39869(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 060.   

Bogotá D.C., febrero veintisiete (27) de dos  mil trece (2013).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  los  libelos  de  casación  presentados  por los defensores de CYNTHIA  PAOLA NIETO MALDONADO, JHON JAIRO GIRÓN MALDONADO, ÓSCAR  MARINO  GIRÓN  MALDONADO,  CARLOS  DAVID  PERICO  PINEDA y  PEDRO FEDERICO  SILVA  PRADA contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá el 28 de junio de 2012, a través  de  la  cual  modificó  la  condenatoria  anticipada  dictada  el  23  de abril  anterior   por  el  Juzgado  13  Penal  del  Circuito  de la misma sede que  condenó  a  los  mencionados como autores de los delitos de captación masiva y  habitual  de dineros del público, estafa agravada en modalidad masa y concierto  para delinquir.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de  la siguiente  manera:   

“Con  base en los hechos investigados por  la  Superintendencia  Financiera,  se  le atribuye a los procesados CARLOS DAVID  PERICO  PINEDA,  PEDRO FEDERICO SILVA PRADA, CYNTHIA PAOLA NIETO MALDONADO,  JHON  JAIRO  y ÓSCAR MARINO GIRÓN MALDONADO, en condición de socios del Grupo  G  Inversiones  Ltda.,  haber  incurrido  en los punibles de captación masiva y  habitual  de  dineros  del  público;  estafa  agravada  por la cuantía y en la  modalidad  de  masa,   deducida  de  la magnitud de la defraudación, de la  evidente  insostenibilidad  del negocio y de las diferentes maniobras engañosas  dirigidas  a  inducir  en  error  y  obtener de los ahorradores la captación de  dinero  que  luego  se  apropiaban;  y  concierto  para delinquir, en cuanto los  procesados  hacían  parte  de  una  organización criminal destinada a llevar a  cabo   actividades   ilícitas   como   la   de   captación  ilegal  y  estafas  masivas”.   

Por  razón  de  lo anterior, se celebraron  audiencias   preliminares  individuales  ante  diversos  jueces  de  control  de  garantías  de  Bogotá,  en  cuyo desarrollo la Fiscalía imputó a  CARLOS  DAVID  PERICO  PINEDA,   PEDRO FEDERICO SILVA PRADA,  CYNTHIA   PAOLA   NIETO   MALDONADO,   JHON   JAIRO   y   ÓSCAR  MARINO  GIRÓN  MALDONADO los delitos de captación masiva y habitual  de  dineros  del público (art. 316 del C.P.), estafa agravada en modalidad masa  (arts.    246,   267   y   31   ibídem),    concierto    para    delinquir    (art.    340    ibídem)  y  no reintegro de dineros del  público    (art.    316    A    ibídem),   los  cuales,  salvo  el  último,  fueron  aceptados  por  los  implicados.   

En  virtud  del allanamiento, la actuación  fue  enviada          a  los juzgados de  conocimiento,  correspondiéndole  al  Juzgado  13  Penal  del  Circuito de esta  capital  a  efectos  de  verificar  su  legalidad. En desarrollo de la audiencia  correspondiente,  realizada el 1° de octubre de 2010, los representantes de las  víctimas  expusieron  que  el  allanamiento estaba viciado de nulidad, dado que  los  imputados  no  habían  procedido  de  conformidad con lo establecido en el  artículo  349  de  la  Ley  906  de  2004,  petición que no fue acogida por el  juzgador.   

En desacuerdo con la anterior decisión, uno  de  los apoderados de las víctimas interpuso recurso de apelación, el cual fue  desatado  por  el Tribunal Superior de Bogotá mediante providencia de noviembre  9  ulterior  en  sentido  de  revocarla  y, en su lugar, declarar sin validez el  allanamiento  “por  no cumplir con los presupuestos  de  procedibilidad  según  lo  señalado  por  el  artículo  349  del C. de P.  Penal”.   

Al rehacerse la actuación por efecto de la  decisión  anterior, el ente acusador presentó escrito de acusación contra los  implicados  por  los  mismos  delitos comprendidos en la imputación, los cuales  ratificó  en  la  audiencia  de  formulación  de acusación celebrada el 14 de  abril de 2011 ante el Juzgado 13 Penal del Circuito de Bogotá.   

