39732(29-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.324  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de agosto de  dos mil doce (2012).   

VISTOS:  

Resuelve la Corte el impedimento expresado por  los  doctores  Rafael  María Delgado Ortiz, Jhon Jairo Gómez Jiménez y Miguel  Humberto  Jaime  Contreras, Magistrados del Tribunal Superior de Medellín, para  conocer  del  recurso  de  apelación  formulado  contra  la sentencia dictada a  Carlos  Emilio  Arango  Camargo,  Jair  Selim Cabrera Rodríguez, Mónica María  Pérez  Restrepo,  Richard  Gregorio Narváez Paternina y Leonardo Loruso Santos  Rada,  por  cuyo medio se los absolvió de la conducta punible de concierto para  delinquir agravado.   

ANTECEDENTES:  

1.   El  4  de  diciembre  de  2009, se presentó el respectivo escrito de acusación contra los  citados  por  el  ilícito  anotado y, el 6 de abril de 2010, se dio inicio a la  audiencia  para  llevar  a  cabo  su  formulación,  en cuyo marco la defensa de  Carlos  Emilio  Arango  Camargo  impugnó  la  competencia del Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Montería  al  que  había correspondido conocer el  asunto,  razón  por la que la actuación se remitió al Tribunal Superior de la  misma  ciudad  para  decidir  lo  pertinente, donde uno de los Magistrados de su  Sala  de  Decisión  Penal,  expresó estar impedido debido a su amistad íntima  con  uno  de  los defensores de los inculpados, motivo por el cual la Corte, con  auto     del     5     de     mayo     siguiente1,   declaró   infundada   esa  manifestación.   

2.   Con auto  del  14  de  mayo  de  2010,  el  Tribunal Superior de Montería definió que la  competencia   radicaba  en  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Montería,  así que agotada la audiencia preparatoria y el juicio oral, el 2 de  septiembre  de  2011,  absolvió  a  los  incriminados  por el delito por el que  fueron acusados.   

3.  Impugnada  la  sentencia  por  la  Fiscalía,  el  proceso  nuevamente  arribó al Tribunal  Superior  de  Montería  y  estando  allí  para resolver la alzada, el Gobierno  Nacional  solicitó  el  cambio  de radicación del presente proceso y de otros,  así  que  con proveído del 16 de diciembre de 20112,  esta Sala de Casación Penal  accedió   a   lo   pedido,   por   tanto,   el   sub  lite   fue   asignado   al   Tribunal   Superior   de  Medellín.   

4.    Los  doctores  Rafael María Delgado Ortiz y Jhon Jairo Gómez Jiménez expresaron su  impedimento  para  conocer  del  recurso  de apelación contra la sentencia, con  fundamento  en  la  causal prevista en el numeral 4º del artículo 56 de la Ley  906  de 2004, específicamente por haber manifestado su opinión sobre el asunto  materia del proceso.   

Señalaron  entonces, que en el caso seguido  contra  Edinson  Valderrama Machado, al conocer de la apelación contra el fallo  absolutorio  que lo favoreció, el cual se dictó el 20 de diciembre de 2011 por  el   Juzgado   Penal   del   Circuito   Especializado  de  Montería3,  al proferir  sentencia  de  segundo  grado el 13 de junio de 2012, se ocuparon principalmente  del  testimonio  de Aníbal José Estrada Ortiz, quien ante la policía judicial  señaló      que      Valderrama     Machado     era     alias     “Alberto”      o     “Albertico”,   sin  embargo,  en  el  juicio  oral,  se  retractó  de  esa  identificación,  lo  cual llevó al juez  a  quo a aplicar la duda, la  cual  resultó  inexistente  para  ellos  al  resolver la impugnación, así que  condenaron al citado.   

Agregaron los doctores Delgado Ortiz y Gómez  Jiménez,  que  el  otro integrante de la Sala de Decisión Penal, doctor Miguel  Humberto  Jaime Contreras, estaba en vacaciones por haber estado como magistrado  de  hábeas corpus durante la  vacancia  judicial,  el  cual  fue  remplazado  por el doctor Ricardo de la Pava  Marulanda,  quien  en  el  proyecto  que  han  de  discutir,  también  trata la  retractación de Aníbal José Estrada Ortiz como tema central.   

5.  Recompuesta la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal Superior de Medellín con los doctores  Miguel  Humberto  Jaime  Contreras  y Pío Nicolás Jaramillo Marín, el primero  expresó  su  impedimento por estar incurso en la causal contenida en el numeral  4º  del  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, en concreto por haber manifestado  su opinión sobre el asunto materia del proceso.   

