Juzgado  Noveno de Familia de esta ciudad ya inscrito en la Notaría  24  del  Círculo  de Medellín en el respectivo registro civil de matrimonio de  los  contratantes;  posteriormente,  el  día 10 de junio de la misma anualidad,  cuando  la  señora  Adriana  López se acercó al despacho judicial a solicitar  una  copia  auténtica de la sentencia, se enteró de su carácter espurio, pues  el  secretario  del  despacho  le  dijo  que  la  sentencia  por ella solicitada  correspondía    a    una    que    involucraba   a   otras   partes”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  la  denuncia  formulada  por  Adriana  López  Ramos,  la  Fiscalía   Seccional   de  Medellín  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar,  para  luego  de  practicar  algunas  pruebas  declarar  abierta  la  instrucción,   en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  LIGIA  MARÍA ROLDÁN ARANGO.  Una  vez  clausurada  la  fase  instructiva,  el sumario fue calificado el 23 de  febrero  de  2005  con resolución de acusación en contra de la procesada, como  probable  autora  del  concurso  de  delitos  de  falsedad material en documento  público   agravada   por   el   uso   y   obtención   de   documento  público  falso.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Once  Penal del Circuito de Medellín, el cual, una vez surtido el rito  dispuesto  por  el legislador profirió fallo el 28 de agosto de 2006, por medio  del  cual  la  condenó a cincuenta y cuatro (54) meses de prisión, como autora  del concurso de delitos objeto de acusación.   

Impugnada  la  sentencia  por la acusada, el  Tribunal  de Medellín dispuso el 27 de marzo de 2007 mantener la condena por el  punible  de falsedad material en documento público, pero decretar la nulidad de  lo  actuado  desde  la acusación respecto del delito de obtención de documento  público falso.   

Entonces, la Fiscalía profirió resolución  acusatoria     en    contra    de    LIGIA    MARÍA  ROLDÁN  el   4  de  julio  de 2007 como probable  autora  del  delito  de  obtención  de documento público falso agravado por el  uso,  proveído  confirmado  en  segunda  instancia  por  la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el 2 de abril de 2009, al  desatar el recurso de apelación interpuesto por la procesada.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de Medellín, el cual lo remitió a su  homólogo  el  Juzgado  Veintisiete  de  conformidad  con  lo  establecido en el  Acuerdo  PSAA09-6055 emanado del Consejo Superior de la Judicatura, despacho que  el  6  de diciembre de 2011 dictó fallo, por cuyo medio absolvió a la acusada,  decisión  que  al  ser  impugnada  por la Fiscalía, el Tribunal Superior de la  misma  ciudad  la revocó a través de sentencia del 16 de mayo de 2012, para en  su  lugar  condenar  a  LIGIA  MARÍA  ROLDÁN  ARANGO  a    la    pena    principal    de   “cuarenta  (40) meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones   públicas   por   el   mismo   lapso”,  como autora penalmente responsable del delito de obtención de  documento público falso.   

         En   la  misma  providencia  le  fue  negada  tanto  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

          Contra   el   proveído   del   ad   quem  el   defensor   de   la   acusada  interpuso  recurso  extraordinario   de  casación  y  allegó  la  correspondiente  demanda,  cuyos  requisitos de admisibilidad se examinan en este auto.   

EL LIBELO  

El  recurrente formula tres cargos contra el  fallo   del  Tribunal,  los  cuales  postula  y  desarrolla  en  los  siguientes  términos:   

1.            Primer  cargo (principal): Nulidad de lo  actuado por prescripción de la acción penal   

Afirma  el  censor  que si el oficio 345 fue  elaborado  el  18  de marzo de 2004 y la acusación fue dictada el 4 de julio de  2007,  cobrando  ejecutoria al ser confirmada en segunda instancia el 2 de abril  de  2009,  “habían pasado más de cinco (5) años y  ya  el estado había perdido sus facultades para continuar con la investigación  de este punible”.   

          Precisa  que  “el  delito  por el que se  procede  se  halla  determinado  en  el  artículo  288  del  Código Penal, que  conlleva  pena  de  prisión de tres (3) a seis (6) años. Así las cosas, desde  el  18  de  marzo de 2009 operó el fenómeno jurídico de la prescripción y el  Estado  perdió  toda  facultad  para  proseguir la acción penal en el presente  caso.  Además,  de  conformidad  con  lo  dispuesto por el artículo 83, inciso  primero  de  la  Ley  599  de  2000,  pasaron  más  de cinco (5) años desde la  comisión  del  hecho  punible  hasta  la  decisión  de  segunda  instancia que  confirmó  la  resolución de acusación, lo que con mayor razón amerita que se  declare  la  nulidad  del proceso, por haberse presentado el fenómeno jurídico  de la prescripción”.   