El  29  de febrero de 2012 se llevó a cabo  audiencia  preparatoria,  durante  la  cual  los  procesados  insistieron  en el  allanamiento  a  los  cargos  por los delitos de captación masiva y habitual de  dineros  del  público,  estafa  agravada  en  modalidad  masa  y concierto para  delinquir,  amparados  en la variación jurisprudencial suscitada frente al tema  del  cumplimiento  de  los  presupuestos del artículo 349 del estatuto procesal  penal,          inaplicable          para          los          casos         de  allanamiento.         

Acto  seguido,  el  titular  del juzgado de  conocimiento  aprobó  el acto de conformidad, surtió el traslado consagrado en  el  artículo  447  de  la  misma  codificación  y fijó fecha para lectura del  fallo.   

Fue así como, el 23 de abril siguiente, el  juzgado  profirió  sentencia anticipada de primer grado por cuyo medio condenó  a  CARLOS  DAVID  PERICO PINEDA,  PEDRO FEDERICO  SILVA  PRADA,  CYNTHIA  PAOLA NIETO MALDONADO, JHON JAIRO y ÓSCAR MARINO GIRÓN  MALDONADO  a  las  penas  principales de treinta (30)  meses  y  diez  (10)  días  de  prisión  y  multa por valor de 486.61 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual al de la pena  privativa  de  la libertad, tras encontrarlos autores penalmente responsables de  los delitos aceptados.   

En la misma determinación, concedió a los  sentenciados  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  por  lo  que dispuso su libertad, al tiempo que decretó la ruptura de la  unidad  procesal en cuanto al delito de no reintegro de dineros, no aceptado por  los procesados.   

Recurrida  en apelación esta decisión por  el  representante  de la Fiscalía, el Tribunal Superior de Bogotá la modificó  el  28  de junio de 2012, imponiendo a los sentenciados las penas principales de  sesenta  y  seis (66) meses y quince (15) días de prisión y multa por valor de  1.397  salarios mínimos legales mensuales; así mismo, revocó la concesión de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena, motivo por el cual  dispuso  la  captura  de  los  procesados.  En  los  demás, confirmó el fallo.   

Contra   esta   última   decisión,  los  defensores  de  CYNTHIA  PAOLA  NIETO MALDONADO, JHON  JAIRO  GIRÓN  MALDONADO,  ÓSCAR  MARINO  GIRÓN MALDONADO, CARLOS DAVID PERICO  PINEDA   y    PEDRO   FEDERICO  SILVA  PRADA  la  recurrieron   extraordinariamente,  mediante  libelos  independientes,  de  cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LAS  DEMANDAS   

         Confrontado  el  texto  de  los cuatro libelos presentados en forma  independiente  a nombre de PEDRO FEDERICO SILVA PRADA,  ÓSCAR   MARINO   GIRÓN   MALDONADO,   CARLOS  DAVID  PERICO  PINEDA  y  por el  defensor    conjunto    de   CYNTHIA   PAOLA   NIETO  MALDONADO  y  JHON  JAIRO  GIRÓN  MALDONADO,  se constata que los tres primeros  exhiben  identidad  textual, mientras que el último, si bien está redactado en  términos  diversos al inicio de la disertación, en su desarrollo y parte final  también  resulta idéntico a los demás. Sus fundamentos, comprendidos en todas  las  demandas  en  una  única  censura,  se  pueden  compendiar de la siguiente  forma:   

         Se  invoca  como  causal la primera del artículo 181 de la Ley 906  de   2004,  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  generada  en  la  interpretación  errónea  de  la  norma  aplicable  referente  al  concurso  de  conductas punibles consagrada en el artículo 31 del Código Penal.   

         Para   los   casacionistas,   el   fallador  de  segunda  instancia  “excede  lo  contemplado  en  la  norma  en cita al  atribuirle  a  los  fenómenos  post-delictuales  de  allanamiento  a  cargos  e  indemnización  integral,  la  connotación, o mejor, la jerarquía de naturales  al punible”.   