Sobre  el  particular  adujo  que si bien no  suscribió  la  sentencia del 13 de junio de 2012 proferida en segunda instancia  contra  Edinson  Valderrama  Machado, pues se encontraba en vacaciones, sostiene  que  cuando circuló el proyecto respectivo ingresó a su despacho aprobándolo,  así  que  recordó  que  allí el punto central tratado fue la retractación de  Aníbal José Estrada Ortiz.   

6.  Reintegrada  la  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de Medellín con la doctora  Maritza  del  Socorro  Ortiz  Castro,  el  13 de agosto de 2012, se resolvió no  aceptar  el  impedimento  manifestado  por  los  doctores  Rafael María Delgado  Ortiz,  Jhon Jairo Gómez Jiménez y Miguel Humberto Jaime Contreras, por cuanto  no  se  configuraba  el  supuesto  de  hecho  señalado  en  el  numeral 4º del  artículo  56  de  la  Ley  906  de  2004,  para  lo  cual se trajo argumento de  autoridad4,  amén  de  que  la  valoración  del  testimonio de Aníbal José  Estrada  Ortiz  “se  efectuó  con ocasión de unos  hechos  que  sirvieron de sustento a la revocación de la absolución del señor  Edinson  Valderrama  Machado  en otra actuación, esto es, que en nada tocan con  la  actuación  seguida  a  los  señores Carlos Emilio Arango Camargo, Leonardo  Loruso  Santos  Rada,  Mónica María Pérez Restrepo, Richard Gregorio Narváez  Paternina  y  Jair  Selim  Cabrera  Rodríguez,  que desemeja de la primera, por  cuanto  la  delación  del  señor  Valderrama  Machado  se  efectuó en momento  diferente,   ante  autoridad  diferente  y,  como  se  indicó,  contra  persona  diferente”.   

Finalmente, la Sala del Tribunal Superior de  Medellín  que  no  aceptó el impedimento, dispuso la remisión de lo actuado a  la Corte Suprema de Justicia para que decida el incidente.   

CONSIDERACIONES:  

1.    De  conformidad   con   lo   preceptuado  en  el  artículo  58  A  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  adicionado  por el artículo 83 de la Ley 1395 de 2010, a  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia le compete resolver  sobre  el  impedimento  manifestado y no aceptado a los Magistrados del Tribunal  Superior  de  Medellín, doctores Rafael María Delgado Ortiz, Jhon Jairo Gómez  Jiménez  y  Miguel  Humberto  Jaime  Contreras,  para  conocer  del  recurso de  apelación  presentado  contra  la  sentencia  proferida,  el 2 de septiembre de  2011,  por  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Montería, por cuyo  medio   se  absolvió  a  Carlos  Emilio  Arango  Camargo,  Jair  Selim  Cabrera  Rodríguez,  Mónica María Pérez Restrepo, Richard Gregorio Narváez Paternina  y  Leonardo  Loruso  Santos  Rada  por  la  conducta  punible  de concierto para  delinquir agravado.   

2.    Las  instituciones   de   los   impedimentos   y   las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y legalmente con el propósito de preservar y amparar el derecho  a  ser juzgado por funcionarios imparciales, postulado que alcanza la categoría  de  fundamental  al  estar inscrito en el elenco de garantías contenidas en los  artículos  10 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y 14.1 del Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos.   

3.  El derecho  a  un  tribunal  imparcial  derivado  del  artículo  209  de  la  Constitución  Política,  en  cuanto  la  función  pública  de  administrar justicia así lo  reclama,  se  ha  concebido  como esencial del debido proceso, en el sentido que  frente  a  la  presencia  de  partes  parciales  se  exige un tercero imparcial,  principio  de  alcance  general,  puesto  que  tiene  aplicación  en  todos los  sistemas                  procesales5.   

4. Para asegurar tal  principio,  se  han  instituido los mecanismos del impedimento y la recusación,  en  razón de los cuales el funcionario judicial debe separarse del conocimiento  de  aquellos  casos  en  donde  por  entrar en conflicto sus propios intereses o  haber  conocido  en  el  fondo  el  asunto,  se  desdibuja  el  fin  de la recta  administración de justicia.   

5.   En  esa  medida,  la  finalidad  de  los  impedimentos  y las recusaciones es garantizar,  tanto  a los asociados en general, como en especial a quienes están legitimados  para  actuar  en un determinado asunto, que el funcionario llamado a resolver el  conflicto  jurídico  sea  ajeno a cualquier interés distinto al de administrar  recta  justicia,  de  manera  que  su  imparcialidad  y  ponderación  no estén  alterados por circunstancias externas al proceso.   