2.               Segundo    cargo    (subsidiario):  “CAUSAL  TERCERA.  VIOLACIÓN  DIRECTA  DE  LA  LEY  SUSTANCIAL,  VIOLACIÓN  AL  DEBIDO  PROCESO Y AL DERECHO DE DEFENSA”   

          Advera    el   impugnante   que   el   Ad  quem  “incurrió en errores  de  hecho por violación directa de la ley sustancial, al no tener en cuenta que  el  Juez  de  primera  instancia  violó  flagrantemente  el debido proceso y el  derecho  de  defensa, al proferir un fallo viciado de nulidad (…) la Fiscalía  Instructora  desconoció  la  aplicación  constitucional  de  la investigación  integral”.   

Precisa  que la Fiscalía no verificó si lo  dicho  por  la  procesada  en  la  injurada  acerca  de  que sustituyó el poder  conferido  en  otro abogado fue cierto o no, además de que debió indagarse por  la  “veracidad  de  la  certificación emanada de la  Notaría  24  de  Medellín en el sentido de que revisado el archivo de registro  civil  de matrimonios, no aparece a folio 187 del 24 de agosto de 1985, toda vez  que  dicha Notaría sólo comenzó sus funciones en el mes de septiembre de 1993  y   que  el  oficio  a  ellos  dirigido,  el  347  del  18  de  marzo  de  2004,  presumiblemente   por   el  Juzgado  Noveno  de  Familia  era  falso”.   

          A  partir  de  lo expuesto, reclama la casación del fallo, a fin de  que se disponga la invalidación de lo actuado.   

3.            Tercer cargo: Nulidad por violación del  derecho de defensa   

Afirma  el  demandante  que  su asistida fue  procesada    sin    contar   con   asistencia   técnica   por   “falta   de   participación   integral   y   de   orientación   del  proceso”,  dado que no hubo intervención alguna del  defensor  de  oficio,  salvo  en la indagatoria. Resalta que no fue ubicado para  notificarlo  de  las  decisiones,  y que si bien la procesada es abogada, estaba  excluida  del  ejercicio  de  la  profesión,  de  modo que no podía atender su  propia defensa.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el  defensor  solicita  la  nulidad del  diligenciamiento.   

          Adicionalmente  depreca  se  conceda  a  su procurada la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena, pues “ha  mantenido  buen  comportamiento  en  sentido  general   y su mayor deseo es  cumplir  con  la  sociedad y reintegrarse a sus labores como abogada”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha dilucidado de tiempo atrás la Colegiatura  que  en  el  examen  de admisibilidad de los libelos casacionales le corresponde  constatar  que los recurrentes formulen los reparos conforme a los requisitos de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente  definidos  por  el legislador y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir demandas enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles por ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su función constitucional  y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

          Además,  de  acuerdo  con  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante  carece de interés o la demanda  no  reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

En cuanto atañe  al    primer   reproche,  encuentra  la  Sala  que  impropia  e inexplicablemente el defensor concluye que  el delito por el  cual se procede prescribe en la fase  del   sumario   en   un  lapso  de  cinco  (5)  años,  sin  percatarse  que  de conformidad con la preceptiva  del  artículo 83 de la Ley 599 de 2000, durante la etapa instructiva la acción  penal  prescribe  en  un  término igual al máximo de la pena establecida en la  ley,  pero  en  ningún  caso en un lapso inferior a cinco (5) años. Durante la  fase  de  juzgamiento  tal  término comienza a contarse de nuevo a partir de la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación por un tiempo igual a la mitad del  establecido  para la etapa de instrucción, sin que pueda tampoco ser inferior a  cinco (5) años.   

          Por  tanto,  si  la  pena  máxima  para  el delito de obtención de  documento  público  falso,  como el mismo censor lo anota, es de seis (6) años  de  prisión,  no  hay  duda  que es ese el término prescriptivo en la fase del  sumario,  de manera que si los hechos acontecieron en junio de 2004, es evidente  que  para  el  2 de abril de 2009, fecha en la cual fue confirmada la acusación  en  segundo  grado, no había transcurrido el referido lapso de prescripción de  la acción penal.   

         Impera  resaltar  que  el  término de prescripción se reduce a la  mitad  únicamente  en  la  fase de juzgamiento, a partir de la ejecutoria de la  acusación.   

         Lo  expuesto  denota  que el recurrente se sustrae a sus deberes de  claridad  y  precisión  exigidos  en el numeral 3º del artículo 212 de la Ley  600   de   2000,   según  el  cual,  la  demanda  de  casación  debe  contener  “la enunciación de la causal y la formulación del  cargo,   indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas  que el demandante estima  infringidas”  (subrayas  fuera  de texto), falencia  que  impone  la inadmisión del reproche, máxime si no atina a explicar de qué  manera  establece  el  término de prescripción de la acción penal del punible  por    el    que    se  procede.   