         Cuando  el  legislador, advierten, señala que al dosificar la pena  quedará  sometido  al  tipo  penal  que establezca la pena más grave según su  naturaleza,  refiere  al  principio  de legalidad de la pena, es decir, se deben  considerar    “los   fenómenos   fácticos   que  estructuran  el  punible  por el que se procede, y, la naturaleza en atención a  la  modalidad,  aspectos  temporo espaciales, y circunstancias de los hechos que  califiquen  o  modifiquen  el punible en su sentido sustancial, sea para agravar  la   dosimetría   natural   del   punible,   ora   para   disminuir   el  mismo  aspecto”.   

         Dentro  de ese aspecto, consideran, en cuanto respecta al delito de  estafa,  sólo  interesa  la  cuantía del delito y la calidad de masa, en tanto  “emergen diáfanos en la situación fáctica que se  ha  reseñado  desde  el instante mismo de la comisión del delito, y que se vio  representada  tanto  en  la  indagación  preliminar  como  en  la imputación y  finalmente   en   la   misma  acusación.  Por  eso  es  jurídico  tenerles  en  consideración   para   efectos   de   la  ponderación  punitiva”.   

               Empero,  continúan,  no  está  contemplado   dentro   del  ámbito  del  reseñado  artículo  31  “valorar   situaciones   que   ocurren   con   posterioridad   al  delito”, pues ellas no corresponden a la naturaleza  del  punible y, por lo tanto, no pueden ser consideradas a efectos de determinar  el  delito  más  grave, como ocurre con las figuras del allanamiento a cargos e  indemnización  integral,  estimados  por  el juzgador de segunda instancia para  determinar el delito sancionado con pena más grave.   

         De    modo    que,    aseguran    los   demandantes,   “el  juez  de  segunda instancia, aunque escogió bien la norma a  aplicar,  hizo una interpretación completamente equivocada de la naturaleza del  punible,  y  de  las circunstancias que modifican la dosimetría de la pena más  grave,  para,  con  base  en  esa  errónea  apreciación,  partir del delito de  concierto  para  delinquir,  llegando a la conclusión punitiva de imponer… la  pena  de  sesenta  y  seis  meses  quince  días  de  prisión y la multa de mil  trescientos  noventa y siete coma veintidós (1397,22) salarios mínimos legales  mensuales vigentes”.   

         Desde  ese  punto de vista, añaden, ha debido tomarse, tal cual lo  hizo  el  a quo, como delito  más  grave el de estafa agravada en modalidad masa e, imponer, acto seguido, el  mínimo  previsto  en  su  cuarto  inferior  de  56,88 meses de prisión y multa  equivalente  a  118.5  salarios  mínimos  legales  mensuales, pues “la  intensidad  del  dolo, las maniobras de aparente engaño, la  intensidad  de  causar  un  engaño, la negligencia en la operación financiera,  todos  éstas son circunstancias fácticas que quería reseñar para ilustrar al  juez  fallador,  del  por  qué  se  debía  partir  del  mínimo  de  la pena a  imponer”.   

         A  renglón  seguido  y  bajo la consideración de que no pretenden  retractarse  de  lo  aceptado, aducen que sus defendidos realizaron gestiones de  compra  de  bienes,  estudios  de  tierras en la Guajira y compra de volquetas y  maquinaria  para  explotación  minera con miras a materializar la construcción  de  un club tipo ejecutivo, dentro del marco de la buena fe, de lo cual no puede  extraerse  gran  intensidad  en  el  dolo,  pues  lo  que  hubo fue “una      labor     de     gerencia     negligente,     confiada,  impudente”,  ante  lo  cual  las  aseveraciones del  juzgado  en  ese  sentido  se  tornan “completamente  exageradas”.   

         Desde  esa  perspectiva y debiéndose considerar, entonces, un dolo  disminuido,  ha  de  tomarse  la pena mínima del delito de estafa agravado bajo  modalidad  masa  ya  referida,  y  aplicarle el descuento del 50% previsto en el  artículo  351 de la Ley 906 de 2004, para un subtotal de 28.4 meses de prisión  y multa de 59,25 salarios mínimos legales mensuales.   

         A  este  guarismo,  prosiguen,  se debe aplicar la disminución por  indemnización  integral,  lo  cual  arroja  como  sanción  para  este  delito,  “siete  meses  coma  uno (7,1) o lo que es lo mismo  doscientos  trece días (213) de prisión”, a la que  habrá  de  sumársele  “respetando la disertación  del  juez  de  primera  instancia un año por concepto del punible de captación  masiva  y  habitual  de  dineros y un año más por el punible de concierto para  delinquir.    Para    un   total   punitivo   de   treinta   y   un   meses   de  prisión”.   