6.    Cabe  advertir  que  en  esta materia rige el principio de taxatividad, según el cual  sólo  constituye motivo de excusa o de recusación, aquel que de manera expresa  esté  señalado  en  la ley, por tanto, a los jueces les está vedado separarse  por  su  propia  voluntad  de sus funciones jurisdiccionales, mientras que a los  sujetos  procesales  no les está permitido escoger a su arbitrio la persona del  juez,  de  modo  que  las  causas que dan lugar a separar del conocimiento de un  determinado  asunto a un funcionario judicial, no pueden deducirse por similitud  ni  ser  objeto  de  interpretaciones subjetivas, en tanto se trata de reglas de  garantía  en  punto de la independencia judicial y de vigencia del principio de  imparcialidad del juez.   

7.  Así mismo,  la  manifestación  de  impedimento por el funcionario judicial debe ser un acto  unilateral,   voluntario,  oficioso  y  obligatorio,  ante  la  concurrencia  de  cualquiera  de  las  causales que de modo taxativo contempla la ley instrumental  penal,   con   el   propósito   de   inhibirse   de   conocer   un  específico  proceso.   

8.  Es preciso  tener  en  cuenta  que  la  manifestación de impedimento debe estar sometida al  postulado  de  la  buena  fe,  el  cual  ha  de  guiar  los actos de los sujetos  procesales  y  del  funcionario  judicial,  a  fin de evitar que el instituto en  mención  sea  utilizado  para  entrabar  o  dilatar el curso normal del proceso  penal,  ya  por  los que intervienen en él o por quien está obligado a decidir  la controversia jurídica.   

9.    La  causal  de  impedimento  invocada  por  los Magistrados del Tribunal Superior de  Medellín,  Rafael  María  Delgado  Ortiz,  Jhon Jairo Gómez Jiménez y Miguel  Humberto  Jaime  Contreras, está prevista en el numeral 4º del artículo 56 de  la Ley 906 de 2004, en los siguientes términos:   

“Que  el  funcionario  judicial  haya…  manifestado su opinión sobre el asunto materia del proceso”.   

10.    Frente  a  esa  causal,  esta  Corporación  ha  sostenido  que no toda opinión  emitida  por  el  juez sobre el objeto del proceso da lugar a la declaratoria de  impedimento,  sino  solo aquella que producida extraprocesalmente pueda conducir  a  la  separación del asunto. Además, la opinión con poder suficiente para la  separación  del  conocimiento  del  proceso,  debe ser de fondo, sustancial, es  decir,  que  vincule  al  funcionario  judicial  con  el  asunto  sometido  a su  consideración,   al   punto  que  le  impida  actuar  con  la  imparcialidad  y  ponderación  que  de  él  espera el conglomerado social, y particularmente los  sujetos procesales que intervienen en la actuación.   

11.   No  se  trata  de  cualquier  pronunciamiento u opinión abstracta y general, por cuanto  la  que resulta impediente debe tener estrecha relación con el asunto que ha de  resolver  el  funcionario, como reiteradamente lo ha señalado la jurisprudencia  de la Sala, al punto de sostener:   

“…es  perfectamente  posible entenderla  dirigida  a  precaver  la neutralidad de los servidores judiciales cuando quiera  que  dicho  concepto  se  ha emitido bien por fuera del ejercicio de sus deberes  funcionales,  o  con  atinencia  al  desempeño de los mismos, siempre y cuando,  desde  luego,  tal  anticipación  conceptual  de los juicios «comprometan» el  criterio  del  juez  de  modo  tal  que eventualmente se pudiera ver alterada su  imparcialidad”6.   

12.  A su vez,  la Sala también ha señalado:   

“…no  toda opinión o concepto sobre el  objeto  del  proceso  origina causal impediente, pues la que adquiere relevancia  jurídica  en  esta materia es la emitida por fuera del proceso y de tal entidad  o  naturaleza  que  vincule al funcionario sobre el aspecto que ha de ser objeto  de  decisión.  No es aquella opinión expresada por el juez en ejercicio de sus  funciones,   exceptuado  el  evento  de  «haber  dictado  la  providencia  cuya  revisión  se  trata»,  porque  ello entrañaría el absurdo de que la facultad  que  la  ley  otorga  al  juez  para  cumplir  su actividad judicial a la vez lo  inhabilita  para  intervenir  en  otros asuntos de su competencia, procedimiento  que  ni  la  ley autoriza ni la lógica justifica”7.   