          Acerca  de  la  segunda censura  es palmario que el recurrente quebranta el principio de autonomía  de  las  causales,  según  el  cual,  cada  una de ellas cuenta con un ámbito,  objeto  y discurrir específico, sin que puedan mezclarse y proponerse de manera  sincrónica  como  ocurre  en este caso, al postular a un mismo tiempo la causal  tercera  de casación que corresponde a la nulidad del diligenciamiento derivado  del  quebranto  al  debido  proceso  o  al  derecho  de defensa, y la violación  directa   de   la   ley  reglada  en  la  causal  primera  de  casación  cuerpo  primero.   

Olvida  el  censor  que  las  violaciones al  debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa constituyen por antonomasia errores  in  procedendo, mientras que  la   violación   directa   comporta   equívocos   in  iudicando,  motivo  por  el  cual  no  es  viable  la  propuesta simultánea de tales causales.   

          Además,  indebidamente  postula  en forma sincrónica la violación  del  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso, sin percatarse que uno y otro  corresponden  a ámbitos diversos y delimitados. El primero, la vulneración del  debido  proceso,  constituye  por regla general un vicio de estructura (falta de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera claro sobre el  particular en su planteamiento, evitando su confusa formulación.   

Adicional  a  lo  dicho  se  tiene  que  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  acontece  cuando  a  partir  de la  apreciación  de  los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  sentenciadores  omiten  aplicar  la  disposición que se  ocupa  de  la  situación  en concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia  (falta   de   aplicación   o   exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que contempla el precepto  (aplicación  indebida),  o le atribuyen a la norma un sentido que no tiene o le  asignan   efectos   diversos   o  contrarios  a  su  contenido  (interpretación  errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia que ubica el debate en un ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Obviamente,  no  se  debate  allí el debido  proceso  o  el derecho de defensa, pues tales derechos encuentran su protección  a  través  de  la  causal  tercera  de  casación, cuya propuesta, desarrollo y  cometidos son sustancialmente diversos.   

          Ahora,  como  también dentro del mismo reproche el defensor postula  la  violación del principio de investigación integral, impera señalar que tal  planteamiento  le  exigía,  más  allá  de relacionar expresamente las pruebas  supuestamente   omitidas,   precisar   su  fuente,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  además  de  su  incidencia  favorable en los intereses de la persona  acusada  frente  a  las  conclusiones  del  fallo,  en  cuanto  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o superfluas, no constituye  menoscabo del derecho a la defensa, labor que no emprendió.   

          Además,  era  necesario demostrar que las pruebas echadas de menos,  al   ser  cotejadas  con  el  acervo  probatorio,  varían  sustancialmente  las  conclusiones  de  los  falladores,  así como el sentido de la sentencia, razón  por  la  cual resulta imprescindible invalidar la actuación a fin de allegarlas  y  contar  con  la posibilidad de valorarlas, actividad que tampoco acometió el  casacionista.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  reparo.   

Respecto del tercer  cargo  constata la Sala que como el demandante acude a  la  causal  tercera  de  casación,  debía  señalar  claramente  la especie de  incorrección  sustantiva  que determina la nulidad, los fundamentos fácticos y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la indicación de los motivos de su  quebranto.  También era de su resorte especificar el límite de la actuación a  partir   del   cual   se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidación,   demostrar   que  procesalmente  no  existe  manera  diversa  de  restaurar  el derecho afectado y, lo más importante, acreditar que la anomalía  denunciada  tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Dicho  lo anterior, puede constatarse que el  actor  incurre  en  varias  faltas  a  la técnica casacional, pues no procede a  explicar  la  forma  en que se produjo la violación al derecho de defensa de su  procurada,  dado  que,  en  virtud  del  principio  de trascendencia que rige la  declaratoria  de  nulidad  del proceso, la simple ocurrencia de la incorrección  no  conduce  necesariamente  a  la  invalidación  de  lo  actuado, en cuanto es  preciso  acreditar  que aquella produjo unos resultados adversos y lesivos a los  intereses  y  derechos  del  sindicado, pues de lo contrario, el vicio carece de  trascendencia e imposibilita declarar la pretendida invalidez.   

En efecto, aunque el casacionista plantea la  violación  del  derecho a la defensa técnica de LIGIA  MARÍA  ROLDÁN durante la instrucción y el juicio, no  atina  a  señalar  de  qué  manera  concreta  ello  se  vio  reflejado  en  el  fallo.   