         Igual  ejercicio,  precisan, debe proceder en relación con la pena  pecuniaria,  arrojando  “un  gran  total de catorce  coma    ochenta    y   dos   (14,82)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes”.   

         Con  este  factor objetivo de punibilidad, agregan, se satisface el  requerimiento  del  artículo  63  del  C.P.  para  conceder  el subrogado de la  condena de ejecución condicional a los sentenciados.   

         Con  fundamento  en lo planteado los demandantes solicitan casar el  fallo   impugnado  y,  en  su  defecto,  se  redosifique  la  pena  “como     lo     estableció     el     fallador    de    primera  instancia”   y   se  mantenga  la  concesión  del  subrogado   de   la   condena   de   ejecución  condicional  en  favor  de  los  procesados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Impera precisar, en primer término, que si  bien  con  la Ley 906 de 2004 se amplió la cobertura para acceder al recurso de  casación   en   tanto   que,  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  precedentes,  es  viable  contra  todo  tipo  de sentencias de segunda instancia  “en     los     procesos     adelantados     por  delitos”,  sin  que obre restricción alguna en relación con la autoridad que  la     profiere,     y     eliminarse     la    exigencia    del    quantum  de  pena  del  delito,  ello no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer  una  serie  de  requisitos  formales  y técnico jurídicos de orden  argumentativo.   

En  efecto, de conformidad con el artículo  184  de  dicha  normatividad,  para  que  la  demanda  sea  admitida  es preciso  acreditar  interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos de  sustentación  del  recurso  y demostrar la necesidad del fallo de casación con  el  fin  de  satisfacer  alguno  de los fines establecidos para el recurso en el  artículo  180, siendo estos, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

         Resaltado  lo  anterior,  dígase  cómo  aun  cuando  en principio  pareciera  asistir  interés  a  los  demandantes  para interponer el recurso de  casación,  en  cuanto  la  impugnación contra el fallo condenatorio anticipado  derivado  del  allanamiento a los cargos se circunscribe a la redosificación de  la  pena  impuesta  y,  consecuentemente,  a la concesión del sustitutivo de la  prisión  domiciliaria,  tópicos  frente  a  los cuales la defensa en principio  está  habilitada  dado  que  no  comportan  retractación  alguna  frente  a lo  admitido        por       sus       prohijados1,   lo   cierto   es  que  la  propuesta,  de  acuerdo con su fundamentación, erige menoscabo a su situación,  según pasa a verse:   

         Ciertamente,  los  libelistas  coinciden  en  señalar que  el  fallo  impugnado  de segunda instancia está incurso en violación directa de la  ley  sustancial por interpretación errónea del artículo 31 del Código Penal,  referente  al concurso de conductas punibles, al momento de establecer cuál era  la  conducta  sancionada con pena más grave conforme a su naturaleza, por tener  en  consideración  para  tal  efecto  factores postdelictivos sin incidencia en  dicha  determinación,  como  el  descuento  por  terminación  anticipada  y la  “indemnización  integral”, a partir de lo cual se concluyó equivocadamente  que  la  conducta  punible  más grave era el concierto para delinquir cuando en  realidad  lo  es  la  estafa  agravada  en  modalidad  masa,  cuya pena mínima,  destacan, es de 56,88 meses de prisión.   

         

         Pues  bien,  tal  pretensión resulta lesiva y perjudicial para los  intereses  que representan porque el delito de concierto para delinquir, elegido  efectivamente    por   el   ad   quem   como  sometido  a  la  pena  más  grave  y  a  partir  del cual se  realizaron  los  incrementos  respectivos  por  las dos conductas concurrentes y  cuya  dosificación  no  controvierten los demandantes, se sanciona con una pena  mínima   de   cuarenta   y  ocho  (48)  meses  de  prisión,  la  cual  resulta  evidentemente  inferior  a la del delito contra el patrimonio económico que los  casacionistas  pretenden  sea  tomado  como  más grave, se reitera, en tanto se  reprime  con  una  sanción  mínima  de  cincuenta  y seis punto ochenta y ocho  (56.88) meses de prisión.   

         A  la misma conclusión se arriba tras comparar el primer cuarto de  dosificación  punitiva de estos dos punibles, dentro del cual se individualizó  la  pena  por  ambos  juzgadores con sujeción a los parámetros previstos en el  artículo   61   ibídem,  siendo  muy  superior  el  de  la  conducta pretendida por los libelistas al del  delito  contra  la  seguridad pública por el cual optó el Tribunal en el fallo  impugnado.   

         En  efecto, mientras que para el delito de concierto para delinquir  el  primer  cuarto  de  dosificación punitiva, como lo precisaron unánimemente  los  sentenciadores de instancia, está comprendido entre cuarenta y ocho (48) y  sesenta    y   tres   (63)   meses   de   prisión2, el correspondiente al delito  patrimonial  agravado  en  la  modalidad  masa,  según  el planteamiento de los  libelistas,    esto    es,    prescindiendo    de    considerar   circunstancias  postdelictuales,  como la reparación -que no la indemnización integral aludida  por  los  libelistas-  obrante  en el artículo 269 del Código Penal,  ofrece  un marco de cincuenta y seis punto ochenta y ocho (56.88) meses a ciento  catorce   punto   sesenta   y   seis   (114.66)  meses  de  prisión3;  es  decir,  superior  al  de la primera ilicitud y, por lo mismo, gravoso para los intereses  de    los    procesados   que   representan.         

         Lo  que  en realidad ocurre, como lo constata la  Sala, es que  los  casacionistas  en  su construcción argumental confrontaron equivocadamente  para  establecer  cuál de estos dos delitos concurrentes era castigado con pena  más  grave  el  mínimo  de  la pena correspondiente a la estafa agravada en la  modalidad  masa,  como  ya  se dijo, de 56.88 meses de prisión, con la pena que  dentro  del  cuarto  mínimo  del  delito  de  concierto para delinquir tomó el  ad  quem, correspondiente a  su  máximo,  esto  es,  a  63  meses  de  prisión, atendiendo los factores del  reseñado    artículo    61   del   estatuto   sustantivo   penal,   resultando  evidentemente   inferior  el  primer  monto,  pero  es  obvio que el cotejo  debió  realizarse entre los mismos parámetros, vale decir, con la pena máxima  del  cuarto  mínimo  que  para  el  delito  patrimonial  es  de 114.66 meses de  prisión,  la  cual  está  por  encima  de  la  del  delito  de  concierto para  delinquir,  por  lo  que acceder a la pretensión de los libelistas, se reitera,  comportaría  menoscabo  para  los  procesados  cuya representación ostentan en  esta sede.   

La  Corte  ha  señalado,   de   manera  recurrente,  que constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación  el interés jurídico del sujeto  procesal  que  pretende, a través del ejercicio de los recursos, la reparación  de  un desmedro causado con una decisión judicial, cuando lo que se persigue es  remover,  mejorar  o  atemperar una situación que resulta gravosa. Es decir que  la  actuación  del  recurrente  debe  estar  siempre  encaminada  a  obtener un  beneficio   frente   a  lo  declarado   en   la   decisión  contra  la  cual  se  interpone  el  mecanismo  impugnaticio, careciendo de  interés  legítimo,  por  tanto,  como ocurre en este  caso,    cuando        la       pretensión   reporta   un   perjuicio   o  desmejora  a                          esa                         situación.              

         Entonces,  y aun cuando asiste parcialmente razón a los libelistas  al  destacar  el  error  del Tribunal en el proceso de dosificación punitiva en  cuanto  tuvo  en  consideración  para  la ponderación del delito reprimido con  pena  más grave en el concurso de conductas punibles un fenómeno postdelictual  o    un    mecanismo    de    reducción    penal4  para  el  delito  de  estafa  agravada  en  la  modalidad  masa,  como  efectivamente  lo  es  la  reparación  contemplada  en  el  artículo 269, lo cual redujo considerablemente su marco de  dosificación   punitiva,   la  propuesta  resulta  nociva  para  los  intereses  representados,  de  acuerdo  a  lo  atrás explicado, circunstancia que, por sí  sola,  conforme  a  las  normativas  procesales  referidas en el exordio de este  acápite, determina la inadmisión de los libelos.   

         De  otro  lado, la decisión de inadmitir las demandas se robustece  con  adicionales  yerros  de  argumentación y técnica de las demandas, de suyo  igualmente relevantes.   

         Así,  en  el propósito de que no se parta del máximo de pena del  primer  cuarto de dosificación del delito más grave, establecido unánimemente  por   los  juzgadores  como  aplicable  siguiendo  las  pautas  del  multicitado  artículo  61  del  estatuto represor, sino del mínimo allí previsto, desdicen  de  la  causal de casación seleccionada para enderezar el ataque por violación  directa   de   ley   sustancial,  al  cuestionar  los  fundamentos  fácticos  y  probatorios sentados en la sentencia de segunda instancia.   

En efecto, tiene dicho en forma pacífica la  jurisprudencia  de  la  Sala  que  cuando  se  trate de desarrollar la causal de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  el  casacionista  está obligado a  respetar  los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión impugnada para  así  concentrar  su  atención  exclusivamente  en  el  error de juicio que sin  mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si pretende ventilar  discusiones  en  derredor  de  la  apreciación  de la prueba o de los supuestos  fácticos,  para  ello  cuenta con la causal que por antonomasia está concebida  para  tal  efecto,  esto  es,  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial  contenida  en  el  numeral  3°  del  mencionado  artículo 181 de la Ley 906 de  2004.   

La violación directa de la ley sustancial,  también  ha  precisado la Sala de forma pacífica, sólo se refiere al yerro en  que  incurren  los  sentenciadores  cuando  a  partir  de la ponderación de los  hechos  objeto  de  juzgamiento legal y oportunamente allegados a la actuación,  dejan  de  aplicar la disposición que se ocupa de la situación en concreto, en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que contempla el precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la  norma  un  sentido  que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su  contenido (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto, todo lo cual exige, como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso que, según ya se dijo previamente, no respeta el censor.   

Empero, contrariando la anterior exigencia,  los   demandantes  construyen  su  cuestionamiento  contra  el  fallo  impugnado  apartándose  de  la  valoración  probatoria  del juzgador en punto del estudio  relacionado  para sustentar la imposición del máximo de la pena prevista en el  primer  cuarto de dosificación punitiva. Desde esa perspectiva, es claro que la  vía  adecuada  para  enderezar ese planteamiento era, subráyese, la violación  indirecta  de la ley sustancial en la medida en que se hubiera demostrado que en  dicho  proceso  de  ponderación probatoria el sentenciador incurrió en errores  de  hecho  por falsos juicios de existencia, identidad o raciocinio o de derecho  por  falsos  juicios  de  legalidad  o convicción, nada lo cual desarrollan los  demandantes  en  detrimento  de  las  posibilidades  de  admisión  de la única  censura formulada.   

Al  contrario, lo que se advierte es que en  el  fondo  las  propuestas  se  contraen  a  exponer  su criterio personal en el  sentido  de  que  no  ha  debido fijarse el máximo de la pena dentro del cuarto  respectivo,  sino  el  mínimo,  pues la intensidad del dolo y la gravedad de la  conducta no tienen la entidad señalada por el juzgador.   

Actitud esta que, como mucho se ha dicho, no  tiene  cabida  en  esta  sede  por  no  estar concebida como tercera instancia y  porque  tampoco logra desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad que  gobierna  al fallo, para lo cual es preciso demostrar yerros trascendentes en la  apreciación de las pruebas con incidencia en la ley sustancial.   

Por último, también se advierte que en la  formulación  del cargo los  censores        abiertamente       desconocen  el  principio de corrección  material,  regente en esta  sede   casacional,    conforme   al   cual  los  fundamentos  del  reparo  deben ajustarse a la realidad del fallo impugnado y de  la actuación procesal.   

Este  postulado  no  se  satisface  en  las  demandas  al  indicarse que  el   Tribunal,  para establecer el delito reprimido    con    pena   más       grave       conforme   el   procedimiento  aplicable  para  el  concurso  de conductas punibles,      consideró      el      fenómeno      postdelictual  correspondiente    a   la   rebaja   por   allanamiento   a   cargos,    cuando    fácil    se   constata   que   dicho   descuento  no  fue estimado en forma individual para cada uno de  los   delitos        concurrentes,  y  en  particular  para  el  delito de  estafa  agravada  en  modalidad  masa,  sino luego de  haber       surtido      dicho      procedimiento5   e   incrementar   la  pena  en    70    meses   de  prisión          por          los     comportamientos     delictivos  concursales6.   

En  razón  de las falencias advertidas, se  impone    la    inadmisión    de    las   demandas  allegadas por los  defensores  de  CYNTHIA  PAOLA  NIETO  MALDONADO,  JHON  JAIRO GIRÓN MALDONADO, ÓSCAR MARINO GIRÓN MALDONADO, CARLOS  DAVID   PERICO   PINEDA   y    PEDRO   FEDERICO   SILVA   PRADA,  como  así  se  declarará, sin que encuentre la Sala necesario  dictar  fallo de fondo superando los defectos indicados o casar oficiosamente la  decisión    impugnada    para    enmendar   la   vulneración   de   garantías  fundamentales.   

Sobre esto último encuentra la Corte que el  ad   quem   vulneró  el  principio  de legalidad de las penas cuando en procura de establecer la conducta  sancionada  con  pena más grave y proceder conforme al artículo 31 del Código  Penal  en  la ponderación punitiva correspondiente al delito de estafa agravada  por  la cuantía en modalidad masa, tuvo en cuenta el descuento consagrado en el  artículo  269  ibídem por  reparación  cuando  claramente  se  trata  de  una circunstancia postdelictual,  operación  que  condujo  a  que  estimara de forma errada como tal el concierto  para  delinquir,  no obstante que, según atrás se explicó pormenorizadamente,  lo era el delito patrimonial.   

Tal  equívoco  terminó favoreciendo a los  implicados,  por  lo  cual,  y  en  atención  a  que los defensores fungen como  únicos  recurrentes  en  casación,  impide  modificación alguna en aras de su  enmienda,  so  pena de vulnerar la prohibición de la reforma en peor, principio  que  prevalece  sobre  el  de  legalidad,  según  criterio  mayoritario  de  la  Sala7.   

Ahora      bien,     habida    cuenta   que   contra   esta  decisión  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que   se  aplique  el  referido  instituto  procesal,  habrán  de  acatarse   las   reglas  fijadas   por   la   Sala   para   su  aplicación8.   

         

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   las  demandas  de  casación  presentadas    por   los  defensores  de  CYNTHIA  PAOLA  NIETO MALDONADO, JHON  JAIRO  GIRÓN  MALDONADO,  ÓSCAR  MARINO  GIRÓN MALDONADO, CARLOS DAVID PERICO  PINEDA  y   PEDRO  FEDERICO  SILVA PRADA, por las  razones consignadas en la anterior motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                    GUSTAVO           ENRIQUE          MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                      JULIO   E.  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.,  entre  otros,  autos de 21 de febrero de 2007, rad. No 26.587 y de 11 de mayo de  2009, rad. 31326.   

2 Cfr.  Pág.  14  del  fallo  de  segundo  grado  y  36 del de primera instancia.    

3  Teniendo  en  cuenta  que  la pena máxima por esta infracción es de doscientos  ochenta y ocho (288) meses de prisión.   

4 Como  así  se  lo  denominó en sentencias del 28 de septiembre de 2001, rad. 16562 y  de febrero 13 de 2003, rad. 15613.   

5 Pág.  15 de la sentencia de segunda instancia.   

6  El  juzgador        ad       quem       incrementó  la pena en 30 meses de prisión por la estafa agravada  en  modalidad  masa y en 40 más por el ilícito de captación masiva y habitual  de   dinero   del  público,  como  se  puede  constatar  en  la  pág.  15  del  fallo.   

7  Impera  señalar  que  de tiempo atrás la Magistrada ponente María del Rosario  González  Muñoz  ha  considerado  en situaciones como la de la especie, que el  principio  de  legalidad  prevalece sobre el de la non  reformatio  in  pejus,  como  así lo ha expresado en  salvamentos  de  voto del 15 de septiembre de 2010. Rad. 34728 y del 16 de marzo  de 2011. Rad. 34849, entre muchos otros.   

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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