13.    Las  consideraciones  que  vienen  de  reseñarse  pemiten  adelantar  que en el caso  particular  no le asiste razón a los Magistrados a quienes el Tribunal Superior  de  Medellín  no  les  aceptó  su manifestación de impedimento, pues como con  acierto  lo  señala  esa  Corporación,  el hecho de tener que valorar ahora el  testimonio  de  una  persona frente a la cual ya lo hicieron en otro proceso, no  es  fundamento  suficiente  para  separarlos  del  conocimiento del sub  judice,  por cuanto no debe perderse  de  vista  que ello se presenta en actuaciones en donde se está ante procesados  distintos,  como  también  lo fueron las autoridades ante las cuales se depuso,  pero  además, se debe tener en cuenta que en razón de las particularidades del  presente  asunto,  los  argumentos  del impugnante son diferentes, de tal manera  que  mal  puede deducirse una semejanza sustancial como lo pregonan los doctores  Rafael  María Delgado Ortiz, Jhon Jairo Gómez Jiménez y Miguel Humberto Jaime  Contreras.   

14.   Ahora,  cabe  traer a colación la decisión de esta Sala en donde al conocer un caso de  semejantes supuestos de hecho, expresó:   

“En  efecto,  aducen  los  magistrados  que  ya en ocasión anterior  evaluaron  los  mismos hechos que ahora prefiguran el  proceso  seguido  contra  otro  de  los  supuestos  ejecutores del crimen, y que  además    hicieron    la    taxonomía  de  lo  declarado  por  el  testigo de cargo, diciéndolo enteramente creíble.   

Si  ello es así,  razonan,    ahora    abordarán    similar   tarea,   pues,   ese   mismo  testigo  concurrió  a  declarar en el juicio seguido contra  E.     R.  y  la  esencia  de  la  apelación  la  constituye   precisamente   el   grado   de   credibilidad   que  contienen  sus  acusaciones.   

Sucede,  sin  embargo,  que  los  procesos  seguidos          contra         R.              M.              R.         y         E.              R.,  operaron independientes, dado que  al  segundo  no se le había individualizado desde un  comienzo,  al  parecer porque solo se le conocía con  un alias.   

Es     claro     también   que   dentro  de  la  sistemática  acusatoria   que   gobernó   ambos   procesos   en  primera   instancia,   independientemente   de  los  informes  o  entrevistas previamente recabados por la  Fiscalía,   solo   es  posible,   para   hacer  actuantes  los  principios  de  inmediación  y  concentración,  tomar en cuenta  para  la  emisión  del  correspondiente  fallo,  el  testimonio     que  directamente   entrega   el   testigo  en  la  respectiva  audiencia  de  juicio  oral.   

Por  ello,  no  es posible hablar ahora de  prueba   trasladada   ni   hacer   producir  efectos  suasorios  válidos  a lo que el declarante mencionó  en   otra   oportunidad  o  ante  diferente  estrado  judicial,   respecto   de  su  conocimiento  directo,  simplemente  porque  ello  entraña   prueba   de   referencia   no  admisible  –desde luego, partiendo  de  la base de que no se cumple ninguna de las exigencias que la hace admisible,  aunque,   si   se   trata   de  prueba  única,  con  ella  no  puede emitirse  sentencia  de  condena,  dada la tarifa legal negativa que al efecto consagra el  inciso  segundo  del  artículo 381 de la Ley 906 de  2004.   

Busca   la   entronización    profunda    del    principio    de    inmediación,    que   la   decisión   de   los  funcionarios  venga  mediada  exclusivamente  por la  percepción    que   esa   declaración,  para lo que ahora se estudia, produjo en ellos, de conformidad  con   la   credibilidad   del   testigo   y   lo  que  este  afirmó   en   ese   momento   concreto   de   la   audiencia  de  juicio  oral.   

Entonces,  independientemente  de  que  en  otro momento procesal similar, el declarante se  hubiese  manifestado  sobre  los  mismos  hechos,  es lo cierto que ello ninguna  influencia  debe  tener  respecto de su ulterior deponencia en asunto diferente,  pues,  se  reitera, no son  iguales  los  factores que gobiernan ambas evaluaciones, aunque, desde luego, si  el   testigo   es   creíble   y   narra   aspectos  trascendentes   de  responsabilidad,  lo  lógico  y  deseable es que en ambos procesos el resultado sea similar.   

Para  el  caso  analizado, de los  magistrados  se  pide  únicamente  que  verifiquen  lo  expresado  en  este  asunto  por  el  testigo, respecto del  procesado           E.          R.,  en un  análisis que por parte alguna implica recurrir a lo  verificado en el otro proceso.   

Por  lo demás,  tratándose    de    dos    diferentes  procesos y, además, de dos distintos  acusados,   está   claro   que   las   incidencias  probatorias       no       son       exactamente       iguales      —no   se   conoce  cuáles  o  cuántos testigos de respaldo o  de  contradicción acudieron a una y otra—,  y ni siquiera es posible afirmar  que  lo  manifestado  por  el declarante que se dice  testigo  único,  operó  igual  en  todas  sus aristas, o que el comportamiento durante el interrogatorio  no   varió,   o  que  el  contrainterrogatorio  se  realizó    en    los    mismos    términos,  o  en  fin,  que  lo uno es calco de lo otro y     no     amerita    de    nueva  evaluación   o   tampoco  comporta  otras  aristas  menesterosas de consideración.   

Incluso,  para  ser  exhaustivos,  si  el  análisis  reclamado de la segunda instancia implica  no   solo   verificar   el   contenido   y   alcance   de   las   pruebas,  sino  responder  adecuadamente  a  los  argumentos  de las  partes,    tampoco   es   dable   señalar   que   en   este   caso   lo   discutido   por  la  defensa,  así  busque  desvirtuarse la credibilidad del dicho  testigo  único,  se  funde  en los mismos supuestos  fácticos,  jurídicos y  probatorios   de   aquella   ya   resuelta  por  el  Tribunal.   

No  es posible, por ello, concordar con lo  expuesto  en  su  escrito  por los magistrados, cuando advierten que  «los procesos deben ser vistos desde  la  misma óptica del acervo probatorio en desarrollo  del  juicio  oral,  el  cual  se valoró    en   la   oportunidad   tantas   veces   enunciada».   

Si  así fuese,  tendría  que  aceptarse, entonces, que el principio  de   inmediación  ya  no  tiene  el  valor  que  la  sistemática   acusatoria   busca   darle,  y  que,  además,  carece  de  sentido  limitar  la prueba de  referencia”8.   

15.  Así las  cosas,  no  se  aceptará  el  impedimento  manifestado  por los Magistrados del  Tribunal  Superior  de  Medellín,  doctores  Rafael  María Delgado Ortiz, Jhon  Jairo Gómez Jiménez y Miguel Humberto Jaime Contreras.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   DECLARAR  infundado  el  impedimento  manifestado  por  los doctores Rafael María Delgado  Ortiz,   Jhon   Jairo   Gómez  Jiménez  y  Miguel  Humberto  Jaime  Contreras,  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Medellín, para conocer del recurso de  apelación  formulado contra la sentencia proferida, el 2 de septiembre de 2011,  por  el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Montería, por cuyo medio se  absolvió  a  Carlos  Emilio  Arango  Camargo,  Jair  Selim  Cabrera Rodríguez,  Mónica  María  Pérez Restrepo, Richard Gregorio Narváez Paternina y Leonardo  Loruso  Santos  Rada  por  la  conducta  punible  de  concierto  para  delinquir  agravado.   

2.  DEVOLVER INMEDIATAMENTE  las  diligencias al Tribunal de origen, en orden a que resuelva la  impugnación mencionada.   

3.  ADVERTIR  que  contra la presente determinación no procede ningún recurso.   

Cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                  NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria    

1  Radicación  No.  34005,  Magistrado  Ponente, doctor  Yesid       Ramírez       Bastidas.   

2  Radicación No. 38040.   

3  Respecto  del  cual  indican  que la Corte dispuso su  cambio de radicación.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  decisiones    del    22    de   agosto   de   2008,   radicación   No.   30399,  respectivamente.   

5  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación Penal, decisiones del 23    de    marzo    y    8  de  noviembre de 2000, 7 de mayo de 2002, 18 de febrero de 2004,  16   de   marzo   de   2005,   30   de   noviembre  de  2006,  radicaciones    números   14536,              14078,            19300,            21921,            23374        y        26453,   respectivamente,  entre otras.   

6  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 27 de agosto   de   2005,   radicación   No.  23690.   

7  Corte    Suprema    de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del    3   de   septiembre   de   2002,  radicación No. 19756.   

8  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 22 de agosto de 2008, radicación No. 30399.     

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