Sobre   el   particular   ha   dicho   la  Sala:   

“Suficientemente  tiene        decantado        la        Corte1,      que     la  prosperidad  del  cargo  que  remite  a  la ausencia de defensa  técnica  o  su  abandono,  demanda  demostrar  efectivamente  causado  un daño  trascendente,   de   tanta   singularidad   él,  que  necesariamente  incidió  en  el  fallo,  a  la  manera  de  entender,  por vía  contraria,  que  de  haber  contado  con  un  profesional del derecho ejerciendo  eficientemente  su  labor  en  ese  preciso momento procesal, el resultado final  hubiese  sido  otro, dígase la absolución, o cuando menos una atemperación de  la responsabilidad penal”.   

“Al  efecto,  la  Corte  ha  establecido  de antaño, pacíficamente, que únicamente en los casos  en  los  cuales  el  abandono  defensivo  operó  durante una etapa completa del  proceso,  dígase  la  instrucción  o  el  juicio,  se determina automática la  nulidad,  dado  que una tan profunda carencia representa clara violación de las  mínimas   garantías   procesales   y   ostensible  quebrantamiento    de       la      estructura      misma    de   la   

actuación     penal.     En  los demás casos, cabe agregar, dando cumplimiento al principio  de  trascendencia  es  menester  demostrar  efectiva  afectación del derecho de  defensa,  para  que  tenga  eco la solicitud de nulidad  (subrayas fuera de texto).   

          En  este orden de ideas, la Sala observa que la acusada fue asistida  en  su  indagatoria  por  un  profesional  del  derecho,  también su abogado se  notificó  de  la primera resolución de acusación. En su condición de abogada  solicitó  la  práctica  de  pruebas en la audiencia preparatoria, fue asistida  por  un  defensor en la audiencia pública y después ella misma atacó el fallo  de  primer  grado.  Al  conseguirse la invalidación parcial de la sentencia, la  incriminada  impugnó  la  segunda  acusación,  y  contó  con  la presencia de  abogado  de  oficio  en  el  juicio  y  en  la  presentación  de  este  recurso  extraordinario.   

Como  viene  de verse, es claro que la queja  del  recurrente  se  limita  a  reprobar  de  manera general la forma en que sus  antecesores     y     la    misma    LIGIA    MARÍA  ROLDÁN   –  quien pese a estar suspendida en el ejercicio de la profesión, no  estaba   impedida  para  dar  curso  a  su  defensa,  como  en  efecto  ocurrió  – orientaron la estrategia  defensiva,  sin  tener en cuenta que como ya lo ha sostenido de tiempo atrás la  jurisprudencia  de  esta Colegiatura, resulta improcedente estructurar el reparo  por  violación  del  derecho  de  defensa  a partir de la crítica al ejercicio  profesional  de  los  defensores  anteriores,  como  que  ello  hace parte de su  particular percepción del asunto.   

Además,  pese  a  aducir  la violación del  derecho  a  la  defensa  técnica de su patrocinada, no emprende esfuerzo alguno  por  señalar  cuál  fue  el  perjuicio concreto que esta sufrió, es decir, de  qué  manera  habrían  variado  las  conclusiones  del  fallo  si la defensa se  hubiera  ejercido de manera diversa, de modo que se desentiende del principio de  trascendencia  que  gobierna este medio de impugnación, en virtud del cual, las  irregularidades  que  no  comporten  afrenta  a  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  carecen  de  virtud  para  disponer  la  casación  de  la sentencia  atacada.   

De conformidad con lo expuesto, encuentra la  Sala  que en evidente olvido de la dual presunción de acierto y legalidad de la  cual  se  encuentra  revestido el fallo, el casacionista únicamente orientó su  esfuerzo   a   exponer  en  forma  desordenada  y  sincrónica  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su  criterio  condujeron  al  fallo  de  condena, pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

Como  finalmente  el  recurrente solicita se  conceda  a  su procurada la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  pues  “ha  mantenido  buen comportamiento en sentido  general   y  su mayor deseo es cumplir con la sociedad y reintegrarse a sus  labores  como  abogada”, es pertinente recordarle que  es  improcedente resolver tal pedimento en este recurso extraordinario dispuesto  para  denunciar  incorrecciones  en la aplicación de la le ley, la apreciación  de  las  pruebas o en la legitimidad del trámite por parte de los falladores de  instancia.   

Así las cosas, concluye la Colegiatura que  si  el  impugnante  no ajusta su demanda a las mencionadas exigencias dispuestas  para  postular  y demostrar los reproches contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

         Finalmente  es oportuno destacar que la Corporación no observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,  violación de derechos o garantías de la acusada, como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   LIGIA  MARÍA  ROLDÁN ARANGO,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Fallo  del  11  de  julio  de  2007. Rad. 24297. También providencias del 11 de  julio  de  2002.  Rad.  11393,  18 de abril de 2002. Rad. 14609, 13 de agosto de  2003. Rad. 15230 y 22 de octubre de 2003. Rad. 20.571.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *